¿Vivir eternamente? ¿Para qué?
Por Rod McNair
Si hay una vida del más allá ¿qué objeto tiene? ¡Usted puede saberlo!
¿Vivirá usted para siempre? Muchas personas piensan que así será. ¿Pero alguna vez se ha preguntado usted para qué? ¿Tiene la vida un gran propósito para ahora y para siempre? ¿Hay un motivo para vivir hasta le eternidad? Si lo hay, ¿entonces tiene la Biblia alguna clave sobre qué es la vida del más allá y qué objeto tiene?
El debate sobre la vida después de la muerte ha sido un tema candente desde hace milenios y es tan importante hoy como lo fue hace siglos. Un estudio realizado en 1991 reveló que 78 por ciento de los estadounidenses creían que la vida del más allá era un hecho o bien "definitivo" o bien "probable". En contraste, sólo el 39 por ciento en Rusia y el 14 por ciento en lo que era entonces Alemania Oriental creían en una vida del más allá. La encuesta encontró que los estadounidenses tenían “sobre 25 por ciento de probabilidad más que los ingleses y los neozelandeses de creer en el cielo y el doble de probabilidad de creer en el infierno".
Estas personas ¿qué piensan hacer en el más allá? ¿Alcanzar la “unidad” con el “alma mundial”? ¿Lograr la felicidad suprema? ¿Contemplar la gloria de Dios? Son muchas las opiniones contradictorias al respecto, pero nosotros podemos hacer de lado las especulaciones ¡y saber lo que dice la palabra de Dios sobre el tema!
¿Vida eterna en la carne?
El mundo científico lleva muchos años buscando maneras de prolongar la vida humana. Se han dado grandes pasos en el último siglo, gracias al mejoramiento de la nutrición y la atención médica, pero hay quienes buscan más. Su meta es lograr nada menos que la “vida eterna” en la carne. Aubrey de Grey, fundador de Estrategias para la Ingeniería de la Senescencia Insignificante, ha identificado “las siete causas del envejecimiento”, siete tipos de daño molecular o celular, cada uno de los cuales ‘se podría corregir mediante tecnología que ya existe o que se está desarrollando activamente”.
Otros científicos aceptan que la muerte es inevitable en el presente pero buscan detener la descomposición del cuerpo por medios criogénicos hasta que se logre perfeccionar la tecnología. Por una cuota de 28.000 a 35.000 dólares, el Cryonics Institute ofrece “congelar” a sus miembros al morir, previendo una mejor tecnología de la sanidad en el futuro. "Cuando la tecnología futura lo permita, si es que lo permite, nuestros pacientes afiliados esperan verse sanados, rejuvenecidos, revividos y despiertos, con una vida muy prolongada de buena salud y libre de enfermedades y del proceso de envejecimiento".
¿Es esta realmente la meta final: simplemente prolongar la vida física cientos de años? ¿Qué pasa con las personas aquejadas de dolor, congojas, pesadumbres y soledad? La Biblia revela que en los primeros 1.500 años de historia humana, la vida duraba siglos. Adán, el primer hombre creado, vivió 930 años, su hijo Set vivió 912 años, Enós vivió 905 años, Cainán 910 años, Mahalaleel 895 años, su hijo Jared 962 años, su nieto Matusalén 969 años (este último perecería en el Diluvio; ver Génesis 5:5–27).
Esas vidas largas, ¿acaso trajeron la utopía, con felicidad y tranquilidad para todos? ¿Hubo paz en todo el mundo? ¡No! "Y vio el Eterno que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal. Y se arrepintió el Eterno de haber hecho hombre en la tierra, y le dolió en su corazón" (Génesis 6:5–6). Una vida más larga no necesariamente es una vida de realizaciones ni de satisfacción.
Los humanos, claro está, tienen el deseo natural de evadir o escapar de la muerte. Pero pese a nuestros intentos por crear vida eterna en la carne, "está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio" (Hebreos 9:27). ¡La muerte realmente es enemiga de la humanidad! (1 Corintios 15:26). Pero al final, la muerte será destruida. El destino de los humanos no es vivir para siempre en la carne— pero los que se sometan voluntariamente a Dios y sus caminos sí pueden vivir para siempre, gracias a su Salvador, Jesucristo. Como dijo Jesús, Él es "el camino, la verdad y la vida" (Juan 14:6).
¿Unidad con el “alma mundial”?
¿Cuál es el propósito de la vida eterna? ¿Será unirse (o re-unirse) con una fuerza vital cósmica? Para muchos en las naciones occidentales, la idea de una resurrección "personal" está perdiendo fuerza ante las nociones de espiritualidad orientales. Los budistas creen en reencarnaciones continuas; lo que un autor llama "el complejo sendero por la vida, luego de una vida sin sentido, al nirvana, estado de la dichosa nada, un vacío cósmico", donde se es “uno con el alma mundial" (Todo lo que usted necesita saber sobre la religión, p. 10). Cada vez son más las personas que adoptan alguna versión de esta doctrina. Las encuestas señalan que la visión cristiana tradicional del cielo ha decaído mientras que la reemplazan otras visiones más borrosas de la continuación de la vida.
La idea de "llegar a ser uno con la esencia cósmica" al morir se ha conocido desde hace milenios. En la antigüedad, muchos creían que el alma de sus reyes, al morir, entraban en los astros como los planetas, la Luna y el Sol. "Plutarco afirma que los sacerdotes egipcios enseñaban expresamente ‘que Cronus, Osiris, Horus y el resto de sus deidades principales fueron simples hombres, pero tras la muerte sus almas pasaron a uno u otro de los astros para convertirse en espíritus animadores de sus nuevas mansiones celestiales" (El culto a los muertos, Garnier, p. 14).
La Biblia sí describe una unidad con Dios, que los santos alcanzarán en la resurrección. Jesucristo oró así por sus discípulos: "La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad" (Juan 17:22–23). Pero los que se conviertan en seres espirituales también tendrán un cuerpo espiritual y una personalidad propia. No serán sólo parte de una fuerza cósmica muda y ciega. El apóstol Pablo explicó lo que le ocurrirá al cuerpo de una persona que esté sepultada: "Se siembra cuerpo animal, resucitará cuerpo espiritual. Hay cuerpo animal, y hay cuerpo espiritual" (1 Corintios 15:44).
La vida eterna no es sólo pasar a un estado energético diferente. ¡Se trata de tener una relación real de obediencia a un Dios real y personal (Juan 17:3)!
¿Búsqueda eterna de la felicidad?
¿Qué estarán haciendo los santos por toda la eternidad? El objeto de la vida eterna ¿es alcanzar la felicidad? ¿Será esta la meta más elevada de los que se salvan? Muchos lo creen así. ¿Pero quién define la felicidad… y cómo se alcanza?
Muchos piensan que la felicidad eterna es equivalente al sensual placer terrenal: buena comida, vistas hermosas e incluso satisfacción sexual. Los antiguos irlandeses creían que los buenos, al morir, iban a una "tierra de eterna juventud, donde el sol nunca se había ocultado detrás de las nubes y donde todas las mujeres irlandesas eran hermosas " (Stebben, p. 16). El Qur’an presenta a los musulmanes pasando la vida eterna "en divanes forrados, reclinados allí cara a cara. Los atienden jóvenes inmortales con tazones y jarras y una taza de un manantial puro de donde no les da ningún dolor de cabeza ni locura alguna, y la fruta que prefieran y la carne y las aves que deseen. Y [hay] bellezas de ojos grandes y hermosos como perlas ocultas, premio por lo que ellos solían hacer " (Surah 56:15–24).
La felicidad sensual en el más allá, especialmente en lo que respecta a la sexualidad, es una idea que tiene amplia acogida.
Cristo sí dijo que el futuro para los santos resucitados será terrenal, no celestial, ¡y que estará repleto de emociones y de realizaciones! En la parábola de los talentos, se refirió al Reino como "el gozo de tu señor" (Mateo 25:21). En Mateo 5:5, enseñó: "Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad". ¡No el Cielo! Apocalipsis 21 describe una "Tierra nueva" con la "ciudad santa" que baja del Cielo para ser la morada de Dios para siempre. Después de su resurrección, Jesús se apareció ante sus discípulos en forma humana e incluso disfrutó una comida de pescado y miel con ellos (Lucas 24:42).
La creación física será algo hermoso y agradable donde los santos resucitados morarán con Dios. Mas los cristianos resucitados, aunque vivirán en a tierra, ¡no tendrán por meta final la satisfacción de los sentidos! Cristo explicó, por ejemplo que la sexualidad no será parte de la experiencia de los santos resucitados, que "en la resurrección ni se casarán ni se darán en casamiento, sino serán como los ángeles de Dios en el cielo" (Mateo 22:30; ver Gálatas 3:26–29).
La vida en el Reino de Dios, bajo las leyes de Dios y por medio de su Espíritu, ¡será una experiencia feliz! Pero la felicidad en sí no será la meta ni el propósito final de la vida eterna.
¿Contemplación eterna de la gloria?
Si la meta final de la vida eterna no es satisfacer los placeres sensuales, ¿será acaso alcanzar la dicha espiritual contemplando el rostro de Dios o flotando de nube en nube para siempre? En 1336, el papa Benedicto XII describió la idea católica del más allá: "Y cuando tal visión y gozo intuitivo y cara a cara ha empezado o habrá empezado para estas almas, la misma visión y gozo ha continuado y continuará sin interrupción alguna y sin fin hasta el Juicio final y de entonces para siempre" ("Benedictus Deus: De la visión beatífica de Dios", La fe cristiana en los documentos doctrinarios de la Iglesia Católica).
Mirar el rostro de Dios será una experiencia ciertamente impresionante y maravillosa, como lo explicó el apóstol Juan: "Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es" (1 Juan 3:2). Ver a Dios Padre en su trono, y a Jesucristo cuyo rostro resplandece como el sol ¡será sensacional! ¿Mas acaso los santos se limitarán a una contemplación sin fin, por toda la eternidad?
El comentarista Anthony Hoekema observó: "La vida en el cielo suena perfectamente aburrida, si hemos de creer ciertas descripciones… Esta vida futura frecuentemente se ve como una existencia externa, sin cuerpo. Además, se ve como algo de ‘arriba’ allá en el espacio, muy distante de esta tierra: de hecho, un escape… ¿Entonces hemos de pasar la eternidad en el espacio, espíritus incorpóreos que vuelan de nube en nube, tocando arpas de oro en un día libre interminable?" (El cielo: algo más que un día libre eterno, Christianity Today, 20 de septiembre de 1985).
Ciertamente, la resurrección de los santos tiene un propósito mayor que el de simplemente mirar a Dios o arrellanarse en una nube. ¿Cuál es ese propósito?
¡Creados para cumplir una obra!
Para entender nuestro destino espiritual, debemos recordar el mandato que Dios pronunció cuando colocó a los primeros humanos en la Tierra. Dios entregó a Adán y Eva el "poder sobre los peces, las aves, los animales domésticos y los salvajes, y sobre los que se arrastran por el suelo" (Génesis 1:26, Biblia Dios Habla Hoy). La familia humana tenía la responsabilidad de regir, o gobernar, lo que Dios creó. A su vez, Adán debía labrar y cuidar la tierra. Él y sus descendientes debían colaborar en la obra creadora de Dios ¡mejorando y embelleciendo la Tierra!
Adán no pasó la prueba de obediencia, y Satanás pudo enredar y atrapar a toda la humanidad (Apocalipsis 12:9). Pero gracias a la obra del Mesías, a su vida, sacrificio, resurrección y segunda venida, el diablo por fin caerá. (Apocalipsis 20:2, 10). Cuando Cristo regrese, la Tierra volverá a un estado edénico milenario (Isaías 51:3).
¿De quién se valdrá Dios para restaurar el mundo? ¡De los santos resucitados! Las Sagradas Escrituras describen su papel claramente: "Y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra" (Apocalipsis 5:10). Dios también da estas instrucciones a sus santos: "Pero lo que tenéis, retenedlo hasta que yo venga. Al que venciere y guardare mis obras hasta el fin, yo le daré autoridad sobre las naciones" (Apocalipsis 2:25–26).
En la parábola de las minas, Cristo explicó el papel de liderazgo que dará a los santos resucitados como premio por su servicio fiel: "Vino el primero, diciendo: Señor, tu mina ha ganado diez minas. Él le dijo: Está bien, buen siervo; por cuanto en lo poco has sido fiel, tendrás autoridad sobre diez ciudades" (Lucas 19:16–17). El papel de los santos será gobernar sobre la Tierra junto con Cristo (Apocalipsis 3:12, 21).
El comentarista Hoekema explica: "…El Antiguo Testamento revela que el destino último del hombre es terrenal… Conforme a la parábola de los talentos, el premio del amo para los siervos fieles es este: ‘Sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré (Mateo 25:21, 23). Estar ‘sobre’ muchas cosas sugiere un programa activo de labores administrativas… En estas… parábolas, el premio prometido no es la ociosidad sino el servicio".
¿Y qué pasará después de la resurrección general, después del Milenio, que es el reinado de Jesucristo en la Tierra, durante mil años (Apocalipsis 20:4, 12)? ¿Qué van a hacer los santos después que los seres humanos obedientes y conversos sean glorificados, y cuando los incorregibles se hayan reducido a cenizas en un lago de fuego (Malaquías 4:3)?
La Tierra… ¡y más allá!
Dios inspiró al apóstol Pablo a escribir sobre nuestro destino final: "Porque no sujetó a los ángeles el mundo venidero, acerca del cual estamos hablando; pero alguien testificó en cierto lugar, diciendo: ¿Qué es el hombre, para que te acuerdes de él, o el hijo del hombre, para que le visites? Le hiciste un poco menor que los ángeles, le coronaste de gloria y de honra, y le pusiste sobre las obras de tus manos" (Hebreos 2:5–7). Los santos resucitados no solamente ayudarán a Dios a gobernar la Tierra sino que también “juzgarán", o sea gobernarán o administrarán, ¡a los ángeles (1 Corintios 6:2–3)!
¡Hay más! El apóstol Pablo prosiguió: "Todo lo sujetaste bajo sus pies" (Hebreos 2:8). ¿Qué quería decir con “todo”? El término griego que se emplea aquí, ta panta, lo abarca todo, significa literalmente “todas las cosas”. Algunas versiones lo traducen como “el universo”. Todas las cosas serán sujetas al dominio de los santos resucitados, quienes obrarán por medio del Reino de Dios.
En otras palabras, aunque todas las cosas—todo el universo—no están bajo el dominio del hombre actualmente, ¡sí llegarán a estarlo (Hebreos 2:8)! ¿Somos capaces de entenderlo? Así como Dios le entregó al ser humano el dominio sobre la Tierra en un principio, su objetivo final es que nosotros gobernemos ¡sobre todo el universo! Así como dispuso que labráramos la tierra y la hiciéramos más hermosa, Dios también nos ha llamado a ayudarle a refaccionar y “sembrar” los áridos planetas que pueblan el vasto universo (Isaías 51:16).
¿Por qué ha creado Dios a los seres humanos para que le ayuden a regir la tierra y el universo?
Una actividad de familia
Cuando Dios creó al hombre y la mujer, los hizo “a su imagen” (Génesis 1:27). Hizo a los animales según su especie animal, ¡pero hizo a los humanos a semejanza de Dios! Todos los miembros de la familia humana, creados por Dios, son, en este sentido, hijos suyos. Pero cuando el propio Espíritu de Dios mora en nosotros, y cuando nazcamos de nuevo, los humanos nos podemos convertir en parte de la familia espiritual de Dios. Como le dijo Jesús a Nicodemo, "el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios" (Juan 3:3).
¿Cuándo ocurre este “segundo nacimiento”? ¡En la resurrección! Jesucristo se convirtió en el “primogénito” de entre los muertos cuando resucitó (Colosenses 1:18; Apocalipsis 1:5; Romanos 8:29). Si Cristo es el “primero”, ¡eso indica que habrá otros! Pablo explicó que Cristo “fue declarado Hijo de Dios con poder… por la resurrección de entre los muertos" (Romanos 1:4).
Dios quiere compartir su "actividad de familia"—el gobierno de todo el universo—con sus hijos. El destino de los humanos es nacer en la familia de Dios como "herederos de Dios y coherederos con Cristo" (Romanos 8:17).
La vida eterna—el don más grande que Dios podía conceder a sus hijos; ¡cumplirá un grandioso y extraordinario propósito! La vida eterna no es cuestión de prolongar la existencia humana indefinidamente. No es para unirse al “alma mundial”. No es para buscar placeres físicos, ni siquiera para alcanzar la “dicha celestial”. Como miembros de la familia divina, los santos resucitados, obedientes y fieles, tendrán parte en la obra y misión de la familia: gobernar y embellecer todo el universo, ¡en paz y justicia para siempre!
Gracias a Dios por nuestro maravilloso destino. ¡Que venga pronto el día en que su plan para cada uno de nosotros llegue a su feliz culminación!
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