El Mundo de Mañana
Carta de los editores:
En diciembre de
1999, la agencia de prensa Knight-Ridder publicó un artículo sobre lo poco que
se conoce la Biblia. Informó que la
gran mayoría en ciertos países afirman creer en Dios y que en más del 90 por
ciento de los hogares hay al menos una Biblia. Sin embargo, una encuesta demostró que de los adultos solamente
el 34 por ciento habían leído la
Biblia durante la semana anterior.
La mayoría de la gente piensa que la
Biblia no es más que un libro que se refiere a pueblos de la antigüedad en
lugares lejanos. Pero en realidad la
Biblia es el libro más importante y emocionante que se haya escrito; y es la
única fuente de información que tenemos para encontrarle significado al mundo
en que vivimos y para entender el verdadero propósito de la vida.
Mediante estas
lecciones procuramos ayudarle a comprender la Biblia y su mensaje. Aunque hay muchas formas de iniciar un
estudio de la Biblia, hemos decidido iniciar este con el tema de la profecía. Deseamos que nuestros lectores lleguen a
comprender que la Biblia es la Palabra de nuestro Creador, el Único que puede
anunciar “lo por venir desde el principio” (Is. 46:10).
Las primeras doce lecciones están
dedicadas a enseñar sobre el plan de Dios y su propósito. La profecía bíblica es excelente para
demostrar que Dios está llevando a cabo un plan maestro sobre la tierra. ¡Y nuestra vida es parte de ese plan
maestro!
En esta lección y en las dos
siguientes, vamos a investigar en muchas profecías, no lo que los hombres dicen
que la Biblia dice, sino lo que la misma Biblia enseña sobre sí misma. Buscaremos la base del conocimiento
necesaria para encontrarle significado al mundo que nos rodea.
En las lecciones quinta y sexta
buscaremos lo que Dios revela sobre sí mismo y sobre su plan y propósito para
los seres humanos. ¿Habrá algo que nos
pueda interesar más que saber cómo es Dios y para qué nacimos? En la lección séptima trataremos sobre lo
que Dios revela del origen de la civilización humana y cómo califica Dios las
costumbres religiosas que se practican en su nombre. ¡Se quedará asombrado al ver lo que la Biblia afirma!
En las restantes cinco lecciones
investigaremos más detalles sobre el plan de Dios. ¿Cuál es el verdadero evangelio que trajo Jesucristo? ¿Qué deben hacer los cristianos según la
Palabra de Dios? Las respuestas a
estas y otras preguntas podrán contradecir lo que hayamos aprendido y creído
antes, pero siempre insistimos en que no se crea lo que decimos, sino que cada
persona debe investigar en su propia Biblia y creer únicamente lo que encuentre
en la Palabra de Dios.
Nuestra portada: El hongo nuclear es uno de los símbolos más terribles del fin de
la humanidad. A pesar de los ingentes
esfuerzos para el desarme, la nube siniestra sigue amenazando al mundo, una
espantosa advertencia de que estamos viviendo en los “últimos días”.
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¿Vivimos en los “últimos días”?
Desde el primer siglo de nuestra era muchos han
creído que estaban en los últimos días y; muchas veces se fijaron fechas
anunciando el regreso de Cristo. ¿Qué
razones tenemos para creer que nuestro tiempo es diferente?
En el primer siglo hubo quienes creyeron que el Mesías
regresaría como consecuencia de la destrucción del templo por los romanos en el
año 70. Luego, a raíz de las invasiones
mongoles o de la peste negra, muchos europeos estaban convencidos de que vivían
en el tiempo del fin.
Más recientemente, se creyó que las dos guerras mundiales
traerían como consecuencia el fin del mundo.
Pero todas estas cosas han ocurrido y el mundo sigue su marcha. Entonces, ¿habrá realmente un fin para esta
sociedad? Y de ser así, ¿será posible
tener una idea general de cuándo será este fin?
Muchos teólogos creen que el libro del Apocalipsis no es
más que una metáfora de la lucha entre el bien y el mal. No pueden concebir que Dios intervendrá
directamente en los asuntos de este mundo.
El mismo apóstol Pedro se refiere a los que, en este tiempo, “ignoran voluntariamente” la evidente
intervención de Dios en el pasado (2 P. 3:3-6). Por ejemplo, se hace caso
omiso de la evidencia geológica del diluvio en los días de Noé. Muchos no quieren creer que hay un Creador
viviente y activo muy cercano de su creación.
La prueba histórica es clara en que Dios además de intervenir en los días
de Noé, también lo hizo en la destrucción de Sodoma y Gomorra, en todo el
proceso del éxodo de Egipto y en el establecimiento de Israel en la tierra
prometida. Cada vez resulta más
evidente la mano de Dios en la historia de la humanidad. Y en cuanto a la futura intervención de
Dios, prometida en las páginas de la Biblia, ¿habrá alguna forma de saber si
ese momento está cerca o no?
Desde cualquier punto de vista, el siglo veinte es
único. Cuando el siglo se inició, casi
toda la gente vivía de manera muy similar a sus antepasados. La gran mayoría de la población mundial
vivía en el campo, no en las ciudades.
Se ganaban la vida cultivando la tierra. Se utilizaban herramientas de mano y animales de tiro. Lo más común era viajar a pie o a caballo. No había radios ni televisores. Las computadoras ni en sueños
existían. No había volado el primer
avión. Al principiar el siglo veinte,
la tecnología de los satélites y los viajes espaciales habría sido
incomprensible. Todo esto, sin
embargo, acaeció en el transcurso de una generación.
Todo ha cambiado en nuestro tiempo. El avance de la tecnología moderna no tiene
parangón, y ha provocado cambios radicales en la sociedad. Con el enorme desarrollo científico, la
capacidad destructiva también ha alcanzado niveles aterradores.
Uno de los mejores ejemplos de la rapidez de los cambios
en el mundo fue lo ocurrido durante la segunda guerra mundial. La guerra empezó en 1939 con la carga de la
caballería polaca para detener al ejército invasor de Hitler, y terminó seis
años después con la explosión de la bomba atómica sobre Nagasaki, Japón. Con la llegada de las armas nucleares, la
humanidad ha adquirido la capacidad de borrar toda la civilización de sobre la
faz de la tierra.
¿Le podremos encontrar significado a este mundo? ¿Existe un plan maestro? ¿Se encamina este mundo hacia una
destrucción absurda? ¿Podemos saber
qué nos depara el futuro, a nosotros y a nuestros seres queridos? En esta segunda
lección encontraremos las respuestas a estas preguntas fundamentales.
SEGUNDA
LECCIÓN
PRIMERA
PARTE
¿Fue el siglo veinte único en la
historia?
Hay muchas formas de reconocer nuestra época en la
Biblia. Como hemos visto en nuestros
comentarios preliminares, la humanidad ha llegado al punto crítico en que
podría aniquilarse por sí misma. Esto
lo anuncian varias profecías, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento. Cristo dijo que nadie podría saber el día y
la hora de su regreso. Sin embargo,
reprendió a los fariseos por su incapacidad para discernir las señales de los
tiempos en que estaban viviendo.
Nosotros, entonces, necesitamos comprender las señales de los tiempos en
que vivimos. Hay dos aspectos
fundamentales sobre los que debemos preguntarnos: ¿Cuáles son las claves que provee la Biblia para identificar el
tiempo del fin? Y ¿Esas claves realmente apuntan hacia el tiempo
en que estamos viviendo?
¿Estaremos preparados?
Si realmente estamos en el tiempo del fin, y las
terribles calamidades profetizadas están por caer sobre el mundo, ¿qué debemos
hacer para estar preparados? ¿Hay
medidas que podemos tomar para preservar la vida y la de los seres queridos del
holocausto mundial que se avecina?
Allá por los años 50, ante el temor de la guerra nuclear,
miles de norteamericanos construyeron refugios antiatómicos en su propio
patio. En años más recientes se han
levantado movimientos de supervivencia, especialmente en los Estados Unidos. Aunque existen desacuerdos sobre aspectos específicos,
son personas que creen que su tierra está destinada a una terrible
destrucción. Esto ha hecho que decenas
de miles de personas guarden alimentos, agua y armas. Muchos se han mudado hacia lugares remotos y algunos han
construido refugios de supervivencia.
Hay paranoicos que utilizan la Biblia para justificar sus
temores sobre la inminente calamidad y sus intenciones de ponerse a salvo. Pero, ¿qué enseña realmente la Biblia sobre
este tema? ¿Cuáles instrucciones les
dejó Jesús a sus discípulos?
La profecía del Monte de los Olivos se conoce como el
punto focal de la profecía bíblica. Se
preserva en los relatos sinópticos de Mateo 24, Marcos 13 y Lucas 21. En ella Jesús anunció no solamente los
sucesos que se presentarían en el tiempo del fin, antes de su regreso, sino los
terribles acontecimientos que vendrían sobre Jerusalén durante el primer siglo,
que terminarían con la destrucción total del templo. Advirtió también que habría persecución y cárcel para sus
seguidores. Sin embargo, en ninguna
parte indica que debemos armarnos o protegernos por nuestros propios
medios. Por el contrario, les dijo a
sus discípulos: “...todo el que quiera
salvar su vida, la perderá...” (Marcos 8:34-35).
¡Muy pronto la tierra será sacudida por terribles
acontecimientos que hallarán desprevenida a la humanidad! Tan espantosos serán los sucesos que
Jesucristo llamó aquel tiempo la gran
tribulación. Un tiempo de prueba y
sufrimiento que no tiene paralelo en su dimensión. Dios tendrá que acortar la duración de esos días por causa de
sus escogidos, de otra manera “nadie escaparía con vida” (Mateo 24:22, Nueva
Biblia Española).
La
Biblia revela cómo podemos prepararnos
¿Cómo podrán prepararse los cristianos fieles para
sobrevivir a esos terribles sucesos que están por caer sobre la humanidad? Jesús les dijo a sus discípulos que era
posible escapar de esas calamidades venideras (Lucas 21:36). Veamos las instrucciones de
Jesucristo: “Mirad también por
vosotros mismos, que vuestros corazones no se carguen de glotonería y
embriaguez y de los afanes de esta vida, y venga de repente sobre vosotros
aquel día. Porque como un lazo vendrá
sobre todos los que habitan sobre la faz de toda la tierra. Velad, pues, en todo tiempo orando que
seáis tenidos por dignos de escapar de todas estas cosas que vendrán, y de
estar en pie delante del Hijo del Hombre” (Lucas 21:34-36).
Cuando lleguen esos días, la gran mayoría serán tomados
por sorpresa, se quedarán asombrados y atónitos al ver lo que está sucediendo. Sin embargo, no necesariamente tendrá que
sucedernos a nosotros y a nuestros familiares.
Las mayores advertencias de Cristo fueron contra la
indiferencia y la concupiscencia. Como
leímos antes, Jesús les destaca a sus discípulos la necesidad de velar y de
evitar caer en los pecados del pasado.
A medida que empeora la situación y la impiedad aumenta, la tentación es
bajar la guardia “... por haberse
multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará. Mas el que persevere hasta el fin, éste será
salvo” (Mateo 24:12-13). La mejor
preparación es ¡la preparación
espiritual! Esto significa un
mayor contacto con Dios por medio de la oración ferviente y el ayuno; orando
para ser tenidos por dignos de escapar de ese espantoso holocausto y para poder
estar delante del Rey de reyes y Juez justo.
“Mas el fin de todas las cosas se acerca; sed, pues, sobrios y velad en
oración” (1 Pedro 4:7).
Discernimiento
espiritual
Jesucristo también les advirtió a sus discípulos acerca
de falsos apóstoles y falsos maestros que se presentarían como verdaderos
siervos de Dios: “Vendrán muchos en mi
nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y
a muchos engañarán” (Mateo 24:5).
Pablo también advirtió sobre algunos falsos apóstoles que se infiltraban
en la Iglesia de entonces: “El mismo
Satanás se disfraza como ángel de luz.
Así que, no es extraño si también sus ministros se disfrazan como
ministros de justicia; cuyo fin será conforme a sus obras” (2 Corintios
11:14-15).
La preparación espiritual lleva al discernimiento
espiritual. El apóstol Pablo
dijo: “Nadie os engañe en ninguna
manera” (2 Tesalonicenses 2:3). El
pueblo de Dios necesita estudiar y alimentarse diariamente de la Palabra de
Dios, comprobando todas las cosas en las Escrituras y practicando el camino de
Dios en su vida personal (1 Tesalonicenses 5:21). Quienes lo hacen de esta manera “tienen los sentidos ejercitados
en el discernimiento del bien y del mal” (Hebreos 5:14). La verdadera Iglesia de Dios discierne la
importancia de predicar el evangelio de Jesucristo a las naciones y de
alimentar al rebaño hasta el regreso de Cristo (Mateo 24:14; 28:18-20; Marcos
8:34-35).
Además, el pueblo de Dios no debe ignorar el tiempo en
que está viviendo. Debemos estar
atentos a las condiciones del mundo y a los sucesos que coinciden con las
profecías para el tiempo del fin. Las
guerras, hambres, epidemias y desastres naturales irán en aumento hasta la
llegada de la gran tribulación. “De la
higuera aprended la parábola: Cuando
ya su rama está tierna, y brotan las hojas, sabéis que el verano está
cerca. Así también vosotros, cuando
veáis todas estas cosas, conoced que está cerca [el regreso de Cristo], a las
puertas” (Mateo 24:32-33). El apóstol
Pablo dijo que esas cosas se iban a presentar repentinamente, como un ladrón en
la noche. Sin embargo la Iglesia de
Dios estaría alerta: “Vosotros,
hermanos, no estáis en tinieblas, para que aquel día os sorprenda como ladrón”
(1 Tesalonicenses 5:4).
¡Qué gran bendición es conocer la verdad y ser advertido
de antemano! Sin embargo, no es
suficiente saber; lo que vamos a hacer es lo que verdaderamente
le interesa a Dios: “¿Quién es, pues,
el siervo fiel y prudente,... Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su
señor venga, le halle haciendo así”
(Mateo 24:45-46).
El apóstol Pablo inició el libro de Hebreos explicando
que Dios hizo sus revelaciones en diferentes maneras y en diferentes épocas del
pasado, pero “en estos postreros días” todo lo revela por medio de
Jesucristo. ¿Qué razón tenía Pablo
para referirse a su tiempo como los “postreros días”?
En 1 Pedro 1:20 leemos que Cristo se ha “manifestado en
los postreros tiempos” y en 1 Juan 2:18 encontramos la expresión “el último
tiempo”; que se hace evidente como resultado de la presencia de muchos
“anticristos”.
La clave para comprender la razón del uso de esas
expresiones, en esa época, se encuentra en 2 Pedro 3:7-9. Dios tiene planificado el tiempo, y bajo
ese plan, un día representa mil años.
La semana de la creación, de siete días literales como se lee en Génesis
1, simboliza el plan de Dios para su creación. En esa semana se asignaron seis días de trabajo y uno fue
santificado como día de descanso.
Cuando Jesús estuvo en la tierra, habían pasado
aproximadamente 4.000 años de historia humana. Entonces, el ministerio de Cristo se inició transcurridos dos
tercios de los seis días de trabajo.
Faltarían entonces solo “dos días” para el año sabático de 1.000 años.
Con la primera venida de Jesucristo, el plan de Dios para
la humanidad entró en su fase final.
Si el siglo primero señaló el comienzo de los últimos días en el plan de
Dios, entonces el siglo veinte señaló las últimas horas. Si llegáramos a ver un mural de unos dos
metros de largo, que representara la historia de la humanidad desde Adán hasta
este momento, nosotros nos encontraríamos en el último milímetro. De manera que no solo nos encontramos en
“los últimos días”, sino en la “media hora final”.
SEGUNDA
LECCIÓN
SEGUNDA
PARTE
Los 7.000 años del plan de Dios
¿Tiene Dios un plan para la humanidad? ¿Puede demostrarse desde las páginas de la
Biblia el tiempo establecido para llevar a cabo ese plan? De ser así, ¿hay alguna forma de saber en
qué parte de ese plan nos encontramos en la actualidad? Dios trazó ese plan siguiendo el modelo de
la semana de siete días. Los primeros
dos capítulos del libro del Génesis relatan la semana de la creación, con seis
días de trabajo seguidos por uno de descanso.
Dios le ordenó al hombre seguir ese mismo patrón (Éxodo 20:8-11). La Biblia nos da mucha información
cronológica por medio de genealogías y listas de reyes. ¿Será valiosa y útil toda esa información,
que muchos consideran tediosa?
Estudiemos el tema para comprender.
2
Pedro 3:3-4.
2 Pedro 3:8-9. ¿Representa un día en el plan profético de Dios 1.000 años de
duración? Versículo 8.
SEGUNDA
LECCIÓN
TERCERA
PARTE
Jerusalén:
Centro de la atención de Dios
Hay una ciudad que ocupa la atención de la profecía
bíblica más que ninguna otra:
Jerusalén. Tanto en los
titulares de los periódicos de hoy como en el antiguo libro del Génesis,
Jerusalén ocupa un lugar único. A lo
largo de la historia esta ciudad ha sido conquistada y destruida muchas veces,
y siempre ha sido reconstruida.
Después de varios siglos de estar en la penumbra, en nuestra generación
ha llegado a ocupar un lugar preponderante en la geopolítica mundial. Para comprender lo que sucedió tan
repentinamente, debemos examinar en detalle el papel que la ciudad de Jerusalén
ha desempeñado a través de las edades.
Una ciudad bañada en sangre por interminables conflictos
espera su destino profético