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¿Por qué guardar los
diez mandamientos?
Millones
de personas que se consideran parte del cristianismo dicen creer los preceptos
básicos plasmados en los diez mandamientos, ¡pero no los guardan! Muchos
pastores y teólogos aseguran que los mandamientos fueron abolidos, mientras en
algunos países se debate acaloradamente sobre si es apropiado o no colocar el
decálogo en las escuelas y demás lugares públicos.
La
principal voz de oposición a los mandamientos viene de pensadores seglares que
denuncian la influencia de la Biblia en la vida pública. Y mientras grupos
religiosos conservadores y de evangélicos protestantes abogan porque se fijen
los diez mandamientos en lugares públicos, muchos de sus propios teólogos
enseñan en los seminarios que el cristiano no tiene por qué obedecer al pie de
la letra los mandamientos.
Casi
todos esos teólogos reconocerían que un cristiano no debe cometer asesinato,
hurto, adulterio ni debe mentir. Pero, si insistimos, los veremos con
frecuencia citar “excepciones” que, a su modo de ver, eximen al cristiano de
cumplir esas leyes de Dios. Tomemos como ejemplo el segundo mandamiento, que
prohíbe tener u honrar imágenes. Cientos de miles de personas que se dicen
cristianas reconocen a Jesucristo como Dios en la carne pero se aferran a
cuadros y efigies. Y millones llegan al extremo de inclinarse ante esas
imágenes frente a las cuales se quema incienso y se encienden velas.
Ahora
veamos el cuarto mandamiento. Entre los llamados cristianos, muy pocos se
esfuerzan seriamente por santificar algún día de la semana—cualquiera que
sea—absteniéndose de trabajar y dedicando el día entero a adorar a su Creador.
Menos aún son los que guardan el verdadero día de reposo bíblico, que es el
sábado o séptimo día de la semana, tal como se explica en Éxodo 20 y en
Deuteronomio 5. Y sin embargo, la verdad es que Jesucristo jamás cambió el día
de reposo.
Según
ciertos maestros religiosos, los cristianos que tratan de guardar los diez
mandamientos pretenden “ganar” o “merecer” la salvación. Plantean una ética
relativista según la cual el cristiano debe dejar que su corazón lo impulse a
hacer “lo que sea correcto” según las circunstancias del momento. ¿Dice acaso
la Biblia semejante cosa? ¿Acaso Jesucristo reemplazó los diez mandamientos con
esta u otra norma de conducta?
Una
pregunta aún más importante es: ¿Enseña la Biblia que el cristiano debe
obedecer los diez mandamientos? ¿Es la obediencia al decálogo necesaria para el
cristiano? ¿Cuáles son las consecuencias de no llevar una vida de obediencia a
los mandamientos? ¿Podemos recibir la salvación si no nos sometemos a Dios,
pidiéndole que viva en nosotros para que podamos obedecer? Estas son preguntas
fundamentales ¡y usted debe buscar la respuesta en las páginas de la Biblia!
En
esta lección miraremos atentamente las enseñanzas dadas por Jesucristo, el
apóstol Pablo y otros; para ver qué revelan acerca del papel de la ley divina
en la vida del cristiano. Analizaremos pasajes que algunos desvirtúan para
enseñar, equivocadamente, que hoy no es obligatoria la obediencia literal. ¿Son
los diez mandamientos una serie de simples sugerencias, o bien representan
normas dictadas por un Dios santo, lleno de amor y justicia, para todas las
personas y en todos los tiempos? ¡Entendamos lo que la Biblia realmente dice!
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DÉCIMA
LECCIÓN
PRIMERA
PARTE
¿Qué enseñó Jesucristo
acerca de la ley y la gracia?
¿Es
necesario obedecer los mandamientos para recibir la salvación? ¿Son
obligatorios algunos mandamientos pero otros no? ¡Es preciso entender este tema
fundamental, para saber cómo vamos a heredar la vida eterna!
1. ¿Alguna
vez le preguntaron a Jesucristo cuáles condiciones eran necesarias para la
salvación? Mateo 19:16. ¿Cuál fue su respuesta? Mateo 19:17.
2. ¿De
cuáles mandamientos hablaba Cristo? Mateo 19:18-19. ¿Estaba mostrando que los
mandamientos que definen las relaciones personales nos dicen cómo amar al
prójimo como a nosotros mismos?
3. ¿Qué
es más importante que amar al prójimo como a sí mismo? Mateo 22:36-39.
4. ¿Señaló
Cristo estos dos grandes principios: el amor a Dios y el amor al prójimo, como
resumen de la ley divina completa? Mateo 22:40. (Nota: Cristo nos está diciendo
que entendamos que los mandamientos se organizan en dos categorías. Los
primeros cuatro nos muestran cómo amar a Dios y los seis últimos muestran cómo
amarnos los unos a los otros.)
5. ¿A
qué vino Cristo: a destruir la ley, o a cumplirla? Mateo 5:17. (Nota: La
palabra traducida como “abrogar” es kataluö, que significa “demoler”. Esta palabra
también se traduce como “derribar” en Marcos 13:2 y como “deshacerse” en 2
Corintios 5:1. La palabra plëroö, que significa “llenar”, se traduce como
“cumplir” en Mateo 5:17, como “llenarse” en Lucas 2:40, como “cumplido” en Juan
15:11 y como “llenó” en Hechos 2:2.
6. ¿Aclaró
Cristo lo que significa “cumplir” la ley? Mateo 5:21-22, 27-28. (Nota:
Jesucristo estaba exponiendo el principio y la intención de la ley, que la
hacía aún más obligatoria y más amplia que antes. Amplió el sentido de “guardar
la ley” llevándolo más allá de lo físico para abarcar el mundo de nuestros
pensamientos).
7. ¿Qué
dijo Cristo de quienes reemplazaban los mandamientos de Dios con costumbres y
tradiciones humanas? Marcos 7:7-13. ¿Estaba refiriéndose a los diez
mandamientos? v. 10.
8. ¿Tenía
Jesús la costumbre de guardar el sábado y asistir a los servicios religiosos en
ese día? Lucas 4:16.
9. ¿Les
enseñó Jesucristo a sus discípulos que era necesario obedecer? Juan 8:31;
14:15, 21, 23-24.
10. ¿Esperaba
Cristo que sus discípulos siguieran enseñando la obediencia a esos mandamientos
por todos los tiempos? Mateo 5:19; 1 Juan 5:3; 2 Juan 1:6.
La ley del amor
Hay quienes sostienen
que Cristo reemplazó los diez mandamientos con un solo mandamiento nuevo.
Efectivamente, en la ocasión de su última Pascua, Cristo les dijo a sus
discípulos que les daba un mandamiento nuevo. En su primera epístola, el
apóstol Juan también se refiere a un mandamiento nuevo. ¿Se trata de un
reemplazo, algo que sustituye los mandamientos pronunciados por Dios con voz
tronante en el monte Sinaí?
La
descripción más básica del carácter y la naturaleza de Dios es “amor”. “Dios es
amor”, escribe el apóstol Juan en 1 Juan 4:8. Cuando le preguntaron a Cristo
cuál de los mandamientos de la ley es el más importante, respondió que amar a
Dios con todo el corazón y con toda la mente es el primero… y el más
importante. El segundo lo complementa al enseñar que debemos amar a nuestro
prójimo como a nosotros mismos. Jesús dijo que de estos dos enunciados, citados
de Deuteronomio 6:5 y Levítico 19:18, dependen todos los demás mandamientos.
Efectivamente, los primeros cuatro mandamientos puntualizan cómo amar a Dios y
los seis últimos dicen cómo amar al prójimo.
El
“mandamiento nuevo” de Cristo es que nos amemos los unos a los otros tal como
Él nos amó: con un amor dispuesto a ir hasta el sacrificio de sí mismo. Mas
ello no elimina los diez mandamientos sino que, al contrario, amplía su
significado y muestra que la norma para los cristianos es aún más elevada y más
exigente que para la antigua Israel.
Como
cristianos, nosotros hemos de guardar los mandamientos de Dios no solamente en
la letra sino en el espíritu, o sea, guardarlos en la plenitud de su
significado e intención. Jesús dijo que Él no vino para acabar con la ley sino
para cumplirla (Mateo 5:17), lo cual significaba llenarla hasta rebosar de
significado. En su sermón del monte aclaró lo que esto encerraba, explicando
que para cumplir en verdad el séptimo mandamiento no basta evitar el acto
físico del adulterio sino que Dios exige que ni siquiera se codicie a una mujer
(vv. 27-28). Abstenerse de matar tampoco basta porque Dios prohíbe incluso que
alberguemos sentimientos de odio o desprecio (vs. 21-22). Lejos de poner fin a
la ley, el espíritu de la ley la hace más profunda y más comprometedora.
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¿Cuáles diez mandamientos?
Curiosamente, hay quienes hablan de diferentes “versiones” de los diez
mandamientos, como si hubiese una versión para los católicos, otra diferente
para los protestantes y otra para los judíos. En realidad, todos los cristianos
y los judíos están de acuerdo en que los mandamientos figuran completos en dos
pasajes de la Biblia: Éxodo 20:3-17 y Deuteronomio 5:7-21. Aunque la redacción
precisa varía ligeramente en estos dos pasajes, no hay diferencia alguna en lo
que se refiere al contenido ni al orden de los mandamientos.
Ahora bien, algunos grupos sí discrepan en su forma de condensar los
mandamientos en lo que se llama su “forma abreviada”. La Iglesia Católica, así
como la Luterana, separan los mandamientos de un modo mientras que la mayoría
de los protestantes los separan de otro. La Iglesia Católica combina los dos
primeros mandamientos en uno solo que prohíbe adorar dioses falsos. Para que el
total dé diez, separaron el décimo mandamiento en dos: uno que prohíbe codiciar
a la esposa del prójimo y otro que prohíbe codiciar los bienes del prójimo.
La artificialidad de tal división es evidente, como vemos al comparar la
redacción de Deuteronomio 5:21 y de Éxodo 20:17. El orden de las cosas que no
deben codiciarse varía en los dos pasajes. Una mirada atenta revela la
imposibilidad de separar el contenido de estos versículos en dos mandamientos
diferentes. Todo lo anterior demuestra que las controversias acerca de “cuáles”
son los diez mandamientos es artificial y acomodaticia.
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DÉCIMA LECCIÓN
SEGUNDA PARTE
¿Enseñaron
los apóstoles Santiago, Pedro y Juan que era necesario obedecer?
Si
Cristo hubiese tenido la intención de instituir requisitos nuevos después de su
crucifixión, es apenas de esperar que informara de ello a sus más allegados.
¿Acaso los apóstoles alteraron las enseñanzas relacionadas con la obediencia a
la ley, después de la crucifixión y resurrección de Jesucristo? ¿Siguieron Pedro
y Juan enseñando que es importante para el cristiano obedecer la ley de Dios?
¿Puede decirse lo mismo de Santiago y Judas, hermanos de Jesucristo? Veamos qué
estaban enseñando estos apóstoles años y aun decenios después de la
resurrección y ascensión de Cristo.
1. ¿Le
dijo Santiago al apóstol Pablo que la Iglesia en Jerusalén tenía celo por la
ley? Hechos 21:18-20.
2. El
principio de amar al prójimo como a sí mismo ¿es un resumen de la “ley real” de
Dios? Santiago 2:8.
3. ¿Comprende
ciertos puntos esa ley real? Santiago 2:10. “No matarás” y “no cometerás
adulterio”, ¿son dos de esos puntos? Santiago 2:11.
4. Santiago
aparentemente no consideraba que la ley de Dios fuese un yugo de esclavitud. ¿Dijo
que a los cristianos se les juzgaría según la ley? Santiago 2:12. (NOTA: La
palabra “juzgados” en griego es krinö, que significa dictar una opinión acerca
del bien y del mal).
5. ¿Explica
el apóstol Pedro que el propósito de Dios para los cristianos es que sean
santos como Él es santo? 1 Pedro 1:15-16. Al decir esto, ¿estaba citando el
Antiguo Testamento? Levítico 19:1-2.
6. ¿Advirtió
Pedro contra falsos profetas que iban a seducir al pueblo de Dios para que
dejara de obedecer y regresara al mundo? 2 Pedro 2:1-2, 18-21.
7. ¿Resaltó
el apóstol Juan para sus lectores la importancia de guardar los mandamientos? 1
Juan 2:3-5.
8. ¿Cuál
es la definición de “pecado” según la Biblia? 1 Juan 3:4.
9. ¿Enseñó
Juan que para ser justos es necesario que practiquemos la justicia o rectitud?
1 Juan 3:7.
10. ¿Es
compatible con el amor la obediencia a los mandamientos? 1 Juan 5:3; 2 Juan
1:6.
11. ¿Tenemos
una advertencia de Judas, hermano de Santiago, en el sentido de que ciertos
falsos ministros enseñarían que la gracia de Dios equivale a permiso para
incumplir la ley? Judas 4.
12. En
el último libro escrito por Juan, ¿enseñó el apóstol que solamente los que
cumplen los mandamientos estarán en el Reino? Apocalipsis 22:14, versión
ReinaValera 1909. (NOTA: La versión Reina Valera de 1960, así como otras
versiones más recientes, omiten en este versículo la referencia a los
mandamientos, pero la versión de 1909 dice así: “Bienaventurados los que
guardan sus mandamientos, para que su potencia sea en el árbol de la vida, y
que entren por las puertas en la ciudad”).
¿Qué
es la gracia?
El concepto
de la gracia de Dios es uno que el cristianismo tradicional difícilmente logra
entender. Traducida del griego caris, la palabra gracia indica algo de vital
importancia: “Por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros,
pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe” (Efesios 2:8-9).
La gracia es
algo que se da o se concede gratuitamente. En el griego clásico se refiere al
favor concedido por un gobernante. Cuando el Nuevo Testamento habla de la
gracia en contraste con las obras, enseña que el perdón de Dios no es algo que
nosotros podamos ganar o merecer sino algo que Él da gratuitamente. La Biblia
muestra que todos hemos pecado (Romanos 3:23) y por consiguiente, estamos en
contraposición con Dios (Romanos 8:7). Siendo así, ¿cómo podemos alcanzar el
favor divino? Si obedecemos de ahora en adelante, ¿nos hará esto inocentes de
nuestros pecados del pasado? ¡Claro que no!
Al ofrecer a
su Hijo Jesucristo para que pagara en nuestro lugar la pena de muerte por
nuestros pecados, Dios tomó la iniciativa de hacernos entrar en armonía con Él.
Ahora bien, una vez que Dios nos concede su gracia inmerecida, nos corresponde
a nosotros responderle. Dios exige una respuesta de fe, lo cual implica creer y
confiar en Él. Pero hay algo más, como bien lo señala el apóstol Santiago: la
fe activa y viviente se manifiesta por las obras (Santiago 2:20-24).
El apóstol
Pablo dejó en claro para sus lectores que la gracia no significa que los
cristianos queden libres para seguir practicando el pecado (Romanos 6:1-2). Por
el contrario, los que han aceptado la gracia de Dios, o sea el perdón que Él
otorga gratuitamente, han dejado de pecar y buscan llevar una vida basada en la
fe. Nuestra obediencia, o la falta de ella, demostrará en qué medida creemos y
confiamos en Dios.
Jamás
podremos ganar ni merecer el perdón de Dios por nuestros pecados. Por mucho que
cumplamos la ley en el futuro, ello no va a compensar las infracciones
cometidas en el pasado. Sin embargo, no debemos jamás interpretar el concepto
de gracia como licencia para pecar. El apóstol Judas advirtió contra quienes
pervierten el significado de la gracia equiparándola con permiso para infringir
la ley de Dios (Judas 4). El verdadero propósito de la gracia divina se expone
claramente en 2 Corintios 5:21: “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para
que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en Él”. En el
siguiente versículo, Pablo añade a esta explicación la siguiente exhortación: “Así, pues, nosotros, como
colaboradores suyos, os exhortamos también a que no recibáis en vano la gracia
de Dios” (2 Corintios 6:1). En palabras sencillas, el perdón
tiene que marcar el comienzo de una vida nueva, una vida de entrega y
obediencia a Dios. De lo contrario ¡habremos aceptado la gracia de Dios en
vano!
¿Cuáles son las obras de la ley?
Hay quienes
dicen que si queremos vivir por los diez mandamientos estaremos haciendo las
“obras de la ley” y que, por lo tanto, estaremos bajo maldición (ver Gálatas
3:10). ¿Cuáles son las obras de la ley y por qué las relacionó Pablo con el
hecho de estar bajo la maldición de la ley?
La clave
para entender está en Gálatas 2:16, donde Pablo aclara que de lo que está
hablando es de la justificación, o sea del proceso para convertirse en una
persona justa y recta a los ojos de Dios. Si usted y yo pudiéramos entrar en
armonía con Dios por nuestras propias acciones, sean estas las que fueran,
entonces el sacrificio de Cristo sería innecesario (Gálatas 2:21). La idea de
que el hombre puede hacerse justo por sus propios medios es contraria al tema
central del mensaje evangélico.
Últimamente
se ha arrojado más luz sobre la expresión “obras de la ley” empleada por Pablo
en Romanos y en Gálatas, gracias a traducciones recientes de los pergaminos del
mar Muerto. Allí se demuestra que “obras de la ley” era una expresión empleada
por la comunidad judía del primer siglo para referirse a los esfuerzos humanos
realizados con el fin de quedar bien delante de Dios. A menudo, esto incluía
aquellos rituales de purificación a que tanto se apegaban los fariseos.
Al final de
cuentas, el tema de las obras de la ley tiene que ver con lograr acceso a Dios
y mantenerse en un estado aceptable delante de Él. Usted y yo jamás podremos
lavar nuestros pecados mediante ritos ni ceremonias ni podremos quedar bien
delante de Dios mediante nuestros propios esfuerzos. No obstante, si realmente
estamos convertidos, entonces Jesucristo vivirá su vida en nosotros (Gálatas
2:20) y esta será una vida de obediencia como la que Él tuvo en la Tierra hace
unos 2.000 años (Hebreos 13:8). Aquella fue una vida entregada enteramente a la
voluntad del Padre (Juan 5:30) e incluía, sin duda, el guardar los diez
mandamientos no solamente en la letra sino en la plenitud de su espíritu e
intención.
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DÉCIMA
LECCIÓN
TERCERA
PARTE
Lo que Pablo enseñó acerca de la ley
Muchos
creen que la epístola a los Romanos pone fin a la necesidad de obedecer a Dios
y de guardar sus mandamientos. ¿Acaso enseñó Pablo que el cristiano ya no tiene
que guardar la ley divina? Pablo jamás enseñó que la ley de Dios estuviese
“clavada en la cruz”. A todos nos conviene examinar lo que el apóstol estaba
enseñando sobre la ley y la gracia en la epístola a los Romanos.
1. ¿Cuál
era la creencia fundamental de Pablo respecto de la ley de Dios? Romanos 7:12,
14, 22.
2. ¿Nos
da la ley una definición de lo que es pecado? Romanos 7:7. ¿De cuál ley está
hablando Pablo? ¿Cuál ley trae la norma: “No codiciarás”? Éxodo 20:17;
Deuteronomio 5:21.
3. ¿Enseña
Pablo que nosotros somos “libres de la ley?” Romanos 7:6. ¿Enseñó también que “Cristo nos redimió de la maldición
de la ley”? Gálatas 3:13.
4. ¿Qué
era la “maldición de la ley”? Gálatas 3:13 (última parte). Deuteronomio
21:22-23. ¿Fue una maldición pronunciada por desobediencia a la ley?
Deuteronomio 27:26.
5. ¿Hemos
pecado todos, quebrantando así la ley (ver 1 Juan 3:4), y por lo tanto hemos
incurrido en la “maldición de la ley”? ¿Cuál es la consecuencia para nosotros
de caer bajo esta maldición? Romanos 6:23.
6. El
hecho de cumplir la ley en el futuro, ¿servirá para justificarnos, o sea, para
hacernos inocentes ante Dios de nuestros pecados del pasado? Romanos 3:20. ¿Es
la ley el medio que Dios nos ha dado para distinguir entre el bien y el mal?
Notemos la última parte del versículo 20.
7. Siendo
así, ¿cómo podemos convertirnos a un estado de inocencia (justificación)
delante de Dios? Romanos 3:24-25. ¿Anula esto la ley de algún modo? Romanos
3.31.
8. ¿Nos
permite la gracia de Dios seguir pecando y desobedeciendo los diez mandamientos
de Dios? Romanos 6:1-2.
9. ¿Enseñó
Pablo que estamos “bajo la gracia” y no “bajo la ley”? Romanos 6:14. ¿Significa
esto que estamos en libertad para pecar e infringir la ley de Dios? Romanos
6:15-18. (Nota: Estar “bajo la gracia” significa estar bajo el perdón que Dios
concede gratuitamente como manera de justificarnos, o sea, de hacernos
inocentes de nuestros pecados del pasado).
10. ¿Tiene
la gracia divina el propósito de libertarnos del dominio del pecado y
facultarnos para servir a Dios y dar buenos frutos en la vida? Romanos 6:19-22.
11. ¿Enseña
Pablo que lo que Cristo anuló, clavándola en la cruz, fue “el acta de los decretos”?
Colosenses 2:14. ¿Se trataba de algo que había contra nosotros?
12.
¿Hay otros pasajes bíblicos que hablen de anular
o borrar nuestros pecados? Hechos 3:19; Salmos 51:1, 9. (Nota: Es claro que lo
que Cristo anuló fue el decreto o deuda que había en nuestra contra por haber
transgredido la ley). ¿Se indica en Colosenses 2:13 que perdonar los pecados
equivale a anular el “acta de los decretos”? (v. 14).
Colosenses 2:14
¿Enseñó acaso el apóstol Pablo, como lo piensan algunos, que los diez
mandamientos quedaron “clavados en la cruz”? ¿Qué quiso decir cuando escribió
que Dios anuló “el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos
era contraria”, y la quitó de en medio al clavarla en la cruz?
Primero, ¿acaso Pablo creía que los mandamientos iban en contra de nosotros?
¡Claro que no! Al contrario, él aseguró que la ley es espiritual y que los
mandamientos son santos y justos (Romanos 7:12, 14). La clave está en
comprender el significado de la expresión “acta de los decretos”, traducida del
griego cheirographon tois dogmasin.
El término griego cheirographon significa “propiamente un autógrafo, [y] más tarde fue un término griego técnico que
significaba un reconocimiento escrito de una deuda…” (International Critical Commentary on the Epistles to the Efesians and
Colossians, p. 254). La frase
completa viene de una expresión griega que se refiere a una nota de deuda
escrita a mano y basada en leyes o enseñanzas (la palabra española dogma se
deriva del griego dogmasin). ¿Tenemos nosotros una deuda que necesitamos anular?
¡Sí! Cristo compara nuestra necesidad de perdón con la de una persona que
necesita que le anulen una deuda. Recordemos que Él nos enseñó a orar: “Perdónanos
nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores” (Mateo 6:12).
La crucifixión de Cristo fue un sacrificio en pago por todos nuestros
pecados. ¡Nuestra deuda puede quedar cancelada y anulada! Lo que está en contra
de nosotros no es la ley de Dios, sino el sumario de nuestros pecados: nuestra
deuda espiritual.
La doctrina del anticristo
Acercándose al fin de una larga vida, el anciano apóstol Juan advirtió a
sus lectores contra la doctrina del anticristo. En 1 Juan 2:19 definió a
quienes promulgaban esta doctrina como individuos que “salieron de nosotros”
porque no eran realmente “de nosotros”. ¿Qué estarían enseñando tales personas
para merecer una descripción tan contundente?
Hacia finales del primer siglo, había muchas herejías entre la comunidad
cristiana. La prevalencia de estas ideas, muchas de ellas promulgadas por Simón
el Mago y sus seguidores gnósticos, ya había motivado al apóstol Judas a
exhortar a los cristianos en el sentido de contender “ardientemente por la fe
que ha sido una vez dada a los santos” (Judas 3).
En 1 Juan 2:22 el apóstol tilda de “anticristo” la negación del papel de
Jesucristo como Dios en la carne. En 2 Juan 7 dice además: “Muchos
engañadores han salido por el mundo, que no confiesan que Jesucristo ha venido
en carne. Quien esto hace es el engañador y el anticristo”. Notemos los comentarios hechos en el Expositor’s Bible
Commentary: “Curiosamente, el tiempo verbal… es el participio presente ‘como venido (ercomenon) en la carne’… Lo que el
tiempo presente resaltaría normalmente es el carácter de un fenómeno que no es
temporal” (vol. 12, pág. 364). Vemos, pues, que Jesucristo no solamente vino en
la carne (tiempo pretérito) como nuestro Salvador, sino que en el presente
viene a habitar nuestra carne para vivir su vida nuevamente dentro de nosotros.
Pablo dijo en Gálatas 2:20: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo
yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe
del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí”. Cristo viene a morar dentro de los creyentes
mediante el Espíritu Santo en nosotros. La vida que Él vivirá en nosotros es
como la que vivió al caminar sobre la Tierra como ser humano: una vida de
sumisión y obediencia completa al Padre.
Una de las principales doctrinas del anticristo es que el cristiano no
tiene que llevar una vida de obediencia a Dios y a sus mandamientos.
Argumentando que Cristo obedeció en nuestro lugar, se niega que Él viene en el
presente a morar en los creyentes y facultarlos para llevar una vida de
obediencia como la que Él llevó. Pero recordemos las palabras de Juan: “Hijitos,
nadie os engañe; el que hace justicia es justo, como Él es justo” (1 Juan
3:7).
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DÉCIMA LECCIÓN
CUARTA
PARTE
Los diez mandamientos
en el Nuevo Testamento
Es de vital importancia que comprendamos la verdad
acerca de la ley de Dios. ¿Figuran los
diez mandamientos únicamente en el Antiguo Testamento? ¿Aparecen también en
alguna parte del Nuevo? ¿Se menciona cada uno de ellos en el Nuevo Testamento
como algo obligatorio para el cristiano? Examinemos más a fondo las enseñanzas
claras sobre la ley y la gracia en el Nuevo Testamento.
1.
¿Enseñó el apóstol Pablo
obediencia al primer mandamiento? Efesios 4:5-6; 1 Timoteo 1:17.
2.
¿Se hace mención de la
idolatría, el segundo mandamiento, en el Nuevo Testamento? 2 Corintios 6:16-17.
3.
¿Enseñó Pablo que es pecado
tomar el nombre de Dios en vano (blasfemia)? 1 Timoteo 1:18-20.
4.
¿Sigue vigente para el pueblo
de Dios el cuarto mandamiento? Hebreos 4:9. (Nota: La palabra griega traducida
como “reposo” en este versículo es sabbatismos, que significa guardar el
sábado).
5.
Según algunas personas, el
apóstol Pablo enseñó que la ley divina perdió su vigencia. ¿Guardaba Pablo el
sábado? Hechos 17:2.
6.
¿Predicaba Pablo no solamente
a los judíos sino también a los gentiles en el día sábado y les enseñaba a
guardarlo también? Hechos 13:42-44. ¿Lo acusaron de enseñar costumbres
“judías”? Hechos 16:20-21.
7.
¿Qué enseñó Pablo acerca del
quinto mandamiento? Efesios 6:1-3.
8.
¿Guardó Jesucristo este
mandamiento en su niñez? Lucas 2:51. De adulto, ¿siguió honrando a sus padres
terrenales, aun en el momento de morir, disponiendo el cuidado de su madre
cuando Él ya no estuviera? Juan 19:25-27.
9.
¿Qué dice el Nuevo Testamento
sobre los últimos cinco mandamientos: no matar, no cometer adulterio, no
hurtar, no mentir, no codiciar? ¿Dejó el apóstol Pablo alguna enseñanza clara
al respecto? Romanos 13:9-10.
10.
En cuanto al sexto mandamiento
(no matar), ¿Muestra el Nuevo Testamento que infringir el espíritu o la letra
de esta norma excluye a la persona del Reino de Dios? 1 Juan 3:15.
11.
¿Revela Dios alguna
diferencia notoria entre el destino de quienes llevan una vida de superación
del pecado, comparado con los que viven quebrantando los mandamientos?
Apocalipsis 21:7-8.
12.
¿Son los santos verdaderos,
aquellos que guardan los mandamientos de Dios? Apocalipsis 14:12. ¿Es requisito
guardar los mandamientos para todos los que serán habitantes de la Nueva
Jerusalén y que tendrán acceso al árbol de la vida para siempre? Apocalipsis
22:14. La versión Reina Valera de 1909 vierte este versículo así:
“Bienaventurados los que guardan sus mandamientos, para que su potencia sea en
el árbol de la vida, y que entren por las puertas de la ciudad”.
¿Qué es la maldición de la ley?
La
Biblia dice en Gálatas 3:13 que “Cristo nos redimió de la maldición de la ley”.
Hay quienes sugieren que la obediencia a la ley es una maldición y que según
este versículo ya no tenemos que tratar de guardar los mandamientos. Aducen que
Cristo los guardó por nosotros, razón por la cual los cristianos no tienen que
hacerlo. ¿Tienen acaso razón?
La
última parte del versículo 13 aclara de qué maldición se trata; es la maldición
que aparece en Deuteronomio 21:22-23; 27:26. La maldición es la pena de muerte
que se le impondrá a todo el que haya cometido un pecado digno de muerte. Todos
hemos pecado (Romanos 3:23) y hemos incurrido en la pena de muerte (Romanos
6:23). Jesucristo tomó nuestro lugar y murió en vez de nosotros.
Voluntariamente tomó sobre sí la maldición que usted y yo nos acarreamos. Lo
clavaron a un poste, o madero, y murió colgado allí como un delincuente, en
nuestro lugar.
La
“maldición de la ley” ¡ciertamente no es la obediencia! Es, al contrario, la
pena de muerte en que hemos incurrido por nuestra desobediencia a Dios.
¡La ley de
Dios es eterna!
Jesús dijo: “Si
quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos” (Mateo
19:17). El rey David escribió por inspiración: “Fieles son todos sus mandamientos, afirmados
eternamente y para siempre” (Salmo 111:7-8). Es claro que la ley
de Dios por siempre estará en vigor. ¿Pero cuál era la situación antes del
monte Sinaí? ¿Estaban en vigor los mandamientos antes de que Dios le diera la
ley a Israel por medio de Moisés?
Volvamos al principio. El pecado es la transgresión de la ley divina, y
donde no hay ley no puede haber pecado (1 Juan 3:4; Romanos 5:13). ¿Pecaron los
ángeles? En tal caso tuvieron que haber quebrantado la ley eterna y santa de
Dios.
Lucero, el querubín protector (Ezequiel 28:12-14), era uno de los
ángeles de mayor grandeza hechos por Dios. Era perfecto en sabiduría y
hermosura hasta que se
halló maldad en él (Ezequiel 28:15-17). Su pecado se describe
también en Isaías 14:12-17. Jesús reveló que había visto a Lucero, quien se
convirtió en Satanás, cuando cayó a la Tierra (Lucas 10:18) junto con la
tercera parte de los ángeles (Apocalipsis 12:3-4, 9). El apóstol Pedro dijo
claramente que estos ángeles sí habían pecado (2 Pedro 2:4), ¡lo cual demuestra
que las leyes de Dios existían con anterioridad a Adán y a Moisés!
¿Qué mandamientos quebrantaron Satanás y sus ángeles? Primero, siguieron
a Lucero, incumpliendo la obligación que Dios les había impuesto (Judas 6). Al
hacerlo, infringieron el primer mandamiento porque pusieron a otro dios delante
del Dios verdadero. También transgredieron el quinto mandamiento, puesto que su
Creador era a la vez su único Padre. Jesús describió a Satanás, el diablo, como
“homicida desde el
principio”, además de “mentiroso, y padre de mentira” (Juan
8:44), o sea transgresor del sexto y del noveno mandamientos. Satanás y sus
ángeles trataron de apoderarse del propio trono del Dios Altísimo (Isaías
14:13-14), esto es codiciar y robar, y por lo tanto, infringieron el octavo y
el décimo mandamientos. Ahora bien, basta transgredir un solo punto de la ley
divina para ser culpable de todos (Santiago 2:10). Las leyes de Dios definen
cómo debemos amarlo y amarnos los unos a los otros. Satanás y sus ángeles
caídos fueron culpables de odiar a Dios, odiar su gobierno y rebelarse contra
su ley espiritual del amor.
Adán y Eva codiciaron, hurtaron y deshonraron a su Padre cuando pecaron
en el huerto de Edén. Al escuchar a Satanás en vez de a Dios, colocaron a otro
dios delante del Dios verdadero. Se quebrantó un mandamiento cuando Caín pecó
matando a su hermano Abel (Génesis 4:10-11). José sabía que el adulterio era
pecado (Génesis 39:7-9). El patriarca Jacob sabía que adorar a los ídolos era
pecado (Génesis 35:1-4). ¿Qué dice la Biblia acerca del sábado? Dios lo
santificó en el momento de la creación (Génesis 2:1-3). Aun antes de que Israel
llegara al Sinaí y celebrara el antiguo pacto, Dios reprochó al pueblo por
quebrantar el día sábado (Éxodo 16:28-30). Como vemos, las leyes de Dios
siempre han regido su creación. La totalidad de los mandamientos estaban en vigor
desde el momento en que Dios creó a nuestros primeros padres en la Tierra.
Mucho después de la muerte y resurrección de Jesucristo, el apóstol Juan
declaró: “Este ES el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos” (1 Juan 5:3).
Enseñar o hacer lo contrario es un acto de odio hacia Dios. Ciertamente, la
verdad acerca de las leyes eternas y justas de Dios ¡es bien clara! Como dijo
el rey David, Dios las instituyó “eternamente y para siempre”.
