Israel y Judá

Dos naciones totalmente separadas

Por John Owgyn

 

Muchas de las profecías de la Biblia están relacionadas con el futuro de los descendientes de Abraham. Los libros de Isaías, Jeremías, Ezequiel, Oseas, Amos y Miqueas están llenos de profecías que anuncian castigos y una futura restauración a la llegada del Mesías. Todas estas profecías están basadas en las promesas de Dios a Abraham.

Estas profecías para el tiempo del fin solo pueden entenderse si conocemos la identidad actual de los descendientes de Abraham. Es evidente que estas profecías no se dirigen únicamente a la nación judía, porque los judíos no han recibido todas las promesas hechas a Abraham. Fuera de la promesa espiritual de la salvación para toda la humanidad por medio de Jesucristo, también hay promesas de herencia material de riquezas y territorios para los descendientes de Abraham. Al fin y al cabo, él iba a ser padre de muchas naciones y sus descendientes iban a poseer "las puertas de sus enemigos" (Génesis 22:17).

La mayoría de la gente y muchos eruditos bíblicos consideran los términos Israel y Judá como sinónimos; y por esta razón no pueden entender las profecías del Antiguo Testamento que se refieren a Israel.

Israel es el nuevo nombre que Dios le dio a Jacob en Génesis 32:28 después de luchar con él toda la noche. Jacob demostró su tenacidad y por eso recibió un nombre que significa "el que prevalece con Dios". Jacob tuvo doce hijos y de ellos provienen las doce tribus de Israel. Por esta razón, en algunos textos Israel se refiere a todos los descendientes de Jacob. Judá fue uno de los doce hijos de Israel y de su nombre proviene la palabra "judío".

En los días del profeta Samuel la nación quería tener un rey. Entonces Dios les dio a Saúl como su primer rey; gobernó 40 años y le sucedió David (Hechos 13:21). A la muerte de David su hijo Salomón fue su sucesor en el trono de Jerusalén.

Con la muerte de Salomón ocurrió un hecho de grandes consecuencias.

Una delegación se presentó ante Roboam, hijo de Salomón, para exigirle que redujera los altos impuestos que había fijado su padre. Roboam rechazó el sabio consejo de los ancianos, amenazó a la delegación y provocó una rebelión contra su gobierno (1 Reyes 12:1-8). Las diez tribus del norte eligieron a Jeroboam, hijo de Nabat, como su rey y establecieron un reino independiente (vs. 20-25). Las tribus del sur, Judá y Benjamín y la mayoría de los levitas permanecieron fíeles a Roboam quien gobernó en Jerusalén.

Los libros 1 y 2 de Reyes relatan la historia de unos 200 anos de rivalidad entre estos dos reinos de Israel y Judá. Algunas veces se aliaron y a menudo pelearon entre sí. De hecho, en 2 Reyes 16:5-6 se hace referencia a una guerra entro Judá e Israel.

En el año 721AC Israel fue llevada en cautiverio por los asirios y obligada a establecerse en la región que se encuentra entre el Mar Negro y el Mar Caspio. Tiempo después los asirios vinieron sobre Judá, pero Dios intervino en respuesta a las fervientes oraciones del Rey Ezequías y salvó a la nación de Judá.

Sin embargo, poco más de 100 años después, los babilonios bajo el Rey Nabucodonosor invadieron el reino de Judá. Cerca del año 586AC Jerusalén fue destruida, el templo quemado y los judíos fueron llevados en cautiverio a Babilonia. 70 años después de la primera invasión de Nabucodonosor, en los días de Ciro rey de Persia, los judíos iniciaron su regreso a Jerusalén. El regreso fue dirigido por Zorobabel y la nación judía fue restablecida. Las diez tribus de Israel jamás regresaron a su tierra en el Medio Oriente, pero han trascendido en la historia como "las diez tribus perdidas de Israel"

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¿Dónde se encuentran esas diez tribus en la actualidad?

 

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Las bendiciones de la primogenitura

 

No ha habido pueblo en la historia de la tierra que haya recibido las bendiciones que Dios le prometió a Abraham como los norteamericanos y los británicos. Con un inicio bastante modesto a principios del siglo diecinueve, surgieron hasta llegar a tener predominio mundial durante los siguientes 200 años.

Los británicos llegaron a poseer un imperio que abarcó la cuarta parte de la superficie habitada de la tierra. Incluidas estaban prácticamente todas las puertas marítimas de la tierra, lo cual les permitía controlar los movimientos navales del resto del mundo.

En 1803 los Estados Unidos compraron el territorio de Louisiana a razón de cinco centavos por acre.  A este territorio, que abarca la mayor parte del centro de los Estados Unidos, se le llama "el granero del mundo".

Si sumamos la producción agrícola de los Estados Unidos, Canadá, Australia y Nueva Zelandia; sobrepasa a la producción total del resto del mundo. Los territorios dedicados por estas naciones al ganado, tanto vacuno como ovino, son enormes.

La producción de trigo, maíz y otros cereales no tiene comparación; así como la producción mineral principalmente de carbón, hierro, cobre, petróleo, oro y diamantes.

Las bendiciones de la primogenitura prometidas a Abraham y sus descendientes las han recibido las naciones de habla inglesa. No ha habido otra nación sobre la tierra que haya recibido tanta bendición.

 

¿Hace Dios acepción de personas?

 

¿Es Dios injusto? ¿Tiene preferencia por una nación, raza o pueblo sobre los demás?

 

Por increíble que parezca, no ha faltado quien acuse a Dios de racista.

Sin embargo, nuestro Padre en los cielos no tiene nada de racista, porque "Justo es el Eterno en todos sus caminos" (Salmos 145:17, "...no hace acepción de personas, ama también al extranjero..." (Deuteronomio 10:17-18; Hechos 10:34), "hace salir el sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos" (Mateo 5:45).

 

¿Por qué razón, entonces, escogería Dios a Israel como su pueblo especial?

 

El propósito de Dios es derramar bendiciones sobre todas las naciones (Génesis 12:2-3).

 

La antigua nación de Israel representaba las "primicias" de los nuevos frutos (Jeremías 2:3) de las naciones del mundo; el principio de lo que Dios desea para toda la humanidad (Deuteronomio 4:5-8). Si Israel hubiera obedecido la ley de Dios, las naciones vecinas habrían seguido los caminos de Dios y se habría realizado una verdadera utopía física que se hubiera extendido por toda la tierra. Pero Israel se alejó de Dios y se rebeló contra sus leyes. Por causa de estas abominaciones Dios permitió que la nación de Israel fuera castigada y llevada en cautiverio por Asiría y Babilonia.

Cuando Cristo vino a la tierra, los judíos estaban esperando a un Mesías que los librara de la opresiva ocupación romana y restaurara el reino a Israel.

Jesucristo nació para ser rey (Lucas 1:31-33); y lo será, a su segunda venida. Reunirá el remanente de su pueblo Israel esparcido (Isaías 11:10-11).

El centro de su gobierno estará en Jerusalén y establecerá a las doce tribus de Israel en su propia tierra desde donde serán luz para el resto del mundo.

 

Sin embargo. Jesús no vino solamente para redimir a Israel, también vino para redimir a toda la humanidad y a edificar su Iglesia, la Israel espiritual (Mateo 16:18; 1 Pedro 2:9-10). La verdad le brinda esperanza y tranquilidad a la humanidad. A Dios no le impresionan las riquezas, el poder ni la intelectualidad de este mundo (1 Corintios 1:26-28). Ni nadie puede tener una consideración especial ante Dios por razón de su raza, nivel social o género. "...En verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas, sino que en toda nación se agrada del que teme y hace justicia" (Hechos 10:34-35). Porque "ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porqué todos vosotros sois uno en Cristo Jesús, y herederos según la promesa" (Gálatas 3:28-29).

 

La "gran tribulación" profetizada

 

Todos los días vemos en las noticias graves tragedias que azotan la tierra en diversos lugares.

En los periódicos y en la televisión vemos constantemente imágenes de guerras, hambres, desastres naturales y terribles accidentes que afligen nuestro corazón. Sin embargo, este tiempo no es más que el "principio de dolores" (Mateo 24:8); precursor de la catástrofe mundial que Jesucristo llamó la "gran tribulación" (v. 21).

 

¿A qué se refirió Jesús al hablar de la tribulación?

¿Sabía usted que la gran tribulación afectaría directamente a los descendientes de Efraín y Manases?

 

Con todo, ¿habrá una forma de escapar?

¿Será posible estar preparado?

 

Como hemos visto durante el estudio de esta lección, Efraín y Manases están identificados en la Biblia. Dios predijo que serían pueblos colonizadores: "Rama fructífera junto a una fuente, cuyos vástagos se extienden por el muro" (Génesis 49:22).

Una "multitud de naciones" y un "pueblo engrandecido" (Génesis 48:19-20). Dios dijo que serían bendecidos "con bendiciones de los cielos de arriba, con bendiciones del abismo que está abajo, con bendiciones de los pechos y del vientre" (Génesis 49:25).

Durante el tiempo que se acerca hacia el fin, serían como un león invencible entre las naciones gentiles (Miqueas 5:8). Las profecías relacionadas con el aumento del poder, de la riqueza nacional y las bendiciones materiales; se hacen realidad en la historia reciente de los Estados Unidos y la Gran Bretaña. Sin embargo, Dios también ha predicho un desastre inminente para esas grandes naciones "hermanas".

"Porque así ha dicho el Eterno: Hemos oído voz de temblor; de espanto, y no de paz... ¡Ah, cuan grande es aquel día! tanto, que no hay semejante a él; tiempo de angustia para Jacob" (Jeremías 30:5, 7; Daniel 12:1).

La tribulación será el tiempo en que Dios propine el castigo divino a los hipócritas de los Estados Unidos y la Gran Bretaña. Dios, en su misericordia, desea que estos pueblos se arrepientan de sus pecados. "Haré en ti lo que nunca hice, ni jamás haré cosa semejante, a causa de tus abominaciones" (Ezequiel 5:9). "Yo os juzgaré a cada uno según sus caminos, oh casa de Israel, dice el Eterno el Señor. Convertíos, y apartaos de todas vuestras transgresiones, y no os será la iniquidad causa de ruina" (Ezequiel 18:30). La profecía de Ezequiel, escrita para los descendientes actuales de Efraín y Manases, revela la terrible amenaza del hambre, enfermedad, guerras y cautiverio. Dos terceras partes de la población de esas naciones morirán de pestilencia, hambre y guerras; y una tercera parte será llevada en cautiverio (Ezequiel 5:12).

Satanás y sus ángeles, después de haber sido "arrojados" a la "tierra" (Apocalipsis 12:9), intensificarán los males que este mundo ha venido sufriendo y afectarán a todas las naciones. "¡Ay de los moradores de la tierra y del mar! porque el diablo ha descendido a vosotros con gran ira, sabiendo que tiene poco tiempo" (v. 12). De manera que si no fuera por la intervención de Cristo, "nadie sería salvo; mas por causa de los escogidos, aquellos días serán acortados" (Mateo 24:22).

 

Una vía de escape

 

¿A quién le ha prometido Dios su protección?

¿Cómo podremos preparamos ahora para escapar de la catástrofe mundial?

 

Observemos la advertencia de Cristo a sus discípulos, mediante los cuales edificó su Iglesia. "Mirad también por vosotros mismos, que vuestros corazones no se carguen de glotonería y embriaguez y de los afanes de esta vida, y venga de repente sobre vosotros aquel día. Porque como un lazo vendrá sobre todos los que habitan sobre la faz de toda la tierra. Velad, pues, en todo tiempo orando que seáis tenidos por dignos de escapar de todas estas cosas que vendrán, y de estar en pie delante del Hijo del Hombre" (Lucas 21:34-36).

 

¿Vamos a seguir haciendo la voluntad de Dios o abandonaremos el llamamiento?

 

"Con vuestra paciencia", dijo Jesús, "ganaréis vuestras almas" (Lucas 21:19). La paciencia consiste en guardar "los mandamientos de Dios y la fe de Jesús" (Apocalipsis 14:12). La protección del holocausto futuro se le promete a quienes tengan esta clase de "paciencia":

"Por cuanto has guardado la palabra de mi paciencia, yo también te guardaré de la hora de la prueba que ha de venir sobre el mundo entero, para probar a los que moran sobre la tierra" (Apocalipsis 3:10).

Dios le dará una vía de escape a su Iglesia, los elegidos. Los fieles que con celo están llevando a cabo la obra de Dios, que guardan sus mandamientos y cuyas vidas son un ejemplo que brilla como la luz para el mundo.

Una de las lecciones de la historia es que la humanidad pocas veces aprende de los errores. Los juicios profetizados por Dios "para nuestra enseñanza se escribieron, a fin de que por la paciencia y la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza" (Romanos 15:4). El conocimiento del pasado es fundamental para el entendimiento de las profecías bíblicas. Para ampliar el conocimiento sobre este tema, llámenos o escríbanos solicitando el folleto Estados Unidos y Gran Bretaña en  profecía, se lo enviaremos sin costo para usted. Si nuestros ojos están abiertos, podremos comprender los sucesos que pronto sacudirán a la humanidad hasta sus cimientos. Dios desea que su pueblo esté preparado.

En este momento Dios está preparando a un grupo de "llamados" que constituyen su Iglesia. Jesucristo dijo que edificaría su Iglesia y que nunca perecería (Mateo 16:18).

 

 

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