¿En que consiste la verdadera religión?
Por: John Ogwyn
Pese a la religiosidad de
nuestro medio, el mundo está lleno de problemas morales gravísimos. Divorcio,
pornografía, abortos y violencia se han incrementado de una forma impresionante
en el último siglo. Los políticos hablan continuamente de Dios, pero los
escándalos políticos están por todas partes. Existe una gran contradicción
entre lo que la gente cree y lo que practica.
¿Cuál es la clase de
religión que Dios acepta?
¿Qué es lo que Dios busca en
las vidas de aquellos que dicen ser seguidores de Jesucristo?
Históricamente el mundo
occidental ha proclamado ser cristiano. De hecho, durante muchos siglos hemos
exportado varias clases de cristianismo al resto del mundo.
¿Hasta qué punto encajan las
diversas formas de cristianismo con lo que dice la Biblia realmente?
En el Sermón del Monte, el
que pronunció poco después de comenzar su ministerio, Jesucristo hizo un bosquejo
de lo que esperaba de sus seguidores. Lo que Jesús de Nazareth dijo acerca de
lo que debían ser sus discípulos fue bastante radical. De hecho, sus
pronunciamientos contradecían de plano los parámetros religiosos de su época. Y
también atacan nuestros planteamientos modernos. Examinemos cuidadosamente lo
que Jesús de Nazareth exigió de sus seguidores.
Si quisiéramos resumir la
esencia de lo que se consideraba “ser religioso” en el primer siglo en Judea,
tendríamos que hablar de: oración, ayuno y dar limosnas.
Después de explicar el
espíritu de la ley a sus oyentes, Jesucristo les habló después de la esencia y
el meollo de “la religiosidad”.
Como está consignado en
Mateo 6:1-18, Jesús explicó muy claramente que lo único que importaba no era
simplemente lo que usted hacía sino la actitud y la motivación que había detrás
de sus acciones. Jesucristo daba por sentado que sus discípulos ayunarían,
orarían y darían limosnas. Recordemos que El dijo: “cuando oréis” (versículo 5)
y “cuando ayunéis” (versículo 16) y por ninguna parte aparece: “si”… Lo mismo
se aplica al ayudar a otros (versículo 3). Sin embargo la actitud con que se
hicieran todas estas cosas era fundamental.
Cristo llamó “hipócritas” a
todas las personas que hacían esto con el propósito de impresionar a otros. La
palabra hipócrita se deriva del latín y del griego y significa literalmente
“que finge y aparenta lo que no es o lo que no siente”. Jesús la relacionó con
ciertas personas que se las daban de muy “religiosas” en sus días, pero que lo
que estaban haciendo simplemente era desempeñando un buen papel. Su religión en
realidad, no era una cuestión de piedad personal, sino pura ostentación.
Cristo hizo hincapié en que
debíamos vivir continuamente conscientes de la presencia de Dios. Si damos
nuestras limosnas o nuestras oraciones para ser alabados por los hombres,
entonces estamos buscando la gloria de los hombres y no la de Dios.
¡Esto ocurre porque Dios simplemente no es real para
muchas personas!
Veamos la actitud que tenían
las personas religiosas de la época de Jesús:
“Con todo eso, aun de los
gobernantes, muchos creyeron en él; pero a causa de los fariseos no lo
confesaban, para no ser expulsados de la sinagoga. Porque amaban más la gloria
de los hombres que la gloria de Dios” (Juan 12:42-43).
El Dios invisible parecía
muy lejano y remoto para todos estos religiosos.
Al parecer ocurre lo mismo
con las personas hoy.
Jesucristo enseñó que las
oraciones eran un medio de comunicación íntimo y privado con Dios. Debería ser
hecho con todo el corazón y no siguiendo una fría tradición y un ritual.
Paradójicamente, las
palabras que Cristo pronunció como un modelo de oración han sido tomadas como
una letanía que repiten hasta el cansancio muchos que afirman ser cristianos.
Pero no podemos olvidar el contexto de las palabras de Jesucristo:
“Y orando, no uséis vanas
repeticiones, como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos”
(Mateo 6:7).
¡El les estaba dando
instrucciones para orar, no les estaba diciendo qué era lo que debían decir al
orar!.
Evidentemente no les dijo
que las oraciones no podían ser largas o extensas.
El mismo oró largamente en
varias ocasiones (Lucas 6:12). Lo que les estaba advirtiendo era que no debían
caer en oraciones repetitivas, carentes de sentido. Nuestro Padre conoce las
necesidades de sus hijos, aunque desea que nos acerquemos a El y con toda
confianza y fe le hagamos conocer nuestras necesidades.
Uno de los aspectos más
importantes de la oración es pedirle perdón a Dios por nuestros pecados.
Jesucristo dijo que si queríamos ser perdonados era necesario que le
perdonáramos a los demás. Aunque el perdón que nosotros les demos no nos hace
merecedores del perdón de Dios. Lo que esto le demuestra es que tenemos un
corazón contrito y humillado que es el primer requisito para recibir
misericordia.
Lo primero es lo primero.
Vivimos en un mundo donde “millones” de cosas luchan diariamente por captar
nuestra atención y nuestro interés. Es como si en cada esquina hubiera algo que
exige nuestro tiempo. En esta época de teléfonos celulares y de buscapersonas,
cada vez son menos los que logran escapar de este sistema. Ya sea que estén
manejando su automóvil, o comiendo en un restaurante, todo el mundo está
tratando de hacer varias cosas a la vez.
En esta época materialista,
los avisos publicitarios nos incitan a que “lo tengamos todo”. Tengamos lo que
tengamos, siempre parece existir un modelo más moderno y mejor y del cual no
podemos prescindir.
El hecho de que ambos
cónyuges trabajen fuera del hogar, ha cambiado radicalmente el panorama de las
familias en los últimos años. Es cada vez más frecuente el número de parejas
que deciden no tener hijos o en el mejor de los casos, tener solamente uno. Uno
de los negocios más lucrativos en la actualidad es el de las guarderías. Las
consecuencias de esta sociedad materialista y hedonista las podemos ver en los
problemas cada vez más grandes que la juventud está afrontando.
Cristo juzgó duramente
nuestra sociedad materialista. Todo tiene que ver con las prioridades. Sin
embargo, la Biblia no condena por ninguna parte a la riqueza. De hecho varias
personas descritas en el Antiguo y en el Nuevo Testamento, fueron personas
prósperas materialmente. Abraham tenía grandes manadas y rebaños y Filemón
tenía una casa suficientemente grande como para acomodar a toda la Iglesia de
Colosas y servía como sitio de reunión.
El punto es, que uno no
puede servir a dos señores (Mateo 6:24). Si intentamos hacerlo, estaremos
creando un conflicto de lealtades. Cristo les dijo a sus seguidores que
simplemente no podían servir a Dios y a las riquezas.
Muchas personas dicen ser
religiosas. Sin embargo su religión abarca una pequeñísima parte de su vida.
Pero la verdadera religión es un sistema de vida. Es lo que debe determinar
nuestras prioridades, y
tiene que ver con nuestro trabajo, familia y diversiones.
Uno de los principios
fundamentales que encontramos en la Biblia es el de que nadie puede salir
adelante si deja a Dios en el último lugar. “Mas buscad primeramente el reino
de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (versículo 33).
Dios sabe que todos tenemos necesidades físicas. El fue quien nos creó. En
Mateo 6:34, Cristo les advirtió a sus discípulos: “Así que, no os afanéis por
el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán.
Basta a cada día su propio
mal”. Si estamos caminando con Dios no sentiremos ansiedad ni preocupación.
Estaremos desarrollando verdadera confianza y dependencia de Dios en todos los
aspectos de la vida. Este es el resultado de poner primero lo primero.
¿Por qué Cristo le dijo a sus oyentes que no debían
juzgar? (Mateo 7:1).
¿No estamos juzgando cada vez que tomamos una
decisión?
Desde que nos levantamos por
la mañana hasta que nos acostamos en la noche, tenemos que elegir entre varias
opciones.
La sociedad moderna se jacta
de no ser condenatoria. Las conductas que antes se consideraban desviadas o
pervertidas, ahora se consideran una alternativa normal. Incluso se presentan
como algo legítimo en muchas escuelas y colegios. Hay libros de texto de las
escuelas primarias que describen la homosexualidad como si fuera algo “normal”.
¿Era esto lo que Jesús tenía en mente cuando dijo que
no debíamos juzgar?
El verbo traducido como
juzgar proviene del griego “krino” que abarca una gran variedad de
significados. Significa juzgar en el sentido judicial, condenar o discernir.
Como lo explica “the Expositor’s Bible Commentary” Cristo no estaba prohibiendo
“…totalmente el juzgar; porque si lo analizamos bien, el Sermón del Monte
requiere que se hagan varios juicios fundamentales. Jesús mismo comparó cierto
tipo de personas con perros y cerdos (versículo 6) y advirtió acerca de los
falsos profetas (versículos 15-20)” (Vol. 8, pág. 183).
Lo que Jesús está diciendo
en Mateo 7 es que no debemos criticar ni condenar a las personas. No debemos
tener una actitud negativa, crítica, ni “debemos creernos más santos que los
otros”. El que pretenda juzgar las intenciones y los motivos del corazón, está
usurpando el lugar y la posición de Dios. Y según lo que Cristo dijo, aquel que
usurpe el lugar de Dios, tendrá que rendirle cuentas al mismo cuyo lugar está
usurpando.
Como Cristo explicó en los
versículos del 3 al 5, antes de que podamos quitar “la paja” del ojo del
vecino, es necesario que primero saquemos “la viga” de nuestro propio ojo.
¿Cómo podemos ayudar a los demás tratando de hacerle caer en cuenta de un pequeño error, si nuestra propia conducta es hipócrita?
Dios es real y responde
nuestras oraciones. Cristo les dijo a Sus discípulos que debían pedir, llamar y
tocar (versículo 7). Aún siendo humanos y egoístas, si nuestros hijos nos
pidieran comida porque tienen hambre, jamás les daríamos algo nocivo o dañino.
Cristo les hizo ver que nuestro Padre Celestial está mucho más dispuesto que
nosotros, a darles a sus hijos buenas dádivas cuando se las pidan.
“Así que, todas las cosas
que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con
ellos; porque esta es la ley y los profetas” (versículo 12). Estas palabras tan
conocidas, llamadas la Regla de Oro, son un resumen de lo que Jesucristo había
estado enseñando en el Sermón del Monte. El muestra claramente cuál era la
intención de las instrucciones del Antiguo Testamento. Es interesante anotar,
que los rabinos que vivían en la época de Jesús, enseñaban este principio pero
con un planteamiento negativo.
En el Talmud podemos leer
una cita del Rabino Hillel “(20 d.C.) que dice así: “No le hagáis a nadie lo
que no queráis que os hagan” (b. Sábado, 31 a).
Al plantearlo de la manera
positiva en que Jesús lo planteó, tanto los pecados de omisión como los de
comisión, quedaron incluidos.
Al concluir el Sermón del
Monte, Cristo presenta una serie de contrastes. Si en verdad somos discípulos
de Jesús de Nazareth, es necesario que aprendamos a escoger las opciones
correctas y a desechar las incorrectas. Desde los días de nuestros primeros
padres, Adán y Eva, Dios ha querido que la humanidad tenga que elegir entre
varias opciones y aprenda a escoger la correcta.
Jesús describe el camino que
conduce a la vida eterna como un sendero angosto que es transitado por muy
pocas personas; y lo compara en contraste, con el sendero que es ancho, por el
que va la mayoría de personas. Aquellos que sigan las pisadas del Mesías, se
darán cuenta que su senda es difícil, con muchas dificultades y peligros. El
apóstol Pablo lo explicó muy claramente en Hechos 14:22, el camino que conduce
al Reino tiene muchos escollos y tribulaciones. Este camino de justicia es el
que está iluminado por la lámpara de la Palabra de Dios (Salmo 119: 105).
Después, Jesucristo
estableció un contraste entre dos árboles. Uno producía frutos buenos, y el
otro frutos malos. El fruto era producto del árbol, y mostraba de qué clase de
árbol provenía. Cristo les dijo a los que le escuchaban, que habría falsos
profetas, pero que ellos podrían distinguirlos por la clase de frutos que estos
produjeran. Estos falsos profetas no iban a venir reconociendo que lo eran,
pero los resultados de su vida y de sus enseñanzas lo harían evidente.
Para honrar a Jesucristo
como nuestro “Señor”, no es suficiente conque lo hagamos de “labios para
afuera” (versículo 21). La palabra “Señor” significa propietario o maestro. Si
en verdad El es nuestro maestro y señor, debemos seguir sus instrucciones. A
aquellos que le preguntaron cuál era el camino a la vida eterna, Cristo les
contestó que debían guardar los mandamientos del Padre (Mateo 19:17). Los
mandamientos de Dios nos revelan cuál es su voluntad, y sólo podrán entrar al
Reino aquellos que se sometan de verdad y los practiquen (versículo 21).
Los que confiesan con sus
labios a Cristo, pero con sus frutos y sus acciones demuestran que no están
sometidos a la ley y son inicuos, se llevarán la sorpresa de no poder entrar al
Reino que Jesucristo les vino a anunciar.
El último de los contrastes
que Jesucristo utilizó en el Sermón del Monte tiene que ver con dos casas. Una
estaba construida sobre la roca sólida y la otra estaba construida sobre la
arena. Cuando vinieron las tormentas una casa permaneció en pie y la otra se
derrumbó. Nada puede ser más importante que la clase de cimiento que usemos
para construir. Jesucristo comparó a aquellos que oían sus palabras y las
ponían en práctica, con los que construían su casa en la roca.
No basta con oír la verdad,
tener un conocimiento intelectual acerca de ella, y aún aceptarla y
reconocerla. La verdad es algo que se tiene que practicar diariamente en
nuestra vida. El mensaje que Jesucristo predicó a sus seguidores es un mensaje
que implica una transformación total de sus vidas, prioridades y aún de los más
íntimos pensamientos, motivaciones y actitudes. Sus oyentes lo escuchaban
asombrados. No hablaba como los escribas; ¡enseñaba con autoridad!
Cerca de dos mil años más
tarde, las enseñanzas de Jesús todavía siguen vigentes. Sus palabras son
palabras de vida (Juan 6:63). En el Sermón del Monte, el Mesías resumió la
esencia de sus enseñanzas para aquellos que anhelaban entrar en el Reino que El
vino a proclamar.
Es absolutamente necesario
que cada uno de nosotros asimile estas palabras y las ponga en práctica en la
vida diaria.
Por: John Ogwyn www.mundomanana.org