Iniciándose un nuevo siglo
según el calendario gregoriano, considerado por muchos como el principio de un
nuevo milenio, debemos prepararnos con más dedicación y esfuerzo que nunca
antes para el verdadero nuevo milenio, cuando Cristo esté PERSONALMENTE en la
tierra y TODO cambie para bien.
Es de fundamental
importancia entonces que cada uno de nosotros defina correctamente las
prioridades de nuestra vida. Si usted se enterara de que va a morir de cáncer a
corto plazo, ¿cuáles serían sus prioridades? ¿Dedicaría más tiempo a Dios?
¿Dedicaría más tiempo a la oración ferviente y a un estudio más serio de la
Biblia? ¿Dedicaría más tiempo a estimular y amar a su familia? ¿Dedicaría más
tiempo al SERVICIO de los demás?
Desde el otro punto de
vista, ¿dejaría de perder su tiempo en la televisión o en otras actividades sin
ningún valor? Si es usted un empresario o empresaria, ¿no dejaría de emplear
tanto tiempo y esfuerzo en buscar más dinero o prestigio? Si es usted ama de
casa, ¿no dedicaría menos tiempo a mantener su casa en un estado de
“perfección” y podría tal vez poner más empeño en servir a los demás?
Jesucristo dijo: “Buscad
PRIMERAMENTE el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán
añadidas” (Mt. 6:33). Uno de los bienes más preciados con que contamos es el
TIEMPO, y mientras tengamos vida debemos dar PRIORIDAD en dedicar el tiempo a
Cristo y su Reino. La mayoría de los grandes hombres y mujeres, aun cuando no
hayan sido llamados por Dios, se han dado cuenta del valioso recurso que
significa el tiempo, y lo utilizan cuidadosamente reservándolo para lo que
consideran que es de mayor importancia en la vida.
Peter Drucker, considerado
por muchos como el mayor experto en administración, nos habla acerca del
verdadero valor del TIEMPO:
“La fuente del tiempo es
absolutamente limitada. Sin importar cuán grande sea el consumo, la provisión
no aumentará. El tiempo no tiene precio ni produce ganancias extras. Además es
totalmente perecedero y no se puede almacenar. El tiempo de ayer se fue para
siempre y jamás se podrá reponer. Las reservas del tiempo, entonces, siempre
serán sumamente limitadas.
El tiempo es totalmente
irremplazable, mientras que dentro de los límites lógicos se puede reemplazar
un recurso por otro, por ejemplo cobre por aluminio, capital por mano de obra,
o conocimiento por fuerza muscular; el tiempo no tiene substituto.
Todo requiere de tiempo; es un
requisito universal. Toda obra ocupa su lugar en el tiempo y lo utiliza. Aun
así, la mayoría de la gente no valora lo suficiente este recurso único,
necesario e irremplazable. No hay nada que distinga más a un ejecutivo
eficiente que el cuidado que ponga por su tiempo”
(The Effective Executive,pág. 26).
Cuando el “Logos” o el
“Verbo”, mediante el cual Dios creó todas las cosas (Jn. 1:1-3), se despojó a
Sí mismo y se convirtió en un ser humano, nos dejó un ejemplo. Después de todo
Él era la Luz que Dios el Padre envió al mundo para enseñarnos la manera
correcta de vivir.
Debemos entonces considerar
la forma en que Jesucristo, el Hijo de Dios, utilizaba el tiempo disponible
durante sus días en la carne.
En primer lugar, los relatos
evangélicos nos revelan constantemente que Jesús casi siempre estaba dando,
ayudando o SIRVIENDO a los demás. Y cuando no estaba en esto, se ocupaba de la
comunicación con el Padre, para buscar fortaleza espiritual y seguir lleno del
Espíritu Santo, porque mientras estaba en la carne era totalmente humano y “fue
tentado en todo según nuestra semejanza” (Heb. 4:15).
Y frecuentemente CLAMABA a
Dios pidiendo ayuda espiritual.
En la Biblia encontramos una
descripción del Jesús humano: “Cristo, en los días de su carne, ofreciendo ruegos
y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue
oído a causa de su temor reverente. Y aunque era Hijo, por lo que padeció
aprendió la obediencia” (Heb. 5:7-8). Una constante prioridad para Jesús era
emplear el TIEMPO y esfuerzo en mantener una relación lo más cercana posible
con el Padre. Oraba mucho y fervientemente, poniendo todo su CORAZÓN en las
oraciones “con gran CLAMOR y LÁGRIMAS” (v. 7).
Antes de escoger a sus
apóstoles de entre los muchos jóvenes que le seguían, Jesús dedicó mucho TIEMPO
a su Padre: “En aquellos días él fue al monte a orar, y pasó LA NOCHE ORANDO a
Dios. Y cuando era de día, llamó a sus discípulos, y escogió a doce de ellos”
(Lc. 6:12-13). A menudo buscaba a Dios de madrugada, antes de que cualquier
otra cosa le pudiera estorbar: “Levantándose muy de mañana, siendo aún muy
oscuro, salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba” (Mr. 1:35).
Aunque Jesús vivía rodeado
por sus discípulos y por grandes multitudes que constantemente le consultaban,
siempre tenía tiempo para dedicarlo a su Padre. Porque estaba seguro de que si
no dedicaba ese preciso tiempo a Dios, TODO lo pondría en peligro; ya que
separado del Padre, mientras era humano, podría haber cometido graves errores,
hasta dejarse llevar por los impulsos de la carne. Es la razón por la que
pasaba tanto tiempo con el Padre y “clamaba” pidiendo la guía y las fuerzas que
necesitaba.
Aunque Jesucristo había
pasado una eternidad en gloria con su Padre, como ser humano decidió que era
útil simplificar su vida. Tenía muy poca ropa y posesiones materiales; ni
siquiera casa propia (Mt. 8:20). No tenía que perder su tiempo en cosas como la
televisión, películas, teléfonos o juegos de video. Antes bien, como lo hacía
David (Sal. 8), al aire libre bajo los cielos claros de Galilea, contemplaba el
firmamento y meditaba en las RAZONES para la vida humana y el PROPÓSITO que
Dios estaba llevando a cabo en la tierra, y nada de lo que lo rodeaba era capaz
de distraerlo.
De ninguna manera estoy
sugiriendo a los hermanos que vendan sus casas o posesiones, solamente estoy
recordando lo fácil que resulta en nuestra sociedad actual ser atrapados por
las cosas sin valor y dejar de buscar “primeramente el Reino de Dios y su
justicia”. Aunque Jesús indudablemente apreciaba los buenos alimentos y una
casa limpia, tuvo que corregir a Marta, quien parecía no darse cuenta de la
GRAN importancia de escuchar directamente del Mesías cuando se le estaba
presentando la oportunidad. Con mucho amor y sabiduría, Jesús pacientemente le
explicó a Marta que en ocasiones como esa, lo más importante era emplear su
TIEMPO y esfuerzo en dejarse llevar hacia Dios y aprender más de sus perfectos
CAMINOS. Como Marta se encontraba muy atareada, posiblemente sirviendo algunos
alimentos, Jesús le dijo: “Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas
cosas. Pero SÓLO UNA COSA es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la
cual no le será quitada” (Lc. 10:41-42).
Todos nosotros entonces,
necesitamos definir con cuidado y con la ayuda de la oración, qué es lo
verdaderamente importante. BUSCAR PRIMERO y dedicar el mayor TIEMPO a lo que
sea de vital importancia para nuestra vida y para nuestra relación con Dios y
con el prójimo. Así estaremos preparados para servir en el Reino de Dios POR
UNA ETERNIDAD.
Roderick C. Meredith www.mundomanana.org