¿Qué es “nacer de nuevo?”
Por John H. Ogwyn
Una
suave brisa otoñal entraba por las ventanas abiertas de la pequeña iglesia
rural donde me sentaba de niño. Conforme a la costumbre de innumerables
iglesias protestantes grandes y pequeñas, la nuestra había organizado una
"campaña evangelística". El pastor invitado pronunció un sermón
impactante, como es tradicional en tales ocasiones, y recalcó que debíamos
entregar el corazón al Señor para poder volver a nacer. "¡Hay que nacer de
nuevo!” reiteró una y otra vez durante aquella semana que duró la cruzada.
Los que estábamos presentes esa noche, al igual
que millones de otras personas, veíamos el nuevo nacimiento como una
experiencia emocional que ocurre una sola vez, en el momento en que la persona
"acepta a Cristo". ¿Es esto lo que quiso decir Jesucristo cuando le
dijo a Nicodemo que es necesario “nacer de nuevo” para heredar el Reino de
Dios?
No nos equivoquemos: Es cierto que nacer de nuevo
¡es imprescindible! Sin ello, jamás
veremos el Reino de Dios. Jesucristo así lo dijo en Juan 3:3. Sin embargo,
persiste la pregunta: ¿Qué es, exactamente el nuevo nacimiento al que Jesús se
refería?
Diversas ideas sobre el nuevo nacimiento
Para
millones de personas, influidas por la predicación evangélica protestante, la
expresión "nacer de nuevo" es algo muy parecido a lo que pensaba
aquel predicador en el mitin a cuyo llamado respondí hace más de 40 años. En
cambio, muchos seguidores de otras religiones llamadas cristianas ven el
fenómeno de otra manera. Los que han pertenecido a alguna de las iglesias
“sacramentales” más formales tienen una idea bien distinta de lo que es
"nacer de nuevo”. El Diccionario de la Biblia y la Religión explica
en el artículo "Regeneración" que el rito del bautismo de niños
recién nacidos, practicado no sólo por
Las iglesias que consideran el bautismo de niños
como un sacramento creen que la ceremonia confiere regeneración y que la
persona bautizada entra en el Reino de Dios en ese momento. Los evangélicos
dirían que primero, el individuo debe hacer su profesión de fe personal, después de lo cual sí
"nace de nuevo" y que a partir de ese momento se encuentra en el
reino.
El credo de que es necesario "nacer de
nuevo" no se limita a los que profesan el cristianismo. En el mundo de
hoy, budistas e hinduistas también hablan de un renacer. En un artículo sobre
Las discusiones de índole religiosa suelen
rebasar los límites de la religión y pasar a otros aspectos de
Los que consideran que "nacer de nuevo"
es un sacramento y los que consideran que es una experiencia personal están de
acuerdo en un punto. Unos y otros dan por sentado que el cristiano ya ha
nacido de nuevo en esta vida. Esta
convicción es fundamental en su concepto del plan divino de salvación.
Pero es importante preguntarnos: ¿Acaso tienen razón? ¿Cuándo ocurre en realidad el nuevo nacimiento? La respuesta a esta
pregunta es crucial si hemos de reconocer claramente lo que es la salvación.
El CUÁNDO de la salvación
La
mayoría de las personas, aunque se consideren cristianas, tienen una idea
errada de lo que es
En una palabra, somos salvos de la muerte; ¡de la
muerte eterna! El apóstol Pablo nos dice claramente que "todos pecaron, y están
destituidos de la gloria de Dios" (Romanos 3:23). Y explica: "Porque la paga del
pecado es muerte, mas la dádiva de Dios
es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro" (6:23). El Padre
divino es quien toma la iniciativa de traernos a la salvación. "Dios muestra su amor
para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros" (Romanos
5:8; ver también Juan 6:37, 44). Entonces, ¿podemos decir que la muerte
de Cristo nos salva? La siguiente afirmación es asombrosa: "Pues mucho más, estando
ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de
Notemos que hay un proceso de salvación. Todos hemos pecado. En otras palabras, todos
hemos quebrantado la ley santa y justa de Dios (1 Juan 3:4). Es más: El apóstol
Pablo explica en Colosenses 1:21 que fuimos enajenados de Dios, y nos
convertimos en enemigos suyos en nuestra mente por causa de nuestras malas
acciones. Como resultado, merecemos la muerte eterna. Fue Dios quien tomó la
iniciativa de hacer posible la salvación; Cristo ocupó nuestro lugar y murió en
vez de nosotros. Sin embargo, su sola muerte ¡no nos salva! Lo
que hace es hacer posible nuestra justificación y reconciliación. Significa que
podemos ser inocentes y entrar en armonía con Dios. Si bien la iniciativa fue
de Dios, nosotros debemos responder a
ella. Pedro así lo explicó a quienes oyeron su sermón el Día de Pentecostés:
"Arrepentíos,
y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los
pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo" (Hechos 2:38).
Esta es en realidad sólo la primera etapa. En el
bautismo, asumimos el compromiso de obedecer a Dios y damos comienzo a un
proceso de superación espiritual. En Mateo 24:13, Jesucristo deja en claro que
solamente los que perseveren hasta el fin
serán salvos. La salvación es un proceso que comienza para nosotros
cuando recibimos el Espíritu Santo de Dios, inmediatamente después del bautismo
y culmina cuando "esto mortal se vista de inmortalidad" en la
resurrección que ocurrirá cuando Cristo regrese (1 Corintios 15:53).
Entre el momento de la conversión y el de la
muerte, ¡Dios espera que nosotros hagamos
algo! Pablo escribió: "Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas,
limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad
en el temor de Dios" (2 Corintios 7:1). Jesucristo resumió así lo que debemos hacer en
respuesta al amor de Dios: "Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi
trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono" (Apocalipsis
3:21). Nosotros no heredamos el reino
en el momento de la conversión, sino que Dios espera que llevemos una vida de
crecimiento y superación, facultados para ello con el poder de su Espíritu
Santo.
En Gálatas 2:20, Pablo explica cómo crecemos espiritualmente.
“Con Cristo
estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que
ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se
entregó a sí mismo por mí". Cristo no solamente murió para pagar por nuestros pecados sino que después de tres días
y tres noches, salió del sepulcro vivo para siempre. Dios lo levantó con
poder y gloria como el "primogénito de entre los muertos" (Colosenses 1:18). Es
por medio de su vida que nosotros
también podemos tener vida eterna (Romanos 5:10).
Así como se imparte nueva vida en el proceso del
nacimiento humano, con la concepción, un período de crecimiento y desarrollo y
luego la llegada al mundo, también la vida nueva se imparte en el proceso de
salvación. Somos engendrados, crecemos y nos desarrollamos como cristianos y
luego entramos en el Reino de Dios. El "cuándo" de la salvación es el
momento de la resurrección, cuando finalmente heredaremos el reino de Dios como hijos de Él
nacidos de su Espíritu. Cristo dijo en Lucas 20:36 que seremos "hijos de Dios, al ser
hijos de la resurrección".
Lo que escuchó un fariseo: “Tienes que nacer de nuevo”
Nicodemo
no podía creerlo. Había venido adonde estaba Jesús de noche, en secreto, para
reconocer en privado que él y otros dirigentes religiosos lo reconocían como
hombre venido de Dios. ¿Pensaría que Jesús iba a agradecer este sello de
aprobación, aunque fuese dado en secreto?
No sabemos lo que el fariseo pretendía, pero sí
sabemos que quedó atónito ante la respuesta de Jesús. Nicodemo, como fariseo
que era, ¡jamás consideró que hubiera la menor duda sobre su salvación! Al fin y al cabo, él guardaba la ley
escrupulosamente conforme a la tradición farisaica. Había nacido de la
descendencia de Abraham, a quien Dios dio las promesas en
El reino de Dios era la esperanza de los fariseos
como Nicodemo. Ellos creían en la resurrección y creían que el Mesías
establecería un reino, el cual gobernaría a todas las naciones tal como lo
habían predicho los profetas. Por otra parte, los judíos del primer siglo veían
el reino y la resurrección en términos casi enteramente físicos y
materialistas. Miraban la entrada en el reino como algo que les correspondía
por derecho propio gracias a las promesas hechas dentro del pacto con Abraham.
Si bien reconocían la necesidad de que un prosélito gentil se despojara de su
vieja identidad luego de la circuncisión y la "mikvah" (rito
de inmersión) para convertirse en hijo de Abraham, no se percataban de que
ellos tuvieran una necesidad análoga (ver Juan 8:32–36). ¿Acaso no eran ya hijos de Abraham, y como tales,
herederos de las prometas por ser quienes eran?
De ahí el asombro de Nicodemo ante la respuesta
de Jesucristo. Cristo dijo que el parentesco físico de Nicodemo como hijo de
Abraham no le daba ningún derecho
a recibir una herencia en el reino de Dios. La entrada en ese reino se basa
exclusivamente en el parentesco espiritual.
Juan 1 prepara el escenario para la conversación
con Nicodemo en Juan 3, El apóstol Juan contrastó los derechos de quienes eran
nacidos del Espíritu con los de aquellos que sólo había nacido de la carne.
"A lo
suyo vino, y los suyos no le recibieron. Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio
potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre,
ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios" (Juan 1:11–13).
Para los antiguos griegos, la concepción se
produce al unirse el germen del padre con la sangre de
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Expresiones griegas La palabra griega gennao se
traduce al español como “nacer” y “engendrar”. A veces, los traductores de la
Biblia usan estos términos como si fueran perfectamente intercambiables. Pero
no lo son—y este punto, en apariencia pequeño, puede causar mucha confusión y
llevar a un grave y fundamental error. —John
H. Ogwyn |
¿Cuándo
será el nuevo nacimiento?
El
fenómeno bíblico de "nacer de nuevo" es análogo al proceso del
nacimiento físico. La regeneración espiritual que ocurre en el bautismo
se compara con la procreación por el padre humano. Luego de la procreación,
tenemos que crecer y desarrollarnos como cristianos tal como el feto debe
crecer y desarrollarse dentro de la madre hasta que esté listo para nacer. La
Biblia compara el parto en sí con la resurrección, como se ve claramente en
Juan 3:6 donde Jesús le dijo a Nicodemo: "Lo que es nacido de la carne,
carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es”. Pablo explicó en 1 Corintios
15:50–53 que si bien la carne y la sangre no pueden heredar el Reino de Dios,
seremos convertidos a espíritu inmortal
en la resurrección.
Como el viento, que tiene gran poder pero es
invisible, así serán los que hayan nacido
del Espíritu (Juan 3:8). En
esta vida hemos sido como Adán, dotados de cuerpo mortal y físico. Después de
la resurrección, tendremos un cuerpo espiritual glorificado, como el que tuvo
Jesucristo luego de su resurrección (1 Corintios 15:43–49; Apocalipsis
1:13–15). Nuestro “cuerpo de la humillación" se transformará en un cuerpo como su "cuerpo de la gloria" (Filipenses
3:21). Jesucristo ya no se cansa ni siente hambre. Ya no está sujeto al dolor
ni a la muerte sino que salió del sepulcro ¡para nunca más morir! Jesús volvió
a la gloria que tuvo con el Padre antes del mundo y ahora se sienta a la
derecha del Padre como nuestro Intercesor y nuestro próximo Rey (Juan 17:4;
Hebreos 4:14–16).
En Colosenses 1:18 y Apocalipsis 1:5, se describe
a Jesucristo "primogénito de entre los muertos”. Estas palabras dan a entender claramente ¡que
nosotros también "naceremos de entre los muertos"! En Romanos 8:29 está
escrito: "Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que
fuesen hechos conforme a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos”. El término
griego traducido como "primogénito" es prototokos. Protos significa
"primero en orden e importancia”. Este sentido queda demostrado en el
empleo del prefijo en palabras españolas como "prototipo”.
La Biblia se vale de muchas analogías para
caracterizar a los verdaderos cristianos, comparándolos, por ejemplo, con bebés
recién nacidos en 1 Pedro 2:2, como hijos adolescentes en Hebreos 12:6–7, como
piedras vivas para edificar un templo espiritual en 1 Pedro 2:5 o como partes
del organismo humano en 1 Corintios 12:12, pero nacer de nuevo sigue siendo la descripción más diciente y más completa de lo que literalmente
ocurrirá cuando entremos en el reino de Dios. Explica qué es la salvación
en realidad: convertirse literalmente en hijos de Dios (Hebreos 2:10).
Ahora mismo, los cristianos verdaderos son
herederos pero no han recibido
La ceremonia del bautismo es para el cristiano
una figura de la propia resurrección (Romanos 6:1–5). En la resurrección,
finalmente vamos a revestirnos de inmortalidad y vamos a heredar el reino de
Dios (1 Corintios 15:50–53). Simbólicamente, nos entierran en un sepulcro de
agua y luego salimos del agua para andar en vida nueva. En Juan 3:5, Cristo se
refirió a la necesidad de nacer del agua y del Espíritu. En la Biblia, el agua
suele emplearse como símbolo del Espíritu Santo (Juan 7:38–39). El hecho de
subir de las aguas bautismales es un nacimiento simbólico, una figura de
nuestro verdadero renacer en la resurrección.
Pretender que la experiencia bíblica de
"nacer de nuevo" equivale a la conversión o a una experiencia emotiva
en el momento del bautismo es pasar por alto el hecho esencial: ¡que la salvación
es un proceso! La salvación empieza cuando
recibimos el Espíritu Santo de Dios después del bautismo convirtiéndonos así en
partícipes "de la naturaleza divina" (2 Pedro 1:4). De ahí, el
cristiano crece en gracia y conocimiento por el resto de su vida física. El
proceso de salvación culminará con la resurrección, cuando el cristiano llegará
plenamente al glorioso reino de Dios como hijo de Dios glorificado y nacido del
Espíritu. ¡Es verdad que Dios está “trayendo muchos hijos a la
gloria" (Hebreos 2:10)! ¿Será usted uno de ellos? Para serlo, ¡es
necesario "nacer de nuevo"!
Para aprender más
Muchas de las ideas más populares sobre la doctrina y la práctica
cristiana, que hemos dado por seguras toda nuestra vida, se descubren como erróneas
cuando las comparamos con las claras enseñanzas de