¿Cuál es el día de reposo cristiano?

Por Roderick C. Meredith

 

 ¡Este es un tema absolutamente ESENCIAL y mucho más importante de lo que la gente se imagina!

 

Es una de las claves indispensables para el conocimiento del Creador y verdadero Dios.   Y tiene muchísimo que ver con nuestra vida eterna en el Reino de Dios venidero.

 

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¡Este folleto no es para la venta!

 

Es un servicio educativo gratuito que se ofrece en beneficio del público.

 

Título original en inglés:

Which Day Is the Christian Sabbath?

 

Traducción:   Margarita Cárdenas.

 

Primera edición, 2000

©  Reservados todos los derechos.

Living Church of God.

 

 

Salvo indicación contraria, los pasajes bíblicos que se citan en esta publicación han sido tomados de la versión Reina Valera, revisión de 1960.

 

 


 

Dentro de poco, nuestro mundo va a sufrir trastornos que nos sacarán a todos de nuestra rutina normal.   ¡Todo va a cambiar en el futuro muy cercano!   El hombre ya es capaz de destruir el planeta.   Y la historia demuestra que cuando el hombre inventa poderosas armas de destrucción, siempre acaba usándolas en alguna guerra.

            Nuestro Señor Jesucristo dijo que al final de esta era solo la intervención directa de Dios impediría que el hombre borrara toda vida humana del planeta:   “Si aquellos días no fuesen acortados, nadie sería salvo; mas por causa de los escogidos, aquellos días serán acortados” (Mt. 24:22).

            Al acercarse rápidamente el FIN de esta era gobernada por los hombres bajo la influencia de Satanás, es imperativo que nos detengamos a analizar si realmente estamos obedeciendo al Dios que nos da vida y aliento.   ¿Por qué?   Porque Jesucristo mismo advirtió que la “fe vana” es inútil.   Terminado su sermón del monte, Jesús advirtió:   “No todo el que me dice:   Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos” (Mt. 7:21).

            En otra ocasión exclamó:   “¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo?” (Lc. 6:46).   Y en una acalorada discusión con los fariseos, Jesús citó una profecía de Isaías:   “Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, como está escrito:   Este pueblo de labios me honra, mas su corazón está lejos de mí.   Pues EN VANO me honran, enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres” (Mr. 7:6-7).   ¡Meditemos en eso!   Jesús dijo claramente que si uno sigue mandamientos de hombres, puede estar adorando a Dios EN VANO.   Luego reiteró:   “Bien invalidáis el mandamiento de Dios para guardar vuestra tradición” (v. 9).

            Está claro, pues, según Jesucristo, que cuando las tradiciones de los hombres chocan con los mandamientos de Dios, ¡el problema para nosotros es GRAVE!

            ¿Sabía usted que la obediencia al mandamiento de guardar el verdadero día de descanso santificado por Dios, afecta directamente la posibilidad de que recibamos la vida eterna en su Reino?   ¿Sabía que el precepto referente al verdadero día de reposo es--y siempre ha sido--un mandamiento por medio del cual Dios “prueba” al ser humano?

 

¿Cuál es el día de reposo según la Biblia?

 

            Jesucristo nos enseñó:   “No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra de Dios” (Lc. 4:4).   También aclaró que la Biblia NO se contradice a sí misma, pues dijo:   La Escritura NO PUEDE ser quebrantada” (Jn. 10:35).

            El apóstol Pablo habló más sobre el tema, diciendo:   “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra” (2 Ti. 3:16-17).

            Si estamos dispuestos a CREER estas palabras inspiradas, no será difícil entender este importante tema, pues la Biblia habla sobre el verdadero día de descanso de Dios desde el Génesis hasta el Apocalipsis.   En realidad, este es uno de los temas más claros y fáciles de entender en toda la Biblia; siempre y cuando lo estudiemos con el deseo sincero de saber la verdad y sin temor al “qué dirán”.

 

Recuerde que en los días de Jesucristo, muchos líderes religiosos sabían que Él era el Cristo pero no lo reconocían precisamente por eso:   “Porque amaban más la gloria de los hombres que la gloria de Dios” (Jn. 12:43).   ¿Tiene usted la fe y el valor para hacer lo que Dios claramente ordena, sin importar lo que piensen los demás?

            Veamos, pues, las PRUEBAS claras y contundentes sobre cuál es el verdadero día de descanso del Dios Todopoderoso.   Comencemos nuestra búsqueda imaginándonos en una isla desierta con una Biblia y un calendario como únicos materiales escritos que hemos salvado del naufragio.   Supongamos que hemos olvidado el día que guardábamos anteriormente y que ahora muy sinceramente queremos indagar la verdad.   ¿Qué día acabaremos por guardar después de nuestro estudio sincero y objetivo de la Biblia?

            ¿Acaso el “domingo”?

            ¡De ninguna manera!

            ¿POR QUÉ?   ¡Porque la Biblia jamás ordena a nadie observar el domingo como día semanal de adoración!   Desde el Génesis hasta el Apocalipsis, vemos que todos los siervos fieles de Dios, tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo, observaron el día de reposo el séptimo día de la semana (desde el atardecer del viernes hasta el atardecer del sábado)... jamás el domingo, que es el primer día de la semana.   Y los cristianos seguirán guardando este mismo día de reposo, el sábado, durante los mil años de reinado de Jesucristo en la tierra (ver Ap. 20:4-6).

            En Marcos 2:23-28, vemos a Jesús permitiendo que sus discípulos arranquen espigas para comer mientras atraviesan los campos en sábado.   Los fariseos, que habían agregado al mandamiento sobre el sábado más de 60 legalismos de su propia invención, se lanzan a criticar.   Pero Jesús tranquilamente responde:   “El sábado fue hecho por causa del hombre, y no el hombre por causa del sábado.   Por tanto, el Hijo del Hombre es Señor aun del sábado” (vs. 27-28; RV, Rev. 1995).

            Cristo no dijo que el sábado fuera hecho para los judíos sino para “el hombre”.   Dijo que Él es Señor no del domingo sino del sábado.   Jesús no dio el menor indicio de haber abolido el mandamiento que ordena guardar el sábado.   Más bien demostró tanto aquí como en los versículos que siguen, cómo se debe guardar este día de descanso de un modo más significativo.   Recuerde:   Jesús dijo que el sábado fue hecho “por causa del hombre”--para que el hombre lo guardara--MUCHO ANTES de que existiera el pueblo judío.

            Ahora veamos cómo fue que Dios hizo a la humanidad y cómo le dio al hombre el día de reposo.   En Génesis 1:1 leemos:   “En el principio creó Dios los cielos y la tierra”.   Esta creación original pudo ocurrir hace miles de millones de años.   El siguiente versículo demuestra que luego la tierra cayó en un estado de caos y desolación.   Y los versículos siguientes describen cómo Dios reformó nuestro planeta hace unos 6.000 años y creó los progenitores de la fauna y la flora que lo habitan hoy.   Ahora notemos el versículo 26:   “Entonces dijo Dios:   Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra”.   La humanidad, pues, fue creada a “imagen” de Dios, con “potestad” para GOBERNAR sobre el resto de la creación.   Pero, ¿cómo se mantendría el hombre en contacto con su Hacedor?   ¿De qué manera mantendría siempre el conocimiento del Dios verdadero, CREADOR de todo lo que existe?

 

            Génesis 2:2-3 comienza a esbozar la respuesta:   “Acabó Dios en el día séptimo la obra que hizo; y reposó el día séptimo de toda la obra que hizo.   Y BENDIJO Dios el día séptimo, y lo santificó, porque en él reposó de toda la obra que había hecho en la creación”.

            Notemos que Dios “acabó” o completó su obra de creación reposando el séptimo día de la semana.   La palabra “sábado” es intercambiable con la expresión “día de reposo”.   Se deriva de la palabra hebrea shabath que significa literalmente “reposo” o el hecho de cesar algo.   Dios creó el sábado reposando ese día y cesando de crear cosas materiales.   Además, lo “bendijo” y lo “santificó”, o sea que lo apartó para un uso santo.   Al bendecir y santificar el séptimo día o sábado como su día de reposo--¡y ningún otro!--Dios demostró que su presencia está EN ese día de un modo muy especial.   De todos los días de la semana, SOLAMENTE el sábado señala hacia Dios de una manera especial como el verdadero Dios, Creador y dueño de todo el universo.

 

El domingo en el Nuevo Testamento

 

            La palabra “domingo” ni siquiera aparece en la Biblia.   Lo que aparece es “el primer día de la semana”; ocho veces en total y siempre en el Nuevo Testamento.   Cinco de esas referencias (Mateo 28:1, Marcos 16:1-2, Marcos 16:9, Lucas 24:1 y Juan 20:1) hablan del momento en que María Magdalena y otras personas llegaron a la tumba DESPUÉS de la resurrección de Cristo.   Como vamos a demostrar más adelante en este folleto, Jesús resucitó el sábado al atardecer, NO el domingo en la mañana.   ¡De manera que los versículos citados no se refieren a la observancia del día de la resurrección de Cristo!

            En Juan 20:19 leemos:   “Cuando llegó la noche de aquel mismo día, el primero de la semana, estando las puertas cerradas en el lugar donde los discípulos estaban reunidos por miedo de los judíos, vino Jesús, y puesto en medio, les dijo:   Paz a vosotros”.   Aquí no se trataba de una reunión religiosa sino que estaban reunidos “por miedo de los judíos”.   Con temor de sufrir el mismo destino que su Señor crucificado.   No se habían reunido para celebrar la resurrección, ¡pues no creían que Cristo había resucitado! (Mr. 16:14; Lc. 24:27-41).

            El libro de los Hechos narra el desarrollo doctrinal y las prácticas en los primeros días de la Iglesia.   En este libro, solamente una vez en el capítulo 20 se menciona “el primer día de la semana”:   “El primer día de la semana, reunidos los discípulos para partir el pan [para comer], Pablo les enseñaba, habiendo de salir al día siguiente; y alargó el discurso hasta la medianoche” (v. 7).   Esta fue una ocasión normal de despedida, con una comida, no se trataba de un servicio de adoración.   Desde el punto de vista bíblico, los días comienzan y terminan en el ocaso; de manera que esta reunión se efectuó después de terminar el sábado.   Al amanecer del domingo, Pablo inició una ardua caminata de 32 kilómetros (vs. 11-14).   ¡Esto, decididamente, no fue descansar en el “día del Señor”!

            En 1 Corintios 16:2 el apóstol Pablo solicitó:   “Cada primer día de la semana cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado, guardándolo, para que cuando yo llegue no se recojan entonces ofrendas”.   Esto en ninguna forma respalda la adoración dominical.   Observemos que esta práctica debería evitarse cuando Pablo llegara a Corinto.

 

Y notemos además que en ninguna parte del versículo se ordena una santa convocación semanal con motivo de la colecta.   Tampoco se trataba de recoger dinero, sino alimentos para ayudar a los pobres de Jerusalén que estaban padeciendo sequías y hambre (ver Ro. 15:25-28).   Antes de que Pablo llegara, a cada persona se le solicitaba poner “aparte algo”, una donación, posiblemente guardada en su propia casa.   Pablo sabía que la contribución sería voluminosa, de manera que necesitaría de varias personas para llevarla hasta Jerusalén (v. 4).   Esto demuestra que no se trataba de un donativo monetario.

            Apocalipsis 1:10 es un versículo que suele citarse para decir que el domingo es el “día del Señor”:   “Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor, , y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta”.   Esto no se refiere al culto religioso ni se refiere al domingo.   El Apocalipsis es una profecía (v. 3) sobre cosas que ocurrirán en el tiempo del fin.   El “día del Señor” es el mismo “día del Eterno”, un período futuro que se menciona más de 30 veces en las profecías bíblicas.   Se trata del tiempo en que Dios va a intervenir con poder sobrenatural en los asuntos humanos, castigando a las naciones y enviando a Jesucristo a la tierra para traer la paz mundial.   Lo que Juan está diciendo es que el Espíritu de Dios lo trasladó en una visión a aquel tiempo.

            Supongamos por un momento que Juan estuviera hablando de un día de la semana.   Según la Biblia, ¿cuál sería ese día?   Jesucristo dijo:   “El Hijo del hombre también es señor del sábado” (Mr. 2:28; Biblia de Jerusalén).   Antes de venir en carne, Cristo [el Verbo] llamó al sábado “mi día santo... delicia, santo, glorioso del Eterno” (Is. 58:13).   Y en el cuarto mandamiento dijo:   “El séptimo día es reposo para el Eterno tu Dios” (Éx. 20:10).   Es obvio entonces, que el día sábado no es nuestro día; ¡es el día del Señor!   No existe ninguna base bíblica para considerar el domingo como el día de observancia semanal.

 

El mandamiento de prueba

 

            Todo estudiante de la Biblia sabe que el patriarca Abraham fue el bisabuelo de Judá, de quien vienen los “judíos”.   ¿Guardó Abraham el verdadero día de reposo de Dios?   ¡Por supuesto!   Dios dijo:   “Por cuanto oyó Abraham mi voz, y guardó mi precepto, mis mandamientos, mis estatutos y mis leyes” (Gn. 26:5).

            Las generaciones siguientes de israelitas entendieron claramente por estos versículos que Abraham guardó el sábado o séptimo día como día de descanso que Dios había santificado cuando creó a la humanidad.   No olvidemos que Abraham es el “padre” de todos los creyentes, como dice el apóstol Pablo (Ro. 4:11, 16).

            Algunos alegan que los diez mandamientos--entre ellos el cuarto que ordena guardar el sábado--eran solo parte del “Antiguo Pacto” que Dios celebró con Israel en el Monte Sinaí en tiempos de Moisés.   Sostienen que el Antiguo Pacto se acabó con la muerte de Cristo y que con Él terminaron los diez mandamientos, entre ellos el mandamiento del día de reposo.

            Olvidan que Dios santificó el sábado (o sea, lo hizo “tiempo santo”) al principio de la historia humana.   Y 2000 años más tarde Abraham, padre de los creyentes, estaba dando EJEMPLO de fidelidad al guardar los mandamientos y estatutos de Dios, que obviamente incluyen la observancia del día de reposo.

 

¡Y todo esto fue MUCHO ANTES de que existiera el Antiguo Pacto con Israel!

Siglos después, en el Éxodo, vemos a los descendientes de Abraham saliendo de la esclavitud en Egipto guiados por Moisés.   Varias semanas antes de celebrarse el Antiguo Pacto en el Monte Sinaí, Dios quiso recordarle a su pueblo el verdadero día de descanso que Él le había dado a la humanidad en la creación.   Por si alguien lo había olvidado, o si había alguna confusión o duda en cuanto a su día de reposo; lo cual era muy posible ya que los israelitas llevaban varias generaciones de esclavitud en Egipto; Dios le dio a su pueblo una serie de señales que indicaban muy claramente cuál era el día que Él había santificado.

            Estudiemos la narración en Éxodo 16:1-30.   El pueblo de Israel estaba murmurando contra Dios, quejándose de no tener más comida.   Dios dijo que lo PROBARÍA, para ver  “si anda en mi LEY, o no” (v. 4).   Es interesante este versículo porque muestra una vez más que la ley de Dios estaba en efecto desde ANTES de celebrarse el Antiguo Pacto en el Monte Sinaí.

            Dios, pues, les explicó que efectuaría el siguiente milagro:   Todos los días de la semana, excepto el sábado, una comida especial del cielo llamada “maná” cubriría el suelo a la madrugada como el rocío.   La gente debía recogerlo cada mañana y comerlo ese mismo día.   No podrían guardarlo de un día para otro porque se llenaría de gusanos y produciría mal olor.

            Los sábados no se hallaría maná en el suelo.   ¿Qué comerían ese día?   La respuesta de Dios es la segunda fase del milagro:   Cada viernes, Él les daría doble porción de maná; una porción para ese día y otra para guardar y comer el sábado (v. 23).   Esto a su vez hacía necesaria una tercera fase del milagro:   Evitar que el maná guardado de un día para otro se dañara.   El único tiempo de la semana en que se podía guardar comida de un día para otro era de viernes a sábado.   Con esto, Dios estaba mostrándoles que el viernes era el día de preparación para el sábado.

            Dios arregló las cosas de esta manera para que su pueblo no tuviera que cumplir la faena de recoger maná el día sábado.   Así podrían descansar el sábado y a la vez tener algo para comer.   “Ellos lo guardaron para el día siguiente, según la orden de Moisés; y no se pudrió, ni se agusanó.   Dijo entonces Moisés:   Hoy comeréis esto, porque es sábado del ETERNO; y en tal día no hallaréis nada en el campo” (vs. 24-25; Biblia de Jerusalén).

            Recuerde que esta era una PRUEBA para ver si ellos obedecerían o no la ley de Dios.   Pero, ¿qué hizo el pueblo?

            Muy humanamente, cometieron el mismo error que muchos cometen hoy:   ¡NO tomaron a Dios en serio!   Algunos israelitas salieron a buscar maná inclusive el sábado.   “El Eterno dijo a Moisés:   ¿Hasta cuándo no querréis guardar mis mandamientos y mis leyes?   Mirad que el ETERNO os dio el día de reposo, y por eso en el sexto día os da pan para dos días.   Estése, pues, cada uno en su lugar, y nadie salga de él en el séptimo día.   Así el pueblo reposó el séptimo día” (vs. 28-30).

            Este pasaje, pues, muestra cómo varias semanas antes de que Israel llegara al Monte Sinaí, Dios empezó a realizar un milagro semanal de tres fases para mostrarle a su pueblo CUÁL era--y siempre había sido--su sábado, o día santo de reposo.   Cuando algunos intentaron trabajar ese día, el Creador los reprendió:   “¿Hasta CUÁNDO no querréis guardar mis mandamientos y mis leyes?”

 

¿Quién dio los diez mandamientos?

 

            Los diez mandamientos, incluido el que ordena guardar el sábado, han existido desde la creación de la humanidad.   Dios únicamente se lo estaba recordando a los hijos de Israel.   Ahora, veamos cómo Dios codificó este decálogo.   Fue una ocasión imponente.   Hubo truenos y relámpagos y la tierra TEMBLÓ con el poder del Creador.   Entonces Dios mismo y no Moisés, pronunció los diez mandamientos (Éx. 20:1).   Muchos creen que Dios Padre dio estos mandamientos y que Jesucristo vino y los abolió después.   ¿Es esto lo que la Biblia enseña?

            Hablando del Padre, Jesús dijo:   “Nunca habéis oído su voz, ni habéis visto su aspecto” (Jn. 5:37).   Entonces, ¿quién fue el Dios que estuvo con Israel en el desierto de Sinaí?   La Biblia lo llama la “Roca” (Dt. 32:4, 15, 31; Sal. 18:2, 31, 46, etc.).   En el Nuevo Testamento, el apóstol Pablo escribe por inspiración que los israelitas “bebían de la roca espiritual que los seguía, y la roca era Cristo” (1 Co. 10:4).   La Biblia dice claramente que la Persona de la Deidad que habló con la antigua Israel fue aquel que más tarde se “despojó a sí mismo” ¡y se convirtió en Jesucristo!

            Jesús lo confirma al decirles a los fariseos:   “Antes que Abraham fuese, YO SOY” (Jn. 8:58).   Muchos comentaristas bíblicos respetables reconocen que en este versículo Jesús está diciendo claramente que Él era el Dios de Israel ahora hecho carne.

            Respecto a esta frase:   “YO SOY”, el Expositor’s Bible Commentary dice:

 

“‘YO SOY’ implica una existencia continua, incluida la existencia cuando apareció Abraham.   Por lo tanto, Jesús estaba afirmando que cuando nació Abraham, Él ya existía.   Además, YO SOY era reconocido por los judíos como un título de la Deidad.   Cuando Dios le dio a Moisés la comisión de exigirle a Faraón la libertad de los israelitas, dijo:   ‘Así dirás a los hijos de Israel:   YO SOY me envió a vosotros’ (Éx. 3:14).   Un erudito señala lo siguiente:   ‘Esta frase constituye la declaración más auténtica, audaz y profunda que Jesucristo hizo con respecto a su identidad’” [vol. 9, pág. 99].

 

            Jesucristo ciertamente fue el Dios del Antiguo Testamento, el “Verbo” (como se le llama en el primer capítulo del Evangelio de Juan) que habló en nombre del Padre.   [Para más información sobre este tema, por favor solicite nuestro folleto gratuito:   ¡El Dios que podemos conocer!].   La Biblia también muestra que Cristo fue aquel mediante el cual Dios creó todas las cosas (Jn. 1:1-3, 14; Col. 1:16-17; Heb. 1:2-3).   ¡Esto significa que Jesucristo creó el sábado cuando reposó el séptimo día!   Con razón es Señor de ese día, como vimos en Marcos 2:28.   ¡Él fue quien HIZO el sábado!

            Ahora podemos entender que fue la voz de Cristo la que hizo TEMBLAR las montañas cuando expuso la gran LEY espiritual de Dios.   Esa ley, como hemos visto, ya existía desde la creación.   Pero los israelitas habían estado en esclavitud y seguramente su conocimiento de la ley y del Gran Dios que la dictó se había tornado borroso con el tiempo.   Ahora Dios, por medio del “Verbo”, Jesucristo, pronunció su ley y luego la inscribió en tablas de piedra (Éx. 31:18; 34:1).

 

            Hacia la mitad de la exposición de aquella ley encontramos el cuarto mandamiento (y es interesante notar que Dios le dedica más espacio que a cualquier otro).   Allí Dios le recordó nuevamente a Israel que debía guardar el séptimo día:   “Acuérdate del sábado para santificarlo.   Seis días trabajarás y harás toda tu obra, pero el séptimo día es reposo para el ETERNO, tu Dios; no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni el extranjero que está dentro de tus puertas, porque en seis días hizo el Eterno los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, el Eterno bendijo el sábado y lo santificó” (Éx. 20:8-11, RV, Rev. 1995).

            Notemos que Dios dijo:   “Acuérdate” del sábado.   Ellos ya habían recibido la enseñanza sobre el sábado desde la creación y nuevamente en Éxodo 16, como ya vimos.   Luego Dios les dijo que lo santificaran, o sea que apartaran ese tiempo de cada semana para uso santo, tal como Dios lo había dispuesto.   Como veremos más adelante, el séptimo día es el ÚNICO período de tiempo semanal que Dios ha santificado o apartado como tiempo santo.

            En el versículo 11, Dios nos recuerda que el sábado señala hacia la creación.   Después de pasar seis días creando, Dios reposó el séptimo día.   “Por tanto, el ETERNO bendijo el sábado y lo santificó”.   De nuevo, ningún otro día de la semana ha sido bendecido por Dios, ninguno ha recibido su favor de esta manera.

            Pero, ¿acaso el sábado no fue parte de la ley de los sacrificios o rituales judíos que quedó abolida?   Algunos teólogos tratan de razonar de esta manera, pero, basta estudiar la Biblia para desmentir tales argumentos.   Notemos que Éxodo 20 no hace NINGUNA relación entre el sábado y los sacrificios de animales, lavamientos ni ningún otro ceremonial (ver Jer. 7:22-23).  Deuteronomio 5:22 aclara con énfasis que los diez mandamientos se yerguen SOLOS como la gran ley espiritual de Dios:   “Estas palabras habló el ETERNO a toda vuestra congregación en el monte, de en medio del fuego, de la nube y de la oscuridad, a gran voz; y NO AÑADIÓ MÁS.   Y las escribió en dos tablas de piedra, las cuales me dio a mí”.

 

Una señal entre Dios y su pueblo

 

            Más tarde Dios (nuevamente el mismo que habría de convertirse en Jesucristo) hizo un pacto especial con Israel relacionado con el sábado.   Dios dijo:   “Tú hablarás a los hijos de Israel y les dirás:   En verdad vosotros guardaréis MIS sábados, porque es una SEÑAL entre mí y vosotros por vuestras generaciones, PARA QUE SEPÁIS que yo soy el Eterno que os santifico” (Éx. 31:13, RV, Rev. 1995).

            El énfasis aquí es que sabremos cuál es el verdadero Dios que nos aparta para sí, siempre y cuando guardemos la “señal” de su día, que lo revela como el CREADOR.

            El Eterno (o sea Jesús antes de su encarnación) continuó:   “Guardarán, pues, el sábado los hijos de Israel, celebrándolo a lo largo de sus generaciones como un pacto PERPETUO.   PARA SIEMPRE será una señal entre mí y los hijos de Israel, porque en seis días hizo el ETERNO los cielos y la tierra, y en el séptimo día cesó y descansó” (vs. 16-17, misma versión).

 

            El sábado, entonces, es una señal que indica cuál es el pueblo fiel de Dios; las personas que se han entregado a Él y que están dispuestas a exhibir la “señal” del Creador guardando el único día de la semana que Dios santificó.   Al mismo tiempo, esa señal le recuerda al pueblo de Dios que ellos NO adoran a “dioses” de madera y piedra ni productos de la imaginación humana, sino al CREADOR mismo; el que hizo la madera y la piedra y aun la mente humana, que tantas veces trata de abandonarlo para inventarse su propio concepto de “dios”.

            Note especialmente que los israelitas debían guardar el sábado como “pacto perpetuo” entre ellos y Dios “para siempre”.   ¿Vemos siquiera UN indicio de que un israelita que se convirtiera al cristianismo debía abandonar ese pacto sagrado en favor de algún otro día?   ¿Acaso Dios tiene un criterio de doble moral en cuanto al día que sus fieles deben guardar?

            No.   Al contrario.   El apóstol Pablo dijo que los cristianos no judíos habían sido “injertados” en Israel convirtiéndose en israelitas espirituales (ver Ro. 11:17, 24; Gá. 3:28-29).   Además, señaló claramente:   “Pues no es judío el que lo es exteriormente, ni es la circuncisión la que se hace exteriormente en la carne; sino que es judío el que lo es en lo interior, y la circuncisión es la del corazón, en espíritu, no en la letra; la alabanza del cual no viene de los hombres, sino de Dios” (Ro. 2:28-29).   Por esta razón, Pablo llamó a la Iglesia del Nuevo Testamento el “Israel de Dios” (Gá. 6:16).

            Los gentiles convertidos, pues, vienen a ser parte del Israel espiritual y también deben obedecer los diez mandamientos; la gran LEY espiritual del Creador.   Y es claro que también deben obedecer los términos del pacto perpetuo del sábado que Jesús celebró con Israel antes de su encarnación.   Esta es una señal entre Jesucristo y su pueblo ¡PARA SIEMPRE!

            En Isaías 56, encontramos una profecía asombrosa situada en medio de las profecías sobre el TIEMPO DEL FIN, muchas de las cuales se refieren al futuro inmediato.   Dentro de ese panorama del fin, Dios da las siguientes instrucciones a los hombres y mujeres de TODAS las naciones:   “Bienaventurado el hombre que hace esto, el hijo del hombre que lo abraza: que guarda el sábado para no profanarlo, y que guarda su mano de hacer lo malo” (v. 2, RV, Rev. 1995).

            Unos versículos más adelante, Dios dice que los gentiles o extranjeros también deben guardar su día de reposo y describe las BENDICIONES que recibirán por hacerlo:   “Y a los hijos de los extranjeros que sigan al ETERNO para servirle, y que amen el nombre del ETERNO para ser sus siervos; a todos los que guarden el día de reposo para no profanarlo, y abracen mi pacto, yo los llevaré a mi santo monte, y los recrearé en mi casa de oración; sus holocaustos y sus sacrificios serán aceptos sobre mi altar; porque mi casa será llamada casa de oración para TODOS LOS PUEBLOS” (vs. 6-7).

            Tal como dijo Jesús, el sábado fue hecho por causa del “hombre”; es decir, para TODA la humanidad.   Ahora, veamos cómo Jesús y los apóstoles guardaban siempre el sábado como día de descanso; el mismo día que estaban guardando los judíos.

 

El ejemplo de Jesucristo

 

            Dios nos dice una y otra vez que Cristo era la “luz”, el EJEMPLO de cómo debemos vivir.   Es increíble el número de ministros que se dicen cristianos y profesan su acuerdo con esta afirmación, pero razonan y discuten, y discuten, y SIGUEN DISCUTIENDO contra el ejemplo perfecto de Cristo que guardó el sábado y demás leyes de Dios.

            Hablando de Jesús, el Evangelio de Juan dice:   “En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.   La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella [o comprendieron]” (1:4-5).   La verdad es que hasta el día de hoy la mayoría de los devotos de esa “Luz” siguen sin comprenderla.

            Más tarde, Cristo dijo:   “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (8:12).   ¿Qué significa “el que me sigue”?

¿Acaso alguna persona puede rechazar las enseñanzas de Jesús, negarse a seguir su ejemplo y enseñanzas, y aún así llamarse su “seguidor”?   En 1 Pedro 2:21-22, el apóstol nos dice por inspiración de Dios:   “Para esto fuisteis llamados; porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas; el cual no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca”.

            Sí, ¡Cristo nos dio ejemplo en todo!   El apóstol Pablo vuelve sobre este tema, diciendo:   “Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo” (1 Co. 11:1).   Por tanto, debemos ser “imitadores” de Jesucristo, y no solo seguirlo libremente de acuerdo con nuestro propio razonamiento humano.

            Hacia el final de su vida, el apóstol Juan dijo:   “El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo” (1 Jn. 2:6).

            ¿Cómo anduvo Jesucristo?   El sermón del monte ha sido considerado como la ESENCIA misma de las enseñanzas de Cristo.   En éste Jesús dijo:   “No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir [cabalmente].   Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra [y esto aún no ha sucedido], ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido.   De manera que cualquiera que quebrante uno de estos mandamientos muy PEQUEÑOS y así enseñe a los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos; mas cualquiera que los haga y los enseñe, éste será llamado grande en el reino de los cielos” (Mt. 5:17-19).

            Jesús no vino para abolir los diez mandamientos que Él mismo había traído de parte del Padre en el Antiguo Testamento.   Más bien, vino para darles su expresión plena, para mostrar su sentido espiritual.   En realidad, los hizo aún más estrictos.   Por ejemplo, explicó que el séptimo mandamiento que prohíbe el adulterio, prohíbe mucho más que las relaciones sexuales con alguien diferente del cónyuge; también prohíbe codiciar a otra persona (vs. 27-28).   Y como acabamos de ver, Jesús dijo que para ser “grande” en su reino venidero hay que guardar e incluso enseñar los mandamientos “muy pequeños”.   ¡Cuánto más el mandamiento de PRUEBA que señala al verdadero Dios Creador!

            Hay quienes dicen que Cristo quebrantó el sábado.   ¡Eso es completamente falso!   La Biblia dice que Él era “sin pecado” (Heb. 4:15), y “el pecado es infracción de la ley” (1 Jn 3:4).

 

Sabemos que Cristo jamás infringió la ley de Dios, ni el cuarto mandamiento sobre el sábado, ni ningún otro.   Si Jesús hubiera quebrantado el sábado, habría traído sobre sí la paga del pecado, que es la muerte (Ro. 6:23) y por tanto no podría ser nuestro Salvador.   Está claro que Jesús nunca quebrantó ni siquiera el más pequeño de los mandamientos de Dios, ni enseñó a los hombres a hacerlo.   Al contrario, dijo:   “Yo he GUARDADO los mandamientos de mi Padre” (Jn. 15:10).   Hay quienes utilizan Juan 5:18 para probar que Jesucristo quebrantaba el sábado:   “Por esto los judíos aun más intentaban matarlo, porque no solo quebrantaba el sábado, sino que también decía que Dios era su propio Padre...” (RV, 1995).

Los judíos acusaban a Jesucristo de haber quebrantado el sábado, porque había sanado completamente a un hombre que llevaba 38 años enfermo (ver Jn. 5:5-9).   Jesucristo mismo responde a esta falsa acusación en Juan 7:23-24:   “Si recibe el hombre la circuncisión en sábado, para que la Ley de Moisés no sea quebrantada, ¿os enojáis conmigo porque en sábado sané completamente a un hombre?   No juzguéis según las apariencias, sino juzgad con justo juicio” (RV, 1995).

            Desde el comienzo de su ministerio Jesús sentó la norma que cumpliría durante toda la vida:   “Vino a Nazaret, donde se había criado; y en el día de reposo [sábado] entró en la sinagoga, CONFORME A SU COSTUMBRE, y se levantó a leer” (Lc. 4:16).   En Lucas 13:10 leemos:   “Enseñaba Jesús en una sinagoga en el día de reposo”.   Por supuesto que debemos seguir el ejemplo de Cristo guardando el mismo día de reposo que Él guardó.   Y, ¿cuál era ese día?   El mismo, por supuesto, que estaba guardando el pueblo judío a su alrededor:   ¡el sábado!

            En realidad, el día de descanso (y así lo han entendido siempre los judíos) se guarda desde el ocaso del viernes hasta el ocaso del sábado.   De hecho, todos los días en el calendario de Dios van de un ocaso a otro; la noche primero y luego el día (ver Lv. 23:32; Gn. 1:5-31).   Dios NO dispuso que los días comiencen y terminen a la medianoche, como calcula el hombre con sus relojes.   En esa época ni siquiera había relojes como los nuestros, sino el “reloj” GRANDE de Dios en el cielo; el sol y las estrellas que sirven para ajustar TODOS los calendarios hechos por el hombre, aun hoy.   Recordemos que al principio Dios dijo:   “Haya lumbreras en la expansión de los cielos para separar el día de la noche; y sirvan de señales para las estaciones, para días y años” (Gn. 1:14),   Por eso, cuando guardamos los días que Dios santificó, vemos que se basan en la creación misma, la cual, marcando el tiempo por los cuerpos celestes, ¡señala hacia el CREADOR de todo lo que existe!

            A propósito, el hecho de que Cristo guardara el mismo día de reposo que los judíos demuestra que no se había perdido el conocimiento del día correcto en tiempos lejanos, como dicen algunos.   Recordemos que antes de su encarnación, Cristo les había recordado a los israelitas muy claramente cuál era el verdadero día de descanso (ver Éx. 16).   ¿Acaso no iba a guardar el día correcto durante su vida humana?   ¡Por supuesto!   Lo haría aunque los judíos estuvieran equivocados en cuanto al día... pero no lo estaban.   ¡Cristo era Señor del día que los judíos estaban guardando! (ver. Mr. 2).   Y desde entonces hasta hoy, la semana de siete días ha permanecido sin alteración.

            ¿Cómo podemos estar seguros?   Los judíos siguieron observando el sábado aun después que se dispersaron.   Si se hubiera perdido el ciclo semanal, los judíos en un lugar del mundo estarían guardando un día y los de otros lugares estarían guardando otros días.   Pero, ¿qué encontramos?

En todas las naciones por donde se ha dispersado el pueblo judío, sigue guardando unánimemente el MISMO DÍA; ¡el sábado!   Por tanto, el sábado sigue siendo el séptimo día del ciclo semanal que comenzó en la creación.

 

¿Quebrantaron el sábado Cristo y sus discípulos?

 

            Después de todo lo que hemos visto, es evidente que Jesús guardó el sábado de Dios, aunque muchos todavía afirmen lo contrario.   Los fariseos lo acusaron de transgredirlo, como en el episodio de Marcos 2, cuando sus discípulos arrancaron espigas para calmar el hambre un sábado.   Pero eso NO fue QUEBRANTAR el día de reposo.   Lo que se quebrantó fue una restricción legalista que los escribas y fariseos le habían agregado al día de reposo.

            ¿Por qué lo habían hecho?   Por un lado, bajo el Antiguo Pacto el castigo por quebrantar el sábado era la muerte por lapidación (Éx. 31:15; Nm. 15:32-35).   ¡Así de grave era!   Por otra parte, el quebrantamiento del sábado y la idolatría fueron los dos pecados principales que determinaron el cautiverio y la esclavitud  de Israel y Judá siglos antes, y según la profecía este fenómeno se iba a repetir (ver Neh. 13:17-18; Ez. 20:10-25; 22:6-23:47).   Entonces, en éste como en la mayoría de los puntos de la ley de Dios, los escribas y fariseos se fueron al otro extremo y empezaron a legislar minuciosamente todo lo que era permitido o no permitido hacer en el día sábado.   Como hemos dicho, le añadieron más de 60 requisitos o restricciones específicas al mandamiento de Dios.   De este modo, convirtieron el día santo semanal de Dios en una gran carga, cosa que no debía ser (ver 1 Jn. 5:3).   Por ejemplo, según ellos, el sábado solamente se podía dar cierto número de pasos y luego había que sentarse a descansar.   Pero Dios no ordena tal cosa en su ley.

            Ahora bien, era deber de cada uno cuidarse de no hacer demasiado esfuerzo en el día de descanso, para que sus acciones no se convirtieran en trabajo.   Si Jesús no hubiera estado con sus discípulos, ellos habrían tenido que decidir.   Pero Cristo sí estaba ahí como Juez perfecto, como Dios en la carne y Señor del sábado.   ¡Y Él dejó muy en claro que los escribas y fariseos estaban equivocados!   Arrancar unas espigas y comérselas sencillamente no es quebrantar el mandamiento del sábado.   Sería muy distinto si los discípulos hubieran estado cosechando.   Pero no era una cosecha.   Simplemente estaban arrancando algo para comer.

            Algunos insistirán en que el día de reposo quedó abolido cuando Cristo murió.   ¿Lo creían así sus discípulos?   Después de sepultar a Cristo, algunas de sus seguidoras más dedicadas resolvieron preparar mejor el cuerpo para evitar que se descompusiera muy rápidamente en la tumba.   “Y vueltas, prepararon especias aromáticas y ungüentos; y descansaron el día de reposo, conforme al mandamiento” (Lc. 23:56).   Estas son palabras inspiradas por Dios, aun después de muerto Jesús, después de quedar clavado TODO lo que iba a clavarse en la cruz.   ¡El mandamiento divino del sábado permanecía intacto!

            ¿Acaso los discípulos de Cristo reemplazaron el sábado por el domingo?   Acabamos de ver que se abstuvieron de trabajar el sábado.   Veamos ahora los versículos que continúan:   “El primer día de la semana, muy de mañana, vinieron al sepulcro, trayendo las especias aromáticas que habían preparado, y algunas otras mujeres con ellas.

 

Y hallaron removida la piedra del sepulcro” (24:1-2).   Era domingo ya, y habían ido allí a trabajar.   Obviamente, el día de descanso que santificaron había sido el día anterior: el sábado.

            Una vez resucitado, ¿acaso dio a entender Jesús que su enseñanza anterior había quedado abolida o clavada en la cruz?   ¡DE NINGUNA MANERA!   Al contrario, les dijo a sus discípulos que fueran por toda la tierra enseñando las mismas cosas aun hasta el FIN de esta era:   “Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra.   Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; y enseñándoles que guarden TODAS LAS COSAS que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mt. 28:18-20).

 

La resurrección no ocurrió un domingo

 

            Si en alguna ocasión visitamos una de las iglesias más conocidas como cristianas y le preguntamos a uno de sus miembros la razón para asistir a los servicios de adoración en el día domingo, la respuesta más frecuente que podríamos recibir es que Jesús resucitó en ese día.   Pero, ¿podrá resistir esta idea una revisión minuciosa?

            Observemos la respuesta de Cristo a los fariseos que le pedían una señal que lo identificara como el Mesías:   “Respondió y les dijo:   La generación mala y adúltera demanda señal; pero señal no les será dada, SINO la señal del profeta Jonás.   Porque como estuvo Jonás en el vientre del gran pez tres días y tres noches, así estará el Hijo del Hombre en el corazón de la tierra tres días y tres noches” (Mt. 12:39-40).

            La única señal que Jesús indicó para probar que Él era el Mesías fue que estaría en el sepulcro un tiempo determinado y exacto:   “tres días y tres noches” (o 72 horas).   Pero la tradición del “Domingo de Pascua” sostiene que Cristo fue enterrado poco antes del ocaso del “Viernes Santo” y resucitado al amanecer del domingo; únicamente dos noches y un día (o 36 horas).

            Algunos lo explicarán dando otra definición para “día”.   Pero Cristo claramente estableció que sin tomar en cuenta la noche, el día tiene doce horas (Jn. 11:9-10).   Entonces, cuando los partidarios del Domingo de Pascua toman esta afirmación de Cristo, y llegan a la conclusión de que estuvo en el sepulcro tres días x 12 horas = 36 horas; vemos que están dejando por fuera las “tres noches”.

Si el tiempo diurno dura aproximadamente 12 horas y el tiempo nocturno otras 12 horas, el día completo dura 24 horas.   De manera que tres días y tres noches necesariamente suman 72 horas.   ¿Fueron 72 horas exactas?   En Marcos 8:31 dijo que “le era necesario... resucitar DESPUÉS de tres días”; no menos de 72 horas.   Pero en Juan 2:19-21 dos veces dijo que “EN tres días”; no más de 72 horas.   ¡De esta manera nos queda absolutamente claro que se trata de 72 horas exactas!   Y una de las virtudes de Dios es ser siempre puntual.

            Tomemos también en cuenta el hecho de que cuando las mujeres llegaron al sepulcro, el domingo al amanecer, “siendo aún oscuro” (Jn. 20:1), Jesús ya había resucitado.   Los que creen en la resurrección en domingo afirman que Él había resucitado apenas unos momentos antes.   Si estuvieran en lo correcto, entonces “tres días y tres noches” antes, nos llevarían al amanecer del jueves.

 

Sin embargo nadie aceptaría que Cristo fue enterrado al amanecer del jueves ni en ningún otro amanecer; por una buena razón:   Cuando José de Arimatea puso el cuerpo de Cristo en el sepulcro, “estaba para comenzar el día de reposo” (Lc. 23:50-54).   De acuerdo con la Biblia, los días, incluyendo el sábado, comienzan al ocaso y terminan al siguiente ocaso (ver Gn. 1:5-31; Lv. 23:32).   Empiezan con el período nocturno seguidos por el período diurno.

            Cristo, entonces, fue enterrado al atardecer, antes de que se iniciara un sábado especial.   Tres días y tres noches después nos llevarían al mismo momento del día, ¡otro atardecer!   Pero ahora se nos presenta otro problema.   Si damos por un hecho que Cristo fue enterrado al atardecer del viernes, como lo afirma la tradición del Viernes Santo; entonces su resurrección, 72 horas después, debió ocurrir el lunes al atardecer.   Pero esto tampoco lo aceptaría ninguna persona; y por otra buena razón:   Recordemos que Cristo ya había resucitado cuando las mujeres llegaron al sepulcro antes del amanecer del domingo.   Entonces, ¿cuál es la respuesta?

            ¿Por qué razón mucha gente piensa que Cristo fue enterrado al atardecer del viernes?   Marcos 15:42 afirma que “era la preparación, es decir, la víspera del día de reposo”.   Y como el reposo semanal siempre ha sido el séptimo día de la semana o sábado, el “día de preparación” normalmente sería el viernes.   Sin embargo, la respuesta a este aparente dilema es que el sábado semanal no es el único sábado que se menciona en la Biblia.   Levítico 23 registra siete días santos anuales durante las Fiestas de Dios.   Cada uno de esos días santos se considera sábado por ser reposo obligatorio.   Todos los sábados anuales o “de gran solemnidad”, con la excepción del Pentecostés, se presentan en cualquier día de la semana.

            Si leemos ahora Juan 19:31 la duda se nos va a aclarar.   Los judíos pedían retirar a las víctimas de la crucifixión “por cuanto era la preparación de la pascua, a fin de que los cuerpos no quedasen en la cruz en el día de reposo (pues aquel día de reposo era de GRAN SOLEMNIDAD).”

Cristo observó la Pascua con sus discípulos la noche antes de su muerte (Lc. 22:15); y murió en la cruz la tarde siguiente, cuando todavía era la Pascua (el 14 de Nisán o Abib, conforme al calendario hebreo; Lv. 23:5).   En Levítico 23:6-7 encontramos que el siguiente día, que se iniciaba al atardecer después de la crucifixión, no era un sábado semanal, sino un sábado anual; el primer día de la Fiesta de los Panes sin Levadura.

            Si unimos todos estos hechos, según la Biblia nos queda claro que Cristo murió y fue enterrado en la tarde del día de la Pascua; y que el siguiente día fue un sábado anual.   Es también evidente que fue resucitado a la misma hora del día, al atardecer.   Pero, ¿en cuál atardecer?   Puesto que las mujeres descubrieron que Él ya no estaba el domingo al amanecer, es de suponer que resucitó la tarde anterior siendo sábado.   Esto significaría que había sido enterrado el miércoles al atardecer, tres días y tres noches antes.   Entonces también significaría que el día de la Pascua, 14 de Nisán, ocurrió ese año en miércoles.   Y esto fue lo que sucedió el año 31 de nuestra era; año que encaja con lo que la Biblia explica.

            Las Escrituras nos dan más pruebas de que en esa semana hubo DOS sábados; uno anual y otro semanal.   En Marcos 15:47, encontramos que María Magdalena y su compañera observaron cuando José de Arimatea puso a Jesús en el sepulcro hacia el final de la Pascua.

 

En el versículo siguiente, Marcos 16:1, vemos que después del sábado, María Magdalena y sus compañeras compraron especias aromáticas para ungir el cuerpo de Cristo.   Sin embargo, Lucas 23:56 muestra que ellas prepararon las especias antes del sábado.   Obviamente ellas no habrían preparado las especias antes de comprarlas.   La única explicación que tiene sentido es que ellas compraron las especias el viernes y que ese mismo día las prepararon; después del sábado anual que ocurrió en jueves y antes del sábado semanal o día normal de reposo.   Entonces descansaron el sábado semanal, al final del cual Jesús fue resucitado.   A la mañana siguiente, domingo, llegaron al sepulcro antes del amanecer y encontraron que Cristo ya se había ido.

            Sin embargo, alguien podría decir que en Marcos 16:9 se lee:   “Habiendo, pues, resucitado Jesús por la mañana, el primer día de la semana, apareció primeramente a María Magdalena”.   ¿Cómo podemos entender esto?   En realidad, en las versiones originales no existe la indicación de la coma.   Y en este caso, para que el texto tenga el mismo sentido que en griego, la coma que está después de la palabra “mañana”, debió colocarse después de “Jesús”.   En esta forma el versículo se lee:   “Habiendo, pues, resucitado Jesús, por la mañana el primer día de la semana, apareció primeramente a María Magdalena”.   En todo caso, Él no resucitó el domingo por la mañana, como hemos visto, sino el sábado al atardecer.

            Aunque la resurrección hubiera ocurrido el domingo por la mañana, no sería una razón válida para cambiar el día de adoración semanal del sábado por el domingo.   Si Cristo hubiera resucitado el domingo, sus discípulos, que habían guardado el sábado con Él, ¿qué razón tendrían para abandonar su ejemplo de guardar los diez mandamientos y cambiarse a observar el domingo?   Además, ¿qué podría motivarlos a adoptar el domingo, un día asociado con la adoración pagana del sol?   Como la Biblia claramente nos demuestra que Cristo NO resucitó el domingo por la mañana, ¡ese lamentable argumento para CAMBIAR la ley de Dios no tiene ningún sentido!

 

 

 

Costumbres de los apóstoles

 

El libro de los Hechos muestra que los apóstoles siguieron guardando el sábado fielmente.   Lo hicieron tanto con los judíos como con los gentiles.   Toda la Iglesia del Nuevo Testamento, guiada por el Espíritu Santo, siguió reuniéndose el día sábado aun decenios después de la muerte de Jesús.   Hasta los historiadores protestantes de las principales corrientes reconocen este hecho.   En su libro The Story of the Christian Church (La historia de la iglesia cristiana) Jesse Lyman Hurlbut dice:   “Mientras la iglesia fue principalmente judía, siguió guardando el sábado hebreo; pero a medida que se volvía más gentil, el primer día fue tomando gradualmente el lugar del séptimo día” (1970, pág. 36).

            Hurlbut dice que el primer día fue reemplazado al séptimo “gradualmente”.   ¿Acaso Dios acabó con su ley gradualmente?   ¡Qué absurdo!   Como veremos más adelante, fueron los hombres quienes ENGAÑARON “gradualmente” a millones de cristianos profesos para hacerlos abandonar, no solo el sábado, sino ¡todo el concepto de obediencia a la ley de Dios!

 

Pero semejante cambio no se produjo en vida de los apóstoles originales.   Hasta el apóstol Pablo--el apóstol de los gentiles--guardaba el sábado aunque su conversión al cristianismo fue mucho después de la resurrección de Cristo.   Hablando de Pablo y Bernabé, Hechos 13:14 dice:   “Ellos, pasando de Perge, llegaron a Antioquía de Pisidia; y entraron en la sinagoga un día de reposo y se sentaron”.

            Algunos alegan que Pablo se reunió con los judíos el día sábado porque ese era el día de reposo de ellos.   Sin embargo, el libro de los Hechos dice:   “Cuando salieron ellos de la sinagoga de los judíos, los gentiles les rogaron que el siguiente día de reposo les hablasen de estas cosas” (13:42).   Era una gran oportunidad para que Pablo les informara a los gentiles que ahora se iban a reunir el domingo.   Pero no lo hizo.   Todo lo contrario:   “El siguiente día de reposo se juntó casi toda la ciudad para oír la palabra de Dios” (v. 44).

            La verdad es que ni Pablo ni NINGUNO de los apóstoles habló jamás de cambiar el santo sábado de Dios ni otras partes de los diez mandamientos.   Por el contrario, fieles al ejemplo y las enseñanzas de Cristo, sus apóstoles guardaban el sábado y se reunían siempre en este séptimo día.

            ¿Qué hacía Pablo en sus viajes por regiones donde predominaban los gentiles?   La Palabra de Dios nos dice:   “Pasando por Anfípolis y Apolonia, llegaron a Tesalónica, donde había una sinagoga de los judíos.   Y Pablo, como ACOSTUMBRABA, fue a ellos, y por tres días de reposo discutió con ellos” (17:1-2).

            Está claro que Pablo “acostumbraba” reunirse los sábados.   Hechos 18:4 nos dice que “discutía en la sinagoga todos los días de reposo, y persuadía a judíos y a griegos”.   Todos los ejemplos en el libro de los Hechos muestran que cuando Pablo o los otros apóstoles se reunían para adorar, lo hacían el día sábado.   No hay ni el menor indicio de que se reunieran periódicamente para adorar en algún día diferente al séptimo, el mismo sábado que siempre habían guardado y que la comunidad judía seguía guardando.

            Si los apóstoles hubieran enseñado que el día de guardar era cualquier otro diferente al sábado, ¡se habrían producido MOTINES entre los cristianos judíos!   Hechos 15 describe la única conferencia ministerial importante en el Nuevo Testamento.   Tuvo lugar a raíz de una aguda controversia sobre si era obligatoria o no la circuncisión para los cristianos gentiles.   Ese libro narra el incidente que dio lugar a la conferencia:   “Algunos que venían de Judea enseñaban a los hermanos:   Si no os circuncidáis conforme al rito de Moisés, no podéis ser salvos.   Como Pablo y Bernabé tuviesen una discusión y contienda no pequeña con ellos, se dispuso que subiesen Pablo y Bernabé a Jerusalén y algunos otros de ellos, a los apóstoles y a los ancianos, para tratar esta cuestión” (vs. 1-2).

            En la conferencia de Jerusalén, “después de mucha discusión”, Pedro se levantó y explicó cómo por medio de él, Dios había llamado a los cristianos gentiles sin mandamiento alguno de circuncidarse físicamente.   Pablo y Bernabé describieron los frutos de su labor entre los gentiles sin que mediara la circuncisión.   Luego Jacobo, el apóstol que presidía en Jerusalén, resumió el asunto y dijo:   “Por lo cual yo juzgo que no se inquiete a los gentiles que se convierten a Dios, sino que se les escriba que se aparten de las contaminaciones de los ídolos, de fornicación, de ahogado y de sangre” (vs. 19-20).   Por último, se redactó una carta que explicaba esta decisión tan importante y las razones que llevaron a ella (vs. 22-29).   Pablo se llevó esa carta con sus decretos y la leyó en todas las iglesias bajo su jurisdicción (16:1-5).

 

            Algunos dirán que las cuatro prohibiciones mencionadas aquí son las únicas leyes del Antiguo Testamento que todavía son obligatorias para los cristianos.   Notemos, sin embargo, que no está incluido el asesinato.   Luego, ¿podemos matar?   ¡Obviamente no!   Entonces, ¿por qué se mencionan estos puntos específicamente y no otros?   Porque estas cuatro cosas vedadas a los cristianos eran costumbres propias de las religiones paganas.   Muchos paganos sacrificaban animales ahorcándolos en vez de degollarlos para desangrarlos.   Luego se comían la ofrenda y cometían actos escandalosos de inmoralidad sexual como ritos religiosos.   Las prohibiciones de Hechos 15 eran parte de los estatutos de Dios pero más tarde también se citaron entre las ceremonias y rituales del sistema levítico de adoración para evitar que los israelitas adoptaran semejantes prácticas (ver Lv. 17:7, 10; Nm. 25:1-3).   Los apóstoles querían dejar en claro que, si bien las ceremonias y ritos de la ley del Antiguo Testamento--incluida la circuncisión--ya no eran necesarios, estos cuatro puntos dados como parte de la sección ceremonial de la ley seguían siendo obligatorios.   ¿Por qué eran obligatorios?   Porque formaban parte de la ley de Dios original, ¡la cual seguía vigente!

            Debemos notar que la gran controversia y la conferencia apostólica surgieron a raíz de la ordenanza de la circuncisión.   ¡Cuánto MAYOR hubiera sido el debate si los apóstoles hubieran querido eliminar uno de los diez mandamientos, especialmente el del día de reposo de Dios, la “señal” que identificaba a su pueblo!   Se habría producido un verdadero ESCÁNDALO y, sin embargo, no vemos el menor indicio de una contienda sobre este tema tan importante.

            La controversia sobre el tema del sábado BRILLA POR SU AUSENCIA.   No hubo ningún cambio, en este sentido, hasta veintenas o aun centenares de años después de la muerte de los apóstoles.   Es claro, pues, que ni Jesús ni la Iglesia apostólica intentaron cambiar el día de descanso.   ¡JAMÁS pretendieron acabar con la obediencia a ALGUNO de los diez mandamientos!

 

Enseñanzas apostólicas posteriores

 

Muchos teólogos protestantes han sido instruidos en la teoría de la “revelación progresiva”.   Pero veremos que esta teoría no es más que una total perversión de la verdad.   Da a entender que los antiguos profetas eran unos simples filósofos hebreos que intentaban idear su propio concepto del ser divino.   Entonces vino Jesús, un carpintero judío muy influido por la religión y la moral de su época y que vivió y enseñó bajo el Antiguo Pacto.   Según esta teoría los apóstoles, al igual que Jesús, eran atrasados, poco ilustrados y no “entendían”.

            Entonces viene el apóstol Pablo, el “libertador” según la teoría, y las cosas empiezan a mejorar.   Pablo está dispuesto a “romper” el molde judío, dando comienzo al cristianismo moderno--el cristianismo de los gentiles--que tendrá mayor aceptación en el mundo.

            El problema con esta teoría es que resulta TOTALMENTE ERRÓNEA, pues intenta negar el mandamiento del mismo Jesús:   “No solo de pan vivirá el hombre, sino de TODA PALABRA de Dios” (Lc. 4:4).   Y cuando dijo esto, aparte de su propia vida y enseñanzas, la única Palabra de Dios que existía para la humanidad era el Antiguo Testamento.

 

Esto plantea un gran problema para los teólogos del progresismo, porque tanto Jesucristo como los profetas del Antiguo Testamento enseñaron la OBEDIENCIA a los diez mandamientos, incluido el mandamiento del sábado.   Aun muchos teólogos protestantes reconocen que Jesús enseñó y guardó el sábado.

            Otra cosa que no pueden explicar los maestros de la “revelación progresiva” es que los escritos apostólicos apoyan poderosa y directamente el concepto de guardar los diez mandamientos como el camino de vida cristiano, incluyendo, de nuevo, la observancia del sábado.

            Santiago, hermano de Jesucristo quien presidía la Iglesia en Jerusalén, escribió:   “Porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos.   Porque el que dijo:   No cometerás adulterio, también ha dicho:   No matarás.   Ahora bien, si no cometes adulterio, pero matas, ya te has hecho transgresor de la ley.   Así hablad, y así haced, como los que habéis de ser juzgados por la ley de la libertad” (Stg. 2:10-12).   Los cristianos, pues, deben guardar “toda la ley”.   Se trata de una ley que tiene “puntos”, entre ellos, mandamientos contra el homicidio y el adulterio.   Está claro que esa ley es el decálogo.   Y Santiago dijo que si ofendemos violando un punto de esta ley--incluido obviamente el sábado--¡seremos culpables de infringirla TODA!

            Juan, el apóstol a quien “Jesús amaba”, también se refirió a la ley de Dios hacia

FINES de la era apostólica (como 20 años después de la muerte del apóstol Pablo).   Si alguien habría de darnos una nueva enseñanza “progresiva”, sería él.   ¿Cuál, pues, fue la “revelación progresiva” que nos dio Juan?   Inspirado por Dios, escribió:   “En esto sabemos que nosotros le conocemos, si guardamos sus mandamientos.   El que dice:   Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él” (1 Jn 2:3-4).

            Quien comprenda solo parte de la verdad puede saber algo acerca de Dios.   Mas Juan dice que para conocer a Dios real y personalmente, ¡tenemos que seguir el camino de vida de Dios GUARDANDO sus mandamientos!   Es así porque el amor de Dios--su misma naturaleza y carácter--está revelado en los diez mandamientos.   Juan explica que los diez mandamientos expresan el amor de Dios:   “Este es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son gravosos” (5:3).   Quien no guarde los diez mandamientos como un camino de vida, ¡está DESOBEDECIENDO a su Creador y de hecho, no conoce a Dios realmente!

 

            Pasando al apóstol Pablo, debemos preguntarnos si acaso él desechó la ley de Dios.   ¡De ninguna manera!   En Romanos 2:13 escribió:   “No son los oidores de la ley los justos ante Dios, sino los hacedores de la ley serán justificados.”   Y en 1 Corintios 7:19, dijo:   “La circuncisión nada es, y la incircuncisión nada es, sino el guardar los mandamientos de Dios”.   Esto ciertamente incluye el cuarto mandamiento sobre el sábado.

            Se ha creído tradicionalmente que el apóstol Pablo escribió la Epístola a los Hebreos, y muchas pruebas apoyan esa tradición.   Su formación rabínica en todo lo relacionado con los detalles técnicos de la ley de Moisés hicieron de él, sin duda, el más indicado entre todos los apóstoles para explicar a fondo el Nuevo Pacto que Dios está haciendo con la humanidad; el tema central de Hebreos.   Después de recordar lo que Dios habló sobre el reposo del séptimo día (4:4), prosigue diciendo: