¿Busca usted
a Dios de veras?
Por Roderick C. Meredith
Millones de habitantes del mundo occidental profesan alguna religión.
Pero es interesante notar los resultados de encuestas recientes según las
cuales millones de personas se están apartando de las iglesias tradicionales
para “inventarse” su propia religión. Toman de por aquí y de
por allá, entre las enseñanzas y tradiciones de las diferentes iglesias, lo que
parece venir bien a sus necesidades o deseos hasta terminar con un extraño
surtido de ideas.
Constantemente se les aconseja: “¡Escojan por sí mismos la iglesia adonde quieran ir!”
Lo anterior da a entender que una religión es tan buena como la otra y
que, por lo tanto, toda “opción” que uno escoja es válida, ¡cualquiera que sea! Es así como
muchísimas personas del mundo occidental empiezan a “coquetear” con las
religiones orientales, o bien adoptan ciertas creencias y prácticas del Islam o
se envuelven en el movimiento “New Age”.
Si la Biblia no es inspirada por el Creador, y si no existe un Dios
personal y real con instrucciones directas para nosotros, entonces todo ese
“coqueteo” religioso quizá no fuera un problema grave. Pero entonces cabe
preguntar: ¿Hay, o no hay, un Dios verdadero y personal quien es el Padre de
todos los cristianos verdaderos? ¿La Biblia es, o no es, la revelación
inspirada de nuestro Creador, la cual le revela a la humanidad el propósito de
su vida y cómo cumplir ese extraordinario propósito?
Si las anteriores respuestas son afirmativas, más nos vale dejar de
andar a la deriva ¡y ESCUCHAR lo que nos dice el Creador en su palabra
inspirada! La Biblia revela a
Jesucristo claramente como el Hijo de Dios y como el “Verbo” o Vocero desde el
principio—Aquel por quien fue creado el mundo (Juan 1:1-18). Hablando en
primera persona, Jesucristo nos dice: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al
Padre, sino por mí” (Juan 14:6).
Según la afirmación anterior, nosotros podemos venir a Dios solamente por medio de Jesucristo. Y el
propio Jesucristo amonestó así a quienes pretendían ser sus seguidores: “¿Por qué me llamáis, Señor,
Señor, y no hacéis lo que yo digo?” (Lucas 6.46).
“¡Pero estoy confundido!” exclaman muchos. “Con tal confusión de
religiones que hay, yo no sé ni qué decir ni qué creer acerca de Dios. Pero sí creo que la Biblia fue inspirada por
Dios”.
Al menos, ese es un buen punto de partida. Si usted cree que la Biblia
es el “Manual de Instrucciones” de Dios para la humanidad, cuya intención es
mostrarnos qué creer y cómo vivir, entonces debe estudiar este libro inspirado lo mismo que estudiaría un libro de
texto, por ejemplo para aprender un idioma. Debe leer y estudiar la totalidad de la Biblia, capítulo por capítulo, tal como
haría con un texto universitario de historia si necesitara entenderlo para
aprobar un examen final. Para facilitarle el estudio, ¿por qué no comprar una
concordancia exhaustiva y estudiar toda la Biblia, capítulo por capítulo, como
haría con un texto de medicina?
Además, debe BUSCAR a Dios sinceramente ¡y con todo el corazón! Muchas personas profesan cierto “interés” en
Dios pero pasan por la vida a le deriva, sin “buscarlo” realmente y sin PROBAR
para sí que Él existe, que la Biblia es su palabra inspirada y que ellos
necesitan HACER lo que manda la palabra inspirada de Dios. Y viven así ¡pese a
que estos asuntos son, sin duda, los MÁS
IMPORTANTES de la vida!
Dios habla de un tiempo futuro de gran aflicción y dolor, llamado “los
postreros días”. En aquel estado de quebrantamiento y humillación, algunos se arrepentirán. “Mas si desde allí BUSCARES al
Eterno tu Dios, lo hallarás, si lo BUSCARES de todo tu corazón y de toda tu
alma. Cuando estuvieres en angustia, y te alcanzaren todas estas cosas, si en
los postreros días te volvieres al Eterno tu Dios, y oyeres su voz…” (Deuteronomio
4:29-30).
¿Está usted dispuesto a comenzar a “buscar” a Dios sinceramente antes que venga esta gran tribulación
(Mateo 24:21-22)? ¿Está usted dispuesto a hacer el esfuerzo físico e
intelectual de realmente ESTUDIAR la palabra de Dios de un modo sistemático, de
ORAR a su Creador pidiendo entendimiento,
y de AYUNAR delante de Dios tal como lo hizo el apóstol Pablo cuando se sintió
sacudido hasta el punto de abandonar su antigua manera de vivir? (Hechos 9:9).
En su autobiografía, llena de información y ayuda para los lectores,
Herbert W. Armstrong describió una excelente manera de ayunar, la cual será de
gran valor para quien la aplique:
“No había más tiempo para
perder. Tenía que hallar la solución. Sabía de una sola manera: ¡ayuno y
oración! Era el último recurso. Yo no sabía de qué manera se ayunaba y oraba,
pues nunca lo había hecho. Pero cuando los discípulos de Jesús no pudieron
echar fuera a un demonio, Jesús dijo que ese efecto se producía solamente
mediante el ayuno y la oración. Comencé, pues, a ayunar.
El ayuno comenzó un sábado por la mañana. Esa mañana no desayuné. Sin saber cómo se debía ayunar y orar, lo primero que hice fue orar y pedirle a Dios que me mostrara cómo: que me abriera el entendimiento. Luego, como Dios nos habla por medio de su palabra escrita, empecé a buscar instrucciones acerca del ayuno en la Biblia. Durante una hora y con la ayuda de una concordancia, estudié pasajes de las Sagradas Escrituras sobre el tema del ayuno y la oración. Buena parte de este tiempo, estuve de rodillas.
Luego, estuve una
hora sentado, pensando y contemplando. Pensé en los pasajes de las Escrituras
que acababa de leer. Reflexioné sobre mi propia vida en los últimos meses.
Traté de compararla con el camino de Dios tal como se revela en las Sagradas
Escrituras. Luego pasé la siguiente hora hablando con Dios en oración.
Decidí continuar
en ese mismo orden: una hora de estudios de las Sagradas Escrituras, una hora
de contemplación y una hora de oración. Ni una sola vez le pedí a Dios que
sanara a mi esposa. Todavía no. Lo había pedido durante semanas, sin
resultados. Ahora estaba ayunando y orando, no con el objeto de presionar a
Dios para obligarlo a cumplir mi voluntad y concederme lo que pedía, ¡sino para
saber qué estaba mal en mí! Comprendí que no tenemos por qué presionar a Dios.
¡No ayune JAMÁS como medio para inducir a Dios a responder!” (Autobiografía de
Herbert W. Armstrong, volumen II, pp. 391-392)
Francamente, cada uno de nosotros
necesita pasar por un proceso similar de “buscar” sinceramente a Dios e indagar
cuál es su voluntad para nuestra vida. Si realmente deseamos cumplir un papel
significativo de servicio en el Reino de Cristo que pronto estará aquí, debemos
comenzar AHORA a hacer nuestra parte
para “buscar” a Dios, para llegar a “conocer” a Dios y para cumplir su
voluntad.
Todos debemos escuchar atentamente la rotunda advertencia hecha por
Cristo a quienes piensan que, porque
predican en el nombre de Cristo y cumplen actividades “buenas”, están sirviendo
a Dios aunque rehúsen obedecer su ley
divina: “No todo el
que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace
la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día:
Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera
demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Entonces les declararé: NUNCA
os conocí; apartaos de mí, hacedores de MALDAD” (Mateo 7:21-23).
Dios quiera que muchos de ustedes dejen de andar “a la deriva” por la
vida, que BUSQUEN a Dios y su voluntad con CELO y con ENERGÍA. Si usted no se
ha matriculado en nuestro Curso bíblico
por correspondencia, lo invitamos a llamar o escribirnos ahora mismo para
matricularse y tomar el curso SIN COSTO. Si usted realmente estudia este curso, junto con la Biblia,
y si persiste en este estudio,
encontrará una ayuda enorme para entender las profecías de los tiempos del FIN
en la Biblia, así como el extraordinario PLAN que Dios está cumpliendo acá en
la tierra y la MANERA como usted puede entrar en la vida eterna y el Reino de
Dios.
Por Roderick C. Meredith www.mundomanana.org