¡Usted necesita la
salvación!
Por Roderick C. Meredith
¿Se encuentra usted bajo
la protección de Dios? ¿Considera Dios que usted es cristiano o cristiana? Lea
este artículo ¡para saberlo con seguridad!
El
mundo se tambalea al borde de
La gente sabe que vivimos en tiempos peligrosos,
y muchos sienten inquietud. Muchos reflexionan con más seriedad que nunca en
muchas cosas; entre ellas, el más allá.
Crece
el interés por la religión
Nuestra
era de violencia y de posible suicidio mundial
ha contribuido a estimular un creciente interés por
Pero ¿están realmente “haciendo las paces” con
Dios? ¿Se están convirtiendo sinceramente? ¿Están transformándose y situándose bajo la protección divina?
El verdadero Dios Creador dice que la mayoría de las personas religiosas ¡están
engañadas! La Biblia describe nuestro tiempo del fin como un período en el que
el diablo, Satanás, “engaña al mundo
entero”.
Jesucristo estaba describiendo nuestra época al
decir:”Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y a
muchos engañarán” (Mateo 24:5). Si, muchos predicadores
dicen ser ministros de Cristo, proclaman que Él es Cristo pero predican su propio mensaje ideado por hombres,
acerca de la persona de Jesús, ¡están
engañando
a millones y millones de personas!
Para ser un verdadero
cristiano a los ojos de Dios, para situarse bajo su protección en estos tiempos de peligro,
para contar con su Espíritu como
guía, es preciso creer y obedecer el mensaje que el propio Padre envió a
la Tierra por medio de su Hijo Jesucristo. Recordemos lo que Jesús mandó: ”El
tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en
el evangelio” (Marcos
1:15).
En esta época, más que en cualquier otra, necesitamos
urgentemente a Dios.
¡Necesitamos su guía, sus bendiciones y su protección! De nada sirve engañarnos sobre este punto. Se
trate de nuestra propia existencia. ¿Qué va a hacer con su
vida?
Lo que debería hacer
Usted
necesita afrontar el hecho de que muy
probablemente se cuente usted entre las multitudes que siguen el camino ancho, ¡el que lleva a la perdición (Mateo 7:13)! Si usted
está siguiendo a la multitud, si tiene la misma actitud general hacia la
religión que tiene la mayoría de las personas, entonces ¡no hay duda de que
está engañado!
Recuerde, el diablo “engaña al mundo
entero” (Apocalipsis 12:9).
Felizmente, algunos de ustedes son distintos.
Muchos millares de nuestros lectores saben que por medio del programa radial El Mundo de Mañana y en las páginas de
esta revista, reciben el mismo mensaje que Jesucristo trajo al
mundo para salvarnos de nosotros mismos. Para venir bajo la bendición y la
protección de Dios, es preciso que usted esté seguro de ese mensaje y que luego obre de acuerdo
con él y lo obedezca.
Es necesario que usted demuestre para sí mismo, y
de una vez por todas, que sí hay un Dios Creador personal, viviente,
activo, todopoderoso. Es imprescindible saber
que la Biblia es su revelación inspirada de lo que constituye el
verdadero propósito de la vida, y de
las leyes espirituales que
traen felicidad y éxito. Usted necesita comprobar
y creer que la Biblia tiene autoridad
y que sus palabras están respaldadas
por el poder del Dios viviente que nos da cada aliento de vida.
Es posible que usted ya comprenda esto. En tal
caso, le rogamos que lo compruebe para
sí, de modo tan cabal que temería desobedecer lo que Dios manda. Debe ver la palabra de Dios como la autoridad
en su vida, Cristo dijo: “El que
me rechaza, y no recibe mis palabras, tiene quien le juzgue; la palabra que he
hablado, ella le juzgará en el día postrero” (Juan 12:48). Una vez que usted haya demostrado
estos principios fundamentales para sí, es preciso que siga estudiando a fin de comprender y
obedecer el verdadero mensaje de la Biblia, que es el mensaje de
Dios Todopoderoso para nosotros.
El mensaje de Cristo
Jesucristo
nos dio la revelación perfectamente clara del plan y el propósito de Dios. Ser
“cristiano” significa sencillamente creer y obedecer
lo que Jesucristo
enseño. Es aceptar y acatar el mensaje que Él trajo de
Dios Padre.
Jesús dijo: “Porque yo no he
hablado por mi propia cuenta; el Padre que me envió, él me dio mandamiento de
lo que he de decir, y de lo que he de hablar” (Juan 12:49). Por tanto, el mensaje de Cristo viene
directamente de Dios el Padre.
¡Y hay que obedecerlo! Jesús también dijo: “¿Por qué me llamáis, Señor, Señor,
y no hacéis lo que yo digo?” (Lucas 6:46).
Jesús vino a “revelar” al Padre (Juan 1:18). Por
encima de todo, reveló a Dios como el Gobernante Supremo del universo. Enseño que los humanos debemos vivir “de toda
palabra de Dios”
(Lucas 4:4). “Escudriñad las Escrituras”, dijo.
En la “oración modelo”, Cristo les enseño a sus
discípulos a pedir: “Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el
cielo, así también en la tierra” (Lucas 11:2).
Cristo siempre enseñó la obediencia a la ley y a la voluntad de Dios. Cuando
un joven le preguntó cuál era el camino a la vida eterna, respondió así: “Mas si
quieres entrar en la vida, guarda los
mandamientos”
(Mateo 19:17). Por tanto, para ser un cristiano de verdad, hay que acatar y obedecer
la voluntad de Dios. Es decir, hay que guardar los diez mandamientos y entregar la voluntad tan completamente
a nuestro Hacedor que procuraremos sinceramente “vivir por cada palabra de Dios”
El Nuevo Testamento revela que en este momento
Dios está formando, en aquellos que Él llama, su carácter espiritual justo y perfecto como requisito previo para otorgarles el don precioso de la vida
eterna en su reino. El fundamento de ese carácter perfecto es la entrega total
y absoluta a Dios, con obediencia a su ley espiritual perfecta, revelada en los
diez mandamientos y ampliada espiritualmente a lo largo del Nuevo Testamento.
Lo anterior exige que usted entregue completamente su voluntad personal a Dios. Implica un cambio
total de actitud, creencias y modo de vida. El apóstol Pablo escribió
bajo inspiración: “No os conforméis a este siglo, sino transformaos
por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál
sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Romanos 12:2).
Recuerde: La voluntad y la fuerza humanas no pueden lograr este cambio. El
amor espiritual y el poder tienen que venir como don, como un regalo, de
Dios.
La
ayuda de Dios
Todos
conocemos personas que hicieron “resoluciones” para llevar una vida mejor.
Quizá fue un alcohólico que decidió “dejar la botella” o un delincuente que “se
reformó” de una manera u otra. Pocos de estos cambios son permanentes o
satisfactorios. Aun cuando un cambio en cierto aspecto de la vida parezca
hacerse permanente, vemos que la persona no ha sometido toda su vida, actitud y acciones para cumplir plenamente la
voluntad perfecta del Creador.
Los humanos apartados del Dios verdadero pueden
“reformarse” hasta cierto punto pero nunca pueden ocasionar el proceso
que llamamos “conversión”. Es así porque la verdadera
conversión es una transformación total que Dios produce en la
mente y en la naturaleza de
Amigos míos, esa es la “clave”. Mediante el auténtico arrepentimiento del pecado, seguido de la entrega total a Dios por Jesucristo,
unida a la fe humilde en el perdón de
Dios mediante la sangre derramada de Cristo, recibimos la promesa del “don” del Espíritu Santo, que es la naturaleza y el
carácter propio de Dios implantado en nosotros. Solamente esto nos da las fuerzas para superarnos y obedecer realmente a Dios. “Cristo en
nosotros” es quien obedece la ley espiritual y perfecta de Dios; tal como obedeció cuando estuvo en carne humana
(Juan 15:10).
Después de la conversión real, empezamos a
comprender la Biblia, a meditar en la ley de Dios, a orar y a hablar con Dios continuamente. Buscamos
sinceramente a Dios (Vea mi nota Personal
en la página 2 de este número). Mediante este proceso, y por su Espíritu,
llegamos a tener en nosotros los mismos pensamientos
y naturaleza de Dios; ¡porque Cristo vive en nosotros mediante
el Espíritu Santo!
A la persona se le transforma toda
Ahora bien, Dios concede esta ayuda sobrenatural en ciertas condiciones muy
importantes.
Hay que creer el verdadero Evangelio
Jesucristo y sus apóstoles siempre
predicaron el evangelio del reino o gobierno mundial de Dios. Leemos: “Después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el
evangelio del reino de Dios,
diciendo: “El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio” (Marcos 1:14–15).
Notemos que las dos cosas que Jesús mandó fueron arrepentirse y creer en
su mensaje.
En lo que respecta a creer, Jesús enseñó que creer
el verdadero evangelio que Él predicó y obedecer
las leyes de Dios son dos cosas inseparables. Dijo: “La ley y los profetas eran hasta Juan;
desde entonces el reino de Dios es anunciado, y todos se esfuerzan por entrar
en él. Pero más fácil es que pasen el cielo y la tierra, que se frustre una
tilde de la ley” (Lucas 16:16–17).
Aquí vemos que la ley y los profetas, o sea las
escrituras del Antiguo Testamento, fueron la única revelación de Dios para la
humanidad antes del ministerio de Juan el Bautista. Luego, por medio de Cristo
se reveló el mensaje espiritual y la ampliación de las leyes divinas de modo
que se da a conocer su propósito e intención espirituales.
Notemos también cómo Jesús relacionó la
obediencia a las leyes divinas con el evangelio del reino en el Nuevo
Testamento. Además, como para disipar toda duda de que se refería a la ley
espiritual de Dios revelada en los diez mandamientos, puntualizó la
transgresión de una de esas mismas leyes a
las cuales se estaba refiriendo: “Todo el que repudia a
su mujer, y se casa con otra, adultera; y el que se casa con la repudiada del marido,
adultera” (Lucas 16:18).
A lo largo del libro de los Hechos, vemos a los
siervos inspirados de Dios que siguen predicando el evangelio del reino, el cual incluye, desde luego, la obediencia a las leyes de Dios. Vemos a
Felipe predicando este mismo evangelio en Hechos 8:12. En Hechos 20:25, Pablo dio
testimonio de haberlo predicado a los gentiles en Éfeso. Y en Hechos 28:30–31,
vemos que Pablo seguía predicando este mismo
mensaje hasta el final de su ministerio; e incluso a los gentiles en Roma.
Este es el evangelio
verdadero. Es un mensaje sobre el gobierno de Dios Todopoderoso en nuestra
vida ahora,
como preparación para el ingreso en su reino que pronto vendrá y regirá al
mundo eterno, cuando Jesucristo regrese con poder y gloria divinos como Rey de
reyes y Señor de señores. Como el reino de Dios tiene leyes, el mensaje es uno de sumisión
y obediencia
a las leyes y la autoridad
de Dios.
Como preparación para ese reino, la persona tiene
que primero arrepentirse de sus caminos
de pecado. Tiene que dejar el pecado, que es la transgresión de
la ley espiritual divina expresada en los diez mandamientos (1 Juan 3:4), y creer el verdadero evangelio. Luego, hay
otro paso vital que la persona debe dar: el
bautismo en agua.
El bautismo en agua: una necesidad
absoluta
Cuando
se ha dado el arrepentimiento total y se cree en el verdadero evangelio, el bautismo en agua es
el siguiente paso esencial para que la persona sea convertida y reciba el
Espíritu Santo de Dios. De hecho, es una prueba del arrepentimiento sincero
y de la voluntad de obedecer a Dios.
Jesucristo dio el siguiente mandato a sus
apóstoles: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no
creyere, será condenado” (Marcos 16: 15–16).
¡Jesús hablaba en serio!
En su comisión de despedida, nuestro Señor dijo:
“Por tanto,
id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu
Santo”
(Mateo 28:19).
En el sermón inspirado de Pedro el día de
Pentecostés, el apóstol clamó: “Arrepentíos, y bautícese cada uno
de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis
el don del Espíritu Santo” (Hechos 2:38).
Notemos que Dios solamente promete el don del Espíritu Santo a condición
de que uno se arrepienta y se
haga bautizar. Más tarde, Pedro habla de “el Espíritu Santo,
el cual ha
dado Dios a los que le obedecen” (Hechos 5:32). Tenemos que hacer
lo que Dios dice. Hay que arrepentirse
y bautizarse; de lo contrario, jamás se recibirá el Espíritu
Santo de Dios.
¡No hay otra manera!
El apóstol Pablo dijo: “Y si alguno no tiene el Espíritu
de Cristo, no es de él” (Romanos 8:9). En otras palabras, si la persona no
se ha arrepentido plenamente de sus
pecados, si no ha venido a Dios por medio de Jesucristo como su Salvador
personal, y si no se ha bautizado tal
como Dios mandó, entonces no es de Cristo. No le pertenece a Cristo. Por tanto,
no
es cristiano a los ojos de Dios. No lo ha sido ni lo será jamás, a
menos que esté dispuesta a entregar
su vida a Dios el Padre y a aceptar a Jesucristo no solamente como su
Salvador sino como su Sumo Sacerdote, su futuro Rey, ¡su gobernante a quien obedecerá por toda la eternidad!
El Espíritu de Dios es la naturaleza y la vida de
Dios, por medio de las cuales nos convertimos en hijos engendrados por Él. Su Espíritu nos ayudará a crecer hacia la
madurez en el carácter cristiano. ¿Qué nos trae ese Espíritu? “Mas el fruto del
Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia,
benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay
ley”
(Gálatas
5:22–23).
El Espíritu Santo nos da poder para el dominio
propio, la auto-disciplina y el control de sí mismo. Por el Espíritu, el amor de
Dios se derrama en nuestro corazón (Romanos 5:5). El Espíritu Santo nos
conforma a la imagen de Dios (Romanos 8:29; 2 Corintios 3:18).
Usted necesita el Espíritu de Dios. Necesita su guía y protección.
Ahora bien, entregarse enteramente a Dios es algo
muy grande. Implica vivir por cada
palabra de Él y obedecerlo por toda
El bautismo: una decisión vital
El
bautismo simboliza la muerte y sepultura de nuestro viejo ser y la resurrección al salir del “sepulcro” de
agua hacia una vida nueva, de
transformación y conversión. También representa la muerte y sepultura de
Jesucristo para pagar por nuestros pecados y su resurrección como el primer
nacido de entre los muertos.
El apóstol Pablo escribe: “¿O no sabéis
que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados
en su muerte? Porque
somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que
como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también
nosotros andemos en vida nueva” (Romanos 6:3–4).
La decisión de usted de bautizarse depende de que
esté dispuesto a entregar plenamente su
voluntad y su vida a Dios por medio de Cristo como su Salvador. Él pagó la pena de los pecados que
usted cometió en el pasado. Pero cuando sabe
la verdad, ya no puede seguir haciendo adrede lo que sabe es pecado y pretender que Dios lo perdone sin
arrepentimiento genuino.
¡Dios gobierna por su ley! “Guarda los mandamientos”, dijo
Jesús.
Pablo escribió: “¿No sabéis que
si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel
a quien obedecéis, sea del pecado para muerte, o sea de la obediencia para
justicia?” (Romanos
6:16).
A la hora de escoger
entre seguir los caminos de sus amigos y familiares u obedecer lo que usted ha hallado como la voluntad de Dios, ¿qué camino sigue? ¿El camino fácil, de seguir a los hombres? ¿Será que usted sirve, y por tanto adora, los caminos del
hombre más que los caminos de Dios?
¡No se engañe a sí mismo! ¡A Dios no lo puede
engañar jamás!
Cuando usted aprende alguna nueva verdad en las páginas de esta revista o
en el programa de El Mundo de Mañana, ¿lo
pone en práctica en su vida? ¿Lo
obedece;
o lo rechaza porque choca con lo que
cree su iglesia o la sociedad a la cual pertenece?
¿Es usted como los fariseos que rechazaban a
Cristo porque “amaban más la gloria de los hombres que la gloria de
Dios” (Juan
12:43)? Para algunas personas Dios parece lejano
mientras que sus amigos parecen muy cercanos
e importantes. ¿Qué adora usted? ¿A quién obedece?
Si usted tuviera que renunciar a su trabajo—su
única fuente de ingresos—a fin de obedecer algún punto de verdad que ha hallado en la palabra de Dios,
¿lo haría? ¿Ejercería fe, como hizo Jesús, confiando en
las muchas promesas de Dios en el sentido de que “suplirá todo lo
que os falta”
(Filipenses 4:19)? ¿Adoraría al Dios verdadero; o al dios de las riquezas?
¡Estas preguntas son para usted!
Esté
convencido de su decisión
Si
usted sigue teniendo algunas dudas sobre el bautismo, lo invitamos a escribir
inmediatamente para solicitar nuestro folleto gratuito titulado ¿Es necesario el bautismo? Este le dará
respuestas a muchas de sus preguntas.
Sin embargo, la decisión de bautizarse es suya.
Si usted siente que está preparado para entregarse
incondicionalmente a Dios por medio de su Hijo Jesucristo como Salvador
personal, entonces envíenos un correo
electrónico o una carta en la cual nos hace saber que desea el bautizo.
También puede escribir una carta a la oficina
regional, llamarnos por teléfono o comunicarse con nosotros por medio de
nuestro portal de Internet: www.mundomanana.org. Entonces uno de
nuestros representantes se comunicará con usted y hará una cita para que se
encuentren en el lugar y a la hora que a usted le convengan. En la mayoría de los países,
tenemos ministros que pueden aconsejar y bautizar a los que estén preparados
para cumplir este mandato de Dios. ¡No demore!
¡Usted necesita la salvación! Pero al mismo tiempo, necesita estar
absolutamente seguro de que está dispuesto a hacer su parte y entregarse
a Dios. Entonces podrá estar seguro de que Él le concederá sus bendiciones,
su protección ¡y su salvación!