El Santo
Evangelio Según LUCAS
1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15
1 Puesto que muchos han tratado de poner
en orden un relato acerca de las cosas que entre nosotros han sido ciertísimas, 2 tal como nos lo enseñaron los que desde
el principio lo vieron con sus ojos, y fueron ministros de la palabra, 3 me ha
parecido también a mí, después de haber investigado con diligencia todas las
cosas desde su origen, escribírtelas por orden, oh excelentísimo Teófilo, 4
para que conozcas bien la verdad de las cosas en las cuales has sido instruido.
Anuncio del
nacimiento de Juan
5 Hubo en
los días de Herodes, rey de Judea, un sacerdote llamado Zacarías, de la clase
de Abías; su mujer era de las hijas de Aarón, y se llamaba Elisabet. 6 Ambos
eran justos delante de Dios, y andaban irreprensibles en todos los mandamientos
y ordenanzas del Señor. 7 Pero no tenían hijo, porque Elisabet era estéril, y
ambos eran ya de edad avanzada. 8 Aconteció que ejerciendo Zacarías el
sacerdocio delante de Dios según el orden de su clase, 9 conforme a la
costumbre del sacerdocio, le tocó en suerte ofrecer el incienso, entrando en el
santuario del Señor. 10 Y toda la multitud del pueblo estaba fuera orando a la
hora del incienso. 11 Y se le apareció un ángel del Señor puesto en pie a la
derecha del altar del incienso. 12 Y se turbó Zacarías al verle, y le
sobrecogió temor. 13 Pero el ángel le dijo: Zacarías, no temas; porque tu
oración ha sido oída, y tu mujer Elisabet te dará a luz un hijo, y llamarás su
nombre Juan. 14 Y tendrás gozo y alegría, y muchos se regocijarán de su
nacimiento; 15 porque será grande delante de Dios. No beberá vino ni sidra, y
será lleno del Espíritu Santo, aun desde el vientre de su madre. 16 Y hará que
muchos de los hijos de Israel se conviertan al Señor Dios de ellos. 17 E irá
delante de él con el espíritu y el poder de Elías, para hacer volver los
corazones de los padres a los hijos, y de los rebeldes a la prudencia de los
justos, para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto. 18 Dijo Zacarías al
ángel: ¿En qué conoceré esto? Porque yo soy viejo, y mi mujer es de edad
avanzada. 19 Respondiendo el ángel, le dijo: Yo soy Gabriel, que estoy delante
de Dios; y he sido enviado a hablarte, y darte estas buenas nuevas. 20 Y ahora
quedarás mudo y no podrás hablar, hasta el día en que esto se haga, por cuanto
no creíste mis palabras, las cuales se cumplirán a su tiempo. 21 Y el pueblo
estaba esperando a Zacarías, y se extrañaba de que él se demorase en el
santuario. 22 Pero cuando salió, no les podía hablar; y comprendieron que había
visto visión en el santuario. El les hablaba por señas, y permaneció mudo. 23 Y
cumplidos los días de su ministerio, se fue a su casa.
24 Después
de aquellos días concibió su mujer Elisabet, y se recluyó en casa por cinco
meses, diciendo: 25 Así ha hecho conmigo el Señor en los días en que se dignó
quitar mi afrenta entre los hombres.
Anuncio del
nacimiento de Jesús
26 Al sexto
mes el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada
Nazaret, 27 a una virgen desposada con un varón que se llamaba José, de la casa
de David; y el nombre de la virgen era María. 28 Y entrando el ángel en donde
ella estaba, dijo: ¡Salve, muy favorecida! El Señor es contigo; bendita tú
entre las mujeres. 29 Mas ella, cuando le vio, se turbó por sus palabras, y
pensaba qué salutación sería esta. 30 Entonces el ángel le dijo: María, no
temas, porque has hallado gracia delante de Dios. 31 Y ahora, concebirás en tu
vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS. 32 Este será
grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de
David su padre; 33 y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no
tendrá fin. 34 Entonces María dijo al ángel: ¿Cómo será esto? pues no conozco varón.
35 Respondiendo el ángel, le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el
poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser
que nacerá, será llamado Hijo de Dios. 36 Y he aquí tu parienta Elisabet, ella
también ha concebido hijo en su vejez; y este es el sexto mes para ella, la que
llamaban estéril; 37 porque nada hay imposible para Dios. 38 Entonces María
dijo: He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra. Y el
ángel se fue de su presencia.
María visita
a Elisabet
39 En
aquellos días, levantándose María, fue de prisa a la montaña, a una ciudad de
Judá; 40 y entró en casa de Zacarías, y saludó a Elisabet. 41 Y aconteció que
cuando oyó Elisabet la salutación de María, la criatura saltó en su vientre; y Elisabet
fue llena del Espíritu Santo, 42 y exclamó a gran voz, y dijo: Bendita tú entre
las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre. 43 ¿Por qué se me concede esto a
mí, que la madre de mi Señor venga a mí? 44 Porque tan pronto como llegó la voz
de tu salutación a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. 45 Y
bienaventurada la que creyó, porque se cumplirá lo que le fue dicho de parte
del Señor.
46 Entonces
María dijo:
Engrandece
mi alma al Señor;
47 Y mi
espíritu se regocija en Dios mi Salvador.
48 Porque ha
mirado la bajeza de su sierva;
Pues he
aquí, desde ahora me dirán bienaventurada todas las generaciones.
49 Porque me
ha hecho grandes cosas el Poderoso;
Santo es su
nombre,
50 Y su
misericordia es de generación en generación
A los que le
temen.
51 Hizo
proezas con su brazo;
Esparció a
los soberbios en el pensamiento de sus corazones.
52 Quitó de
los tronos a los poderosos,
Y exaltó a
los humildes.
53 A los
hambrientos colmó de bienes,
Y a los
ricos envió vacíos.
54 Socorrió
a Israel su siervo,
Acordándose
de la misericordia
55 De la
cual habló a nuestros padres,
Para con
Abraham y su descendencia para siempre.
56 Y se
quedó María con ella como tres meses; después se volvió a su casa.
Nacimiento
de Juan el Bautista
57 Cuando a
Elisabet se le cumplió el tiempo de su alumbramiento, dio a luz un hijo. 58 Y
cuando oyeron los vecinos y los parientes que Dios había engrandecido para con
ella su misericordia, se regocijaron con ella. 59 Aconteció que al octavo día
vinieron para circuncidar al niño; y le llamaban con el nombre de su padre,
Zacarías; 60 pero respondiendo su madre, dijo: No; se llamará Juan. 61 Le
dijeron: ¿Por qué? No hay nadie en tu parentela que se llame con ese nombre. 62
Entonces preguntaron por señas a su padre, cómo le quería llamar. 63 Y pidiendo
una tablilla, escribió, diciendo: Juan es su nombre. Y todos se maravillaron.
64 Al momento fue abierta su boca y suelta su lengua, y habló bendiciendo a
Dios. 65 Y se llenaron de temor todos sus vecinos; y en todas las montañas de
Judea se divulgaron todas estas cosas. 66 Y todos los que las oían las
guardaban en su corazón, diciendo: ¿Quién, pues, será este niño? Y la mano del
Señor estaba con él.
Profecía de
Zacarías
67 Y
Zacarías su padre fue lleno del Espíritu Santo, y profetizó, diciendo:
68 Bendito
el Señor Dios de Israel,
Que ha
visitado y redimido a su pueblo,
69 Y nos
levantó un poderoso Salvador
En la casa
de David su siervo,
70 Como habló
por boca de sus santos profetas que fueron desde el principio;
71 Salvación
de nuestros enemigos, y de la mano de todos los que nos aborrecieron;
72 Para
hacer misericordia con nuestros padres,
Y acordarse
de su santo pacto;
73 Del
juramento que hizo a Abraham nuestro padre,
Que nos
había de conceder
74 Que,
librados de nuestros enemigos,
Sin temor le
serviríamos
75 En
santidad y en justicia delante de él, todos nuestros días.
76 Y tú,
niño, profeta del Altísimo serás llamado;
Porque irás
delante de la presencia del Señor, para preparar sus caminos;
77 Para dar
conocimiento de salvación a su pueblo,
Para perdón
de sus pecados,
78 Por la
entrañable misericordia de nuestro Dios,
Con que nos
visitó desde lo alto la aurora,
79 Para dar
luz a los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte;
Para
encaminar nuestros pies por camino de paz.
80 Y el niño
crecía, y se fortalecía en espíritu; y estuvo en lugares desiertos hasta el día
de su manifestación a Israel.
Nacimiento de Jesús
(Mt. 1.18-25)
LUCAS 2
1 Aconteció
en aquellos días, que se promulgó un edicto de parte de Augusto César, que todo
el mundo fuese empadronado. 2 Este primer censo se hizo siendo Cirenio
gobernador de Siria. 3 E iban todos para ser empadronados, cada uno a su ciudad.
4 Y José subió de Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de
David, que se llama Belén, por cuanto era de la casa y familia de David; 5 para
ser empadronado con María su mujer, desposada con él, la cual estaba encinta. 6
Y aconteció que estando ellos allí, se cumplieron los días de su alumbramiento.
7 Y dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en
un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón.
Los ángeles
y los pastores
8 Había
pastores en la misma región, que velaban y guardaban las vigilias de la noche
sobre su rebaño. 9 Y he aquí, se les presentó un ángel del Señor, y la gloria
del Señor los rodeó de resplandor; y tuvieron gran temor. 10 Pero el ángel les
dijo: No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo
el pueblo: 11 que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es
CRISTO el Señor. 12 Esto os servirá de señal: Hallaréis al niño envuelto en
pañales, acostado en un pesebre. 13 Y repentinamente apareció con el ángel una
multitud de las huestes celestiales, que alababan a Dios, y decían:
14 ¡Gloria a
Dios en las alturas,
Y en la
tierra paz, buena voluntad para con los hombres!
15 Sucedió
que cuando los ángeles su fueron de ellos al cielo, los pastores se dijeron
unos a otros: Pasemos, pues, hasta Belén, y veamos esto que ha sucedido, y que
el Señor nos ha manifestado. 16 Vinieron, pues, apresuradamente, y hallaron a
María y a José, y al niño acostado en el pesebre. 17 Y al verlo, dieron a conocer
lo que se les había dicho acerca del niño. 18 Y todos los que oyeron, se
maravillaron de lo que los pastores les decían. 19 Pero María guardaba todas
estas cosas, meditándolas en su corazón. 20 Y volvieron los pastores
glorificando y alabando a Dios por todas las cosas que habían oído y visto,
como se les había dicho.
Presentación
de Jesús en el templo
21 Cumplidos
los ocho días para circuncidar al niño, le pusieron por nombre JESÚS, el cual
le había sido puesto por el ángel antes que fuese concebido.
22 Y cuando
se cumplieron los días de la purificación de ellos, conforme a la ley de
Moisés, le trajeron a Jerusalén para presentarle al Señor 23 (como está escrito
en la ley del Señor: Todo varón que abriere la matriz será llamado santo al
Señor), 24 y para ofrecer conforme a lo que se dice en la ley del Señor: Un par
de tórtolas, o dos palominos. 25 Y he aquí había en Jerusalén un hombre llamado
Simeón, y este hombre, justo y piadoso, esperaba la consolación de Israel; y el
Espíritu Santo estaba sobre él. 26 Y le había sido revelado por el Espíritu
Santo, que no vería la muerte antes que viese al Ungido del Señor. 27 Y movido
por el Espíritu, vino al templo. Y cuando los padres del niño Jesús lo trajeron
al templo, para hacer por él conforme al rito de la ley, 28 él le tomó en sus
brazos, y bendijo a Dios, diciendo:
29 Ahora,
Señor, despides a tu siervo en paz,
Conforme a
tu palabra;
30 Porque
han visto mis ojos tu salvación,
31 La cual
has preparado en presencia de todos los pueblos;
32 Luz para
revelación a los gentiles,
Y gloria de
tu pueblo Israel.
33 Y José y
su madre estaban maravillados de todo lo que se decía de él. 34 Y los bendijo
Simeón, y dijo a su madre María: He aquí, éste está puesto para caída y para
levantamiento de muchos en Israel, y para señal que será contradicha 35 (y una
espada traspasará tu misma alma), para que sean revelados los pensamientos de
muchos corazones.
36 Estaba
también allí Ana, profetisa, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, de edad muy
avanzada, pues había vivido con su marido siete años desde su virginidad, 37 y
era viuda hacía ochenta y cuatro años; y no se apartaba del templo, sirviendo
de noche y de día con ayunos y oraciones. 38 Esta, presentándose en la misma
hora, daba gracias a Dios, y hablaba del niño a todos los que esperaban la
redención en Jerusalén.
El regreso a
Nazaret
39 Después
de haber cumplido con todo lo prescrito en la ley del Señor, volvieron a
Galilea, a su ciudad de Nazaret. 40 Y el niño crecía y se fortalecía, y se llenaba
de sabiduría; y la gracia de Dios era sobre él.
El niño
Jesús en el templo
41 Iban sus
padres todos los años a Jerusalén en la fiesta de la pascua; 42 y cuando tuvo
doce años, subieron a Jerusalén conforme a la costumbre de la fiesta. 43 Al
regresar ellos, acabada la fiesta, se quedó el niño Jesús en Jerusalén, sin que
lo supiesen José y su madre. 44 Y pensando que estaba entre la compañía,
anduvieron camino de un día; y le buscaban entre los parientes y los conocidos;
45 pero como no le hallaron, volvieron a Jerusalén buscándole. 46 Y aconteció
que tres días después le hallaron en el templo, sentado en medio de los
doctores de la ley, oyéndoles y preguntándoles. 47 Y todos los que le oían, se
maravillaban de su inteligencia y de sus respuestas. 48 Cuando le vieron, se
sorprendieron; y le dijo su madre: Hijo, ¿por qué nos has hecho así? He aquí,
tu padre y yo te hemos buscado con angustia. 49 Entonces él les dijo: ¿Por qué
me buscabais? ¿No sabíais que en los negocios de mi Padre me es necesario estar?
50 Mas ellos no entendieron las palabras que les habló. 51 Y descendió con
ellos, y volvió a Nazaret, y estaba sujeto a ellos. Y su madre guardaba todas
estas cosas en su corazón.
52 Y Jesús
crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres.
Predicación de Juan el Bautista
(Mt. 3.1-12; Mr. 1.1-8; Jn. 1.19-28)
LUCAS 3
1 En el año
decimoquinto del imperio de Tiberio César, siendo gobernador de Judea Poncio
Pilato, y Herodes tetrarca de Galilea, y su hermano Felipe tetrarca de Iturea y
de la provincia de Traconite, y Lisanias tetrarca de Abilinia, 2 y siendo sumos
sacerdotes Anás y Caifás, vino palabra de Dios a Juan, hijo de Zacarías, en el
desierto. 3 Y él fue por toda la región contigua al Jordán, predicando el
bautismo del arrepentimiento para perdón de pecados, 4 como está escrito en el
libro de las palabras del profeta Isaías, que dice:
Voz del que
clama en el desierto:
Preparad el
camino del Señor;
Enderezad
sus sendas.
5 Todo valle
se rellenará,
Y se bajará
todo monte y collado;
Los caminos
torcidos serán enderezados,
Y los
caminos ásperos allanados;
6 Y verá
toda carne la salvación de Dios.
7 Y decía a
las multitudes que salían para ser bautizadas por él: ¡Oh generación de víboras!
¿Quién os enseñó a huir de la ira venidera? 8 Haced, pues, frutos dignos de
arrepentimiento, y no comencéis a decir dentro de vosotros mismos: Tenemos a
Abraham por padre; porque os digo que Dios puede levantar hijos a Abraham aun
de estas piedras. 9 Y ya también el hacha está puesta a la raíz de los árboles;
por tanto, todo árbol que no da buen fruto se corta y se echa en el fuego.
10 Y la
gente le preguntaba, diciendo: Entonces, ¿qué haremos? 11 Y respondiendo, les
dijo: El que tiene dos túnicas, dé al que no tiene; y el que tiene qué comer,
haga lo mismo. 12 Vinieron también unos publicanos para ser bautizados, y le
dijeron: Maestro, ¿qué haremos? 13 El les dijo: No exijáis más de lo que os
está ordenado. 14 También le preguntaron unos soldados, diciendo: Y nosotros,
¿qué haremos? Y les dijo: No hagáis extorsión a nadie, ni calumniéis; y
contentaos con vuestro salario.
15 Como el
pueblo estaba en expectativa, preguntándose todos en sus corazones si acaso
Juan sería el Cristo, 16 respondió Juan, diciendo a todos: Yo a la verdad os
bautizo en agua; pero viene uno más poderoso que yo, de quien no soy digno de
desatar la correa de su calzado; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego. 17
Su aventador está en su mano, y limpiará su era, y recogerá el trigo en su
granero, y quemará la paja en fuego que nunca se apagará.
18 Con estas
y otras muchas exhortaciones anunciaba las buenas nuevas al pueblo. 19 Entonces
Herodes el tetrarca, siendo reprendido por Juan a causa de Herodías, mujer de
Felipe su hermano, y de todas las maldades que Herodes había hecho, 20 sobre
todas ellas, añadió además esta: encerró a Juan en la cárcel.
El bautismo
de Jesús
(Mt.
3.13-17; Mr. 1.9-11)
21 Aconteció
que cuando todo el pueblo se bautizaba, también Jesús fue bautizado; y orando,
el cielo se abrió, 22 y descendió el Espíritu Santo sobre él en forma corporal,
como paloma, y vino una voz del cielo que decía: Tú eres mi Hijo amado; en ti
tengo complacencia.
Genealogía
de Jesús
(Mt. 1.1-17)
23 Jesús
mismo al comenzar su ministerio era como de treinta años, hijo, según se creía,
de José, hijo de Elí, 24 hijo de Matat, hijo de Leví, hijo de Melqui, hijo de
Jana, hijo de José, 25 hijo de Matatías, hijo de Amós, hijo de Nahum, hijo de
Esli, hijo de Nagai, 26 hijo de Maat, hijo de Matatías, hijo de Semei, hijo de
José, hijo de Judá, 27 hijo de Joana, hijo de Resa, hijo de Zorobabel, hijo de
Salatiel, hijo de Neri, 28 hijo de Melqui, hijo de Adi, hijo de Cosam, hijo de
Elmodam, hijo de Er, 29 hijo de Josué, hijo de Eliezer, hijo de Jorim, hijo de
Matat, 30 hijo de Leví, hijo de Simeón, hijo de Judá, hijo de José, hijo de
Jonán, hijo de Eliaquim, 31 hijo de Melea, hijo de Mainán, hijo de Matata, hijo
de Natán, 32 hijo de David, hijo de Isaí, hijo de Obed, hijo de Booz, hijo de
Salmón, hijo de Naasón, 33 hijo de Aminadab, hijo de Aram, hijo de Esrom, hijo
de Fares, hijo de Judá, 34 hijo de Jacob, hijo de Isaac, hijo de Abraham, hijo
de Taré, hijo de Nacor, 35 hijo de Serug, hijo de Ragau, hijo de Peleg, hijo de
Heber, hijo de Sala, 36 hijo de Cainán, hijo de Arfaxad, hijo de Sem, hijo de
Noé, hijo de Lamec, 37 hijo de Matusalén, hijo de Enoc, hijo de Jared, hijo de
Mahalaleel, hijo de Cainán, 38 hijo de Enós, hijo de Set, hijo de Adán, hijo de
Dios.
Tentación de Jesús
(Mt. 4.1-11;
Mr. 1.12-13)
LUCAS 4
1 Jesús,
lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán, y fue llevado por el Espíritu al
desierto 2 por cuarenta días, y era tentado por el diablo. Y no comió nada en aquellos
días, pasados los cuales, tuvo hambre. 3 Entonces el diablo le dijo: Si eres
Hijo de Dios, dí a esta piedra que se convierta en pan. 4 Jesús,
respondiéndole, dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de
toda palabra de Dios. 5 Y le llevó el diablo a un alto monte, y le mostró en un
momento todos los reinos de la tierra. 6 Y le dijo el diablo: A ti te daré toda
esta potestad, y la gloria de ellos; porque a mí me ha sido entregada, y a
quien quiero la doy. 7 Si tú postrado me adorares, todos serán tuyos. 8
Respondiendo Jesús, le dijo: Vete de mí, Satanás, porque escrito está: Al Señor
tu Dios adorarás, y a él solo servirás. 9 Y le llevó a Jerusalén, y le puso
sobre el pináculo del templo, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate de aquí
abajo; 10 porque escrito está:
A sus
ángeles mandará acerca de ti, que te guarden;
11 y,
En las manos
te sostendrán,
Para que no
tropieces con tu pie en piedra. 12 Respondiendo Jesús, le dijo: Dicho está: No
tentarás al Señor tu Dios. 13 Y cuando el diablo hubo acabado toda tentación,
se apartó de él por un tiempo.
Jesús
principia su ministerio
(Mt.
4.12-17; Mr. 1.14-15)
14 Y Jesús
volvió en el poder del Espíritu a Galilea, y se difundió su fama por toda la
tierra de alrededor. 15 Y enseñaba en las sinagogas de ellos, y era glorificado
por todos.
Jesús en Nazaret
(Mt. 13.53-58; Mr. 6.1-6)
16 Vino a
Nazaret, donde se había criado; y en el día de reposo entró en la sinagoga,
conforme a su costumbre, y se levantó a leer. 17 Y se le dio el libro del
profeta Isaías; y habiendo abierto el libro, halló el lugar donde estaba
escrito:
18 El
Espíritu del Señor está sobre mí,
Por cuanto
me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres;
Me ha
enviado a sanar a los quebrantados de corazón;
A pregonar
libertad a los cautivos,
Y vista a
los ciegos;
A poner en
libertad a los oprimidos;
19 A
predicar el año agradable del Señor.
20 Y
enrollando el libro, lo dio al ministro, y se sentó; y los ojos de todos en la sinagoga
estaban fijos en él. 21 Y comenzó a decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura
delante de vosotros. 22 Y todos daban buen testimonio de él, y estaban
maravillados de las palabras de gracia que salían de su boca, y decían: ¿No es
éste el hijo de José? 23 El les dijo: Sin duda me diréis este refrán: Médico,
cúrate a ti mismo; de tantas cosas que hemos oído que se han hecho en
Capernaum, haz también aquí en tu tierra. 24 Y añadió: De cierto os digo, que
ningún profeta es acepto en su propia tierra. 25 Y en verdad os digo que muchas
viudas había en Israel en los días de Elías, cuando el cielo fue cerrado por
tres años y seis meses, y hubo una gran hambre en toda la tierra; 26 pero a
ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una mujer viuda en Sarepta de Sidón.
27 Y muchos leprosos había en Israel en tiempo del profeta Eliseo; pero ninguno
de ellos fue limpiado, sino Naamán el sirio. 28 Al oír estas cosas, todos en la
sinagoga se llenaron de ira; 29 y levantándose, le echaron fuera de la ciudad,
y le llevaron hasta la cumbre del monte sobre el cual estaba edificada la
ciudad de ellos, para despeñarle. 30 Mas él pasó por en medio de ellos, y se
fue.
Un hombre
que tenía un espíritu inmundo
(Mr.
1.21-28)
31 Descendió
Jesús a Capernaum, ciudad de Galilea; y les enseñaba en los días de reposo. 32
Y se admiraban de su doctrina, porque su palabra era con autoridad. 33 Estaba
en la sinagoga un hombre que tenía un espíritu de demonio inmundo, el cual
exclamó a gran voz, 34 diciendo: Déjanos; ¿qué tienes con nosotros, Jesús
nazareno? ¿Has venido para destruirnos? Yo te conozco quién eres, el Santo de
Dios. 35 Y Jesús le reprendió, diciendo: Cállate, y sal de él. Entonces el
demonio, derribándole en medio de ellos, salió de él, y no le hizo daño alguno.
36 Y estaban todos maravillados, y hablaban unos a otros, diciendo: ¿Qué
palabra es esta, que con autoridad y poder manda a los espíritus inmundos, y
salen? 37 Y su fama se difundía por todos los lugares de los contornos.
Jesús sana a
la suegra de Pedro
(Mt. 8.14-15;
Mr. 1.29-31)
38 Entonces
Jesús se levantó y salió de la sinagoga, y entró en casa de Simón. La suegra de
Simón tenía una gran fiebre; y le rogaron por ella. 39 E inclinándose hacia
ella, reprendió a la fiebre; y la fiebre la dejó, y levantándose ella al
instante, les servía.
Muchos
sanados al ponerse el sol
(Mt.
8.16-17; Mr. 1.32-34)
40 Al
ponerse el sol, todos los que tenían enfermos de diversas enfermedades los
traían a él; y él, poniendo las manos sobre cada uno de ellos, los sanaba. 41
También salían demonios de muchos, dando voces y diciendo: Tú eres el Hijo de
Dios. Pero él los reprendía y no les dejaba hablar, porque sabían que él era el
Cristo.
Jesús
recorre Galilea predicando
(Mr.
1.35-39)
42 Cuando ya
era de día, salió y se fue a un lugar desierto; y la gente le buscaba, y
llegando a donde estaba, le detenían para que no se fuera de ellos. 43 Pero él
les dijo: Es necesario que también a otras ciudades anuncie el evangelio del
reino de Dios; porque para esto he sido enviado. 44 Y predicaba en las
sinagogas de Galilea.
La pesca milagrosa
(Mt.
4.18-22; Mr. 1.16-20)
LUCAS 5
1 Aconteció
que estando Jesús junto al lago de Genesaret, el gentío se agolpaba sobre él para
oír la palabra de Dios. 2 Y vio dos barcas que estaban cerca de la orilla del
lago; y los pescadores, habiendo descendido de ellas, lavaban sus redes. 3 Y
entrando en una de aquellas barcas, la cual era de Simón, le rogó que la
apartase de tierra un poco; y sentándose, enseñaba desde la barca a la
multitud. 4 Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: Boga mar adentro, y echad
vuestras redes para pescar. 5 Respondiendo Simón, le dijo: Maestro, toda la
noche hemos estado trabajando, y nada hemos pescado; mas en tu palabra echaré
la red. 6 Y habiéndolo hecho, encerraron gran cantidad de peces, y su red se
rompía. 7 Entonces hicieron señas a los compañeros que estaban en la otra
barca, para que viniesen a ayudarles; y vinieron, y llenaron ambas barcas, de tal
manera que se hundían. 8 Viendo esto Simón Pedro, cayó de rodillas ante Jesús,
diciendo: Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador. 9 Porque por la
pesca que habían hecho, el temor se había apoderado de él, y de todos los que
estaban con él, 10 y asimismo de Jacobo y Juan, hijos de Zebedeo, que eran
compañeros de Simón. Pero Jesús dijo a Simón: No temas; desde ahora serás
pescador de hombres. 11 Y cuando trajeron a tierra las barcas, dejándolo todo,
le siguieron.
Jesús sana a
un leproso
(Mt. 8.1-4;
Mr. 1.40-45)
12 Sucedió
que estando él en una de las ciudades, se presentó un hombre lleno de lepra, el
cual, viendo a Jesús, se postró con el rostro en tierra y le rogó, diciendo:
Señor, si quieres, puedes limpiarme. 13 Entonces, extendiendo él la mano, le
tocó, diciendo: Quiero; sé limpio. Y al instante la lepra se fue de él. 14 Y él
le mandó que no lo dijese a nadie; sino ve, le dijo, muéstrate al sacerdote, y
ofrece por tu purificación, según mandó Moisés, para testimonio a ellos. 15
Pero su fama se extendía más y más; y se reunía mucha gente para oírle, y para
que les sanase de sus enfermedades. 16 Mas él se apartaba a lugares desiertos,
y oraba.
Jesús sana a
un paralítico
(Mt. 9.1-8;
Mr. 2.1-12)
17 Aconteció
un día, que él estaba enseñando, y estaban sentados los fariseos y doctores de
la ley, los cuales habían venido de todas las aldeas de Galilea, y de Judea y
Jerusalén; y el poder del Señor estaba con él para sanar. 18 Y sucedió que unos
hombres que traían en un lecho a un hombre que estaba paralítico, procuraban
llevarle adentro y ponerle delante de él. 19 Pero no hallando cómo hacerlo a
causa de la multitud, subieron encima de la casa, y por el tejado le bajaron
con el lecho, poniéndole en medio, delante de Jesús. 20 Al ver él la fe de ellos,
le dijo: Hombre, tus pecados te son perdonados. 21 Entonces los escribas y los
fariseos comenzaron a cavilar, diciendo: ¿Quién es éste que habla blasfemias?
¿Quién puede perdonar pecados sino sólo Dios? 22 Jesús entonces, conociendo los
pensamientos de ellos, respondiendo les dijo: ¿Qué caviláis en vuestros
corazones? 23 ¿Qué es más fácil, decir: Tus pecados te son perdonados, o decir:
Levántate y anda? 24 Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad
en la tierra para perdonar pecados (dijo al paralítico): A ti te digo:
Levántate, toma tu lecho, y vete a tu casa. 25 Al instante, levantándose en
presencia de ellos, y tomando el lecho en que estaba acostado, se fue a su
casa, glorificando a Dios. 26 Y todos, sobrecogidos de asombro, glorificaban a
Dios; y llenos de temor, decían: Hoy hemos visto maravillas.
Llamamiento
de Leví
(Mt. 9.9-13;
Mr. 2.13-17)
27 Después
de estas cosas salió, y vio a un publicano llamado Leví, sentado al banco de
los tributos públicos, y le dijo: Sígueme. 28 Y dejándolo todo, se levantó y le
siguió.
29 Y Leví le
hizo gran banquete en su casa; y había mucha compañía de publicanos y de otros
que estaban a la mesa con ellos. 30 Y los escribas y los fariseos murmuraban
contra los discípulos, diciendo: ¿Por qué coméis y bebéis con publicanos y
pecadores? 31 Respondiendo Jesús, les dijo: Los que están sanos no tienen
necesidad de médico, sino los enfermos. 32 No he venido a llamar a justos, sino
a pecadores al arrepentimiento.
La pregunta
sobre el ayuno
(Mt. 9.14-17;
Mr. 2.18-22)
33 Entonces
ellos le dijeron: ¿Por qué los discípulos de Juan ayunan muchas veces y hacen
oraciones, y asimismo los de los fariseos, pero los tuyos comen y beben? 34 El
les dijo: ¿Podéis acaso hacer que los que están de bodas ayunen, entre tanto
que el esposo está con ellos? 35 Mas vendrán días cuando el esposo les será
quitado; entonces, en aquellos días ayunarán. 36 Les dijo también una parábola:
Nadie corta un pedazo de un vestido nuevo y lo pone en un vestido viejo; pues
si lo hace, no solamente rompe el nuevo, sino que el remiendo sacado de él no
armoniza con el viejo. 37 Y nadie echa vino nuevo en odres viejos; de otra
manera, el vino nuevo romperá los odres y se derramará, y los odres se
perderán. 38 Mas el vino nuevo en odres nuevos se ha de echar; y lo uno y lo
otro se conservan. 39 Y ninguno que beba del añejo, quiere luego el nuevo;
porque dice: El añejo es mejor.
Los discípulos recogen espigas en el día
de reposo
(Mt. 12.1-8; Mr. 2.23-28)
LUCAS 6
1 Aconteció
en un día de reposo, que pasando Jesús por los sembrados, sus discípulos
arrancaban espigas y comían, restregándolas con las manos. 2 Y algunos de los
fariseos les dijeron: ¿Por qué hacéis lo que no es lícito hacer en los días de
reposo? 3 Respondiendo Jesús, les dijo: ¿Ni aun esto habéis leído, lo que hizo
David cuando tuvo hambre él, y los que con él estaban; 4 cómo entró en la casa
de Dios, y tomó los panes de la proposición, de los cuales no es lícito comer
sino sólo a los sacerdotes, y comió, y dio también a los que estaban con él? 5
Y les decía: El Hijo del Hombre es Señor aun del día de reposo.
El hombre de
la mano seca
(Mt.
12.9-14; Mr. 3.1-6)
6 Aconteció
también en otro día de reposo, que él entró en la sinagoga y enseñaba; y estaba
allí un hombre que tenía seca la mano derecha. 7 Y le acechaban los escribas y
los fariseos, para ver si en el día de reposo lo sanaría, a fin de hallar de
qué acusarle. 8 Mas él conocía los pensamientos de ellos; y dijo al hombre que
tenía la mano seca: Levántate, y ponte en medio. Y él, levantándose, se puso en
pie. 9 Entonces Jesús les dijo: Os preguntaré una cosa: ¿Es lícito en día de
reposo hacer bien, o hacer mal? ¿salvar la vida, o quitarla? 10 Y mirándolos a
todos alrededor, dijo al hombre: Extiende tu mano. Y él lo hizo así, y su mano
fue restaurada. 11 Y ellos se llenaron de furor, y hablaban entre sí qué
podrían hacer contra Jesús.
Elección de
los doce apóstoles
(Mt. 10.1-4;
Mr. 3.13-19)
12 En
aquellos días él fue al monte a orar, y pasó la noche orando a Dios. 13 Y
cuando era de día, llamó a sus discípulos, y escogió a doce de ellos, a los
cuales también llamó apóstoles: 14 a Simón, a quien también llamó Pedro, a
Andrés su hermano, Jacobo y Juan, Felipe y Bartolomé, 15 Mateo, Tomás, Jacobo
hijo de Alfeo, Simón llamado Zelote, 16 Judas hermano de Jacobo, y Judas
Iscariote, que llegó a ser el traidor.
Jesús
atiende a una multitud
(Mt.
4.23-25)
17 Y
descendió con ellos, y se detuvo en un lugar llano, en compañía de sus discípulos
y de una gran multitud de gente de toda Judea, de Jerusalén y de la costa de
Tiro y de Sidón, que había venido para oírle, y para ser sanados de sus
enfermedades; 18 y los que habían sido atormentados de espíritus inmundos eran
sanados. 19 Y toda la gente procuraba tocarle, porque poder salía de él y
sanaba a todos.
Bienaventuranzas
y ayes
(Mt. 5.1-12)
20 Y alzando
los ojos hacia sus discípulos, decía: Bienaventurados vosotros los pobres,
porque vuestro es el reino de Dios.
21
Bienaventurados los que ahora tenéis hambre, porque seréis saciados.
Bienaventurados los que ahora lloráis, porque reiréis.
22
Bienaventurados seréis cuando los hombres os aborrezcan, y cuando os aparten de
sí, y os vituperen, y desechen vuestro nombre como malo, por causa del Hijo del
Hombre. 23 Gozaos en aquel día, y alegraos, porque he aquí vuestro galardón es
grande en los cielos; porque así hacían sus padres con los profetas.
24 Mas ¡ay
de vosotros, ricos! porque ya tenéis vuestro consuelo.
25 ¡Ay de
vosotros, los que ahora estáis saciados! porque tendréis hambre. ¡Ay de
vosotros, los que ahora reís! porque lamentaréis y lloraréis.
26 ¡Ay de
vosotros, cuando todos los hombres hablen bien de vosotros! porque así hacían
sus padres con los falsos profetas.
El amor
hacia los enemigos, y la regla de oro
(Mt.
5.38-48; 7.12)
27 Pero a
vosotros los que oís, os digo: Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que
os aborrecen; 28 bendecid a los que os maldicen, y orad por los que os
calumnian. 29 Al que te hiera en una mejilla, preséntale también la otra; y al
que te quite la capa, ni aun la túnica le niegues. 30 A cualquiera que te pida,
dale; y al que tome lo que es tuyo, no pidas que te lo devuelva. 31 Y como
queréis que hagan los hombres con vosotros, así también haced vosotros con
ellos.
32 Porque si
amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores aman
a los que los aman. 33 Y si hacéis bien a los que os hacen bien, ¿qué mérito
tenéis? Porque también los pecadores hacen lo mismo. 34 Y si prestáis a
aquellos de quienes esperáis recibir, ¿qué mérito tenéis? Porque también los
pecadores prestan a los pecadores, para recibir otro tanto. 35 Amad, pues, a
vuestros enemigos, y haced bien, y prestad, no esperando de ello nada; y será
vuestro galardón grande, y seréis hijos del Altísimo; porque él es benigno para
con los ingratos y malos. 36 Sed, pues, misericordiosos, como también vuestro
Padre es misericordioso.
El juzgar a
los demás
(Mt. 7.1-5)
37 No juzguéis,
y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis
perdonados. 38 Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando
darán en vuestro regazo; porque con la misma medida con que medís, os volverán
a medir.
39 Y les
decía una parábola: ¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán ambos
en el hoyo? 40 El discípulo no es superior a su maestro; mas todo el que fuere
perfeccionado, será como su maestro. 41 ¿Por qué miras la paja que está en el
ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo? 42 ¿O
cómo puedes decir a tu hermano: Hermano, déjame sacar la paja que está en tu
ojo, no mirando tú la viga que está en el ojo tuyo? Hipócrita, saca primero la
viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja que está en el
ojo de tu hermano.
Por sus
frutos los conoceréis
(Mt.
7.15-20)
43 No es
buen árbol el que da malos frutos, ni árbol malo el que da buen fruto. 44
Porque cada árbol se conoce por su fruto; pues no se cosechan higos de los
espinos, ni de las zarzas se vendimian uvas. 45 El hombre bueno, del buen
tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su
corazón saca lo malo; porque de la abundancia del corazón habla la boca.
Los dos
cimientos
(Mt.
7.24-27)
46 ¿Por qué
me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo? 47 Todo aquel que viene a
mí, y oye mis palabras y las hace, os indicaré a quién es semejante. 48
Semejante es al hombre que al edificar una casa, cavó y ahondó y puso el fundamento
sobre la roca; y cuando vino una inundación, el río dio con ímpetu contra
aquella casa, pero no la pudo mover, porque estaba fundada sobre la roca. 49
Mas el que oyó y no hizo, semejante es al hombre que edificó su casa sobre
tierra, sin fundamento; contra la cual el río dio con ímpetu, y luego cayó, y
fue grande la ruina de aquella casa.
Jesús sana al siervo de un centurión
(Mt. 8.5-13)
LUCAS 7
1 Después
que hubo terminado todas sus palabras al pueblo que le oía, entró en Capernaum.
2 Y el siervo de un centurión, a quien éste quería mucho, estaba enfermo y a
punto de morir. 3 Cuando el centurión oyó hablar de Jesús, le envió unos
ancianos de los judíos, rogándole que viniese y sanase a su siervo. 4 Y ellos
vinieron a Jesús y le rogaron con solicitud, diciéndole: Es digno de que le
concedas esto; 5 porque ama a nuestra nación, y nos edificó una sinagoga. 6 Y
Jesús fue con ellos. Pero cuando ya no estaban lejos de la casa, el centurión
envió a él unos amigos, diciéndole: Señor, no te molestes, pues no soy digno de
que entres bajo mi techo; 7 por lo que ni aun me tuve por digno de venir a ti;
pero di la palabra, y mi siervo será sano. 8 Porque también yo soy hombre
puesto bajo autoridad, y tengo soldados bajo mis órdenes; y digo a éste: Ve, y
va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo hace. 9 Al oír esto,
Jesús se maravilló de él, y volviéndose, dijo a la gente que le seguía: Os digo
que ni aun en Israel he hallado tanta fe. 10 Y al regresar a casa los que
habían sido enviados, hallaron sano al siervo que había estado enfermo.
Jesús
resucita al hijo de la viuda de Naín
11 Aconteció
después, que él iba a la ciudad que se llama Naín, e iban con él muchos de sus
discípulos, y una gran multitud. 12 Cuando llegó cerca de la puerta de la
ciudad, he aquí que llevaban a enterrar a un difunto, hijo único de su madre,
la cual era viuda; y había con ella mucha gente de la ciudad. 13 Y cuando el
Señor la vio, se compadeció de ella, y le dijo: No llores. 14 Y acercándose,
tocó el féretro; y los que lo llevaban se detuvieron. Y dijo: Joven, a ti te
digo, levántate. 15 Entonces se incorporó el que había muerto, y comenzó a
hablar. Y lo dio a su madre. 16 Y todos tuvieron miedo, y glorificaban a Dios,
diciendo: Un gran profeta se ha levantado entre nosotros; y: Dios ha visitado a
su pueblo. 17 Y se extendió la fama de él por toda Judea, y por toda la región
de alrededor.
Los
mensajeros de Juan el Bautista
(Mt.
11.2-19)
18 Los discípulos
de Juan le dieron las nuevas de todas estas cosas. Y llamó Juan a dos de sus
discípulos, 19 y los envió a Jesús, para preguntarle: ¿Eres tú el que había de
venir, o esperaremos a otro? 20 Cuando, pues, los hombres vinieron a él,
dijeron: Juan el Bautista nos ha enviado a ti, para preguntarte: ¿Eres tú el
que había de venir, o esperaremos a otro? 21 En esa misma hora sanó a muchos de
enfermedades y plagas, y de espíritus malos, y a muchos ciegos les dio la
vista. 22 Y respondiendo Jesús, les dijo: Id, haced saber a Juan lo que habéis
visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los
sordos oyen, los muertos son resucitados, y a los pobres es anunciado el
evangelio; 23 y bienaventurado es aquel que no halle tropiezo en mí.
24 Cuando se
fueron los mensajeros de Juan, comenzó a decir de Juan a la gente: ¿Qué
salisteis a ver al desierto? ¿Una caña sacudida por el viento? 25 Mas ¿qué
salisteis a ver? ¿A un hombre cubierto de vestiduras delicadas? He aquí, los
que tienen vestidura preciosa y viven en deleites, en los palacios de los reyes
están. 26 Mas ¿qué salisteis a ver? ¿A un profeta? Sí, os digo, y más que
profeta. 27 Este es de quien está escrito:
He aquí,
envío mi mensajero delante de tu faz,
El cual
preparará tu camino delante de ti.
28 Os digo
que entre los nacidos de mujeres, no hay mayor profeta que Juan el Bautista;
pero el más pequeño en el reino de Dios es mayor que él. 29 Y todo el pueblo y
los publicanos, cuando lo oyeron, justificaron a Dios, bautizándose con el
bautismo de Juan. 30 Mas los fariseos y los intérpretes de la ley desecharon
los designios de Dios respecto de sí mismos, no siendo bautizados por Juan.
31 Y dijo el
Señor: ¿A qué, pues, compararé los hombres de esta generación, y a qué son semejantes?
32 Semejantes son a los muchachos sentados en la plaza, que dan voces unos a
otros y dicen: Os tocamos flauta, y no bailasteis; os endechamos, y no
llorasteis. 33 Porque vino Juan el Bautista, que ni comía pan ni bebía vino, y
decís: Demonio tiene. 34 Vino el Hijo del Hombre, que come y bebe, y decís:
Este es un hombre comilón y bebedor de vino, amigo de publicanos y de
pecadores. 35 Mas la sabiduría es justificada por todos sus hijos.
Jesús en el
hogar de Simón el fariseo
36 Uno de
los fariseos rogó a Jesús que comiese con él. Y habiendo entrado en casa del
fariseo, se sentó a la mesa. 37 Entonces una mujer de la ciudad, que era
pecadora, al saber que Jesús estaba a la mesa en casa del fariseo, trajo un
frasco de alabastro con perfume; 38 y estando detrás de él a sus pies,
llorando, comenzó a regar con lágrimas sus pies, y los enjugaba con sus
cabellos; y besaba sus pies, y los ungía con el perfume. 39 Cuando vio esto el
fariseo que le había convidado, dijo para sí: Este, si fuera profeta, conocería
quién y qué clase de mujer es la que le toca, que es pecadora. 40 Entonces
respondiendo Jesús, le dijo: Simón, una cosa tengo que decirte. Y él le dijo:
Di, Maestro. 41 Un acreedor tenía dos deudores: el uno le debía quinientos
denarios, y el otro cincuenta; 42 y no teniendo ellos con qué pagar, perdonó a
ambos. Di, pues, ¿cuál de ellos le amará más? 43 Respondiendo Simón, dijo:
Pienso que aquel a quien perdonó más. Y él le dijo: Rectamente has juzgado. 44
Y vuelto a la mujer, dijo a Simón: ¿Ves esta mujer? Entré en tu casa, y no me
diste agua para mis pies; mas ésta ha regado mis pies con lágrimas, y los ha
enjugado con sus cabellos. 45 No me diste beso; mas ésta, desde que entré, no
ha cesado de besar mis pies. 46 No ungiste mi cabeza con aceite; mas ésta ha
ungido con perfume mis pies. 47 Por lo cual te digo que sus muchos pecados le
son perdonados, porque amó mucho; mas aquel a quien se le perdona poco, poco
ama. 48 Y a ella le dijo: Tus pecados te son perdonados. 49 Y los que estaban
juntamente sentados a la mesa, comenzaron a decir entre sí: ¿Quién es éste, que
también perdona pecados? 50 Pero él dijo a la mujer: Tu fe te ha salvado, vé en
paz.
Mujeres que sirven a Jesús
LUCAS 8
1 Aconteció
después, que Jesús iba por todas las ciudades y aldeas, predicando y anunciando
el evangelio del reino de Dios, y los doce con él, 2 y algunas mujeres que
habían sido sanadas de espíritus malos y de enfermedades: María, que se llamaba
Magdalena, de la que habían salido siete demonios, 3 Juana, mujer de Chuza intendente
de Herodes, y Susana, y otras muchas que le servían de sus bienes.
Parábola del
sembrador
(Mt.
13.1-15, 18-23; Mr. 4.1-20)
4 Juntándose
una gran multitud, y los que de cada ciudad venían a él, les dijo por parábola:
5 El sembrador salió a sembrar su semilla; y mientras sembraba, una parte cayó
junto al camino, y fue hollada, y las aves del cielo la comieron. 6 Otra parte
cayó sobre la piedra; y nacida, se secó, porque no tenía humedad. 7 Otra parte
cayó entre espinos, y los espinos que nacieron juntamente con ella, la
ahogaron. 8 Y otra parte cayó en buena tierra, y nació y llevó fruto a ciento
por uno. Hablando estas cosas, decía a gran voz: El que tiene oídos para oír,
oiga.
9 Y sus
discípulos le preguntaron, diciendo: ¿Qué significa esta parábola? 10 Y él
dijo: A vosotros os es dado conocer los misterios del reino de Dios; pero a los
otros por parábolas, para que viendo no vean, y oyendo no entiendan. 11 Esta
es, pues, la parábola: La semilla es la palabra de Dios. 12 Y los de junto al
camino son los que oyen, y luego viene el diablo y quita de su corazón la
palabra, para que no crean y se salven. 13 Los de sobre la piedra son los que
habiendo oído, reciben la palabra con gozo; pero éstos no tienen raíces; creen
por algún tiempo, y en el tiempo de la prueba se apartan. 14 La que cayó entre
espinos, éstos son los que oyen, pero yéndose, son ahogados por los afanes y
las riquezas y los placeres de la vida, y no llevan fruto. 15 Mas la que cayó
en buena tierra, éstos son los que con corazón bueno y recto retienen la
palabra oída, y dan fruto con perseverancia.
Nada oculto
que no haya de ser manifestado
(Mr.
4.21-25)
16 Nadie que
enciende una luz la cubre con una vasija, ni la pone debajo de la cama, sino
que la pone en un candelero para que los que entran vean la luz. 17 Porque nada
hay oculto, que no haya de ser manifestado; ni escondido, que no haya de ser
conocido, y de salir a luz. 18 Mirad, pues, cómo oís; porque a todo el que
tiene, se le dará; y a todo el que no tiene, aun lo que piensa tener se le
quitará.
La madre y
los hermanos de Jesús
(Mt.
12.46-50; Mr. 3.31-35)
19 Entonces
su madre y sus hermanos vinieron a él; pero no podían llegar hasta él por causa
de la multitud. 20 Y se le avisó, diciendo: Tu madre y tus hermanos están fuera
y quieren verte. 21 El entonces respondiendo, les dijo: Mi madre y mis hermanos
son los que oyen la palabra de Dios, y la hacen.
Jesús calma
la tempestad
(Mt.
8.23-27; Mr. 4.35-41)
22 Aconteció
un día, que entró en una barca con sus discípulos, y les dijo: Pasemos al otro
lado del lago. Y partieron. 23 Pero mientras navegaban, él se durmió. Y se
desencadenó una tempestad de viento en el lago; y se anegaban y peligraban. 24
Y vinieron a él y le despertaron, diciendo: ¡Maestro, Maestro, que perecemos!
Despertando él, reprendió al viento y a las olas; y cesaron, y se hizo bonanza.
25 Y les dijo: ¿Dónde está vuestra fe? Y atemorizados, se maravillaban, y se
decían unos a otros: ¿Quién es éste, que aun a los vientos y a las aguas manda,
y le obedecen?
El
endemoniado gadareno
(Mt.
8.28-34; Mr. 5.1-20)
26 Y
arribaron a la tierra de los gadarenos, que está en la ribera opuesta a
Galilea. 27 Al llegar él a tierra, vino a su encuentro un hombre de la ciudad,
endemoniado desde hacía mucho tiempo; y no vestía ropa, ni moraba en casa, sino
en los sepulcros. 28 Este, al ver a Jesús, lanzó un gran grito, y postrándose a
sus pies exclamó a gran voz: ¿Qué tienes conmigo, Jesús, Hijo del Dios
Altísimo? Te ruego que no me atormentes. 29 (Porque mandaba al espíritu inmundo
que saliese del hombre, pues hacía mucho tiempo que se había apoderado de él; y
le ataban con cadenas y grillos, pero rompiendo las cadenas, era impelido por
el demonio a los desiertos.) 30 Y le preguntó Jesús, diciendo: ¿Cómo te llamas?
Y él dijo: Legión. Porque muchos demonios habían entrado en él. 31 Y le rogaban
que no los mandase ir al abismo. 32 Había allí un hato de muchos cerdos que
pacían en el monte; y le rogaron que los dejase entrar en ellos; y les dio
permiso. 33 Y los demonios, salidos del hombre, entraron en los cerdos; y el
hato se precipitó por un despeñadero al lago, y se ahogó.
34 Y los que
apacentaban los cerdos, cuando vieron lo que había acontecido, huyeron, y yendo
dieron aviso en la ciudad y por los campos. 35 Y salieron a ver lo que había
sucedido; y vinieron a Jesús, y hallaron al hombre de quien habían salido los
demonios, sentado a los pies de Jesús, vestido, y en su cabal juicio; y
tuvieron miedo. 36 Y los que lo habían visto, les contaron cómo había sido
salvado el endemoniado. 37 Entonces toda la multitud de la región alrededor de
los gadarenos le rogó que se marchase de ellos, pues tenían gran temor. Y
Jesús, entrando en la barca, se volvió. 38 Y el hombre de quien habían salido
los demonios le rogaba que le dejase estar con él; pero Jesús le despidió,
diciendo: 39 Vuélvete a tu casa, y cuenta cuán grandes cosas ha hecho Dios
contigo. Y él se fue, publicando por toda la ciudad cuán grandes cosas había
hecho Jesús con él.
La hija de
Jairo, y la mujer que tocó el manto de Jesús
(Mt.
9.18-26; Mr. 5.21-43)
40 Cuando
volvió Jesús, le recibió la multitud con gozo; porque todos le esperaban. 41
Entonces vino un varón llamado Jairo, que era principal de la sinagoga, y
postrándose a los pies de Jesús, le rogaba que entrase en su casa; 42 porque
tenía una hija única, como de doce años, que se estaba muriendo.
Y mientras
iba, la multitud le oprimía. 43 Pero una mujer que padecía de flujo de sangre
desde hacía doce años, y que había gastado en médicos todo cuanto tenía, y por
ninguno había podido ser curada, 44 se le acercó por detrás y tocó el borde de
su manto; y al instante se detuvo el flujo de su sangre. 45 Entonces Jesús
dijo: ¿Quién es el que me ha tocado? Y negando todos, dijo Pedro y los que con
él estaban: Maestro, la multitud te aprieta y oprime, y dices: ¿Quién es el que
me ha tocado? 46 Pero Jesús dijo: Alguien me ha tocado; porque yo he conocido
que ha salido poder de mí. 47 Entonces, cuando la mujer vio que no había
quedado oculta, vino temblando, y postrándose a sus pies, le declaró delante de
todo el pueblo por qué causa le había tocado, y cómo al instante había sido
sanada. 48 Y él le dijo: Hija, tu fe te ha salvado; ve en paz.
49 Estaba
hablando aún, cuando vino uno de casa del principal de la sinagoga a decirle:
Tu hija ha muerto; no molestes más al Maestro. 50 Oyéndolo Jesús, le respondió:
No temas; cree solamente, y será salva. 51 Entrando en la casa, no dejó entrar
a nadie consigo, sino a Pedro, a Jacobo, a Juan, y al padre y a la madre de la
niña. 52 Y lloraban todos y hacían lamentación por ella. Pero él dijo: No
lloréis; no está muerta, sino que duerme. 53 Y se burlaban de él, sabiendo que
estaba muerta. 54 Mas él, tomándola de la mano, clamó diciendo: Muchacha,
levántate. 55 Entonces su espíritu volvió, e inmediatamente se levantó; y él
mandó que se le diese de comer. 56 Y sus padres estaban atónitos; pero Jesús
les mandó que a nadie dijesen lo que había sucedido.
Misión de los doce discípulos
(Mt. 10.5-15; Mr. 6.7-13)
LUCAS 9
1 Habiendo
reunido a sus doce discípulos, les dio poder y autoridad sobre todos los
demonios, y para sanar enfermedades. 2 Y los envió a predicar el reino de Dios,
y a sanar a los enfermos. 3 Y les dijo: No toméis nada para el camino, ni
bordón, ni alforja, ni pan, ni dinero; ni llevéis dos túnicas. 4 Y en cualquier
casa donde entréis, quedad allí, y de allí salid. 5 Y dondequiera que no os
recibieren, salid de aquella ciudad, y sacudid el polvo de vuestros pies en testimonio
contra ellos. 6 Y saliendo, pasaban por todas las aldeas, anunciando el
evangelio y sanando por todas partes.
Muerte de
Juan el Bautista
(Mt.
14.1-12; Mr. 6.14-29)
7 Herodes el
tetrarca oyó de todas las cosas que hacía Jesús; y estaba perplejo, porque
decían algunos: Juan ha resucitado de los muertos; 8 otros: Elías ha aparecido;
y otros: Algún profeta de los antiguos ha resucitado. 9 Y dijo Herodes: A Juan
yo le hice decapitar; ¿quién, pues, es éste, de quien oigo tales cosas? Y
procuraba verle.
Alimentación
de los cinco mil
(Mt. 14.13-21; Mr. 6.30-44; Jn. 6.1-14)
10 Vueltos
los apóstoles, le contaron todo lo que habían hecho. Y tomándolos, se retiró
aparte, a un lugar desierto de la ciudad llamada Betsaida. 11 Y cuando la gente
lo supo, le siguió; y él les recibió, y les hablaba del reino de Dios, y sanaba
a los que necesitaban ser curados. 12 Pero el día comenzaba a declinar; y
acercándose los doce, le dijeron: Despide a la gente, para que vayan a las
aldeas y campos de alrededor, y se alojen y encuentren alimentos; porque aquí
estamos en lugar desierto. 13 El les dijo: Dadles vosotros de comer. Y dijeron
ellos: No tenemos más que cinco panes y dos pescados, a no ser que vayamos
nosotros a comprar alimentos para toda esta multitud. 14 Y eran como cinco mil
hombres. Entonces dijo a sus discípulos: Hacedlos sentar en grupos, de
cincuenta en cincuenta. 15 Así lo hicieron, haciéndolos sentar a todos. 16 Y
tomando los cinco panes y los dos pescados, levantando los ojos al cielo, los
bendijo, y los partió, y dio a sus discípulos para que los pusiesen delante de
la gente. 17 Y comieron todos, y se saciaron; y recogieron lo que les sobró,
doce cestas de pedazos.
La confesión
de Pedro
(Mt.
16.13-20; Mr. 8.27-30)
18 Aconteció
que mientras Jesús oraba aparte, estaban con él los discípulos; y les preguntó,
diciendo: ¿Quién dice la gente que soy yo? 19 Ellos respondieron: Unos, Juan el
Bautista; otros, Elías; y otros, que algún profeta de los antiguos ha
resucitado. 20 El les dijo: ¿Y vosotros, quién decís que soy? Entonces
respondiendo Pedro, dijo: El Cristo de Dios.
Jesús
anuncia su muerte
(Mt.
16.21-28; Mr. 8.31-9.1)
21 Pero él
les mandó que a nadie dijesen esto, encargándoselo rigurosamente, 22 y
diciendo: Es necesario que el Hijo del Hombre padezca muchas cosas, y sea
desechado por los ancianos, por los principales sacerdotes y por los escribas,
y que sea muerto, y resucite al tercer día.
23 Y decía a
todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz
cada día, y sígame. 24 Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y
todo el que pierda su vida por causa de mí, éste la salvará. 25 Pues ¿qué
aprovecha al hombre, si gana todo el mundo, y se destruye o se pierde a sí
mismo? 26 Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras, de éste se
avergonzará el Hijo del Hombre cuando venga en su gloria, y en la del Padre, y
de los santos ángeles. 27 Pero os digo en verdad, que hay algunos de los que
están aquí, que no gustarán la muerte hasta que vean el reino de Dios.
La
transfiguración
(Mt. 17.1-8;
Mr. 9.2-8)
28 Aconteció
como ocho días después de estas palabras, que tomó a Pedro, a Juan y a Jacobo,
y subió al monte a orar. 29 Y entre tanto que oraba, la apariencia de su rostro
se hizo otra, y su vestido blanco y resplandeciente. 30 Y he aquí dos varones
que hablaban con él, los cuales eran Moisés y Elías; 31 quienes aparecieron
rodeados de gloria, y hablaban de su partida, que iba Jesús a cumplir en
Jerusalén. 32 Y Pedro y los que estaban con él estaban rendidos de sueño; mas
permaneciendo despiertos, vieron la gloria de Jesús, y a los dos varones que
estaban con él. 33 Y sucedió que apartándose ellos de él, Pedro dijo a Jesús:
Maestro, bueno es para nosotros que estemos aquí; y hagamos tres enramadas, una
para ti, una para Moisés, y una para Elías; no sabiendo lo que decía. 34
Mientras él decía esto, vino una nube que los cubrió; y tuvieron temor al
entrar en la nube. 35 Y vino una voz desde la nube, que decía: Este es mi Hijo
amado; a él oíd. 36 Y cuando cesó la voz, Jesús fue hallado solo; y ellos
callaron, y por aquellos días no dijeron nada a nadie de lo que habían visto.
Jesús sana a
un muchacho endemoniado
(Mt.
17.14-21; Mr. 9.14-29)
37 Al día
siguiente, cuando descendieron del monte, una gran multitud les salió al
encuentro. 38 Y he aquí, un hombre de la multitud clamó diciendo: Maestro, te
ruego que veas a mi hijo, pues es el único que tengo; 39 y sucede que un
espíritu le toma, y de repente da voces, y le sacude con violencia, y le hace
echar espuma, y estropeándole, a duras penas se aparta de él. 40 Y rogué a tus
discípulos que le echasen fuera, y no pudieron. 41 Respondiendo Jesús, dijo:
¡Oh generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo he de estar con vosotros, y
os he de soportar? Trae acá a tu hijo. 42 Y mientras se acercaba el muchacho,
el demonio le derribó y le sacudió con violencia; pero Jesús reprendió al
espíritu inmundo, y sanó al muchacho, y se lo devolvió a su padre. 43 Y todos
se admiraban de la grandeza de Dios.
Jesús anuncia
otra vez su muerte
(Mt.
17.22-23; Mr. 9.30-32)
Y
maravillándose todos de todas las cosas que hacía, dijo a sus discípulos: 44
Haced que os penetren bien en los oídos estas palabras; porque acontecerá que
el Hijo del Hombre será entregado en manos de hombres. 45 Mas ellos no
entendían estas palabras, pues les estaban veladas para que no las entendiesen;
y temían preguntarle sobre esas palabras.
¿Quién es el
mayor?
(Mt. 18.1-5;
Mr. 9.33-37)
46 Entonces
entraron en discusión sobre quién de ellos sería el mayor. 47 Y Jesús,
percibiendo los pensamientos de sus corazones, tomó a un niño y lo puso junto a
sí, 48 y les dijo: Cualquiera que reciba a este niño en mi nombre, a mí me
recibe; y cualquiera que me recibe a mí, recibe al que me envió; porque el que
es más pequeño entre todos vosotros, ése es el más grande.
El que no es
contra nosotros, por nosotros es
(Mr.
9.38-40)
49 Entonces
respondiendo Juan, dijo: Maestro, hemos visto a uno que echaba fuera demonios
en tu nombre; y se lo prohibimos, porque no sigue con nosotros. 50 Jesús le
dijo: No se lo prohibáis; porque el que no es contra nosotros, por nosotros es.
Jesús
reprende a Jacobo y a Juan
51 Cuando se
cumplió el tiempo en que él había de ser recibido arriba, afirmó su rostro para
ir a Jerusalén. 52 Y envió mensajeros delante de él, los cuales fueron y
entraron en una aldea de los samaritanos para hacerle preparativos. 53 Mas no
le recibieron, porque su aspecto era como de ir a Jerusalén. 54 Viendo esto sus
discípulos Jacobo y Juan, dijeron: Señor, ¿quieres que mandemos que descienda
fuego del cielo, como hizo Elías, y los consuma? 55 Entonces volviéndose él,
los reprendió, diciendo: Vosotros no sabéis de qué espíritu sois; 56 porque el
Hijo del Hombre no ha venido para perder las almas de los hombres, sino para
salvarlas. Y se fueron a otra aldea.
Los que
querían seguir a Jesús
(Mt.
8.18-22)
57 Yendo
ellos, uno le dijo en el camino: Señor, te seguiré adondequiera que vayas. 58 Y
le dijo Jesús: Las zorras tienen guaridas, y las aves de los cielos nidos; mas
el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar la cabeza. 59 Y dijo a otro:
Sígueme. El le dijo: Señor, déjame que primero vaya y entierre a mi padre. 60
Jesús le dijo: Deja que los muertos entierren a sus muertos; y tú ve, y anuncia
el reino de Dios. 61 Entonces también dijo otro: Te seguiré, Señor; pero déjame
que me despida primero de los que están en mi casa. 62 Y Jesús le dijo: Ninguno
que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de
Dios.
Misión
de los setenta
LUCAS 10
1 Después de
estas cosas, designó el Señor también a otros setenta, a quienes envió de dos
en dos delante de él a toda ciudad y lugar adonde él había de ir. 2 Y les
decía: La mies a la verdad es mucha, mas los obreros pocos; por tanto, rogad al
Señor de la mies que envíe obreros a su mies. 3 Id; he aquí yo os envío como
corderos en medio de lobos. 4 No llevéis bolsa, ni alforja, ni calzado; y a
nadie saludéis por el camino. 5 En cualquier casa donde entréis, primeramente
decid: Paz sea a esta casa. 6 Y si hubiere allí algún hijo de paz, vuestra paz
reposará sobre él; y si no, se volverá a vosotros. 7 Y posad en aquella misma
casa, comiendo y bebiendo lo que os den; porque el obrero es digno de su
salario. No os paséis de casa en casa. 8 En cualquier ciudad donde entréis, y
os reciban, comed lo que os pongan delante; 9 y sanad a los enfermos que en
ella haya, y decidles: Se ha acercado a vosotros el reino de Dios. 10 Mas en cualquier
ciudad donde entréis, y no os reciban, saliendo por sus calles, decid: 11 Aun
el polvo de vuestra ciudad, que se ha pegado a nuestros pies, lo sacudimos
contra vosotros. Pero esto sabed, que el reino de Dios se ha acercado a
vosotros. 12 Y os digo que en aquel día será más tolerable el castigo para
Sodoma, que para aquella ciudad.
Ayes sobre
las ciudades impenitentes
(Mt.
11.20-24)
13 ¡Ay de
ti, Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida! que si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho
los milagros que se han hecho en vosotras, tiempo ha que sentadas en cilicio y
ceniza, se habrían arrepentido. 14 Por tanto, en el juicio será más tolerable
el castigo para Tiro y Sidón, que para vosotras. 15 Y tú, Capernaum, que hasta
los cielos eres levantada, hasta el Hades serás abatida.
16 El que a
vosotros oye, a mí me oye; y el que a vosotros desecha, a mí me desecha; y el
que me desecha a mí, desecha al que me envió.
Regreso de
los setenta
17 Volvieron
los setenta con gozo, diciendo: Señor, aun los demonios se nos sujetan en tu
nombre. 18 Y les dijo: Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. 19 He
aquí os doy potestad de hollar serpientes y escorpiones, y sobre toda fuerza
del enemigo, y nada os dañará. 20 Pero no os regocijéis de que los espíritus se
os sujetan, sino regocijaos de que vuestros nombres están escritos en los
cielos.
Jesús se
regocija
(Mt.
11.25-27; 13.16-17)
21 En
aquella misma hora Jesús se regocijó en el Espíritu, y dijo: Yo te alabo, oh
Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los
sabios y entendidos, y las has revelado a los niños. Sí, Padre, porque así te
agradó. 22 Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre; y nadie conoce
quién es el Hijo sino el Padre; ni quién es el Padre, sino el Hijo, y aquel a
quien el Hijo lo quiera revelar.
23 Y
volviéndose a los discípulos, les dijo aparte: Bienaventurados los ojos que ven
lo que vosotros veis; 24 porque os digo que muchos profetas y reyes desearon
ver lo que vosotros veis, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron.
El buen
samaritano
25 Y he aquí
un intérprete de la ley se levantó y dijo, para probarle: Maestro, ¿haciendo
qué cosa heredaré la vida eterna? 26 El le dijo: ¿Qué está escrito en la ley?
¿Cómo lees? 27 Aquél, respondiendo, dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu
corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a
tu prójimo como a ti mismo. 28 Y le dijo: Bien has respondido; haz esto, y
vivirás.
29 Pero él, queriendo
justificarse a sí mismo, dijo a Jesús: ¿Y quién es mi prójimo? 30 Respondiendo
Jesús, dijo: Un hombre descendía de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de
ladrones, los cuales le despojaron; e hiriéndole, se fueron, dejándole medio
muerto. 31 Aconteció que descendió un sacerdote por aquel camino, y viéndole,
pasó de largo. 32 Asimismo un levita, llegando cerca de aquel lugar, y
viéndole, pasó de largo. 33 Pero un samaritano, que iba de camino, vino cerca
de él, y viéndole, fue movido a misericordia; 34 y acercándose, vendó sus
heridas, echándoles aceite y vino; y poniéndole en su cabalgadura, lo llevó al
mesón, y cuidó de él. 35 Otro día al partir, sacó dos denarios, y los dio al
mesonero, y le dijo: Cuídamele; y todo lo que gastes de más, yo te lo pagaré
cuando regrese. 36 ¿Quién, pues, de estos tres te parece que fue el prójimo del
que cayó en manos de los ladrones? 37 El dijo: El que usó de misericordia con
él. Entonces Jesús le dijo: Ve, y haz tú lo mismo.
Jesús visita
a Marta y a María
38 Aconteció
que yendo de camino, entró en una aldea; y una mujer llamada Marta le recibió
en su casa. 39 Esta tenía una hermana que se llamaba María, la cual, sentándose
a los pies de Jesús, oía su palabra. 40 Pero Marta se preocupaba con muchos
quehaceres, y acercándose, dijo: Señor, ¿no te da cuidado que mi hermana me
deje servir sola? Dile, pues, que me ayude. 41 Respondiendo Jesús, le dijo:
Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas. 42 Pero sólo una cosa
es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada.
Jesús
y la oración
(Mt. 6.9-15;
7.7-11)
LUCAS 11
1 Aconteció
que estaba Jesús orando en un lugar, y cuando terminó, uno de sus discípulos le
dijo: Señor, enséñanos a orar, como también Juan enseñó a sus discípulos. 2 Y
les dijo: Cuando oréis, decid: Padre nuestro que estás en los cielos,
santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el
cielo, así también en la tierra. 3 El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. 4 Y
perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todos los que
nos deben. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal.
5 Les dijo también: ¿Quién de vosotros que tenga un amigo, va a él a medianoche y le dice: Amigo, préstame tres panes, 6 porque un amigo mío ha venido a mí de viaje, y no tengo qué ponerle delante; 7 y aquél, respondiendo desde adentro, le dice: No me molestes; la puerta ya está cerrada, y mis niños están conmigo en cama; no puedo levantarme, y dártelos? 8 Os digo, que aunque no se levante a dárselos por ser su amigo, sin embargo por su importunidad se levantará y le dará todo lo que necesite. 9 Y yo os digo: Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. 10 Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. 11 ¿Qué padre de vosotros, si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿o si pescado, en lugar de pescado, le dará una serpiente? 12 ¿O si le pide un huevo, le