¿Será destruida la tierra?
Por John H. Ogwyn
¿Dice el apóstol Pedro que
la tierra será destruida? Véase 2
Pedro 3:10.
Es importante observar el contexto en el cual esto
se menciona. “Pero los cielos y la
tierra que existen ahora, están reservados por la misma palabra, guardados para
el fuego en el día del juicio y de la perdición de los hombres impíos” (2 Pedro
3:7).
Se explica aquí que este fuego es el juicio final
de los hombres impíos. Se utiliza
también la palabra “perdición” lo cual significa “destrucción total” de los
impíos y de sus obras; este es el fuego que no se apaga, que consume a los
rebeldes y a los pecadores no arrepentidos (Mateo 3:12). Los malos serán cenizas bajo las plantas de
los justos (Malaquías 4:1-3). El
Apocalipsis describe esto como el lago del fuego de la Gehenna, lo cual es la
segunda muerte (Apocalipsis 20:14).
El apóstol Pedro describe este juicio de fuego
sobre los impíos: “los cielos pasarán
con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y
las obras que en ella hay serán quemadas” (2 Pedro 3:10). El apóstol Pedro confirma la naturaleza de
este fuego “inextinguible”. Todo será
consumido hasta la atmósfera terrestre.
Pero Dios tiene dispuesto que la tierra misma no sea destruida (Salmo
104:5).
Lo que el fuego hará sobre la tierra es simplemente
un proceso de purificación. Así como
el mundo pereció en los días de Noé, “anegado en aguas” (2 Pedro 3:6), la
tierra será purificada otra vez, esta vez por medio del fuego. Así como la tierra siguió existiendo
después del diluvio, también seguirá existiendo después del día del fuego del
juicio porque dice: “Nosotros esperamos,
según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia”
(2 Pedro 3:13). El apóstol Juan señala
que “los nuevos cielos y la nueva tierra” vendrán después del lago de
fuego: “Vi un cielo nuevo y una tierra
nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no
existía más. Y yo Juan vi la santa
ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una
esposa ataviada para su marido. Y oí
una gran voz del cielo que decía: He
aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos
serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios” (Apocalipsis
21:1-3).
Después que la tierra sea purificada por el fuego y
sean destruidos los malos, Dios renovará la faz de la tierra. En esa nueva tierra estará la nueva
Jerusalén, la habitación de Dios y la sede de la Familia de Dios.