El
Mundo de Mañana
Carta de los editores:
La Biblia no es simplemente un
compendio de relatos y poemas, como algunos nos quieren hacer creer; antes
bien, es un tesoro de conocimientos.
Nos instruye acerca de Dios y nos enseña acerca del hombre y sus
orígenes. La Biblia nos revela cosas
que la ciencia jamás podría descubrir:
¿CON QUÉ PROPÓSITO fue puesto el hombre sobre la tierra? La Biblia nos revela el plan y el designio
del Todopoderoso y las leyes que conducen a la felicidad, la paz, y finalmente
a la vida eterna. Es un libro que
contiene historia y poesía y es además una fuente de inspiración y ayuda cuando
estamos deprimidos o en angustia.
La Biblia contiene todo esto y mucho más, pero al mismo tiempo, ¿sabía
usted que una cuarta parte de su mensaje es historia
escrita de antemano? En otras
palabras es profecía bíblica. ¿Por qué
quiso Dios que su Palabra inspirada constara de tantas predicciones para el
futuro?
Primero que todo la profecía es prueba de la soberanía de Dios. El Dios Creador es el soberano del
universo. Él inspiró al profeta Isaías
para que escribiera: “Mi consejo
permanecerá” (Isaías 46:10). La
diferencia entre Dios y los ídolos de las naciones es que Él es real, no un
producto de la imaginación humana.
Tiene un plan y un propósito y el poder para llevarlo a cabo. Hay profecías sobre antiguas ciudades como
Tiro, que serían destruidas y jamás reconstruidas. Otras, como Jerusalén, habrían de permanecer hasta el fin de los
tiempos. Únicamente quien tiene autoridad
y poder supremos puede “anunciar lo por venir desde el principio, y desde la
antigüedad lo que aún no era hecho” (Isaías 46:10).
La profecía también se escribió para dar esperanza al pueblo de
Dios. Los que obedecen a Dios suelen
ser perseguidos por sus creencias y su camino de vida y generalmente se
enfrentan al panorama poco animador de un mundo hostil. Si los cristianos a fines del primer siglo
hubieran basado sus conclusiones en lo que los rodeaba hubieran pensado que
todo se derrumbaba. Los falsos
ministros que se habían introducido en la Iglesia estaban expulsando a los
verdaderos cristianos de las congregaciones (3 Juan 9-10). Jerusalén había sido destruida, la Iglesia
de la sede esparcida, y la persecución del Estado Romano se intensificaba. ¿Qué les esperaba? Fue en estas circunstancias cuando al
apóstol Juan ya anciano le fue dado el libro del Apocalipsis.
Mediante la profecía, el Creador le permite a su pueblo tener una visión
clara de lo que le espera a este mundo.
Así podemos entender en qué momento del desarrollo profético nos encontramos
y se nos permite entender el mundo en que vivimos. La profecía nos prueba que es Dios quien tiene el control. El mundo y los falsos valores en los cuales
se basa está destinado a desaparecer de la escena dentro de pocos años (1 Juan
2:17), para ser reemplazado por una sociedad basada en las leyes del Todopoderoso. ¡Esta es la promesa de la profecía bíblica!
Nuestra portada:
Los cuatro jinetes del Apocalipsis se lanzarán al galope
desde las páginas de la Biblia hacia el mundo de hoy. Las falsas religiones, la guerra, el hambre y la peste asolarán
al mundo en un cumplimiento escalofriante de la profecía para el tiempo del
fin.
¿Se puede
entender la
profecía
bíblica?
Han surgido muchos profetas tanto
seculares como religiosos que han pretendido anunciar de antemano el
futuro. En lo que se refiere a los
grandes sucesos sus predicciones han fallado o han sido tan vagas que carecen
de significado o simplemente reflejan los conceptos del momento en que
vivieron. Los reveladores humanos han
sido inevitablemente prisioneros de su propia época, y por lo mismo incapaces
de una visión futura de largo alcance.
Hoy no faltan los analistas y
grupos de expertos que tratan de predecir el futuro de la nación y del
mundo. A pesar de los miles de
millones de dólares que gastaron los gobiernos norteamericano y británico desde
la segunda guerra mundial en obtención de datos y servicios de inteligencia,
los analistas fueron incapaces de predecir el mayor giro geopolítico del siglo
veinte. El descalabro del comunismo
europeo y el surgimiento de una Alemania reunificada como principal nación
europea tomó totalmente por sorpresa a los que pretendían anunciar lo por
venir.
En lo que concierne a los medios
religiosos que ofrecen una revelación del futuro, no les ha ido mejor. Los escritos de los místicos de la edad
media y los mensajes de apariciones más recientes han asegurado ofrecer claves
para entender el futuro. Otros
aseguran hablar en nombre de la Biblia y presentan perspectivas muy diferentes.
En la Biblia el que dice “yo soy
Dios” dice que anuncia lo por venir desde el principio. En la Biblia hay muchas profecías acerca de
naciones de la antigüedad que se pueden verificar. Contiene también los escritos de hombres de Dios que consignaron
visiones que ellos mismos no entendieron.
Se les dijo que lo que escribían era para el tiempo del fin. ¿Cómo se relacionan los escritos de los
profetas? ¿Cómo se puede entender con
claridad la profecía bíblica?
Muchos no saben que Jesucristo
vino a esta tierra, entre otras cosas, ¡para anunciar de antemano las noticias
del futuro! Predijo el establecimiento
del Reino de Dios en la tierra y nos enseñó cómo podemos ser herederos de ese
Reino. Reveló también el panorama de
los sucesos desde aquella época hasta el establecimiento del Reino. Lo que Jesucristo reveló nos da la clave
para entender todas las otras profecías de la Biblia.
El apóstol Juan escribió en
Apocalipsis 19:10: “El testimonio de
Jesús es el espíritu de la profecía”.
El testimonio es una declaración del que tiene conocimiento de primera mano. Jesucristo vino como el mensajero del pacto
(Malaquías 3:1). El mensaje evangélico
que trajo es lo que le da espíritu y vida a todas las profecías de la
Biblia. Todas las profecías en una
forma u otra apuntan hacia el Reino de Dios o hacia los sucesos que conducirán
al establecimiento del mismo.
Cuando examinamos el mensaje
revelador de Jesucristo, vemos que todos los mensajes de los profetas mayores y
menores encajan en su debido orden cronológico. Sin la revelación de Jesucristo seríamos totalmente incapaces de
entender cómo se relacionan entre sí estas profecías. Examinemos más de cerca lo que reveló Jesucristo y veamos cómo
podemos entender lo que sucede en el mundo que nos rodea.
TERCERA
LECCIÓN
PRIMERA
PARTE
La profecía
del Monte de los Olivos nos da la clave
La profecía del Monte de los
Olivos que hallamos consignada en Mateo 24, Marcos 13 y Lucas 21, constituye el
punto focal de la profecía bíblica.
Esta profecía que Jesucristo declaró en privado a sus discípulos, pocos
días antes de su crucifixión, nos presenta el panorama de los sucesos del
tiempo del fin. Claramente nos muestra
que lo ocurrido en Judea y en Jerusalén lo cual culminó con la invasión romana
del año 70 de nuestra era, fue una figura de lo que habría de suceder al final
de los tiempos. Lo que aconteció en
aquella generación fue una señal anticipada del futuro cumplimiento que habría
de culminar con el retorno de Cristo como Rey de reyes y Señor de señores.
¿Será destruida la tierra?
¿Dice el apóstol Pedro que la
tierra será destruida? Véase 2 Pedro
3:10. Es importante observar el
contexto en el cual esto se menciona.
“Pero los cielos y la tierra que existen ahora, están reservados por la
misma palabra, guardados para el fuego en el día del juicio y de la perdición
de los hombres impíos” (2 Pedro 3:7).
Se explica aquí que este fuego es
el juicio final de los hombres impíos.
Se utiliza también la palabra “perdición” lo cual significa “destrucción
total” de los impíos y de sus obras; este es el fuego que no se apaga, que
consume a los rebeldes y a los pecadores no arrepentidos (Mateo 3:12). Los malos serán cenizas bajo las plantas de
los justos (Malaquías 4:1-3). El
Apocalipsis describe esto como el lago del fuego de la Gehenna, lo cual es la
segunda muerte (Apocalipsis 20:14).
El apóstol Pedro describe este
juicio de fuego sobre los impíos: “los
cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos,
y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas” (2 Pedro 3:10). El apóstol Pedro confirma la naturaleza de
este fuego “inextinguible”. Todo será
consumido hasta la atmósfera terrestre.
Pero Dios tiene dispuesto que la tierra misma no sea destruida (Salmo
104:5).
Lo que el fuego hará sobre la
tierra es simplemente un proceso de purificación. Así como el mundo pereció en los días de Noé, “anegado en aguas”
(2 Pedro 3:6), la tierra será purificada otra vez, esta vez por medio del
fuego. Así como la tierra siguió
existiendo después del diluvio, también seguirá existiendo después del día del
fuego del juicio porque dice: “Nosotros
esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora
la justicia” (2 Pedro 3:13). El
apóstol Juan señala que “los nuevos cielos y la nueva tierra” vendrán después
del lago de fuego: “Vi un cielo nuevo
y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el
mar ya no existía más. Y yo Juan vi la
santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como
una esposa ataviada para su marido. Y
oí una gran voz del cielo que decía:
He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y
ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios” (Apocalipsis
21:1-3).
Después que la tierra sea
purificada por el fuego y sean destruidos los malos, Dios renovará la faz de la
tierra. En esa nueva tierra estará la
nueva Jerusalén, la habitación de Dios y la sede de la Familia de Dios.
El apóstol Juan enumera los tres
tipos de información que conforman el libro del Apocalipsis: Primero el testimonio de la Palabra de
Dios, segundo el testimonio de Jesucristo, tercero todas las cosas que le
fueron mostradas en visión (Apocalipsis 1:2).
Muchas profecías del Antiguo
Testamento empiezan con esta frase:
“Vino a mí palabra del Eterno diciendo”. “La Palabra de Dios” es una referencia directa a una escritura,
especialmente del Antiguo Testamento.
En el libro del Apocalipsis, el apóstol Juan hace más de seiscientas
referencias al Antiguo Testamento, más que ningún otro autor inspirado del
Nuevo Testamento. Trae a colación
todas estas escrituras indicando dónde encajan dentro del orden cronológico de
los sucesos. Si el apóstol Juan no las
hubiera consignado en esta forma, jamás entenderíamos en qué orden se habrían
de cumplir muchas escrituras del Antiguo Testamento.
Jesucristo es el revelador y su
testimonio es la clave para comprender.
El apóstol Juan estaba presente en el Monte de los Olivos cuando
Jesucristo respondió a la pregunta de cuál sería la señal de su regreso y del
fin de la era (Mateo 24:3). La
profecía del Monte de los Olivos combinada con el capítulo 6 del Apocalipsis
nos presenta un esquema del desarrollo de los sucesos en el fin de los tiempos.
Por su parte, el apóstol Juan
expresó en el lenguaje de su época lo que le fue presentado en visión. Desde la perspectiva del trono de Dios adonde
fue llevado en visión, le fue presentado un panorama profético de las batallas
y sucesos del fin de los tiempos. Lo
que Juan vio nos traza un cuadro del futuro cuyo orden y claridad no hallamos
en ninguna otra parte de la Biblia.
TERCERA
LECCIÓN
SEGUNDA
PARTE
¿Se
aniquilará a sí misma
la
humanidad?
Desde que
terminó la segunda guerra mundial ha existido el temor de que el género humano
se destruirá a sí mismo junto con toda la vida de este planeta. No solo hay bombas nucleares con poder para
destruir toda la vida de la tierra, sino armas químicas y biológicas. Se dijo que la primera guerra mundial le
pondría fin a todas las guerras, mas no fue así. Muchos al leer escrituras que hablan de la tierra consumida por
el fuego concluyen que todo el planeta perecerá en una conflagración
nuclear. ¿Es lo que va a suceder? ¿Estará la tierra desolada y sin vida
física cuando regrese Jesucristo? Las
respuestas bíblicas a estas preguntas difieren de las explicaciones religiosas
tradicionales y nos revelan a un Dios amoroso y misericordioso que tiene un
plan para el género humano y para el planeta tierra.
5.
Las siete
últimas plagas que serán derramadas después de sonar la última trompeta
¿consuman la ira de Dios? Apocalipsis
15:1.
Examinemos ahora el panorama de
sucesos mundiales que Dios le reveló al profeta Daniel. Como la Biblia se interpreta a sí misma, el
libro de Daniel es esencial para entender el libro del Apocalipsis y otras
profecías del tiempo del fin.
En Daniel 2:1 se habla de un sueño
que perturbó profundamente al Rey Nabucodonosor pero que olvidó al despertar. Los magos y astrólogos del rey no pudieron
decirle cuál había sido el sueño ni cuál era su significado. Finalmente Daniel vino a la presencia del
rey y le explicó que hay un Dios en los cielos que revela los secretos y que le
daría a conocer al rey no solo el sueño sino su interpretación (versículo
28). Daniel le recordó al rey que en
el sueño había visto una gran imagen que se elevaba sobre las llanuras de
Babilonia. Aquella imagen gigantesca
tenía la cabeza de oro, el pecho y los brazos de plata, el vientre y los muslos
de bronce, y las piernas de hierro.
Los pies de la imagen eran en parte de hierro y en parte de barro cocido
(versículos 31-33). Al final de su
sueño Nabucodonosor había visto una gran piedra de origen sobrenatural
(“cortada, no con mano”). Mientras
miraba vio como aquella piedra bajó del cielo y golpeó a la imagen en los diez
dedos de los pies y la pulverizó toda y el polvo se lo llevó el viento. La piedra se convirtió entonces en un gran
monte que llenó toda la tierra (versículos 34-35).
¿Qué significaba aquello? Recordemos que la Biblia se interpreta a sí
misma. Por inspiración de Dios Daniel
le dijo a Nabucodonosor que él era la cabeza de oro (versículo 38). También le dijo que después de él se
levantarían otros tres reinos uno después del otro. Dios nos muestra por medio de Daniel que la historia había de
ser dominada por cuatro grandes imperios sucesivos. Daniel, inspirado por Dios, le explicó al rey que al final de
estos cuatro imperios el Dios del cielo en los días de los últimos diez reyes
que estaban representados por los dedos de los pies establecería un reino que
no sería jamás destruido (versículo 44).
En Daniel 2:28 se subraya el hecho
que el Dios Viviente a quien servimos es quien “revela los misterios”. El sueño del Rey Nabucodonosor se extendía
desde su época en la antigua Babilonia hasta “los postreros días”. El sueño culmina con el regreso de Jesucristo
y el establecimiento del Reino de Dios sobre la tierra (versículo 44). A continuación veremos cómo se cumplió lo
que predijo el profeta Daniel.
En Daniel 5 se nos narra lo que
ocurrió la víspera de la caída de Babilonia en el año 539ac cuando fue tomada por los ejércitos
del Rey Ciro el Grande. La historia demuestra
que el imperio de los medos y los persas fue el “segundo
reino” que se levantó después de Babilonia.
El Imperio Medo Persa se distinguió por su tamaño y poderío y dominó la
escena mundial durante los doscientos años que siguieron.
A principios del año 333ac, las huestes de Alejandro Magno
atravesaron el Helesponto de Europa hacia el Asia. Dos años más tarde en la batalla de Arbelas (331ac), se derrumbó el Imperio Medo Persa
y fue reemplazado por el Imperio Greco Macedonio de Alejandro Magno. Después de la muerte de Alejandro sus
cuatro generales se dividieron el imperio entre sí, pero el idioma y la cultura
siguieron siendo griegos. Los reyes
helenos sucesores de Alejandro dominaron el Medio Oriente durante unos 300 años
hasta que finalmente fueron absorbidos por el cuarto imperio, el de hierro, que
habría de regir el mundo.
La historia identifica claramente
el cuarto imperio como el Romano,
representado en la imagen por las dos piernas de hierro que a su vez simbolizan
el Imperio Romano de Oriente y el Imperio Romano de Occidente el cual habría de
prolongarse hasta el tiempo del fin.
Los diez dedos de los pies que significan reyes (versículo 44), constituirían
el surgimiento final de este sistema que tuvo sus orígenes en la antigua
Babilonia. Esto demuestra que el
sistema del tiempo del fin incluiría el Imperio Romano (de Occidente) y el
Bizantino (de Oriente). Si dejamos que
la Biblia se interprete a sí misma, esta sucesión de cuatro reinos mundiales es
clara.
TERCERA
LECCIÓN
TERCERA
PARTE
El libro del Apocalipsis es el más
misterioso y el menos comprendido de la Biblia. En él se revelan los sucesos del tiempo del fin. ¿Podemos entender la verdad de este libro
del cual tanto se habla y que tan pocos comprenden?
1.
¿Cuál fue el propósito del libro del Apocalipsis? Apocalipsis 1:1. ¿Fue su propósito revelar u ocultar?
[Nota: Apocalipsis es un vocablo griego que significa revelación].
2.
¿Cuáles fueron las tres cosas que consignó el apóstol Juan
en el libro del Apocalipsis?
Apocalipsis 1:2.
3.
¿Qué dice acerca del “testimonio de Jesucristo”? Apocalipsis 19:10. Un testimonio consiste en la declaración de
algo
que
alguien conoce de primera mano.
4.
¿Dio Jesucristo testimonio en otra parte al responder a la
pregunta de cuál sería la señal de su regreso y del fin de esta
era? Mateo 24:3; Marcos 13:4;
Lucas 21:7.
5.
¿Vio Juan un libro que estaba totalmente cerrado y sellado
con siete sellos? Apocalipsis
5:1. ¿Quién era el único que
tenía autoridad para abrir los siete
sellos? Apocalipsis 5:5. [Nota:
Es Jesucristo y no el apóstol Juan el que revela.
Es entonces el testimonio de Jesucristo el que nos da la clave para
entender este libro.]
6.
¿Constituyen los últimos siete sellos siete trompetas, que
harán sonar siete ángeles? Apocalipsis
8:1-2, 6.
7.
¿Qué es lo que dice el libro cuando suena la séptima y
última trompeta? Apocalipsis 11:15,
18.
8.
¿Se menciona también este último toque de trompeta en 1
Corintios 15:52?
9.
En Apocalipsis 11:18 dice que la séptima trompeta constituye
la ira de Dios sobre las naciones no arrepentidas.
¿Constituyen las siete últimas plagas la consumación de la ira de
Dios? Véase Apocalipsis 15:1; 16:1.
¿En quién podemos confiar para que
nos explique el significado de los misteriosos cuatro jinetes del
Apocalipsis? Jesucristo fue el que
venció y el que puede “abrir el libro y desatar sus siete sellos” (Apocalipsis
5:2-5). Los primeros cuatro sellos de
Apocalipsis 6 constituyen los cuatro jinetes.
¿Cómo revela Jesucristo el
significado de estos cuatro sellos? Es
interesante notar que el mismo Cristo da la explicación en su profecía del
Monte de los Olivos consignada en Mateo 24.
Esta fue la profecía más larga que Jesucristo explicó a sus
discípulos. Veamos el asombroso
paralelo que existe entre esta profecía y el capítulo 6 del libro del
Apocalipsis.
“Y miré, y he aquí un caballo blanco; y el que lo montaba tenía un
arco; y le fue dada una corona, y salió venciendo, y para vencer” (Apocalipsis
6:2).
“Mirad que nadie os engañe.
Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y a muchos engañarán” (Mateo 24:4-5).
Después de la muerte y
resurrección de Jesucristo surgieron muchos falsos predicadores, y falsos
apóstoles que engañaron a muchos. Con
el tiempo, se infiltraron en la verdadera Iglesia de Dios y corrompieron el
mensaje que Jesucristo había traído del Padre. Judas, el hermano del Señor exhortó a la Iglesia con estas
palabras: “Me ha sido necesario escribiros,
exhortándoos que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a
los santos. Porque algunos hombres han
entrado encubiertamente, los que desde antes habían sido destinados para esta
condenación, hombres impíos, que convierten en libertinaje la gracia de nuestro
Dios, y niegan a Dios el único soberano, y a nuestro Señor Jesucristo” (Judas
3-4).
El apóstol Pablo también fue
testigo del principio de este engaño y llamó a los que lo perpetraban “falsos
apóstoles, obreros fraudulentos, que se disfrazan como apóstoles de
Cristo. Y no es maravilla, porque el
mismo Satanás se disfraza como ángel de luz” (2 Corintios 11:13-14).
El engaño de Satanás se describe
en la visión del caballo blanco de Apocalipsis 6. Este jinete da la impresión de parecerse a Jesucristo. Sin embargo, el verdadero Jesucristo tiene
ojos “como llama de fuego”. Tiene
“muchas coronas”, y tiene una espada, no un arco (Apocalipsis 19:11-15). Esta espada aguda de dos filos es la Palabra
de Dios (Hebreos 4:12), que sale de la boca de Jesucristo para “herir a las naciones”
por lo tanto, el primer jinete del Apocalipsis 6 representa la tendencia
mundial hacia el falso cristianismo cuyo poder e influencia irán en
aumento. Este engaño culminará con el
surgimiento de un dirigente religioso que se opone y se levanta contra Dios (2
Tesalonicenses 2:1-4, 8-9).
“Y salió otro caballo, bermejo; y al que lo montaba le fue dado
poder de quitar de la tierra la paz, y que se matasen unos a otros; y se le dio
una gran espada” (Apocalipsis 6:4).
“Y oiréis de guerras y rumores de guerras; mirad que no os
turbéis, porque es necesario que todo esto acontezca; pero aún no es el
fin. Porque se levantará nación contra
nación y reino contra reino” (Mateo 24:6-7).
Este jinete quita la paz de la
tierra. Cuando no hay paz hay guerra y
esta constituye el peor azote del mundo.
La historia del mundo es una de conflictos y contiendas que han causado
inmenso sufrimiento y segado innumerables vidas humanas. Jesucristo señaló como la tendencia a “guerras
y rumores de guerras” continuaría acrecentándose hasta el tiempo del fin cuando
culminaría en la “gran tribulación” (Mateo 24:21-22).
“Y miré, y he aquí un caballo negro; y el que lo montaba tenía una
balanza en la mano. Y oí una voz de en
medio de los cuatro seres vivientes, que decía: dos libras de trigo por un denario, y seis libras de cebada por
un denario; pero no dañes el aceite ni el vino” (Apocalipsis 6:5-6).
“Y habrá... hambres” (Mateo 24:7).
[Nota: Es importante
notar que en el texto griego bizantino aparece primero la palabra “hambres” y
luego la palabra “pestes”. Esta
pequeña variación existe porque la versión Reina Valera no se ciñe
estrictamente al texto griego bizantino sino que se sirve también de otros
manuscritos griegos].
Uno de los resultados inmediatos
de la guerra es la disminución de reservas alimenticias, la destrucción de los
ganados, la contaminación del agua y el racionamiento de la comida por la
escasez que produce el mantenimiento de un ejército. Hay países que, ocupados con la guerra, han dejado cundir el
hambre en sus poblaciones. El trastorno
de las condiciones atmosféricas, la sequía, la peste, y el exceso de población
han agravado el problema. Jesucristo
advirtió que el problema del hambre continuaría y se agudizaría hacia el tiempo
de su regreso.
“Miré, y he aquí un caballo amarillo, y el que lo montaba tenía
por nombre Muerte, y el Hades le seguía; y le fue dada potestad sobre la cuarta
parte de la tierra, para matar con espada, con hambre, con mortandad, y con las
fieras de la tierra” (Apocalipsis 6:8).
“Y habrá... pestes” (Mateo 24:7).
Jesús reveló que a lo largo de la
historia los seres humanos sufrirían el azote de la peste. La posibilidad de plagas de alcance mundial
ya existe. El sida se ha difundido por
todos los continentes y aún no ha sido controlado. Hay epidemias de gripe que en cuestión de días le dan la vuelta
al mundo. Enfermedades que se creían
erradicadas han resurgido aun peores pues ahora son resistentes a las
drogas. Las plagas resistentes a los
insecticidas también amenazan la agricultura mundial. El caballo amarillo es un precursor del espectro horripilante de
las epidemias mundiales incontrolables que destruirán el veinticinco por ciento
de la vida humana.
Los cuatro jinetes del Apocalipsis
corresponden a lo que Jesucristo llamó el “principio de dolores” que antecede a
la gran tribulación la cual culmina con el retorno de Cristo.
CUARTA
PARTE
Debemos examinar más de cerca el
libro del Apocalipsis para ver lo que nos revela sobre el fin de los
tiempos. Veamos también cómo la Biblia
interpreta sus propios símbolos proféticos.