La Unión Europea: ¿Cambios a la vista?
Por Douglas S. Winnail
¿Qué sucederá en Europa durante este siglo 21? Los
cambios en Europa, ¿qué repercusiones tendrán sobre nuestro mundo? ¡El futuro
está revelado en las profecías bíblicas!
En
marzo de 2007, la
Unión Europea celebró sus 50 años y pasó revista a sus logros.
Desde que se firmó el Tratado de Roma en 1957, Europa ha puesto fin a las
divisiones de la
Guerra Fría, abrió las fronteras, estableció un mercado
común, impuso una moneda única, creó un Banco Europeo y un Tribunal Europeo,
aumentó la prosperidad de sus ciudadanos y disfrutó casi cinco decenios de paz.
Hoy se considera “impensable” una guerra dentro de las fronteras de la Unión Europea,
el mercado interno más grande del mundo y una importante fuente de ayuda
económica para muchos países. Considerando estos logros, hay quienes ven la Unión Europea
como una poderosa fuerza del bien y un ejemplo que transformará
al mundo en un "nuevo siglo europeo". Otros, como el ex canciller
alemán Helmut Kohl, piensan que el siglo 21 "pertenece a los
alemanes". Otros, como ciertos estrategas estadounidenses, ven la
influencia de los Estados Unidos prolongarse bien entrado el siglo 21. No falta
quienes prevén que China y la India cumplirán un papel mayor en el escenario
mundial a medida que avanza este siglo.
Pero ¿qué tiene reservado realmente el siglo 21 para Europa y los países que tienen que ver
con aquel histórico continente? ¿Será la Unión Europea
el factor clave que dará comienzo a una nueva era de "paz, prosperidad y
democracia"? El conocido modelo
social liberal de Europa, con su sociedad secular y su inclinación a generar
resmas de reglamentos legales ¿formará la base para un mundo nuevo del futuro?
O bien ¿traerán los próximos años una gran
transformación del experimento europeo, el cual sorprenderá aun a los
planificadores burocráticos más reservados y reticentes de Bruselas? Los
forjadores de la
Unión Europea se resisten a publicar planes y afirman que
"Europa es un viaje sin destino final", pero las profecías bíblicas
indicaron hace mucho tiempo lo que ocurrirá con Europa al acercarnos a aquello
que las Escrituras llaman "el fin del siglo" o “fin del mundo” (Mateo
24:3, Dios Habla Hoy). Es muy
importante que usted entienda los acontecimientos cruciales que están a punto
de transformar radicalmente a Europa ¡y
al mundo en que vivimos!
Una unión frágil
Durante los
últimos cincuenta años, los arquitectos de la Unión Europea
han intentado cementar a las naciones diversas de Europa con una serie de tratados
e incontables reglamentos diseñados para producir "una unión más profunda
y cada vez más estrecha". Pero la Unión Europea es un proyecto de las elites políticas, que no ha captado el corazón ni la
imaginación de los ciudadanos corrientes de esa región. En los 27 países de la Unión Europea,
casi la mitad de los habitantes sienten algún rechazo por el proyecto (Noticiero
BBC, marzo 25 de 2007), incluido el pueblo de Alemania. Pocos ciudadanos se
toman siquiera el trabajo de votar en las elecciones para el Parlamento
Europeo. En 2005, los ciudadanos de Francia y de Holanda, dos miembros
fundadores, expresaron su rechazo rotundo a la Constitución Europea
propuesta. Mientras las elites de la Unión Europea se proponen facultar a Europa para
hablar con una sola voz, a fin de que cumpla un papel mayor en el escenario
mundial, las conferencias europeas en la cumbre suelen caracterizarse por
confrontaciones personales entre los dirigentes políticos nacionales y por la
celosa defensa de los diversos interesas nacionales, no obstante la retórica
abundante sobre soberanía “compartida”. Como para resaltar las divisiones
internas dentro de la
Unión Europea, el Parlamento Europeo, que se ha comparado con
una moderna "torre de Babel", pagará casi mil millones de euros al año
por concepto de servicios de traducción porque cada una de sus 27 naciones
miembros insiste en el reconocimiento oficial de su idioma. La empresa Airbus,
principal fabricante europea de aviones, es otro ejemplo de los escollos y
dificultades para llegar a una soberanía “compartida”. Airbus, formada para
desafiar al gigante estadounidense Boeing, y antes aclamado como el modelo
ideal de la
cooperación Europea, se ha visto en aprietos debido a la rivalidad destructiva entre los grupos administrativos francés y alemán y
a la inestabilidad de su estructura pública-privada.
Hace muchos
años, Dios le dio al profeta Daniel una visión del futuro. Daniel anunció el
surgimiento, al final de la era, de una potencia europea con nexos históricos
con el Imperio Romano. Dicha entidad política de los últimos tiempos está
representada por los pies de una enorme imagen, pies hechos de una mezcla de hierro y barro que será “en parte fuerte
y en parte frágil… no se unirán el uno con el otro" (Daniel 2:40–43). Esto
es precisamente lo que vemos formarse en Europa hoy: una unión de naciones con
la posibilidad de ser poderosa, pero a la vez frágil. Un grupo de países que
intentan "compartir" la soberanía pero son renuentes a renunciar a
cualquier ventaja nacional. Las profecías bíblicas indican que este arreglo
será de corta vida y que se acabará
cuando regrese Jesucristo. No va, pues, a dominar el siglo 21 (Daniel 2:44–45).
Tras puertas cerradas, ¡sorpresas!
Desde los
inicios de la Unión
Europea, sus arquitectos han obrado bajo un manto de secreto.
Se efectúan reuniones y se toman decisiones generalmente a puerta cerrada y por
parte de funcionarios no elegidos. Esta falta de transparencia ha tenido el
efecto de enajenar a buena parte de las poblaciones nacionales. Cuando se pide
a los votantes que expresen su parecer sobre un tema y éstos desaprueban alguna
decisión que la
Unión Europea desea ver aprobada (por ejemplo, la Constitución Europea),
se les ha pedido que voten de nuevo…
¡hasta que den la respuesta deseada! Ello le resta sentido al voto, a menos que
este produzca los resultados previstos. También da a entender al europeo
corriente que sus opiniones no tienen importancia, pues los dirigentes
políticos acabarán por hacer su propia voluntad. Hoy se calcula que entre 50 y
80 por ciento de las leyes promulgadas por los parlamentos nacionales se
originan en Bruselas mientras que los parlamentos nacionales se limitan a dar
su aval a la legislación generada por burócratas europeos. Este proceso
promueve la apatía, desanimando a la gente de Europa de manifestar un interés
activo por los asuntos de la Unión Europea. Mientras los líderes políticos
europeos hablan de democracia, el verdadero
poder en la
Unión Europea no reside en el pueblo sino en los burócratas
de Bruselas, no elegidos, y en el Tribunal Europeo, cuyos miembros tampoco son
elegidos. Incluso los intentos recientes por revivir la Constitución Europea
se han realizado en conversaciones privadas entre la canciller Angela Merkel
y delegaciones nacionales individuales, y no en debates abiertos donde se
pudiera tratar abiertamente este tema tan importante, que afecta la vida de
todos los europeos.
Lo que han
creado los arquitectos de Europa es una estructura gubernamental y
administrativa que hace planes y toma decisiones a puerta cerrada, por obra de
funcionarios no elegidos que no rinden cuenta a los pueblos de los que
supuestamente son servidores. Tal sistema encierra
la posibilidad de que se desvíe hacia otros fines, siguiendo un rumbo distinto del que muchos pensaron.
Las profecías bíblicas describen este sistema político de los tiempos del fin
como un animal (una bestia—Daniel 7:7; Apocalipsis 13:1–10), que tomará por
sorpresa al mundo cuando reviva en su forma final (Apocalipsis 13:3).
Las Escrituras
indican que esta criatura política surgirá en Europa como un esfuerzo de
tolerancia y promoción de la paz, pero acabará por transformarse en una bestia militarista intolerante, que perseguirá
a los cristianos creyentes en la Biblia (Daniel 11:36–39; Apocalipsis
13:14–15). Esto es lo que la profecía bíblica señala ¡como el futuro de Europa!
El surgimiento de Alemania
La Comunidad
Europea fue concebida originalmente
por planificadores franceses como una manera de ligar a Alemania con Europa e
impedir que volviera jamás a dominar al continente. No obstante, los últimos
decenios han visto el surgimiento de una Alemania nueva, unida, próspera y más
dispuesta a imponerse… una Alemania que no se conforma con cumplir un papel
secundario en Europa. La Unión Europea ha sido el camino a la rehabilitación de Alemania tras las catástrofes y
las derrotas de dos guerras mundiales. La economía alemana es ahora la segunda
más poderosa de Europa. La canciller Angela Merkel ocupó el cargo de
Presidente del Consejo de la Unión Europea durante los primeros seis meses de
2007 y actualmente es Presidente de los G-8 (principales naciones
industrializadas) para todo 2007. De ella se ha dicho que es la mujer más
poderosa del mundo (junto con la secretaria de estado de los Estados Unidos,
Condoleezza Rice), y la prensa alemana la ha presentado como la “reina de
Europa" por su habilidad diplomática.
Esta Alemania
resurgida ha pedido que se forme un ejército europeo con un centro de mando
unificado, se dice que para defensa contra el terrorismo y mantenimiento de la
paz en el exterior, y ha mencionado la posibilidad de que Alemania desarrolle
sus propias armas nucleares, también con fines defensivos. Actualmente, el
ejército alemán está en proceso de amplia reestructuración a fin de poder
convertirse en una fuerza de reacción rápida capaz de desplegarse a cualquier
parte del mundo. Mientras la UE procura formar un guardacostas europeo capaz de
detener y registrar barcos (lo que algunos temen como la entrada de una armada
europea "por la puerta de atrás"), Alemania, Italia y Grecia han
hecho pedidos de submarinos nuevos y modernísimos. En años recientes, Alemania
ha comenzado a despachar tropas para prestar servicio en misiones en
Afganistán, el Medio Oriente y África, situaciones que les dan experiencia en
el combate real.
Dentro de la
Eurozona, Alemania ha logrado un lugar preeminente. La moneda única de Europa
(el euro) tuvo como modelo el marco alemán. El Banco Central Europeo se ubicó
en Frankfurt, Alemania. Hace poco, cierta firma financiera alemana intentó
apoderarse de la Bolsa de Valores de Londres. Alemania es el mayor
contribuyente económico al proyecto satelital europeo Galileo (que competirá
con el sistema norteamericano GPS), y por otra parte, los alemanes han logrado
que el principal centro de control del sistema satelital se ubique cerca de
Munich, Alemania. Alemania también ha anunciado planes para una misión a la
Luna con el fin de explorar sus recursos minerales—"sin la ayuda de sus
vecinos europeos".
El surgimiento de
Alemania como la principal potencia en Europa coincide con las profecías
bíblicas sobre el tiempo del fin. Las Escrituras indican que los asirios, o sea
la nación alemana moderna (para más sobre este tema, pida una reimpresión de
nuestro artículo gratuito: ¿Un Cuarto
Reich?) cumplirán un papel importante al final de la era. Serán un
instrumento en manos de Dios (Isaías 10:5–14), con el cual Él corregirá a aquellos
pueblos que han incumplido el papel asignado por Él en el sentido de ser luces para
el mundo (Deuteronomio 4:1–10; para más sobre este tema, pida un ejemplar de
nuestra publicación gratuita Estados
Unidos y Gran Bretaña en profecía). La Alemania moderna ciertamente comienza
a ocupar esta posición profetizada hace mucho tiempo como instrumento en la
mano de Dios.
Raíces religiosas
El comentario
quizá más inquietante en boca de un alemán en años recientes fue la declaración
del ministro de cultura Bernd Neumann de que "El Reich alemán medieval,
que abarcaba toda Europa [o sea el Sacro Imperio Romano Germánico en la Edad Media] es un modelo válido para la unión de los
países de Europea hoy… [y] un modelo válido del
funcionamiento de un superestado”. El Sacro Imperio Romano Germánico fue un
fenómeno multinacional y multiétnico que dominó a Europa central (grandes extensiones
de Alemania, Austria, Italia, Francia, Suiza, Holanda y la República Checa)
por más de 800 años. El Sacro Imperio Romano se mantuvo unido por la influencia combinada de iglesia y estado.
Lo encabezaba un emperador que era coronado por el Papa en Roma. Queda por
verse qué tipo de relación se establecerá entre el papa Benedicto XVI, el
primer Papa alemán en más de mil años, y Angela Merkel, que ha sido
caracterizada como la "reina de Europa". Los dos se conocen y coinciden en pensar que la religión debe cumplir un papel más
destacado en la unificación de Europa.
Desde hace
decenios, los papas en Roma han promovido la construcción de una Europa unida.
Han ofrecido los servicios de la Iglesia Romana para ayudar a acercar a los
pueblos y naciones diversas. El Papa Benedicto y sus antecesores también han
hablado de la necesidad de "reevangelizar" a la Europa secular de
hoy. Incluso, fue el Papa Juan Pablo II, hablando en Santiago de Compostela, lugar
donde comenzó la reconquista de España, entonces en manos de los musulmanes, quien
instó a los europeos "a descubrir sus raíces [religiosas]". Esta
llamada a volver a las raíces católicas de Europa ha sido un tema reiterado en
los discursos papales de los últimos decenios. Angela Merkel también ha abogado
(junto con líderes de Polonia, Espala, Italia y Austria, todos ellos países de
gran preponderancia católica) por incluir una referencia clara a la herencia
católico romana de Europea en la Constitución Europea.
Las profecías
bíblicas indican claramente que al acercarse el fin de la era, Europa verá
renacer un sistema político que tiene nexos históricos con el antiguo Imperio
Romano (Apocalipsis 17:10). Muchos líderes que participan en la construcción de
una Europa unificada han reconocido abiertamente que pretenden recrear la
unidad del Imperio Romano. Las Escrituras también indican que tal sistema político ha de
reanudar sus vínculos históricos con la Iglesia Católica
Romana y que un personaje religioso influyente cumplirá un
papel central en dicho proceso (Apocalipsis 17:1–7). Según la profecía, este
personaje religioso se valdrá de poderes sobrenaturales para convencer al
pueblo a que siga a esta “bestia” política europea (Apocalipsis 13:11–15; 2
Tesalonicenses 2:1–12). Ciertos fenómenos, como estatuas que sangran o visiones
de la Virgen María aparecidas en las laderas de montañas o en
edificios, podrían ser un anticipo de
los tipos de “milagros” que vendrán.
La actual
Unión Europea se compone de 27
naciones. Sin embargo, si las naciones europeas no logran ponerse de acuerdo
sobre las reformas incluidas en la Constitución, es posible que la Unión no
logre funcionar de un modo eficaz. Los franceses ya manifiestan dificultad para
ajustarse al papel cada vez más dominante de Alemania. La expansión de la Unión
hacia Europa Oriental (región de tradicional influencia alemana) socavó todavía
más la capacidad de Francia de determinar el rumbo futuro de la UE. Cuando Angela
Merkel se vio ante la renuencia francesa a apoyar una postura de la UE, indicó
que Alemania tenía otros amigos en
Europa con quienes podía trabajar: los italianos. Es muy notable el hecho de que
el líder italiano Romano Prodi haya indicado que si Gran Bretaña se muestra
renuente a seguir adelante con planes para más integración europea, los
británicos bien podrían quedarse a la
zaga.
Una idea que
vuelve a resurgir cada vez que las naciones de la UE tienen dificultad para
obrar en concierto, es que un "núcleo" de naciones debe adelantarse a
las demás en busca de una integración más profunda. El Tratado de Mastricht
tiene una disposición según la cual un
grupo de ocho o más naciones podrían colaborar en ámbitos específicos
adelantándose a las demás. Si zozobran los intentos de 27 países por obrar en
concierto, acabará por surgir un grupo así, encabezado, muy probablemente, por
Alemania. Esto es precisamente lo que indicó desde hace mucho tiempo la
profecía bíblica. El apóstol Juan escribió que "diez reyes [naciones o dirigentes nacionales]… entregarán su poder
y su autoridad [entregarán o compartirán su soberanía] a la bestia"
(Apocalipsis 17:12–13). El profeta Daniel, describiendo este mismo sistema político
que surgirá en el tiempo del fin, lo compara con los dos pies de una gran
imagen, pies cuyos diez dedos serían
diez reyes (Daniel 2:40–45). Estas profecías indican claramente que el sistema
político renacido en Europa en los tiempos del fin, y con nexos históricos con
el Imperio Romano, tendrá un núcleo de
diez naciones. En Europa ¡se está preparando el escenario para el
cumplimiento de estas profecías, que por tanto tiempo fueron tema de simples
conjeturas!
Los próximos
meses estarán repletos de acontecimientos de vital importancia. Fuerzas
poderosas están obrando tras bastidores para influir en el curso de los hechos
en Europa. Lo que no comprenden la mayoría de las personas hoy, ni siquiera los
reservados planificadores de Bruselas ni los estrategas de largo plazo del
Vaticano, es que Dios ha revelado el
futuro de Europa en las páginas de la Biblia (2 Tesalonicenses 2:9–12). El
Creador ha dado esta revelación para que sus siervos puedan advertir al mundo
de lo que realmente va a suceder (Amós 3:7; 2 Pedro 1:19–21) y para que los que
atiendan las advertencias no sean sorprendidos
ni engañados por el torbellino de sucesos anteriores a la segunda venida de
Jesucristo. Esta es una razón por la cual Cristo nos dice que observemos los acontecimientos mundiales a la luz de la profecía
bíblica (Mateo 24:42–44). La pregunta es: ¿Reconocerá usted el significado de lo que realmente está ocurriendo en Europa
y cómo estos hechos se relacionan con las profecías del tiempo del fin
consignadas en las páginas de la Biblia?
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