El misterio del Apocalipsis
Por Richard F. Ames
Es uno de los libros más extraordinarios jamás
escritos… mas para casi todo el mundo,
constituye un misterio. Aun en el mundo cristiano, muchos no se toman el trabajo
de leerlo porque se sienten incapaces de encontrarle sentido.
¿Cuál es este gran libro?
Es el libro de Apocalipsis, el último libro de la
Biblia.
En cierto sentido, es una tragedia que la enorme
mayoría de las personas desconozca la importancia de tan extraordinario libro.
Por otro lado, sabemos que si las profundas verdades del Apocalipsis son
oscuras, es porque fueron puestas deliberadamente fuera del alcance de quienes
están espiritualmente ciegos, es decir mayor parte de la humanidad. Es asombroso,
pero la verdad es que, en sentido espiritual, el mundo está casi totalmente
ciego, con excepción de algunos pocos. El apóstol Pablo resaltó este hecho al
escribir: “Pero si nuestro evangelio está aún encubierto, entre los que se
pierden está encubierto; en los cuales el dios de este siglo cegó el
entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del
evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios” (2 Corintios
4:3-4).
Si el mundo en general está enceguecido y engañado,
¿cómo es posible que usted pueda
entender? Jesucristo es la luz del mundo
(Juan 8:12). Solamente por su intermedio podemos tener entendimiento y
revelación espiritual. Jesús dijo a sus seguidores: “Si vosotros permaneciereis en mi
palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la
verdad os hará libres” (Juan 8:31-32).
De principio a fin, la Biblia nos recuerda que para
comprender sus misterios tenemos que cumplir los preceptos e instrucciones que
ella contiene. En los Salmos leemos que “El principio de la sabiduría es el temor del
Eterno; buen entendimiento tienen todos los que practican sus mandamientos;
su loor permanece para siempre” (Salmo 111:10). ¡Así es! Si usted
está dispuesto a estudiar la Biblia para saber lo que Dios le pide, y si cumple
sus palabras e instrucciones y persevera en ellas, ¡entonces Dios le abrirá la
mente para que usted entienda!
Para profundizar más en este misterioso libro,
comencemos por el principio. El libro empieza con las palabras: “La revelación de Jesucristo, que
Dios le dio, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto;
y la declaró enviándola por medio de su ángel a su siervo Juan, que ha dado
testimonio de la palabra de Dios, y del testimonio de Jesucristo, y de todas las
cosas que ha visto” (Apocalipsis 1:1-2).
Lo primero que aprendemos en este libro es que se
trata de una revelación de Jesucristo y no de Juan. También
vemos por qué Jesús dio esta
revelación. Fue para mostrarles a sus siervos cosas que sucederán pronto. Aunque difícil de
entender, este libro no tiene el propósito ocultar la verdad sino, al
contrario, ¡de revelar los acontecimientos que culminarán con el regreso de
Cristo! Usted necesita saber cuáles serán esos acontecimientos y cómo llegaron
al conocimiento del “apóstol amado”.
Cuando escribió estas palabras inspiradas por Dios,
Juan se encontraba exiliado en la isla de Patmos, en el mar Egeo al sudoeste le
la costa turca. En el primer siglo de nuestra era, Patmos era una colonia penal
romana. Allí, Juan escribió: “Yo Juan, vuestro hermano, y copartícipe vuestro en la tribulación, en el
reino y en la paciencia de Jesucristo, estaba en la isla llamada Patmos, por
causa de la palabra de Dios y el testimonio de Jesucristo” (Apocalipsis
1:9).
La mayor parte de los eruditos fechan el escrito de
Juan hacia finales del primer siglo, alrededor del año 95 E.C. En visión, Dios
le mostró al apóstol los sucesos del tiempo del fin que ocurrirán en torno al
regreso de Jesucristo y el establecimiento del reino de Dios en la tierra. El
apóstol vio los sucesos que culminan con la séptima trompeta en aquel período
profético conocido como el día del Señor. Entonces escribió: “Yo estaba en el Espíritu en el día
del Señor, y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta” (versículo
10). Juan no estaba hablando de un día de la semana, como enseñan erróneamente
algunos, sino que el apóstol se vio proyectado en espíritu y en visión al
período de tiempo llamado “el día del Señor”, que se menciona en muchas
profecías de la Biblia.
¿Cuál es el acontecimiento central revelado en el
libro de Apocalipsis?
¡El regreso de Cristo a la tierra! Veamos estas
palabras: “He aquí que
viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le traspasaron; y todos los
linajes de la tierra harán lamentación por él. Sí, amén”
(Apocalipsis 1:7).
Sí, se avecina un tiempo de juicio. Pero la buena
noticia es que todos los que anhelan el regreso de Cristo se alegrarán cuando,
al sonar la séptima trompeta, vean los reinos del mundo someterse a Jesucristo,
Rey de reyes y Señor de señores: “El séptimo ángel tocó la trompeta, y hubo grandes voces en
el cielo, que decían: Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y
de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos. Y los veinticuatro
ancianos que estaban sentados delante de Dios en sus tronos, se postraron sobre
sus rostros, y adoraron a Dios, diciendo: Te damos gracias, Señor Dios
Todopoderoso, el que eres y que eras y que has de venir, porque has tomado tu gran
poder, y has reinado” (Apocalipsis 11:15-17).
Recordemos, quien nos da esta revelación es Cristo por
intermedio del apóstol Juan. Juan vio el trono de Dios en una visión y
escribió: “Y vi en la
mano derecha del que estaba sentado en el trono un libro escrito por dentro y
por fuera, sellado con siete sellos” (Apocalipsis 51:1).
Cuando Juan vio que nadie era digno de desatar los
sellos del rollo (o libro), se puso a llorar. Juan continúa su relato: “Y uno de los ancianos me dijo: No llores.
He aquí que el León de la tribu de Judá, la raíz de David, ha vencido para
abrir el libro y desatar sus siete sellos”
(Apocalipsis 5:5). El León de la tribu de Judá es Jesucristo, y aquí empieza a
abrir aquel libro que fue sellado con siete sellos.
“Vi cuando el Cordero abrió uno de los sellos, y oí a uno de los cuatro
seres vivientes decir como con voz de trueno: Ven y mira. Y miré, y he aquí un
caballo blanco; y el que lo montaba tenía un arco; y le fue dada una corona, y
salió venciendo, y para vencer” (Apocalipsis 6:1-2). Así comienza
el sexto capítulo de Apocalipsis, en el cual se describen seis de los siete
rollos. Los cuatro primeros son los famosos cuatro jinetes del Apocalipsis.
¿Qué significan estos sellos? Cristo es el Revelador, de modo que busquemos la
interpretación en Él. Una clave básica para entender la Biblia es respetar el
siguiente principio: “la Biblia se interpreta a sí misma”. Mateo 24 nos muestra
la explicación, dada por el propio Jesucristo, del significado de los sellos y
las señales que indican de fin de la era.
Algunos comentarios bíblicos interpretan erróneamente
el primer sello diciendo que el cristianismo va a evangelizar al mundo y
conquistarlo espiritualmente. Pero cuando analizamos las palabras de Cristo en este
pasaje de Mateo, llegamos a una conclusión muy diferente. Jesús advierte así a
sus seguidores: “Mirad
que nadie os engañe. Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el
Cristo; y a muchos engañarán” (Mateo 24:4-5). (Nota: Es importante notar que en el
texto griego bizantino aparece primero la palabra “hambres” y luego la palabra
“pestes”. Esta pequeña variación existe porque la versión Reina Valera no se
ciñe estrictamente al texto griego bizantino sino que se sirve también de otros
manuscritos griegos). Comparando con Apocalipsis 6, vemos que el primer jinete
representa Cristos FALSOS y una religión FALSA.
Notemos la
diferencia entre este jinete y la descripción del verdadero
Jesucristo a su regreso. El primer jinete de Apocalipsis 6 lleva un arco y
tiene puesta una corona. En cambio, Apocalipsis 19:15 describe a Jesucristo
regresando a la tierra con una espada afilada y Apocalipsis 19:12 lo muestra
coronado con MUCHAS coronas. Es claro que aquel individuo sobre el caballo
blanco de Apocalipsis 6 NO es el Cristo verdadero. Hagamos caso de lo que
Jesucristo mismo advirtió: que nos cuidemos de los falsos Cristos, los falsos
mesías y una religión igualmente falsificada.
Prosiguiendo en el libro de Mateo, las palabras de
Jesús aclaran el significado del segundo jinete: “Y oiréis de guerras y rumores de
guerras; mirad que no os turbéis, porque es necesario que todo esto
acontezca; pero aún no es el fin. Porque se levantará nación contra nación, y
reino contra reino; y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes
lugares” (Mateo 24:6-7). El segundo jinete de Apocalipsis 6 cabalga sobre un
caballo bermejo (rojo). “Y salió otro caballo, bermejo; y al que lo montaba le
fue dado poder de quitar de la tierra la paz, y que se matasen unos a otros; y se
le dio una gran espada” (Apocalipsis 6:4). El paralelismo con las palabras de
Cristo en Mateo es claro.
El tercer sello de Apocalipsis 6 presenta a un jinete
montado sobre un caballo negro que representa la hambruna en la tierra. Y el
cuarto jinete recibe el nombre de “Muerte”. Montado sobre un caballo amarillo
(algunas versiones dicen “pálido”), es indicativo de las pestes que vienen
después de la hambruna. ¡Estas son las mismas hambrunas y las mismas pestes de
las cuales habló Jesucristo en Mateo 24!
Los efectos de estos cuatro jinetes son devastadores.
“Miré, y he aquí un caballo amarillo, y el que lo montaba tenía por nombre
Muerte, y el Hades le seguía; y le fue dada potestad sobre la cuarta parte de
la tierra, para matar con espada, con hambre, con mortandad, y con las fieras
de la tierra” (Apocalipsis 6:8). ¡La cuarta parte de la población mundial va a
morir! Esta es una realidad que muy pocas personas están dispuestas a afrontar.
Pero nuestro Creador quiere que usted sepa lo que se avecina. Él desea que
usted se prepare, ¡por su propio bien y por su salvación!
El quinto sello, que se describe en Apocalipsis 6:9,
muestra el martirio de los santos y la persecución de los cristianos. Ya ha
sucedido en el pasado. En el primer siglo de nuestra era el Imperio Romano bajo
Nerón persiguió y mató a millares de cristianos. Pero este pasaje bíblico
también se refiere a una restauración futura del Imperio Romano ¡la cual va a
desatar una nueva persecución contra los cristianos verdaderos!
Después de la Gran Tribulación se abrirá el sexto
sello, que corresponde a una serie de señales en el cielo. El apóstol Juan
escribió: “Miré cuando
abrió el sexto sello, y he aquí hubo un gran terremoto; y el sol se
puso negro como tela de silicio, y la luna se volvió toda como sangre; y las
estrellas del cielo cayeron sobre la tierra, como la higuera deja caer sus
higos cuando es sacudida por un fuerte viento. Y el cielo se desvaneció como un
pergamino que se enrolla; y todo monte y toda isla se removió de su lugar”
(Apocalipsis 6:12)
.
¿Capta usted la magnitud de este sello?
La tierra va a sacudirse con un tremendo terremoto.
Los pobladores se sentirán aterrados por meteoritos y asteroides que surcarán
los cielos. Dios va a sacudir la tierra físicamente ¡para que le prestemos
atención!
Ante esta tremenda
manifestación del poder divino, hasta los dictadores y los déspotas serán
humillados. Leemos: “los reyes de la tierra, y los grandes, los ricos, los
capitanes, los poderosos, y todo siervo y todo libre, se escondieron en las
cuevas y entre las peñas de los montes; y decían a los montes y a las peñas:
Caed sobre nosotros, y escondednos del rostro de aquel que está sentado sobre
el trono, y de la ira del Cordero; porque el gran día de su ira ha llegado; ¿y
quién podrá sostenerse en pie?” (Apocalipsis 6:15-17).
Estas señales aterradoras
darán paso al dramático día del Señor. ¿Y cómo se llama aquel día? “El gran día
de su ira”. El Cordero, o sea Jesucristo, ¡va a montar en cólera! Para algunos
cristianos profesos, es difícil aceptar que Jesucristo sienta ira. Sin embargo,
aquí lo vemos claramente. Él tiene el poder y el derecho de juzgar a las
naciones rebeldes. Estas naciones y alianzas aprenderán muy pronto que su
poderío militar y político ¡es débil e ineficaz contra el poder de Dios! Este
poder se manifestará no solamente mientras dure el sexto sello sino también
durante el séptimo sello, que es el sello final: el gran día de la ira de Dios,
día del Señor.
Un panorama para entender mejor
Es importante entender los
principales acontecimientos proféticos que nos brindan un marco para entender
los hechos que se describen en el libro de Apocalipsis y que culminan con el
regreso de Jesucristo. Nuestro marco comienza con la Gran Tribulación profetizada por el propio Jesucristo: “Porque habrá
entonces gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo
hasta ahora, ni la habrá. Y si aquellos días no fuesen acortados, nadie sería
salvo; mas por causa de los escogidos, aquellos días serán acortados”
(Mateo 24:21-22).
Hasta la fecha, el hombre no
ha eliminado el peligro de una guerra nuclear. Ni siquiera del terrorismo
nuclear. ¡No es capaz de erradicar la amenaza nuclear! Además nos vemos ante el
peligro creciente de que se empleen armas biológicas y químicas de destrucción
masiva. Bien lo saben los altos mandos militares, muchos políticos ¡y muchas
personas más!
La Gran Tribulación será un
período sin igual en la historia universal. Así describió el profeta Jeremías
la severidad de aquel período sin igual: “¡Ah, cuán grande es aquel día! tanto,
que no hay otro semejante a él; tiempo de angustia para Jacob; pero de ella
será librado” (Jeremías 30:7). ¡Será el tiempo de castigo divino
sobre las modernas naciones israelitas y sobre todas las naciones de la tierra!
Tenemos que estar preparados
para ese momento y atentos a su venida. Jesús dijo, “Velad, pues, en
todo tiempo orando que seáis tenidos por dignos de escapar de todas estas cosas
que vendrán, y de estar en pie delante del Hijo del Hombre”
(Lucas 21:36). Mientras esperamos, debemos permanecer cerca de Dios y de su
Hijo Jesucristo. ¿De qué manera? Tal como nos dice Jesús en este versículo,
debemos orar “en todo tiempo”.
Si usted todavía no tiene la
costumbre de orar todos los días, la lectura de la Biblia puede ayudarle a
orar. ¿De qué debe hablarle a Dios en sus oraciones? Jesús dio la respuesta en
Lucas 11, donde expuso para sus discípulos una “oración modelo”, un esbozo de
los temas que deben formar parte de nuestra comunicación con Dios.
Los salmos también pueden ser
una ayuda para la oración. Muchos de los salmos son oraciones, y al leerlos,
usted encontrará que muchas veces expresan los pensamientos que usted tiene en
el corazón, sus propias faltas, angustias y ¡otros aspectos de su relación personal
e íntima con el Creador! Si usted cumple lo que Cristo dijo, orando
constantemente, puede tener una relación personal con Él, la cual lo sustentará
a usted aun mientras se vayan desarrollando los acontecimientos de los seis
sellos apocalípticos y a medida que se acerca el día del Señor.
El séptimo sello, que corresponde al día del Señor,
contiene siete “juicios” o plagas, cada uno ligado al toque de una trompeta. “Cuando abrió el séptimo sello, se
hizo silencio en el cielo como por media hora. Y vi a los siete ángeles que
estaban en pie ante Dios; y se les dieron siete trompetas”
(Apocalipsis 8:1-2). Estas son trompetas de advertencia, que anuncian los
juicios o plagas inminentes.
Leyendo Apocalipsis
8, vemos que cuando los cuatro primeros ángeles tocan sus trompetas, ocurren
desastres ecológicos que arrasan la tierra y en los cielos aparecen señales
aterradoras. Se quema la vegetación, el mar se convierte en sangre y muere la
vida marina. Las aguas amargas causan la muerte de mucha gente y el sol y la luna
se oscurecen.
Terminadas estas cuatro primeras plagas, vienen las
tres últimas, llamadas “ayes”, exclamaciones de enorme pena y dolor. “Y miré, y oí a un ángel volar por en
medio del cielo, diciendo a gran voz: ¡Ay, ay, ay, de los que moran en la
tierra, a causa de los otros toques de trompeta que están para sonar los tres
ángeles!” (Apocalipsis 8:13).
Apocalipsis 9 describe el primer ¡ay!, que corresponde a la plaga de la quinta trompeta. Al sonar
esta trompeta se desencadena una acción militar que durará cinco meses.
Escribiendo en una época muy anterior al desarrollo militar modero, el apóstol
Juan empleó el lenguaje y el simbolismo de su tiempo para retratar de modo extraño
pero acertado una batalla militar moderna.
El segundo ¡ay!,
o plaga de la sexta trompeta, se representa con símbolos de caballos y jinetes
que ilustran los horrendos resultados de un contraataque masivo después del
primer ¡ay!: “Y fueron desatados los cuatro
ángeles que estaban preparados para la hora, día, mes y año, a fin de matar a
la tercera parte de los hombres. Y el número de los ejércitos de los jinetes
era doscientos millones. Yo oí su número. Así vi en visión los caballos y a sus
jinetes, los cuales tenían corazas de fuego, de zafiro y de azufre. Y las
cabezas de los caballos eran como cabezas de leones; y de su boca salían fuego,
humo y azufre. Por estas tres plagas fue muerta la tercera parte de los hombres;
por el fuego, el humo y el azufre que salían de su boca”
Apocalipsis 9:15-18).
El libro de
Apocalipsis muestra claramente que esta fase de la última guerra mundial
causará la muerte a miles de millones de seres humanos--¡nada menos que la tercera
parte de los habitantes de la tierra!
Finalmente, después de seis trompetas que proclaman
terribles devastaciones, suena la séptima, que anuncia buenas noticias al
pueblo de Dios, sus siervos fieles: “El séptimo ángel tocó la trompeta, y hubo grandes voces en
el cielo, que decían: Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y
de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos”
(Apocalipsis 11:15).
Al sonar esta trompeta final, el día del Señor, de un
año de duración, termina con el extraordinario anuncio de que Jesucristo viene
a apoderarse de todos los reinos y gobiernos de este mundo. Es la buena noticia
que todos los cristianos anhelan escuchar.
¿Y cómo responderán las naciones?
¿Acaso la mayoría de los hombres recibirán a Cristo
con brazos abiertos?
¡No! Es increíble, pero en su necedad, las naciones
pelearán contra Cristo cuando Él regrese. “Y se airaron las naciones, y tu ira ha venido, y el tiempo
de juzgar a los muertos, y de dar el galardón a tus siervos los profetas, a los
santos, y a los que temen tu nombre, a los pequeños y a los grandes, y de
destruir a los que destruyen la tierra.”
(Apocalipsis 11:18).
Las naciones estarán enojadas porque Cristo regresa y
pelearán en su contra cuando Él descienda del cielo con su ejército. Pero las
naciones del mundo quedarán totalmente derrotadas, hasta el punto que su sangre
subirá como un río (ver Apocalipsis 14:19-20).
En cambio, quienes sean siervos fieles de Cristo
recibirán su recompensa y herencia. ¿Cuál es esa recompensa? Leemos que “vivieron y reinaron con Cristo mil
años” (Apocalipsis 20:4). Sí, los que hayan servido a
Jesucristo fielmente en esta era le servirán durante su reinado de mil años en
la tierra, que llamamos el Milenio o
el “mundo de mañana”. Este reino traerá a la tierra paz, justicia, sanidad y
reconciliación.
Si Dios lo está llamando a usted, el regreso de Cristo
y la resurrección de sus seguidores son algo que usted puede esperar con
alegría. El apóstol Juan escribió, “Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera
resurrección; la segunda muerte no tiene potestad sobre éstos, sino que serán
sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años”
(Apocalipsis 20:6).
Aunque muchos no lo entienden, el libro de Apocalipsis
revela estas verdades asombrosas a quienes Dios ha concedido el entendimiento.
La lectura de este importante libro nos revela que antes de que Cristo regrese,
tienen que ocurrir muchas cosas, y aclara que el verdadero “Milenio” no fue el
que comenzó en el año 2001. El Milenio que los seguidores de Jesucristo esperan
es algo mucho más significativo. Será el paso hacia una era en la cual Dios
ejercerá su gobierno perfecto sobre la tierra, ¡tal como se explica en este
libro tan misterioso como maravilloso!
Por Richard F. Ames www.mundomanana.org