¡Viene un
mundo nuevo!
¿Se acerca un “mundo mejor”?
¿Puede usted imaginar el futuro glorioso que nos
espera?
Lo que hoy vemos es sufrimiento
y dolor en toda la tierra. Lamentablemente la situación va a empeorar en los
próximos años. Pero dicen que “los momentos más oscuros son justo antes del
amanecer”. ¡Y sin lugar a dudas habrá un “amanecer” glorioso!
Pero lo que leemos y escuchamos
en la actualidad son noticias sobre centenares de miles de personas agonizantes
en el Sudán y otras regiones del mundo. Oímos de incontables miles de mujeres
víctimas de agresión, violación carnal y humillaciones indecibles. A menudo
leemos cómo la policía y demás autoridades pasan por alto semejantes tragedias
humanas.
Día tras día leemos y oímos
de incontables miles de seres que sucumben al SIDA en África. Ciudades y
pueblos enteros quedan diezmados por esta plaga de la época moderna, que se
propaga especialmente por las prácticas sexuales desenfrenadas de gente ya
infectada. Mientras tanto, enormes extensiones del planeta padecen graves
sequías. Pronto, esto empezará a afectar las cosechas y la producción de
alimentos en muchas naciones. Los Estados Unidos aún siguen sin reponerse
completamente del devastador huracán Katrina del 2005—sólo uno entre varios
huracanes mortíferos que han azotado a ese país en el último par de años. Y el
resto del mundo también ha sufrido sus desastres, como el terremoto y tsunami
en el Sudeste Asiático que todavía sigue afectando a millones de seres humanos.
Y aún no se conoce el alcance total del último terremoto en Pakistán, que ya
costó más de 80.000 vidas.
Ahora los “expertos”
advierten de una posible pandemia mundial de la gripe aviar, que podría cobrar
¡entre 150 y 360 millones de vidas humanas!
¡Nuestra sociedad actual se
encuentra en un callejón sin salida!
Transcurridos casi 6000 años de historia humana, nuestra civilización
empieza a afrontar problemas aparentemente insolubles. Estos problemas son de
todo tipo, desde catástrofes meteorológicas hasta horripilantes guerras de
diferente envergadura en las cuales se perpetran actos indecibles contra hombres, mujeres y niños. Nuestro mundo
se enfrenta a perturbaciones ecológicas que parecen insolubles, a trastornos
económicos y terribles choques étnicos.
¿Cuál es la SOLUCIÓN?
Muchos líderes y políticos
importantes han comprendido desde hace años que la única esperanza de paz y
estabilidad reales para nuestro planeta está en un auténtico gobierno
mundial. Pero los esfuerzos realizados
en este sentido siempre han fracasado—y
seguirán fracasando. Es que los seres humanos no conocen el camino de la paz y
la prosperidad. Esto debe ser cada vez más evidente para quienes realmente
comprenden los hechos.
Felizmente, hay un Dios
verdadero que guía los asuntos de hombres y naciones, y lo hace en mucho mayor
grado de lo que piensa la gente, incluso la gente religiosa. Si usted puede
comprobar a su entera satisfacción que el Dios de la Biblia es real y que la
Biblia es su palabra inspirada, esa convicción puede producir un vuelco en su
vida. Usted puede empezar a entender y a ver el propósito que hay tras los
sucesos horribles que vemos ocurrir con cada vez mayor frecuencia y que
seguirán empeorando en los próximos años.
En su última carta, el
apóstol Pedro escribió lo siguiente por inspiración divina: “Tenemos también la
palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una
antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero
de la mañana salga en vuestros corazones; entendiendo primero esto, que ninguna
profecía de la Escritura es de interpretación privada, porque nunca la profecía
fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron
siendo inspirados por el Espíritu Santo” (2 Pedro 1:19–21). El Dios majestuoso
que nos da vida y aliento no nos ha dejado sin un “testimonio” de su propósito
y de por qué los acontecimientos mundiales se van produciendo tal como los
vemos. Al contrario, toda la Biblia está repleta de profecías
específicas—centenares de ellas—que revelan lo que ha de suceder, especialmente
en lo que Dios llama “los tiempos del fin”.
El verdadero “evangelio” de
Jesucristo (y en esto, muchos están muy confundidos) no trata solamente de
Cristo como persona sino que habla también del camino de vida que Dios ha
dispuesto para los hombres. Y habla, además, de cómo debemos y podemos
prepararnos para el reino de Dios, ¡el cual se ha de manifestar pronto como un
gobierno mundial en la tierra!
En Marcos 1:14–15 leemos:
“Después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio
del reino de Dios, diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha
acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio”. La palabra “reino” ciertamente
se refiere a un gobierno, si bien muchas personas hacen caso omiso de esta
parte de la definición. Pero en toda la Biblia encontramos que esto es
precisamente lo que indica la expresión “reino de Dios”. Es un futuro reino
maravilloso bajo el mando directo de Cristo, ¡que pronto vendrá a la tierra!
Jesucristo lo describió más
de una vez en sus parábolas. En una de ellas, habló de cómo Él iría al cielo
para recibir un reino y luego regresaría.
Al primer “siervo”, que había multiplicado su dinero diez veces, se le
dijo: “Está bien, buen siervo; por cuanto en lo poco has sido fiel, tendrás
autoridad sobre diez ciudades” (Lucas 19:17). Vemos aquí, pues, que los siervos
fieles de Cristo recibirán mando sobre las ciudades de la tierra. Más tarde,
Jesús les dijo a sus apóstoles: “Pero vosotros sois los que habéis permanecido
conmigo en mis pruebas. Yo, pues, os asigno un reino, como mi Padre me lo
asignó a mí, para que comáis y bebáis a mi mesa en mi reino, y os sentéis en
tronos juzgando a las doce tribus de Israel” (Lucas 22:28–30).
¿Podemos desvirtuar todo aquello diciendo que son simples analogías “espirituales”?
Así lo hacen la mayoría de
los ministros llamados “cristianos”—y la mayor parte de sus fieles se dejan
llevar, olvidando o subestimando la enorme cantidad de pasajes bíblicos que
exponen claramente los designios de Cristo, a menudo en palabras muy directas.
Acercándose al fin de su vida, Jesús habló con sus seguidores y les dijo: “Por
tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre
del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las
cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta
el fin del mundo. Amén” (Mateo 28:19–20).
¿Acaso lo anterior suena como si Jesús estuviese aboliendo todo el conocimiento que había impartido a
sus discípulos acerca del futuro gobierno de Dios?
Un sistema educativo NUEVO
Cuando leemos los pasajes bíblicos—y
son decenas—que hablan del gobierno venidero de Cristo, resulta obvio que
pronto se establecerá en todo el mundo un sistema educativo enteramente
diferente. ¡El fundamento de este sistema educativo será el conocimiento de
Dios y de su camino de vida! Los modernos intelectuales de este mundo quizá
desprecien tal idea, pero en el Mundo de Mañana las escuelas van a impartir
conocimientos verdaderos, los cuales traerán paz y felicidad. Claro está que
los alumnos aprenderán las disciplinas fundamentales, como son lectura,
escritura y matemáticas. También aprenderán ciencias, pero sin errores. Debemos
señalar que gran parte de la ciencia moderna es muy acertada y sumamente útil.
Pero los estudiantes también llegarán a comprender que detrás de esta creación
magnífica y extremadamente compleja se encuentra la “Mente Suprema” de Dios,
que es el Creador del cielo y la tierra y que nos creó con un propósito. No
solamente aprenderán las leyes físicas que regulan el mundo material, sino
también las leyes espirituales que rigen la felicidad y el bienestar de los
seres humanos.
A menudo resulta más difícil
desaprender las ideas falsas y los conceptos errados que aprender la pura
verdad desde el principio. Por tanto, pueden transcurrir una o dos generaciones
hasta que la gente realmente comprenda los caminos asombrosos y maravillosos de
Dios, que influyen en cada faceta de la vida. Como parte de ese camino, o modo
de vida, la gente disfrutará de música, arte y literatura apropiados. No habrá
más escenas viles y pornográficas en los medios de entretenimiento.
Dios creó hombres y mujeres. Su primer mandato a Adán y Eva fue:
“Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla” (Génesis 1:28).
Esto demuestra que Dios no se opone a la sexualidad sino que Él mismo la creó
como algo extraordinario y hermoso que atrae a dos jóvenes de sexo opuesto para
que se unan en matrimonio y luego ayuda a afirmar su relación conyugal y
también, por supuesto, les permite procrear hijos. Dios es una familia y Él
desea que en el seno de la familia humana nosotros aprendamos a dar, compartir
y servir de modo que más tarde seamos capaces de servir en la familia suya por
toda la eternidad. Por lo tanto, en el Mundo de Mañana no habrá ningún énfasis
en le sexualidad como cosa mecánica separada del amor y la búsqueda del
bienestar recíproco entre esposo y esposa.
Quizá el lector esté
pensando: “¡Pero qué anticuados son!”
Posiblemente lo seamos, vistas las circunstancias que nos rodean hoy en
el mundo. Pero el hecho es que la educación pura, las diversiones puras y un
camino de vida puro que se extenderá por toda la sociedad humana traerán como resultado familias
felices, hijos felices, una paz profunda, e inclusive prosperidad económica,
todo ello sin paraleo en la historia de la humanidad.
A lo largo y ancho de
nuestra sociedad, vemos el constante y lamentable espectáculo de políticos,
empresarios y otros líderes corruptos. Pero en el Mundo de Mañana, no se
conocerán escándalos. El pueblo no será oprimido por líderes de gobierno que se
han corrompido ni estafado por negocios turbios. La gente no deberá soportar
más un sistema educativo como el actual, corrupto y lleno de vanidad. Por el
contrario, como hemos visto, Cristo establecerá un reino y tomará decisiones
con justicia y equidad ¡para bien de los humildes de la tierra!
Las nuevas enseñanzas
también abarcarán el tema de las relaciones inter-étnicas. Dios le ordenó a su
pueblo que fuera justo y equitativo en su trato con los “extranjeros” en la
antigua Israel. ¡Cuánto más será bajo el Nuevo Pacto! Dios le dijo a su pueblo
Israel: “Cuando el extranjero morare con vosotros en vuestra tierra, no le
oprimiréis. Como a un natural de vosotros tendréis al extranjero que more entre
vosotros, y lo amarás como a ti mismo; porque extranjeros fuisteis en la tierra
de Egipto. Yo el Eterno vuestro Dios. No hagáis injusticia en juicio, en medida
de tierra, en peso ni en otra medida” (Levítico 19:33–35). Cuando Jesucristo
instituya su reino en la tierra, ¡no habrá ningún lugar en el mundo donde las
“minorías” raciales y étnicas sufran opresión bajo el yugo de las mayorías!
Después que Cristo resucitó,
sus discípulos le preguntaron: “Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este
tiempo?” (Hechos 1:6). Ésta era la oportunidad perfecta para hacerles saber que
sus enseñanzas acerca de un gobierno venidero eran sólo analogías espirituales
¡y no algo para tomar literalmente!
Pero no lo hizo, sino que su
respuesta fue: “No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el
Padre puso en su sola potestad; pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre
vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea,
en Samaria, y hasta lo último de la tierra” (Hechos 1:7–8). Jesús no quería
desalentar a sus discípulos diciéndoles que pasarían otros 2000 años antes de
establecerse su reino terrenal. Pero, ¡de ninguna manera les dijo que estaban
equivocados, que Él no tendría un reino de verdad aquí en la tierra!
Más aún, Cristo les dice a
los verdaderos cristianos: “Al que venciere y guardare mis obras hasta el fin,
yo le daré autoridad sobre las naciones, y las regirá con vara de hierro, y
serán quebradas como vaso de alfarero; como yo también la he recibido de mi
Padre” (Apocalipsis 2:26–27). También prestemos atención a esto: “El séptimo
ángel tocó la trompeta, y hubo grandes voces en el cielo, que decían: Los
reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará
por los siglos de los siglos” (Apocalipsis 11:15). Sabiendo que Cristo va a
reinar, o sea gobernar a “los reinos del mundo”, ¿cómo se puede desvirtuar la
realidad tratando de decir que todas son analogías espirituales y que nosotros
simplemente vamos a subir flotando al cielo donde no habrá nada que hacer por
toda la eternidad?
No es así, sino como les
dice Cristo a sus siervos fieles: “Bienaventurado y santo el que tiene parte en
la primera resurrección; la segunda muerte no tiene potestad sobre éstos, sino
que serán sacerdotes de Los anteriores versículos son apenas unos pocos entre
numerosos pasajes donde la Biblia habla claramente de un futuro gobierno
literal encabezado por Jesucristo en la tierra, gobierno que producirá paz,
prosperidad y felicidad perdurables como jamás el mundo ha conocido.
Esta será la verdadera
solución a los problemas abrumadores que hoy aquejan a un mundo engañado por
Satanás, ¡quien también es un ser muy real! ¿Podemos creer lo que dice
claramente la palabra de Dios? ¿Podemos sentirnos inspirados y animados por la
extraordinaria revelación que el Creador mismo nos revela repetidas veces y con
toda claridad en su palabra inspirada?
¿Cómo será?
Profecía tras profecía
describe al verdadero Jesús de la Biblia como un venidero Rey que establecerá
un gobierno mundial. Aunque la mayoría de los religiosos desvirtúan esta
realidad diciendo que es “simple analogía espiritual”, lo cierto es que tal
gobierno constituye el punto central de la mayoría de las profecías bíblicas.
Isaías, por ejemplo nos dice: “Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado,
y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero,
Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz. Lo dilatado de su imperio y la paz
no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y
confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre. El celo del
Eterno de los ejércitos hará esto” (Isaías 9:6–7). Si leemos la Biblia
atentamente, veremos que cuando Dios habla de un “reino” venidero se está
refiriendo a un gobierno. Así lo entienden los eruditos de la Biblia, pero tal
parece que el grueso de los creyentes piensa muy poco en ello.
En el libro de Isaías, Dios
describe, en términos específicos, ciertos acontecimientos del tiempo del fin
que ocurrirán pronto, muy posiblemente en vida de usted: “Acontecerá en lo
postrero de los tiempos, que será confirmado el monte de la casa del Eterno
como cabeza de los montes, y será exaltado sobre los collados, y correrán a él
todas las naciones. Y vendrán muchos pueblos, y dirán: Venid, y subamos al
monte del Eterno, a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará sus caminos, y
caminaremos por sus sendas. Porque de Sion saldrá la ley, y de Jerusalén la
palabra del Eterno. Y juzgará entre las naciones, y reprenderá a muchos
pueblos; y volverán sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en hoces; no
alzará espada nación contra nación, ni se adiestrarán más para la guerra”
(Isaías 2:2–4).
Esta profecía afirma que el
Mesías “enseñará” al pueblo “sus caminos”. En la Biblia Dios nos muestra que
sus verdaderos santos se están preparando ahora para convertirse en reyes y
sacerdotes en el reino de Jesucristo (Apocalipsis 1:6). En el Antiguo
Testamento vemos que los sacerdotes de Dios, además de los encargados de
presentar sacrificios, eran los “maestros”. Sin duda, la principal tarea que
debe ocuparnos a usted y a mí ahora mismo, si es que pensamos estar en el reino
de Cristo, es aprender sus caminos, ¡sabiendo que hemos de convertirnos en los
“sacerdotes” o maestros del Mundo de Mañana!
El apóstol Pablo nos dice en el Nuevo Testamento: “¿O no sabéis que los
santos han de juzgar al mundo? Y si el mundo ha de ser juzgado por vosotros,
¿sois indignos de juzgar cosas muy pequeñas? ¿O no sabéis que hemos de juzgar a
los ángeles? ¿Cuánto más las cosas de esta vida?” (1 Corintios 6:2–3).
Una religión VERDADERA
En el Mundo de Mañana solamente habrá una religión, la verdadera,
la que Jesucristo expuso y enseñó durante su ministerio. A una mujer gentil le
dijo: “Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos;
porque la salvación viene de los judíos. Mas la hora viene, y ahora es, cuando
los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque
también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu; y los
que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren” (Juan 4:22–24).
Hoy vemos entre la gente,
una gran diversidad de sentimientos y conceptos acerca de Dios. Pero el Dios de
la Biblia y el verdadero Cristo revelado en la Biblia enseñaron un camino de
vida, basado firmemente en los diez mandamientos. Como bien lo dijo el apóstol
Juan bajo inspiración divina: “Aquí está la paciencia de los santos, los que
guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús“ (Apocalipsis 14:12).
Por su parte, el apóstol Santiago,
hermano de sangre de Jesús, nos dijo, también bajo inspiración divina: “Porque
cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace
culpable de todos. Porque el que dijo: No cometerás adulterio, también ha
dicho: No matarás. Ahora bien, si no cometes adulterio, pero matas, ya te has
hecho trasgresor de la ley. Así hablad, y así haced, como los que habéis de ser
juzgados por la ley de la libertad” (Santiago 2:10–12). Es el decálogo, los
diez mandamientos, el que nos habla de no matar ni cometer adulterio. Esto debe
estar muy claro, puesto que ¡esa es la ley que Santiago está describiendo! Y la llama la “ley de la libertad”.
No obstante, muchos
ministros modernos intentan torcer la Biblia, tergiversarla completamente y dar
a entender que la ley de Dios es un camino de vida “duro” y que no es necesario
guardarla. Este error fundamental y terrible va a quedar totalmente erradicado
en el reino de Cristo. La maravillosa ley de Dios, es decir los diez
mandamientos, será la base misma de la vida en ese mañana.
Hablando del Mundo de
Mañana, la Biblia nos dice: “Y de mes en mes, y de sábado en sábado, vendrán
todos a adorar delante de mí (Isaías 66:23, Reina Valera 95). Todo el mundo,
pues, aprenderá a guardar el sábado de Dios, no el llamando “domingo” que es el
mismo “día del sol” de los antiguos paganos. En Zacarías 14 leemos que Cristo
va a regresar con gran poder y que “se afirmarán sus pies en aquel día sobre el
monte de los Olivos” (v. 4). Aquel día, Cristo no solamente va a reinar en el
cielo, ¡sino que “el Eterno será rey sobre toda la tierra” (v. 9)!
La palabra inspirada de Dios
prosigue así: “ Y todos los que sobrevivieren de las naciones que vinieron
contra Jerusalén, subirán de año en año para adorar al Rey, al Eterno de los ejércitos,
y a celebrar la fiesta de los tabernáculos. Y acontecerá que los de las
familias de la tierra que no subieren a Jerusalén para adorar al Rey, el Eterno
de los ejércitos, no vendrá sobre ellos lluvia. Y si la familia de Egipto no
subiere y no viniere, sobre ellos no habrá lluvia; vendrá la plaga con que el
Eterno herirá las naciones que no subieren a celebrar la fiesta de los
tabernáculos. Esta será la pena del pecado de Egipto, y del pecado de todas las
naciones que no subieren para celebrar la fiesta de los tabernáculos” (Zacarías
14:16–19).
Pronto veremos
representantes de todo el mundo—de todas las naciones—subir a Jerusalén, sede
del gobierno mundial, para guardar las maravillosas fiestas santas de Dios.
Habrá procesiones espléndidas, belleza inimaginable, música gloriosa con coros
enormes y profusión de instrumentos. Los ojos de hombres y mujeres brillarán
con lágrimas de emoción al ver a su Creador, Jesucristo (Juan 1:3), allí en
persona encabezando extraordinarios servicios religiosos durante las fiestas de
Dios. Habrá una ola de paz y felicidad que trascenderá todo lo que la humanidad
ha conocido hasta entonces. Porque habrá una religión verdadera y un Rey y Sumo
Sacerdote: ¡Jesucristo! En ese entonces no habrá personas que intenten distorsionar
sus clarísimas enseñanzas ni su camino de vida. Nadie tratará de rebajar y
minimizar su ley, sus días santos y su camino de vida ni de reemplazarlos con
ideas y tradiciones paganas.
Y usted, ¿qué? ¿Está
aprendiendo ahora, en su vida personal, a “enseñar” los caminos de Dios y a “juzgar” a multitud de personas de acuerdo
con las leyes divinas? Por favor
responda con toda sinceridad, y reflexione.
¿Qué tipo de “cristianismo” ha venido usted practicando?
Como hemos visto, Jesucristo
será el próximo Rey de un verdadero gobierno que se establecerá en la tierra. Bajo su mando, como se señala
arriba, los doce apóstoles también estarán juzgando o gobernando sobre las doce
naciones de Israel. Directamente debajo de Cristo, y supervisando a los doce
apóstoles, estará el rey David de Israel, el siervo “amado” de Dios, quien
volverá a asumir su antiguo cargo como rey sobre la totalidad de las doce
tribus de Israel. “Mi siervo David será rey sobre ellos, y todos ellos tendrán
un solo pastor; y andarán en mis preceptos, y mis estatutos guardarán, y los
pondrán por obra” (Ezequiel 37:24).
Bajo la dirección de Cristo y David, el pueblo andará en los
juicios de Dios y guardará sus “estatutos”. ¿Conoce usted los estatutos de
Dios? Estos revelan el “camino de vida”
que los santos estarán enseñando al mundo entero dentro de pocos años. Tales
“estatutos”, magnificados como lo fueron por Cristo y los apóstoles en el Nuevo
Testamento, serán las leyes fundamentales del gobierno de Dios que se
establecerá bajo Jesucristo. Todos ellos se basan en los diez mandamientos y
los amplían con mayor detalle. De este modo, como hemos visto, la “ley” saldrá
de Jerusalén, ¡sede mundial del futuro gobierno de Jesucristo!
El profeta Miqueas reitera
este punto: “Acontecerá en los postreros tiempos que el monte de la casa del
Eterno será establecido por cabecera de montes, y más alto que los collados, y
correrán a él los pueblos. Vendrán muchas naciones, y dirán: Venid, y subamos
al monte del Eterno, y a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará en sus
caminos, y andaremos por sus veredas; porque de Sion saldrá la ley, y de
Jerusalén la palabra del Eterno. Y él juzgará entre muchos pueblos, y corregirá
a naciones poderosas hasta muy lejos; y martillarán sus espadas para azadones,
y sus lanzas para hoces; no alzará espada nación contra nación, ni se ensayarán
más para la guerra” (Miqueas 4:1–3).
Un CAMINO de vida
En el Mundo de Mañana se va
a enseñar y practicar un camino de vida nuevo y diferente, firmemente basado en
los diez mandamientos, que es la gran ley espiritual de Dios. No peleará más
nación contra nación porque los pueblos dejarán de prepararse para la guerra.
Más aún, ni siquiera tendrán la actitud de querer matar o hacer daño los unos a
los otros.
Con el tiempo, cuando el
reino de Dios se esté ejerciendo plenamente aun sobre las naciones rebeldes,
estallará la paz mundial ¡como nunca antes se ha vivido en la experiencia
humana! ¡No habrá más guerra! No más
impuestos enormes cobrados por los gobiernos para financiar su inmensa
maquinaria militar y policial, ¡porque la gente no va a estar robando,
violando, ni matándose más! Bajo el
gobierno de Cristo, y después de los sufrimientos que se habrán experimentado
en la tribulación, Dios le dará a su pueblo “maestros” que le enseñen y lo
guíen, en persona, a aprender sus caminos. “Bien que os dará el Señor pan de
congoja y agua de angustia, con todo, tus maestros nunca más te serán quitados,
sino que tus ojos verán a tus maestros. Entonces tus oídos oirán a tus espaldas
palabra que diga: Este es el camino, andad por él; y no echéis a la mano
derecha, ni tampoco torzáis a la mano izquierda” (Isaías 30:20–21).
¿Se contará usted entre
aquellos maestros divinos? ¿Será usted uno de los “santos” resucitados como
miembro de la familia de Dios y ayudante de Jesucristo en su labor de gobernar
al mundo y traerle, por fin paz y felicidad?
Algunos detalles de las
bendiciones del futuro gobierno de Cristo se describen en Isaías 11: “Saldrá
una vara del tronco de Isaí, y un vástago retoñará de sus raíces. Y reposará
sobre él el Espíritu del Eterno; espíritu de sabiduría y de inteligencia,
espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor del
Eterno... juzgará con justicia a los pobres, y argüirá con equidad por los mansos
de la tierra; y herirá la tierra con la vara de su boca, y con el espíritu de
sus labios matará al impío” (vv. 1–2, 4). Más adelante en el mismo pasaje, Dios
describe que “morará el lobo con el cordero, y el leopardo con el cabrito se
acostará; el becerro y el león y la bestia doméstica andarán juntos, y un niño
los pastoreará” (v. 6). Aquí vemos revelada una sociedad magnífica donde el
gran Dios habrá intervenido para inculcar una naturaleza pacífica ¡incluso en
los animales! Por eso, Dios nos asegura
que “no harán mal ni dañarán en todo mi santo monte; porque la tierra será
llena del conocimiento del Eterno, como las aguas cubren el mar” (v. 9).
Al mismo tiempo, el Creador
va a modificar las “leyes naturales” de la tierra para que prevalezca el buen tiempo
y que así los pueblos puedan prosperar y disfrutar una profunda sensación de
paz mental y seguridad. Isaías 35:1 nos
dice, “Se alegrarán el desierto y la soledad; el yermo se gozará y florecerá
como la rosa”. Más adelante, dice: “Entonces los ojos de los ciegos serán
abiertos, y los oídos de los sordos se abrirán. Entonces el cojo saltará como
un ciervo, y cantará la lengua del mudo; porque aguas serán cavadas en el
desierto, y torrentes en la soledad” (vv. 5–6). Entonces Dios sanará toda clase
de enfermedades de manera sobrenatural. En consecuencia, se acabarán las
preocupaciones, el sufrimiento y la silenciosa agonía de tantas personas en el
mundo. También terminarán los exorbitantes gastos que hoy se usan intentando en
vano superar las enfermedades y las epidemias.
Dios cambiará inclusive la
naturaleza “salvaje” de los animales. “No habrá allí león, ni fiera subirá por
él, ni allí se hallará, para que caminen los redimidos. Y los redimidos del
Eterno volverán, y vendrán a Sión con alegría; y gozo perpetuo será sobre sus
cabezas; y tendrán gozo y alegría, y huirán la tristeza y el gemido” (vv.
9–10).
¿Está usted dispuesto a
entender estos versículos que, por decenas, indican claramente cuál es el
camino de vida y cuál la verdad acerca del reino venidero de Dios? Cuando
Jesucristo nos instruyó sobre la manera correcta de orar, dijo: “Vosotros,
pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu
nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la
tierra” (Mateo 6:9–10).
En el Mundo de Mañana, todos
los pueblos de la tierra comenzarán, por fin, a aprender la religión verdadera,
es decir la religión de Dios. Precisamente, esta es un camino de vida que la
gente deberá comprender. Es un camino que una vez establecido traerá, como
hemos visto, “gozo perpetuo” a los habitantes del mundo.
Cuando usted se pone de
rodillas para orar “Venga tu reino”, es importante que sepa y entienda la
realidad de aquel reino, el próximo gobierno de Dios, y lo que este significa.
Entonces usted podrá comenzar a hacer su parte preparándose para entrar en
aquel reino, para convertirse en hijo o hija de Dios en el pleno sentido de la
palabra, ¡y así cumplir el propósito mismo de su existencia!
Por Roderick C. Meredith www.mundomanana.org