El Santo
Evangelio Según MATEO
Genealogía
de Jesucristo.
(Lc.
3.23-38)
1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16
17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 27 28
1 Libro de
la genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham.
2 Abraham
engendró a Isaac, Isaac a Jacob, y Jacob a Judá y a sus hermanos. 3 Judá
engendró de Tamar a Fares y a Zara, Fares a Esrom, y Esrom a Aram. 4 Aram
engendró a Aminadab, Aminadab a Naasón, y Naasón a Salmón. 5 Salmón engendró de
Rahab a Booz, Booz engendró de Rut a Obed, y Obed a Isaí. 6 Isaí engendró al
rey David, y el rey David engendró a Salomón de la que fue mujer de Urías. 7
Salomón engendró a Roboam, Roboam a Abías, y Abías a Asa. 8 Asa engendró a
Josafat, Josafat a Joram, y Joram a Uzías. 9 Uzías engendró a Jotam, Jotam a
Acaz, y Acaz a Ezequías. 10 Ezequías engendró a Manasés, Manasés a Amón, y Amón
a Josías. 11 Josías engendró a Jeconías y a sus hermanos, en el tiempo de la deportación
a Babilonia.
12 Después
de la deportación a Babilonia, Jeconías engendró a Salatiel, y Salatiel a
Zorobabel. 13 Zorobabel engendró a Abiud, Abiud a Eliaquim, y Eliaquim a Azor.
14 Azor engendró a Sadoc, Sadoc a Aquim, y Aquim a Eliud. 15 Eliud engendró a
Eleazar, Eleazar a Matán, Matán a Jacob; 16 y Jacob engendró a José, marido de
María, de la cual nació Jesús, llamado el Cristo.
17 De manera
que todas las generaciones desde Abraham hasta David son catorce; desde David
hasta la deportación a Babilonia, catorce; y desde la deportación a Babilonia
hasta Cristo, catorce.
Nacimiento
de Jesucristo
(Lc. 2.1-7)
18 El
nacimiento de Jesucristo fue así: Estando desposada María su madre con José,
antes que se juntasen, se halló que había concebido del Espíritu Santo. 19 José
su marido, como era justo, y no quería infamarla, quiso dejarla secretamente.
20 Y pensando él en esto, he aquí un ángel del Señor le apareció en sueños y le
dijo: José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que en
ella es engendrado, del Espíritu Santo es. 21 Y dará a luz un hijo, y llamarás
su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados. 22 Todo esto
aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta,
cuando dijo: 23 He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, Y llamarás
su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros. 24 Y despertando José
del sueño, hizo como el ángel del Señor le había mandado, y recibió a su mujer.
25 Pero no la conoció hasta que dio a luz a su hijo primogénito; y le puso por
nombre JESÚS.
La visita de los magos
MATEO 2
1 Cuando
Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, vinieron del oriente a
Jerusalén unos magos, 2 diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos, que ha
nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle. 3
Oyendo esto, el rey Herodes se turbó, y toda Jerusalén con él. 4 Y convocados
todos los principales sacerdotes, y los escribas del pueblo, les preguntó dónde
había de nacer el Cristo. 5 Ellos le dijeron: En Belén de Judea; porque así
está escrito por el profeta: 6 Y tú, Belén, de la tierra de Judá, No eres la
más pequeña entre los príncipes de Judá; Porque de ti saldrá un guiador, Que
apacentará a mi pueblo Israel. 7 Entonces Herodes, llamando en secreto a los
magos, indagó de ellos diligentemente el tiempo de la aparición de la estrella;
8 y enviándolos a Belén, dijo: Id allá y averiguad con diligencia acerca del
niño; y cuando le halléis, hacédmelo saber, para que yo también vaya y le
adore. 9 Ellos, habiendo oído al rey, se fueron; y he aquí la estrella que
habían visto en el oriente iba delante de ellos, hasta que llegando, se detuvo
sobre donde estaba el niño. 10 Y al ver la estrella, se regocijaron con muy
grande gozo. 11 Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y
postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro,
incienso y mirra. 12 Pero siendo avisados por revelación en sueños que no
volviesen a Herodes, regresaron a su tierra por otro camino.
Matanza de
los niños
13 Después
que partieron ellos, he aquí un ángel del Señor apareció en sueños a José y
dijo: Levántate y toma al niño y a su madre, y huye a Egipto, y permanece allá hasta
que yo te diga; porque acontecerá que Herodes buscará al niño para matarlo. 14
Y él, despertando, tomó de noche al niño y a su madre, y se fue a Egipto, 15 y
estuvo allá hasta la muerte de Herodes; para que se cumpliese lo que dijo el
Señor por medio del profeta, cuando dijo: De Egipto llamé a mi Hijo. 16 Herodes
entonces, cuando se vio burlado por los magos, se enojó mucho, y mandó matar a
todos los niños menores de dos años que había en Belén y en todos sus
alrededores, conforme al tiempo que había inquirido de los magos. 17 Entonces
se cumplió lo que fue dicho por el profeta Jeremías, cuando dijo: 18 Voz fue
oída en Ramá, Grande lamentación, lloro y gemido; Raquel que llora a sus hijos,
Y no quiso ser consolada, porque perecieron. 19 Pero después de muerto Herodes,
he aquí un ángel del Señor apareció en sueños a José en Egipto, 20 diciendo:
Levántate, toma al niño y a su madre, y vete a tierra de Israel, porque han
muerto los que procuraban la muerte del niño. 21 Entonces él se levantó, y tomó
al niño y a su madre, y vino a tierra de Israel. 22 Pero oyendo que Arquelao
reinaba en Judea en lugar de Herodes su padre, tuvo temor de ir allá; pero
avisado por revelación en sueños, se fue a la región de Galilea, 23 y vino y
habitó en la ciudad que se llama Nazaret, para que se cumpliese lo que fue
dicho por los profetas, que habría de ser llamado nazareno.
Predicación de Juan el Bautista
(Mr. 1.1-8; Lc. 3.1-9, 15-17; Jn. 1.19-28)
MATEO 3
1 En aquellos
días vino Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea, 2 y diciendo:
Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado. 3 Pues éste es aquel
de quien habló el profeta Isaías, cuando dijo: Voz del que clama en el
desierto: Preparad el camino del Señor,
Enderezad
sus sendas. 4 Y Juan estaba vestido de pelo de camello, y tenía un cinto de
cuero alrededor de sus lomos; y su comida era langostas y miel silvestre. 5 Y
salía a él Jerusalén, y toda Judea, y toda la provincia de alrededor del
Jordán, 6 y eran bautizados por él en el Jordán, confesando sus pecados. 7 Al
ver él que muchos de los fariseos y de los saduceos venían a su bautismo, les
decía: ¡Generación de víboras! ¿Quién os enseñó a huir de la ira venidera? 8
Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento, 9 y no penséis decir dentro de
vosotros mismos: A Abraham tenemos por padre; porque yo os digo que Dios puede
levantar hijos a Abraham aun de estas piedras. 10 Y ya también el hacha está
puesta a la raíz de los árboles; por tanto, todo árbol que no da buen fruto es
cortado y echado en el fuego. 11 Yo a la verdad os bautizo en agua para
arrepentimiento; pero el que viene tras mí, cuyo calzado yo no soy digno de
llevar, es más poderoso que yo; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego. 12
Su aventador está en su mano, y limpiará su era; y recogerá su trigo en el
granero, y quemará la paja en fuego que nunca se apagará.
El bautismo
de Jesús
(Mr. 1.9-11;
Lc. 3.21-22)
13 Entonces
Jesús vino de Galilea a Juan al Jordán, para ser bautizado por él. 14 Mas Juan
se le oponía, diciendo: Yo necesito ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí? 15
Pero Jesús le respondió: Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda
justicia. Entonces le dejó. 16 Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego
del agua; y he aquí los cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios
que descendía como paloma, y venía sobre él. 17 Y hubo una voz de los cielos,
que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia.
Tentación de Jesús
(Mr. 1.12-13;
Lc. 4.1-13)
MATEO 4
1 Entonces
Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo.
2 Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre. 3 Y
vino a él el tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se
conviertan en pan. 4 Él respondió y dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá
el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. 5 Entonces el
diablo le llevó a la santa ciudad, y le puso sobre el pináculo del templo, 6 y
le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate abajo; porque escrito está: A sus ángeles
mandará acerca de ti, y, En sus manos te sostendrán, Para que no tropieces con
tu pie en piedra. 7 Jesús le dijo: Escrito está también: No tentarás al Señor
tu Dios. 8 Otra vez le llevó el diablo a un monte muy alto, y le mostró todos
los reinos del mundo y la gloria de ellos, 9 y le dijo: Todo esto te daré, si
postrado me adorares. 10 Entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás, porque escrito
está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás. 11 El diablo entonces le
dejó; y he aquí vinieron ángeles y le servían.
Jesús
principia su ministerio
(Mr.
1.14-20; Lc. 4.14-15; 5.1-11; 6.17-19)
12 Cuando
Jesús oyó que Juan estaba preso, volvió a Galilea; 13 y dejando a Nazaret, vino
y habitó en Capernaum, ciudad marítima, en la región de Zabulón y de Neftalí,
14 para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo: 15 Tierra
de Zabulón y tierra de Neftalí, Camino del mar, al otro lado del Jordán,
Galilea de los gentiles; 16 El pueblo asentado en tinieblas vio gran luz; Y a
los asentados en región de sombra de muerte, Luz les resplandeció. 17 Desde
entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque el reino de
los cielos se ha acercado. 18 Andando Jesús junto al mar de Galilea, vio a dos
hermanos, Simón, llamado Pedro, y Andrés su hermano, que echaban la red en el
mar; porque eran pescadores. 19 Y les dijo: Venid en pos de mí, y os haré
pescadores de hombres. 20 Ellos entonces, dejando al instante las redes, le
siguieron. 21 Pasando de allí, vio a otros dos hermanos, Jacobo hijo de
Zebedeo, y Juan su hermano, en la barca con Zebedeo su padre, que remendaban
sus redes; y los llamó. 22 Y ellos, dejando al instante la barca y a su padre,
le siguieron. 23 Y recorrió Jesús toda Galilea, enseñando en las sinagogas de
ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda
dolencia en el pueblo. 24 Y se difundió su fama por toda Siria; y le trajeron
todos los que tenían dolencias, los afligidos por diversas enfermedades y
tormentos, los endemoniados, lunáticos y paralíticos; y los sanó. 25 Y le
siguió mucha gente de Galilea, de Decápolis, de Jerusalén, de Judea y del otro
lado del Jordán.
El
Sermón del
monte: Las bienaventuranzas
(Lc.
6.20-23)
MATEO 5
1 Viendo la
multitud, subió al monte; y sentándose, vinieron a él sus discípulos. 2 Y
abriendo su boca les enseñaba, diciendo:
3
Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los
cielos.
4
Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación.
5
Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad.
6
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán
saciados.
7
Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.
8
Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios.
9
Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios.
10
Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de
ellos es el reino de los cielos.
11
Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan
toda clase de mal contra vosotros, mintiendo. 12 Gozaos y alegraos, porque
vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los
profetas que fueron antes de vosotros.
La sal de la
tierra
13 Vosotros
sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada?
No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres.
La luz del
mundo
14 Vosotros
sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder.
15 Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el
candelero, y alumbra a todos los que están en casa. 16 Así alumbre vuestra luz
delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a
vuestro Padre que está en los cielos.
Jesús y la
ley
17 No
penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para
abrogar, sino para cumplir. 18 Porque de cierto os digo que hasta que pasen el
cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se
haya cumplido. 19 De manera que cualquiera que quebrante uno de estos
mandamientos muy pequeños, y así enseñe a los hombres, muy pequeño será llamado
en el reino de los cielos; mas cualquiera que los haga y los enseñe, éste será
llamado grande en el reino de los cielos. 20 Porque os digo que si vuestra
justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el
reino de los cielos.
Jesús y la
ira
(Lc.
12.57-59)
21 Oísteis
que fue dicho a los antiguos: No matarás; y cualquiera que matare será culpable
de juicio. 22 Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano,
será culpable de juicio; y cualquiera que diga: Necio, a su hermano, será
culpable ante el concilio; y cualquiera que le diga: Fatuo, quedará expuesto al
infierno de fuego. 23 Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te
acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, 24 deja allí tu ofrenda
delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven
y presenta tu ofrenda. 25 Ponte de acuerdo con tu adversario pronto, entre
tanto que estás con él en el camino, no sea que el adversario te entregue al
juez, y el juez al alguacil, y seas echado en la cárcel. 26 De cierto te digo
que no saldrás de allí, hasta que pagues el último cuadrante.
Jesús y el
adulterio
27 Oísteis
que fue dicho: No cometerás adulterio. 28 Pero yo os digo que cualquiera que mira
a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón. 29 Por tanto,
si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo, y échalo de ti; pues mejor te
es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al
infierno. 30 Y si tu mano derecha te es ocasión de caer, córtala, y échala de
ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo
sea echado al infierno.
Jesús y el
divorcio
31 También
fue dicho: Cualquiera que repudie a su mujer, dele carta de divorcio. 32 Pero
yo os digo que el que repudia a su mujer, a no ser por causa de fornicación,
hace que ella adultere; y el que se casa con la repudiada, comete adulterio.
Jesús y los
juramentos
33 Además habéis
oído que fue dicho a los antiguos: No perjurarás, sino cumplirás al Señor tus
juramentos. 34 Pero yo os digo: No juréis en ninguna manera; ni por el cielo,
porque es el trono de Dios; 35 ni por la tierra, porque es el estrado de sus
pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran Rey. 36 Ni por tu cabeza
jurarás, porque no puedes hacer blanco o negro un solo cabello. 37 Pero sea
vuestro hablar: Sí, sí; no, no; porque lo que es más de esto, de mal procede.
El amor
hacia los enemigos
(Lc. 6.27-36)
38 Oísteis
que fue dicho: Ojo por ojo, y diente por diente. 39 Pero yo os digo: No
resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla
derecha, vuélvele también la otra; 40 y al que quiera ponerte a pleito y
quitarte la túnica, déjale también la capa; 41 y a cualquiera que te obligue a
llevar carga por una milla, ve con él dos. 42 Al que te pida, dale; y al que
quiera tomar de ti prestado, no se lo rehúses. 43 Oísteis que fue dicho: Amarás
a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. 44 Pero yo os digo: Amad a vuestros
enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y
orad por los que os ultrajan y os persiguen; 45 para que seáis hijos de vuestro
Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que
hace llover sobre justos e injustos. 46 Porque si amáis a los que os aman, ¿qué
recompensa tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publicanos? 47 Y si
saludáis a vuestros hermanos solamente, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen también
así los gentiles? 48 Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está
en los cielos es perfecto.
Jesús y la limosna
MATEO 6
1 Guardaos
de hacer vuestra justicia delante de los hombres, para ser vistos de ellos; de
otra manera no tendréis recompensa de vuestro Padre que está en los cielos. 2
Cuando, pues, des limosna, no hagas tocar trompeta delante de ti, como hacen
los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser alabados por los
hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa. 3 Mas cuando tú des
limosna, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha, 4 para que sea tu limosna
en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público.
Jesús y la
oración
(Lc. 11.2-4)
5 Y cuando
ores, no seas como los hipócritas; porque ellos aman el orar en pie en las
sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos de los hombres; de
cierto os digo que ya tienen su recompensa. 6 Mas tú, cuando ores, entra en tu
aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre
que ve en lo secreto te recompensará en público. 7 Y orando, no uséis vanas
repeticiones, como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos.
8 No os hagáis, pues, semejantes a ellos; porque vuestro Padre sabe de qué
cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis. 9 Vosotros, pues, oraréis
así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. 10 Venga
tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. 11 El
pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. 12 Y perdónanos nuestras deudas, como
también nosotros perdonamos a nuestros deudores. 13 Y no nos metas en
tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la
gloria, por todos los siglos. Amén. 14 Porque si perdonáis a los hombres sus
ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; 15 mas si no
perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará
vuestras ofensas.
Jesús y el
ayuno
16 Cuando
ayunéis, no seáis austeros, como los hipócritas; porque ellos demudan sus
rostros para mostrar a los hombres que ayunan; de cierto os digo que ya tienen
su recompensa. 17 Pero tú, cuando ayunes, unge tu cabeza y lava tu rostro, 18
para no mostrar a los hombres que ayunas, sino a tu Padre que está en secreto;
y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público.
Tesoros en
el cielo
(Lc.
12.32-34)
19 No os
hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones
minan y hurtan; 20 sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el
orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. 21 Porque donde esté
vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.
La lámpara
del cuerpo
(Lc.
11.33-36)
22 La
lámpara del cuerpo es el ojo; así que, si tu ojo es bueno, todo tu cuerpo
estará lleno de luz; 23 pero si tu ojo es maligno, todo tu cuerpo estará en
tinieblas. Así que, si la luz que en ti hay es tinieblas, ¿cuántas no serán las
mismas tinieblas?
Dios y las
riquezas
(Lc. 16.13)
24 Ninguno
puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o
estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las
riquezas.
El afán y la
ansiedad
(Lc.
12.22-31)
25 Por tanto
os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de
beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el
alimento, y el cuerpo más que el vestido? 26 Mirad las aves del cielo, que no
siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las
alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas? 27 ¿Y quién de vosotros
podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo? 28 Y por el
vestido, ¿por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no
trabajan ni hilan; 29 pero os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se
vistió así como uno de ellos. 30 Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana
se echa en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más a vosotros, hombres de
poca fe? 31 No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o
qué vestiremos? 32 Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro
Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. 33 Mas buscad
primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán
añadidas. 34 Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de
mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal.
El
juzgar a los
demás
(Lc.
6.37-38, 41-42)
MATEO 7
1 No
juzguéis, para que no seáis juzgados. 2 Porque con el juicio con que juzgáis,
seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido. 3 ¿Y por qué
miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que
está en tu propio ojo? 4 ¿O cómo dirás a tu hermano: Déjame sacar la paja de tu
ojo, y he aquí la viga en el ojo tuyo? 5 ¡Hipócrita! saca primero la viga de tu
propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano. 6
No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los cerdos,
no sea que las pisoteen, y se vuelvan y os despedacen.
La oración,
y la regla de oro
(Lc.
11.9-13; 6.31)
7 Pedid, y
se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. 8 Porque todo aquel que
pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. 9 ¿Qué
hombre hay de vosotros, que si su hijo le pide pan, le dará una piedra? 10 ¿O
si le pide un pescado, le dará una serpiente? 11 Pues si vosotros, siendo
malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre
que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan? 12 Así que, todas
las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced
vosotros con ellos; porque esto es la ley y los profetas.
La puerta
estrecha
(Lc. 13.24)
13 Entrad
por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que
lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; 14 porque estrecha
es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la
hallan.
Por sus
frutos los conoceréis
(Lc.
6.43-44)
15 Guardaos
de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por
dentro son lobos rapaces. 16 Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen
uvas de los espinos, o higos de los abrojos? 17 Así, todo buen árbol da buenos
frutos, pero el árbol malo da frutos malos. 18 No puede el buen árbol dar malos
frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos. 19 Todo árbol que no da buen fruto,
es cortado y echado en el fuego. 20 Así que, por sus frutos los conoceréis.
Nunca os
conocí
(Lc.
13.25-27)
21 No todo
el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que
hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. 22 Muchos me dirán en aquel
día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera
demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? 23 Y entonces les declararé:
Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad.
Los dos
cimientos
(Lc.
6.46-49)
24 Cualquiera,
pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente,
que edificó su casa sobre la roca. 25 Descendió lluvia, y vinieron ríos, y
soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba
fundada sobre la roca. 26 Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las
hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena;
27 y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu
contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina. 28 Y cuando terminó Jesús
estas palabras, la gente se admiraba de su doctrina; 29 porque les enseñaba
como quien tiene autoridad, y no como los escribas.
Jesús sana a un leproso
(Mr. 1.40-45; Lc. 5.12-16)
MATEO 8
1 Cuando descendió
Jesús del monte, le seguía mucha gente. 2 Y he aquí vino un leproso y se postró
ante él, diciendo: Señor, si quieres, puedes limpiarme. 3 Jesús extendió la
mano y le tocó, diciendo: Quiero; sé limpio. Y al instante su lepra
desapareció. 4 Entonces Jesús le dijo: Mira, no lo digas a nadie; sino ve,
muéstrate al sacerdote, y presenta la ofrenda que ordenó Moisés, para
testimonio a ellos.
Jesús sana
al siervo de un centurión
(Lc. 7.1-10)
5 Entrando
Jesús en Capernaum, vino a él un centurión, rogándole, 6 y diciendo: Señor, mi
criado está postrado en casa, paralítico, gravemente atormentado. 7 Y Jesús le
dijo: Yo iré y le sanaré. 8 Respondió el centurión y dijo: Señor, no soy digno
de que entres bajo mi techo; solamente dí la palabra, y mi criado sanará. 9
Porque también yo soy hombre bajo autoridad, y tengo bajo mis órdenes soldados;
y digo a éste: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo
hace. 10 Al oírlo Jesús, se maravilló, y dijo a los que le seguían: De cierto
os digo, que ni aun en Israel he hallado tanta fe. 11 Y os digo que vendrán
muchos del oriente y del occidente, y se sentarán con Abraham e Isaac y Jacob
en el reino de los cielos; 12 mas los hijos del reino serán echados a las
tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes. 13 Entonces
Jesús dijo al centurión: Ve, y como creíste, te sea hecho. Y su criado fue
sanado en aquella misma hora.
Jesús sana a
la suegra de Pedro
(Mr.
1.29-34; Lc. 4.38-41)
14 Vino
Jesús a casa de Pedro, y vio a la suegra de éste postrada en cama, con fiebre.
15 Y tocó su mano, y la fiebre la dejó; y ella se levantó, y les servía. 16 Y
cuando llegó la noche, trajeron a él muchos endemoniados; y con la palabra echó
fuera a los demonios, y sanó a todos los enfermos; 17 para que se cumpliese lo
dicho por el profeta Isaías, cuando dijo: El mismo tomó nuestras enfermedades,
y llevó nuestras dolencias.
Los que
querían seguir a Jesús
(Lc.
9.57-62)
18 Viéndose
Jesús rodeado de mucha gente, mandó pasar al otro lado. 19 Y vino un escriba y
le dijo: Maestro, te seguiré adondequiera que vayas. 20 Jesús le dijo: Las
zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; mas el Hijo del Hombre no
tiene dónde recostar su cabeza. 21 Otro de sus discípulos le dijo: Señor,
permíteme que vaya primero y entierre a mi padre. 22 Jesús le dijo: Sígueme;
deja que los muertos entierren a sus muertos.
Jesús calma
la tempestad
(Mr.
4.35-41; Lc. 8.22-25)
23 Y
entrando él en la barca, sus discípulos le siguieron. 24 Y he aquí que se levantó
en el mar una tempestad tan grande que las olas cubrían la barca; pero él
dormía. 25 Y vinieron sus discípulos y le despertaron, diciendo: ¡Señor,
sálvanos, que perecemos! 26 El les dijo: ¿Por qué teméis, hombres de poca fe?
Entonces, levantándose, reprendió a los vientos y al mar; y se hizo grande
bonanza. 27 Y los hombres se maravillaron, diciendo: ¿Qué hombre es éste, que
aun los vientos y el mar le obedecen?
Los
endemoniados gadarenos
(Mr. 5.1-20;
Lc. 8.26-39)
28 Cuando
llegó a la otra orilla, a la tierra de los gadarenos, vinieron a su encuentro
dos endemoniados que salían de los sepulcros, feroces en gran manera, tanto que
nadie podía pasar por aquel camino. 29 Y clamaron diciendo: ¿Qué tienes con
nosotros, Jesús, Hijo de Dios? ¿Has venido acá para atormentarnos antes de
tiempo? 30 Estaba paciendo lejos de ellos un hato de muchos cerdos. 31 Y los
demonios le rogaron diciendo: Si nos echas fuera, permítenos ir a aquel hato de
cerdos. 32 El les dijo: Id. Y ellos salieron, y se fueron a aquel hato de
cerdos; y he aquí, todo el hato de cerdos se precipitó en el mar por un
despeñadero, y perecieron en las aguas. 33 Y los que los apacentaban huyeron, y
viniendo a la ciudad, contaron todas las cosas, y lo que había pasado con los
endemoniados. 34 Y toda la ciudad salió al encuentro de Jesús; y cuando le
vieron, le rogaron que se fuera de sus contornos.
Jesús sana a un paralítico
(Mr. 2.1-12; Lc. 5.17-26)
MATEO 9
1 Entonces,
entrando Jesús en la barca, pasó al otro lado y vino a su ciudad. 2 Y sucedió
que le trajeron un paralítico, tendido sobre una cama; y al ver Jesús la fe de
ellos, dijo al paralítico: Ten ánimo, hijo; tus pecados te son perdonados. 3
Entonces algunos de los escribas decían dentro de sí: Este blasfema. 4 Y
conociendo Jesús los pensamientos de ellos, dijo: ¿Por qué pensáis mal en
vuestros corazones? 5 Porque, ¿qué es más fácil, decir: Los pecados te son
perdonados, o decir: Levántate y anda? 6 Pues para que sepáis que el Hijo del
Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados (dice entonces al
paralítico): Levántate, toma tu cama, y vete a tu casa. 7 Entonces él se
levantó y se fue a su casa. 8 Y la gente, al verlo, se maravilló y glorificó a
Dios, que había dado tal potestad a los hombres.
Llamamiento
de Mateo
(Mr. 2.13-17;
Lc. 5.27-32)
9 Pasando
Jesús de allí, vio a un hombre llamado Mateo, que estaba sentado al banco de
los tributos públicos, y le dijo: Sígueme. Y se levantó y le siguió. 10 Y
aconteció que estando él sentado a la mesa en la casa, he aquí que muchos publicanos
y pecadores, que habían venido, se sentaron juntamente a la mesa con Jesús y
sus discípulos. 11 Cuando vieron esto los fariseos, dijeron a los discípulos:
¿Porqué come vuestro Maestro con los publicanos y pecadores? 12 Al oír esto
Jesús, les dijo: Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. 13
Id, pues, y aprended lo que significa: Misericordia quiero, y no sacrificio.
Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores, al arrepentimiento.
La pregunta
sobre el ayuno
(Mr. 2.18-22;
Lc. 5.33-39)
14 Entonces
vinieron a él los discípulos de Juan, diciendo: ¿Por qué nosotros y los
fariseos ayunamos muchas veces, y tus discípulos no ayunan? 15 Jesús les dijo:
¿Acaso pueden los que están de bodas tener luto entre tanto que el esposo está
con ellos? Pero vendrán días cuando el esposo les será quitado, y entonces
ayunarán. 16 Nadie pone remiendo de paño nuevo en vestido viejo; porque tal
remiendo tira del vestido, y se hace peor la rotura. 17 Ni echan vino nuevo en
odres viejos; de otra manera los odres se rompen, y el vino se derrama, y los
odres se pierden; pero echan el vino nuevo en odres nuevos, y lo uno y lo otro
se conservan juntamente.
La hija de
Jairo, y la mujer que tocó el manto de Jesús
(Mr.
5.21-43; Lc. 8.40-56)
18 Mientras
él les decía estas cosas, vino un hombre principal y se postró ante él,
diciendo: Mi hija acaba de morir; mas ven y pon tu mano sobre ella, y vivirá.
19 Y se levantó Jesús, y le siguió con sus discípulos. 20 Y he aquí una mujer
enferma de flujo de sangre desde hacía doce años, se le acercó por detrás y
tocó el borde de su manto; 21 porque decía dentro de sí: Si tocare solamente su
manto, seré salva. 22 Pero Jesús, volviéndose y mirándola, dijo: Ten ánimo,
hija; tu fe te ha salvado. Y la mujer fue salva desde aquella hora. 23 Al
entrar Jesús en la casa del principal, viendo a los que tocaban flautas, y la
gente que hacía alboroto, 24 les dijo: Apartaos, porque la niña no está muerta,
sino duerme. Y se burlaban de él. 25 Pero cuando la gente había sido echada
fuera, entró, y tomó de la mano a la niña, y ella se levantó. 26 Y se difundió
la fama de esto por toda aquella tierra.
Dos ciegos
reciben la vista
27 Pasando
Jesús de allí, le siguieron dos ciegos, dando voces y diciendo: ¡Ten
misericordia de nosotros, Hijo de David! 28 Y llegado a la casa, vinieron a él
los ciegos; y Jesús les dijo: ¿Creéis que puedo hacer esto? Ellos dijeron: Sí,
Señor. 29 Entonces les tocó los ojos, diciendo: Conforme a vuestra fe os sea
hecho. 30 Y los ojos de ellos fueron abiertos. Y Jesús les encargó
rigurosamente, diciendo: Mirad que nadie lo sepa. 31 Pero salidos ellos,
divulgaron la fama de él por toda aquella tierra.
Un mudo
habla
32 Mientras
salían ellos, he aquí, le trajeron un mudo, endemoniado. 33 Y echado fuera el
demonio, el mudo habló; y la gente se maravillaba, y decía: Nunca se ha visto
cosa semejante en Israel. 34 Pero los fariseos decían: Por el príncipe de los
demonios echa fuera los demonios.
La mies es
mucha
35 Recorría
Jesús todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, y
predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en
el pueblo. 36 Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban
desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor. 37 Entonces dijo a
sus discípulos: A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos. 38 Rogad,
pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies.
Elección
de los doce apóstoles
(Mr. 3.13-19; Lc. 6.12-16)
MATEO 10
1 Entonces
llamando a sus doce discípulos, les dio autoridad sobre los espíritus inmundos,
para que los echasen fuera, y para sanar toda enfermedad y toda dolencia. 2 Los
nombres de los doce apóstoles son estos: primero Simón, llamado Pedro, y Andrés
su hermano; Jacobo hijo de Zebedeo, y Juan su hermano; 3 Felipe, Bartolomé,
Tomás, Mateo el publicano, Jacobo hijo de Alfeo, Lebeo, por sobrenombre Tadeo,
4 Simón el cananista, y Judas Iscariote, el que también le entregó.
Misión de
los doce
(Mr. 6.7-13;
Lc. 9.1-6)
5 A estos
doce envió Jesús, y les dio instrucciones, diciendo: Por camino de gentiles no
vayáis, y en ciudad de samaritanos no entréis, 6 sino id antes a las ovejas
perdidas de la casa de Israel. 7 Y yendo, predicad, diciendo: El reino de los
cielos se ha acercado. 8 Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos,
echad fuera demonios; de gracia recibisteis, dad de gracia. 9 No os proveáis de
oro, ni plata, ni cobre en vuestros cintos; 10 ni de alforja para el camino, ni
de dos túnicas, ni de calzado, ni de bordón; porque el obrero es digno de su
alimento. 11 Mas en cualquier ciudad o aldea donde entréis, informaos quién en
ella sea digno, y posad allí hasta que salgáis. 12 Y al entrar en la casa,
saludadla. 13 Y si la casa fuere digna, vuestra paz vendrá sobre ella; mas si
no fuere digna, vuestra paz se volverá a vosotros. 14 Y si alguno no os
recibiere, ni oyere vuestras palabras, salid de aquella casa o ciudad, y
sacudid el polvo de vuestros pies. 15 De cierto os digo que en el día del
juicio, será más tolerable el castigo para la tierra de Sodoma y de Gomorra,
que para aquella ciudad.
Persecuciones
venideras
16 He aquí,
yo os envío como a ovejas en medio de lobos; sed, pues, prudentes como
serpientes, y sencillos como palomas. 17 Y guardaos de los hombres, porque os
entregarán a los concilios, y en sus sinagogas os azotarán; 18 y aun ante
gobernadores y reyes seréis llevados por causa de mí, para testimonio a ellos y
a los gentiles. 19 Mas cuando os entreguen, no os preocupéis por cómo o qué
hablaréis; porque en aquella hora os será dado lo que habéis de hablar. 20
Porque no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu de vuestro Padre que
habla en vosotros. 21 El hermano entregará a la muerte al hermano, y el padre
al hijo; y los hijos se levantarán contra los padres, y los harán morir. 22 Y
seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre; mas el que persevere hasta
el fin, éste será salvo. 23 Cuando os persigan en esta ciudad, huid a la otra;
porque de cierto os digo, que no acabaréis de recorrer todas las ciudades de
Israel, antes que venga el Hijo de Hombre. 24 El discípulo no es más que su
maestro, ni el siervo más que su señor. 25 Bástale al discípulo ser como su
maestro, y al siervo como su señor. Si al padre de familia llamaron Beelzebú,
¿cuánto más a los de su casa?
A quién se
debe temer
(Lc. 12.2-9)
26 Así que,
no los temáis; porque nada hay encubierto, que no haya de ser manifestado; ni
oculto, que no haya de saberse. 27 Lo que os digo en tinieblas, decidlo en la
luz; y lo que oís al oído, proclamadlo desde las azoteas. 28 Y no temáis a los
que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que
puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno. 29 ¿No se venden dos
pajarillos por un cuarto? Con todo, ni uno de ellos cae a tierra sin vuestro
Padre. 30 Pues aun vuestros cabellos están todos contados. 31 Así que, no
temáis; más valéis vosotros que muchos pajarillos. 32 A cualquiera, pues, que
me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre
que está en los cielos. 33 Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres,
yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos.
Jesús, causa
de división
(Lc.
12.49-53; 14.26-27)
34 No
penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz,
sino espada. 35 Porque he venido para poner en disensión al hombre contra su
padre, a la hija contra su madre, y a la nuera contra su suegra; 36 y los
enemigos del hombre serán los de su casa. 37 El que ama a padre o madre más que
a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de
mí; 38 y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí. 39 El
que halla su vida, la perderá; y el que pierde su vida por causa de mí, la
hallará.
Recompensas
(Mr. 9.41)
40 El que a
vosotros recibe, a mí me recibe; y el que me recibe a mí, recibe al que me
envió. 41 El que recibe a un profeta por cuanto es profeta, recompensa de
profeta recibirá; y el que recibe a un justo por cuanto es justo, recompensa de
justo recibirá. 42 Y cualquiera que dé a uno de estos pequeñitos un vaso de
agua fría solamente, por cuanto es discípulo, de cierto os digo que no perderá
su recompensa.
Los
mensajeros de Juan el Bautista
(Lc.
7.18-35)
MATEO 11
1 Cuando
Jesús terminó de dar instrucciones a sus doce discípulos, se fue de allí a
enseñar y a predicar en las ciudades de ellos. 2 Y al oír Juan, en la cárcel,
los hechos de Cristo, le envió dos de sus discípulos, 3 para preguntarle: ¿Eres
tú aquel que había de venir, o esperaremos a otro? 4 Respondiendo Jesús, les
dijo: Id, y haced saber a Juan las cosas que oís y veis. 5 Los ciegos ven, los
cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son
resucitados, y a los pobres es anunciado el evangelio; 6 y bienaventurado es el
que no halle tropiezo en mí. 7 Mientras ellos se iban, comenzó Jesús a decir de
Juan a la gente: ¿Qué salisteis a ver al desierto? ¿Una caña sacudida por el
viento? 8 ¿O qué salisteis a ver? ¿A un hombre cubierto de vestiduras delicadas?
He aquí, los que llevan vestiduras delicadas, en las casas de los reyes están.
9 Pero ¿qué salisteis a ver? ¿A un profeta? Sí, os digo, y más que profeta. 10
Porque éste es de quien está escrito: He aquí, yo envío mi mensajero delante de
tu faz, El cual preparará tu camino delante de ti. 11 De cierto os digo: Entre
los que nacen de mujer no se ha levantado otro mayor que Juan el Bautista; pero
el más pequeño en el reino de los cielos, mayor es que él. 12 Desde los días de
Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los
violentos lo arrebatan. 13 Porque todos los profetas y la ley profetizaron
hasta Juan. 14 Y si queréis recibirlo, él es aquel Elías que había de venir. 15
El que tiene oídos para oír, oiga. 16 Mas ¿a qué compararé esta generación? Es
semejante a los muchachos que se sientan en las plazas, y dan voces a sus
compañeros, 17 diciendo: Os tocamos flauta, y no bailasteis; os endechamos, y
no lamentasteis. 18 Porque vino Juan, que ni comía ni bebía, y dicen: Demonio tiene.
19 Vino el Hijo del Hombre, que come y bebe, y dicen: He aquí un hombre
comilón, y bebedor de vino, amigo de publicanos y de pecadores. Pero la
sabiduría es justificada por sus hijos.
Ayes sobre
las ciudades impenitentes
(Lc.
10.13-16)
20 Entonces
comenzó a reconvenir a las ciudades en las cuales había hecho muchos de sus
milagros, porque no se habían arrepentido, diciendo: 21 Ay de ti, Corazín! Ay
de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros
que han sido hechos en vosotras, tiempo ha que se hubieran arrepentido en
cilicio y en ceniza. 22 Por tanto os digo que en el día del juicio, será más
tolerable el castigo para Tiro y para Sidón, que para vosotras. 23 Y tú,
Capernaum, que eres levantada hasta el cielo, hasta el Hades serás abatida;
porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que han sido hechos en ti,
habría permanecido hasta el día de hoy. 24 Por tanto os digo que en el día del
juicio, será más tolerable el castigo para la tierra de Sodoma, que para ti.
Venid a mí y
descansad
(Lc.
10.21-22)
25 En aquel
tiempo, respondiendo Jesús, dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la
tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las
revelaste a los niños. 26 Sí, Padre, porque así te agradó. 27 Todas las cosas
me fueron entregadas por mi Padre; y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni al
Padre conoce alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar.
28 Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré
descansar. 29 Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y
humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; 30 porque mi yugo
es fácil, y ligera mi carga.
Los
discípulos recogen espigas en el día de reposo
(Mr. 2.23-28; Lc. 6.1-5)
MATEO 12
1 En aquel
tiempo iba Jesús por los sembrados en un día de reposo; y sus discípulos
tuvieron hambre, y comenzaron a arrancar espigas y a comer. 2 Viéndolo los
fariseos, le dijeron: He aquí tus discípulos hacen lo que no es lícito hacer en
el día de reposo. 3 Pero él les dijo: ¿No habéis leído lo que hizo David,
cuando él y los que con él estaban tuvieron hambre; 4 cómo entró en la casa de
Dios, y comió los panes de la proposición, que no les era lícito comer ni a él
ni a los que con él estaban, sino solamente a los sacerdotes? 5 ¿O no habéis
leído en la ley, cómo en el día de reposo los sacerdotes en el templo profanan
el día de reposo, y son sin culpa? 6 Pues os digo que uno mayor que el templo
está aquí. 7 Y si supieseis qué significa: Misericordia quiero, y no
sacrificio, no condenaríais a los inocentes; 8 porque el Hijo del Hombre es
Señor del día de reposo.
El hombre de
la mano seca
(Mr. 3.1-6;
Lc. 6.6-11)
9 Pasando de
allí, vino a la sinagoga de ellos. 10 Y he aquí había allí uno que tenía seca
una mano; y preguntaron a Jesús, para poder acusarle: ¿Es lícito sanar en el
día de reposo? 11 El les dijo: ¿Qué hombre habrá de vosotros, que tenga una
oveja, y si ésta cayere en un hoyo en día de reposo, no le eche mano, y la
levante? 12 Pues ¿cuánto más vale un hombre que una oveja? Por consiguiente, es
lícito hacer el bien en los días de reposo. 13 Entonces dijo a aquel hombre:
Extiende tu mano. Y él la extendió, y le fue restaurada sana como la otra. 14 Y
salidos los fariseos, tuvieron consejo contra Jesús para destruirle.
El siervo
escogido
15 Sabiendo
esto Jesús, se apartó de allí; y le siguió mucha gente, y sanaba a todos, 16 y
les encargaba rigurosamente que no le descubriesen; 17 para que se cumpliese lo
dicho por el profeta Isaías, cuando dijo: 18 He aquí mi siervo, a quien he
escogido; Mi Amado, en quien se agrada mi alma; Pondré mi Espíritu sobre él, Y
a los gentiles anunciará juicio. 19 No contenderá, ni voceará, Ni nadie oirá en
las calles su voz. 20 La caña cascada no quebrará,
Y el pábilo
que humea no apagará, Hasta que saque a victoria el juicio. 21 Y en su nombre
esperarán los gentiles.
La blasfemia
contra el Espíritu Santo
(Mr.
3.20-30; Lc. 11.14-23)
22 Entonces
fue traído a él un endemoniado, ciego y mudo; y le sanó, de tal manera que el
ciego y mudo veía y hablaba. 23 Y toda la gente estaba atónita, y decía: ¿Será
éste aquel Hijo de David? 24 Mas los fariseos, al oírlo, decían: Este no echa
fuera los demonios sino por Beelzebú, príncipe de los demonios. 25 Sabiendo
Jesús los pensamientos de ellos, les dijo: Todo reino dividido contra sí mismo,
es asolado, y toda ciudad o casa dividida contra sí misma, no permanecerá. 26 Y
si Satanás echa fuera a Satanás, contra sí mismo está dividido; ¿cómo, pues,
permanecerá su reino? 27 Y si yo echo fuera los demonios por Beelzebú, ¿por
quién los echan vuestros hijos? Por tanto, ellos serán vuestros jueces. 28 Pero
si yo por el Espíritu de Dios echo fuera los demonios, ciertamente ha llegado a
vosotros el reino de Dios. 29 Porque ¿cómo puede alguno entrar en la casa del
hombre fuerte, y saquear sus bienes, si primero no le ata? Y entonces podrá
saquear su casa. 30 El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge,
desparrama. 31 Por tanto os digo: Todo pecado y blasfemia será perdonado a los
hombres; mas la blasfemia contra el Espíritu no les será perdonada. 32 A
cualquiera que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será
perdonado; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni
en este siglo ni en el venidero. 33 O haced el árbol bueno, y su fruto bueno, o
haced el árbol malo, y su fruto malo; porque por el fruto se conoce el árbol.
34 ¡Generación de víboras! ¿Cómo podéis hablar lo bueno, siendo malos? Porque
de la abundancia del corazón habla la boca. 35 El hombre bueno, del buen tesoro
del corazón saca buenas cosas; y el hombre malo, del mal tesoro saca malas
cosas. 36 Mas yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de
ella darán cuenta en el día del juicio. 37 Porque por tus palabras serás
justificado, y por tus palabras serás condenado.
La
generación perversa demanda señal
(Lc.
11.29-32)
38 Entonces
respondieron algunos de los escribas y de los fariseos, diciendo: Maestro,
deseamos ver de ti señal. 39 El respondió y les dijo: La generación mala y
adúltera demanda señal; pero señal no le será dada, sino la señal del profeta
Jonás. 40 Porque como estuvo Jonás en el vientre del gran pez tres días y tres
noches, así estará el Hijo del Hombre en el corazón de la tierra tres días y
tres noches. 41 Los hombres de Nínive se levantarán en el juicio con esta
generación, y la condenarán; porque ellos se arrepintieron a la predicación de
Jonás, y he aquí más que Jonás en este lugar. 42 La reina del Sur se levantará
en el juicio con esta generación, y la condenará; porque ella vino de los fines
de la tierra para oír la sabiduría de Salomón, y he aquí más que Salomón en
este lugar.
El espíritu
inmundo que vuelve
(Lc. 11.24-26)
43 Cuando el
espíritu inmundo sale del hombre, anda por lugares secos, buscando reposo, y no
lo halla. 44 Entonces dice: Volveré a mi casa de donde salí; y cuando llega, la
halla desocupada, barrida y adornada. 45 Entonces va, y toma consigo otros
siete espíritus peores que él, y entrados, moran allí; y el postrer estado de
aquel hombre viene a ser peor que el primero. Así también acontecerá a esta
mala generación.
La madre y
los hermanos de Jesús
(Mr.
3.31-35; Lc. 8.19-21)
46 Mientras
él aún hablaba a la gente, he aquí su madre y sus hermanos estaban afuera, y le
querían hablar. 47 Y le dijo uno: He aquí tu madre y tus hermanos están afuera,
y te quieren hablar. 48 Respondiendo él al que le decía esto, dijo: ¿Quién es
mi madre, y quiénes son mis hermanos? 49 Y extendiendo su mano hacia sus
discípulos, dijo: He aquí mi madre y mis hermanos. 50 Porque todo aquel que
hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ése es mi hermano, y
hermana, y madre.
Parábola
del sembrador
(Mr. 4.1-9;
Lc. 8.4-8)
MATEO 13
1 Aquel día
salió Jesús de la casa y se sentó junto al mar. 2 Y se le juntó mucha gente; y
entrando él en la barca, se sentó, y toda la gente estaba en la playa. 3 Y les
habló muchas cosas por parábolas, diciendo: He aquí, el sembrador salió a
sembrar. 4 Y mientras sembraba, parte de la semilla cayó junto al camino; y
vinieron las aves y la comieron. 5 Parte cayó en pedregales, donde no había
mucha tierra; y brotó pronto, porque no tenía profundidad de tierra; 6 pero
salido el sol, se quemó; y porque no tenía raíz, se secó. 7 Y parte cayó entre
espinos; y los espinos crecieron, y la ahogaron. 8 Pero parte cayó en buena
tierra, y dio fruto, cuál a ciento, cuál a sesenta, y cuál a treinta por uno. 9
El que tiene oídos para oír, oiga.
Propósito de
las parábolas
(Mr.
4.10-12; Lc. 8.9-10)
10 Entonces,
acercándose los discípulos, le dijeron: ¿Por qué les hablas por parábolas? 11
El respondiendo, les dijo: Porque a vosotros os es dado saber los misterios del
reino de los cielos; mas a ellos no les es dado. 12 Porque a cualquiera que
tiene, se le dará, y tendrá más; pero al que no tiene, aun lo que tiene le será
quitado. 13 Por eso les hablo por parábolas: porque viendo no ven, y oyendo no
oyen, ni entienden. 14 De manera que se cumple en ellos la profecía de Isaías,
que dijo: De oído oiréis, y no entenderéis; Y viendo veréis, y no percibiréis.
15 Porque el corazón de este pueblo se ha engrosado, Y con los oídos oyen
pesadamente, Y han cerrado sus ojos; Para que no vean con los ojos, Y oigan con
los oídos,
Y con el
corazón entiendan, Y se conviertan, Y yo los sane. 16 Pero bienaventurados
vuestros ojos, porque ven; y vuestros oídos, porque oyen. 17 Porque de cierto
os digo, que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis, y no lo vieron;
y oír lo que oís, y no lo oyeron.
Jesús
explica la parábola del sembrador
(Mr.
4.13-20; Lc. 8.11-15)
18 Oíd,
pues, vosotros la parábola del sembrador: 19 Cuando alguno oye la palabra del
reino y no la entiende, viene el malo, y arrebata lo que fue sembrado en su
corazón. Este es el que fue sembrado junto al camino. 20 Y el que fue sembrado
en pedregales, éste es el que oye la palabra, y al momento la recibe con gozo;
21 pero no tiene raíz en sí, sino que es de corta duración, pues al venir la
aflicción o la persecución por causa de la palabra, luego tropieza. 22 El que
fue sembrado entre espinos, éste es el que oye la palabra, pero el afán de este
siglo y el engaño de las riquezas ahogan la palabra, y se hace infructuosa. 23
Mas el que fue sembrado en buena tierra, éste es el que oye y entiende la
palabra, y da fruto; y produce a ciento, a sesenta, y a treinta por uno.
Parábola del
trigo y la cizaña
24 Les
refirió otra parábola, diciendo: El reino de los cielos es semejante a un
hombre que sembró buena semilla en su campo; 25 pero mientras dormían los
hombres, vino su enemigo y sembró cizaña entre el trigo, y se fue. 26 Y cuando
salió la hierba y dio fruto, entonces apareció también la cizaña. 27 Vinieron
entonces los siervos del padre de familia y le dijeron: Señor, ¿no sembraste
buena semilla en tu campo? ¿De dónde, pues, tiene cizaña? 28 El les dijo: Un
enemigo ha hecho esto. Y los siervos le dijeron: ¿Quieres, pues, que vayamos y
la arranquemos? 29 El les dijo: No, no sea que al arrancar la cizaña, arranquéis
también con ella el trigo. 30 Dejad crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la
siega; y al tiempo de la siega yo diré a los segadores: Recoged primero la
cizaña, y atadla en manojos para quemarla; pero recoged el trigo en mi granero.
Parábola de
la semilla de mostaza
(Mr.
4.30-32; Lc. 13.18-19)
31 Otra
parábola les refirió, diciendo: El reino de los cielos es semejante al grano de
mostaza, que un hombre tomó y sembró en su campo; 32 el cual a la verdad es la más
pequeña de todas las semillas; pero cuando ha crecido, es la mayor de las
hortalizas, y se hace árbol, de tal manera que vienen las aves del cielo y
hacen nidos en sus ramas.
Parábola de
la levadura
(Lc.
13.20-21)
33 Otra
parábola les dijo: El reino de los cielos es semejante a la levadura que tomó
una mujer, y escondió en tres medidas de harina, hasta que todo fue leudado.
El uso que
Jesús hace de las parábolas
(Mr.
4.33-34)
34 Todo esto
habló Jesús por parábolas a la gente, y sin parábolas no les hablaba; 35 para
que se cumpliese lo dicho por el profeta, cuando dijo: Abriré en parábolas mi
boca; Declararé cosas escondidas desde la fundación del mundo.
Jesús
explica la parábola de la cizaña
36 Entonces,
despedida la gente, entró Jesús en la casa; y acercándose a él sus discípulos,
le dijeron: Explícanos la parábola de la cizaña del campo. 37 Respondiendo él,
les dijo: El que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre. 38 El campo es
el mundo; la buena semilla son los hijos del reino, y la cizaña son los hijos
del malo. 39 El enemigo que la sembró es el diablo; la siega es el fin del
siglo; y los segadores son los ángeles. 40 De manera que como se arranca la
cizaña, y se quema en el fuego, así será en el fin de este siglo. 41 Enviará el
Hijo del Hombre a sus ángeles, y recogerán de su reino a todos los que sirven
de tropiezo, y a los que hacen iniquidad, 42 y los echarán en el horno de
fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes. 43 Entonces los justos
resplandecerán como el sol en el reino de su Padre. El que tiene oídos para
oír, oiga.
El tesoro
escondido
44 Además,
el reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo, el cual
un hombre halla, y lo esconde de nuevo; y gozoso por ello va y vende todo lo
que tiene, y compra aquel campo.
La perla de
gran precio
45 También
el reino de los cielos es semejante a un mercader que busca buenas perlas, 46
que habiendo hallado una perla preciosa, fue y vendió todo lo que tenía, y la
compró.
La red
47 Asimismo
el reino de los cielos es semejante a una red, que echada en el mar, recoge de
toda clase de peces; 48 y una vez llena, la sacan a la orilla; y sentados,
recogen lo bueno en cestas, y lo malo echan fuera. 49 Así será al fin del
siglo: saldrán los ángeles, y apartarán a los malos de entre los justos, 50 y
los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes.
Tesoros
nuevos y viejos
51 Jesús les
dijo: ¿Habéis entendido todas estas cosas? Ellos respondieron: Sí, Señor. 52 El
les dijo: Por eso todo escriba docto en el reino de los cielos es semejante a
un padre de familia, que saca de su tesoro cosas nuevas y cosas viejas.
Jesús en Nazaret
(Mr. 6.1-6; Lc. 4.16-30)
53 Aconteció
que cuando Terminó Jesús estas parábolas, se fue de allí. 54 Y venido a su
tierra, les enseñaba en la sinagoga de ellos, de tal manera que se
maravillaban, y decían: ¿De dónde tiene éste esta sabiduría y estos milagros?
55 ¿No es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María, y sus
hermanos, Jacobo, José, Simón y Judas? 56 ¿No están todas sus hermanas con
nosotros? ¿De dónde, pues, tiene éste todas estas cosas? 57 Y se escandalizaban
de él. Pero Jesús les dijo: No hay profeta sin honra, sino en su propia tierra
y en su casa. 58 Y no hizo allí muchos milagros, a causa de la incredulidad de
ellos.
Muerte
de Juan el Bautista
(Mr. 6.14-29; Lc. 9.7-9)
MATEO 14
1 En aquel
tiempo Herodes el tetrarca oyó la fama de Jesús, 2 y dijo a sus criados: Este
es Juan el Bautista; ha resucitado de los muertos, y por eso actúan en él estos
poderes. 3 Porque Herodes había prendido a Juan, y le había encadenado y metido
en la cárcel, por causa de Herodías, mujer de Felipe su hermano; 4 porque Juan
le decía: No te es lícito tenerla. 5 Y Herodes quería matarle, pero temía al pueblo;
porque tenían a Juan por profeta. 6 Pero cuando se celebraba el cumpleaños de
Herodes, la hija de Herodías danzó en medio, y agradó a Herodes, 7 por lo cual
éste le prometió con juramento darle todo lo que pidiese. 8 Ella, instruida
primero por su madre, dijo: Dame aquí en un plato la cabeza de Juan el
Bautista. 9 Entonces el rey se entristeció; pero a causa del juramento, y de
los que estaban con él a la mesa, mandó que se la diesen, 10 y ordenó decapitar
a Juan en la cárcel. 11 Y fue traída su cabeza en un plato, y dada a la
muchacha; y ella la presentó a su madre. 12 Entonces llegaron sus discípulos, y
tomaron el cuerpo y lo enterraron; y fueron y dieron las nuevas a Jesús.
Alimentación
de los cinco mil
(Mr. 6.30-44; Lc. 9.10-17; Jn. 6.1-14)
13 Oyéndolo
Jesús, se apartó de allí en una barca a un lugar desierto y apartado; y cuando
la gente lo oyó, le siguió a pie desde las ciudades. 14 Y saliendo Jesús, vio
una gran multitud, y tuvo compasión de ellos, y sanó a los que de ellos estaban
enfermos. 15 Cuando anochecía, se acercaron a él sus discípulos, diciendo: El
lugar es desierto, y la hora ya pasada; despide a la multitud, para que vayan
por las aldeas y compren de comer. 16 Jesús les dijo: No tienen necesidad de
irse; dadles vosotros de comer. 17 Y ellos dijeron: No tenemos aquí sino cinco
panes y dos peces. 18 El les dijo: Traédmelos acá. 19 Entonces mandó a la gente
recostarse sobre la hierba; y tomando los cinco panes y los dos peces, y
levantando los ojos al cielo, bendijo, y partió y dio los panes a los
discípulos, y los discípulos a la multitud. 20 Y comieron todos, y se saciaron;
y recogieron lo que sobró de los pedazos, doce cestas llenas. 21 Y los que
comieron fueron como cinco mil hombres, sin contar las mujeres y los niños.
Jesús anda sobre
el mar
(Mr.
6.45-52; Jn. 6.15-21)
22 En
seguida Jesús hizo a sus discípulos entrar en la barca e ir delante de él a la
otra ribera, entre tanto que él despedía a la multitud. 23 Despedida la
multitud, subió al monte a orar aparte; y cuando llegó la noche, estaba allí
solo. 24 Y ya la barca estaba en medio del mar, azotada por las olas; porque el
viento era contrario. 25 Mas a la cuarta vigilia de la noche, Jesús vino a
ellos andando sobre el mar. 26 Y los discípulos, viéndole andar sobre el mar, se
turbaron, diciendo: ¡Un fantasma! Y dieron voces de miedo. 27 Pero en seguida
Jesús les habló, diciendo: ¡Tened ánimo; yo soy, no temáis! 28 Entonces le
respondió Pedro, y dijo: Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las
aguas. 29 Y él dijo: Ven. Y descendiendo Pedro de la barca, andaba sobre las
aguas para ir a Jesús. 30 Pero al ver el fuerte viento, tuvo miedo; y
comenzando a hundirse, dio voces, diciendo: ¡Señor, sálvame! 31 Al momento
Jesús, extendiendo la mano, asió de él, y le dijo: ¡Hombre de poca fe! ¿Por qué
dudaste? 32 Y cuando ellos subieron en la barca, se calmó el viento. 33
Entonces los que estaban en la barca vinieron y le adoraron, diciendo:
Verdaderamente eres Hijo de Dios.
Jesús sana a
los enfermos en Genesaret
(Mr.
6.53-56)
34 Y
terminada la travesía, vinieron a tierra de Genesaret. 35 Cuando le conocieron
los hombres de aquel lugar, enviaron noticia por toda aquella tierra alrededor,
y trajeron a él todos los enfermos; 36 y le rogaban que les dejase tocar
solamente el borde de su manto; y todos los que lo tocaron, quedaron sanos.
Lo
que contamina al hombre
(Mr. 7.1-23)
MATEO 15
1 Entonces
se acercaron a Jesús ciertos escribas y fariseos de Jerusalén, diciendo: 2 ¿Por
qué tus discípulos quebrantan la tradición de los ancianos? Porque no se lavan
las manos cuando comen pan. 3 Respondiendo él, les dijo: ¿Por qué también
vosotros quebrantáis el mandamiento de Dios por vuestra tradición? 4 Porque
Dios mandó diciendo: Honra a tu padre y a tu madre; y: El que maldiga al padre
o a la madre, muera irremisiblemente. 5 Pero vosotros decís: Cualquiera que
diga a su padre o a su madre: Es mi ofrenda a Dios todo aquello con que pudiera
ayudarte, 6 ya no ha de honrar a su padre o a su madre. Así habéis invalidado
el mandamiento de Dios por vuestra tradición. 7 Hipócritas, bien profetizó de
vosotros Isaías, cuando dijo: 8 Este pueblo de labios me honra; Mas su corazón
está lejos de mí. 9 Pues en vano me honran, Enseñando como doctrinas,
mandamientos de hombres. 10 Y llamando a sí a la multitud, les dijo: Oíd, y
entended: 11 No lo que entra en la boca contamina al hombre; mas lo que sale de
la boca, esto contamina al hombre. 12 Entonces acercándose sus discípulos, le
dijeron: ¿Sabes que los fariseos se ofendieron cuando oyeron esta palabra? 13 Pero
respondiendo él, dijo: Toda planta que no plantó mi Padre celestial, será
desarraigada. 14 Dejadlos; son ciegos guías de ciegos; y si el ciego guiare al
ciego, ambos caerán en el hoyo. 15 Respondiendo Pedro, le dijo: Explícanos esta
parábola. 16 Jesús dijo: ¿También vosotros sois aún sin entendimiento? 17 ¿No
entendéis que todo lo que entra en la boca va al vientre, y es echado en la
letrina? 18 Pero lo que sale de la boca, del corazón sale; y esto contamina al
hombre. 19 Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los
adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las
blasfemias. 20 Estas cosas son las que contaminan al hombre; pero el comer con
las manos sin lavar no contamina al hombre.
La fe de la
mujer cananea
(Mr.
7.24-30)
21 Saliendo
Jesús de allí, se fue a la región de Tiro y de Sidón. 22 Y he aquí una mujer
cananea que había salido de aquella región clamaba, diciéndole: ¡Señor, Hijo de
David, ten misericordia de mí! Mi hija es gravemente atormentada por un
demonio. 23 Pero Jesús no le respondió palabra. Entonces acercándose sus
discípulos, le rogaron, diciendo: Despídela, pues da voces tras nosotros. 24 El
respondiendo, dijo: No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de
Israel. 25 Entonces ella vino y se postró ante él, diciendo: ¡Señor, socórreme!
26 Respondiendo él, dijo: No está bien tomar el pan de los hijos, y echarlo a
los perrillos. 27 Y ella dijo: Sí, Señor; pero aun los perrillos comen de las
migajas que caen de la mesa de sus amos. 28 Entonces respondiendo Jesús, dijo:
Oh mujer, grande es tu fe; hágase contigo como quieres. Y su hija fue sanada
desde aquella hora.
Jesús sana a
muchos
29 Pasó
Jesús de allí y vino junto al mar de Galilea; y subiendo al monte, se sentó
allí. 30 Y se le acercó mucha gente que traía consigo a cojos, ciegos, mudos,
mancos, y otros muchos enfermos; y los pusieron a los pies de Jesús, y los
sanó; 31 de manera que la multitud se maravillaba, viendo a los mudos hablar, a
los mancos sanados, a los cojos andar, y a los ciegos ver; y glorificaban al
Dios de Israel.
Alimentación
de los cuatro mil
(Mr. 8.1-10)
32 Y Jesús,
llamando a sus discípulos, dijo: Tengo compasión de la gente, porque ya hace tres
días que están conmigo, y no tienen qué comer; y enviarlos en ayunas no quiero,
no sea que desmayen en el camino. 33 Entonces sus discípulos le dijeron: ¿De
dónde tenemos nosotros tantos panes en el desierto, para saciar a una multitud
tan grande? 34 Jesús les dijo: ¿Cuántos panes tenéis? Y ellos dijeron: Siete, y
unos pocos pececillos. 35 Y mandó a la multitud que se recostase en tierra. 36
Y tomando los siete panes y los peces, dio gracias, los partió y dio a sus
discípulos, y los discípulos a la multitud. 37 Y comieron todos, y se saciaron;
y recogieron lo que sobró de los pedazos, siete canastas llenas. 38 Y eran los
que habían comido, cuatro mil hombres, sin contar las mujeres y los niños. 39
Entonces, despedida la gente, entró en la barca, y vino a la región de Magdala.
La
demanda de una señal
(Mr. 8.11-13; Lc. 12.54-56)
MATEO 16
1 Vinieron
los fariseos y los saduceos para tentarle, y le pidieron que les mostrase señal
del cielo. 2 Mas él respondiendo, les dijo: Cuando anochece, decís: Buen tiempo;
porque el cielo tiene arreboles. 3 Y por la mañana: Hoy habrá tempestad; porque
tiene arreboles el cielo nublado. ¡Hipócritas! que sabéis distinguir el aspecto
del cielo, ¡mas las señales de los tiempos no podéis! 4 La generación mala y
adúltera demanda señal; pero señal no le será dada, sino la señal del profeta
Jonás. Y dejándolos, se fue.
La levadura
de los fariseos
(Mr.
8.14-21)
5 Llegando sus discípulos al otro lado, se habían olvidado de traer pan. 6 Y Jesús les dijo: Mirad, guardaos de la levadura de los fariseos y de los saduceos. 7 Ellos pensaban dentro de sí, diciendo: Esto dice porque no trajimos pan. 8 Y entendiéndolo Jesús, les dijo: ¿Por qué pensáis dentro de vosotros, hombres de poca fe, que no tenéis pan? 9 ¿No entendéis aún, ni os acordáis de los cinco panes entre cinco mil hombres, y cuántas cestas recogisteis? 10 ¿Ni de los siete panes entre cuatro mil, y cuántas canastas recogisteis? 11 ¿Cómo es que no entendéis que no fue por el pan que os dije que os guardaseis de la levadura de los fariseos y de los saduceos? 12 Entonces entendieron que no les había dicho que se guardasen de la levadura del pan, sino de la doctrina de los far