¿Cuál es la meta del cristiano?
Por
Roderick C. Meredith
¿Está usted engañado?
Casi todos los que profesan el cristianismo han aprendido que al morir,
irán de inmediato al cielo y que allí no tendrán nada que hacer fuera de "andar flotando en el cielo" por
toda la eternidad.
Estos confusos conceptos hacen del cristianismo algo pueril, impráctico
e irreal para muchas personas pensantes. Las ideas vagas sobre lo que le ocurre
el cristiano en el futuro ciertamente no despiertan un verdadero celo por Dios.
Ahora bien, ¡esas ideas son totalmente equivocadas!
Recuerde, por favor, que la única fuente de información fidedigna sobre
el futuro del cristiano es la Sagrada Biblia. Dios inspiró la Biblia, ¡y sus profecías se están cumpliendo hoy! Nada en la Biblia indica que la recompensa
del cristiano es ir al cielo. Semejantes ideas dan una imagen falsa de lo que Jesucristo predicó y
una imagen falsa del verdadero “llamamiento” cristiano. Peor aún, ¡dan una idea
falsa del propósito mismo del
cristianismo! Jesucristo vino predicando "el evangelio del Reino de Dios" (Marcos 1:14).
Mateo lo llama el "Reino de los
cielos" pero no el Reino "en" el cielo. ¡El Banco de Morgan no
está "en" el Sr. Morgan! La palabra de indica el dueño o la persona
que lo controla. El cielo es el lugar donde se encuentra el trono de Dios,
¡desde el cual Él gobierna su Reino!
Todos los primeros cristianos
entendían esto claramente, como se ve en decenas de afirmaciones en los
evangelios sobre cómo prepararse para el Reino de Dios venidero. Lo vemos
también en el libro de los Hechos y en los escritos del apóstol Pablo. Ahora
bien, muchos estudiosos de la Biblia reconocen que entre los primeros
cristianos había más de uno que esperaba que Jesucristo derrocara a los romanos
que ocupaban su tierra y estableciera su "Reino" o gobierno de una vez. Jesús indicó que
no se haría en ese momento pero jamás dijo
que el suyo no sería un reino, o gobierno,
de verdad, aquí en la Tierra.
Veamos lo que Cristo les dijo a sus discípulos después de resucitar de
la muerte. Los discípulos le preguntaron: "Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?"
(Hechos 1:6). Esta sería la oportunidad perfecta para que Jesús despejara toda
noción de que su Reino fuera a ser un gobierno verdadero aquí en la Tierra.
¿Acaso lo hizo?
¡No! Lo que dijo fue: "No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad" (Hechos 1:7).
Esto sin duda confirmó la premisa correcta de que Jesús vendría de nuevo y que
establecería un gobierno mundial aquí en la Tierra. Más tarde, mientras Jesús
ascendía al Cielo, un ángel se dirigió a los discípulos diciendo: "Este
mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo" (v. 11).
En el Evangelio de Lucas, Jesús describió muchas de las señales que se
presentarían al final de esta era, inmediatamente
antes de su segunda venida. Luego de citar varios fenómenos extraordinarios que
sacudirían la Tierra, dijo: "Así también vosotros, cuando veáis que
suceden estas cosas, sabed que está cerca
el reino de Dios" (Lucas 21:31). Jesús no les dijo que el Reino “ya” había
venido ni que se hallaba establecido en
sus "corazones" sino que era un reino que vendría a la Tierra.
Son incontables los estudiosos de la Biblia que honestamente saben esto
¡pero muy pocos lo predican! En su
lugar, cuando muere algún miembro de la iglesia escuchamos homilías
sentimentales sobre cómo su alma se fue volando al cielo... sin ninguna mención
de que Cristo va a regresar a establecer un gobierno real en la Tierra.
Edward Gibbon, renombrado historiador secular, describió las creencias
de los primeros cristianos. "La antigua y popular doctrina del Milenio
estaba íntimamente ligada a la segunda venida de Cristo. Así como las obras de
la creación se terminaron en seis días, su duración en el estado actual, según
una tradición atribuida el profeta Elías, se había fijado en seis mil años.
Conforme a la misma analogía, se infería que a este largo período de trabajos y
contiendas, que ya estaba a punto de terminar, le seguiría un sábado feliz de
mil años, y que Cristo, con la banda triunfal de los santos y los elegidos que
habían escapado de la muerte, o que habían revivido milagrosamente, reinaría
sobre la tierra hasta el momento fijado para la resurrección final y
general" (Historia de la decadencia y ruina del Imperio Romano, Vol. I).
¿Cómo será el reino de Cristo?
Pronto se establecerá el Reino de Dios, dirigido directamente por
Jesucristo. El Hijo de Dios.
¿Cómo será la vida en ese reino?
¿Qué estarán haciendo los
cristianos fieles una vez resucitados de la muerte (1 Corintios 15:51–52)?
¿Cómo estará organizado el
Reino?
¿Cómo tratarán los santos
resucitados con los
humanos inconversos que
seguirán con vida en la Tierra?
En la Biblia encontramos decenas de descripciones del gobierno dirigido
por Jesucristo. Su organización será jerárquica, con Jesucristo, Rey de reyes, a la cabeza (Apocalipsis
19:16). Leemos: "El séptimo ángel tocó la trompeta, y hubo grandes voces
en el cielo, que decían: Los reinos del mundo
han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos
de los siglos" (Apocalipsis 11:15).
También el apóstol Juan cita un “nuevo cántico” lleno
de inspiración, dirigido a Cristo: "Eres digno de tomar el libro y abrir
sus sellos; porque fuiste degollado, y con tu sangre compraste para Dios
hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación y has hecho de ellos para nuestro
Dios un reino de sacerdotes, y reinarán sobre la tierra"
(Apocalipsis 5:9–10, Biblia de Jerusalén). Es claro y definitivo que el reino de
Cristo no se va a establecer en el
cielo sino en la Tierra. Como explicó Gibbon, eso es lo que creía y enseñaba la
Iglesia primitiva, guiada por el Espíritu de Dios. No es una idea novedosa ni
extraña. Lo que pasó fue que esta verdad se fue diluyendo a medida que se
fueron adoptando diversos conceptos del cielo, el infierno y el alma contrarios
a la enseñanza cristiana. Gibbon explica: "Más cuando el edificio de la
iglesia estaba casi completo, se hizo de lado el apoyo temporal. La doctrina
del reino de Cristo sobre la Tierra se trató primero como una alegoría profunda
y luego se fue considerando como una opinión dudosa e inútil, hasta rechazarse
finalmente como un invento absurdo, fruto de la herejía y el fanatismo"
(Vol. I).
Dirigiéndose a los cristianos en Corinto, el apóstol Pablo describió
claramente la recompensa de los verdaderos santos: "¿O no sabéis que los
santos han de juzgar al mundo? Y si el mundo ha de ser juzgado por vosotros, ¿sois indignos de
juzgar cosas muy pequeñas? ¿O no sabéis
que hemos de juzgar a los ángeles? ¿Cuánto más las cosas de esta vida? (1 Corintios 6:2–3). Vemos,
pues, que los santos no van a estar por ahí sin nada que hacer ¡sino que van a
juzgar "al mundo”!
Los discípulos de Jesús pensaban que el Reino de Dios se manifestaría inmediatamente" (Lucas 19:11).
Para sacarlos de su error, Él les dijo la parábola del noble que se iba a un
país lejano. Jesús demostró en esta parábola cómo sus discípulos recibirían
recompensas por aprovechar sus capacidades o su dinero sabiamente. Cuando llegó
uno diciendo: "Señor, tu mina ha ganado diez minas", Jesús respondió:
" Está bien, buen siervo; por cuanto en lo poco has sido fiel, tendrás autoridad sobre diez ciudades". Llegó un segundo siervo diciendo que su mina
había ganado cinco minas y Jesús respondió: Tú también sé sobre cinco ciudades." (vv. 16–19). Algunos teólogos modernos pretenden diluir
estos ejemplos presentándolos como algo enteramente espiritual. Sin embargo,
una y otra vez, desde Génesis hasta Apocalipsis, las Sagradas Escrituras dejan
en claro que Dios va a establecer un gobierno real en la Tierra ¡bajo Jesucristo como Rey de reyes!
Gobernando directamente bajo Jesucristo y sobre las doce naciones
descendientes de Israel, estará el rey David, ¡quien resucitará de la muerte
junto con los demás santos de Dios! Describiendo cómo volverá Israel de su
cautiverio cuando Cristo regrese, Jeremías escribió: "En aquel día, dice
El Eterno de los ejércitos, yo quebraré su yugo de tu cuello, y romperé tus
coyundas, y extranjeros no lo volverán más a poner en servidumbre, sino que
servirán a El Eterno su Dios y a David
su rey, a quien yo les levantaré"
(Jeremías 30:8–9).
Notemos también cómo el profeta Oseas, inspirado por el Creador, expone esta
misma verdad fundamental acerca de la organización del futuro gobierno de
Cristo: "Después volverán los hijos de Israel, y buscarán al Eterno su
Dios, y a David su rey; y temerán a
El Eterno y a su bondad en el fin de los días" (Oseas 3:5).
Dios inspiró igualmente a Ezequiel, quien recalcó este mismo punto en su
descripción de los “postreros días”, cuando todas las tribus de Israel se
reunirán en una nación: "David
mi siervo será rey sobre ellos, y
todos ellos tendrán un solo pastor; y andarán en mis preceptos, y mis estatutos
guardarán, y los pondrán por obra" (Ezequiel 37:24).
¿Gobernará David directamente a las doce tribus, o naciones, descendientes de Jacob?
No. Se montará toda una
estructura, de modo ordenado, regida por líderes que se escogerán, no por
votación ni politiquería, sino por nombramiento. Como les dijo Jesús a sus
fieles apóstoles cerca del fin de su vida humana, "Yo, pues, os asigno un reino, como mi Padre me lo asignó a
mí, para que comáis y bebáis a mi mesa
en mi reino, y os sentéis en tronos juzgando
a las doce tribus de Israel" (Lucas 22:29–30).
Es así como el gobierno en el mundo de mañana estará encabezad por
Cristo como Rey de reyes. Bajó Él
estará el rey David gobernando a toda Israel. Bajo David, los doce apóstoles
resucitados gobernarán una tribu, o nación, cada uno.
Los auténticos "santos" de Dios, los cristianos verdaderos que
hayan creído y obedecido
lo que la Biblia realmente dice, recibirán la oportunidad de gobernar a las
ciudades del mundo dentro de esta estructura. Y como el patrón bíblico es primero
al judío y luego al gentil, podemos estar seguros de que el mismo tipo de
estructura se establecerá sobre las naciones gentiles de la Tierra: un gobierno verdadero encabezado por
Jesucristo, el “Príncipe de Paz”, quien finalmente traerá auténtica paz y verdadera felicidad al mundo. Cada
uno de nosotros, si somos cristianos fieles, ¡tendremos nuestra parte en
la tarea de traer esta paz y felicidad a todas
las naciones dolientes de la tierra en el mundo de mañana!
¡Estas son noticias
extraordinarias! Este es el verdadero evangelio descrito en la Biblia. Por
esta razón la sangre de Jesucristo fue derramada como sacrificio por nuestros pecados y produjo nuestra
reconciliación con Dios. Los cristianos verdadero, reconciliados con Dios y
dotados del precioso don del Espíritu Santo, se están preparando para ayudar a
su Salvador a gobernar al mundo entero. Durante el gobierno milenial de Cristo,
la Tierra será rescatada del poder de Satanás y habrá un período espléndido de paz,
prosperidad y felicidad. El camino de vida de Dios se restaurará en la Tierra.
Las Escrituras explican que Dios enviará nuevamente a Jesucristo, “que os fue
antes anunciado, a quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los
tiempos de la restauración de todas las cosas, de que habló Dios por boca de
sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo" (Hechos 3:20–21).
Entendemos, pues, que todos los santos profetas han proclamado esta
Buena Noticia de "los tiempos de la restauración de todas las cosas";
el reino venidero de Cristo. ¡El Antiguo Testamento está repleto de descripciones de la venida del Mesías y su reinado sobre
el mundo entero!
¿Qué harán los santos en la resurrección?
Ya hemos visto que los santos resucitados serán "reyes y sacerdotes" en el futuro Reino de
Dios en la Tierra (Apocalipsis 5:10). También leemos que al comienzo del
Milenio, Satanás quedará "atado" por "mil años... para que no [engañe] más a las naciones hasta que
fuesen cumplidos los mil años" (Apocalipsis 20:2–3). Luego, vemos que los
que tengan parte en la primera resurrección "serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años" (v. 6).
Pasaje tras pasaje en las Sagradas Escrituras nos recuerda que los
sacerdotes de la antigua Israel eran los maestros.
Eran los que instruían al pueblo en la ley de Dios y sus caminos. Obviamente, los cristianos que sean "sacerdotes"
de Dios en el mundo de mañana instruirán
a la gente de toda la Tierra en la manera
correcta da vivir. Una vez “atado” Satanás, la ceguera que se ha apoderado de todo el mundo se despejará. La gente
comprenderá la Verdad y se dejará enseñar. Como resultado, nuestra labor será infinitamente
más fácil de lo que es ahora, con Satanás como "dios de este siglo"
(2 Corintios 4:4).
En muchos pasajes bíblicos, Dios nos dice que en los "postreros
días”, o sea en el mundo de mañana, Jesucristo y sus santos le enseñarán al
mundo la ley de Dios Todopoderoso:
"Y nos enseñará en sus caminos, y andaremos por sus veredas; porque de Sión
saldrá la ley, y de Jerusalén la
palabra del Eterno" (Miqueas 4:2). Y también: "No alzará espada
nación contra nación, ni se ensayarán
más para la guerra" (v. 3). Ya no se prepararán a los jóvenes,
hombres y mujeres, para pelear guerras.
El mundo, bajo Satanás, gasta cantidades enormes de sus recursos en
guerras y matanzas. Cuando toda la riqueza de las naciones se dedique a fines
pacíficos, no es difícil imaginar la hermosura de ciudades, parques nacionales
y otros entornos ¡que florecerán por todo el mundo! Además, y en agudo contraste con la época actual en que tantas
personas carecen de lo más básico, la Biblia nos dice que en el mundo de mañana
todos tendrán su pedazo de tierra, ya que "se sentará cada uno debajo de su vid y debajo de su higuera, y no habrá quien
los amedrente" (v. 4).
El profeta Isaías habla del "monte" (o Reino) de Dios que se
establecerá en "lo postrero de los tiempos" y dice que Dios "nos
enseñará sus caminos, y caminaremos
por sus sendas. Porque de Sión saldrá la ley,
y de Jerusalén la palabra del Eterno" (Isaías 2:1–3).
¿Cuál es esta
"ley"?
¿Se trata acaso una simple
"ley de tránsito" o de leyes sobre asuntos administrativos?
¡Claro que no! Todos los que
leían estos versículos originalmente comprendían claramente que se referían a
la ley espiritual de Dios, ¡los diez
mandamientos! Sí, habrá todo un camino de vida basado en los diez
mandamientos, el cual será el “camino” que todos aprenderán a seguir durante el
futuro reinado de Cristo en la Tierra.
Aunque muchos teólogos modernos ofrecen argumentos astutos para tratar
de demostrar que la ley de Dios fue “abolida”, dentro de pocos años aquella
gran ley espiritual formará, de
hecho, la base misma de la sociedad
del mundo. Si usted quisiera comprender y aplicar aquella espléndida ley, lo
invitamos a comunicarse con la oficina regional más cercana y que llame o
escriba inmediatamente para pedir su ejemplar gratuito de nuestra publicación informativa titulada Los diez
mandamientos.
¿Cómo será la vida en un mundo donde todos
conocen y practican la ley de Dios?
El reinado de Cristo será una época de paz tal, que hasta desaparecerá
la naturaleza salvaje de los animales (Isaías 11:6–8). Entonces "No harán
mal ni dañarán en todo mi santo
monte, porque la tierra será llena del conocimiento de El Eterno, como las
aguas cubren el mar" (v. 9).
La Biblia indica la orientación que recibirá una humanidad quebrantada
una vez que regrese del terrible cautiverio y las aflicciones sufridas en la
Gran Tribulación y el Día del Señor: "Tus maestros nunca más te serán
quitados, sino que tus ojos verán a
tus maestros. Entonces tus oídos oirán a tus espaldas palabra que diga: Este es
el camino, andad por él; y no echéis
a la mano derecha, ni tampoco torzáis a la mano izquierda" (Isaías
30:20–21). Guiados por la ley de Dios, los humanos disfrutarán de una época de
paz y felicidad. “No habrá allí león, ni fiera subirá por él, ni allí se
hallará, para que caminen los redimidos. Y los redimidos de El Eterno volverán,
y vendrán a Sion con alegría; y gozo perpetuo será sobre sus cabezas; y
tendrán gozo y alegría, y huirán la tristeza y el gemido" (Isaías
35:9–10).
Entonces, los “santos” resucitados enseñarán
a los pueblos de la Tierra todo el camino
de vida de Dios, basado en los diez mandamientos. Esto producirá un mundo de paz
y de felicidad eterna. Siendo Cristo
el “primero” de los “primeros frutos”, debemos observar su ejemplo para ver cómo
se verán los cristianos resucitados y cómo será su trato con los habitantes de
la Tierra durante el Milenio. Jesucristo existe ahora en estado de gloria inefable. Juan tuvo una visión
de esa gloria: "Su cabeza y sus cabellos eran blancos como blanca lana,
como nieve; sus ojos como llama de fuego; y sus pies semejantes al bronce
bruñido, refulgente como en un horno; y su voz como estruendo de muchas
aguas" (Apocalipsis 1:14–15).
El apóstol Juan también escribió: "Amados, ahora somos hijos de
Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando
él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él
es" (1 Juan 3:2). ¡Nosotros “seremos semejantes” a Jesucristo! Seremos “glorificados” en la resurrección
como verdaderos hijos e hijas de Dios,
¡como verdaderos hermanos y hermanas de Jesucristo! La Biblia explica claramente que Cristo será "el primogénito entre
muchos hermanos" (Romanos
8:29).
¿Cómo instruyó el propio Cristo a las personas después de glorificado?
Luego de la resurrección, se les apareció a los apóstoles y a otros en
varias ocasiones. Cristo resucitado casi siempre se les apareció a los demás como
un ser humano e interactuó con la gente de ese modo para que comprendieran lo
que decía y no tuvieran miedo. Recordemos el episodio de los discípulos que
iban a Emaús (Lucas 24:13-31) de cómo Jesucristo anduvo, conversó y comió con
ellos.
Más tarde, Jesús se presentó ante sus discípulos en el lugar donde
estaban reunidos, diciendo: "Paz a vosotros". Luego le dijo a Tomás:
"Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi
costado; y no seas incrédulo, sino creyente" (Juan 20: 26–27).
Por lo anterior, es claro que los que “vencen” y se tornan en santos de
Dios en la resurrección podrán instruir a los habitantes de la Tierra de un
modo personal, como instruyó Jesús a sus apóstoles. Sin duda, los cristianos
resucitados, servidores de Jesucristo en el Milenio, se presentarán en
ocasiones con gran poder y en otras
ocasiones hablarán sin que la gente pueda verlos, como se menciona en Isaías
30. Pero también aparecerán en forma humana, lo mismo que Jesús cuando se encontró
con los apóstoles y aun se desayunó con ellos a la orilla del mar de Galilea
(Juan 21:12–15).
Habrá, sin duda, ocasiones en que los seres humanos mortales, sintiéndose
pequeños o asustados por un encuentro con los santos resucitados, dirán con
asombro a sus amigos: "¡Era uno de ellos!"
¿Será usted "uno de ellos?"
Al ir comprendiendo el verdadero plan de Dios, cada uno de nosotros ha
de tomar esta decisión por sí mismo. Si Dios lo está llamando a usted para contarlo
entre sus primeros frutos, entonces le ha dado una oportunidad especialísima. Como
dijo Jesús: "Al que venciere y
guardare mis obras hasta el fin, yo le daré autoridad sobre las naciones, y las
regirá con vara de hierro, y serán quebradas como vaso de alfarero, como yo
también la he recibido de mi Padre" (Apocalipsis 2:26–27).
El cristiano de hoy realmente tiene que "dar el todo” para mostrarle a Dios que sí busca primero su Reino. ¡Esta tiene que ser
la meta principal de toda la vida
cristiana! Recordemos el mandato de
Jesús: "Mas buscad primeramente
el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas"
(Mateo 6:33). El Reino de Dios ciertamente es verdad y viene pronto.
Tenemos que comprender esto más plenamente y concentrarnos en estar preparados
para ese Reino, donde los cristianos de hoy tendrán el privilegio de enseñarle a
un mundo doliente y azotado por la guerra cuál es el camino de paz y felicidad que Dios ha planteado en su palabra.
Cada uno de nosotros necesita entregarse
por completo para dejar que Cristo lleve su vida de obediencia en nosotros
y para que celebre con nosotros, la Israel espiritual, aquel “nuevo pacto” que
describe claramente en su palabra: "Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice
e Eterno: Daré mi ley en su mente, y
la escribiré en su corazón, y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por
pueblo" (Jeremías 31:33).
Que Dios nos conceda a cada uno la comprensión de su plan y del
increíble propósito que está cumpliendo
ahora mismo. Que nos conceda celo a
fin de que nos preparemos para el momento en que podamos ayudar, servir e instruir
a una humanidad sufriente los caminos y leyes
del gran Dios que nos da vida y aliento. Ciertamente, convertirse en un hijo
de Dios nacido del Espíritu y ser parte del Reino o Gobierno de Dios que Jesucristo pronto establecerá en la Tierra,
¡debe ser la meta más importante en
la vida de todo cristiano!