¡Globalización de la codicia!
Muchas profecías bíblicas describen hechos específicos que surgirán en el
escenario mundial al aproximarse el fin de esta era, el período inmediatamente
anterior al regreso de Jesucristo a la Tierra para establecer el Reino de Dios.
Jesús advirtió a sus discípulos que estuvieran atentos a estos sucesos a fin de
reconocer cuándo sería inminente su regreso (Mateo 24:32–44). Aunque muchos
sean renuentes a creerlo, la verdad es que las antiguas profecías bíblicas
están cobrando vida hoy, ¡frente a nuestros ojos!
Predicciones muy importantes
El
apóstol Pablo enumeró las señales específicas que indicarán el fin de
Los diez mandamientos condenan
la codicia (Éxodo 20:17). Salomón advirtió que el malo “es dado a la
codicia" (Proverbios 1:10–19). Por su parte, Jesús reprochó a los
dirigentes religiosos por ser dados a la hipocresía, la extorsión y la codicia
desenfrenada (Mateo 23:25). También los profetas criticaron duramente la
adquisición egoísta de bienes materiales: "¡Ay de los que… maquinan el mal… Codician las heredades, y las roban; y casas, y las toman… He aquí, yo pienso contra esta familia un mal" (Miqueas 2:1–3). El profeta Amós pronunció contra los israelitas
una profecía que se aplica hoy como se aplicaba entonces: que a causa de la
codicia rampante, el materialismo impío y la explotación de los menos
afortunados, "heriré la casa de invierno con la casa de verano, y las casas de marfil
perecerán; y muchas casas serán arruinadas" (Amós 2:6–7; 3:1, 14–15). Amós amonestó así a los jefes de
Israel, que vivían en la opulencia mientras sus conciudadanos poseían mucho
menos: "He aquí, vienen sobre vosotras días en que os llevarán con ganchos… Israel será llevado de su tierra en cautiverio… e Israel
será llevado cautivo lejos de su tierra" (Amos 4:1–3; 5:27; 6:7; 7:11, 17). La Biblia revela que Dios ha
tratado con severidad a los impíos y los codiciosos en el pasado ¡y que en el
futuro también lo hará!
Dilemas de la actualidad
A la
luz de estas profecías, no podemos menos de contemplar con seriedad las
tendencias sociales de hoy en los Estados Unidos, Inglaterra y otras naciones
cuyos habitantes son descendientes de
La cultura estadounidense se
ha difundido por todo el planeta. La música, el cine y la televisión promueven
sin cesar sus productos de consumo y la filosofía de que el consumo
interminable trae felicidad; y han generado una cultura juvenil obsesionada por
el dinero, sometida gustosamente al bombardeo audiovisual y empeñada en satisfacerse
a sí misma" (¿Por qué se odia a
los Estados Unidos? “Why Do People
Hate America?” Sadar y Davies, p. 125). En opinión de algunos,
esta "proyección mundial de la influencia norteamericana… la Macdonalización de la sociedad… es como un
virus; un virus particularmente
patológico… que se reproduce en el resto del mundo… infectando el cuerpo
cultural de otras naciones" (op. cit.,
pp. 117–118). La globalización del consumo egocéntrico emanado de los Estados Unidos y otros países
prósperos está generando gran animosidad mundial a medida que socava y destruye
los valores y las culturas tradicionales.
El analista e historiador de
la cultura humana Morris Berman describe otra tendencia inquietante: la creciente desigualdad social, por la
cual los ricos siguen enriqueciéndose mientras que los pobres empobrecen más.
Berman señala que en los últimos decenios hemos visto una redistribución sin
precedentes de los ingresos hacia los ricos. En materia de disparidad de la
riqueza, los Estados Unidos “están a la cabeza de las principales naciones
industriales" (The Twilight of American Culture, “El ocaso de la cultura estadounidense”, p. 21). Hay ejecutivos
con sueldos 400 veces mayores que los salarios de sus empleados. Instituciones
financieras que antes fueron respetables ahora tienen políticas de persecución
y compras forzosas y se apoderan hostilmente de otras empresas, alzándose con
enormes honorarios. Al hacerlo, sus ejecutivos embolsan millones de dólares…
mientras miles de trabajadores pierden su empleo y su fuente de ingresos (House
of Morgan, Chernow, pp. 690–709). Muchos monarcas, dictadores y dirigentes
políticos de países en desarrollo se zambullen en el lujo mientras sus
compatriotas luchan sumidos en
Muchos historiadores señalan
que estas mismas tendencias sociales y económicas aparecieron durante el
desmoronamiento del Imperio Romano y en el ocaso de otros estados poderosos.
Los escritores de la antigüedad aseveraron que "la codicia y la falta de
moderación… la preocupación con el lujo" acompañadas de la degeneración
moral contribuyeron a la decadencia y ruina del poderoso Imperio Romano (Black,
p. 160). Los historiadores Will y Ariel Durant vieron un patrón repetitivo en la acumulación y redistribución de
A los economistas les agrada
confiar en la “mano invisible” postulada por el economista del siglo 18 Adam
Smith. Se piensa que la razón controlará los mercados mundiales. Los
historiadores ven la acumulación desigual de la riqueza con la esperanza de que
se produzca una redistribución pacífica cuando las fuerzas sociales impongan un
cambio. Sin embargo, la Biblia revela que la situación actual tendrá un
desenlace muy distinto. La profecía bíblica revela que Dios permitirá que
nuestras sociedades egoístas, materialistas y obsesionadas por el consumo
cosechen las consecuencias lamentables de lo que han sembrado (Jeremías
2:17–19). Luego, vendrá Jesucristo e intervendrá con “mano fuerte” (Salmo
136:12; Apocalipsis 11:17) para restablecer la justicia económica y poner fin
al egoísmo y
—Douglas S. Winnail