¿Quiénes están
ardiendo en el infierno?
Por Richard F. Ames
¿Tiene
usted amigos o parientes “perdidos”? ¿Teme que se encuentren en el infierno,
ardiendo ahora y para siempre en un fuego atormentador? Quizá sienta alguna
satisfacción al pensar en sus enemigos están en este momento quemándose en el
infierno. ¡Quizá le sorprenda saber lo que la Biblia realmente enseña!
Millones de personas en todo el mundo piensan que algunos de sus seres
queridos, y muchos de sus enemigos, se encuentran ahora mismo ¡ardiendo en las
llamas del infierno! Otros, que se consideran muy "modernos",
condenan semejante idea como pura superstición. ¿Cuál es la verdad?
Y si hay un fuego infernal, ¿hay algún atormentado allí en este momento?
Es interesante notar lo que señalan algunas encuentas realizadas en
países nominalmente cristianos: “Si
bien no hay un concepto predominante del infierno, ciertas perspectivas tienen
mucha aceptación. Cuatro de cada diez adultos piensan que el infierno es ‘un
estado de separación eterna de la presencia de Dios’ (39 por ciento) y la
tercera parte (32 por ciento) dice que es un lugar real de tormento y pena
adonde van muchas almas después de la muerte’. Una tercera perspectiva,
adoptada por uno de cada ocho adultos, es que ‘el infierno es sólo un símbolo
de algún desenlace malo pero desconocido después de la muerte’ (13 por ciento).
Otros encuestados no estaban seguros o dijeron que no creían en la vida más
allá de la muerte (16 por ciento)".
¿Qué enseña la Biblia sobre este tema? La Biblia ciertamente habla de un
juicio. Veamos: “Está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y
después de esto el juicio" (Hebreos 9:27). ¿Pero significa aquello que hay
un fuego infernal eterno, adonde irán los muertos que no se salvaron y donde
padecerán un tormento incesante por toda la eternidad?
Es cierto que todo ser humano en la tierra será juzgado. Más aún: Dios
está juzgando ahora mismo a su Iglesia (ver 1 Pedro 4:17). Pero
también juzgará al resto del mundo, en un juicio final conocido como el juicio
ante el gran trono blanco, mil años después de la segunda venida de Jesucristo
(ver Apocalipsis 20). ¿Cuál será el destino de los malos después de ese juicio?
¿Van a pasar la eternidad quemándose en un fuego infernal? ¿Acaso las almas de
los malos que murieron están siendo atormentadas en este mismo momento, quizá
en algún lugar debajo de la Tierra?
¿Cuándo se realizará el juicio? ¿Será justo después de que usted exhale
su último suspiro, o será en algún momento futuro antes del fin de nuestro
mundo actual? Notemos las palabras de Jesucristo: "No os maravilléis de
esto, porque llega la hora en que cuantos están en el sepulcro oirán su voz, y saldrán
los que han obrado el bien para la resurrección de vida, y los que han obrado
el mal para la resurrección del juicio" (Juan 5:28–29, Versión de
Nácar-Colunga).
Sí, habrá un juicio para todo ser humano. "Porque es necesario que
todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba
según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea
malo" (2 Corintios 5:10). Sí, todos los seres humanos
deberán comparecer ante el trono de Cristo. Cada uno de nosotros recibirá o
bien una recompensa, o bien un castigo. Y como veremos, el castigo final para
los pecadores que rehúsan arrepentirse será un lago de fuego.
¿Qué sucederá en ese lago de fuego? La mayoría de las personas piensan
que las almas dentro del lago se retorcerán en un tormento eterno. Como
ministro, he visto la angustia de personas que viven con el dolor permanente de
pensar que el alma de algún amigo o familiar está sufriendo en este momento y
que el suplicio durará para siempre. También he visto la satisfacción farisaica
de algunos al pensar que el alma de alguien que les disgusta, quizá de un
miembro de otra religión, está sufriendo el tormento eterno.
¿Se asombraría usted al saber que las almas de sus amistades y
familiares queridos no están sufriendo, puesto que no son inmortales? Al
contrario de lo que se piensa en general, la Biblia no enseña que el ser humano
tenga un alma inmortal. La expresión “alma inmortal” ¡ni siquiera aparece en la
Biblia! Ciertamente, hay un "espíritu del hombre que está en él" y
que nos distingue de los animales (1 Corintios 2:11). Aquel espíritu humano, y
el cerebro humano, constituyen la mente humana. Pero esto no es un alma
inmortal, sino algo que se puede acabar. Recordemos la advertencia que nos hizo
el propio Jesucristo: "Y no temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no
pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en
el infierno" (Mateo 10:28). Dios puede destruir el alma. ¡El
"alma" no es inmortal!
¿De dónde nos llegó el concepto de las almas ardiendo en un fuego eterno?
El poeta italiano Dante Alighieri, es quizá el principal responsable de aquellos
conceptos equivocados que aun hoy perduran. Su famoso poema, La divina comedia, se divide en tres secciones: el paraíso, el purgatorio y el
infierno. Esta última sección nos presenta al antiguo poeta romano Virgilio
guiando a Dante en un viaje por el infierno. A la entrada del infierno dantesco
se ve el aterrador letrero: "Dejad, los que aquí entráis, toda
esperanza" (Infierno, Biblioteca
Digital Ciudad Seva, traducción de Luis
Martínez de Merlo, Canto III, v. 9). Virgilio le habla a Dante de su
visita al infierno: "Seré tu guía, y he de llevarte por lugar eterno,
donde oirás el aullar desesperado, verás, dolientes, las antiguas sombras,
gritando [deseando] todas la segunda muerte" (Canto I, v. 114).
Dante prosigue su viaje por varias regiones del infierno y escribe:
"bullía abajo una espesa resina… no veía en ella más que burbujas que el
hervor alzaba, todas hincharse y explotarse luego. " (Canto XXI, vv.
16-21).
Luego el poeta ve a alguien condenado al infierno: "Aquél se
hundió, y se salía de nuevo… Con más de cien arpones le pinchaban (Canto XXI,
vv. 46-52).
Dante escribió La divina comedia como una alegoría para enseñar
ciertos principios y lecciones. El contenido también refleja la política y la
historia de Italia en tiempos de Dante. Su poema no es un reflejo
literal de lo que enseña la Biblia sobre el infierno. Lamentablemente, muchos
han creído que las descripciones de Dante son relativamiente acertadas. ¡Pero no
lo son!
Siendo así, ¿qué es lo que enseña la Biblia sobre el infierno y el más
allá? Quizá el lector conozca algunos pasajes bíblicos que tratan este tema.
Quizá los haya leído a la ligera, dando por sentado que dicen lo mismo que su
iglesia le enseña o que sus padres le contaron en la niñez. Notemos un pasaje
muy sencillo pero fundamental: "Porque la paga del pecado es muerte, mas
la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro" (Romanos
6:23).
Notemos el importantísimo contraste que hace Pablo en este versículo.
Los pecadores no se hacen acreedores a la vida eterna sino a la muerte.
En cambio, el don o regalo de Dios es vida eterna por medio de
Cristo, nuestro Salvador.
La paga del pecado es ¿qué? ¡La muerte! No es "una vida eterna
de tormento”. La Biblia lo dice claramente. Sin embargo, hay maestros que confunden
esta verdad tan sencilla. Desean hacernos creer que arriba significa abajo, que
bien significa mal y que muerte significa vida eterna. Usted no tiene por qué
creer sus cuentos enredados. Usted puede descubrir la verdad por sí mismo en
las páginas de la Biblia.
Otro pasaje que muchos interpretan mal es uno escrito por el apóstol
Juan. Se trata de un versículo muy famoso, quizá el más precioso de la Biblia.
¿Cuál es? "Pues Dios amó tanto al mundo, que dio a su Hijo único, para que
todo aquel que cree en él no muera, sino que tenga vida eterna" (Juan
3:16, versión Dios habla hoy).
¿Acaso podrían ser más claras estas palabras de Juan? Sin el sacrificio
de Jesús, la humanidad moriría. No viviría eternamente. Morir significa
acabarse, dejar de existir. Jesucristo vino para que no dejemos de existir para
siempre. Si ya tuviéramos vida eterna, ¡Él no nos la podría dar como un regalo!
El libro de Ezequiel confirma la verdad de lo escrito por Juan. En el
siguiente pasaje, Dios habla por medio del profeta Ezequiel. "He aquí que
todas las almas son mías; como el alma del padre, así el alma del hijo es mía;
el alma que pecare, esa morirá" (Ezequiel 18:4). Dios refuerza esta verdad
unos versículos más adelante, repitiendo: "El alma que pecare, esa
morirá" (v. 20).
Los libros de Ezequiel y de Juan concuerdan: el alma que peca, morirá.
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Nuestro glorioso
destino “Antes bien,
como está escrito: Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en
corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman. Pero
Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo
escudriña, aun lo profundo de Dios” (1 Corintios 2:9-10). Ni en sueños ha
sido el hombre jamás capaz de concebir el glorioso destino que Dios nos tiene
reservado. La mayoría ha sido totalmente engañada sobre el propósito para el cual seremos salvos.
Por eso no entienden el proceso de la salvación. Si el único propósito de la
eternidad fuera “recrearse en el Cielo” todo el día, entonces, ¿por qué Dios
les recalca a cada una de las siete iglesias de Apocalipsis 2 y 3 que solo
los vencedores heredarán sus promesas? Herbert W.
Armstrong (1892-1986), en su último libro El
misterio de los siglos, expresa en forma elocuente lo que será el
glorioso destino del ser humano: “¿Para qué creó
Dios al hombre? Para cumplir su propósito supremo de reproducirse a sí mismo
mediante el objetivo supremo de crear el carácter justo y divino en millones
de hijos engendrados que se convertirían en seres divinos al nacer como
miembros de la Familia de Dios... Una vez infundido este carácter en el
hombre, y transformado este de carne
mortal en espíritu inmortal, se hará realidad el increíble potencial humano: el nacimiento del hombre dentro
de la Familia divina de Dios,
la restauración del gobierno de Dios en la Tierra y la participación del
hombre en la obra de creación terminando la creación de todo el vasto e
interminable Universo.” (pág.
85-86). El apóstol
Juan en forma concisa describe el destino de la humanidad: “El que venciere
heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo” (Apocalipsis
21:7). |
¿Qué es el infierno?
Debemos preguntar, pues, qué es aquel "infierno" capaz de
destruir las almas. En Mateo 10:28, la palabra griega traducida como
"infierno" es gehenna, derivada de la expresión hebrea ge
hinnom—una referencia al valle de Hinnom al sur de Jerusalén. Antiguamente,
el valle de Hinnom servía de vertedero de basuras para Jerusalén. Allí ardían
fuegos continuamente, alimentados por los desechos de la ciudad, entre ellos
los cadáveres de criminales condenados. Como resultado, "gehenna" se
convirtió en símbolo del juicio asociado con fuego. La misma palabra se empleó
en Mateo 5:22, donde Jesús dijo: "Pero yo os digo que cualquiera que se
enoje contra su hermano, será culpable de juicio; y cualquiera que diga: Necio,
a su hermano, será culpable ante el concilio; y cualquiera que le diga: Fatuo,
quedará expuesto al infierno de
fuego "; fuego de gehenna.
Sí, los pecadores incorregibles serán lanzados a un lago de fuego. El
fuego de gehenna es una referencia a este destino final de los malos.
¿Significa ello, pues, que el infierno es un valle al sur de Jerusalén?
Sí, en cierto sentido el valle de Hinnom es un "infierno" tal como se
describe en la Biblia. Pero la palabra "infierno" puede generar
confusión porque en realidad hay tres palabras griegas y una hebrea que se han
traducido al español como "infierno". Gehenna es una de las cuatro.
Muchos eruditos bíblicos se confunden por las diversas referencias al
"infierno" y sus diferentes significados. En la Biblia en español hay
cuatro palabras traducidas como "infierno", con tres significados
diferentes. Para entender claramente lo que la Biblia enseña sobre el infierno,
hay que preguntarse primero: ¿De qué infierno estamos hablando?
La palabra hebrea que la versión Reina-Valera frecuentemente traduce
como "infierno" es sheol, o seol, que significa simplemente "sepulcro" o
"fosa". No indica un lugar de fuego eterno. Esta palabra se repite 65
veces en el Antiguo Testamento y se traduce como “sepulcro”, como
"infierno" y como "abismo". La Biblia de Jerusalén y otras dejan
la palabra seol sin traducir. Nunca la traduce como "infierno".
La palabra seol significa sencillamente una "fosa" o un
"sepulcro".
Si preguntamos, pues, "¿Quién está ardiendo en el seol (la
fosa o el sepulcro)?", la
respuesta es: ¡Nadie!
Además de gehenna, que analizamos arriba, hay otras dos palabras
griegas traducidas como "infierno" en la Biblia. La palabra griega hades,
como la hebrea sheol, significa "sepulcro" o "fosa".
No se refiere a un lugar de fuego que arde eternamente. Si usted tiene un
ejemplar de La Biblia de las Américas
o de La Biblia de Jerusalén, verá que los traductores suelen
dejar la palabra hades sin traducir.
La cuarta palabra traducida como “infierno" en la Biblia se basa en
la palabra griega tartarus. Esta palabra indica un
estado de restricción y no se aplica a seres humanos sino a los ángeles caídos.
Veamos: "Dios no perdonó a los ángeles que pecaron, sino que arrojándolos
al infierno los entregó a prisiones de oscuridad, para ser reservados al
juicio" (2 Pedro 2:4).
Como explica una fuente erudita: "El verbo tartaroo,
traducido como ‘arrojándolos al infierno’ en 2 Ped. 2:4, significa consignar al
Tartarus, que no es el mismo Seol ni el hades ni el infierno,
sino el lugar donde están detenidos o ‘reservados al juicio’ aquellos ángeles
cuyo pecado especial se menciona en dicho pasaje; la región se describe como
‘prisiones de oscuridad’" (Diccionario
del expositor de palabras bíblicas, W.E. Vine, p. 300).
Como hemos visto, pues, la palabra "infierno" puede indicar
tres lugares o condiciones muy diferentes. Puede ser una fosa o sepulcro (seol
o hades). Puede referirse a un lugar de juicio y fuego (gehenna).
Puede indicar la condición confinada de los ángeles caídos (tartaroo). Vemos
que el empleo de una misma palabra, "infierno", para reflejar las
tres cosas, puede generar confusión y no comunica correctamente la verdad de la
Biblia.
¿Quién va allá?
¿Piensa usted que Dios es injusto? ¿Que predestinó a unos humanos,
hechos a su imagen, a quemarse en un fuego infernal sin una verdadera
oportunidad de salvarse? Increíblemente, esta idea de un Dios cruel y
caprichoso se enseña comúnmente en nombre del “cristianismo”. ¡Pero es errada! El plan de Dios le dará a cada ser humano una
oportunidad auténtica de salvación.
Muchos que se dicen cristianos no han podido reconciliar el amor, la
misericordia y la justicia divina con la idea de un fuego infernal eterno para
quienes ni siquiera escucharon el mensaje de Jesucristo. Sin embargo, la Biblia
enseña claramente que "en ningún otro hay salvación; porque no hay otro
nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos"
(Hechos 4:12).
¿Cómo podemos reconciliar esta aparente contradicción entre la
misericordia de Dios y su justicia? La Biblia revela que miles de millones de
personas tendrán su primera oportunidad de salvación en el juicio ante el gran
trono blanco descrito en Apocalipsis 20:11–12. Para algunos, quizá sea difícil
creer en el plan divino de salvación. Pero es un plan que nos llena de ánimo
una vez que comprendemos la esperanza que trae para toda la humanidad. Los que han
sufrido por sus propios pecados y su ignorancia, y los que han sido víctimas
inocentes de la guerra, la opresión y el genocidio, van a resucitar para
conocer y comprender la Biblia. Entonces recibirán su primera oportunidad real
de entender el amor de Dios por toda la humanidad. En el juicio ante el gran
trono blanco, miles de millones de seres que estuvieron espiritualmente
enceguecidos aprenderán de las penas del pasado. Recibirán la oportunidad de
arrepentirse, de creer el evangelio y de heredar el Reino de Dios. Como
escribió el apóstol Pedro: "El Señor no retarda su promesa, según algunos
la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo
que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 Pedro 3:9).
¿Pero qué será de los que hayan “cauterizado” su propia conciencia y que
hayan rechazado deliberadamente la verdad, el amor, el conocimiento y el perdón
de Dios en favor de la rebeldía, el odio y el pecado? Estos pecadores
voluntariosos ¡perecerán en un lago de fuego! Veamos: "Y la muerte y el
Hades fueron lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda. Y el que no
se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego"
(Apocalipsis 20:14–15).
Esta es la segunda muerte: la pena de muerte eterna ¡de la cual no hay
resurrección! Los que hayan cerrado su mente para jamás arrepentirse ni acatar
a Jesucristo van a quemarse totalmente: ¡serán consumidos!
En Lucas 16, la parábola de Lázaro y el rico ilustra el tormento que
sufrirán los pecadores que rehúsen arrepentirse antes de perecer en el fuego.
Notemos que el rico está a punto de ser lanzado en el lago de fuego. Notemos
también que se encuentra en el hades, está en el sepulcro, no en el
fuego del gehenna. Resucita para el juicio final, tal como se describe en
Apocalipsis 20. ¿Y qué pide? Una gota de agua para refrescar la lengua. No pide
cubos de agua para el cuerpo. El rico estaba sufriendo un profundo tormento
mental y una gran angustia justo antes de perecer. Los malos incorregibles
sufrirán el tormento de saber su destino antes de la ejecución final. Pero un
Dios de amor y misericordia los sacará de su desgracia por toda la eternidad.
Van a perecer totalmente quemados y destruidos para siempre, aniquilados en el
lago de fuego—¡un fuego que se extenderá por todo el mundo!
Sí, el mundo entero se va a purificar por fuego. "Pero el día del
Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande
estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras
que en ella hay serán quemadas. Puesto que todas estas cosas han de ser
deshechas, cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de
vivir" (2 Pedro 3:10–11).
Los que han sellado su propio destino—los que han decidido jamás
arrepentirse de su actitud y naturaleza de maldad, ¡se consumirán hasta
reducirse a cenizas! No van a sufrir tormentos para siempre. Van a recibir el
castigo eterno, que es dejar de existir. En este sentido, el castigo sí durará
eternamente, pero el castigo no es seguir existiendo en estado de agonía
eterna.
Esto es lo que la Biblia enseña. Los incorregiblemente malos quedarán
aniquilados. Pero no van a perecer por capricho ni injustamente ni porque Dios
los predestinó a no oír jamás el mensaje de Cristo. Como hemos visto, nadie puede
salvarse sin aceptar el mensaje de Jesucristo (Hechos 4:12). En el juicio ante
el gran trono blanco, los seres humanos que no hayan tenido la oportunidad de
abrir la mente ante la verdad divina recibirán su primera oportunidad real de hacerlo
y de ser salvos.
¿Quién, pues, está ardiendo en el infierno? Usted ya sabe la respuesta.
Esa respuesta es: "¡Nadie!" Habrá un futuro lago de fuego, el cual va
a quemar, o consumir, o aniquilar, a los malos para siempre. Dicho fuego va a
purificar la tierra para el cielo nuevo y la tierra nueva prometidos en
Apocalipsis 21. Todos podemos agradecerle a Dios por su justicia y su plan de
salvación por medio de Jesucristo. Sí vendrá un juicio, ¡pero también hay
esperanza para muchos de aquellos amigos y familiares que usted quizá dio por
perdidos!