¿Cuál es el día de reposo
cristiano?
Por Roderick
C. Meredith
¡Este es un tema absolutamente ESENCIAL y mucho más importante de lo que la gente
se imagina!
Es una de las claves
indispensables para el conocimiento del Creador y verdadero Dios. Y tiene muchísimo que ver con nuestra vida
eterna en el Reino de Dios venidero.
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¡Este folleto no es para la venta!
Es
un servicio educativo gratuito que se ofrece en beneficio del público.
Título
original en inglés:
Which Day Is the Christian Sabbath?
Traducción: Margarita Cárdenas.
Primera
edición, 2000
© Reservados todos los derechos.
Salvo
indicación contraria, los pasajes bíblicos que se citan en esta publicación han
sido tomados de la versión Reina Valera, revisión
de 1960.
Dentro de poco, nuestro mundo va a sufrir trastornos que nos sacarán a
todos de nuestra rutina normal. ¡Todo va a cambiar en el futuro muy
cercano! El hombre ya es capaz de destruir el planeta. Y la historia demuestra que cuando el
hombre inventa poderosas armas de destrucción, siempre acaba usándolas en alguna guerra.
Nuestro Señor Jesucristo dijo que al
final de esta era solo la
intervención directa de Dios impediría que el hombre borrara toda vida humana
del planeta: “Si aquellos días no
fuesen acortados, nadie sería salvo; mas por causa de los escogidos, aquellos
días serán acortados” (Mt. 24:22).
Al acercarse rápidamente el FIN de
esta era gobernada por los hombres bajo la influencia de Satanás, es imperativo
que nos detengamos a analizar si realmente estamos obedeciendo al Dios que nos
da vida y aliento. ¿Por qué? Porque Jesucristo mismo advirtió que la “fe
vana” es inútil. Terminado su sermón
del monte, Jesús advirtió: “No todo el
que me dice: Señor, Señor, entrará en
el reino de los cielos, sino el que hace
la voluntad de mi Padre que está en los cielos” (Mt. 7:21).
En otra ocasión exclamó: “¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no
hacéis lo que yo digo?” (Lc. 6:46). Y
en una acalorada discusión con los fariseos, Jesús citó una profecía de
Isaías: “Hipócritas, bien profetizó de
vosotros Isaías, como está escrito:
Este pueblo de labios me honra, mas su corazón está lejos de mí. Pues
EN VANO me honran, enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres” (Mr.
7:6-7). ¡Meditemos en eso! Jesús
dijo claramente que si uno sigue mandamientos de hombres, puede estar adorando
a Dios EN VANO. Luego reiteró: “Bien
invalidáis el mandamiento de Dios para guardar vuestra tradición” (v. 9).
Está claro, pues, según Jesucristo,
que cuando las tradiciones de los hombres
chocan con los mandamientos de Dios, ¡el
problema para nosotros es GRAVE!
¿Sabía usted que la obediencia al
mandamiento de guardar el verdadero
día de descanso santificado por Dios, afecta directamente la posibilidad de que
recibamos la vida eterna en su Reino?
¿Sabía que el precepto referente al verdadero día de reposo es--y
siempre ha sido--un mandamiento por medio del cual Dios “prueba” al ser humano?
¿Cuál es el día de reposo según
Jesucristo nos enseñó: “No solo de pan vivirá el hombre, sino de
toda palabra de Dios” (Lc. 4:4).
También aclaró que
El apóstol Pablo habló más sobre el
tema, diciendo: “Toda
Si estamos dispuestos a CREER estas
palabras inspiradas, no será difícil
entender este importante tema, pues
Recuerde que en los días de Jesucristo, muchos líderes religiosos sabían
que Él era el Cristo pero no lo reconocían precisamente por eso: “Porque
amaban más la gloria de los hombres que la gloria de Dios” (Jn.
12:43). ¿Tiene usted la fe y el valor para hacer lo que Dios claramente ordena, sin importar lo que piensen los demás?
Veamos, pues, las PRUEBAS claras y
contundentes sobre cuál es el verdadero día de descanso del Dios
Todopoderoso. Comencemos nuestra
búsqueda imaginándonos en una isla desierta con una Biblia y un calendario como
únicos materiales escritos que hemos salvado del naufragio. Supongamos que hemos olvidado el día que
guardábamos anteriormente y que ahora muy sinceramente queremos indagar la
verdad. ¿Qué día acabaremos por guardar
después de nuestro estudio sincero y objetivo de
¿Acaso el “domingo”?
¡De ninguna manera!
¿POR QUÉ? ¡Porque
En Marcos 2:23-28, vemos a Jesús
permitiendo que sus discípulos arranquen espigas para comer mientras atraviesan
los campos en sábado. Los fariseos,
que habían agregado al mandamiento
sobre el sábado más de 60 legalismos de su
propia invención, se lanzan a criticar.
Pero Jesús tranquilamente responde:
“El sábado fue hecho por causa
del hombre, y no el hombre por causa del sábado. Por tanto, el Hijo del Hombre es Señor aun del sábado” (vs.
27-28; RV, Rev. 1995).
Cristo no dijo que el sábado fuera hecho para los judíos sino para “el
hombre”. Dijo que Él es Señor no del
domingo sino del sábado. Jesús no dio el menor indicio de haber abolido el
mandamiento que ordena guardar el
sábado. Más bien demostró tanto aquí
como en los versículos que siguen, cómo se debe guardar este día de descanso de
un modo más significativo. Recuerde: Jesús dijo que el sábado fue hecho “por
causa del hombre”--para que el hombre lo guardara--MUCHO ANTES de que existiera
el pueblo judío.
Ahora veamos cómo fue que Dios hizo
a la humanidad y cómo le dio al hombre el día de reposo. En Génesis 1:1 leemos: “En el principio creó Dios los cielos y la
tierra”. Esta creación original pudo
ocurrir hace miles de millones de años.
El siguiente versículo demuestra que luego la tierra cayó en un estado
de caos y desolación. Y los versículos
siguientes describen cómo Dios reformó nuestro planeta hace unos 6.000 años y
creó los progenitores de la fauna y la flora que lo habitan hoy. Ahora notemos el versículo 26: “Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen,
conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de
los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra
sobre la tierra”. La humanidad, pues,
fue creada a “imagen” de Dios, con “potestad” para GOBERNAR sobre el resto de
la creación. Pero, ¿cómo se mantendría el hombre en
contacto con su Hacedor? ¿De qué manera mantendría siempre el
conocimiento del Dios verdadero, CREADOR de todo
lo que existe?
Génesis 2:2-3 comienza a esbozar la
respuesta: “Acabó Dios en el día
séptimo la obra que hizo; y reposó el día séptimo de toda la obra que
hizo. Y BENDIJO Dios el día séptimo, y lo santificó, porque en él reposó
de toda la obra que había hecho en la creación”.
Notemos que Dios “acabó” o completó su obra de creación reposando el séptimo día de la
semana. La palabra “sábado” es
intercambiable con la expresión “día de reposo”. Se deriva de la palabra hebrea shabath que significa literalmente “reposo” o el hecho de cesar
algo. Dios creó el sábado reposando
ese día y cesando de crear cosas materiales.
Además, lo “bendijo” y lo “santificó”, o sea que lo apartó para un uso
santo. Al bendecir y santificar el
séptimo día o sábado como su día de reposo--¡y ningún otro!--Dios demostró que su presencia está EN ese día de un modo
muy especial. De todos los días de la
semana, SOLAMENTE el sábado señala hacia Dios de una manera especial como el
verdadero Dios, Creador y dueño de todo el universo.
La palabra “domingo” ni siquiera
aparece en
En Juan 20:19 leemos: “Cuando llegó la noche de aquel mismo día, el primero de la semana, estando las
puertas cerradas en el lugar donde los discípulos estaban reunidos por miedo de
los judíos, vino Jesús, y puesto en medio, les dijo: Paz a vosotros”. Aquí
no se trataba de una reunión religiosa sino que estaban reunidos “por miedo de
los judíos”. Con temor de sufrir el
mismo destino que su Señor crucificado.
No se habían reunido para celebrar la resurrección, ¡pues no creían que Cristo había resucitado! (Mr. 16:14; Lc.
24:27-41).
El libro de los Hechos narra el
desarrollo doctrinal y las prácticas en los primeros días de
En 1 Corintios 16:2 el apóstol Pablo
solicitó: “Cada primer día de la
semana cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado,
guardándolo, para que cuando yo llegue no se recojan entonces ofrendas”. Esto en ninguna forma respalda la adoración
dominical. Observemos que esta
práctica debería evitarse cuando Pablo llegara a Corinto.
Y notemos
además que en ninguna parte del versículo se ordena una santa convocación
semanal con motivo de la colecta.
Tampoco se trataba de recoger dinero, sino alimentos para ayudar a los
pobres de Jerusalén que estaban padeciendo sequías y hambre (ver Ro. 15:25-28). Antes de que Pablo llegara, a cada persona
se le solicitaba poner “aparte algo”, una donación, posiblemente guardada en su
propia casa. Pablo sabía que la
contribución sería voluminosa, de manera que necesitaría de varias personas
para llevarla hasta Jerusalén (v. 4).
Esto demuestra que no se trataba de un donativo monetario.
Apocalipsis 1:10 es un versículo que
suele citarse para decir que el domingo es el “día del Señor”: “Yo estaba en el Espíritu en el día del
Señor, , y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta”. Esto no se refiere al culto religioso ni se
refiere al domingo. El Apocalipsis es
una profecía (v. 3) sobre cosas que ocurrirán en el tiempo del fin. El “día del Señor” es el mismo “día del
Eterno”, un período futuro que se menciona más de 30 veces en las profecías
bíblicas. Se trata del tiempo en que
Dios va a intervenir con poder sobrenatural en los asuntos humanos, castigando
a las naciones y enviando a Jesucristo a la tierra para traer la paz
mundial. Lo que Juan está diciendo es que
el Espíritu de Dios lo trasladó en una visión a aquel tiempo.
Supongamos por un momento que Juan estuviera hablando de un día de la
semana. Según
Todo estudiante de
Las generaciones siguientes de
israelitas entendieron claramente por estos versículos que Abraham guardó el sábado o séptimo día como día de
descanso que Dios había santificado cuando creó a la humanidad. No olvidemos que Abraham es el “padre” de
todos los creyentes, como dice el apóstol Pablo (Ro. 4:11, 16).
Algunos alegan que los diez
mandamientos--entre ellos el cuarto que ordena guardar el sábado--eran solo
parte del “Antiguo Pacto” que Dios celebró con Israel en el Monte Sinaí en
tiempos de Moisés. Sostienen que el
Antiguo Pacto se acabó con la muerte de Cristo y que con Él terminaron los diez
mandamientos, entre ellos el mandamiento del día de reposo.
Olvidan que Dios santificó el sábado
(o sea, lo hizo “tiempo santo”) al
principio de la historia humana. Y
2000 años más tarde Abraham, padre de los creyentes, estaba dando EJEMPLO de
fidelidad al guardar los mandamientos y
estatutos de Dios, que obviamente incluyen la observancia del día de
reposo.
¡Y todo
esto fue MUCHO ANTES de que existiera el Antiguo Pacto con Israel!
Siglos
después, en el Éxodo, vemos a los descendientes de Abraham saliendo de la
esclavitud en Egipto guiados por Moisés.
Varias semanas antes de
celebrarse el Antiguo Pacto en el Monte Sinaí, Dios quiso recordarle a su
pueblo el verdadero día de descanso que Él le había dado a la humanidad en la
creación. Por si alguien lo había
olvidado, o si había alguna confusión o duda en cuanto a su día de reposo; lo
cual era muy posible ya que los israelitas llevaban varias generaciones de
esclavitud en Egipto; Dios le dio a su pueblo una serie de señales que
indicaban muy claramente cuál era el día
que Él había santificado.
Estudiemos la narración en Éxodo
16:1-30. El pueblo de Israel estaba
murmurando contra Dios, quejándose de no tener más comida. Dios dijo que lo PROBARÍA, para ver “si
anda en mi LEY, o no” (v. 4). Es
interesante este versículo porque muestra una vez más que la ley de Dios estaba
en efecto desde ANTES de celebrarse
el Antiguo Pacto en el Monte Sinaí.
Dios, pues, les explicó que
efectuaría el siguiente milagro: Todos
los días de la semana, excepto el sábado, una comida especial del cielo llamada
“maná” cubriría el suelo a la madrugada como el rocío. La gente debía recogerlo cada mañana y
comerlo ese mismo día. No podrían
guardarlo de un día para otro porque se llenaría de gusanos y produciría mal
olor.
Los sábados no se hallaría maná en el suelo.
¿Qué comerían ese día? La respuesta de Dios es la segunda fase del milagro: Cada viernes, Él les daría doble porción de maná; una porción para
ese día y otra para guardar y comer el sábado (v. 23). Esto a su vez hacía necesaria una tercera fase del milagro: Evitar que el maná guardado de un día para
otro se dañara. El único tiempo de la
semana en que se podía guardar comida de un día para otro era de viernes a
sábado. Con esto, Dios estaba
mostrándoles que el viernes era el día de
preparación para el sábado.
Dios arregló las cosas de esta
manera para que su pueblo no tuviera que cumplir la faena de recoger maná el
día sábado. Así podrían descansar el sábado y a la vez tener
algo para comer. “Ellos lo guardaron
para el día siguiente, según la orden de Moisés; y no se pudrió, ni se
agusanó. Dijo entonces Moisés: Hoy comeréis esto, porque es sábado del ETERNO; y en tal día no hallaréis nada en el
campo” (vs. 24-25; Biblia de Jerusalén).
Recuerde que esta era una PRUEBA
para ver si ellos obedecerían o no la ley de Dios. Pero, ¿qué hizo el pueblo?
Muy humanamente, cometieron el mismo
error que muchos cometen hoy: ¡NO tomaron
a Dios en serio! Algunos israelitas
salieron a buscar maná inclusive el
sábado. “El Eterno dijo a
Moisés: ¿Hasta cuándo no querréis guardar mis mandamientos y mis leyes? Mirad que el ETERNO os dio el día de
reposo, y por eso en el sexto día os da pan para dos días. Estése, pues, cada uno en su lugar, y nadie
salga de él en el séptimo día. Así el
pueblo reposó el séptimo día” (vs. 28-30).
Este pasaje, pues, muestra cómo
varias semanas antes de que Israel
llegara al Monte Sinaí, Dios empezó a realizar un milagro semanal de tres fases para mostrarle a su pueblo
CUÁL era--y siempre había sido--su
sábado, o día santo de reposo. Cuando
algunos intentaron trabajar ese día, el Creador los reprendió: “¿Hasta CUÁNDO no querréis guardar mis
mandamientos y mis leyes?”
¿Quién dio los diez mandamientos?
Los diez mandamientos, incluido el
que ordena guardar el sábado, han existido desde
la creación de la humanidad. Dios
únicamente se lo estaba recordando a los hijos de Israel. Ahora, veamos cómo Dios codificó este decálogo. Fue una ocasión imponente. Hubo truenos y
relámpagos y la tierra TEMBLÓ con el poder del Creador. Entonces Dios mismo y no Moisés, pronunció
los diez mandamientos (Éx. 20:1).
Muchos creen que Dios Padre
dio estos mandamientos y que Jesucristo vino y los abolió después. ¿Es esto lo que
Hablando del Padre, Jesús dijo: “Nunca habéis oído su voz, ni habéis visto
su aspecto” (Jn. 5:37). Entonces,
¿quién fue el Dios que estuvo con
Israel en el desierto de Sinaí?
Jesús lo confirma al decirles a los
fariseos: “Antes que Abraham fuese, YO SOY” (Jn. 8:58). Muchos comentaristas bíblicos respetables
reconocen que en este versículo Jesús está diciendo claramente que Él era el
Dios de Israel ahora hecho carne.
Respecto a esta frase: “YO SOY”, el Expositor’s Bible Commentary dice:
“‘YO SOY’ implica una existencia continua, incluida la existencia cuando
apareció Abraham. Por lo tanto, Jesús
estaba afirmando que cuando nació Abraham, Él ya existía. Además, YO SOY era reconocido por los
judíos como un título de
Jesucristo ciertamente fue el Dios
del Antiguo Testamento, el “Verbo” (como se le llama en el primer capítulo del
Evangelio de Juan) que habló en nombre del Padre. [Para más información sobre este tema, por favor solicite
nuestro folleto gratuito: ¡El Dios que podemos conocer!].
Ahora podemos entender que fue la voz de Cristo la que hizo TEMBLAR las
montañas cuando expuso la gran LEY espiritual de Dios. Esa ley, como hemos visto, ya existía desde la creación. Pero los israelitas habían estado en
esclavitud y seguramente su conocimiento de la ley y del Gran Dios que la dictó
se había tornado borroso con el tiempo.
Ahora Dios, por medio del “Verbo”, Jesucristo, pronunció su ley y luego la inscribió en tablas de piedra (Éx.
31:18; 34:1).
Hacia la mitad de la exposición de
aquella ley encontramos el cuarto mandamiento (y es interesante notar que Dios
le dedica más espacio que a cualquier otro).
Allí Dios le recordó nuevamente a Israel que debía guardar el séptimo
día: “Acuérdate del sábado para santificarlo. Seis días trabajarás y harás toda tu obra, pero el séptimo día
es reposo para el ETERNO, tu Dios; no hagas en él obra alguna, tú, ni tu
hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni el extranjero
que está dentro de tus puertas, porque
en seis días hizo el Eterno los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas
que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, el Eterno bendijo el
sábado y lo santificó” (Éx. 20:8-11, RV, Rev. 1995).
Notemos que Dios dijo: “Acuérdate” del sábado. Ellos ya
habían recibido la enseñanza sobre el sábado desde la creación y nuevamente en
Éxodo 16, como ya vimos. Luego Dios
les dijo que lo santificaran, o sea
que apartaran ese tiempo de cada semana para uso santo, tal como Dios lo había
dispuesto. Como veremos más adelante,
el séptimo día es el ÚNICO período de tiempo semanal que Dios ha santificado o
apartado como tiempo santo.
En el versículo 11, Dios nos
recuerda que el sábado señala hacia la creación. Después de pasar seis días creando, Dios
reposó el séptimo día. “Por tanto, el
ETERNO bendijo el sábado y lo santificó”.
De nuevo, ningún otro día de la semana ha sido bendecido por Dios,
ninguno ha recibido su favor de esta manera.
Pero, ¿acaso el sábado no fue parte
de la ley de los sacrificios o rituales judíos que quedó abolida? Algunos teólogos tratan de razonar de esta
manera, pero, basta estudiar
Más tarde Dios (nuevamente el mismo
que habría de convertirse en Jesucristo) hizo un pacto especial con Israel
relacionado con el sábado. Dios
dijo: “Tú hablarás a los hijos de
Israel y les dirás: En verdad vosotros guardaréis MIS sábados,
porque es una SEÑAL entre mí y vosotros por vuestras generaciones, PARA QUE
SEPÁIS que yo soy el Eterno que os santifico” (Éx. 31:13, RV, Rev. 1995).
El énfasis aquí es que sabremos cuál es el verdadero Dios que
nos aparta para sí, siempre y cuando guardemos la “señal” de su día, que lo
revela como el CREADOR.
El Eterno (o sea Jesús antes de su
encarnación) continuó: “Guardarán, pues, el sábado los hijos de
Israel, celebrándolo a lo largo de sus generaciones como un pacto
PERPETUO. PARA SIEMPRE será una señal
entre mí y los hijos de Israel, porque en seis días hizo el ETERNO los cielos y
la tierra, y en el séptimo día cesó y descansó” (vs. 16-17, misma versión).
El sábado, entonces, es una señal
que indica cuál es el pueblo fiel de Dios; las personas que se han entregado a Él y que están dispuestas a
exhibir la “señal” del Creador guardando
el único día de la semana que Dios santificó.
Al mismo tiempo, esa señal le recuerda al pueblo de Dios que ellos NO
adoran a “dioses” de madera y piedra ni productos de la imaginación humana,
sino al CREADOR mismo; el que hizo la madera y la piedra y aun la mente humana,
que tantas veces trata de abandonarlo para inventarse su propio concepto de
“dios”.
Note especialmente que los
israelitas debían guardar el sábado como “pacto perpetuo” entre ellos y Dios
“para siempre”. ¿Vemos siquiera UN
indicio de que un israelita que se convirtiera al cristianismo debía abandonar ese pacto sagrado en favor de
algún otro día? ¿Acaso Dios tiene un
criterio de doble moral en cuanto al día que sus fieles deben guardar?
No. Al contrario. El apóstol
Pablo dijo que los cristianos no judíos habían sido “injertados” en Israel
convirtiéndose en israelitas espirituales (ver Ro. 11:17, 24; Gá.
3:28-29). Además, señaló claramente: “Pues no es judío el que lo es
exteriormente, ni es la circuncisión la que se hace exteriormente en la carne; sino que es judío el que lo es en lo
interior, y la circuncisión es la del corazón, en espíritu, no en la letra;
la alabanza del cual no viene de los hombres, sino de Dios” (Ro. 2:28-29). Por esta razón, Pablo llamó a
Los gentiles convertidos, pues,
vienen a ser parte del Israel espiritual
y también deben obedecer los diez mandamientos; la gran LEY espiritual del
Creador. Y es claro que también deben
obedecer los términos del pacto perpetuo del sábado que Jesús celebró con
Israel antes de su encarnación. Esta
es una señal entre Jesucristo y su pueblo ¡PARA SIEMPRE!
En Isaías 56, encontramos una
profecía asombrosa situada en medio de las profecías sobre el TIEMPO DEL FIN,
muchas de las cuales se refieren al futuro
inmediato. Dentro de ese panorama
del fin, Dios da las siguientes instrucciones a los hombres y mujeres de TODAS
las naciones: “Bienaventurado el
hombre que hace esto, el hijo del hombre que lo abraza: que guarda el sábado para no profanarlo, y
que guarda su mano de hacer lo malo” (v. 2, RV, Rev. 1995).
Unos versículos más adelante, Dios
dice que los gentiles o extranjeros
también deben guardar su día de reposo y describe las BENDICIONES que recibirán
por hacerlo: “Y a los hijos de los extranjeros que sigan al ETERNO para servirle, y
que amen el nombre del ETERNO para ser sus siervos; a todos los que guarden el día de reposo para
no profanarlo, y abracen mi pacto, yo los llevaré a mi santo monte, y los
recrearé en mi casa de oración; sus holocaustos y sus sacrificios serán aceptos
sobre mi altar; porque mi casa será llamada casa de oración para TODOS LOS
PUEBLOS” (vs. 6-7).
Tal como dijo Jesús, el sábado fue
hecho por causa del “hombre”; es decir, para TODA la humanidad. Ahora, veamos cómo Jesús y los apóstoles
guardaban siempre el sábado como día de descanso; el mismo día que estaban guardando los judíos.
Dios nos dice una y otra vez que
Cristo era la “luz”, el EJEMPLO de cómo debemos vivir. Es increíble el número de ministros que se
dicen cristianos y profesan su acuerdo con esta afirmación, pero razonan y
discuten, y discuten, y SIGUEN
DISCUTIENDO contra el ejemplo perfecto de Cristo que guardó el sábado y demás
leyes de Dios.
Hablando de Jesús, el Evangelio de
Juan dice: “En él estaba la vida, y la
vida era la luz de los hombres. La luz
en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella [o
comprendieron]” (1:4-5). La verdad es
que hasta el día de hoy la mayoría de los devotos de esa “Luz” siguen sin
comprenderla.
Más tarde, Cristo dijo: “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue,
no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (8:12). ¿Qué significa “el que me sigue”?
¿Acaso alguna persona puede
rechazar las enseñanzas de Jesús, negarse
a seguir su ejemplo y enseñanzas, y aún así llamarse su “seguidor”? En 1 Pedro 2:21-22, el apóstol nos dice por
inspiración de Dios: “Para esto
fuisteis llamados; porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos
ejemplo, para que sigáis sus pisadas; el cual no hizo pecado, ni se halló
engaño en su boca”.
Sí, ¡Cristo nos dio ejemplo en
todo! El apóstol Pablo vuelve sobre
este tema, diciendo: “Sed imitadores de
mí, así como yo de Cristo” (1 Co. 11:1).
Por tanto, debemos ser “imitadores” de Jesucristo, y no solo seguirlo libremente de acuerdo con
nuestro propio razonamiento humano.
Hacia el final de su vida, el
apóstol Juan dijo: “El que dice que
permanece en él, debe andar como él anduvo” (1 Jn. 2:6).
¿Cómo anduvo Jesucristo? El sermón del monte ha sido considerado
como
Jesús no vino para abolir los diez
mandamientos que Él mismo había traído de parte del Padre en el Antiguo
Testamento. Más bien, vino para darles
su expresión plena, para mostrar su
sentido espiritual. En realidad, los
hizo aún más estrictos. Por ejemplo, explicó que el séptimo
mandamiento que prohíbe el adulterio, prohíbe mucho más que las relaciones
sexuales con alguien diferente del cónyuge; también prohíbe codiciar a otra
persona (vs. 27-28). Y como acabamos
de ver, Jesús dijo que para ser “grande” en su reino venidero hay que guardar e
incluso enseñar los mandamientos “muy pequeños”. ¡Cuánto más el mandamiento de PRUEBA que señala al verdadero
Dios Creador!
Hay quienes dicen que Cristo quebrantó el sábado. ¡Eso es completamente falso!
Sabemos que Cristo jamás infringió la ley de Dios, ni el cuarto
mandamiento sobre el sábado, ni ningún otro.
Si Jesús hubiera quebrantado el sábado, habría traído sobre sí la paga
del pecado, que es la muerte (Ro. 6:23) y por tanto no podría ser nuestro
Salvador. Está claro que Jesús nunca
quebrantó ni siquiera el más pequeño
de los mandamientos de Dios, ni enseñó a los hombres a hacerlo. Al contrario, dijo: “Yo
he GUARDADO los mandamientos de mi Padre” (Jn. 15:10). Hay quienes utilizan Juan 5:18 para probar
que Jesucristo quebrantaba el sábado:
“Por esto los judíos aun más intentaban matarlo, porque no solo quebrantaba el sábado, sino que también
decía que Dios era su propio Padre...” (RV, 1995).
Los judíos acusaban a Jesucristo de haber quebrantado el sábado, porque
había sanado completamente a un hombre que llevaba 38 años enfermo (ver Jn.
5:5-9). Jesucristo mismo responde a
esta falsa acusación en Juan 7:23-24:
“Si recibe el hombre la circuncisión en sábado, para que
Desde el comienzo de su ministerio
Jesús sentó la norma que cumpliría durante toda la vida: “Vino a Nazaret, donde se había criado; y
en el día de reposo [sábado] entró en la sinagoga, CONFORME A SU COSTUMBRE, y se levantó a leer” (Lc. 4:16). En Lucas 13:10 leemos: “Enseñaba Jesús en una sinagoga en el día
de reposo”. Por supuesto que debemos
seguir el ejemplo de Cristo guardando el
mismo día de reposo que Él guardó.
Y, ¿cuál era ese día? El mismo,
por supuesto, que estaba guardando el pueblo judío a su alrededor: ¡el sábado!
En realidad, el día de descanso (y
así lo han entendido siempre los judíos) se guarda desde el ocaso del viernes
hasta el ocaso del sábado. De hecho, todos los días en el calendario de Dios
van de un ocaso a otro; la noche primero y luego el día (ver Lv. 23:32; Gn.
1:5-31). Dios NO dispuso que los días
comiencen y terminen a la medianoche, como calcula el hombre con sus
relojes. En esa época ni siquiera
había relojes como los nuestros, sino el “reloj” GRANDE de Dios en el cielo; el
sol y las estrellas que sirven para ajustar TODOS los calendarios hechos por el
hombre, aun hoy. Recordemos que al
principio Dios dijo: “Haya lumbreras
en la expansión de los cielos para separar el día de la noche; y sirvan de
señales para las estaciones, para días y años” (Gn. 1:14), Por eso, cuando guardamos los días que Dios
santificó, vemos que se basan en la creación misma, la cual, marcando el tiempo
por los cuerpos celestes, ¡señala hacia el CREADOR de todo lo que existe!
A propósito, el hecho de que Cristo
guardara el mismo día de reposo que los judíos demuestra que no se había
perdido el conocimiento del día correcto en tiempos lejanos, como dicen
algunos. Recordemos que antes de su
encarnación, Cristo les había recordado a los israelitas muy claramente cuál
era el verdadero día de descanso (ver Éx. 16). ¿Acaso no iba a guardar el día correcto durante su vida
humana? ¡Por supuesto! Lo haría aunque los judíos estuvieran
equivocados en cuanto al día... pero no lo estaban. ¡Cristo era Señor del
día que los judíos estaban guardando! (ver. Mr. 2). Y desde entonces hasta hoy, la semana de siete días ha
permanecido sin alteración.
¿Cómo podemos estar seguros? Los judíos siguieron observando el sábado aun después que se dispersaron. Si se hubiera perdido el ciclo semanal, los
judíos en un lugar del mundo estarían guardando un día y los de otros lugares
estarían guardando otros días. Pero, ¿qué encontramos?
En todas las naciones por donde se ha dispersado el pueblo judío, sigue
guardando unánimemente el MISMO DÍA; ¡el sábado! Por tanto, el sábado sigue siendo el séptimo día del ciclo
semanal que comenzó en la creación.
¿Quebrantaron el sábado Cristo y
sus discípulos?
Después de todo lo que hemos visto, es
evidente que Jesús guardó el sábado de Dios, aunque muchos todavía afirmen lo
contrario. Los fariseos lo acusaron de
transgredirlo, como en el episodio de Marcos 2, cuando sus discípulos
arrancaron espigas para calmar el hambre un sábado. Pero eso NO fue QUEBRANTAR el día de reposo. Lo que se quebrantó fue una restricción
legalista que los escribas y fariseos le habían agregado al día de reposo.
¿Por
qué lo habían hecho? Por un lado,
bajo el Antiguo Pacto el castigo por quebrantar el sábado era la muerte por
lapidación (Éx. 31:15; Nm. 15:32-35).
¡Así de grave era! Por otra
parte, el quebrantamiento del sábado y la idolatría fueron los dos pecados
principales que determinaron el cautiverio y la esclavitud de Israel y Judá siglos antes, y según la
profecía este fenómeno se iba a repetir (ver Neh. 13:17-18; Ez. 20:10-25;
22:6-23:47). Entonces, en éste como en
la mayoría de los puntos de la ley de Dios, los escribas y fariseos se fueron
al otro extremo y empezaron a legislar minuciosamente todo lo que era permitido
o no permitido hacer en el día sábado.
Como hemos dicho, le añadieron
más de 60 requisitos o restricciones específicas al mandamiento de Dios. De este modo, convirtieron el día santo
semanal de Dios en una gran carga,
cosa que no debía ser (ver 1 Jn. 5:3).
Por ejemplo, según ellos, el sábado solamente se podía dar cierto número
de pasos y luego había que sentarse a descansar. Pero Dios no ordena tal cosa en su ley.
Ahora bien, era deber de cada uno
cuidarse de no hacer demasiado esfuerzo en el día de descanso, para que sus
acciones no se convirtieran en trabajo.
Si Jesús no hubiera estado con sus discípulos, ellos habrían tenido que
decidir. Pero Cristo sí estaba ahí como Juez perfecto, como
Dios en la carne y Señor del sábado. ¡Y Él dejó muy en claro que los
escribas y fariseos estaban equivocados!
Arrancar unas espigas y comérselas sencillamente no es quebrantar el mandamiento del sábado. Sería muy distinto si los discípulos
hubieran estado cosechando. Pero no era una cosecha. Simplemente estaban arrancando algo para
comer.
Algunos insistirán en que el día de
reposo quedó abolido cuando Cristo murió.
¿Lo creían así sus discípulos?
Después de sepultar a Cristo, algunas de sus seguidoras más dedicadas
resolvieron preparar mejor el cuerpo para evitar que se descompusiera muy
rápidamente en la tumba. “Y vueltas,
prepararon especias aromáticas y ungüentos; y descansaron el día de reposo, conforme al mandamiento” (Lc.
23:56). Estas son palabras inspiradas
por Dios, aun después de muerto Jesús, después de quedar clavado TODO lo que iba a clavarse en la cruz. ¡El mandamiento divino del sábado permanecía intacto!
¿Acaso los discípulos de Cristo
reemplazaron el sábado por el domingo?
Acabamos de ver que se abstuvieron
de trabajar el sábado. Veamos ahora
los versículos que continúan: “El
primer día de la semana, muy de mañana, vinieron al sepulcro, trayendo las
especias aromáticas que habían preparado, y algunas otras mujeres con ellas.
Y hallaron removida la piedra del sepulcro” (24:1-2). Era domingo ya, y habían ido allí a trabajar.
Obviamente, el día de descanso que santificaron había sido el día anterior: el sábado.
Una vez resucitado, ¿acaso dio a
entender Jesús que su enseñanza anterior había quedado abolida o clavada en la
cruz? ¡DE NINGUNA MANERA! Al contrario, les dijo a sus discípulos que
fueran por toda la tierra enseñando las
mismas cosas aun hasta el FIN de esta era: “Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas
las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu
Santo; y enseñándoles que guarden TODAS
LAS COSAS que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los
días, hasta el fin del mundo” (Mt. 28:18-20).
Si en alguna ocasión visitamos una de las iglesias más conocidas como
cristianas y le preguntamos a uno de sus miembros la razón para asistir a los
servicios de adoración en el día domingo, la respuesta más frecuente que
podríamos recibir es que Jesús resucitó en ese día. Pero, ¿podrá resistir esta idea una revisión minuciosa?
Observemos la respuesta de Cristo a
los fariseos que le pedían una señal que lo identificara como el Mesías: “Respondió y les dijo: La generación mala y adúltera demanda
señal; pero señal no les será dada, SINO la señal del profeta Jonás. Porque
como estuvo Jonás en el vientre del gran pez tres días y tres noches, así
estará el Hijo del Hombre en el corazón de la tierra tres días y tres noches” (Mt.
12:39-40).
La única señal que Jesús indicó para probar que Él era el Mesías fue
que estaría en el sepulcro un tiempo determinado y exacto: “tres días y tres noches” (o 72
horas). Pero la tradición del “Domingo
de Pascua” sostiene que Cristo fue enterrado poco antes del ocaso del “Viernes
Santo” y resucitado al amanecer del domingo; únicamente dos noches y un día (o 36
horas).
Algunos lo explicarán dando otra
definición para “día”. Pero Cristo
claramente estableció que sin tomar en cuenta la noche, el día tiene doce horas
(Jn. 11:9-10). Entonces, cuando los
partidarios del Domingo de Pascua toman esta afirmación de Cristo, y llegan a
la conclusión de que estuvo en el sepulcro tres días x 12 horas = 36 horas;
vemos que están dejando por fuera las “tres noches”.
Si el tiempo diurno dura aproximadamente 12 horas y el tiempo nocturno otras 12 horas, el día completo dura 24
horas. De manera que tres días y tres
noches necesariamente suman 72 horas.
¿Fueron 72 horas exactas? En
Marcos 8:31 dijo que “le era necesario... resucitar DESPUÉS de tres días”; no menos de 72 horas. Pero en Juan 2:19-21 dos veces dijo que “EN
tres días”; no más de 72 horas. ¡De esta manera nos queda absolutamente
claro que se trata de 72 horas exactas! Y una de las virtudes de Dios es ser
siempre puntual.
Tomemos también en cuenta el hecho
de que cuando las mujeres llegaron al sepulcro, el domingo al amanecer, “siendo
aún oscuro” (Jn. 20:1), Jesús ya había
resucitado. Los que creen en la
resurrección en domingo afirman que Él había resucitado apenas unos momentos
antes. Si estuvieran en lo correcto,
entonces “tres días y tres noches” antes, nos llevarían al amanecer del jueves.
Sin embargo nadie aceptaría que Cristo fue enterrado
al amanecer del jueves ni en ningún
otro amanecer; por una buena razón:
Cuando José de Arimatea puso el cuerpo de Cristo en el sepulcro, “estaba
para comenzar el día de reposo” (Lc. 23:50-54). De acuerdo con
Cristo, entonces, fue enterrado al
atardecer, antes de que se iniciara un sábado especial. Tres días y tres noches después nos
llevarían al mismo momento del día, ¡otro
atardecer! Pero ahora se nos
presenta otro problema. Si damos por
un hecho que Cristo fue enterrado al atardecer del viernes, como lo afirma la
tradición del Viernes Santo; entonces su resurrección, 72 horas después, debió
ocurrir el lunes al atardecer. Pero
esto tampoco lo aceptaría ninguna persona;
y por otra buena razón: Recordemos que
Cristo ya había resucitado cuando las mujeres llegaron al sepulcro antes del
amanecer del domingo. Entonces, ¿cuál
es la respuesta?
¿Por qué razón mucha gente piensa
que Cristo fue enterrado al atardecer del viernes? Marcos 15:42 afirma que “era la
preparación, es decir, la víspera del día de reposo”. Y como el reposo semanal siempre ha sido el séptimo día de la
semana o sábado, el “día de preparación” normalmente sería el viernes. Sin embargo, la respuesta a este aparente
dilema es que el sábado semanal no es el único sábado que se menciona en
Si leemos ahora Juan 19:31 la duda
se nos va a aclarar. Los judíos pedían
retirar a las víctimas de la crucifixión “por cuanto era la preparación de la
pascua, a fin de que los cuerpos no quedasen en la cruz en el día de reposo
(pues aquel día de reposo era de GRAN SOLEMNIDAD).”
Cristo observó
Si unimos todos estos hechos, según
Las Escrituras nos dan más pruebas
de que en esa semana hubo DOS sábados; uno anual y otro semanal. En Marcos 15:47, encontramos que María
Magdalena y su compañera observaron cuando José de Arimatea puso a Jesús en el
sepulcro hacia el final de
En el versículo siguiente, Marcos 16:1, vemos que después del sábado, María Magdalena y sus compañeras compraron
especias aromáticas para ungir el cuerpo de Cristo. Sin embargo, Lucas 23:56 muestra que ellas prepararon las especias antes
del sábado. Obviamente ellas no
habrían preparado las especias antes de comprarlas. La única explicación que tiene sentido es que ellas compraron
las especias el viernes y que ese
mismo día las prepararon; después del
sábado anual que ocurrió en jueves y antes del sábado semanal o día normal de
reposo. Entonces descansaron el sábado
semanal, al final del cual Jesús fue resucitado. A la mañana siguiente, domingo, llegaron al sepulcro antes del
amanecer y encontraron que Cristo ya se había ido.
Sin embargo, alguien podría decir
que en Marcos 16:9 se lee: “Habiendo,
pues, resucitado Jesús por la mañana, el primer día de la semana, apareció
primeramente a María Magdalena”. ¿Cómo
podemos entender esto? En realidad, en
las versiones originales no existe la indicación de la coma. Y en este caso, para que el texto tenga el
mismo sentido que en griego, la coma que está después de la palabra “mañana”,
debió colocarse después de “Jesús”. En
esta forma el versículo se lee:
“Habiendo, pues, resucitado Jesús, por la mañana el primer día de la
semana, apareció primeramente a María Magdalena”. En todo caso, Él no resucitó el domingo por la mañana, como
hemos visto, sino el sábado al atardecer.
Aunque la resurrección hubiera
ocurrido el domingo por la mañana, no sería una razón válida para cambiar el
día de adoración semanal del sábado por el domingo. Si Cristo hubiera resucitado
el domingo, sus discípulos, que habían guardado el sábado con Él, ¿qué razón
tendrían para abandonar su ejemplo de guardar los diez mandamientos y cambiarse
a observar el domingo? Además, ¿qué
podría motivarlos a adoptar el domingo, un día asociado con la adoración pagana
del sol? Como
El libro
de los Hechos muestra que los apóstoles siguieron guardando el sábado
fielmente. Lo hicieron tanto con los judíos como con los
gentiles. Toda
Hurlbut dice que el primer día fue
reemplazado al séptimo “gradualmente”.
¿Acaso Dios acabó con su ley
gradualmente? ¡Qué absurdo! Como veremos más adelante, fueron los
hombres quienes ENGAÑARON “gradualmente” a millones de cristianos profesos para
hacerlos abandonar, no solo el sábado, sino
¡todo el concepto de obediencia a la ley de Dios!
Pero semejante cambio no se produjo en vida
de los apóstoles originales. Hasta el
apóstol Pablo--el apóstol de los
gentiles--guardaba el sábado aunque su conversión al cristianismo fue mucho después de la resurrección de
Cristo. Hablando de Pablo y Bernabé,
Hechos 13:14 dice: “Ellos, pasando de
Perge, llegaron a Antioquía de Pisidia; y entraron en la sinagoga un día de
reposo y se sentaron”.
Algunos alegan que Pablo se reunió
con los judíos el día sábado porque ese era el día de reposo de ellos. Sin embargo, el libro de los Hechos
dice: “Cuando salieron ellos de la
sinagoga de los judíos, los gentiles les rogaron que el siguiente día de reposo les hablasen de estas cosas” (13:42). Era una gran oportunidad para que Pablo les
informara a los gentiles que ahora se iban a reunir el domingo. Pero no lo hizo. Todo lo contrario: “El siguiente día de reposo se juntó casi
toda la ciudad para oír la palabra de Dios” (v. 44).
La verdad es que ni Pablo ni NINGUNO
de los apóstoles habló jamás de
cambiar el santo sábado de Dios ni otras partes de los diez mandamientos. Por el contrario, fieles al ejemplo y las
enseñanzas de Cristo, sus apóstoles guardaban el sábado y se reunían siempre en
este séptimo día.
¿Qué hacía Pablo en sus viajes por
regiones donde predominaban los gentiles?
Está claro que Pablo “acostumbraba”
reunirse los sábados. Hechos 18:4 nos
dice que “discutía en la sinagoga todos
los días de reposo, y persuadía a judíos y a griegos”. Todos los ejemplos en el libro de los
Hechos muestran que cuando Pablo o los otros apóstoles se reunían para adorar,
lo hacían el día sábado. No hay ni el menor indicio de que se reunieran periódicamente para adorar
en algún día diferente al séptimo, el mismo sábado que siempre habían guardado
y que la comunidad judía seguía guardando.
Si los apóstoles hubieran enseñado
que el día de guardar era cualquier otro diferente al sábado, ¡se habrían
producido MOTINES entre los cristianos judíos! Hechos 15 describe la única conferencia ministerial importante
en el Nuevo Testamento. Tuvo lugar a
raíz de una aguda controversia sobre si era obligatoria o no la circuncisión
para los cristianos gentiles. Ese
libro narra el incidente que dio lugar a la conferencia: “Algunos que venían de Judea enseñaban a
los hermanos: Si no os circuncidáis
conforme al rito de Moisés, no podéis ser salvos. Como Pablo y Bernabé tuviesen una discusión y contienda no
pequeña con ellos, se dispuso que subiesen Pablo y Bernabé a Jerusalén y
algunos otros de ellos, a los apóstoles y a los ancianos, para tratar esta
cuestión” (vs. 1-2).
En la conferencia de Jerusalén,
“después de mucha discusión”, Pedro se levantó y explicó cómo por medio de él,
Dios había llamado a los cristianos gentiles sin mandamiento alguno de circuncidarse
físicamente. Pablo y Bernabé
describieron los frutos de su labor entre los gentiles sin que mediara la
circuncisión. Luego Jacobo, el apóstol
que presidía en Jerusalén, resumió el asunto y dijo: “Por lo cual yo juzgo que no se inquiete a los gentiles que se
convierten a Dios, sino que se les escriba que se aparten de las
contaminaciones de los ídolos, de fornicación, de ahogado y de sangre” (vs.
19-20). Por último, se redactó una
carta que explicaba esta decisión tan importante y las razones que llevaron a
ella (vs. 22-29). Pablo se llevó esa
carta con sus decretos y la leyó en todas las iglesias bajo su jurisdicción
(16:1-5).
Algunos dirán que las cuatro
prohibiciones mencionadas aquí son las únicas leyes del Antiguo Testamento que
todavía son obligatorias para los cristianos.
Notemos, sin embargo, que no está incluido el asesinato. Luego,
¿podemos matar? ¡Obviamente no! Entonces, ¿por qué se mencionan estos
puntos específicamente y no otros?
Porque estas cuatro cosas vedadas a los cristianos eran costumbres
propias de las religiones paganas.
Muchos paganos sacrificaban animales ahorcándolos en vez de degollarlos
para desangrarlos. Luego se comían la
ofrenda y cometían actos escandalosos de inmoralidad sexual como ritos
religiosos. Las prohibiciones de
Hechos 15 eran parte de los estatutos de Dios pero más tarde también se citaron
entre las ceremonias y rituales del sistema levítico de adoración para evitar
que los israelitas adoptaran semejantes prácticas (ver Lv. 17:7, 10; Nm.
25:1-3). Los apóstoles querían dejar
en claro que, si bien las ceremonias y ritos de la ley del Antiguo
Testamento--incluida la circuncisión--ya no eran necesarios, estos cuatro
puntos dados como parte de la sección ceremonial de la ley seguían siendo
obligatorios. ¿Por qué eran
obligatorios? Porque formaban parte de
la ley de Dios original, ¡la cual seguía vigente!
Debemos notar que la gran
controversia y la conferencia apostólica surgieron a raíz de la ordenanza de la circuncisión. ¡Cuánto MAYOR hubiera sido el debate si los
apóstoles hubieran querido eliminar uno de los diez mandamientos, especialmente
el del día de reposo de Dios, la “señal” que identificaba a su pueblo! Se habría producido un verdadero ESCÁNDALO
y, sin embargo, no vemos el menor indicio de una contienda sobre este tema tan
importante.
La controversia sobre el tema del
sábado BRILLA POR SU AUSENCIA. No hubo
ningún cambio, en este sentido, hasta
veintenas o aun centenares de años después de la muerte de los apóstoles. Es claro, pues, que ni Jesús ni
Muchos teólogos
protestantes han sido instruidos en la teoría de la “revelación
progresiva”. Pero veremos que esta
teoría no es más que una total perversión de la verdad. Da a entender que los antiguos profetas
eran unos simples filósofos hebreos que intentaban idear su propio concepto del
ser divino. Entonces vino Jesús, un
carpintero judío muy influido por la religión y la moral de su época y que
vivió y enseñó bajo el Antiguo Pacto.
Según esta teoría los apóstoles, al igual que Jesús, eran atrasados, poco
ilustrados y no “entendían”.
Entonces viene el apóstol Pablo, el
“libertador” según la teoría, y las cosas empiezan a mejorar. Pablo está dispuesto a “romper” el molde
judío, dando comienzo al cristianismo
moderno--el cristianismo de los gentiles--que
tendrá mayor aceptación en el mundo.
El problema con esta teoría es que
resulta TOTALMENTE ERRÓNEA, pues intenta negar el mandamiento del mismo
Jesús: “No solo de pan vivirá el hombre, sino de TODA PALABRA de Dios” (Lc.
4:4). Y cuando dijo esto, aparte de su
propia vida y enseñanzas, la única
Palabra de Dios que existía para la humanidad era el Antiguo Testamento.
Esto plantea un gran problema para los teólogos del progresismo, porque
tanto Jesucristo como los profetas del Antiguo Testamento enseñaron
Otra cosa que no pueden explicar los
maestros de la “revelación progresiva” es que los escritos apostólicos apoyan
poderosa y directamente el concepto de guardar los diez mandamientos como el camino de vida cristiano, incluyendo,
de nuevo, la observancia del sábado.
Santiago, hermano de Jesucristo
quien presidía
Juan, el apóstol a quien “Jesús
amaba”, también se refirió a la ley de Dios hacia
FINES de
la era apostólica (como 20 años después de la muerte del apóstol Pablo). Si alguien
habría de darnos una nueva enseñanza “progresiva”, sería él. ¿Cuál, pues, fue la “revelación progresiva”
que nos dio Juan? Inspirado por Dios,
escribió: “En esto sabemos que nosotros le conocemos, si guardamos sus
mandamientos. El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus
mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él” (1 Jn 2:3-4).
Quien comprenda solo parte de la
verdad puede saber algo acerca de
Dios. Mas Juan dice que para conocer a
Dios real y personalmente, ¡tenemos que seguir
el camino de vida de Dios GUARDANDO sus mandamientos! Es así porque el amor de Dios--su misma
naturaleza y carácter--está revelado en los diez mandamientos. Juan explica que los diez mandamientos
expresan el amor de Dios: “Este es el amor a Dios, que guardemos sus
mandamientos; y sus mandamientos no son gravosos” (5:3). Quien no guarde los diez mandamientos como
un camino de vida, ¡está DESOBEDECIENDO a su Creador y de hecho, no conoce a Dios realmente!
Pasando al apóstol Pablo, debemos
preguntarnos si acaso él desechó la ley de Dios. ¡De ninguna manera! En
Romanos 2:13 escribió: “No son los oidores
de la ley los justos ante Dios, sino los
hacedores de la ley serán justificados.”
Y en 1 Corintios 7:19, dijo:
“La circuncisión nada es, y la incircuncisión nada es, sino el guardar los mandamientos de Dios”. Esto ciertamente incluye el cuarto mandamiento sobre el sábado.
Se ha creído tradicionalmente que el
apóstol Pablo escribió