¿Podemos creer en la Biblia?
Por Douglas S. Winnail
¿En qué se distingue la Biblia de otros “libros sagrados”?
¿Es la palabra
inspirada de Dios, o es obra de hábiles seres humanos?
Aunque millones ponen los
ojos en otros libros y dudan que la Biblia sea un libro de actualidad, todos
los indicios señalan ¡que la Biblia sí es diferente!
Los
escépticos ven en la Biblia sólo una colección de mitos y leyendas… ¡pero los
hechos señalan algo muy distinto!
¿Es
la Biblia la palabra inspirada de Dios? ¿Hay hechos determinantes que respalden
tal idea? ¿Existe alguna diferencia entre la Biblia y los libros sagrados de
otras religiones? ¿Es la Biblia un simple relato de la búsqueda de Dios por
parte de los hombres, o encierran las Escrituras una revelación especial de
Dios a la humanidad? ¿Qué importancia tiene la Biblia en el siglo 21? ¿Ofrece
ella alguna información vital que falta en nuestra vida hoy?
Muchas personas educadas dan por sentado que
la ciencia y la erudición han logrado desacreditar la Biblia por completo,
relegando este texto antiguo al polvo de la historia. Tales ideas encuentran
acogida hoy porque muchas personas ignoran lo que es la Biblia y desconocen los
hallazgos que siguen confirmando el
acierto histórico de las Escrituras y desmintiendo
los argumentos de los escépticos. Muchos suponen que todas las religiones
son igualmente fidedignas pero ni siquiera han comparado los libros que dieron
origen a esas religiones. Como resultado, pasan por alto e ignoran la
extraordinaria singularidad de la Biblia. Antes de aceptar a ciegas la idea de
que la Biblia es “como cualquier otro libro”, examine las pruebas por usted
mismo.
El apóstol Pablo no instaba a los primeros cristianos a “solamente creer” en
Jesús ni a aceptar las enseñanzas del cristianismo “por fe”. Por el contrario,
a sus oyentes les decía: " Examinadlo todo; retened lo bueno " (1
Tesalonicenses 5:21). Por su parte, el apóstol Pedro resaltó la confiabilidad del mensaje cristiano:
"Porque no os hemos dado a conocer el poder y la venida de nuestro Señor
Jesucristo siguiendo fábulas artificiosas, sino como habiendo visto con nuestros propios ojos su
majestad" (2 Pedro 1:16). En una carta a los hebreos, Pablo señaló que la
convicción religiosa tiene que ver con evidencia,
seguridad y certeza. No con simple fe ciega (Hebreos 11:1). Pese a lo que
argumenten los escépticos, el contenido de las Sagradas Escrituras se puede verificar con datos históricos y con los
descubrimientos de la arqueología. La Biblia ofrece respuestas a las grandes
incógnitas de la vida, que la ciencia no puede contestar, y revela hacia dónde
se dirigen los acontecimientos mundiales en el futuro inmediato. Usted se
sorprenderá al ver lo que puede descubrir por
sí mismo cuando examina las pruebas de que la Biblia es la palabra inspirada
de Dios.
¿Realidad o ficción?
La Biblia
afirma ser la palabra
inspirada de Dios. El apóstol Pablo escribió: "Toda la Escritura es inspirada
por Dios" (2 Timoteo 3:16). El apóstol Juan afirmó: "Tu palabra es
verdad" (Juan 17:17) Y en los Salmos, David escribió: "La suma de tu palabra es verdad" (Salmo
119:160). Sin embargo, en los últimos 200 años el auge de la crítica bíblica ha
llevado a muchos eruditos a dudar de la inspiración de las Escrituras y a
suponer que los lugares y personajes de la Biblia no fueron históricos sino
ficticios. Los eruditos solían asegurar que no existían fuera de la Biblia
datos probatorios que respaldaran la existencia de los personajes y lugares
mencionados en la Biblia. Este argumento ha tenido buena aceptación en los círculos
académicos seculares y se ha filtrado a los medios de comunicación ¡pese a que
un caudal incesante de descubrimientos arqueológicos sigue validando el acierto
histórico de la Biblia y desacreditando los argumentos de los escépticos!
Todavía en 1992, algunos estudiosos de la Biblia todavía aseveraban muy
confiados que "no hay criterios literarios para creer que David fuese más
histórico que Josué, Josué más histórico que Abraham ni Abraham más histórico
que Adán" (ver "La casa de David, edificada sobre arena," Biblical Archeological Review, julio-agosto de 1994). No obstante,
sólo un año más tarde los arqueólogos que excavaban en la alta Galilea hallaron
una inscripción que databa del siglo noveno antes de Cristo y describía la
"casa de David." Un galardonado periodista escribió: "La referencia arqueológica a David detonó como
una bomba histórica. El nombre tan conocido del antiguo rey guerrero de Judá
nunca antes… se había hallado en los anales de la antigüedad fuera de las
páginas de la Biblia" (¿Es cierta la
Biblia?, Sheler).
Los críticos también han visto en el relato bíblico de David y Goliat un
imaginativo ejemplo de ficción bíblica. Pero recientemente, los arqueólogos que
excavaban en Gat (lugar de donde era Goliat, citado en 1 Samuel 17:4) han
sacado a la luz un trozo de un artefacto de barro con dos nombres
extraordinariamente parecidos al nombre Goliat. Se trata de la inscripción
filistea más antigua jamás descubierta y se remonta aproximadamente al año 950
antes de Cristo. Esto la distancia no más de 70 años de la narrativa bíblica y
ofrece respaldo histórico al relato de la Biblia. Estos importantes
descubrimientos ¡siguen desmintiendo los argumentos de los escépticos!
De modo análogo, algunos eruditos han considerado que los patriarcas de la
Biblia, Abraham, Isaac y Jacob, son apenas figuras míticas hebreas que jamás
existieron. Pero el descubrimiento de miles de tablas cuneiformes provenientes
de los archivos reales del palacio de Man en el norte de Siria hace por lo
menos cuestionable semejante aseveración. Las tablas parecen remontarse al
comienzo del segundo milenio antes de Cristo (que es la época aproximada de los
patriarcas) y en ellas se citan "nombres como Abam-ram (Abraham), Jacob-el
y los benjamitas. Aunque estos no se
refieren a las personas bíblicas, al
menos muestran que se usaban esos nombres" (ver Cuando los escépticos preguntan, Geisler y Brooks).
Ciertos eruditos que miran la Biblia con escepticismo señalan las similitudes
entre la narrativa de la creación en Génesis y unas tablas de barro babilónicas
que describen la creación del mundo como obra de dioses que reñían entre sí.
Estos eruditos hacen de lado las grandes
diferencias entre los relatos para sugerir que los redactores bíblicos tomaron
material prestado de otras fuentes, Sin embargo, más de 17.000 tablas de barro
descubiertas en Ebla en lo que hoy es Siria, y que datan de aproximadamente
2500 antes de Cristo, muestran el desacierto de tales afirmaciones. Las tablas
de Ebla, que son unos 600 años anteriores a la épica babilónica, contienen
"las crónicas de la creación más antiguas que se conozcan fuera de la
Biblia.… La tabla de la creación se asemeja notablemente a la de Génesis, y
habla de un ser que creó los cielos, la luna, las estrellas y la Tierra.
Los análisis paralelos demuestran que la versión más antigua y menos adornada
es la bíblica… Estas [las tablas de Ebla] acaban con la creencia de los
críticos en la evolución del monoteísmo a partir de un supuesto politeísmo
anterior " (Baker Encyclopedia
of Christian Apologetics, Geisler).
Estos extraordinarios descubrimientos, colocados al lado de otros (que suman
decenas) como el pilar de Merneptah que habla de la conquista de Israel por un
faraón egipcio alrededor de 1200 BC, el Obelisco Negro de Nimrud que muestra al
rey israelita Jehú postrándose ante el rey asirio Salmanasar, la inscripción
cerca de Jerusalén que menciona a "José, hijo de Caifás" (Caifás era
sumo sacerdote en Jerusalén en tiempos de la crucifixión de Cristo) y la piedra
inscrita proveniente de Cesarea que data del primer siglo y reza: "Poncio
Pilato, prefecto de Judea", apoyan la conclusión de que los redactores de
la Biblia estaban consignando hechos reales y no ficticios (ver La firma de Dios, Jeffrey, ¿Es cierta la Biblia?, Sheler).
La manera como la arqueología ha confirmado la veracidad histórica de la Biblia
ha sido realmente notable. El destacado arqueólogo Nelson Glueck ha escrito que
"se puede declarar clara y categóricamente que ningún hallazgo arqueológico ha desmentido jamás una sola referencia
bíblica. Se han hecho decenas de descubrimientos arqueológicos que
confirman con claros delineamientos o con detalles exactos, enunciados
históricos de la Biblia " (Ríos en el desierto, Glueck). Otro
destacado arqueólogo dijo: "No cabe duda de que la arqueología ha
confirmado la historicidad sustancial de la tradición del Antiguo Testamento…
El escepticismo excesivo manifestado respecto de la Biblia por importantes
escuelas de los siglos 18 y 19…se ha visto desacreditado progresivamente "
(Evidencias que exigen un veredicto, McDowell, Vol. 1).
¿Un texto corrompido?
Muchos se
preguntan si es razonable, o siquiera sensato, dar fe y poner su confianza en
una supuesta "palabra de Dios" que fue escrita hace miles de años por
múltiples autores, luego copiada a mano de generación en generación. ¿Hasta qué
punto podemos confiar en la Biblia? ¿Cómo sabemos que no se han producido
errores ni alteraciones graves en ella? Al fin y al cabo, los teólogos
musulmanes aseguran que judíos y cristianos han desvirtuado el texto bíblico o
lo han interpretado erróneamente. Superficialmente, estas inquietudes parecen
justificadas, pero reflejan una gran ignorancia respecto del cuidado con que
fue preservada la Biblia a lo largo de los siglos.
Respecto de las Sagradas Escrituras, Jesús declaró inequívocamente que "ni una jota ni una tilde pasará
de la ley, hasta que todo se haya cumplido " y que "el cielo y la tierra pasarán,
pero mis palabras no pasarán " (Mateo 5:18; 24:35). Esto es precisamente lo
que esperaríamos si la Biblia es la palabra de Dios. El apóstol Pablo dijo que
los judíos habían de cumplir un papel especial en la preservación de las
Escrituras: "¿Qué
ventaja tiene, pues, el judío?… Mucho, en todas maneras. Primero, ciertamente,
que les ha sido confiada la palabra de Dios" (Romanos 3:1–2).
Los anales de la historia demuestran claramente cómo los judíos han preservado
la integridad del Antiguo Testamento. En la antigua Israel, los escribas se
encargaban de copiar y explicar las Escrituras cuidadosamente (ver Esdras
7:1–11; Nehemías 8:1–9). Aquellos escribas guardaban un profundo respeto por la
advertencia bíblica que dice: "No añadiréis a la palabra que yo os mando, ni
disminuiréis de ella" (Deuteronomio 4:2). Más tarde, los talmudistas
(100–500 después de Cristo) aplicaron un sistema de reglamentación minucioso al
transcribir los rollos en que estaba
escrita la Biblia. En su empeño por transmitir un texto auténtico, no se
permitían escribir ni una palabra ni una letra de memoria. Las columnas de
texto podían tener sólo cierto número de renglones. Se permitía únicamente
tinta negra. El copista tenía que vestir el atuendo judío completo mientras
laboraba, siempre sentado. Alrededor del año 500 después de Cristo, unos
escribas llamados masoretas produjeron un texto unificado del Antiguo
Testamento agregando vocales a las palabras para asegurar su pronunciación
correcta. Contaban el número de palabras y letras en cada libro—llegando al
extremo de calcular la letra y la palabra que se hallaban en la mitad de cada libro—a
fin de asegurar que sus copias se transcribieran fielmente. Las copias antiguas
y las que tuvieran errores se desecharon.
El descubrimiento de los rollos del mar Muerto en 1947 demostró el grado de
precisión logrado por los judíos en su preservación del texto del Antiguo
Testamento. Antes de hallarse los rollos en una cueva cerca del mar Muerto, el
ejemplar más antiguo del texto hebreo databa de 1000 después de Cristo
aproximadamente. Los rollos recién descubiertos databan del primer siglo antes
de Jesucristo y contenían dos copias casi completas del libro de Isaías que
"resultaron ser idénticas palabra por palabra a nuestra Biblia
hebrea usual en más del 95 por ciento del texto. El cinco por ciento de
variaciones consistía en lapsos obvios de trazo y variaciones ortográficas
" (Geisler y Brooks, pp. 158–159). El descubrimiento de los rollos del mar
Muerto ¡brindó indicios probatorios de que el texto del Antiguo Testamento no
ha variado en más de 2.000 años!
El Nuevo Testamento es igualmente fidedigno. Como bien lo saben los estudiosos,
"hay más manuscritos, y más antiguos, del Nuevo Testamento que de
cualquier otro libro del mundo antiguo" (Geisler, p. 93). Estos
manuscritos revelan que el Nuevo Testamento "ha llegado a nosotros sin
ninguna, o casi ninguna, variación" (McDowell, p. 44). Existen más de
24.000 copias manuscritas del Nuevo Testamento en griego, latín y otros
idiomas. Los manuscritos más antiguos del Nuevo Testamento se remontan a unos
decenios después de la vida de los redactores apostólicos. En contraste, hay
sólo 643 manuscritos de la Iliada de
Homero (escrita alrededor del año 900 antes de Cristo) y el ejemplar más
antiguo que hoy tenemos data aproximadamente del año 400 antes de Cristo, unos
500 años después de su confección. Hoy existen apenas 10 a 20 ejemplares de los
escritos de Julio César, del historiador romano Tácito y del historiador griego
Heródoto, siendo los más antiguos unos mil años posteriores a los originales
(McDowell, pp. 39–43). Comparado con el Nuevo Testamento, ningún otro documento del mundo antiguo ha dejado tan rico caudal
de material que apoye la transmisión fiel de su texto.
Además de la multitud de manuscritos con que contamos, los autores cristianos
primitivos citaban el Antiguo Testamento tan extensamente que sería posible
construir casi la totalidad de su texto a partir de otras fuentes. Aunque los
escépticos declaran que los evangelios se escribieron siglos después de la vida
de los apóstoles, el fragmento más antiguo del evangelio de Juan data del año
130 después de Cristo aproximadamente, o sea unos 30 años después de la muerte
del autor, y esto respalda el concepto tradicional de que Juan escribió su
evangelio hacia finales del primer siglo (ver McDowell, pp. 39–47). Por otra
parte, "no hay indicios de los dos primeros siglos cristianos de que los
evangelios hayan circulado jamás sin llevar los nombres de sus autores"
(Sheler, p. 33). Como ha observado un erudito: "Si comparamos el estado
actual del texto del Nuevo Testamento con el de cualquier otro escrito antiguo,
tenemos que… declararlo maravillosamente correcto" (McDowell, p. 45). Otro
erudito destacado afirma: "Es imposible exagerar al decir que,
sustancialmente, el texto de la Biblia es seguro.
Ello es especialmente cierto tratándose del Nuevo Testamento …No puede
decirse lo mismo de ningún otro libro antiguo en el mundo" (op. cit.).
El factor distintivo
La Biblia
tiene una característica singular que la distingue de todos los demás libros y
que ofrece el indicio más firme de su origen inspirado. Contiene profecías
que predicen el futuro con acierto. Los eruditos han determinado que la Biblia
contiene más de 1.800 predicciones, algunas de ellas muy específicas, y que
alrededor del 27 por ciento de la Biblia es profecía. Lo anterior presenta un
contraste notable con otras obras antiguas. "En todo el repertorio de
literatura griega y latina… no se encuentra ninguna profecía específica real de
algún gran hecho histórico que vendrá en el futuro lejano, ni ninguna profecía
de un Salvador que surgirá en el género humano” (McDowell, p. 22). En cambio…
"a diferencia de todos los demás libros, la Biblia ofrece multitud
de predicciones específicas, algunas con cientos de años de anticipación, las
cuales se han cumplido literalmente o bien señalan un momento futuro definido
en el cual se harán realidad " (Geisler, p. 609).
La capacidad de prever el futuro de modo acertado y coherente sencillamente no
está dentro de las posibilidades humanas. Las profecías bíblicas predicen el
auge y caída de individuos, naciones e imperios destacados, con un grado
extraordinario de detalle y con un acierto asombroso. La Biblia contiene casi
200 profecías cumplidas sobre la vida, muerte, resurrección y ascenso de
Jesucristo. Predice que nacería de una virgen (Isaías 7:14) en Belén (Miqueas
5:2). Pasaría algún tiempo en Egipto (Oseas 11:1). Su nacimiento ocasionaría
una masacre infantil (Jeremías 31:15). Viviría en Galilea (Isaías 9:1–2).
Entraría a Jerusalén montado en un asno (Zacarías 9:9). Moriría acompañado de
transgresores y lo enterrarían en el sepulcro de un rico (Isaías 53:9, 12).
Resucitaría después de tres días (Mateo 12:40; Oseas 6:2; Jonás 1:17).
Centenares de profecías bíblicas previeron detalles específicos de la vida de
Jesucristo siglos antes de su nacimiento. El cumplimiento de tales profecías
demuestra que Dios está a cargo de la historia de los hombres. En las
Escrituras, el propio Dios desafía s sus críticos a que predigan el futuro y lo
hagan cumplir: "Traigan, anúnciennos lo que ha de venir… Dadnos nuevas de lo que ha de ser
después, para que sepamos que vosotros sois dioses;… He aquí que vosotros sois nada…porque yo soy Dios, y no hay
otro Dios… que
anuncio lo por venir desde el principio, y desde la antigüedad lo que aún no
era hecho; que digo: Mi consejo permanecerá, y haré todo lo que quiero" (Isaías
41:21–24; 46:9–10). ¿Podemos comparan las profecías de la Biblia con las
predicciones de los seres humanos? Un estudio de 25 de los psíquicos (adivinos)
más renombrados reveló que el 92
por ciento de sus predicciones
eran totalmente erradas y que el 8 por ciento restante podían
explicarse como obra del azar o del conocimiento general de las circunstancias
(Geisler, p. 615).
Dimensiones perdidas
La
profecía bíblica revela el significado
de los acontecimientos mundiales de hoy y cómo culminarán con el regreso de
Jesucristo a la Tierra. No hay otro
libro que haga lo mismo, y con tal detalle. Los primeros años del siglo
21 han visto el resurgimiento de la religión extremista en el mundo, el auge
del terrorismo internacional, sismos devastadores y cambios climáticos
mundiales que han dado origen a hambrunas, inundaciones, huracanes y epidemias
que amenazan el futuro de la vida en el planeta. La Biblia predijo hace mucho
tiempo que tales fenómenos serían parte del escenario de los tiempos del fin
antes del regreso de Jesucristo a la Tierra (ver Mateo 24; Apocalipsis 6). Las
Escrituras también predicen la aparición, en tiempos del fin, de una
superpotencia europea renovada semejante al Imperio Romano, así como un
poderoso personaje religioso de alcances mundiales (ver Daniel 2; 7;
Apocalipsis 13; 17; 18). En estos tiempos, las Escrituras predicen que los
Estados Unidos y las naciones de habla inglesa irán menguando como grandes
potencias mundiales. (Para mayor información sobre este tema, solicite nuestro
folleto gratuito titulado Estados Unidos y Gran Bretaña en profecía).
Aunque los escépticos se rían, estos fenómenos predichos en las páginas de la
Biblia se están cumpliendo hoy. ¡Están en las noticias! ¡Podemos confiar en La
Biblia!
En nuestro mundo moderno, millones carecen de propósito en la vida y sienten
que su existencia no tiene mayor significado. En cambio, la Biblia revela el por qué de la existencia humana. Revela
el propósito de la vida humana y explica que los seres humanos son hechos a
imagen de Dios, que su vida hoy es para que desarrollen carácter para que
puedan convertirse en parte de la familia divina y reinar con Jesucristo cuando
Él establezca el Reino de Dios en la tierra. Muy pocos entienden este aspecto del
evangelio porque esta verdad tan importante y fundamental se corrompió y
descartó después de la era apostólica. ¡Pero es una verdad que se encuentra
claramente expuesta en las páginas de la Biblia!
Como hemos visto, hay abundantes pruebas tanto históricas como arqueológicas
que respaldan la confiabilidad de las Escrituras. Tenemos también el
extraordinario e inigualado fenómeno de la profecía bíblica cumplida. Siendo
así, ¿por qué tantos eruditos, con sus años de educación, persisten en
cuestionar y criticar la Biblia? Un arqueólogo resumió muy bien la respuesta al
decir: "El escepticismo excesivo de muchos teólogos liberales nace no de
una evaluación atenta de los datos disponibles sino de un prejuicio contra lo
sobrenatural " (McDowell, p. 66).
Este escepticismo, este prejuicio filosófico contra la idea misma de Dios, se
ha apoderado de los centros educativos y de los medios de difusión hasta el
punto de ocasionar una duda generalizada de que Dios exista y generar en la
mente de muchos la idea de que la Biblia es “otro libro más”. Sin embargo,
usted no tiene por qué estar confundido ni engañado si está dispuesto a
examinar las pruebas por sí mismo. Y las pruebas demuestran que a la Biblia ¡sí
se le puede creer!.