HECHOS de los APÓSTOLES
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HECHOS 1
1 En el
primer tratado, oh Teófilo, hablé acerca de todas las cosas que Jesús comenzó a
hacer y a enseñar, 2 hasta el día en que fue recibido arriba, después de haber dado
mandamientos por el Espíritu Santo a los apóstoles que había escogido; 3 a
quienes también, después de haber padecido, se presentó vivo con muchas pruebas
indubitables, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca del
reino de Dios. 4 Y estando juntos, les mandó que no se fueran de Jerusalén,
sino que esperasen la promesa del Padre, la cual, les dijo, oísteis de mí. 5
Porque Juan ciertamente bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el
Espíritu Santo dentro de no muchos días.
La ascensión
6 Entonces
los que se habían reunido le preguntaron, diciendo: Señor, ¿restaurarás el
reino a Israel en este tiempo? 7 Y les dijo: No os toca a vosotros saber los
tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad; 8 pero recibiréis
poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis
testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la
tierra. 9 Y habiendo dicho estas cosas, viéndolo ellos, fue alzado, y le
recibió una nube que le ocultó de sus ojos. 10 Y estando ellos con los ojos
puestos en el cielo, entre tanto que él se iba, he aquí se pusieron junto a
ellos dos varones con vestiduras blancas, 11 los cuales también les dijeron:
Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha
sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo.
Elección del
sucesor de Judas
12 Entonces
volvieron a Jerusalén desde el monte que se llama del Olivar, el cual está
cerca de Jerusalén, camino de un día de reposo. 13 Y entrados, subieron al
aposento alto, donde moraban Pedro y Jacobo, Juan, Andrés, Felipe, Tomás,
Bartolomé, Mateo, Jacobo hijo de Alfeo, Simón el Zelote y Judas hermano de
Jacobo. 14 Todos éstos perseveraban unánimes en oración y ruego, con las mujeres,
y con María la madre de Jesús, y con sus hermanos.
15 En
aquellos días Pedro se levantó en medio de los hermanos (y los reunidos eran
como ciento veinte en número), y dijo: 16 Varones hermanos, era necesario que
se cumpliese la Escritura en que el Espíritu Santo habló antes por boca de
David acerca de Judas, que fue guía de los que prendieron a Jesús, 17 y era
contado con nosotros, y tenía parte en este ministerio. 18 Este, pues, con el
salario de su iniquidad adquirió un campo, y cayendo de cabeza, se reventó por
la mitad, y todas sus entrañas se derramaron. 19 Y fue notorio a todos los
habitantes de Jerusalén, de tal manera que aquel campo se llama en su propia
lengua, Acéldama, que quiere decir, Campo de sangre. 20 Porque está escrito en
el libro de los Salmos:
Sea hecha
desierta su habitación,
Y no haya
quien more en ella;
y:
Tome otro su
oficio.
21 Es
necesario, pues, que de estos hombres que han estado juntos con nosotros todo
el tiempo que el Señor Jesús entraba y salía entre nosotros, 22 comenzando
desde el bautismo de Juan hasta el día en que de entre nosotros fue recibido
arriba, uno sea hecho testigo con nosotros, de su resurrección. 23 Y señalaron
a dos: a José, llamado Barsabás, que tenía por sobrenombre Justo, y a Matías. 24
Y orando, dijeron: Tú, Señor, que conoces los corazones de todos, muestra cuál
de estos dos has escogido, 25 para que tome la parte de este ministerio y
apostolado, de que cayó Judas por transgresión, para irse a su propio lugar. 26
Y les echaron suertes, y la suerte cayó sobre Matías; y fue contado con los
once apóstoles.
La
venida del Espíritu Santo
HECHOS 2
1 Cuando
llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos. 2 Y de repente vino
del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda
la casa donde estaban sentados; 3 y se les aparecieron lenguas repartidas, como
de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. 4 Y fueron todos llenos del
Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les
daba que hablasen.
5 Moraban
entonces en Jerusalén judíos, varones piadosos, de todas las naciones bajo el
cielo. 6 Y hecho este estruendo, se juntó la multitud; y estaban confusos,
porque cada uno les oía hablar en su propia lengua. 7 Y estaban atónitos y
maravillados, diciendo: Mirad, ¿no son galileos todos estos que hablan? 8
¿Cómo, pues, les oímos nosotros hablar cada uno en nuestra lengua en la que
hemos nacido? 9 Partos, medos, elamitas, y los que habitamos en Mesopotamia, en
Judea, en Capadocia, en el Ponto y en Asia, 10 en Frigia y Panfilia, en Egipto
y en las regiones de Africa más allá de Cirene, y romanos aquí residentes,
tanto judíos como prosélitos, 11 cretenses y árabes, les oímos hablar en
nuestras lenguas las maravillas de Dios. 12 Y estaban todos atónitos y
perplejos, diciéndose unos a otros: ¿Qué quiere decir esto? 13 Mas otros,
burlándose, decían: Están llenos de mosto.
Primer
discurso de Pedro
14 Entonces
Pedro, poniéndose en pie con los once, alzó la voz y les habló diciendo:
Varones judíos, y todos los que habitáis en Jerusalén, esto os sea notorio, y
oíd mis palabras. 15 Porque éstos no están ebrios, como vosotros suponéis,
puesto que es la hora tercera del día. 16 Mas esto es lo dicho por el profeta
Joel:
17 Y en los
postreros días, dice Dios,
Derramaré de
mi Espíritu sobre toda carne,
Y vuestros
hijos y vuestras hijas profetizarán;
Vuestros
jóvenes verán visiones,
Y vuestros
ancianos soñarán sueños;
18 Y de
cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días
Derramaré de
mi Espíritu, y profetizarán.
19 Y daré
prodigios arriba en el cielo,
Y señales
abajo en la tierra,
Sangre y
fuego y vapor de humo;
20 El sol se
convertirá en tinieblas,
Y la luna en
sangre,
Antes que
venga el día del Señor,
Grande y
manifiesto;
21 Y todo
aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.
22 Varones
israelitas, oíd estas palabras: Jesús nazareno, varón aprobado por Dios entre vosotros
con las maravillas, prodigios y señales que Dios hizo entre vosotros por medio
de él, como vosotros mismos sabéis; 23 a éste, entregado por el determinado
consejo y anticipado conocimiento de Dios, prendisteis y matasteis por manos de
inicuos, crucificándole; 24 al cual Dios levantó, sueltos los dolores de la
muerte, por cuanto era imposible que fuese retenido por ella. 25 Porque David
dice de él:
Veía al
Señor siempre delante de mí;
Porque está
a mi diestra, no seré conmovido.
26 Por lo
cual mi corazón se alegró, y se gozó mi lengua,
Y aun mi
carne descansará en esperanza;
27 Porque no
dejarás mi alma en el Hades,
Ni
permitirás que tu Santo vea corrupción.
28 Me
hiciste conocer los caminos de la vida;
Me llenarás
de gozo con tu presencia.
29 Varones
hermanos, se os puede decir libremente del patriarca David, que murió y fue
sepultado, y su sepulcro está con nosotros hasta el día de hoy. 30 Pero siendo
profeta, y sabiendo que con juramento Dios le había jurado que de su
descendencia, en cuanto a la carne, levantaría al Cristo para que se sentase en
su trono, 31 viéndolo antes, habló de la resurrección de Cristo, que su alma no
fue dejada en el Hades, ni su carne vio corrupción. 32 A este Jesús resucitó
Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos. 33 Así que, exaltado por la
diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo,
ha derramado esto que vosotros veis y oís. 34 Porque David no subió a los
cielos; pero él mismo dice:
Dijo el
Señor a mi Señor:
Siéntate a
mi diestra,
35 Hasta que
ponga a tus enemigos por estrado de tus pies.
36 Sepa,
pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros
crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo.
37 Al oír
esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles:
Varones hermanos, ¿qué haremos? 38 Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese
cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y
recibiréis el don del Espíritu Santo. 39 Porque para vosotros es la promesa, y
para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor
nuestro Dios llamare. 40 Y con otras muchas palabras testificaba y les
exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta perversa generación. 41 Así que, los que
recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil
personas. 42 Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión
unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones.
La vida de
los primeros cristianos
43 Y
sobrevino temor a toda persona; y muchas maravillas y señales eran hechas por
los apóstoles. 44 Todos los que habían creído estaban juntos, y tenían en común
todas las cosas; 45 y vendían sus propiedades y sus bienes, y lo repartían a
todos según la necesidad de cada uno. 46 Y perseverando unánimes cada día en el
templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez
de corazón, 47 alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor
añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos.
Curación
de un cojo
HECHOS 3
1 Pedro y
Juan subían juntos al templo a la hora novena, la de la oración. 2 Y era traído
un hombre cojo de nacimiento, a quien ponían cada día a la puerta del templo
que se llama la Hermosa, para que pidiese limosna de los que entraban en el
templo. 3 Este, cuando vio a Pedro y a Juan que iban a entrar en el templo, les
rogaba que le diesen limosna. 4 Pedro, con Juan, fijando en él los ojos, le
dijo: Míranos. 5 Entonces él les estuvo atento, esperando recibir de ellos
algo. 6 Mas Pedro dijo: No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el
nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda. 7 Y tomándole por la mano
derecha le levantó; y al momento se le afirmaron los pies y tobillos; 8 y
saltando, se puso en pie y anduvo; y entró con ellos en el templo, andando, y
saltando, y alabando a Dios. 9 Y todo el pueblo le vio andar y alabar a Dios.
10 Y le reconocían que era el que se sentaba a pedir limosna a la puerta del templo,
la Hermosa; y se llenaron de asombro y espanto por lo que le había sucedido.
Discurso de
Pedro en el pórtico de Salomón
11 Y
teniendo asidos a Pedro y a Juan el cojo que había sido sanado, todo el pueblo,
atónito, concurrió a ellos al pórtico que se llama de Salomón. 12 Viendo esto
Pedro, respondió al pueblo: Varones israelitas, ¿por qué os maravilláis de
esto? ¿o por qué ponéis los ojos en nosotros, como si por nuestro poder o
piedad hubiésemos hecho andar a éste? 13 El Dios de Abraham, de Isaac y de
Jacob, el Dios de nuestros padres, ha glorificado a su Hijo Jesús, a quien
vosotros entregasteis y negasteis delante de Pilato, cuando éste había resuelto
ponerle en libertad. 14 Mas vosotros negasteis al Santo y al Justo, y pedisteis
que se os diese un homicida, 15 y matasteis al Autor de la vida, a quien Dios
ha resucitado de los muertos, de lo cual nosotros somos testigos. 16 Y por la
fe en su nombre, a éste, que vosotros veis y conocéis, le ha confirmado su
nombre; y la fe que es por él ha dado a éste esta completa sanidad en presencia
de todos vosotros.
17 Mas
ahora, hermanos, sé que por ignorancia lo habéis hecho, como también vuestros
gobernantes. 18 Pero Dios ha cumplido así lo que había antes anunciado por boca
de todos sus profetas, que su Cristo había de padecer. 19 Así que, arrepentíos
y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la
presencia del Señor tiempos de refrigerio, 20 y él envíe a Jesucristo, que os
fue antes anunciado; 21 a quien de cierto es necesario que el cielo reciba
hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, de que habló Dios por
boca de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo. 22 Porque Moisés
dijo a los padres: El Señor vuestro Dios os levantará profeta de entre vuestros
hermanos, como a mí; a él oiréis en todas las cosas que os hable; 23 y toda
alma que no oiga a aquel profeta, será desarraigada del pueblo. 24 Y todos los
profetas desde Samuel en adelante, cuantos han hablado, también han anunciado
estos días. 25 Vosotros sois los hijos de los profetas, y del pacto que Dios
hizo con nuestros padres, diciendo a Abraham: En tu simiente serán benditas
todas las familias de la tierra. 26 A vosotros primeramente, Dios, habiendo
levantado a su Hijo, lo envió para que os bendijese, a fin de que cada uno se
convierta de su maldad.
Pedro
y Juan ante el concilio
HECHOS 4
1 Hablando
ellos al pueblo, vinieron sobre ellos los sacerdotes con el jefe de la guardia
del templo, y los saduceos, 2 resentidos de que enseñasen al pueblo, y
anunciasen en Jesús la resurrección de entre los muertos. 3 Y les echaron mano,
y los pusieron en la cárcel hasta el día siguiente, porque era ya tarde. 4 Pero
muchos de los que habían oído la palabra, creyeron; y el número de los varones
era como cinco mil.
5 Aconteció
al día siguiente, que se reunieron en Jerusalén los gobernantes, los ancianos y
los escribas, 6 y el sumo sacerdote Anás, y Caifás y Juan y Alejandro, y todos
los que eran de la familia de los sumos sacerdotes; 7 y poniéndoles en medio,
les preguntaron: ¿Con qué potestad, o en qué nombre, habéis hecho vosotros
esto? 8 Entonces Pedro, lleno del Espíritu Santo, les dijo: Gobernantes del
pueblo, y ancianos de Israel: 9 Puesto que hoy se nos interroga acerca del
beneficio hecho a un hombre enfermo, de qué manera éste haya sido sanado, 10
sea notorio a todos vosotros, y a todo el pueblo de Israel, que en el nombre de
Jesucristo de Nazaret, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó
de los muertos, por él este hombre está en vuestra presencia sano. 11 Este
Jesús es la piedra reprobada por vosotros los edificadores, la cual ha venido a
ser cabeza del ángulo. 12 Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro
nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.
13 Entonces
viendo el denuedo de Pedro y de Juan, y sabiendo que eran hombres sin letras y
del vulgo, se maravillaban; y les reconocían que habían estado con Jesús. 14 Y
viendo al hombre que había sido sanado, que estaba en pie con ellos, no podían
decir nada en contra. 15 Entonces les ordenaron que saliesen del concilio; y
conferenciaban entre sí, 16 diciendo: ¿Qué haremos con estos hombres? Porque de
cierto, señal manifiesta ha sido hecha por ellos, notoria a todos los que moran
en Jerusalén, y no lo podemos negar. 17 Sin embargo, para que no se divulgue
más entre el pueblo, amenacémosles para que no hablen de aquí en adelante a
hombre alguno en este nombre. 18 Y llamándolos, les intimaron que en ninguna
manera hablasen ni enseñasen en el nombre de Jesús. 19 Mas Pedro y Juan
respondieron diciéndoles: Juzgad si es justo delante de Dios obedecer a
vosotros antes que a Dios; 20 porque no podemos dejar de decir lo que hemos
visto y oído. 21 Ellos entonces les amenazaron y les soltaron, no hallando
ningún modo de castigarles, por causa del pueblo; porque todos glorificaban a
Dios por lo que se había hecho, 22 ya que el hombre en quien se había hecho
este milagro de sanidad, tenía más de cuarenta años.
Los
creyentes piden confianza y valor
23 Y puestos
en libertad, vinieron a los suyos y contaron todo lo que los principales
sacerdotes y los ancianos les habían dicho. 24 Y ellos, habiéndolo oído,
alzaron unánimes la voz a Dios, y dijeron: Soberano Señor, tú eres el Dios que
hiciste el cielo y la tierra, el mar y todo lo que en ellos hay; 25 que por
boca de David tu siervo dijiste:
¿Por qué se
amotinan las gentes,
Y los
pueblos piensan cosas vanas?
26 Se
reunieron los reyes de la tierra,
Y los
príncipes se juntaron en uno
Contra el
Señor, y contra su Cristo.
27 Porque
verdaderamente se unieron en esta ciudad contra tu santo Hijo Jesús, a quien
ungiste, Herodes y Poncio Pilato, con los gentiles y el pueblo de Israel, 28
para hacer cuanto tu mano y tu consejo habían antes determinado que sucediera.
29 Y ahora, Señor, mira sus amenazas, y concede a tus siervos que con todo
denuedo hablen tu palabra, 30 mientras extiendes tu mano para que se hagan
sanidades y señales y prodigios mediante el nombre de tu santo Hijo Jesús. 31
Cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos
fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con denuedo la palabra de Dios.
Todas las
cosas en común
32 Y la
multitud de los que habían creído era de un corazón y un alma; y ninguno decía
ser suyo propio nada de lo que poseía, sino que tenían todas las cosas en
común. 33 Y con gran poder los apóstoles daban testimonio de la resurrección
del Señor Jesús, y abundante gracia era sobre todos ellos. 34 Así que no había
entre ellos ningún necesitado; porque todos los que poseían heredades o casas,
las vendían, y traían el precio de lo vendido, 35 y lo ponían a los pies de los
apóstoles; y se repartía a cada uno según su necesidad. 36 Entonces José, a
quien los apóstoles pusieron por sobrenombre Bernabé (que traducido es, Hijo de
consolación), levita, natural de Chipre, 37 como tenía una heredad, la vendió y
trajo el precio y lo puso a los pies de los apóstoles.
Ananías
y Safira
HECHOS 5
1 Pero
cierto hombre llamado Ananías, con Safira su mujer, vendió una heredad, 2 y sustrajo
del precio, sabiéndolo también su mujer; y trayendo sólo una parte, la puso a
los pies de los apóstoles. 3 Y dijo Pedro: Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu
corazón para que mintieses al Espíritu Santo, y sustrajeses del precio de la
heredad? 4 Reteniéndola, ¿no se te quedaba a ti? y vendida, ¿no estaba en tu
poder? ¿Por qué pusiste esto en tu corazón? No has mentido a los hombres, sino
a Dios. 5 Al oír Ananías estas palabras, cayó y expiró. Y vino un gran temor
sobre todos los que lo oyeron. 6 Y levantándose los jóvenes, lo envolvieron, y
sacándolo, lo sepultaron.
7 Pasado un
lapso como de tres horas, sucedió que entró su mujer, no sabiendo lo que había
acontecido. 8 Entonces Pedro le dijo: Dime, ¿vendisteis en tanto la heredad? Y
ella dijo: Sí, en tanto. 9 Y Pedro le dijo: ¿Por qué convinisteis en tentar al
Espíritu del Señor? He aquí a la puerta los pies de los que han sepultado a tu
marido, y te sacarán a ti. 10 Al instante ella cayó a los pies de él, y expiró;
y cuando entraron los jóvenes, la hallaron muerta; y la sacaron, y la
sepultaron junto a su marido. 11 Y vino gran temor sobre toda la iglesia, y
sobre todos los que oyeron estas cosas.
Muchas
señales y maravillas
12 Y por la
mano de los apóstoles se hacían muchas señales y prodigios en el pueblo; y
estaban todos unánimes en el pórtico de Salomón. 13 De los demás, ninguno se
atrevía a juntarse con ellos; mas el pueblo los alababa grandemente. 14 Y los
que creían en el Señor aumentaban más, gran número así de hombres como de
mujeres; 15 tanto que sacaban los enfermos a las calles, y los ponían en camas
y lechos, para que al pasar Pedro, a lo menos su sombra cayese sobre alguno de
ellos. 16 Y aun de las ciudades vecinas muchos venían a Jerusalén, trayendo
enfermos y atormentados de espíritus inmundos; y todos eran sanados.
Pedro y Juan
son perseguidos
17 Entonces
levantándose el sumo sacerdote y todos los que estaban con él, esto es, la
secta de los saduceos, se llenaron de celos; 18 y echaron mano a los apóstoles
y los pusieron en la cárcel pública. 19 Mas un ángel del Señor, abriendo de
noche las puertas de la cárcel y sacándolos, dijo: 20 Id, y puestos en pie en
el templo, anunciad al pueblo todas las palabras de esta vida. 21 Habiendo oído
esto, entraron de mañana en el templo, y enseñaban. Entre tanto, vinieron el
sumo sacerdote y los que estaban con él, y convocaron al concilio y a todos los
ancianos de los hijos de Israel, y enviaron a la cárcel para que fuesen
traídos. 22 Pero cuando llegaron los alguaciles, no los hallaron en la cárcel;
entonces volvieron y dieron aviso, 23 diciendo: Por cierto, la cárcel hemos
hallado cerrada con toda seguridad, y los guardas afuera de pie ante las
puertas; mas cuando abrimos, a nadie hallamos dentro. 24 Cuando oyeron estas
palabras el sumo sacerdote y el jefe de la guardia del templo y los principales
sacerdotes, dudaban en qué vendría a parar aquello. 25 Pero viniendo uno, les
dio esta noticia: He aquí, los varones que pusisteis en la cárcel están en el
templo, y enseñan al pueblo. 26 Entonces fue el jefe de la guardia con los
alguaciles, y los trajo sin violencia, porque temían ser apedreados por el
pueblo.
27 Cuando
los trajeron, los presentaron en el concilio, y el sumo sacerdote les preguntó,
28 diciendo: ¿No os mandamos estrictamente que no enseñaseis en ese nombre? Y
ahora habéis llenado a Jerusalén de vuestra doctrina, y queréis echar sobre
nosotros la sangre de ese hombre. 29 Respondiendo Pedro y los apóstoles,
dijeron: Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres. 30 El Dios de
nuestros padres levantó a Jesús, a quien vosotros matasteis colgándole en un
madero. 31 A éste, Dios ha exaltado con su diestra por Príncipe y Salvador,
para dar a Israel arrepentimiento y perdón de pecados. 32 Y nosotros somos
testigos suyos de estas cosas, y también el Espíritu Santo, el cual ha dado
Dios a los que le obedecen.
33 Ellos,
oyendo esto, se enfurecían y querían matarlos. 34 Entonces levantándose en el
concilio un fariseo llamado Gamaliel, doctor de la ley, venerado de todo el
pueblo, mandó que sacasen fuera por un momento a los apóstoles, 35 y luego
dijo: Varones israelitas, mirad por vosotros lo que vais a hacer respecto a
estos hombres. 36 Porque antes de estos días se levantó Teudas, diciendo que
era alguien. A éste se unió un número como de cuatrocientos hombres; pero él
fue muerto, y todos los que le obedecían fueron dispersados y reducidos a nada.
37 Después de éste, se levantó Judas el galileo, en los días del censo, y llevó
en pos de sí a mucho pueblo. Pereció también él, y todos los que le obedecían
fueron dispersados. 38 Y ahora os digo: Apartaos de estos hombres, y dejadlos;
porque si este consejo o esta obra es de los hombres, se desvanecerá; 39 mas si
es de Dios, no la podréis destruir; no seáis tal vez hallados luchando contra
Dios.
40 Y
convinieron con él; y llamando a los apóstoles, después de azotarlos, les
intimaron que no hablasen en el nombre de Jesús, y los pusieron en libertad. 41
Y ellos salieron de la presencia del concilio, gozosos de haber sido tenidos
por dignos de padecer afrenta por causa del Nombre. 42 Y todos los días, en el
templo y por las casas, no cesaban de enseñar y predicar a Jesucristo.
Elección
de siete diáconos
HECHOS 6
1 En
aquellos días, como creciera el número de los discípulos, hubo murmuración de
los griegos contra los hebreos, de que las viudas de aquéllos eran desatendidas
en la distribución diaria. 2 Entonces los doce convocaron a la multitud de los
discípulos, y dijeron: No es justo que nosotros dejemos la palabra de Dios,
para servir a las mesas. 3 Buscad, pues, hermanos, de entre vosotros a siete
varones de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a quienes
encarguemos de este trabajo. 4 Y nosotros persistiremos en la oración y en el
ministerio de la palabra. 5 Agradó la propuesta a toda la multitud; y eligieron
a Esteban, varón lleno de fe y del Espíritu Santo, a Felipe, a Prócoro, a
Nicanor, a Timón, a Parmenas, y a Nicolás prosélito de Antioquía; 6 a los
cuales presentaron ante los apóstoles, quienes, orando, les impusieron las
manos.
7 Y crecía
la palabra del Señor, y el número de los discípulos se multiplicaba grandemente
en Jerusalén; también muchos de los sacerdotes obedecían a la fe.
Arresto de
Esteban
8 Y Esteban,
lleno de gracia y de poder, hacía grandes prodigios y señales entre el pueblo.
9 Entonces se levantaron unos de la sinagoga llamada de los libertos, y de los
de Cirene, de Alejandría, de Cilicia y de Asia, disputando con Esteban. 10 Pero
no podían resistir a la sabiduría y al Espíritu con que hablaba. 11 Entonces
sobornaron a unos para que dijesen que le habían oído hablar palabras blasfemas
contra Moisés y contra Dios. 12 Y soliviantaron al pueblo, a los ancianos y a
los escribas; y arremetiendo, le arrebataron, y le trajeron al concilio. 13 Y pusieron
testigos falsos que decían: Este hombre no cesa de hablar palabras blasfemas
contra este lugar santo y contra la ley; 14 pues le hemos oído decir que ese
Jesús de Nazaret destruirá este lugar, y cambiará las costumbres que nos dio
Moisés. 15 Entonces todos los que estaban sentados en el concilio, al fijar los
ojos en él, vieron su rostro como el rostro de un ángel.
Defensa
y muerte de Esteban
HECHOS 7
1 El sumo
sacerdote dijo entonces: ¿Es esto así? 2 Y él dijo: Varones hermanos y padres,
oíd: El Dios de la gloria apareció a nuestro padre Abraham, estando en
Mesopotamia, antes que morase en Harán, 3 y le dijo: Sal de tu tierra y de tu
parentela, y ven a la tierra que yo te mostraré. 4 Entonces salió de la tierra
de los caldeos y habitó en Harán; y de allí, muerto su padre, Dios le trasladó
a esta tierra, en la cual vosotros habitáis ahora. 5 Y no le dio herencia en
ella, ni aun para asentar un pie; pero le prometió que se la daría en posesión,
y a su descendencia después de él, cuando él aún no tenía hijo. 6 Y le dijo
Dios así: Que su descendencia sería extranjera en tierra ajena, y que los
reducirían a servidumbre y los maltratarían, por cuatrocientos años. 7 Mas yo
juzgaré, dijo Dios, a la nación de la cual serán siervos; y después de esto
saldrán y me servirán en este lugar. 8 Y le dio el pacto de la circuncisión; y
así Abraham engendró a Isaac, y le circuncidó al octavo día; e Isaac a Jacob, y
Jacob a los doce patriarcas. 9 Los patriarcas, movidos por envidia, vendieron a
José para Egipto; pero Dios estaba con él, 10 y le libró de todas sus
tribulaciones, y le dio gracia y sabiduría delante de Faraón rey de Egipto, el
cual lo puso por gobernador sobre Egipto y sobre toda su casa. 11 Vino entonces
hambre en toda la tierra de Egipto y de Canaán, y grande tribulación; y
nuestros padres no hallaban alimentos. 12 Cuando oyó Jacob que había trigo en
Egipto, envió a nuestros padres la primera vez. 13 Y en la segunda, José se dio
a conocer a sus hermanos, y fue manifestado a Faraón el linaje de José. 14 Y enviando
José, hizo venir a su padre Jacob, y a toda su parentela, en número de setenta
y cinco personas. 15 Así descendió Jacob a Egipto, donde murió él, y también
nuestros padres; 16 los cuales fueron trasladados a Siquem, y puestos en el
sepulcro que a precio de dinero compró Abraham de los hijos de Hamor en Siquem.
17 Pero
cuando se acercaba el tiempo de la promesa, que Dios había jurado a Abraham, el
pueblo creció y se multiplicó en Egipto, 18 hasta que se levantó en Egipto otro
rey que no conocía a José. 19 Este rey, usando de astucia con nuestro pueblo,
maltrató a nuestros padres, a fin de que expusiesen a la muerte a sus niños,
para que no se propagasen. 20 En aquel mismo tiempo nació Moisés, y fue
agradable a Dios; y fue criado tres meses en casa de su padre. 21 Pero siendo
expuesto a la muerte, la hija de Faraón le recogió y le crió como a hijo suyo.
22 Y fue enseñado Moisés en toda la sabiduría de los egipcios; y era poderoso
en sus palabras y obras.
23 Cuando
hubo cumplido la edad de cuarenta años, le vino al corazón el visitar a sus
hermanos, los hijos de Israel. 24 Y al ver a uno que era maltratado, lo
defendió, e hiriendo al egipcio, vengó al oprimido. 25 Pero él pensaba que sus
hermanos comprendían que Dios les daría libertad por mano suya; mas ellos no lo
habían entendido así. 26 Y al día siguiente, se presentó a unos de ellos que
reñían, y los ponía en paz, diciendo: Varones, hermanos sois, ¿por qué os
maltratáis el uno al otro? 27 Entonces el que maltrataba a su prójimo le
rechazó, diciendo: ¿Quién te ha puesto por gobernante y juez sobre nosotros? 28
¿Quieres tú matarme, como mataste ayer al egipcio? 29 Al oír esta palabra,
Moisés huyó, y vivió como extranjero en tierra de Madián, donde engendró dos
hijos.
30 Pasados
cuarenta años, un ángel se le apareció en el desierto del monte Sinaí, en la
llama de fuego de una zarza. 31 Entonces Moisés, mirando, se maravilló de la
visión; y acercándose para observar, vino a él la voz del Señor: 32 Yo soy el
Dios de tus padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac, y el Dios de Jacob. Y
Moisés, temblando, no se atrevía a mirar. 33 Y le dijo el Señor: Quita el
calzado de tus pies, porque el lugar en que estás es tierra santa. 34
Ciertamente he visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto, y he oído su
gemido, y he descendido para librarlos. Ahora, pues, ven, te enviaré a Egipto.
35 A este
Moisés, a quien habían rechazado, diciendo: ¿Quién te ha puesto por gobernante
y juez?, a éste lo envió Dios como gobernante y libertador por mano del ángel
que se le apareció en la zarza. 36 Este los sacó, habiendo hecho prodigios y
señales en tierra de Egipto, y en el Mar Rojo, y en el desierto por cuarenta
años. 37 Este Moisés es el que dijo a los hijos de Israel: Profeta os levantará
el Señor vuestro Dios de entre vuestros hermanos, como a mí; a él oiréis. 38
Este es aquel Moisés que estuvo en la congregación en el desierto con el ángel
que le hablaba en el monte Sinaí, y con nuestros padres, y que recibió palabras
de vida que darnos; 39 al cual nuestros padres no quisieron obedecer, sino que
le desecharon, y en sus corazones se volvieron a Egipto, 40 cuando dijeron a
Aarón: Haznos dioses que vayan delante de nosotros; porque a este Moisés, que
nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué le haya acontecido. 41 Entonces
hicieron un becerro, y ofrecieron sacrificio al ídolo, y en las obras de sus
manos se regocijaron. 42 Y Dios se apartó, y los entregó a que rindiesen culto
al ejército del cielo; como está escrito en el libro de los profetas:
¿Acaso me ofrecisteis
víctimas y sacrificios
En el
desierto por cuarenta años, casa de Israel?
43 Antes
bien llevasteis el tabernáculo de Moloc,
Y la
estrella de vuestro dios Renfán,
Figuras que
os hicisteis para adorarlas.
Os
transportaré, pues, más allá de Babilonia.
44 Tuvieron
nuestros padres el tabernáculo del testimonio en el desierto, como había
ordenado Dios cuando dijo a Moisés que lo hiciese conforme al modelo que había
visto. 45 El cual, recibido a su vez por nuestros padres, lo introdujeron con
Josué al tomar posesión de la tierra de los gentiles, a los cuales Dios arrojó
de la presencia de nuestros padres, hasta los días de David. 46 Este halló
gracia delante de Dios, y pidió proveer tabernáculo para el Dios de Jacob. 47
Mas Salomón le edificó casa; 48 si bien el Altísimo no habita en templos hechos
de mano, como dice el profeta:
49 El cielo
es mi trono,
Y la tierra
el estrado de mis pies.
¿Qué casa me
edificaréis? dice el Señor;
¿O cuál es
el lugar de mi reposo?
50 ¿No hizo
mi mano todas estas cosas?
51 ¡Duros de
cerviz, e incircuncisos de corazón y de oídos! Vosotros resistís siempre al
Espíritu Santo; como vuestros padres, así también vosotros. 52 ¿A cuál de los
profetas no persiguieron vuestros padres? Y mataron a los que anunciaron de
antemano la venida del Justo, de quien vosotros ahora habéis sido entregadores
y matadores; 53 vosotros que recibisteis la ley por disposición de ángeles, y
no la guardasteis.
54 Oyendo
estas cosas, se enfurecían en sus corazones, y crujían los dientes contra él.
55 Pero Esteban, lleno del Espíritu Santo, puestos los ojos en el cielo, vio la
gloria de Dios, y a Jesús que estaba a la diestra de Dios, 56 y dijo: He aquí,
veo los cielos abiertos, y al Hijo del Hombre que está a la diestra de Dios. 57
Entonces ellos, dando grandes voces, se taparon los oídos, y arremetieron a una
contra él. 58 Y echándole fuera de la ciudad, le apedrearon; y los testigos
pusieron sus ropas a los pies de un joven que se llamaba Saulo. 59 Y apedreaban
a Esteban, mientras él invocaba y decía: Señor Jesús, recibe mi espíritu. 60 Y
puesto de rodillas, clamó a gran voz: Señor, no les tomes en cuenta este
pecado. Y habiendo dicho esto, durmió.
Saulo
persigue a la iglesia
HECHOS
8
1 Y Saulo
consentía en su muerte. En aquel día hubo una gran persecución contra la
iglesia que estaba en Jerusalén; y todos fueron esparcidos por las tierras de
Judea y de Samaria, salvo los apóstoles. 2 Y hombres piadosos llevaron a
enterrar a Esteban, e hicieron gran llanto sobre él. 3 Y Saulo asolaba la
iglesia, y entrando casa por casa, arrastraba a hombres y a mujeres, y los
entregaba en la cárcel.
Predicación
del evangelio en Samaria
4 Pero los
que fueron esparcidos iban por todas partes anunciando el evangelio. 5 Entonces
Felipe, descendiendo a la ciudad de Samaria, les predicaba a Cristo. 6 Y la
gente, unánime, escuchaba atentamente las cosas que decía Felipe, oyendo y
viendo las señales que hacía. 7 Porque de muchos que tenían espíritus inmundos,
salían éstos dando grandes voces; y muchos paralíticos y cojos eran sanados; 8
así que había gran gozo en aquella ciudad.
9 Pero había
un hombre llamado Simón, que antes ejercía la magia en aquella ciudad, y había
engañado a la gente de Samaria, haciéndose pasar por algún grande. 10 A éste
oían atentamente todos, desde el más pequeño hasta el más grande, diciendo:
Este es el gran poder de Dios. 11 Y le estaban atentos, porque con sus artes
mágicas les había engañado mucho tiempo. 12 Pero cuando creyeron a Felipe, que
anunciaba el evangelio del reino de Dios y el nombre de Jesucristo, se
bautizaban hombres y mujeres. 13 También creyó Simón mismo, y habiéndose
bautizado, estaba siempre con Felipe; y viendo las señales y grandes milagros
que se hacían, estaba atónito.
14 Cuando
los apóstoles que estaban en Jerusalén oyeron que Samaria había recibido la
palabra de Dios, enviaron allá a Pedro y a Juan; 15 los cuales, habiendo
venido, oraron por ellos para que recibiesen el Espíritu Santo; 16 porque aún
no había descendido sobre ninguno de ellos, sino que solamente habían sido
bautizados en el nombre de Jesús. 17 Entonces les imponían las manos, y
recibían el Espíritu Santo. 18 Cuando vio Simón que por la imposición de las
manos de los apóstoles se daba el Espíritu Santo, les ofreció dinero, 19
diciendo: Dadme también a mí este poder, para que cualquiera a quien yo
impusiere las manos reciba el Espíritu Santo. 20 Entonces Pedro le dijo: Tu
dinero perezca contigo, porque has pensado que el don de Dios se obtiene con
dinero. 21 No tienes tú parte ni suerte en este asunto, porque tu corazón no es
recto delante de Dios. 22 Arrepiéntete, pues, de esta tu maldad, y ruega a
Dios, si quizás te sea perdonado el pensamiento de tu corazón; 23 porque en
hiel de amargura y en prisión de maldad veo que estás. 24 Respondiendo entonces
Simón, dijo: Rogad vosotros por mí al Señor, para que nada de esto que habéis
dicho venga sobre mí.
25 Y ellos,
habiendo testificado y hablado la palabra de Dios, se volvieron a Jerusalén, y
en muchas poblaciones de los samaritanos anunciaron el evangelio.
Felipe y el
etíope
26 Un ángel
del Señor habló a Felipe, diciendo: Levántate y ve hacia el sur, por el camino
que desciende de Jerusalén a Gaza, el cual es desierto. 27 Entonces él se
levantó y fue. Y sucedió que un etíope, eunuco, funcionario de Candace reina de
los etíopes, el cual estaba sobre todos sus tesoros, y había venido a Jerusalén
para adorar, 28 volvía sentado en su carro, y leyendo al profeta Isaías. 29 Y
el Espíritu dijo a Felipe: Acércate y júntate a ese carro. 30 Acudiendo Felipe,
le oyó que leía al profeta Isaías, y dijo: Pero ¿entiendes lo que lees? 31 El
dijo: ¿Y cómo podré, si alguno no me enseñare? Y rogó a Felipe que subiese y se
sentara con él. 32 El pasaje de la Escritura que leía era este:
Como oveja a
la muerte fue llevado;
Y como
cordero mudo delante del que lo trasquila,
Así no abrió
su boca.
33 En su
humillación no se le hizo justicia;
Mas su
generación, ¿quién la contará?
Porque fue
quitada de la tierra su vida.
34
Respondiendo el eunuco, dijo a Felipe: Te ruego que me digas: ¿de quién dice el
profeta esto; de sí mismo, o de algún otro? 35 Entonces Felipe, abriendo su
boca, y comenzando desde esta escritura, le anunció el evangelio de Jesús. 36 Y
yendo por el camino, llegaron a cierta agua, y dijo el eunuco: Aquí hay agua;
¿qué impide que yo sea bautizado? 37 Felipe dijo: Si crees de todo corazón,
bien puedes. Y respondiendo, dijo: Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios. 38 Y
mandó parar el carro; y descendieron ambos al agua, Felipe y el eunuco, y le
bautizó. 39 Cuando subieron del agua, el Espíritu del Señor arrebató a Felipe;
y el eunuco no le vio más, y siguió gozoso su camino. 40 Pero Felipe se
encontró en Azoto; y pasando, anunciaba el evangelio en todas las ciudades,
hasta que llegó a Cesarea.
Conversión
de Saulo
(Hch.
22.6-16; 26.12-18)
HECHOS 9
1 Saulo,
respirando aún amenazas y muerte contra los discípulos del Señor, vino al sumo
sacerdote, 2 y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, a fin de que si hallase
algunos hombres o mujeres de este Camino, los trajese presos a Jerusalén. 3 Mas
yendo por el camino, aconteció que al llegar cerca de Damasco, repentinamente
le rodeó un resplandor de luz del cielo; 4 y cayendo en tierra, oyó una voz que
le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? 5 El dijo: ¿Quién eres, Señor? Y
le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues; dura cosa te es dar coces contra
el aguijón. 6 El, temblando y temeroso, dijo: Señor, ¿qué quieres que yo haga?
Y el Señor le dijo: Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes
hacer. 7 Y los hombres que iban con Saulo se pararon atónitos, oyendo a la
verdad la voz, mas sin ver a nadie. 8 Entonces Saulo se levantó de tierra, y
abriendo los ojos, no veía a nadie; así que, llevándole por la mano, le
metieron en Damasco, 9 donde estuvo tres días sin ver, y no comió ni bebió.
10 Había
entonces en Damasco un discípulo llamado Ananías, a quien el Señor dijo en
visión: Ananías. Y él respondió: Heme aquí, Señor. 11 Y el Señor le dijo: Levántate,
y ve a la calle que se llama Derecha, y busca en casa de Judas a uno llamado
Saulo, de Tarso; porque he aquí, él ora, 12 y ha visto en visión a un varón
llamado Ananías, que entra y le pone las manos encima para que recobre la
vista. 13 Entonces Ananías respondió: Señor, he oído de muchos acerca de este
hombre, cuántos males ha hecho a tus santos en Jerusalén; 14 y aun aquí tiene
autoridad de los principales sacerdotes para prender a todos los que invocan tu
nombre. 15 El Señor le dijo: Ve, porque instrumento escogido me es éste, para
llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de
Israel; 16 porque yo le mostraré cuánto le es necesario padecer por mi nombre.
17 Fue entonces Ananías y entró en la casa, y poniendo sobre él las manos,
dijo: Hermano Saulo, el Señor Jesús, que se te apareció en el camino por donde
venías, me ha enviado para que recibas la vista y seas lleno del Espíritu
Santo. 18 Y al momento le cayeron de los ojos como escamas, y recibió al
instante la vista; y levantándose, fue bautizado. 19 Y habiendo tomado
alimento, recobró fuerzas. Y estuvo Saulo por algunos días con los discípulos
que estaban en Damasco.
Saulo
predica en Damasco
20 En
seguida predicaba a Cristo en las sinagogas, diciendo que éste era el Hijo de
Dios. 21 Y todos los que le oían estaban atónitos, y decían: ¿No es éste el que
asolaba en Jerusalén a los que invocaban este nombre, y a eso vino acá, para
llevarlos presos ante los principales sacerdotes? 22 Pero Saulo mucho más se
esforzaba, y confundía a los judíos que moraban en Damasco, demostrando que
Jesús era el Cristo.
Saulo escapa
de los judíos
23 Pasados
muchos días, los judíos resolvieron en consejo matarle; 24 pero sus asechanzas
llegaron a conocimiento de Saulo. Y ellos guardaban las puertas de día y de
noche para matarle. 25 Entonces los discípulos, tomándole de noche, le bajaron
por el muro, descolgándole en una canasta.
Saulo en
Jerusalén
26 Cuando
llegó a Jerusalén, trataba de juntarse con los discípulos; pero todos le tenían
miedo, no creyendo que fuese discípulo. 27 Entonces Bernabé, tomándole, lo
trajo a los apóstoles, y les contó cómo Saulo había visto en el camino al
Señor, el cual le había hablado, y cómo en Damasco había hablado valerosamente
en el nombre de Jesús. 28 Y estaba con ellos en Jerusalén; y entraba y salía,
29 y hablaba denodadamente en el nombre del Señor, y disputaba con los griegos;
pero éstos procuraban matarle. 30 Cuando supieron esto los hermanos, le
llevaron hasta Cesarea, y le enviaron a Tarso.
31 Entonces
las iglesias tenían paz por toda Judea, Galilea y Samaria; y eran edificadas,
andando en el temor del Señor, y se acrecentaban fortalecidas por el Espíritu
Santo.
Curación de
Eneas
32 Aconteció
que Pedro, visitando a todos, vino también a los santos que habitaban en Lida.
33 Y halló allí a uno que se llamaba Eneas, que hacía ocho años que estaba en
cama, pues era paralítico. 34 Y le dijo Pedro: Eneas, Jesucristo te sana;
levántate, y haz tu cama. Y en seguida se levantó. 35 Y le vieron todos los que
habitaban en Lida y en Sarón, los cuales se convirtieron al Señor.
Dorcas es
resucitada
36 Había
entonces en Jope una discípula llamada Tabita, que traducido quiere decir,
Dorcas. Esta abundaba en buenas obras y en limosnas que hacía. 37 Y aconteció
que en aquellos días enfermó y murió. Después de lavada, la pusieron en una
sala. 38 Y como Lida estaba cerca de Jope, los discípulos, oyendo que Pedro
estaba allí, le enviaron dos hombres, a rogarle: No tardes en venir a nosotros.
39 Levantándose entonces Pedro, fue con ellos; y cuando llegó, le llevaron a la
sala, donde le rodearon todas las viudas, llorando y mostrando las túnicas y
los vestidos que Dorcas hacía cuando estaba con ellas. 40 Entonces, sacando a
todos, Pedro se puso de rodillas y oró; y volviéndose al cuerpo, dijo: Tabita,
levántate. Y ella abrió los ojos, y al ver a Pedro, se incorporó. 41 Y él,
dándole la mano, la levantó; entonces, llamando a los santos y a las viudas, la
presentó viva. 42 Esto fue notorio en toda Jope, y muchos creyeron en el Señor.
43 Y aconteció que se quedó muchos días en Jope en casa de un cierto Simón,
curtidor.
Pedro
y Cornelio
HECHOS 10
1 Había en
Cesarea un hombre llamado Cornelio, centurión de la compañía llamada la
Italiana, 2 piadoso y temeroso de Dios con toda su casa, y que hacía muchas
limosnas al pueblo, y oraba a Dios siempre. 3 Este vio claramente en una
visión, como a la hora novena del día, que un ángel de Dios entraba donde él
estaba, y le decía: Cornelio. 4 El, mirándole fijamente, y atemorizado, dijo:
¿Qué es, Señor? Y le dijo: Tus oraciones y tus limosnas han subido para memoria
delante de Dios. 5 Envía, pues, ahora hombres a Jope, y haz venir a Simón, el
que tiene por sobrenombre Pedro. 6 Este posa en casa de cierto Simón curtidor,
que tiene su casa junto al mar; él te dirá lo que es necesario que hagas. 7 Ido
el ángel que hablaba con Cornelio, éste llamó a dos de sus criados, y a un
devoto soldado de los que le asistían; 8 a los cuales envió a Jope, después de
haberles contado todo.
9 Al día
siguiente, mientras ellos iban por el camino y se acercaban a la ciudad, Pedro
subió a la azotea para orar, cerca de la hora sexta. 10 Y tuvo gran hambre, y
quiso comer; pero mientras le preparaban algo, le sobrevino un éxtasis; 11 y
vio el cielo abierto, y que descendía algo semejante a un gran lienzo, que
atado de las cuatro puntas era bajado a la tierra; 12 en el cual había de todos
los cuadrúpedos terrestres y reptiles y aves del cielo. 13 Y le vino una voz:
Levántate, Pedro, mata y come. 14 Entonces Pedro dijo: Señor, no; porque
ninguna cosa común o inmunda he comido jamás. 15 Volvió la voz a él la segunda
vez: Lo que Dios limpió, no lo llames tú común. 16 Esto se hizo tres veces; y
aquel lienzo volvió a ser recogido en el cielo.
17 Y
mientras Pedro estaba perplejo dentro de sí sobre lo que significaría la visión
que había visto, he aquí los hombres que habían sido enviados por Cornelio, los
cuales, preguntando por la casa de Simón, llegaron a la puerta. 18 Y llamando,
preguntaron si moraba allí un Simón que tenía por sobrenombre Pedro. 19 Y
mientras Pedro pensaba en la visión, le dijo el Espíritu: He aquí, tres hombres
te buscan. 20 Levántate, pues, y desciende y no dudes de ir con ellos, porque
yo los he enviado. 21 Entonces Pedro, descendiendo a donde estaban los hombres
que fueron enviados por Cornelio, les dijo: He aquí, yo soy el que buscáis;
¿cuál es la causa por la que habéis venido? 22 Ellos dijeron: Cornelio el
centurión, varón justo y temeroso de Dios, y que tiene buen testimonio en toda
la nación de los judíos, ha recibido instrucciones de un santo ángel, de
hacerte venir a su casa para oír tus palabras. 23 Entonces, haciéndoles entrar,
los hospedó. Y al día siguiente, levantándose, se fue con ellos; y le acompañaron
algunos de los hermanos de Jope. 24 Al otro día entraron en Cesarea. Y Cornelio
los estaba esperando, habiendo convocado a sus parientes y amigos más íntimos.
25 Cuando Pedro entró, salió Cornelio a recibirle, y postrándose a sus pies,
adoró. 26 Mas Pedro le levantó, diciendo: Levántate, pues yo mismo también soy
hombre. 27 Y hablando con él, entró, y halló a muchos que se habían reunido. 28
Y les dijo: Vosotros sabéis cuán abominable es para un varón judío juntarse o
acercarse a un extranjero; pero a mí me ha mostrado Dios que a ningún hombre
llame común o inmundo; 29 por lo cual, al ser llamado, vine sin replicar. Así
que pregunto: ¿Por qué causa me habéis hecho venir?
30 Entonces
Cornelio dijo: hace cuatro días que a esta hora yo estaba en ayunas; y a la
hora novena, mientras oraba en mi casa, vi que se puso delante de mí un varón
con vestido resplandeciente, 31 y dijo: Cornelio, tu oración ha sido oída, y
tus limosnas han sido recordadas delante de Dios. 32 Envía, pues, a Jope, y haz
venir a Simón el que tiene por sobrenombre Pedro, el cual mora en casa de
Simón, un curtidor, junto al mar; y cuando llegue, él te hablará. 33 Así que
luego envié por ti; y tú has hecho bien en venir. Ahora, pues, todos nosotros
estamos aquí en la presencia de Dios, para oír todo lo que Dios te ha mandado.
34 Entonces
Pedro, abriendo la boca, dijo: En verdad comprendo que Dios no hace acepción de
personas, 35 sino que en toda nación se agrada del que le teme y hace justicia.
36 Dios envió mensaje a los hijos de Israel, anunciando el evangelio de la paz
por medio de Jesucristo; éste es Señor de todos. 37 Vosotros sabéis lo que se
divulgó por toda Judea, comenzando desde Galilea, después del bautismo que
predicó Juan: 38 cómo Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de
Nazaret, y cómo éste anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por
el diablo, porque Dios estaba con él. 39 Y nosotros somos testigos de todas las
cosas que Jesús hizo en la tierra de Judea y en Jerusalén; a quien mataron
colgándole en un madero. 40 A éste levantó Dios al tercer día, e hizo que se
manifestase; 41 no a todo el pueblo, sino a los testigos que Dios había
ordenado de antemano, a nosotros que comimos y bebimos con él después que
resucitó de los muertos. 42 Y nos mandó que predicásemos al pueblo, y
testificásemos que él es el que Dios ha puesto por Juez de vivos y muertos. 43
De éste dan testimonio todos los profetas, que todos los que en él creyeren,
recibirán perdón de pecados por su nombre.
44 Mientras
aún hablaba Pedro estas palabras, el Espíritu Santo cayó sobre todos los que
oían el discurso. 45 Y los fieles de la circuncisión que habían venido con
Pedro se quedaron atónitos de que también sobre los gentiles se derramase el
don del Espíritu Santo. 46 Porque los oían que hablaban en lenguas, y que
magnificaban a Dios. 47 Entonces respondió Pedro: ¿Puede acaso alguno impedir
el agua, para que no sean bautizados estos que han recibido el Espíritu Santo
también como nosotros? 48 Y mandó bautizarles en el nombre del Señor Jesús.
Entonces le rogaron que se quedase por algunos días.
Informe
de Pedro a la iglesia de Jerusalén
HECHOS 11
1 Oyeron los
apóstoles y los hermanos que estaban en Judea, que también los gentiles habían
recibido la palabra de Dios. 2 Y cuando Pedro subió a Jerusalén, disputaban con
él los que eran de la circuncisión, 3 diciendo: ¿Por qué has entrado en casa de
hombres incircuncisos, y has comido con ellos? 4 Entonces comenzó Pedro a
contarles por orden lo sucedido, diciendo: 5 Estaba yo en la ciudad de Jope
orando, y vi en éxtasis una visión; algo semejante a un gran lienzo que
descendía, que por las cuatro puntas era bajado del cielo y venía hasta mí. 6
Cuando fijé en él los ojos, consideré y vi cuadrúpedos terrestres, y fieras, y
reptiles, y aves del cielo. 7 Y oí una voz que me decía: Levántate, Pedro, mata
y come. 8 Y dije: Señor, no; porque ninguna cosa común o inmunda entró jamás en
mi boca. 9 Entonces la voz me respondió del cielo por segunda vez: Lo que Dios
limpió, no lo llames tú común. 10 Y esto se hizo tres veces, y volvió todo a
ser llevado arriba al cielo. 11 Y he aquí, luego llegaron tres hombres a la
casa donde yo estaba, enviados a mí desde Cesarea. 12 Y el Espíritu me dijo que
fuese con ellos sin dudar. Fueron también conmigo estos seis hermanos, y
entramos en casa de un varón, 13 quien nos contó cómo había visto en su casa un
ángel, que se puso en pie y le dijo: Envía hombres a Jope, y haz venir a Simón,
el que tiene por sobrenombre Pedro; 14 él te hablará palabras por las cuales
serás salvo tú, y toda tu casa. 15 Y cuando comencé a hablar, cayó el Espíritu
Santo sobre ellos también, como sobre nosotros al principio. 16 Entonces me
acordé de lo dicho por el Señor, cuando dijo: Juan ciertamente bautizó en agua,
mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo. 17 Si Dios, pues, les
concedió también el mismo don que a nosotros que hemos creído en el Señor
Jesucristo, ¿quién era yo que pudiese estorbar a Dios? 18 Entonces, oídas estas
cosas, callaron, y glorificaron a Dios, diciendo: ¡De manera que también a los
gentiles ha dado Dios arrepentimiento para vida!
La iglesia
en Antioquía
19 Ahora
bien, los que habían sido esparcidos a causa de la persecución que hubo con
motivo de Esteban, pasaron hasta Fenicia, Chipre y Antioquía, no hablando a
nadie la palabra, sino sólo a los judíos. 20 Pero había entre ellos unos
varones de Chipre y de Cirene, los cuales, cuando entraron en Antioquía,
hablaron también a los griegos, anunciando el evangelio del Señor Jesús. 21 Y
la mano del Señor estaba con ellos, y gran número creyó y se convirtió al
Señor. 22 Llegó la noticia de estas cosas a oídos de la iglesia que estaba en
Jerusalén; y enviaron a Bernabé que fuese hasta Antioquía. 23 Este, cuando
llegó, y vio la gracia de Dios, se regocijó, y exhortó a todos a que con
propósito de corazón permaneciesen fieles al Señor. 24 Porque era varón bueno,
y lleno del Espíritu Santo y de fe. Y una gran multitud fue agregada al Señor.
25 Después fue Bernabé a Tarso para buscar a Saulo; y hallándole, le trajo a
Antioquía. 26 Y se congregaron allí todo un año con la iglesia, y enseñaron a
mucha gente; y a los discípulos se les llamó cristianos por primera vez en
Antioquía.
27 En
aquellos días unos profetas descendieron de Jerusalén a Antioquía. 28 Y
levantándose uno de ellos, llamado Agabo, daba a entender por el Espíritu, que
vendría una gran hambre en toda la tierra habitada; la cual sucedió en tiempo
de Claudio. 29 Entonces los discípulos, cada uno conforme a lo que tenía,
determinaron enviar socorro a los hermanos que habitaban en Judea; 30 lo cual
en efecto hicieron, enviándolo a los ancianos por mano de Bernabé y de Saulo.
Jacobo,
muerto; Pedro, encarcelado
HECHOS 12
1 En aquel
mismo tiempo el rey Herodes echó mano a algunos de la iglesia para maltratarles.
2 Y mató a espada a Jacobo, hermano de Juan. 3 Y viendo que esto había agradado
a los judíos, procedió a prender también a Pedro. Eran entonces los días de los
panes sin levadura. 4 Y habiéndole tomado preso, le puso en la cárcel,
entregándole a cuatro grupos de cuatro soldados cada uno, para que le
custodiasen; y se proponía sacarle al pueblo después de la pascua. 5 Así que
Pedro estaba custodiado en la cárcel; pero la iglesia hacía sin cesar oración a
Dios por él.
Pedro es
librado de la cárcel
6 Y cuando
Herodes le iba a sacar, aquella misma noche estaba Pedro durmiendo entre dos
soldados, sujeto con dos cadenas, y los guardas delante de la puerta
custodiaban la cárcel. 7 Y he aquí que se presentó un ángel del Señor, y una
luz resplandeció en la cárcel; y tocando a Pedro en el costado, le despertó,
diciendo: Levántate pronto. Y las cadenas se le cayeron de las manos. 8 Le dijo
el ángel: Cíñete, y átate las sandalias. Y lo hizo así. Y le dijo: Envuélvete
en tu manto, y sígueme. 9 Y saliendo, le seguía; pero no sabía que era verdad
lo que hacía el ángel, sino que pensaba que veía una visión. 10 Habiendo pasado
la primera y la segunda guardia, llegaron a la puerta de hierro que daba a la
ciudad, la cual se les abrió por sí misma; y salidos, pasaron una calle, y
luego el ángel se apartó de él. 11 Entonces Pedro, volviendo en sí, dijo: Ahora
entiendo verdaderamente que el Señor ha enviado su ángel, y me ha librado de la
mano de Herodes, y de todo lo que el pueblo de los judíos esperaba.
12 Y habiendo
considerado esto, llegó a casa de María la madre de Juan, el que tenía por
sobrenombre Marcos, donde muchos estaban reunidos orando. 13 Cuando llamó Pedro
a la puerta del patio, salió a escuchar una muchacha llamada Rode, 14 la cual,
cuando reconoció la voz de Pedro, de gozo no abrió la puerta, sino que
corriendo adentro, dio la nueva de que Pedro estaba a la puerta. 15 Y ellos le
dijeron: Estás loca. Pero ella aseguraba que así era. Entonces ellos decían:
¡Es su ángel! 16 Mas Pedro persistía en llamar; y cuando abrieron y le vieron,
se quedaron atónitos. 17 Pero él, haciéndoles con la mano señal de que
callasen, les contó cómo el Señor le había sacado de la cárcel. Y dijo: Haced
saber esto a Jacobo y a los hermanos. Y salió, y se fue a otro lugar.
18 Luego que
fue de día, hubo no poco alboroto entre los soldados sobre qué había sido de
Pedro. 19 Mas Herodes, habiéndole buscado sin hallarle, después de interrogar a
los guardas, ordenó llevarlos a la muerte. Después descendió de Judea a Cesarea
y se quedó allí.
Muerte de
Herodes
20 Y Herodes
estaba enojado contra los de Tiro y de Sidón; pero ellos vinieron de acuerdo
ante él, y sobornado Blasto, que era camarero mayor del rey, pedían paz, porque
su territorio era abastecido por el del rey. 21 Y un día señalado, Herodes,
vestido de ropas reales, se sentó en el tribunal y les arengó. 22 Y el pueblo
aclamaba gritando: ¡Voz de Dios, y no de hombre! 23 Al momento un ángel del
Señor le hirió, por cuanto no dio la gloria a Dios; y expiró comido de gusanos.
24 Pero la
palabra del Señor crecía y se multiplicaba.
25 Y Bernabé
y Saulo, cumplido su servicio, volvieron de Jerusalén, llevando también consigo
a Juan, el que tenía por sobrenombre Marcos.
Bernabé
y Saulo comienzan su primer viaje misionero
HECHOS 13
1 Había
entonces en la iglesia que estaba en Antioquía, profetas y maestros: Bernabé,
Simón el que se llamaba Niger, Lucio de Cirene, Manaén el que se había criado
junto con Herodes el tetrarca, y Saulo. 2 Ministrando éstos al Señor, y
ayunando, dijo el Espíritu Santo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a
que los he llamado. 3 Entonces, habiendo ayunado y orado, les impusieron las
manos y los despidieron.
Los
apóstoles predican en Chipre
4 Ellos,
entonces, enviados por el Espíritu Santo, descendieron a Seleucia, y de allí
navegaron a Chipre. 5 Y llegados a Salamina, anunciaban la palabra de Dios en
las sinagogas de los judíos. Tenían también a Juan de ayudante. 6 Y habiendo
atravesado toda la isla hasta Pafos, hallaron a cierto mago, falso profeta,
judío, llamado Barjesús, 7 que estaba con el procónsul Sergio Paulo, varón
prudente. Este, llamando a Bernabé y a Saulo, deseaba oír la palabra de Dios. 8
Pero les resistía Elimas, el mago (pues así se traduce su nombre), procurando
apartar de la fe al procónsul. 9 Entonces Saulo, que también es Pablo, lleno
del Espíritu Santo, fijando en él los ojos, 10 dijo: ¡Oh, lleno de todo engaño
y de toda maldad, hijo del diablo, enemigo de toda justicia! ¿No cesarás de
trastornar los caminos rectos del Señor? 11 Ahora, pues, he aquí la mano del
Señor está contra ti, y serás ciego, y no verás el sol por algún tiempo. E
inmediatamente cayeron sobre él oscuridad y tinieblas; y andando alrededor,
buscaba quien le condujese de la mano. 12 Entonces el procónsul, viendo lo que
había sucedido, creyó, maravillado de la doctrina del Señor.
Pablo y
Bernabé en Antioquía de Pisidia
13 Habiendo
zarpado de Pafos, Pablo y sus compañeros arribaron a Perge de Panfilia; pero
Juan, apartándose de ellos, volvió a Jerusalén. 14 Ellos, pasando de Perge,
llegaron a Antioquía de Pisidia; y entraron en la sinagoga un día de reposo y
se sentaron. 15 Y después de la lectura de la ley y de los profetas, los
principales de la sinagoga mandaron a decirles: Varones hermanos, si tenéis
alguna palabra de exhortación para el pueblo, hablad. 16 Entonces Pablo,
levantándose, hecha señal de silencio con la mano, dijo:
Varones
israelitas, y los que teméis a Dios, oíd: 17 El Dios de este pueblo de Israel
escogió a nuestros padres, y enalteció al pueblo, siendo ellos extranjeros en
tierra de Egipto, y con brazo levantado los sacó de ella. 18 Y por un tiempo
como de cuarenta años los soportó en el desierto; 19 y habiendo destruido siete
naciones en la tierra de Canaán, les dio en herencia su territorio. 20 Después,
como por cuatrocientos cincuenta años, les dio jueces hasta el profeta Samuel.
21 Luego pidieron rey, y Dios les dio a Saúl hijo de Cis, varón de la tribu de
Benjamín, por cuarenta años. 22 Quitado éste, les levantó por rey a David, de
quien dio también testimonio diciendo: He hallado a David hijo de Isaí, varón
conforme a mi corazón, quien hará todo lo que yo quiero. 23 De la descendencia
de éste, y conforme a la promesa, Dios levantó a Jesús por Salvador a Israel.
24 Antes de su venida, predicó Juan el bautismo de arrepentimiento a todo el
pueblo de Israel. 25 Mas cuando Juan terminaba su carrera, dijo: ¿Quién pensáis
que soy? No soy yo él; mas he aquí viene tras mí uno de quien no soy digno de desatar
el calzado de los pies.
26 Varones
hermanos, hijos del linaje de Abraham, y los que entre vosotros teméis a Dios,
a vosotros es enviada la palabra de esta salvación. 27 Porque los habitantes de
Jerusalén y sus gobernantes, no conociendo a Jesús, ni las palabras de los
profetas que se leen todos los días de reposo, las cumplieron al condenarle. 28
Y sin hallar en él causa digna de muerte, pidieron a Pilato que se le matase.
29 Y habiendo cumplido todas las cosas que de él estaban escritas, quitándolo
del madero, lo pusieron en el sepulcro. 30 Mas Dios le levantó de los muertos.
31 Y él se apareció durante muchos días a los que habían subido juntamente con
él de Galilea a Jerusalén, los cuales ahora son sus testigos ante el pueblo. 32
Y nosotros también os anunciamos el evangelio de aquella promesa hecha a
nuestros padres, 33 la cual Dios ha cumplido a los hijos de ellos, a nosotros,
resucitando a Jesús; como está escrito también en el salmo segundo: Mi hijo
eres tú, yo te he engendrado hoy. 34 Y en cuanto a que le levantó de los
muertos para nunca más volver a corrupción, lo dijo así: Os daré las
misericordias fieles de David.
35 Por eso
dice también en otro salmo: No permitirás que tu Santo vea corrupción. 36
Porque a la verdad David, habiendo servido a su propia generación según la
voluntad de Dios, durmió, y fue reunido con sus padres, y vio corrupción. 37
Mas aquel a quien Dios levantó, no vio corrupción. 38 Sabed, pues, esto,
varones hermanos: que por medio de él se os anuncia perdón de pecados, 39 y que
de todo aquello de que por la ley de Moisés no pudisteis ser justificados, en
él es justificado todo aquel que cree. 40 Mirad, pues, que no venga sobre
vosotros lo que está dicho en los profetas:
41 Mirad, oh
menospreciadores, y asombraos, y desapareced;
Porque yo
hago una obra en vuestros días,
Obra que no
creeréis, si alguien os la contare.
42 Cuando
salieron ellos de la sinagoga de los judíos, los gentiles les rogaron que el
siguiente día de reposo les hablasen de estas cosas. 43 Y despedida la
congregación, muchos de los judíos y de los prosélitos piadosos siguieron a
Pablo y a Bernabé, quienes hablándoles, les persuadían a que perseverasen en la
gracia de Dios.
44 El
siguiente día de reposo se juntó casi toda la ciudad para oír la palabra de
Dios. 45 Pero viendo los judíos la muchedumbre, se llenaron de celos, y
rebatían lo que Pablo decía, contradiciendo y blasfemando. 46 Entonces Pablo y
Bernabé, hablando con denuedo, dijeron: A vosotros a la verdad era necesario
que se os hablase primero la palabra de Dios; mas puesto que la desecháis, y no
os juzgáis dignos de la vida eterna, he aquí, nos volvemos a los gentiles. 47
Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo:
Te he puesto
para luz de los gentiles,
A fin de que
seas para salvación hasta lo último de la tierra.
48 Los
gentiles, oyendo esto, se regocijaban y glorificaban la palabra del Señor, y
creyeron todos los que estaban ordenados para vida eterna. 49 Y la palabra del
Señor se difundía por toda aquella provincia. 50 Pero los judíos instigaron a
mujeres piadosas y distinguidas, y a los principales de la ciudad, y levantaron
persecución contra Pablo y Bernabé, y los expulsaron de sus límites. 51 Ellos
entonces, sacudiendo contra ellos el polvo de sus pies, llegaron a Iconio. 52 Y
los discípulos estaban llenos de gozo y del Espíritu Santo.
Pablo
y Bernabé en Iconio
HECHOS 14
1 Aconteció
en Iconio que entraron juntos en la sinagoga de los judíos, y hablaron de tal manera
que creyó una gran multitud de judíos, y asimismo de griegos. 2 Mas los judíos
que no creían excitaron y corrompieron los ánimos de los gentiles contra los
hermanos. 3 Por tanto, se detuvieron allí mucho tiempo, hablando con denuedo,
confiados en el Señor, el cual daba testimonio a la palabra de su gracia,
concediendo que se hiciesen por las manos de ellos señales y prodigios. 4 Y la
gente de la ciudad estaba dividida: unos estaban con los judíos, y otros con
los apóstoles. 5 Pero cuando los judíos y los gentiles, juntamente con sus
gobernantes, se lanzaron a afrentarlos y apedrearlos, 6 habiéndolo sabido,
huyeron a Listra y Derbe, ciudades de Licaonia, y a toda la región
circunvecina, 7 y allí predicaban el evangelio.
Pablo es
apedreado en Listra
8 Y cierto
hombre de Listra estaba sentado, imposibilitado de los pies, cojo de
nacimiento, que jamás había andado. 9 Este oyó hablar a Pablo, el cual, fijando
en él sus ojos, y viendo que tenía fe para ser sanado, 10 dijo a gran voz:
Levántate derecho sobre tus pies. Y él saltó, y anduvo. 11 Entonces la gente,
visto lo que Pablo había hecho, alzó la voz, diciendo en lengua licaónica:
Dioses bajo la semejanza de hombres han descendido a nosotros. 12 Y a Bernabé
llamaban Júpiter, y a Pablo, Mercurio, porque éste era el que llevaba la
palabra. 13 Y el sacerdote de Júpiter, cuyo templo estaba frente a la ciudad,
trajo toros y guirnaldas delante de las puertas, y juntamente con la
muchedumbre quería ofrecer sacrificios. 14 Cuando lo oyeron los apóstoles
Bernabé y Pablo, rasgaron sus ropas, y se lanzaron entre la multitud, dando
voces 15 y diciendo: Varones, ¿por qué hacéis esto? Nosotros también somos
hombres semejantes a vosotros, que os anunciamos que de estas vanidades os
convirtáis al Dios vivo, que hizo el cielo y la tierra, el mar, y todo lo que
en ellos hay. 16 En las edades pasadas él ha dejado a todas las gentes andar en
sus propios caminos; 17 si bien no se dejó a sí mismo sin testimonio, haciendo
bien, dándonos lluvias del cielo y tiempos fructíferos, llenando de sustento y
de alegría nuestros corazones. 18 Y diciendo estas cosas, difícilmente lograron
impedir que la multitud les ofreciese sacrificio.
19 Entonces
vinieron unos judíos de Antioquía y de Iconio, que persuadieron a la multitud,
y habiendo apedreado a Pablo, le arrastraron fuera de la ciudad, pensando que
estaba muerto. 20 Pero rodeándole los discípulos, se levantó y entró en la
ciudad; y al día siguiente salió con Bernabé para Derbe. 21 Y después de
anunciar el evangelio a aquella ciudad y de hacer muchos discípulos, volvieron
a Listra, a Iconio y a Antioquía, 22 confirmando los ánimos de los discípulos,
exhortándoles a que permaneciesen en la fe, y diciéndoles: Es necesario que a
través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios. 23 Y constituyeron
ancianos en cada iglesia, y habiendo orado con ayunos, los encomendaron al
Señor en quien habían creído.
El regreso a
Antioquía de Siria
24 Pasando
luego por Pisidia, vinieron a Panfilia. 25 Y habiendo predicado la palabra en
Perge, descendieron a Atalia. 26 De allí navegaron a Antioquía, desde donde
habían sido encomendados a la gracia de Dios para la obra que habían cumplido.
27 Y habiendo llegado, y reunido a la iglesia, refirieron cuán grandes cosas
había hecho Dios con ellos, y cómo había abierto la puerta de la fe a los
gentiles. 28 Y se quedaron allí mucho tiempo con los discípulos.
El
concilio en Jerusalén
HECHOS 15
1 Entonces
algunos que venían de Judea enseñaban a los hermanos: Si no os circuncidáis
conforme al rito de Moisés, no podéis ser salvos. 2 Como Pablo y Bernabé
tuviesen una discusión y contienda no pequeña con ellos, se dispuso que
subiesen Pablo y Bernabé a Jerusalén, y algunos otros de ellos, a los apóstoles
y a los ancianos, para tratar esta cuestión. 3 Ellos, pues, habiendo sido
encaminados por la iglesia, pasaron por Fenicia y Samaria, contando la
conversión de los gentiles; y causaban gran gozo a todos los hermanos. 4 Y
llegados a Jerusalén, fueron recibidos por la iglesia y los apóstoles y los
ancianos, y refirieron todas las cosas que Dios había hecho con ellos. 5 Pero
algunos de la secta de los fariseos, que habían creído, se levantaron diciendo:
Es necesario circuncidarlos, y mandarles que guarden la ley de Moisés.
6 Y se
reunieron los apóstoles y los ancianos para conocer de este asunto. 7 Y después
de mucha discusión, Pedro se levantó y les dijo: Varones hermanos, vosotros
sabéis cómo ya hace algún tiempo que Dios escogió que los gentiles oyesen por
mi boca la palabra del evangelio y creyesen. 8 Y Dios, que conoce los
corazones, les dio testimonio, dándoles el Espíritu Santo lo mismo que a
nosotros; 9 y ninguna diferencia hizo entre nosotros y ellos, purificando por
la fe sus corazones. 10 Ahora, pues, ¿por qué tentáis a Dios, poniendo sobre la
cerviz de los discípulos un yugo que ni nuestros padres ni nosotros hemos
podido llevar? 11 Antes creemos que por la gracia del Señor Jesús seremos
salvos, de igual modo que ellos.
12 Entonces
toda la multitud calló, y oyeron a Bernabé y a Pablo, que contaban cuán grandes
señales y maravillas había hecho Dios por medio de ellos entre los gentiles. 13
Y cuando ellos callaron, Jacobo respondió diciendo: Varones hermanos, oídme. 14
Simón ha contado cómo Dios visitó por primera vez a los gentiles, para tomar de
ellos pueblo para su nombre. 15 Y con esto concuerdan las palabras de los
profetas, como está escrito:
16 Después
de esto volveré
Y
reedificaré el tabernáculo de David, que está caído;
Y repararé
sus ruinas,
Y lo volveré
a levantar,
17 Para que el
resto de los hombres busque al Señor,
Y todos los
gentiles, sobre los cuales es invocado mi nombre,
18 Dice el
Señor, que hace conocer todo esto desde tiempos antiguos.
19 Por lo
cual yo juzgo que no se inquiete a los gentiles que se convierten a Dios, 20
sino que se les escriba que se aparten de las contaminaciones de los ídolos, de
fornicación, de ahogado y de sangre. 21 Porque Moisés desde tiempos antiguos
tiene en cada ciudad quien lo predique en las sinagogas, donde es leído cada
día de reposo.
22 Entonces
pareció bien a los apóstoles y a los ancianos, con toda la iglesia, elegir de
entre ellos varones y enviarlos a Antioquía con Pablo y Bernabé: a Judas que
tenía por sobrenombre Barsabás, y a Silas, varones principales entre los
hermanos; 23 y escribir por conducto de ellos: Los apóstoles y los ancianos y
los hermanos, a los hermanos de entre los gentiles que están en Antioquía, en
Siria y en Cilicia, salud. 24 Por cuanto hemos oído que algunos que han salido
de nosotros, a los cuales no dimos orden, os han inquietado con palabras,
perturbando vuestras almas, mandando circuncidaros y guardar la ley, 25 nos ha
parecido bien, habiendo llegado a un acuerdo, elegir varones y enviarlos a
vosotros con nuestros amados Bernabé y Pablo, 26 hombres que han expuesto su
vida por el nombre de nuestro Señor Jesucristo. 27 Así que enviamos a Judas y a
Silas, los cuales también de palabra os harán saber lo mismo. 28 Porque ha
parecido bien al Espíritu Santo, y a nosotros, no imponeros ninguna carga más
que estas cosas necesarias: 29 que os abstengáis de lo sacrificado a ídolos, de
sangre, de ahogado y de fornicación; de las cuales cosas si os guardareis, bien
haréis. Pasadlo bien.
30 Así,
pues, los que fueron enviados descendieron a Antioquía, y reuniendo a la congregación,
entregaron la carta; 31 habiendo leído la cual, se regocijaron por la
consolación. 32 Y Judas y Silas, como ellos también eran profetas, consolaron y
confirmaron a los hermanos con abundancia de palabras. 33 Y pasando algún
tiempo allí, fueron despedidos en paz por los hermanos, para volver a aquellos
que los habían enviado. 34 Mas a Silas le pareció bien el quedarse allí. 35 Y
Pablo y Bernabé continuaron en Antioquía, enseñando la palabra del Señor y
anunciando el evangelio con otros muchos.
Pablo se
separa de Bernabé, y comienza su segundo viaje misionero
36 Después
de algunos días, Pablo dijo a Bernabé: Volvamos a visitar a los hermanos en
todas las ciudades en que hemos anunciado la palabra del Señor, para ver cómo
están. 37 Y Bernabé quería que llevasen consigo a Juan, el que tenía por
sobrenombre Marcos; 38 pero a Pablo no le parecía bien llevar consigo al que se
había apartado de ellos desde Panfilia, y no había ido con ellos a la obra. 39
Y hubo tal desacuerdo entre ellos, que se separaron el uno del otro; Bernabé,
tomando a Marcos, navegó a Chipre, 40 y Pablo, escogiendo a Silas, salió
encomendado por los hermanos a la gracia del Señor, 41 y pasó por Siria y
Cilicia, confirmando a las iglesias.
Timoteo
acompaña a Pablo y a Silas
HECHOS 16
1 Después
llegó a Derbe y a Listra; y he aquí, había allí cierto discípulo llamado
Timoteo, hijo de una mujer judía creyente, pero de padre griego; 2 y daban buen
testimonio de él los hermanos que estaban en Listra y en Iconio. 3 Quiso Pablo
que éste fuese con él; y tomándole, le circuncidó por causa de los judíos que
había en aquellos lugares; porque todos sabían que su padre era griego. 4 Y al
pasar por las ciudades, les entregaban las ordenanzas que habían acordado los
apóstoles y los ancianos que estaban en Jerusalén, para que las guardasen. 5
Así que las iglesias eran confirmadas en la fe, y aumentaban en número cada
día.
La visión
del varón macedonio
6 Y
atravesando Frigia y la provincia de Galacia, les fue prohibido por el Espíritu
Santo hablar la palabra en Asia; 7 y cuando llegaron a Misia, intentaron ir a
Bitinia, pero el Espíritu no se lo permitió. 8 Y pasando junto a Misia,
descendieron a Troas. 9 Y se le mostró a Pablo una visión de noche: un varón
macedonio estaba en pie, rogándole y diciendo: Pasa a Macedonia y ayúdanos. 10
Cuando vio la visión, en seguida procuramos partir para Macedonia, dando por
cierto que Dios nos llamaba para que les anunciásemos el evangelio.
Encarcelados
en Filipos
11 Zarpando,
pues, de Troas, vinimos con rumbo directo a Samotracia, y el día siguiente a
Neápolis; 12 y de allí a Filipos, que es la primera ciudad de la provincia de
Macedonia, y una colonia; y estuvimos en aquella ciudad algunos días. 13 Y un
día de reposo salimos fuera de la puerta, junto al río, donde solía hacerse la
oración; y sentándonos, hablamos a las mujeres que se habían reunido. 14
Entonces una mujer llamada Lidia, vendedora de púrpura, de la ciudad de
Tiatira, que adoraba a Dios, estaba oyendo; y el Señor abrió el corazón de ella
para que estuviese atenta a lo que Pablo decía. 15 Y cuando fue bautizada, y su
familia, nos rogó diciendo: Si habéis juzgado que yo sea fiel al Señor, entrad
en mi casa, y posad. Y nos obligó a quedarnos.
16 Aconteció
que mientras íbamos a la oración, nos salió al encuentro una muchacha que tenía
espíritu de adivinación, la cual daba gran ganancia a sus amos, adivinando. 17
Esta, siguiendo a Pablo y a nosotros, daba voces, diciendo: Estos hombres son
siervos del Dios Altísimo, quienes os anuncian el camino de salvación. 18 Y
esto lo hacía por muchos días; mas desagradando a Pablo, éste se volvió y dijo
al espíritu: Te mando en el nombre de Jesucristo, que salgas de ella. Y salió
en aquella misma hora.
19 Pero
viendo sus amos que había salido la esperanza de su ganancia, prendieron a
Pablo y a Silas, y los trajeron al foro, ante las autoridades; 20 y
presentándolos a los magistrados, dijeron: Estos hombres, siendo judíos,
alborotan nuestra ciudad, 21 y enseñan costumbres que no nos es lícito recibir
ni hacer, pues somos romanos. 22 Y se agolpó el pueblo contra ellos; y los
magistrados, rasgándoles las ropas, ordenaron azotarles con varas. 23 Después
de haberles azotado mucho, los echaron en la cárcel, mandando al carcelero que
los guardase con seguridad. 24 El cual, recibido este mandato, los metió en el
calabozo de más adentro, y les aseguró los pies en el cepo.
25 Pero a
medianoche, orando Pablo y Silas, cantaban himnos a Dios; y los presos los
oían. 26 Entonces sobrevino de repente un gran terremoto, de tal manera que los
cimientos de la cárcel se sacudían; y al instante se abrieron todas las
puertas, y las cadenas de todos se soltaron. 27 Despertando el carcelero, y
viendo abiertas las puertas de la cárcel, sacó la espada y se iba a matar,
pensando que los presos habían huido. 28 Mas Pablo clamó a gran voz, diciendo:
No te hagas ningún mal, pues todos estamos aquí. 29 El entonces, pidiendo luz,
se precipitó adentro, y temblando, se postró a los pies de Pablo y de Silas; 30
y sacándolos, les dijo: Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo? 31 Ellos
dijeron: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa. 32 Y le
hablaron la palabra del Señor a él y a todos los que estaban en su casa. 33 Y
él, tomándolos en aquella misma hora de la noche, les lavó las heridas; y en
seguida se bautizó él con todos los suyos. 34 Y llevándolos a su casa, les puso
la mesa; y se regocijó con toda su casa de haber creído a Dios.
35 Cuando
fue de día, los magistrados enviaron alguaciles a decir: Suelta a aquellos
hombres. 36 Y el carcelero hizo saber estas palabras a Pablo: Los magistrados
han mandado a decir que se os suelte; así que ahora salid, y marchaos en paz.
37 Pero Pablo les dijo: Después de azotarnos públicamente sin sentencia judicial,
siendo ciudadanos romanos, nos echaron en la cárcel, ¿y ahora nos echan
encubiertamente? No, por cierto, sino vengan ellos mismos a sacarnos. 38 Y los
alguaciles hicieron saber estas palabras a los magistrados, los cuales tuvieron
miedo al oír que eran romanos. 39 Y viniendo, les rogaron; y sacándolos, les
pidieron que salieran de la ciudad. 40 Entonces, saliendo de la cárcel,
entraron en casa de Lidia, y habiendo visto a los hermanos, los consolaron, y
se fueron.
El
alboroto en Tesalónica
HECHOS 17