¿Está usted
dispuesto a cambiar?
Por Roderick C. Meredith
Su vida depende de que usted esté dispuesto a cambiar. Su vida eterna
está sujeta a lo que usted haga con la verdad revelada de Dios, la cual conduce
a la vida eterna. Pero saber la verdad no basta. Dios desea que usted actúe.
¿Cómo responderá usted a este llamado?
En los últimos años, millones de oyentes han
sintonizado el programa radial El Mundo de Mañana, han leído la revista o han visitado
nuestro sitio en Internet. Con cada mes que pasa, miles y miles se suman a los
que escuchan este mensaje por primera vez. Leen los artículos claros y
contundentes basados en la Biblia, que aparecen en nuestra revista. Estudian
folletos y artículos en los cuales presentamos la verdad sobre la existencia de
su Padre Celestial divino, el Creador, quien les da el aliento de vida y el
aire que respiran. Han visto cuán descabelladas son la fantasía evolucionista y
otras enseñanzas falsas. Escuchan, leen y hablan. Quizá hablen con parientes o
amigos o colegas en el trabajo. Quizá hablen con miembros de su iglesia o
compañeros de estudios.
Ya están escuchando, y están leyendo, y
hablando.
Escuchan y leen y
hablan, pero… ¿qué hacen? ¿Qué hará usted?
Dios dice: "Y vendrán a ti como viene el pueblo, y estarán
delante de ti como pueblo mío, y oirán tus palabras, y no las pondrán por obra;
antes hacen halagos con sus bocas, y el corazón de ellos anda en pos de su
avaricia. Y he aquí que tú eres a ellos como cantor de amores, hermoso de voz y
que canta bien; y oirán tus palabras, pero no las pondrán por obra. Pero cuando
ello viniere (y viene ya), sabrán que hubo profeta entre ellos" (Ezequiel
33:31–33).
¿Qué se necesitará para que
usted reconozca, en lo íntimo de su ser, que en las transmisiones radiales de El
Mundo de Mañana le hablan a
usted verdaderos siervos del Dios Todopoderoso?
¿Qué se necesitará para que
usted personalmente sepa que los siervos del Altísimo se están dirigiendo a
usted por medio de estas publicaciones?
¿Qué se necesitará
para que usted haga caso y actúe conforme al
conocimiento que está recibiendo por medio del programa radial, esta revista y
nuestra página de Internet?
¿En qué medida se
verá usted afectado por el castigo sobrenatural profetizado, antes de que
acceda a cambiar su modo
de vida y empiece a obedecer a Dios?
Porque esa es la clave: que usted esté
dispuesto a cambiar.
Muchas personas que se detienen a pensar se
convencen intelectualmente por lo que oyen en el programa radial y en las páginas
de El Mundo de Mañana. Saben que es cierto. ¡Pero se resisten y
resienten ante la idea de tener que cambiar su modo de vida! Sin embargo, en esta época más que en
cualquier otra, la decisión de cambiar y
de aceptar y obedecer la verdad que Dios revela por medio de sus siervos en
estos tiempos del fin es la clave de su supervivencia, ahora y eternamente.
No pasará mucho tiempo antes de que usted vea
que esta no es solamente una idea sentimental nuestra, sino un hecho.
Su actitud es la
clave
Durante siglos, los verdaderos siervos de Dios
han predicado un mensaje de cambio. Es así sencillamente porque la gente tiende
a seguir el camino de la naturaleza humana: el camino de la vanidad, el
egoísmo, la codicia, el odio y la guerra.
Como con una sola voz, los fieles siervos de
Dios han clamado denunciando los crímenes y pecados de sus pueblos, no sólo con
justa indignación o ira sino movidos por una profunda inquietud personal.
Ezequiel clamó: “¿Por qué moriréis, casa de Israel?" (Ezequiel
18:31). Y el profeta Jeremías se lamentó diciendo: "Porque [Dios] no aflige ni
entristece voluntariamente a los hijos de los hombres " (Lamentaciones 3:33).
Estos dos profetas, dotados de aguda percepción,
vieron los excesos y pecados repugnantes de su pueblo. Vieron, por revelación
de Dios, los castigos profetizados que la gente traía sobre sí. Porque amaban a
su pueblo y deseaban de todo corazón servirle, lo instaban a arrepentirse de
sus pecados, es decir, a cambiar.
Ambos profetas respondieron al clamor de
personas acosadas de problemas, pero que decían: "Ese profeta sólo critica
a la nación ¡pero no propone soluciones!"
Saber estas cosas en sí no servirá a usted ni a sus seres queridos para nada.
¡Es
necesario actuar!
Sin embargo, ellos sí proponían soluciones:
soluciones amplias y certeras para los problemas del mundo y para los problemas
del individuo. Las soluciones que ofrecían eran la respuesta de Dios mismo.
Y esa respuesta es: arrepentirse, estar
dispuesto a cambiar. Arrepentirse significa no solamente lamentar lo que uno ha
hecho, sino lamentarlo tanto que uno está dispuesto a dejar de hacer lo malo,
dar media vuelta y hacer lo opuesto. El arrepentimiento verdadero implica un
verdadero cambio.
Como preparación para la primera venida de
Jesucristo, Juan el Bautista predicó en el desierto de Judea, diciendo: "Arrepentios, porque el reino de
los cielos se ha acercado" (Mateo 3:1–2).
Poco después, Jesús empezó su propia misión,
predicando el evangelio del futuro gobierno (o reino) de Dios. Proclamó: "El tiempo se ha cumplido, y el
reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio" (Marcos
1:14–15).
Una y otra vez, Jesús les advirtió a sus oyentes
que la única manera de salvarse era arrepentirse de los caminos, los hábitos y
las costumbres de la gente que los rodeaba, para empezar a obedecer a Dios.
Advirtió: "Si
no os arrepentís, todos pereceréis igualmente " (Lucas 13:3, 5).
En los comienzos de la iglesia del Nuevo
Testamento, el apóstol Pedro expuso, inspirado por Dios, el camino a la
salvación: "Arrepentios,
y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los
pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo" (Hechos 2:38).
Y de nuevo: "Así que, arrepentios y convertios, para que sean
borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de
refrigerio" (Hechos 3:19). La palabra convertir es un término que
significa "cambiar".
Para estar convertida espiritualmente, la
persona debe estar activa y genuinamente arrepentida de su desobediencia al
Dios verdadero y luego debe cambiar su modo de vida para conformarse a la
voluntad de Él.
Usted sin duda notará que
muchos artículos en las revista El Mundo de Mañana señalan cómo
muchos de los hábitos, costumbres y creencias del mundo se oponen a los
mandamientos de Dios. ¿Cuáles son los días que debemos santificar? ¿Cuál es la recompensa, la
verdadera meta, del cristiano? ¿Qué hacer ante las exhortaciones constantes a entregar
su voluntad a obedecer los mandamientos de Dios... todos ellos? ¿Y qué de las
instrucciones sobre cómo vivir por cada palabra de Dios?
¿Está usted haciendo
algo con este conocimiento precioso que Dios le da?
La siguiente carta, representativa de muchas, la
remitió un individuo que sabe muy bien que debe cambiar.
"Agradezco
muchísimo las publicaciones que ustedes me han enviado desde hace dos años. He
aprendido muchas cosas y quizá estuve muy cerca de entregar todo mi ser a Dios.
Lástima que no pude hacerlo. Como pienso ir a la Universidad este año, creo que
el material que ustedes me han estado enviando se desperdiciaría. Veo
claramente que la atracción materialista y la influencia de la sociedad,
especialmente de mis compañeros de dormitorio, me harían dejarla de lado. Como
probablemente ven, no me inquieto mucho por la ira de Dios. Pongo el asunto a
un lado y pienso que Dios me sacará adelante tarde o temprano. Sé adónde acudir
cuando las cosas se pongan graves. Es casi como recibir algo a cambio de nada, ¿verdad?
No tengo excusa. He visto la verdad y he hecho caso omiso. No estoy
desencantado ni busco una solución para los males de la humanidad. He
encontrado la respuesta en la obra de ustedes. No soy un confundido;
simplemente soy un pecador. Lástima grande que sus publicaciones se
desperdiciarán. Simplemente soy un típico ser humano".
¿Muy "débil"
para cambiar?
¿Usted también se
resiste al cambio?
¿Le parece
demasiado difícil pasar de su camino de vida al camino de vida de Dios?
Usted debe comprender que es preciso
arrepentirse de su naturaleza humana. Dios dice: Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y
perverso; ¿quién lo conocerá?" (Jeremías 17:9).
Con estas palabras, ¡Dios describe la naturaleza
de usted!
A usted probablemente no le guste cambiar.
Probablemente no le agrade la idea de reconocer que su religión o su modo de
vida han sido equivocados.
Tome nota de esta impresionante descripción de
la mente humana tomada del libro La
formación de la mente,.del profesor Robinson.:
"Somos increíblemente negligentes en la
formación de nuestras convicciones, pero sentimos por ellas una pasión
incontrolada tan pronto como alguien pretende privarnos de su compañía.
Evidentemente, lo que nos es precioso no son las ideas en peligro sino nuestro
amor propio que peligra… La palabrita mi es
la más importante en los asuntos humanos, y saber manejarla bien es apenas el
comienzo de la sabiduría. Tiene la misma fuerza, ya se trate de mi cena, mi perro, mi casa o de mi fe, mi patria, mi Dios. No solamente resentimos
la insinuación de que nuestro reloj anda mal, que nuestro coche está
viejo, sino también que nuestro concepto de las canales de Marte o la
pronunciación de ‘Epiceto’ o el valor medicinal de la salicina, o la
fecha de Sargón I, estarían sujetos a revisión…Nos agrada seguir creyendo
aquello que nos acostumbramos a aceptar como cierto, y el resentimiento que
surge cuando se pone en duda cualquiera de nuestras suposiciones nos lleva a
buscar todo tipo de excusas para aferrarnos a ella. El resultado es que la
mayor parte de nuestros mal llamados razonamientos consisten en buscar
argumentos para seguir creyendo lo que ya creemos".
Es una ilustración
clásica de la mente humana; ¡la de usted!
Ahora veamos lo que dice Dios acerca de la mente
natural y carnal del hombre: "Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra
Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden" (Romanos
8:7). Y en el versículo anterior a ese, Dios dice que "el ocuparse de la carne es muerte".
La Biblia, pues, muestra que la clave misma de
nuestra salvación es estar dispuestos a arrepentirnos de nuestros propios
caminos y a transformar nuestras propias ideas, costumbres y creencias para que
realmente correspondan a los caminos y las enseñanzas de Dios tal como Él los
revela en la Biblia.
La verdad de Dios:
una responsabilidad
Dios ha mostrado a muchos de
nuestros oyentes y lectores que esta es su obra. Por medio del programa El Mundo de Mañana, y en
las páginas de esta revista, usted se ha visto ante un desafío claro y directo:
obedecer los diez mandamientos tal como Dios manda, guardar sus días santos,
abandonar las costumbres y tradiciones paganas.
Sin embargo, muchos se quedan de brazos
cruzados, escuchando y diciendo: "Pues estoy de acuerdo con lo que ustedes
enseñan pero no veo que yo tenga que hacer nada al respecto".
Mas Dios dice que "no son los oidores de la ley los
justos ante Dios, sino los hacedores de la ley serán justificados " (Romanos
2:13).
Y también dice que " al que sabe hacer lo bueno, y no
lo hace, le es pecado " (Santiago 4:17).
La mayor parte de quienes escuchan hace un
tiempo nuestro programa o leen la revista saben lo que deberían estar haciendo.
Saben que deben comenzar a actuar conforme al conocimiento vital que les
ha llegado por medio de la obra de Dios. Saben que tienen a su alcance aun más
conocimientos preciosos de la verdad divina si estudian las publicaciones que
ofrecemos gratuitamente sobre variedad de temas.
Usted sabe que puede alimentarse con más
verdades espirituales si completa el Curso de Estudio Bíblico y si obra conforme a lo que aprende en él.
Usted sabe dónde encontrar la verdad. Sabe que
no hay nadie en la tierra que realmente esté explicando la Biblia con toda
claridad como lo hacemos nosotros; ni que esté aclarando también el porqué de
los grandes acontecimientos mundiales y su verdadero significado profético.
¿Actuará usted
mientras aún hay tiempo?
¿Cómo se sentirá usted cuando
los sucesos sobre los cuales ha estado leyendo se hagan realidad súbitamente
ante sus propios ojos? ¿Cómo se sentirá sabiendo que estuvo enterado de estas
cosas por mucho tiempo, sabiendo que debió empezar a obedecer a Dios y actuar
conforme a estos conocimientos que Él le reveló gratuitamente, pero sabiendo
también que, por desidia o terquedad, usted se negó a cambiar sus hábitos y
acogerse a tiempo a la protección divina?
¿Va a reaccionar usted como
el individuo que escribió esta carta?
"Yo no soy cristiano. Sólo un verdadero hombre
puede serlo. Yo no oro. Jamás oré en la vida. Tuve la oportunidad de afiliarme
a una iglesia pero la manera como se presentaba no me parecía bien. Tuve una
buena oportunidad de seguir el camino de la evolución pero no me parecía
correcto. Cuando sí se presentó la verdad, yo no fui tan tonto para no
reconocerla. Apoyo esta obra económicamente porque creo en ella ciento por
ciento. Pero por favor no piensen que yo oro. No puedo humillarme a tal
punto".
¿Escandaloso?
Sí. Al menos, lo es para quienes son capaces de entender lo que está en
juego.
El Dios de la Biblia declara: "Miraré a aquel que es pobre y humilde de espíritu,
y que tiembla a mi palabra " (Isaías 66:2).
Usted ya se habrá dado cuenta de que no estamos jugando jueguitos
sentimentales con usted. Lo retamos a que compruebe lo que decimos acerca de
los acontecimientos mundiales y el cumplimiento de las profecías bíblicas. Y lo
hacemos porque lo que nosotros enseñamos se puede demostrar y
comprobar y de hecho se ha comprobado.
Pero el simple hecho de saber estas cosas no le servirá de
nada a usted ni a sus seres queridos. Es preciso obrar de acuerdo
con la verdad. Hay que vivir por las leyes de Dios, todas ellas. Es preciso
cambiar el enfoque y el modo de vivir para que concuerde con el ejemplo y las
enseñanzas del verdadero Jesucristo de la Biblia.
Por su vida y su eternidad,
¿tendrá usted valentía y
decisión para hacer este cambio?
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Por Roderick C. Meredith www.mundomanana.org