Editorial
Una “clave” del crecimiento espiritual
Por Roderick C. Meredith
En la vida de hoy, tan apresurada, confusa y llena de distracciones, a
menudo no encontramos tiempo—o no hacemos tiempo—para pensar en lo que es realmente importante.
Quizá, en ocasión del sepelio de algún ser querido, nos hayamos detenido
a pensar cuán repentinamente podrían terminar los afanes y las carreras de la
vida nuestra también. Quizá
hayamos meditado silenciosamente en las cuestiones reales de la vida: ¿Por qué estamos
aquí en la tierra? ¿Cuál es el verdadero propósito
de nuestra existencia? ¿Cómo
podemos cumplir aquel gran propósito?
La mayoría de nosotros comprendemos que nos hace falta estar más seguros
de nuestra relación con el Creador y que necesitamos acercarnos a Él. La
mayoría de las personas sienten, en términos generales, que desearían cumplir
la voluntad divina. Lo piensan brevemente… hasta que suena el teléfono o hasta
que empieza su programa de televisión preferido, o… hasta que cualquier otra
cosa les hace postergar su oportunidad de acercarse a Dios.
Permítanme dar a conocer una
“clave” muy importante que me ha ayudado durante mis 54 años en el ministerio
de Jesucristo. Son muchas las dificultades, muchos los altibajos que he tenido
en
Sin embargo, tengo una costumbre que siempre
me ha ayudado a reponerme. Más aún, esa costumbre fue la que me ayudó a relacionarme
con Dios en un principio.
Esa “clave” vital es la costumbre de apartar con regularidad tiempo y
energía para realmente buscar a Dios.
¿Cómo?
El rey David, monarca de
David sacaba tiempo
para meditar y pensar en
lo que era realmente importante. Solía hacerlo al aire libre, en medio de la
maravillosa creación de Dios, contemplando la luna y las estrellas. No
tenía un radio ni un televisor zumbando en el fondo, ni un teléfono que sonaba
ni otras distracciones cuando pasaba el tiempo buscando a Dios.
Cuando David tuvo que andar escondido
y huyendo por Judea, perseguido por el rey Saúl que buscaba su vida, le clamó a Dios en voz alta: "Dios, Dios mío eres tú; de madrugada te buscaré; Mi alma tiene sed
de ti, mi carne te anhela, en tierra seca y árida
donde no hay aguas, para
ver tu poder y tu gloria, así como te he mirado en el santuario. Porque mejor
es tu misericordia que la vida; mis labios te alabarán. Así te bendeciré en mi
vida; en tu nombre alzaré mis manos. Como de meollo y de grosura será saciada
mi alma, y con labios de júbilo te alabará mi boca, cuando me acuerde de ti en
mi lecho, cuando medite en ti en las vigilias de
Este hermoso pasaje nos dice mucho sobre cómo abordaba David a Dios.
En toda situación, lo “buscaba”. Dios era el epicentro de la vida de David. Era Aquel a quien David adoraba y bendecía sinceramente y de
quien se acordaba, en quien meditaba. Realmente, la vida de David ¡giraba en torno a Dios! Nosotros somos hechos a la imagen de Dios, y
Él desea que nosotros, lo mismo que David, aprendamos a andar con Él, a hablar
con Él y a relacionarnos con Él (1 Juan 1:3).
¡Pero recuerde! Para acercarse a nuestro
Creador, es preciso que lo adoremos ¡del modo que Él manda! Jesucristo nos instruyó así: "Dios es Espíritu; y los
que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren" (Juan
4:24). Jesucristo también dijo: "Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad. " (Juan
17:17).
Para adorar, pues, al Dios verdadero, al Dios que inspiró la Biblia, debemos estudiar la Biblia con empeño. Debemos
“nutrirnos” saturando la mente y el
corazón con la palabra de Dios, leyendo constantemente con la mente abierta, buscando sinceramente y
meditando en la voluntad divina
revelada en las Sagradas Escrituras. Entonces
aprenderemos cómo andar con Dios, cómo orarle
y cómo tener una relación con Él. De lo contrario,
terminaremos como los miles de millones de personas a la deriva en el mundo: sirviendo a Dios con la
imaginación humana—del modo que
no debe ser—quizá siguiendo alguna religión falsa o simplemente
dejando que nuestra imaginación humana nos diga qué hacer. ¡Pero la Biblia nos
advierte estrictamente que no
hagamos eso! "Hay camino que al hombre
le parece derecho; pero su fin es camino de muerte" (Proverbios 14:12;
16:25).
Lo que parece un modo de vida correcto ¡bien puede ser diametralmente opuesto a la voluntad de nuestro
Creador! Por eso, tenemos que estar dispuestos a estudiar, a meditar y a
"probarlo todo", ¡comparando todas nuestras ideas y filosofías
con lo que Dios nos dice en las páginas inspiradas de la Biblia! Entonces sí
podremos "abrirle el corazón" a Dios en oración ferviente y continua.
Entonces podremos pedirle con
fe absoluta que nos guíe en la vida, que nos dirija, que se valga de nosotros en
su servicio; ¡y que nos lleve a su Reino eterno!
Tal
deseo debe ser lo primero en nuestra mente y en nuestra
vida, y ha de manifestarse en las acciones que tomamos. Jesús dijo: "Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os
serán añadidas" (Mateo 6:33).
Muchos
pasajes del Antiguo Testamento muestran cómo Dios realmente bendijo a hombres y
mujeres que hacían el esfuerzo de “buscarlo". Notemos: "Vino el
Espíritu de Dios sobre Azarías hijo de Obed, y salió al encuentro de Asa, y le
dijo: Oídme, Asa y todo Judá y Benjamín: el Eterno estará con vosotros, si
vosotros estuviereis con él; y si le buscareis, será hallado de vosotros; mas
si le dejareis, él también os dejará" (2 Crónicas 15:1–2).
¿Cómo respondieron? "Entonces prometieron solemnemente que
buscarían a el Eterno el Dios de sus padres, de todo su corazón y de toda su
alma" (v. 12).
La
Biblia describe cómo Uzías fue bendecido cuando anduvo con Dios. "Persistió en buscar a Dios en los
días de Zacarías, entendido en visiones de Dios; y en estos días en que buscó a
el Eterno, él le prosperó " (2 Crónicas 26:5).
También en el siguiente pasaje, la palabra de Dios nos
ayuda a ver cómo y por qué bendijo a aquellos reyes
piadosos: "De esta manera hizo Ezequías en todo Judá; y ejecutó lo bueno, recto y
verdadero delante del Eterno su Dios. En todo cuanto emprendió en el servicio
de la casa de Dios, de acuerdo con la ley y los mandamientos, buscó a su Dios, lo hizo de todo
corazón, y fue prosperado" (2 Crónicas
31:20–21).
La lección es que si realmente deseamos hacer
la voluntad del Dios grande quien nos creó y nos da el aliento y la vida,
entonces debemos “buscarlo” con celo y de todo corazón. ¿Cómo? Tenemos que apartar tiempo urgentemente para
concentrarnos en la voluntad de Dios
estudiando lo que Él ha revelado en
la Biblia, después meditando atentamente
en la voluntad divina tal como se revela en la Biblia, y luego orando con fervor a nuestro Padre en el
cielo para que nos dé fortaleza y comprensión para conocer y aplicar su
voluntad. Finalmente, debemos actuar según la voluntad divina,
"andando” así con Dios, como lo hacían Abrahán, David, Jesús y todos
aquellos que Él nos da como ejemplo en sus Escrituras inspiradas.
Entonces, sin duda,
Dios nos escuchará y nos responderá, siempre y cuando
nosotros respondamos a su voluntad, tal como lo ha hecho con otros que nos
precedieron. Recuerde que, "Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos" (Hebreos
13:8).
Recordemos siempre lo que Dios le prometió a su pueblo
cuando estaban cautivos en Babilonia: "Porque yo sé los pensamientos que
tengo acerca de vosotros, dice el Eterno, pensamientos de paz, y no de mal,
para daros el fin que esperáis. Entonces me invocaréis, y vendréis y oraréis a
mí, y yo os oiré; y me buscaréis y
me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón" (Jeremías
29:11–13).