¡Nuestro
magnífico futuro!
Pese a las dificultades y penalidades que todos sufrimos,
usted y yo tenemos la posibilidad de llegar a
un futuro absolutamente magnífico
Un futuro de felicidad y satisfacción increíbles, mucho más allá
de lo que imagina la mayoría; un futuro que realmente da respuesta a la pregunta
fundamental
que todos nos hacemos: "
¿Por qué
nací yo?"
Recuerdo que de muchacho me agradaba sentarme en las colinas y
contemplar el cielo. En los días largos y perezosos del verano me preguntaba:
"¿Habrá una razón especial por
la cual estamos los seres humanos en la tierra?" También me preguntaba: "¿Por
qué tenemos que sufrir? ¿Por qué será que los humanos pasan por
penalidades tan grandes, guerras, enfermedades, sufrimientos, y la propia
muerte?"
Entonces, a los 23 años de edad, ¡comencé a entender la verdadera respuesta! Yo tomaba una clase de
teología de postgrado dictada por el Sr. Herbert W. Armstrong, uno de los
maestros más notables de nuestro tiempo. Un día, dijo: “Muchachos, algo me ha
estado viniendo a la mente con fuerza, algo que parece casi herejía.
Obviamente, no deseo enseñar ni creer nada que sea errado ni herético. Pero
este nuevo conocimiento parece saltar de las páginas de la Biblia. Y es algo
que los religiosos y filósofos del mundo nunca han entendido".
"Sin embargo" prosiguió el Sr. Armstrong, "si cualquiera de ustedes, estudiantes de
postgrado, puede probar basado en la
Biblia que este extraordinario conocimiento nuevo está equivocado, ¡por favor hágalo! Más aún, les pido
que investiguen este asunto en las próximas semanas porque tenemos que
estar seguros de que enseñemos solamente lo que la Biblia realmente dice".
Yo me estaba preparando para dictar una clase sobre las Epístolas de
Pablo cuando el Sr. Armstrong planteó este reto. En las semanas siguientes, en
realidad, fueron varios meses y años, muchos de nosotros seguimos examinando
este tema fundamental, para ver si podíamos demostrar
el error de esta desconcertante idea nueva. Resultó que cuanto más
estudiaba, más me convencía de que
este nuevo conocimiento era, de hecho, una verdad magnífica que la mayoría de los religiosos del mundo habían pasado
por alto. Ella revela la auténtica respuesta
a la pregunta de por qué estamos
en la Tierra y cuál es el verdadero propósito
de nuestra vida. He seguido meditando sobre este conocimiento bíblico acertado, y estudiándolo, durante más de
50 años.
El propósito supremo de la existencia
humana fue un absoluto "misterio" para los grandes pensadores y
filósofos del pasado. Es un misterio hoy para
la arrolladora mayoría de los
ministros cristianos profesos. El apóstol Pablo escribió sobre "el misterio que había estado oculto desde
los siglos y edades, pero que ahora ha sido manifestado a sus santos"
(Colosenses 1:26). ¿Cuál es este
"misterio tan profundo?"
Pablo prosigue: "a quienes Dios quiso dar a conocer las riquezas de
la gloria de este misterio entre los gentiles; que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria, a quien anunciamos, amonestando a todo hombre, y enseñando
a todo hombre en toda sabiduría, a fin de presentar perfecto en Cristo Jesús a
todo hombre" (vs. 27–28).
¿La “esperanza de gloria?"
¿La necesidad de presentar a todo hombre "perfecto" en Cristo Jesús?
¡Sí! El futuro emocionante,
estimulante que Dios Todopoderoso ha planeado para sus hijos ¡es algo que casi sobrepasa la
imaginación humana! La Biblia
nos dice que "Dios es amor
" (1 Juan 4:8). En su inmenso amor, Dios realmente ha hecho a todos los humanos “a su imagen”.
En las primeras frases de la Biblia, Dios nos revela mucho sobre nuestro
propósito y lo que el futuro nos depara. "Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las
aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se
arrastra sobre la tierra. Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios
lo creó; varón y hembra los creó" (Génesis 1:26–27). Dios creó a todos los seres humanos, hombres y
mujeres, “a su imagen”.
Notemos que Dios dijo: "Hagamos al hombre a nuestra imagen". Pues Dios Padre y el Verbo, el personaje que
más tarde se despojó a sí mismo y se convirtió en Jesucristo, estaban deliberando
juntos mientras planeaban hacer a
todos los humanos a su imagen. ¿Qué poder tendrían los humanos? Dijeron: “Señoreen...”. Señorear significa regir o gobernar. Desde el principio, los seres humanos recibieron
autoridad y dominio, en grado limitado, sobre las demás criaturas de la Tierra.
Respecto al medio ambiente, Dios les dijo a Adán y Eva "que lo labrara[n]
y lo guardase[n] " (Génesis 2:15). Aunque los leones y los tigres en la
tierra, y las enormes ballenas y los tiburones feroces en el mar, son mucho más
grandes y más fuertes que el hombre, nosotros tenemos la autoridad y capacidad
de capturarlos y ponerlos en jaulas o restringirlos, ¡y no al contrario! Es así porque Dios nos ha dotado de poder
mental y una imaginación creadora mucho
más allá de lo que posee cualquier otra criatura. En nuestra forma corporal
y en nuestra capacidad mental y en nuestra habilidad e imaginación creadora,
ciertamente somos, en esencia, ¡hechos
“a imagen de Dios"!
Cuando el antiguo Rey David de Israel miró los cielos y contempló el
esplendor del universo, exclamó: "¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre,
para que lo visites? Le has hecho poco menor que los ángeles, y lo coronaste de
gloria y de honra. Le hiciste señorear sobre las obras de tus manos; todo lo
pusiste debajo de sus pies" (Salmo 8:4–6).
En este pasaje inspirador, David reveló que Dios puso "todo"
bajo nuestros pies. ¿Pero cuál es el
alcance de esto? Nuestro Creador
inspiró al redactor de Hebreos para que citara del pasaje anterior y que
explicara más:"Todo lo
sujetaste bajo sus pies... Porque en cuanto le sujetó todas las cosas, nada
dejó que no sea sujeto a él; pero todavía no vemos que todas las cosas le sean sujetas.
Pero vemos a aquel que fue hecho un poco menor que los ángeles, a Jesús,
coronado de gloria y de honra, a causa del padecimiento de la muerte, para que
por la gracia de Dios gustase la muerte por todos. Porque convenía a aquel por
cuya causa son todas las cosas, y por quien todas las cosas subsisten, que
habiendo de llevar muchos hijos a la
gloria, perfeccionase por
aflicciones al autor de la salvación de ellos. Porque el que santifica y los
que son santificados, de uno son todos; por lo cual no se avergüenza de
llamarlos hermanos" (Hebreos 2:8–11).
Muchos estudios han reconocido que ta panta, la expresión
inspirada en el griego original en este pasaje, se refiere a todo el cosmos, ¡a todo el universo! Sin embargo, el redactor de Hebreos reconoce que
" todavía no vemos que todas las
cosas le sean sujetas"
Todavía no.
Aun así, con nuestras facultades mentales y nuestra imaginación creadora
dadas por Dios, la humanidad ahora está planeando “conquistar” los cielos.
Porque en efecto, los humanos somos hechos como
el propio Dios ¡más de lo que
piensa la mayoría! Y Dios sí desea que seamos plenamente como Él un día, sus auténticos
hijos nacidos de Él, ¡para siempre dentro de su propia familia!
¡Esta es la razón por
las cual nació usted!
No se trata de un
simple asunto de sentimentalismo. Se trata de que los seres humanos traspasen las barreras del tiempo, del
espacio y de la sustancia para entrar en una dimensión de existencia enteramente
nueva. Fuimos creados con la
posibilidad y el propósito final de
convertirnos en miembros de la Familia de Dios y de unirnos a Él y a Cristo ¡en
el gobierno sobre todo el
universo! Cuando Pablo escribió que
"todas las cosas" se han puesto bajo los pies del hombre, y
que Dios "nada dejó que no sea
sujeto a él", pero "todavía
no…", indicaba claramente que hemos de ser seres espirituales unidos a
Cristo y al Padre en la tarea de dirigir los sucesos cósmicos ¡por todo el universo en tiempos que
vendrán!
Por tanto, así como Jesucristo fue perfeccionado “por aflicciones,"
también nosotros tenemos que pasar por tribulaciones
y pruebas, y tenemos que demostrarle a Dios que estamos totalmente entregados a Él, que somos totalmente leales a su propósito para
nuestra vida. Dándonos ejemplo, ¡Cristo
está llevando “muchos hijos a la gloria!”.
Es una bendición para mí tener cuatro hijos y dos hijas. ¡Ellos están en
el mismo nivel de existencia y a la
misma altura humana que yo! Mis propios hijos, que procedieron de mí y de mi
esposa, ¡no en un nivel
inferior! El apóstol Pablo escribió por
inspiración: "Porque a los que antes conoció, también los predestinó para
que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos" (Romanos 8:29). Si Cristo es el primogénito
entre muchos hermanos, ¿acaso sus
hermanos son de alguna especie inferior, como cabras, pollos o arañas?
¡Tomemos nota! La Biblia hace afirmaciones como esta una y otra
vez. La Biblia también revela ¡que la Iglesia es la “esposa” o prometida de
Jesucristo! El apóstol Pablo escribe:
"Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor; porque el
marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual
es su cuerpo, y él es su Salvador" (Efesios 5:22–23). ¿Es la esposa de
Cristo de una especie inferior? Cuando llegue el momento de la
"boda", cuando Cristo “se case” con su Iglesia, ¿estarán los santos
de Dios resucitados en el mismo nivel de existencia de Cristo, o se casará Él
con un ser inferior?
Recordemos lo que el propio Jesús dijo sobre nuestro futuro: "Mas
los que fueren tenidos por dignos de alcanzar aquel siglo y la resurrección de
entre los muertos, ni se casan, ni se dan en casamiento; Porque no pueden ya
más morir, pues son iguales a los ángeles [inmortales], y son hijos de Dios, al ser hijos de la resurrección" (Lucas 20:35–36).
Vemos, pues, que los auténticos santos de Dios se convierten en "hijos de
la resurrección" y que no pueden
morir. Y los que sean hijos de Dios, en el pleno sentido de la palabra, en
la resurrección se parecerán a Cristo: “…seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es " (1 Juan 3:2).
¿Cómo se ve Cristo ahora? La
Biblia revela: "uno semejante al Hijo del Hombre, vestido de una ropa que
llegaba hasta los pies, y ceñido por el pecho con un cinto de oro. Su cabeza y
sus cabellos eran blancos como blanca lana, como nieve, sus ojos como llama de
fuego; y sus pies semejantes al bronce bruñido, refulgente como en un horno; y
su voz como estruendo de muchas aguas. Tenía en su diestra siete estrellas; de
su boca salía una espada aguda de dos filos; y su rostro era como el sol cuando
resplandece en su fuerza " (Apocalipsis 1:13–16).
¡Jesucristo es Dios mismo!
Jesucristo es el Verbo, y dice la Escritura que el Verbo estaba con Dios “y el
Verbo era Dios” (Juan1:1). Su rostro brilla ¡como el sol! Los que estemos dispuestos a realmente entregar el corazón, la mente y la
voluntad a Dios y venir a Él por medio de Jesucristo con arrepentimiento genuino, ¡podemos esperar este tipo de gloria magnífica! El Dios de la
Biblia desea que nosotros nos convirtamos en hijos verdaderos, ¡no en unos seres inferiores que Dios simplemente llamaría hijos suyos! Es así como, luego de la conversión genuina, Dios coloca su propia naturaleza divina dentro del cristiano
verdadero. Por eso fue que Pedro reveló, bajo inspiración divina, que mediante
su poder, Dios "nos ha dado preciosas
y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina" (2 Pedro
1:3–4).
Es fácil, desde luego, para los teólogos "sabios" desvirtuar estas afirmaciones y otras
muchas similares. ¡Pero son muchos los
pasajes inspirados como este en toda la Biblia indicativos de la espléndida oportunidad y la gloria que Dios tiene preparados para
quienes terminen acatando su voluntad y cumpliendo sus propósitos! El apóstol
Pablo le dice al cristiano que debemos ser "plenamente capaces de
comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la
profundidad y la altura, y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo
conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios. Y a Aquel que
es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que
pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros" (Efesios
3:18–20). Pablo escribió, bajo inspiración divina, que los vencedores llegarán
a estar llenos de "toda la plenitud de Dios" ¿Acaso
Pablo escribió este pasaje por simple “emoción”? ¿O será que nuestro
Padre en el cielo realmente va a compartir
su gloria con sus futuros hijos,
hijos verdaderos, quienes a su vez
serán realmente “como Él” del mismo modo que usted y yo somos como nuestros
padres humanos?
Ruego que piensen ustedes atentamente en el verdadero significado de la oración final de Jesús a su Padre en
Juan 17. En la oración más extraordinaria
jamás consignada en las páginas de la Biblia, el Hijo de Dios le pidió esto
a su Padre: "Ahora pues, Padre, glorifícame
tú al lado tuyo, con aquella gloria
que tuve contigo antes que el mundo fuese"
(Juan 17:5). La mayoría de nuestros
lectores comprenden que Jesús estaba con Dios desde antes del principio de la
creación, que: "Todas las cosas por
él fueron hechas, y sin él nada
de lo que ha sido hecho, fue hecho" (Juan 1:3). Por tanto, es obvio que Cristo le pedía al Padre que le
restableciera la plena gloria que tuvo cuando, actuando por el Padre, el Cristo como el
"Logos" del Antiguo Testamento ¡creó todo el universo! Porque
Él era totalmente Dios ¡en todo
sentido!
Luego, terminando de orar por sus discípulos, Jesús dijo: "Mas no
ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos; para que todos
sean uno; como tú, oh Padre, en mí,
y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que
tú me enviaste. La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así
como nosotros somos uno. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos
en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a
ellos como también a mí me has amado" (Juan 17:20–23).
¿Podemos captar en su totalidad el impresionante
pedido que hizo el Hijo de Dios en esta oración? Estaba pidiendo que
aquellos de nosotros "que han de creer en mí por la palabra de ellos"
participemos con Él, obviamente
en la resurrección, de la misma gloria de
la cual Él participa ahora con el Padre. Amigos, Jesús hablaba en serio cuando
dijo lo que dijo en esta oración inspirada y preservada para nosotros por el
propio Dios, quien inspiró la redacción y la preservación de las Sagradas
Escrituras. ¡Jesús estaba pidiendo que sus verdaderos seguidores llegaran a
convertirse en hijos de Dios, en el
pleno sentido de la palabra!
El Padre y Cristo están
compuestos de amor, interés
generoso y total el uno por el otro ¡y por su creación! Ellos desean compartir con su familia un amor, un trato y una cálida comunión que en cierto sentido es similar, aunque mucho más íntima,
que lo que comparten hoy las más felices de las familias humanas.
Cuando seamos hijos de Dios,
de manera plena y completa, en la resurrección, podremos interactuar con Cristo
y el Padre y conocer a fondo sus
pensamientos, planes y proyectos. Sin
duda nos uniremos a ellos en varios proyectos y actividades de creación en
el futuro ¡por todo el extenso universo! Ello es así porque Dios no es estático. Él crece. Se
expande y aumenta. La Biblia entera muestra que Él es ese tipo de ser y que
nosotros seremos “como Él” en todo. El profeta Isaías se sintió inspirado a
decirnos que “lo dilatado de su
imperio y la paz no tendrán límite"
(Isaías 9:7).
Ahora mismo, la brillante imaginación y capacidad creadora de la humanidad
ha motivado a muchos inventores y científicos a especular sobre la “conquista” total del espacio sideral y sobre la
colonización de otros planetas e incluso otros universos en el futuro. En una
emisión radial, oí hace poco a un respetado profesor de una universidad muy
conocida especular ¡que ahora parece que los humanos podrían algún día “crear”
un universo completo!
¿Acaso este profesor tan respetado está loco?
No lo está, en realidad. Pero se está adelantando mucho a sí mismo, y a la capacidad actual de la
humanidad. Tristemente, los hombres no han conquistado su propia naturaleza
humana: su propio egoísmo, vanidad, codicia y lujuria. Y como nos dice el
apóstol Santiago: "¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre
vosotros? ¿No es de vuestras pasiones, las cuales combaten en vuestros
miembros? Codiciáis, y no tenéis; matáis y ardéis de envidia, y no podéis
alcanzar; combatís y lucháis, pero no tenéis lo que deseáis, porque no
pedís" (Santiago 4:1–2).
Dada nuestra tendencia a ceder ante la naturaleza “humana”, o más bien
la naturaleza de Satanás que él, con
su enorme influencia, ha implantada en la mayoría de las personas (Efesios
2:2), los humanos se van a desviar del camino mucho antes de que logren
alcanzar el sueño de aquel científico. Sin embargo, los que estén dispuestos a humillarse y a buscar sinceramente la mente y la voluntad del Creador terminarán
por regir el universo entero
¡al lado de Jesucristo! Eso sí, tendrá
que suceder tal como Dios dispone, y
no como lo pretenden los humanos egocéntricos y desorientados.
Cuando todo esto suceda, los humanos entraremos "con un
estallido", por así decirlo, en una dimensión de la existencia enteramente
distinta. Entonces tendremos poder como
Dios tiene poder. Entonces pensaremos
como Dios, dotados de comprensión total, sabiduría, dominio propio y amor genuino y generoso. Entonces
podremos funcionar como la “Familia Dios”, siempre entregados al Padre y a
Cristo. Tendremos trato con ellos y los unos con los otros en una existencia
creadora y dichosa llena de logros y felicidad por toda la eternidad.
Este es nuestro
espléndido futuro, si es que podemos creer lo que la Biblia realmente indica
una y otra vez. Es por esto que Dios
nos dice, de tantas maneras, que Él nos ha hecho “a su imagen”. Es por esto que Dios nos “prueba” vez tras vez y nos hace pasar “por las duras y
maduras” en tantas situaciones para ver si nos entregaremos realmente a su
voluntad. Si estamos dispuestos a entregarnos al Dios verdadero de la Biblia por
medio de Jesucristo, Aquel que revela
quién y cómo es Dios, entonces junto con Jesús nos convertiremos en miembros plenos de la Familia Dios ¡y
nos uniremos a Cristo y al Padre en la existencia más extraordinaria, dichosa y
magnífica que la mente humana pueda siquiera empezar a contemplar!
Pese a las dificultades y las pruebas, espero que sea obvio ahora, siempre y cuando usted esté dispuesto a
entender, ¡que le espera un futuro realmente increíble y espléndido! Ahora bien, Dios le ofrece ese futuro
solamente a condición de que esté
dispuesto a “salir” de este mundo actual, a creer sinceramente en el Dios y la Biblia y a entregar su vida realmente a Él por medio del Jesucristo verdadero.
Entonces Él le dará a usted una oportunidad
y un futuro magnífico que
sobrepasará en mucho aquello que los filósofos y científicos se hayan tratado
de imaginar. El propio Dios nos dice:"Porque mis pensamientos no son
vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo el Eterno. Como
son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que
vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos"
(Isaías 55:8–9).