¿Pereció para
siempre?
Por la empinada cuesta del monte Ampato, en lo que
ahora es Perú, se divisaba una procesión lenta y sombría. Una joven, quizás de
unos 13 o 14 años, subía a pasos lentos acompañada por un grupo de sacerdotes
incas. Allá en la cumbre, a 6300 metros de altura, la niña moriría en un
macabro sacrificio ritual para apaciguar a los dioses incas de la montaña. Para
completar la ceremonia religiosa, la niña sería enterrada en las soledades del
cerro inhóspito.
Quinientos años más tarde, en 1995, un grupo de
científicos descubrió sus restos momificados y congelados. Cerca había otros
dos cuerpos infantiles, también sacrificados. Uno de ellos correspondía a una
niña de escasos 8 años (National Geographic, junio 1996).
Los incas no fueron los primeros que practicaron tan
bárbara costumbre. Hace milenios, cuando los israelitas invadieron la tierra
prometida bajo Moisés y Josué, encontraron allí pueblos entregados al
horripilante ritual del sacrificio infantil (Levítico 20:2; Deuteronomio
12:31).
No podemos menos que preguntarnos cuál será el destino
de aquellas niñas sacrificadas, y de los millones de seres inocentes que
murieron víctimas de ritos asesinos en las diferentes religiones paganas. Más
aún, ¿cuál es el destino de los que han muerto por cualquier causa en todos los
tiempos? La gran mayoría nunca oyeron del Dios de Israel. Nadie les habló de
Jesús. ¿Estarán perdidos para siempre? Aunque parezca increíble, muchas
personas consideran que esos niños y los adultos que vivieron con ellos han estado
ardiendo en el infierno desde el momento de morir porque no tuvieron acceso a
la salvación. En palabras de cierto tele-evangelista, tuvieron "mala
suerte".
La Biblia no dice que los que murieron sin haber oído
el evangelio estén sufriendo tormentos en el infierno. Los que creen semejante
cosa la han deducido de dos doctrinas erróneas, doctrinas que hacen parecer
terriblemente injusto al Dios de amor y misericordia.
El destino final de los que murieron sin conocer a
Cristo está explicado en al Biblia. Es una verdad importante y conmovedora; las
Sagradas Escrituras enseñan que todos los seres humanos que han vivido tendrán plena
oportunidad de alcanzar la salvación. Las dudas sobre quién está perdido y
quién será salvo encuentran respuesta en la doctrina bíblica del juicio eterno.
Lejos de ser algo aterrador y sombrío, ese juicio nos ofrece un consuelo
profundo y una enorme esperanza.
¿Quién no ha escuchado algún sermón sobre la vida del
"más allá"? En el mundo protestante se cree que al morir, el alma
"inmortal" debe ir inmediatamente a uno de dos lugares: el cielo si
la persona está "salva" o al infierno con sus llamas eternas sui está
perdida. Dentro de este concepto tradicional no hay más opciones. ¿Por qué?
Porque se cree que la salvación se alcanza o se pierde en esta vida únicamente,
y que al sobrevenir la muerte el alma inmortal tiene que dirigirse a algún otro
lugar. ¿Hay algún error aquí?
El primer error es pensar que este es el único día de
salvación. Ello se debe a una interpretación equivocada de 2 Corintios 6:2:
"En tiempo aceptable te he oído, y en día de salvación te he
socorrido". Muchos que han leído este pasaje razonan, incorrectamente, que
el único momento de lograr la salvación es ahora, y que si alguien muere sin haber
oído el nombre de Jesucristo tuvo "mala suerte".
El segundo error es creer que tenemos un alma inmortal
consciente que se dirige a algún lugar cuando morimos. Esta antigua idea pagana
pasó a la cristiandad ortodoxa por medio de los griegos y romanos.
Históricamente no fue parte del credo de la antigua Israel ni de la Iglesia de
Dios primitiva. El Antiguo Testamento, y también el Nuevo, afirman que la muerte
del hombre es en esencia lo que parece ser, y que nuestra esperanza de vida
después de la muerte no depende de un alma inmortal sino de una resurrección.
"Porque los que viven saben que han de morir; pero los muertos nada
saben... Todo lo que te viniere a la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas;
porque en el Seol (sepulcro), adonde vas, no hay obra, ni trabajo, ni ciencia,
no sabiduría" (Eclesiastés 9:5, 10).
"Los muertos nada saben". Están
inconscientes en el sepulcro, "dormidos" según escribió el apóstol
Pablo: "Pero si se predica a Cristo que resucitó de los muertos, ¿Cómo
dicen algunos entre vosotros que no hay resurrección de muertos? Porque si no
hay resurrección de muertos, tampoco Cristo resucitó. Y si Cristo no resucitó,
vana es entonces nuestra predicación, vana es también nuestra fe... aún estáis
en vuestros pecados. Entonces también los que durmieron en Cristo perecieron...
Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es
hecho" (1 Corintios 15:12-14, 17-18, 20). La Biblia nos enseña claramente
que al morir quedamos inconscientes en el sepulcro, como dormidos, hasta la
resurrección.
Pero algunos protestarán: ¿Acaso las Escrituras no
dicen que tenemos un alma inmortal, la cual nos abandona al morir? ¡No! Los
griegos razonaron que era así, y antes de ellos así lo creyeron los paganos de Babilonia
y Egipto. Pero Dios revela en su Palabra que nosotros no tenemos un alma, ¡sino
que somos un alma!
La palabra que se traduce como "alma" en las
Escrituras generalmente viene de la voz hebrea nefesh, que se refiere a
cualquier ser viviente, humano o animal. (Por ejemplo, en Génesis 1:24 la
expresión "seres vivientes" es una traducción exacta de la voz hebrea
nefesh o "alma"). La Biblia también dice que el alma puede morir.
"Porque el alma (nefesh) que pecare, esa morirá (Ezequiel 18:4, 20).
Los eruditos reconocen que Dios jamás enseñó la idea
del alma inmortal a los israelitas. El respetado historiador católico Edward
Gibbon escribió: "Sería de esperar que un principio tan esencial en la
religión se hubiese revelado en los
términos más claros al pueblo escogido de Palestina... (pero)... descubrimos
que en la ley de Moisés se omite la
doctrina de la inmortalidad del alma" (Decadencia y caída del Imperio
Romano). Es importante agregar aquí que, Moisés conocía a fondo las creencias
de los egipcios (ver Hechos 7:22) entre las cuales, la inmortalidad del alma
era fundamental.
Los conceptos del purgatorio, el limbo y los
diferentes grados del tormento infernal, han sido otros intentos por explicar,
entre otras cosas, cómo un Dios justo y misericordioso resolvería el dilema de niños
y adultos que nunca tuvieron la oportunidad de salvarse. Aun los que acogen
estas doctrinas reconocen que las Sagradas Escrituras no las enseñan.
Lo que la Biblia sí enseña es que el único inmortal
ahora es Cristo, y esto excluye claramente toda posibilidad de que haya un alma
inmortal inherente en nosotros. "Pelea la buena batalla de la fe, echa
mano de la vida eterna, a la cual asimismo fuiste llamado... que guardes el
mandamiento sin mácula ni reprensión, hasta la aparición de nuestro Señor
Jesucristo... el único que tiene inmortalidad, que habita en la luz
inaccesible" (1 Timoteo 6:12, 14, 16).
Nosotros no tenemos un alma inmortal inherente. Los
hijos de Dios se "vestirán de inmortalidad" cuando resuciten de la
muerte. "He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos
seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final
trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados
incorruptibles, y nosotros seremos transformados. Porque es necesario que esto
corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de
inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbido es la
muerte en victoria" (1 Corintios 15:51-54).
Apocalipsis 20 revela más detalles de lo que ocurrirá
después de esta primera resurrección: "Y vi tronos, y se sentaron sobre
ellos los que recibieron facultad de juzgar; y vi las almas (vidas) de los
decapitados por causa del testimonio de Jesús... y vivieron y reinaron con Cristo
mil años. Pero los otros muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron
los mil años. Esta es la primera resurrección. Bienaventurado y santo el que
tiene parte en la primera resurrección; la
segunda muerte no tiene potestad sobre éstos, sino que serán sacerdotes
de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años" (versículos 4-6).
Captó usted la importante afirmación en el versículo
5? Pero los otros muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron mil
años. La Biblia dice claramente que al final de ese reinado milenario "los
otros muertos", es decir todos los que murieron sin Cristo en los siglos
pasados, ¡resucitarán a la vida física! ¡Las niñas incas del monte Ampato, y
todos los demás que murieron sin conocer a Cristo, tienen una promesa y una
firme esperanza! "Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le
trajere; y yo le resucitaré en el día postrero" (Juan 6:44). Es obvio que
miles de millones de personas en nuestros días y en el pasado jamás tuvieron la
oportunidad de escuchar el evangelio del reino de Dios.
La Biblia dice que "todos pecaron y están destituidos
de la gloria de Dios" (Romanos 6:23).
El destino de la humanidad, si no recibiera la
inmortalidad como dádiva o regalo por la fe en Jesucristo, sería la
inconsciencia de la muerte, no la vida inmortal en las llamas del infierno.
La Biblia indica que antes del regreso de Cristo la
Iglesia de Dios será una "manada pequeña" (Lucas 12:32), "porque
estrecha es la puerta, y angosto es el camino que lleva a la vida, y pocos son
lo que la hallan" (Mateo 7:14). Dios está llamando y juzgando a su Iglesia
ahora. Los santos son "llamados, escogidos y fieles" en este tiempo
anterior al regreso de Jesucristo para establecer su reino. El apóstol Pedro le
enseñó a la Iglesia que "es tiempo de que el juicio comience por la casa
de Dios; y si primero comienza por nosotros, ¿cuál será el fin de aquellos que
no obedecen el evangelio de Dios?" (1 Pedro 4:17).
Los que son llamados ahora tienen un gran privilegio y
una obligación especial de obedecer a Dios en su llamamiento. Son juzgados ahora,
en el tiempo de su llamamiento, pero para el resto del mundo el juicio vendrá
después.
El apóstol Pablo escribió que Dios "ha
establecido un día (en el futuro) en el cual juzgará al mundo (no a la Iglesia)
con justicia, por aquel varón a quien designó, dando fe a todos con haberle
levantado de los muertos" (Hechos 17:31). Todos los seres humanos que
resucitarán a juicio después del reinado milenial de Cristo tienen asegurada
una oportunidad, gracias a la resurrección de Cristo.
Apocalipsis 20 describe la escena al final del
milenio; "y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios; y los
libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la
vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los
libros" (versículo 12). Estos "libros" son los libros de la
Biblia porque Dios nos juzga según lo que él ha revelado en su Palabra.
Dios va a enseñar su camino de vida a todos los que
tomen parte en esta gran resurrección física. El profeta Ezequiel describe lo
que va a suceder. "Y me dijo; Hijo del hombre, ¿vivirán estos huesos?...
Así ha dicho el Eterno el Señor a estos huesos: He aquí, yo hago entrar
espíritu en vosotros, y viviréis... Y miré, y he aquí tendones sobre ellos, y
la carne subió... Y sabréis que yo soy el Eterno, cuando abra vuestros
sepulcros, y os saque de vuestras sepulturas, pueblo mío. Y pondré mi Espíritu
en vosotros, y viviréis" (Ezequiel 37:3, 5, 8, 13-14).
Los que nunca oyeron el evangelio del reino de Dios,
personas como las niñitas incas sacrificadas en el monte Ampato, podrán oírlo
por primera vez en un medio donde reinará el gobierno justo de Dios. "No
habrá más allí niño que muera de pocos días, ni viejo que sus días no cumpla;
porque el niño morirá de cien años, y el pecador de cien años será
maldito" (Isaías 65:20). La Biblia indica que aquel período de juicio
durará cien años (ver Apocalipsis 20:11 e Isaías 65:17-25).
Los seres humanos tendrán tiempo suficiente para poner
por obra la palabra de Dios escrita en "los libros" que serán
"abiertos". Vivirán rodeados de un ambiente de paz y armonía:
"El lobo y el cordero serán apacentados juntos, y el león comerá paja como
el buey; y el polvo será el alimento de la serpiente. No afligirán, ni harán
mal en todo mi santo monte, dijo el Eterno" (Isaías 65:25).
Dios es justo y misericordioso, y dentro de su plan,
todos los que alguna vez vivieron tendrán plena oportunidad de recibir la vida
eterna. Dios llama y juzga a su Iglesia en esta era, pero al resto de la
humanidad la llamará y juzgará en la próxima.
Hebreos 6 enumera varias doctrinas que son
fundamentales dentro de la fe cristiana. Una de ellas es la del juicio eterno.
Los conceptos tradicionales han hecho creer a muchos que los niños inocentes y
los adultos "sin suerte" que murieron sin la oportunidad de aceptar a
Cristo como Señor y Salvador, pasaron al tormento infernal o a la nada en el
limbo. Esto hace aparecer al Dios misericordioso y justo como inmisericorde e injusto.
Felizmente, la doctrina correcta del juicio eterno tal
como la enseña la Biblia, es una doctrina de profunda esperanza y consuelo.
Dios ha revelado en su Palabra que todos los seres que han vivido tendrán la
plena oportunidad de alcanzar la salvación y la vida eterna en su reino.
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único día de salvación?
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