¡Salve su matrimonio!
Por Richard F. Ames
¿Hay problemas en su
matrimonio?
¿Necesita
ayuda?
Una fuente de ayuda profunda y práctica es la Biblia,
¡la Palabra de Dios! La Biblia ofrece soluciones asombrosas que ayudan a
mejorar la relación matrimonial e incluso ¡pueden salvarla!
¡La institución del matrimonio es una de las mayores bendiciones que
Dios ha dado a los seres humanos! Sin
embargo, las maldiciones del egoísmo y la carnalidad han conducido a millones
de divorcios, familias deshechas y niños perjudicados. Las presiones de nuestra
sociedad contribuyen a fragmentar a las familias, hay un número creciente de
hogares donde ambos padres trabajan, se imponen valores mercantilistas y
materialistas, hay una influencia penetrante de la industria del entretenimiento,
falta de tiempo para actividades en familia, incapacidad de las familias para
comunicarse, unirse y tener propósitos en común.
¿Y el matrimonio de usted?
Tal vez esté sufriendo de tensiones, ¡quizá incluso conflictos severos!
Las exigencias del trabajo son otro factor que le hace daño al
matrimonio, robándole a la pareja su tiempo. En un artículo de investigación
periodística reciente una reconocida socióloga afirmó: “Los trabajadores se
encuentran cada vez más atrapados en las garras del tiempo…. Tienen dos
empleos, uno en el trabajo y uno en la casa". Otro sociólogo señaló:
"La gente está cumpliendo horarios de trabajo más largos, y no porque así
lo deseen".
Este estudio también reveló la índole cambiante de los conceptos que se
tienen del papel del marido y la mujer. "Sólo el 10 por ciento,
aproximadamente, de las parejas dijeron que prefieren los papeles tradicionales
del varón como el que trabaja para ganar el pan y la mujer como ama de casa de
tiempo completo. Sin embargo, 25 por ciento de las parejas caben dentro de este
molde".
¿Qué pueden hacer las parejas para manejar estas
presiones sobre su familia y su matrimonio?
Algunas se sienten tentadas a renunciar al matrimonio. ¡Pero hay una
fuente de ayuda verdadera! ¡Usted
necesita la verdad! Jesús dijo en Juan
17:17: "Tu palabra es verdad”. La
Biblia, la palabra de Dios escrita, es la revelación del Creador a sus
criaturas, ¡y es la fuente de la verdad! ¿Qué mejor fuente para guiarnos
respecto de la relación matrimonial?
Los diez mandamientos nos enseñan cómo relacionarnos con Dios y cómo
relacionarnos con los demás. Se resumen en dos grandes mandamientos:
"Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu
alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el
segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos
mandamientos depende toda la ley y los profetas" (Mateo 22:37–40).
Las cualidades de amor a Dios y amor al prójimo son fundamentales para nuestra
existencia misma, así como para las relaciones familiares. Dos de los diez
mandamientos se aplican directamente a nuestra vida familiar. El quinto
mandamiento nos dice: "Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se
alarguen en la tierra que el Eterno tu Dios te da" (Éxodo 20:12). Esta es
una ley espiritual de causa y efecto. Cada uno de nosotros tiene la
responsabilidad, dada por Dios, de honrar a nuestros padres.
El séptimo mandamiento dice: “No cometerás adulterio" (Éxodo
20:14). Dios exige lealtad y fidelidad en el matrimonio.
Estos mandamientos protegen y enriquecen nuestras relaciones familiares.
Nuestro Creador desea que formemos familias unidas y que amemos a nuestro
prójimo. Y el prójimo más cercano que tenemos ¡es nuestro cónyuge!
¿Dónde se originó el matrimonio? Las Sagradas Escrituras nos dicen que
Dios, el Creador, instituyó el matrimonio. Adán estuvo solo hasta que Dios le
presentó una bella esposa. "Dijo entonces Adán: Esto es ahora hueso de mis
huesos y carne de mi carne; ésta será llamada Varona, porque del varón fue tomada. Por tanto, dejará el hombre a su
padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne. Y estaban
ambos desnudos, Adán y su mujer, y no se avergonzaban" (Génesis 2:23–25).
Dios es el Creador del matrimonio y la familia. Él desea que esas
relaciones sean felices y emocionantes. Pero sabemos lo que les ocurrió a Adán
y Eva: ¡pecaron! Desobedecieron los principios y las leyes que les habrían
traído éxito y felicidad. Dios permite que nosotros aprendamos el camino de las
relaciones correctas. “Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan
en abundancia" (Juan 10:10). Sí, por intermedio de Jesucristo, nosotros
podemos saber lo que es la vida abundante, aun en el matrimonio, ¡siempre y
cuando apliquemos sus instrucciones y los principios revelados por Dios!
Teniendo en mente esta importante perspectiva, consideremos cinco
estrategias que ayuden a mejorar el matrimonio de usted, e incluso salvar su
matrimonio si se está desmoronando.
Estrategia
1: Renueve su compromiso.
Usted probablemente sabe ya que este es uno de los principios más
fundamentales en el matrimonio. El locutor del programa de radio El Mundo de
Mañana ha tratado este tema en varios programas radiales. La primera estrategia
para mejorar su matrimonio es renovar su compromiso.
Quizá ya sepamos esto con la mente. Pero cabe preguntar: ¿Lo hemos
practicado en lo emocional y espiritual? ¿Recuerda usted las promesas que hizo
en la ceremonia de la boda? Usualmente, la ceremonia incluye el compromiso de
los esposos de amarse fielmente y respetarse durante toda la vida, en las
alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad, hasta que la muerte
los separe.
¿Fueron palabras huecas? O bien,
¿se ha esforzado usted personalmente por cumplir su parte de esos votos
matrimoniales? Esta primera estrategia
para mejorar el estado de su matrimonio es renovar su compromiso para con su
cónyuge. ¡Tenemos que estar dedicados a preservar la unión matrimonial lo mejor
que podamos! ¿Vive usted dedicado a su esposo o esposa?
¡Me consta que no es fácil! Mi
esposa y yo llevamos más de 42 años de casados. Hemos tenido nuestros momentos
difíciles. Pero ambos sabemos ¡que estamos comprometidos el uno con el otro.
Esto es sumamente importante. En
nuestro mundo de fáciles divorcios y uniones para experimentar, necesitamos el
compromiso del cual hablaba Jesús en el Evangelio. En tiempos de Jesucristo, el
varón podía repudiar a su esposa por motivos frívolos. Los fariseos, apelando a
los escritos de Moisés, le preguntaron si era legítimo el divorcio. Entonces,
“respondiendo Jesús, les dijo: Por la dureza de vuestro corazón os escribió
este mandamiento; pero al principio de la creación, varón y hembra los hizo
Dios. Por esto dejará el hombre a su
padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne; así
que no son ya más dos, sino uno. Por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el
hombre" (Marcos 10:5–9).
Jesús recalcó que, desde el principio, el compromiso matrimonial es para
toda la vida. Nuevamente, tenemos que mirar hacia el Creador quien nos une en
el vínculo matrimonial. La estrategia número uno para mejorar y salvar su
matrimonio es: Renovar su compromiso con su cónyuge de amarse y servirse
fielmente en todos los altibajos de la vida.
El deseo de Dios ¡es que todos seamos parte de su familia divina por
toda la eternidad! Nuestro Padre amoroso en el Cielo nos ha dado el
conocimiento certero para forjar un matrimonio feliz. En el momento de la boda,
tal vez usted estaba lleno o llena de entusiasmo previendo un matrimonio de
dicha que duraría toda la vida. Más tarde quizá se encontró ante las realidades
de la naturaleza humana ¡y las serias diferencias entre usted y la persona con
quien se casó! Quizá se desanimó. Pero no se dé por vencida con su esposo, ni
el varón con su esposa. Procure con todas sus fuerzas conservar esa unión.
Estrategia 2: Respete profundamente a su esposo o
esposa.
Gran parte de lo que vemos y oímos en los medios de comunicación nos
enseña a faltarle al respeto a los
demás. El cine y la televisión suelen ensalzar a personajes que hacen gala de
vanidad y soberbia. Los medios masivos promueven a protagonistas capaces de
denigrar, desacreditar y ofender a otros. Las actitudes de ira, odio y
menosprecio rayan en el homicidio espiritual. Como escribió el apóstol Juan en
1 Juan 3:15: “Todo aquel que aborrece a su hermano es homicida; y sabéis que
ningún homicida tiene vida eterna permanente en él".
Tenemos que comprender que todo ser humano es, en potencia, un hijo de
Dios glorificado y miembro del reino de Dios por toda la eternidad. Cada uno de
nosotros debe reconocer la posibilidad que Dios ha concedido a nuestro cónyuge.
Y esa posibilidad sigue vigente, pese a cualquier actitud que tenga la persona
ahora.
Escuchemos lo que Dios dice a los esposos en 1 Pedro 3:7: “Vosotros,
maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a
vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que
vuestras oraciones no tengan estorbo". Dios le dice al esposo que dé honor
a su esposa. Ese honor debe reflejarse en sus palabras, su cortesía, su
servicio, su lenguaje corporal ¡y su actitud hacia ella!
A la esposa Dios también le ordena que respete a su marido. "Por lo
demás, cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo; y la mujer
respete a su marido." (Efesios 5:33). En el matrimonio tiene que haber
respeto mutuo. La simple cortesía hace mucho por fomentar ese honor y ese
respeto.
Debemos recordar siempre lo que vale nuestro esposo o esposa en
potencia, a los ojos de Dios. Veamos la amonestación de Pablo en Filipenses
2:3: “Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad,
estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo". Los esposos
deben valorarse altamente el uno al otro.
.
Estrategia 3: Comunicarse con amor.
Esta tercera estrategia es básica pero muy necesaria. ¿Cuántas veces
ocurre que los esposos “cierran los oídos” durante sus conversaciones? Para que
haya buena comunicación, tenemos que saber
escuchar además de hablar. Escuche para entender el punto de vista del
otro. ¡Trate de comprender lo que siente la otra persona y lo que
necesita! Demuestre respeto escuchando
con toda atención.
El apóstol Pablo escribió sobre este punto. "Siguiendo la verdad en
amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo"
(Efesios 4:15). Hay quienes dicen la verdad ¡pero con odio! El cristiano, que
está madurando en Cristo, se cuida de cómo sus palabras y su mensaje afectarán
al oyente.
Al hablar con su esposo o esposa, ¿demuestra usted verdadero interés por
su bienestar? ¿Transmite el sentimiento de respeto? Ciertamente, necesitamos
ser pacientes con el otro. Pablo nos recuerda que: "El que ama tiene
paciencia en todo, y siempre es amable" (1 Corintios 13:4, La Biblia en
lenguaje actual). En sus conversaciones, recuerde no solamente decir la verdad
¡sino decirla con amor!
Nuestro lenguaje, actitud o expresión al comienzo del día puede afectar
toda la relación. Aprenda a manifestar una actitud positiva y amorosa al
comienzo del día. Puede evitar una discusión accidental o un rencor innecesario
que podría durar todo el día. Preste especial atención cuando se reúnen al
final del día. Por muy cansado o cansada que esté, una palabra positiva de
ánimo o agradecimiento—un abrazo o un beso —puede marcar una gran diferencia en
el modo que se desarrollará la relación desde ese momento.
Hay parejas que hacen de las discusiones un verdadero hábito, una serie
de provocaciones y respuestas repetidas y previsibles. Procure, en cambio,
modificar sus hábitos de comunicación. En el libro de los Proverbios leemos:
“La blanda respuesta quita la ira; mas la palabra áspera hace subir el
furor" (Proverbios 15:1). Inténtelo; Responda con suavidad, diciendo algo
como “Siento habar dado esa impresión". Una respuesta tan sencilla como un
"¡gracias!" puede quitarle leña al fuego de una vieja discusión.
¡Válgase de una respuesta blanda la próxima vez que vea iniciarse una discusión
en casa!
Estrategia 4 Practique el camino del "dar".
Este es un principio espiritual clave que nos ha dado el Salvador y que
se ilustra claramente en las palabras y el ejemplo del apóstol Pablo. "En
todo os he enseñado que, trabajando así, se debe ayudar a los necesitados, y
recordar las palabras del Señor Jesús, que dijo: Más bienaventurado es dar que
recibir" (Hechos 20:35).
Si usted asume el compromiso de dar el 100 por ciento a su matrimonio, ¡sí recibirá bendiciones! Piense de qué modos podría dar a su cónyuge.
Un pequeño regalo, unas palabras de aprecio ¡hacen mucho! Piense en dar sin esperar nada a cambio.
Recuerde la amonestación de Cristo: “Y a cualquiera que te obligue a llevar
carga por una milla, ve con él dos." (Mateo 5:41). El amor verdadero significa dar el 100 por
ciento ¡y andar la milla extra!
El amor también es suplir las necesidades del otro. El matrimonio es una
unión física en la cual los dos miembros de la pareja comparten
responsabilidades importantes, tal como lo describe el apóstol Pablo:
"Pero a causa de las fornicaciones, cada uno tenga su propia mujer, y cada
una tenga su propio marido. El marido cumpla con la mujer el deber conyugal, y
asimismo la mujer con el marido. La mujer no tiene potestad sobre su propio
cuerpo, sino el marido; ni tampoco tiene el marido potestad sobre su propio
cuerpo, sino la mujer" (1 Corintios 7:2–4). Usted tiene que estar
dispuesto a dar a su cónyuge aunque no se sienta con deseos de hacerlo.
Estrategia
5: Oren juntos.
Si está casado con una persona no creyente y si no puede orar con su cónyuge, de todos modos deberá
orar por su cónyuge, y orar por su
matrimonio. Usted puede ser un ejemplo de lo que es un cristiano, como leemos
en las instrucciones del apóstol Pedro a las mujeres casadas con un inconverso:
"Asimismo vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos; para que
también los que no creen a la palabra, sean ganados sin palabra por la conducta
de sus esposas" (1 Pedro 3:1). Nuestro ejemplo cristiano de amar y dar al
otro puede influir muy positivamente en nuestro esposo o esposa. Notemos que el
apóstol resalta la conducta y no el
empeño de convencer al otro con argumentos para que adopte nuestra forma de
religión.
Si los dos esposos oran, intenten orar juntos una vez al día, como lo
hacemos con frecuencia mi esposa y yo. Normalmente, yo doy comienzo a la
oración y luego de un ratito le hago una señal a ella. Después de su oración,
yo cierro nuestra oración conjunta. Al dar a conocer nuestros pensamientos más
personales e íntimos a Dios en oración, también los estamos dando a conocer el
uno al otro.
Una de las expresiones que más le agradan a mi esposa es: "Oremos
sobre eso". Agradezco su deseo permanente de que Dios participe en nuestro
matrimonio y en nuestra vida en común. Todos necesitamos reconocer a nuestro
Dios y Salvador en cada aspecto de la vida. Como leemos en Proverbios 3:5–6:
“Fíate del Eterno de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia.
Reconócelo en todos tus caminos, y
él enderezará tus veredas".
El matrimonio requiere esfuerzo. Para que salga bien, hay que trabajarlo
y cultivarlo. Exige que demos el todo en el cumplimiento de las obligaciones
que Dios nos impone para con nuestro cónyuge. Habrá obstáculos, e incluso
roces. Pero con la ayuda divina, usted sí podría mejorar su matrimonio ¡y aun
salvarlo, si está en peligro!
Dios instituyó el matrimonio con un gran propósito dentro de su plan
para la humanidad. Debemos aprender a amarlo con todo el corazón, el alma, la
mente y las fuerzas, y amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Dentro de
la íntima relación matrimonial, aprendemos continuamente a aplicar estos
principios del amor.
En este artículo hemos tratado brevemente de cinco estrategias para
mejorar, y aun salvar, su matrimonio. Pídale a Dios que le ayude a aplicar
estos principios en su propia vida. Recuerde: usted no puede obligar a su
cónyuge a cambiar, solamente puede cambiarse a sí mismo. Pero su ejemplo de
amor y servicio sí puede ejercer influencia y tener un efecto positivo sobre el
otro. Usted necesita la ayuda de su Salvador en su propia vida. Como dijo el
apóstol Pablo: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece" (Filipenses
4:13). Que Dios lo bendiga, y que bendiga su matrimonio y su familia ¡mientras
usted se esfuerza por vivir por su palabra!