Los
jinetes del Apocalipsis
Por John H. Ogwyn
¿En quién podemos confiar para que nos explique el significado de los
misteriosos cuatro jinetes del Apocalipsis?
Jesucristo fue el que
venció y el que puede “abrir el libro y desatar sus siete sellos” (Apocalipsis
5:2-5).
Los primeros cuatro sellos
de Apocalipsis 6 constituyen los cuatro jinetes.
¿Cómo revela Jesucristo el significado de estos cuatro sellos?
Es interesante notar que el mismo Cristo da la
explicación en su profecía del Monte de los Olivos consignada en Mateo 24. Esta fue la profecía más larga que
Jesucristo explicó a sus discípulos.
Veamos el asombroso paralelo que existe entre esta
profecía y el capítulo 6 del libro del Apocalipsis.
El caballo blanco: falso cristianismo
“Y miré, y
he aquí un caballo blanco; y el que lo montaba tenía un arco; y le fue dada una
corona, y salió venciendo, y para vencer” (Apocalipsis 6:2). “Mirad que nadie
os engañe. Porque vendrán muchos en mi
nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y
a muchos engañarán” (Mateo 24:4-5).
Después de la muerte y resurrección de Jesucristo
surgieron muchos falsos predicadores, y falsos apóstoles que engañaron a
muchos. Con el tiempo, se infiltraron
en la verdadera Iglesia de Dios y corrompieron el mensaje que Jesucristo había
traído del Padre. Judas, el hermano
del Señor exhortó a la Iglesia con estas palabras: “Me ha sido necesario escribiros, exhortándoos que contendáis
ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos. Porque algunos hombres han entrado
encubiertamente, los que desde antes habían sido destinados para esta
condenación, hombres impíos, que convierten en libertinaje la gracia de nuestro
Dios, y niegan a Dios el único soberano, y a nuestro Señor Jesucristo” (Judas
3-4).
El apóstol Pablo también fue testigo del principio
de este engaño y llamó a los que lo perpetraban “falsos apóstoles, obreros
fraudulentos, que se disfrazan como apóstoles de Cristo. Y no es maravilla, porque el mismo Satanás
se disfraza como ángel de luz” (2 Corintios 11:13-14).
El engaño de Satanás se describe en la visión del
caballo blanco de Apocalipsis 6. Este
jinete da la impresión de parecerse a Jesucristo. Sin embargo, el verdadero Jesucristo tiene ojos “como llama de
fuego”. Tiene “muchas coronas”, y
tiene una espada, no un arco (Apocalipsis 19:11-15). Esta espada aguda de dos filos es la Palabra de Dios (Hebreos
4:12), que sale de la boca de Jesucristo para “herir a las naciones” por lo
tanto, el primer jinete del Apocalipsis 6 representa la tendencia mundial hacia
el falso cristianismo cuyo poder e influencia irán en aumento. Este engaño culminará con el surgimiento de
un dirigente religioso que se opone y se levanta contra Dios (2 Tesalonicenses
2:1-4, 8-9).
“Y salió
otro caballo, bermejo; y al que lo montaba le fue dado poder de quitar de la
tierra la paz, y que se matasen unos a otros; y se le dio una gran espada”
(Apocalipsis 6:4).
“Y oiréis
de guerras y rumores de guerras; mirad que no os turbéis, porque es necesario
que todo esto acontezca; pero aún no es el fin. Porque se levantará nación contra nación y reino contra reino”
(Mateo 24:6-7).
Este jinete quita la paz de la tierra. Cuando no hay paz hay guerra y esta
constituye el peor azote del mundo. La
historia del mundo es una de conflictos y contiendas que han causado inmenso
sufrimiento y segado innumerables vidas humanas. Jesucristo señaló como la tendencia a “guerras y rumores de
guerras” continuaría acrecentándose hasta el tiempo del fin cuando culminaría
en la “gran tribulación” (Mateo 24:21-22).
“Y miré, y
he aquí un caballo negro; y el que lo montaba tenía una balanza en la
mano. Y oí una voz de en medio de los
cuatro seres vivientes, que decía: dos
libras de trigo por un denario, y seis libras de cebada por un denario; pero no
dañes el aceite ni el vino” (Apocalipsis 6:5-6).
“Y habrá...
hambres” (Mateo 24:7).
[Nota: Es importante notar que en el texto griego
bizantino aparece primero la palabra “hambres” y luego la palabra
“pestes”. Esta pequeña variación
existe porque la versión Reina Valera no se ciñe estrictamente al texto griego
bizantino sino que se sirve también de otros manuscritos griegos].
Uno de los resultados inmediatos de la guerra es la
disminución de reservas alimenticias, la destrucción de los ganados, la
contaminación del agua y el racionamiento de la comida por la escasez que
produce el mantenimiento de un ejército.
Hay países que, ocupados con la guerra, han dejado cundir el hambre en
sus poblaciones. El trastorno de las
condiciones atmosféricas, la sequía, la peste, y el exceso de población han
agravado el problema. Jesucristo
advirtió que el problema del hambre continuaría y se agudizaría hacia el tiempo
de su regreso.
“Miré, y he
aquí un caballo amarillo, y el que lo montaba tenía por nombre Muerte, y el
Hades le seguía; y le fue dada potestad sobre la cuarta parte de la tierra,
para matar con espada, con hambre, con mortandad, y con las fieras de la
tierra” (Apocalipsis 6:8). “Y habrá...
pestes” (Mateo 24:7).
Jesús reveló que a lo largo de la historia los
seres humanos sufrirían el azote de la peste.
La posibilidad de plagas de alcance mundial ya existe. El sida se ha difundido por todos los
continentes y aún no ha sido controlado.
Hay epidemias de gripe que en cuestión de días le dan la vuelta al
mundo. Enfermedades que se creían
erradicadas han resurgido aun peores pues ahora son resistentes a las
drogas. Las plagas resistentes a los
insecticidas también amenazan la agricultura mundial. El caballo amarillo es un precursor del espectro horripilante de
las epidemias mundiales incontrolables que destruirán el veinticinco por ciento
de la vida humana.
Los cuatro jinetes del Apocalipsis corresponden a
lo que Jesucristo llamó el “principio de dolores” que antecede a la gran
tribulación la cual culmina con el retorno de Cristo.