Las naciones
de hoy
en las antiguas profecías bíblicas
Por Douglas
S. Winnail
La mayoría de los estudiosos de la Biblia ignoran que las Sagradas
Escrituras mencionan las naciones más destacadas en el mundo de hoy. Una vez
que usted sepa hallar los Estados Unidos, Gran Bretaña, Alemania y otras naciones
en las páginas de la Biblia, ¡podrá entender las profecías como nunca antes!
¿Hay una explicación lógica
de por qué está el mundo como está?
¿Por qué hay naciones
bendecidas con abundancia y libertad mientras
que luchan en medio de la pobreza y la opresión?
¿Por qué ciertas naciones
pequeñas y relativamente jóvenes surgen de repente a posiciones de liderazgo
mundial mientras que otras, que fueron poderosas y gozaron de una historia
larga y gloriosa, se han estancado o aun han retrocedido en el devenir de los
asuntos mundiales?
¿Por qué hay tantas opiniones
pero tan poco conocimiento de lo que realmente depara el futuro?
Las sorprendentes respuestas a tales preguntas se hallan en un lugar que
los dirigentes de las naciones rara vez consultan—y que pocos entienden. Aunque
muchos la ridiculizan o le restan valor, la verdad es que la Biblia explica por
qué está el mundo como está. Las Escrituras revelan que Dios tiene un plan y está
cumpliendo un propósito en la tierra; ¡un plan y un propósito que tienen que
ver con las naciones del mundo!
La Biblia contiene centenares de profecías, las cuales revelan el futuro
de naciones específicas. Pero si no sabemos la identidad actual de las antiguas
naciones mencionadas en las Sagradas Escrituras, no podremos comprender ni las
profecías ni el plan y propósito de Dios para los seres humanos. Más aún, sin
comprender aquellas profecías, ¡la Iglesia de Dios no puede llevar a cabo la
comisión que Jesucristo le encomendó! Ante el dramático cumplimiento de esas
antiguas profecías, es imprescindible que usted sepa lo qué revela la Biblia
acerca de las naciones y se prepare para el efecto que dichas profecías tendrán
¡en su propia vida!
Muchos que se dicen cristianos piensan que el plan de Dios era solamente
enviar a Jesucristo para morir por los pecados del mundo. Pero este concepto
simplista pasa por alto las palabras del propio Jesucristo y de muchas
profecías bíblicas que hablan del plan de Dios. La Biblia declara enfáticamente
que Dios tiene un gran plan, un designio que está llevando a cabo en la Tierra.
El rey David escribió: "El consejo [plan, designio] del Eterno permanecerá para siempre; los pensamientos de su corazón por
todas las generaciones" (Salmo 33:11). Por su parte, el profeta Isaías
dijo que las profecías bíblicas revelan
el plan de Dios: "Acordaos de las cosas pasadas desde los tiempos antiguos; porque yo soy
Dios, y no hay otro Dios, y nada hay semejante a mí, que anuncio lo por venir
desde el principio, y desde la antiguedad lo que aún no era hecho; que digo: Mi
consejo permanecerá, y haré todo lo que quiero" (Isaías 46:9–10). El
apóstol Pablo explicó que Dios está cumpliendo un gran designio, un propósito
que ha sido un permanente misterio para los dirigentes y pensadores del mundo
(Efesios 1:9–11; 1 Corintios 2:7–9).
Las profecías bíblicas predijeron que el Mesías vendría a sufrir y morir
por los pecados de los humanos (Isaías 53:2–11; Juan 3:16). Cuando Jesús
declaró: "para
esto he llegado a esta hora" (Juan 12:27), Él comprendía que su muerte y
resurrección hacían posible el plan de Dios (Mateo 26:54). Sin embargo, pocos
comprenden que según la profecía bíblica, el plan de Dios es mucho más. En el
libro de Daniel, encontramos un amplio esbozo de la historia universal desde
los tiempos del rey Nabucodonosor (aprox. 600 antes de Cristo) hasta el regreso
de Jesucristo al final de la presente era. Valiéndose del simbolismo de una
gran imagen con cuatro partes y una serie de cuatro extrañas bestias, Daniel
predijo el auge y caída de cuatro grandes imperios que determinarían la
historia del mundo (Daniel 2; 7). Los historiadores reconocen que estos cuatro
imperios son el babilónico, el greco-macedonio, el medo-persa y el romano.
La Biblia anota (y así lo confirman los anales históricos) que estos
imperios y sus dirigentes cumplieron papeles clave dentro del plan de Dios. Los
babilónicos bajo Nabucodonosor conquistaron el reino de Judá y se llevaron
cautivos a los judíos en castigo por sus pecados nacionales (2 Reyes 25).
Setenta años más tarde, Dios se valió de Ciro, rey de Persia, para conquistar y
castigar a los babilonios y para que emitiera un decreto en virtud del cual los
judíos podían regresar a reedificar a Jerusalén. Todo esto era conforme al plan
de Dios (Isaías 45:1; 44:24–28; Jeremías 25:11–12; 29:10; Esdras 1:1–4) "profetizado por Jeremías contra
todas las naciones" (Jeremías 25:13). El apóstol Juan declaró que también al final de
la era, Dios se valdrá de ciertas naciones para cumplir su plan: "Las aguas que has visto… son
pueblos, muchedumbres, naciones y lenguas… porque Dios ha puesto en sus
corazones el ejecutar lo que él quiso” (Apocalipsis 17:15–17). Las profecías de la
Biblia revelan aspectos importantes del plan de Dios que tienen que ver con
naciones específicas en la Tierra. Si no hubiese un plan, ¡la profecía sería
imposible!
Se destacan en la Biblia una serie de profecías detalladas que Dios dio
a Abraham y a una línea de sus descendientes, la cual llegó a convertirse en la
nación de Israel. Prometió que a cambio de la obediencia de Abraham, sus
descendientes se multiplicarían y se harían grandes, que heredarían ciertas
tierras y que de ellos saldrían reyes (Génesis 12:1–7; 13:12–16; 17:15–16). Agregó:
"Tu
descendencia poseerá las puertas de sus enemigos". Además, se valdría de
ellos para bendecir a "todas las naciones de la tierra" (Génesis 22:17–18; 24:60). Dios estipuló
que estas promesas se transmitirían por su hijo Isaac (Génesis 17:21) y su
nieto Jacob, quien a su vez tuvo 12 hijos (Génesis 35:23–26), padres de las
doce tribus de la casa (o nación) de Israel. El máximo cumplimiento de las
promesas a Abraham se transmitieron por el hijo de Jacob, José, a los hijos de
éste: Manasés (que había de convertirse en una gran nación) y Efraín (que sería
una multitud [mancomunidad]
de
naciones tal como se indica en Génesis 48:17–19). Los descendientes de los
hijos de Jacob, cuyo nombre se cambió a Israel (Génesis 32:28; 35:10),
llevarían su nuevo nombre: israelitas (Génesis 48:6, 16). Esta es una clave
importante que debemos recordar a fin de comprender la profecía bíblica. Cuando
encontramos el término "israelitas" en las profecías bíblicas,
generalmente se refiere a los descendientes de las diez tribus que fueron parte
del reino del norte, es decir Israel, mientras que el término
"judíos" suele referirse a los descendientes de Judá (otro hijo de
Jacob) quienes fueron la tribu principal en el reino de Judá.
Dios tuvo un propósito al escoger a los descendientes de Jacob (Israel)
como su pueblo (Éxodo 19:3–6). Les dio sus leyes para que ellos fueran una luz
y un ejemplo a las naciones del mundo (Deuteronomio 4:1–10). Les dijo que si
obedecían sus leyes, recibirían bendiciones pero que si desobedecían, las consecuencias
serían graves (Levítico 26; Deuteronomio 28). Tanto el reino de Israel como el
de Judá fallaron en su misión de ser luces para el mundo y ambos cayeron en
cautiverio: Israel en Asiria y más allá, y Judá en Babilonia. Los judíos
regresaron a Jerusalén luego de 70 años de cautiverio y hoy son un pueblo y una
nación reconocibles. Los pueblos de Israel jamás regresaron y se conocen en la
historia como “las diez tribus perdidas”. Sin embargo, tanto la Biblia como la
historia ofrecen claves sobre la ubicación y la identidad nacional actual de
estas tribus de israelitas “perdidas... tribus que hoy cumplen un papel
importante dentro de la profecía bíblica y el plan de Dios.
En Génesis, Moisés consignó profecías que ayudarían a identificar a las
naciones de Israel en los “días venideros" (Génesis 49:1–28). Es fácil
identificar a los descendientes de Judá como los judíos en estas profecías: los
que tendrían reverencia por la ley de Dios y de quienes saldría el Mesías
(Génesis 49:8–12). En cuanto a las demás tribus de Israel, al estudiar sus
descripciones proféticas, no se puede menos de notar que dichas descripciones
encajan con ciertas naciones modernas situadas en el noroeste de Europa u
originarias de allí. Los descendientes de Rubén se harían poderosos, tendrían
nociones de grandeza y fama de amantes pero carecerían de estabilidad nacional
(considérese a Francia: Génesis 49:3–4). Los descendientes de Zabulón
habitarían las costas del mar y serían un pueblo de mercaderes (considérese
Holanda: Génesis 49:13). Los descendientes de Dan dejarían su huella al viajar
a través de Europa desde su base en el Medio Oriente (considérense Dinamarca e
Irlanda). Los descendientes de José (Manasés y Efraín) serían un pueblo
colonizador que habitaría lugares selectos de la tierra pero aparte de sus
primos continentales (considérense Inglaterra, los Estados Unidos, Canadá,
Australia, Nueva Zelandia y Suráfrica: Génesis 49:22–26). Las profecías
específicas sobre Manasés y Efraín—que serían una gran nación y una multitud [mancomunidad] de naciones
poseedoras de las puertas de sus enemigos—describen con acierto a los Estados
Unidos y Gran Bretaña (Génesis 48:19). Aunque los escépticos se rían de estas
identidades bíblicas de las naciones israelitas modernas, conviene considerar los
datos que existen al respecto.
La Biblia y la historia cuentan que los asirios se llevaron cautivos a
las diez tribus de Israel a lo que hoy es el norte de Irak, el noroeste de Irán
y Armenia, es decir la zona entre el mar Negro y el mar Caspio. El Obelisco
Negro en la antigua Asiria, que provino de Nínive y hoy reposa en el Museo
Británico se refiere a los israelitas como los khumri o el pueblo de Omri (el
nombre del rey israelita que edificó Samaria, ciudad capital del reino norteño
de Israel), tal como se indica en 1 Reyes 16:21–27). Los babilonios se referían
a esa misma gente como los gimiri. Alrededor del año 500 AC, el rey persa Darío
hizo grabar sus conquistas en tres idiomas en una roca en Behistún en el
noroeste de Irán. Dicha inscripción se refiere a los gimri como los sacae
(identificados por los historiadores con los escitas, quienes se extendieron
por toda Europa). El arqueólogo George Rawlinson afirmó: "Tenemos motivos
razonables para considerar a los gimirri, o cimmerianos… y los sacae de la Roca
de Behistún… como idénticos a los beth-khumree de Samaria o las diez tribus de
la Casa de Israel" (The Story of Celto-Saxon Israel, “La historia de
Israel celto-sajona”, Bennett, p. 151).
Son claros los indicios históricos y bíblicos que trazan la migración de
las antiguas tribus israelitas por las tierras de Armenia y por el norte de
Irak e Irán. Esto concuerda con los anales históricos que señalan los orígenes
de las gentes que hoy habitan Gran Bretaña. La Declaración de Abroath (o "declaración
de la independencia escocesa"), redactada en 1320 después de Cristo,
afirma que los antepasados de los escoseses vinieron de la Gran Escitia (junto
al mar Negro) pasando por el mar Mediterráneo a España y luego a Inglaterra "mil
doscientos años después que el pueblo de Israel atravesara el mar Rojo"
(Bennett, pp. 159–161). La Crónica anglosajona (Anglo-Saxon Chronicle), escrita
alrededor de 80 antes de Cristo, hace remontar los orígenes de los pueblos
sajones a la región de Armenia (op. cit., p. 209). En su obra The Ruin of
Britain (“La decadencia de Inglaterra”), el antiguo escritor británico Gildas
(475–550 después de Cristo) se refiere al pueblo británico como israelitas. En
las leyendas irlandesas, algunos de los primeros colonizadores irlandeses se
denominan los tuatha de Danann (The Story of the Irish Race, “La historia de la
raza irlandesa”, Mac Manus, p. 5). Cyrus Gordon, importante arqueólogo
estadounidense, reconoció a los tuatha de Danann como la tribu bíblica de Dan y
vinculó a estos pueblos israelitas con Irlanda y Dinamarca (Bennett, p. 79).
Estos pueblos danitas llegaron a Irlanda alrededor del éxodo israelita de
Egipto. También es interesante que los galeses se refieran a sí mismos como los
cymri o cymru, asumiendo el nombre asirio dado al pueblo de Israel. Los anales
de la historia relacionan las identidades nacionales de Inglaterra, Escocia,
Gales y Dinamarca con loa israelitas de la Biblia.
Una
comisión apostólica
Jesús comisionó a sus discípulos para ir a "las ovejas perdidas de
la casa de Israel" (Mateo 10:6). Si observamos adónde se dirigieron los
discípulos, podemos determinar la localización de aquellas ovejas perdidas. En
efecto, la Biblia revela que los discípulos tomaron seriamente la comisión de
Cristo y llevaron su ministerio a los pueblos israelitas. Santiago dirigió una
epístola "a
las doce tribus que están en la dispersión" (Santiago 1:1). El
historiador Josefo, que vivió en el primer siglo de nuestra era, dijo que las
diez tribus de Israel se habían convertido en una "inmensa multitud… más
allá del Éufrates " (Antiguedades de los judíos, xi. 5.2.1). La Biblia
narra que Pedro se dirigió a Babilonia (1 Pedro 5:13) y que Pablo planeaba un
viaje a España (Romanos 15:28). ¡Ellos
sabían que había israelitas en dichas regiones!
Los desplazamientos de los apóstoles están consignados en escritos
antiguos. Andrés viajó a Escitia cerca del mar Negro. Bartolomé fue a Armenia.
Tomás y Judas se encaminaron hacia el sur del mar Caspio, a Partia y más allá, regiones
estas adonde se habían ido las diez tribus. Muchos autores antiguos confirman
que Pablo, Pedro, José de Arimatea, Simón el Celote y otros estuvieron en lo
que hoy es Gran Bretaña, sabiendo que allí había israelitas. Tanto el
bibliotecario del Vaticano, cardenal Baronio (1538–1607), como el arzobispo
anglicano Ussher (1581–1656) mencionaron que varios de los apóstoles y sus
compañeros viajaron a las islas del occidente.
La comisión dada por Jesús a sus discípulos: predicar el evangelio a las
"ovejas perdidas de la casa de Israel" y a "todo el mundo",
no se limitaba a la Iglesia del primer siglo de nuestra era. Tal comisión sigue
vigente para la Iglesia de Dios hoy. Parte de la comisión es explicar a los
actuales descendientes de Israel por qué sus naciones han heredado las
bendiciones que tienen y advertirles de lo que les espera si dejan de lado las
leyes de su Dios que les confirió dichas bendiciones. Las Sagradas Escrituras
indican claramente que en los "postreros días" las naciones de Israel
sufrirán grave tribulación, o "tiempo de angustia para Jacob"
(Jeremías 30:1–24). Otro aspecto de la comisión es advertirle al mundo de lo
que significan aquellos fenómenos que marcarán el fin de la era y la venida de
Jesucristo. Estas señales se mencionan en Mateo 24, Marcos 13 y Lucas 21. Para
que la Iglesia pueda llegar a los pueblos israelitas con este mensaje hoy, es
necesario conocer la ubicación y la identidad actual de los mismos. Es por eso
que la Biblia consigna información sobre la ubicación y las características
singulares que distinguen a las tribus israelitas. Dios tiene un plan, y si
nosotros no podemos identificar a los actuales descendientes de la antigua
Israel, tampoco podemos comprender bien dicho plan.
Según la Biblia, las naciones de Europa también cumplirán un papel clave
en el cumplimiento de las dramáticas profecías para el fin de la era. Ciertas
profecías en el libro de Daniel indican que habría diez intentos por prolongar
o revivir el legado del Imperio Romano (Daniel 7:24) y que los siete últimos
intentos estarían promovidos y dominados por un “cuerno pequeño”, es decir una
destacada figura religiosa (Daniel 7:8, 24–25). La historia nos dice que todos
los intentos por revivir el Imperio Romano se han producido en Europa bajo la tutela
del pontífice en Roma. Ciertas profecías en Daniel y el Apocalipsis indican que
el último renacer del sistema romano consistirá en una federación defectuosamente
unida de diez naciones o reinos (que la Biblia describe como mezcla de hierro y
arcilla), las cuales entregarán su poder a una “bestia” (es decir, un líder
político de gran influencia) inmediatamente antes del regreso de Jesucristo
(Daniel 2:40–45; Apocalipsis 17:12–13). Esto es precisamente lo que está ocurriendo
en Europa hoy, cuando los estados-nación debaten la posibilidad de entregar su
soberanía a un gobierno central europeo. La actual Unión Europea se tornará
inestable e ingobernable. Con el tiempo, un núcleo de diez naciones acordará
seguir adelante hacia la unidad política total bajo un dirigente de gran
acogida popular pero lleno de engaño, tal como lo predice la Biblia.
La Biblia predice igualmente que sobre esta “bestia”, una potencia
europea de los tiempos del fin irá “montada” una mujer de vestido ostentoso,
quien ha perseguido a los verdaderos creyentes, ha cumplido funciones
importantes aunque sutiles en la política mundial y ha corrompido al mundo con
doctrinas religiosas adoptadas de fuentes paganas (Apocalipsis 17:1–6). La
identidad de esta “mujer” debe ser obvia para todo el que haya estudiado los
orígenes no cristianos de las doctrinas católicas, entre ellas el purgatorio,
el celibato sacerdotal, la Trinidad, las indulgencias, la veneración de
imágenes y otras. La descripción bíblica de la “mujer” de vistoso ropaje que
cumple dicho papel nos viene a la mente cada vez que vemos las deslumbrantes
vestimentas de los papas y cardenales y las intervenciones políticas de los
representantes papales que viajan de una nación a otra cumpliendo el oficio del
Vaticano. Los detalles gráficos de las profecías bíblicas están allí para que
los comprendamos. Estos detalles ¡identifican a naciones y personas que
cumplirán papeles clave en el cumplimiento de las profecías sobre el plan de
Dios!
La Biblia indica que al final de esta era, el principal enemigo de las
naciones israelitas será Asiria (Isaías 10). Dios se valdrá de Asiria y sus
aliados para castigar a las naciones israelitas que han olvidado a su Dios
(Isaías 10:5–7; 24–25). Los asirios actuales, lo mismo que sus antepasados, han
acogido la filosofía de una “raza dominante", han adquirido fama de cierta
frialdad y arrogancia y han realizado operaciones militares con precisión y
eficiencia mortíferas (Isaías 10:8–14). Aunque pocos estudiosos modernos buscan
en la Biblia la orientación para comprender los fenómenos geopolíticos actuales,
las referencias proféticas a Asiria en los “postreros días” ciertamente señalan
hacia la moderna Alemania.
Las leyendas indican que la ciudad más antigua de Alemania, Tréveris,
nació de una colonia asiria fundada alrededor del año 2000 antes de Cristo.
Ciertas fuentes árabes del siglo 15 se refieren a los germanos como asirios. Los
asirios y sus aliados fueron las primeras naciones que emplearon armas de hierro
y el hierro ha cumplido un papel notable en la historia social alemana.
Carlomagno gobernó desde Aquisgrán en lo que hoy es Alemania. Llevaba armadura
de hierro y “tomó la corona de hierro de Lombardía" para convertirse en
rey de los francos y los lombardos (Germany, Her People and their Story, “Alemania:
su pueblo y su historia”, Gifford, p. 35). Desde 1813 y hasta el final de la Segunda
Guerra Mundial, la Cruz de Hierro fue el premio otorgado a los soldados
alemanes por servicios meritorios en la guerra. El dirigente alemán Otto von
Bismarck adquirió el sobrenombre de "el canciller de hierro" por sus memorables
palabras que afirmaban que los grandes problemas de la era se resolverían
mediante "sangre y hierro".
Las profecías de Daniel indican que "al cabo del tiempo" el poder
de la bestia europea encabezada por Alemania (y llamada “el rey del
norte") realizará operaciones militares en el Medio Oriente en respuesta a
provocaciones del “rey del sur”, o sea una potencia situada al sur de
Jerusalén. Los europeos derrotarán a varias naciones, entre ellas Egipto, Libia
y Etiopía (Daniel 11:40–43). Parece, según las profecías, que un punto de
contienda será el control de los recursos naturales preciosos (Daniel 11:43).
Sin embargo, la potencia europea invasora se verá perturbada por noticias
"del oriente y del norte", direcciones que señalan hacia Rusia y
China (Daniel 11:44). Otras profecías indican que los "reyes del oriente"
van a encaminarse contra los ejércitos europeos en el Medio Oriente, lo cual
culminará con una conflagración final en Armagedón al término de la era
(Apocalipsis 16:12–16).
Estas profecías describen precisamente las condiciones que se están
produciendo hoy en Europa, el Medio Oriente y Asia. La Unión Europea está
desarrollando su poderío militar y buscando maneras de participar en los
acontecimientos del Medio Oriente como “tropas de paz”. La China sigue
acrecentando su capacidad militar, y su necesidad de recursos se va ampliando a
medida que crecen su economía y población. Europa, Rusia y la China están
compitiendo por los yacimientos limitados de petróleo y metales preciosos en el
planeta. La larga historia de conflicto entre el mundo musulmán y el
catolicismo también vuelve a cobrar fuerza. Las profecías bíblicas indican que
los acontecimientos mundiales llegarán a su punto culminante en el Medio
Oriente inmediatamente antes del regreso de Jesucristo; ¡probablemente en vida
de la mayoría de los lectores de este artículo!
Daniel recibió una serie de profecías que revelan "lo que ha de acontecer en los
postreros días" y se le dijo que las profecías son "verdaderas" y que
"han de acontecer" (Daniel 2:28, 45). Por medio del profeta Amós, Dios
dijo que "no
hará nada el Eterno el Señor, sin que revele su secreto a sus siervos los
profetas" (Amós 3:7). Jesús les dijo a sus discípulos que observaran los
acontecimientos mundiales y que advirtieran al mundo de la importancia
profética de los sucesos que se producirían a escala mundial justo antes del
fin de la era y el regreso de Jesucristo. Por su parte, el apóstol Pedro explicó que la Iglesia de Dios
tiene "la
palabra profética más segura" (2 Pedro 1:19). Una razón de tal seguridad es
que los apóstoles, al igual que la Iglesia de Dios hoy, conocían los papeles de
las diferentes identidades nacionales en la profecía bíblica. Usted también
puede tener más entendimiento si estudia las profecías bíblicas, presta
atención a los acontecimientos mundiales y sigue siendo lector de El Mundo de
Mañana.