Reencuentro con el cristianismo apostólico
Por
Roderick C. Meredith
¿Qué
se hizo del cristianismo verdadero,
el de Jesucristo
y sus apóstoles?
¿Se da usted cuenta de que, en gran parte, esta forma de cristianismo ha
desaparecido del mundo?
¡Pero ahora está en marcha un proceso de restauración y manifestación de
ese cristianismo!
Si Jesús de Nazaret regresara a la tierra hoy, ¿reconocería como suya la
religión que utiliza su nombre? ¿No se disgustaría profundamente al ver que los
que dicen ser sus seguidores han estado en GUERRA casi permanente los unos
contra los otros durante los últimos 1900 años? ¿Qué diría al saber que quienes son
supuestamente sus seguidores creen doctrinas diametralmente opuestas a las que Él enseñó, que guardan otros días
de culto, tienen otras costumbres y, lo peor de todo, tienen un concepto
completamente diferente de Dios y su propósito del que tenían Jesús y sus
apóstoles?
Jesús bien podría preguntarse: ¿Por qué le colocan el nombre mío a todos
esos disparates?
La mayoría de los eruditos religiosos sinceros reconocen que el
cristianismo tradicional ha sufrido ENORMES cambios ¡hasta el punto de
convertirse en algo completamente
distinto del cristianismo de Jesús y los apóstoles! El respetado erudito protestante Jesse Lyman
Hurlbut, habló de “una era de sombras”, y dijo al respecto:
“Durante cincuenta
años después de la vida de San Pablo cae un telón sobre la Iglesia, telón a
través del cual tratamos en vano de mirar; y cuando al fin se levanta, hacia el
año 120 después de Cristo, con los escritos de los primeros padres de la
iglesia, encontramos una iglesia en muchos aspectos diferente de aquella que
existía en la época de San Pedro y San Pablo” (Historia de la iglesia
cristiana).
Si los dirigentes, durante esa época que el señor Hurlbut llamó “la era de
las sombras”, hubieran estado llenos del Espíritu de Dios y hubiesen sido
guiados por él, ¿por qué razón la Iglesia se tornó en algo “tan diferente”? La
Biblia nos dice que “Jesucristo es el MISMO ayer, y hoy, y por los siglos”
(Hebreos 13:8). Pero las iglesias llamadas cristianas en la actualidad están
lejos de ser la misma que fundó Jesús. Describiendo el período que
vino después de la muerte de todos los primeros apóstoles y sus sucesores,
Hurlbut escribe:
“Los servicios de adoración aumentaron en esplendor, pero fueron menos
espirituales y fervorosos que en los primeros tiempos. Gradualmente se
introdujeron costumbres y ceremonias provenientes del paganismo. Algunas de las
antiguas fiestas paganas se convirtieron en festividades de la iglesia con un
cambio de nombre y de culto. Cerca del
año 405 dc empezaron a aparecer
en las iglesias imágenes de santos y mártires, al principio como objetos
conmemorativos, pero luego se transformaron en objetos de reverencia y
adoración. La adoración de la virgen
María reemplazó el culto a Venus y Diana; la cena del Señor se convirtió en un
sacrificio en vez de una conmemoración; y los ancianos pasaron de predicadores
a ser sacerdotes” (pág. 79, ibídem).
Notemos la afirmación de Hurlbut en el sentido de que “algunas de las antiguas
fiestas paganas se convirtieron en
festividades de la iglesia”. Se “convirtieron” en aquello ¡porque el propio Dios
había predicho que hombres MALVADOS y dirigentes falsos se apoderarían de la
mayor parte de la iglesia! Recordemos esta advertencia inspirada hecha por el
apóstol Pablo a los ancianos de Éfeso: “Porque yo sé que después de mi partida
entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño. Y de
vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar
tras sí a los discípulos. Por tanto, velad, acordándoos que por tres años, de
noche y de día, no he cesado de amonestar con lágrimas a cada uno” (Hechos
20:29-31).
Cuando Pablo se dio cuenta de la profundidad de aquella APOSTASÍA que
abarcaría a casi toda la iglesia, sufrió un impacto emocional ¡hasta el punto
que “por tres años, de noche y de día, no [cesó] de AMONESTAR con lágrimas!” Hoy, ¿cuántos se inquietan hasta derramar una sola lágrima por
tan deplorable cambio?
¿Cómo
pudo suceder?
Esta apostasía masiva se produjo porque los hombres y mujeres de
entonces, igual que los de hoy, no COMPROBARON con ahínco dónde era que se
estaba enseñando la verdad de Dios. Por eso, Jesucristo amonestó así a los
cristianos que vivían hacia finales de le era apostólica: “Pero tengo contra ti, que has
dejado tu primer amor. Recuerda, por tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete,
y haz las primeras obras; pues si no, vendré pronto a ti, y quitaré tu
candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido” (Apocalipsis 2:4-5).
Y hoy ¿qué? ¿Cómo explicar las más de 400 religiones y sectas que se
dicen “cristianas”? Cada una tiene sus
propias ideas, tradiciones y prácticas ¡pero todas dicen seguir al mismo
Jesucristo!
La respuesta, en parte, ¡es que son POQUÍSIMOS los cristianos que
realmente estudian la Biblia! Por lo
tanto, no EXAMINAN prácticamente nada de lo que creen investigándolo atentamente en la Biblia. Quizá estudien con entusiasmo
libros y artículos sobre la salud o la superación personal o sobre cómo
invertir y ganar más dinero, mas por algún motivo NO se les ocurre estudiar a
fondo los temas más VITALES de todos:
¿Existe un Dios VERDADERO? Si existe, ¿qué propósito
tuvo al crear la vida humana? ¿Y cómo
podemos nosotros cumplir aquel propósito? La Biblia manda: “Sométanlo todo a
PRUEBA. Aférrense a lo bueno”
(1 Tesalonisenses 5:21, Nueva Versión
Internacional).
¿No es cierto que la mayoría
de las personas, y quizá usted también, han aceptado sin cuestionarla, la
religión que recibieron como legado de su familia? ¿Tal vez usted mismo simplemente ha consentido en las creencias y tradiciones que
le enseñaron en su niñez?
Recientemente una escritora de temas religiosos señaló que entre aquellos
que se consideran cristianos “la mayoría no lee regularmente la Biblia ni
recuerda el nombre de los cuatro Evangelios.
Más de la mitad de los entrevistados en una encuesta no pueden nombrar
ni cinco de los diez mandamientos. Muchos tienen la Biblia en alta estima, pero
no la leen, ni la estudian, ni la aplican”.
Ahora bien, la verdadera raíz de
tan masiva apostasía religiosa radica en el hecho de que este mundo pertenece a
Satanás y que él tiene completamente ENGAÑADA a la mayor parte de la humanidad.
En el cómodo entorno de nuestra civilización actual, una gran parte de los habitantes ignoran que la INMENSA MAYORÍA
de los seres humanos nunca han creído en NINGUNA forma de “cristianismo”,
¡mucho menos el cristianismo verdadero de Cristo y los apóstoles! La inmensa mayoría
de los seres humanos son, y han sido,
musulmanes, hinduistas, budistas, sintoístas, ateos o agnósticos.
Si usted estudia y cree lo que dice su propia Biblia, encontrará que a
Satanás, el diablo, se describe como aquel que “engaña al mundo
ENTERO” (Apocalipsis 12:9). También verá una referencia a Satanás como el “príncipe de la potestad del
aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia” (Efesios 2:2).
Satanás difunde una actitud de egoísmo y rebeldía
por toda la tierra. Es él quien está
influyendo en la gente embaucada para que incorporen dosis ENORMES de
violencia, desenfreno sexual y un espíritu general de irrespeto e ilegalidad en
la llamada “diversión” que usted y sus hijos consumen por medio de la
televisión, el cine y la radio o cuando usan juegos de computador saturados de
corrupción que simulan actos de inmoralidad y violencia casi indescriptibles.
¿Sabe quién es el que realmente se ríe
con toda aquella “diversión”? ¡Satanás!
Pervirtiendo el interés normal de la humanidad por la sexualidad y la
diversión, Satanás introduce astutamente el humor sucio en muchas “comedias” de
televisión y engaña a los hombres para que cometan abusos, se degraden y
finalmente, ¡se DESTRUYAN a sí mismos!
La humanidad se encamina hacia la destrucción. ¡Ese será su final a menos que Dios intervenga para
impedirlo! ¡Y finalmente lo hará!
(Mateo 24:21-22). ¡No hay duda de
que Satanás es, en efecto, el “dios” de este mundo! El apóstol Pablo escribió
las siguientes palabras por inspiración divina: “Pero si nuestro evangelio está aún encubierto,
entre los que se pierden está encubierto; en los cuales el dios de este siglo
cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz
del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios” (2 Corintios
4:3-4).
Lo más inquietante es que Satanás ha inyectado en el “cristianismo”
tradicional toda una serie de ideas enteramente
FALSAS acerca del origen y el destino del hombre, de cómo es Dios, de cuál es
el extraordinario PROPÓSITO que Dios tiene y de cómo nosotros hemos de cumplir aquel gran propósito. Satanás ha
“encubierto” la verdad. Además, ha generado tanta confusión acerca de la
profecía que la mayor parte de quienes profesan el cristianismo, incluso la
mayoría de sus ministros y sacerdotes, acaban por tirar la toalla y hacer casi totalmente de lado la
profecía bíblica. Y no obstante, nuestro Creador dedica aproximadamente la
cuarta parte de la Biblia a “la palabra profética más segura” (2 Pedro 1:19).
El
primer punto que debemos considerar, pues, es que la humanidad realmente está
ENGAÑADA. Vemos cuánto nos hemos alejado de la verdad cuando comparamos el
cristianismo moderno con la religión de Jesús y los apóstoles. Como escribe
Rufus M. Jones, conocido profesor de religión:
“Si los seguidores de Jesucristo lo hubieran
puesto como modelo o ejemplo de un nuevo camino, y si realmente hubieran
intentado poner su vida y enseñanzas como normas de la Iglesia, el cristianismo
habría sido algo totalmente diferente de lo que vino a ser. Entonces herejía hubiera sido lo que es la
religión de hoy, una desviación de sus caminos, de sus enseñanzas, de su
mística, de su Reino” (La deuda de la iglesia para con los
herejes, pp. 15-16).
La
verdad es clara. ¡El “cristianismo” moderno se ha convertido en algo TOTALMENTE
DIFERENTE del cristianismo de Cristo!
Algunos
dirán: ¿Y qué más da? Pero entendamos que no estamos hablando de un asunto
trivial. Francamente, estamos hablando del camino
a la VIDA eterna por una parte, o a la MUERTE eterna por otra (Romanos 6:23).
Si usted no tiene el cristianismo de Cristo ¡no tiene cristianismo alguno!
Jesús
mismo advirtió: “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de
los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.
Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en
tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y
entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad”
(Mateo 7:21-23). Es importante darse cuenta de las palabras que Cristo dirá a
quienes no cumplan la “voluntad” del Padre: “NUNCA os conocí”. Para ser claro,
estas personas engañadas, aunque pertenezcan a alguna iglesia, escucharán a
Cristo decirles que en realidad, jamás
conocieron a aquel Cristo que decían servir. Jamás fueron convertidas de verdad. ¡Jamás fueron realmente cristianas!
Jesús
también dijo: “¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo?”
(Lucas 6:46). “Señor” es aquel a quien se OBEDECE. Sin
embargo, la mayoría de los ministros que se
consideran cristianos y sus seguidores NO siguen las claras enseñanzas y
ejemplos de Jesús y los apóstoles. ¡Y
casi todos ellos ni siquiera se molestan en estudiar con dedicación la Biblia para encontrar las enseñanzas y ejemplos
que hay en ella!
El
punto clave, pues, es nuestro deseo y buena voluntad de regresar a la fe
cristiana verdadera, “la fe que fue
UNA VEZ dada a los santos” (Judas 3). ¿Está usted genuinamente dispuesto a vivir el cristianismo de Cristo?
La
“manada pequeña” (Lucas 12:32), la verdadera Iglesia de Dios, siempre ha comprendido la necesidad de tomar como su pauta, las enseñanzas
y ejemplos de Cristo y los apóstoles. Aunque muy pocos han tratado seriamente
de seguir ese modelo, muchos eruditos e historiadores de la religión han
entendido el concepto de la “Iglesia de Dios de Jerusalén”. Se trata de un
concepto de vital importancia y es necesario que lo comprendamos, si nos
interesa sinceramente contender “por la fe una vez dada”.
El
apóstol Pablo se dirigió a los tesalonicenses con las siguientes palabras
inspiradas: “Porque vosotros, hermanos, vinisteis a ser IMITADORES de las
iglesias de Dios en Cristo Jesús que están en Judea” (1 Tesalonicenses 2:14).
El libro de los Hechos muestra claramente que por muchos decenios, la “sede”
terrenal de la Iglesia de Dios fue la Iglesia de Jerusalén. Fue allí donde Dios
derramó por primera vez su Espíritu Santo sobre los verdaderos cristianos
(Hechos 2). Fue allí donde Pedro, Santiago y Juan llevaron a cabo la mayor
parte de su labor ministerial durante muchos años (Hechos 4:1; 8:1; 11:1-2,
etc.). Más tarde, fue a los dirigentes en Jerusalén
a quienes acudieron Pablo y Bernabé para plantear
la importante pregunta sobre la circuncisión de los gentiles y otros asuntos
relacionados con el tema (Hechos 15:4-6).
El renombrado historiador Edward
Gibbon escribió:
“Los primeros quince obispos de
Jerusalén fueron judíos circuncisos; y la congregación sobre la que presidieron
unificó la ley de Moisés con la doctrina de Cristo. Resulta muy natural que las
primeras tradiciones de esa iglesia, fundada apenas cuarenta días después de la
muerte de Cristo y gobernada casi igual número de años bajo la directa
supervisión de su apóstol, fueran recibidas como las normas correctas. Las
iglesias de lugares distantes frecuentemente apelaban a la autoridad de la
venerable iglesia madre” (Decadencia y caída del Imperio Romano, cap. 15,
sec. 1, pág. 389).
Tal
como se indica arriba, la única gran conferencia ministerial mencionada en el
Nuevo Testamento se celebró en Jerusalén.
Allí vivían los principales entre los apóstoles originales. Allí estaba la
verdadera Iglesia “madre”; ¡NO en Roma!
Y a Jerusalén fue donde acudieron Pablo y Bernabé en busca de seguridad sobre
su misión, o en palabras de Pablo, “para no correr o haber corrido en VANO”
(Gálatas 2:1-2).
Después
de la conferencia en Jerusalén, Pablo y Silas recorrieron Asia Menor visitando
a las iglesias. “Y al pasar por las ciudades, les entregaban las ordenanzas que
habían acordado los apóstoles y los ancianos que estaban EN JERUSALÉN, para que
las guardasen” (Hechos 16:4).
Es
claro que el “modelo” inspirado para el verdadero cristianismo lo fijaron los
primeros apóstoles y la Iglesia de Dios en Jerusalén; y no solamente para esa época ¡sino para TODOS los tiempos!
Contrariamente a las equivocadas ideas protestantes de que Dios utilizó al
apóstol Pablo más tarde para “reinventar” el cristianismo, el verdadero apóstol Pablo de la Biblia,
tal como hemos visto, manifestó siempre un hondo respeto por los apóstoles y se
sometió a los líderes en Jerusalén en
todos los asuntos importantes. Fue el apóstol Pablo quien le dijo a la iglesia
de Corinto, compuesta en su mayoría por gentiles, que “la circuncisión nada es,
y la incircuncisión nada es, sino el guardar los mandamientos de Dios” (1
Corintios 7:19).
El
destacado historiador Carl Von Weiszäcker escribió lo siguiente en 1895:
“Pablo estaba lejos de restringir su interés a la iglesia
cristiana de gentiles que él mismo había fundado. Sus sentimientos eran
demasiado elevados para dejar sola a la comunidad cristiana. Trabajó con ahínco
no solamente por cumplir sus propias labores sino por la Iglesia de Dios… toda la iglesia. No olvidó ni por un momento la verdadera cuna del evangelio. Y para
él los cristianos en Jerusalén eran siempre
los [santos]…Ni se limitó, empero, a destacar una amplia política de
unión eclesiástica, sino que su primordial pensamiento era que la iglesia primitiva era la primera
institución divina bajo el evangelio… En los primeros apóstoles veía… a los
apóstoles del Señor. De ellos había emanado el testimonio de la Resurrección (1
Corintios 5:1 siguientes). Ellos fueron siempre los apóstoles que Dios
había situado a la cabeza de su iglesia, los primeros de aquellos varones
que, por comisión divina, ocupaban el cargo principal en el Cuerpo de Cristo (1
Corintios 12:28)”. [La era apostólica de
la iglesia cristiana, pp. 12-13]
Más tarde en su ministerio, Pablo viajó de nuevo a Jerusalén. “Cuando llegamos a Jerusalén, los
hermanos nos recibieron con gozo. Y al día siguiente Pablo entró con nosotros a
ver a Jacobo, y se hallaban reunidos todos los ancianos” (Hechos 21:17-18). Notemos
que Pablo se presentó a Jacobo, hermano del Señor, quien para entonces era sin
duda el principal entre los apóstoles en Jerusalén. Pedro seguramente se había
ido ya a las “ovejas perdidas” de la casa de Israel en el noroeste de Europa y
las Islas Británicas.
Los líderes en Jerusalén se alegraron de las buenas noticias que Pablo
traía acerca de la obra de Dios entre los gentiles y le dijeron: “Ya ves, hermano, cuántos
millares de judíos hay que han creído; y todos son celosos por la ley” (v. 20). Para no
confundir ni desanimar a tantos judíos cristianos, la Iglesia de Jerusalén le
pidió a Pablo que cumpliera con una ceremonia de ofrenda para demostrar
públicamente que él NO estaba enseñando nada en contra de las leyes de Dios: “Haz, pues, esto que te decimos:
Hay entre nosotros cuatro hombres que tienen obligación de cumplir voto.
Tómalos contigo, purifícate con ellos, y paga sus gastos para que se rasuren la
cabeza; y todos comprenderán que no hay nada de lo que se les informó acerca de
ti, sino que tú también andas ordenadamente, guardando la ley” (vv. 23-24).
Si Pablo hubiese estado enseñando en contra
de la ley de Dios en CUALQUIER aspecto, y especialmente en contra de la LEY
ESPIRITUAL expresada en los diez mandamientos, ¡ciertamente no habría cumplido
esta ceremonia de la ley de Moisés! Dicha ceremonia en particular, que
probablemente era una ofrenda de acción de gracias al concluirse un voto de nazareo,
no era necesaria para un cristiano del Nuevo Testamento ¡pero tampoco era
“pecado”! El respeto profundo que
sentía Pablo por la ley de Dios, por la madre Iglesia original y por la
OBEDIENCIA a la ley divina fueron factores que contribuyeron para que el apóstol
Pablo participara en esa ceremonia. Al inspirar esa decisión y poner este ejemplo en la Biblia, Dios
nos está demostrando que la actitud de Pablo era de OBEDIENCIA a la ley, y no de
pretender eliminar las leyes espirituales de Dios ni desvirtuarlas mediante
argumentos y razonamientos ¡como enseñan tantos teólogos protestantes!
Hablando de algo que era práctica
establecida entre la MAYORÍA de los cristianos primitivos, el historiador
W. D. Davies escribió:
“En todas partes, y
especialmente en el oriente del Imperio Romano, había cristianos judíos que no
se diferenciaban de los demás judíos en su forma externa de vivir. Daban por
sentado que el evangelio era continuación de [la religión de Moisés]; para
ellos, el Nuevo Pacto que Jesús había establecido en ocasión de la Última Cena
con sus discípulos, no quería decir que el pacto celebrado entre Dios e Israel
dejaba de tener validez. Ellos seguían observando las fiestas de la Pascua.
Pentecostés y Tabernáculos… y guardando el sábado semanal así como las normas
mosaicas relativas a los alimentos. Según algunos eruditos de la Biblia, debieron ser tan fuertes que fueron, hasta
la caída de Jerusalén en el año 70 dC, el elemento predominante en
el movimiento cristiano” (El judeo-cristianismo, “Pablo y
el judaísmo cristiano”, 1972, p. 72, citado por Samuel Bacchiocchi, Del sábado al domingo, p. 151).
De modo que durante los primeros 40 AÑOS del cristianismo, guiado por el
Espíritu Santo, el “elemento dominante” en la Iglesia de Dios todavía seguía el
ejemplo de Cristo de guardar los sábados semanales y anuales ordenados por
Dios. ¡Seguían el ejemplo establecido por la Iglesia de Dios de Jerusalén!
¿Quién se ATRIBUYÓ el derecho
de cambiar todo aquello?
Como
vimos, NO fue el apóstol Pablo. TAMPOCO fueron los doce apóstoles originales.
Al contrario, conforme se iniciaba el período que adecuadamente se ha llamado
“Edad de las tinieblas”, falsos líderes religiosos que actuaron con engaño
empezaron a cambiar prácticamente TODO lo que hacía de la religión cristiana
algo completamente diferente de los cultos paganos del Imperio Romano.
Queremos que todos nuestros lectores entiendan plenamente que los que
somos parte de esta Obra, el personal que trabaja en la revista El Mundo de Mañana y en el programa
radial del mismo nombre, y los que participamos en esta obra de la Iglesia del Dios Viviente ¡estamos
dedicados a la labor de RESTAURAR EL CRISTIANISMO APOSTÓLICO!
Al leer nuestros artículos y folletos y al escuchar nuestro programa
radial El Mundo de Mañana, es muy
importante que usted entienda quiénes somos y qué hacemos. Nuestra intención es
predicar y enseñar el MISMO MENSAJE que enseñaban y predicaban Cristo y los
primeros apóstoles. Nuestra intención es restaurar, en todos sus aspectos espirituales, el modo de vida
que Jesús y sus apóstoles vivieron y enseñaron. Además, guiados por el Espíritu
Santo, predicaremos las profecías bíblicas inspiradas por Dios y advertiremos a
quienes estén dispuestos a escuchar, de lo que nos espera en el futuro no muy
lejano
Al acercarse el momento de la intervención divina en los asuntos del
hombre y la GRAN TRIBULACIÓN, es absolutamente esencial que usted y sus seres
queridos se ocupen en pertenecer realmente a Jesucristo, el Cristo de la
Biblia. Que estén adorando a Dios “en espíritu y en verdad” (Juan 4:23). Y que
sean parte de la verdadera Iglesia de
Dios que enseña y practica el cristianismo
apostólico: el cristianismo de Jesús y los apóstoles originales. “El que
tiene oído, oiga” (Apocalipsis 3:13). *
Por
Roderick C. Meredith www.mundomanana.org