EL MISTERIO DEL
DESTINO HUMANO
Por Roderick C. Meredith
¿Para qué vinimos a este mundo?
¿Por qué permite Dios que sus escogidos pasen por
años y aun décadas de pruebas y persecuciones?
¿Por qué es tan importante “vencer”?
Hay un PROPÓSITO grandioso y portentoso
por el cual estamos en este planeta.
¡Este folleto no es para la venta!
Es un servicio educativo gratuito que se
ofrece en beneficio del público.
Título original en inglés:
Your Ultimate Destiny
Traducción: Mario Hernández
Reservados todos los derechos.
© Living Church of God
Salvo indicación contraria, los pasajes
bíblicos que se citan en esta
publicación han sido tomados de la
versión Reina Valera, revisión de
1960.
El
misterio del destino humano
La mayoría
de los seres humanos nunca se detienen a pensar cuál es el propósito de su
vida. La verdad es que muchos suponen
que no hay un propósito. En su caso
personal, ¿cree usted que hay un designio para su vida? ¿Hay alguna razón trascendental por la cual
usted existe? ¿Cabe acaso la
posibilidad de que el destino que le espera sea algo increíblemente interesante
y satisfactorio, sea cual fuere su situación actual? ¿Puede tener la certeza absoluta de que el futuro le tiene
reservadas felicidad, alegría y paz duraderas?
O, ¿es su vida en esta tierra una
existencia efímera y llena de decepciones, un ir y venir sin un propósito
trascendental, como la vida de las aves, de las abejas, o para ser más
gráficos, de los gusanos que se arrastran sobre la tierra? Es obvio que usted, como persona humana,
está dotado de una inteligencia que estas criaturas no poseen: puede imaginarse
el futuro; tener sueños y esperanzas, y es dueño de un ingenio creativo que no
tiene paralelo en ninguna otra forma de existencia física. La pregunta que surge es esta: Todo este potencial, todos estos dones y
sueños, ¿perecen con nosotros al morir cuando “el polvo que somos vuelve al
polvo”?
Estas son cosas que merecen
reflexión. Es cierto que muchos creen
que si no se condenan, su destino es ir al cielo para pasar allí toda una
eternidad, aunque no saben muy bien cuál será su función. Esta es la vaga idea que perdura aún en la
mente de millones de personas. Sin
embargo, preguntamos: ¿Puede alguien
demostrar con pruebas fehacientes cuál es su destino como ser humano? ¿Hay alguna forma de saberlo?
La verdad es que está claramente
revelado en
En ese mismo manual, en forma más
serena pero profunda, el Creador revela también su designio para el ser humano,
el verdadero propósito de su vida y de la mía.
¿Cuál
es ese misterio del destino humano? ¿Cuál
es el propósito para el cual nacimos?
La humanidad no apareció en la
tierra por casualidad. No somos
producto del azar. El sentido común
nos enseña que el complejo mecanismo de un reloj suizo no es el resultado de un
lento proceso evolutivo que se prolongó durante millones de años en un medio
rico en minerales que se nutrían de la carga eléctrica de rayos y relámpagos.
Si bien es posible que la arena y los elementos hayan sufrido ciertas transformaciones
a lo largo de miles de millones de años, sabemos muy bien que, sin designio y
sin diseño, el delicado y complicado mecanismo que produce la exactitud de un
reloj suizo JAMÁS sería el producto de la ausencia de propósito, del simple
azar y la casualidad.
A pesar de esto, hay muchos que,
para no ir en contra de la “corriente intelectual”, se adhieren a la teoría de
la evolución, según la cual la mente humana, cuya complejidad y capacidad son
inmensamente superiores a cualquier reloj o computador, es simplemente el
producto de un “accidente” del proceso evolutivo.
Si este es su concepto de la vida,
más vale que se detenga aquí en la lectura, mientras Dios no lo despierte, no
va a entender nada del supremo destino de su vida ni de ninguna otra verdad
espiritual. Como está escrito: “...lo que se ve fue hecho de lo que no se
veía” (Heb. 11:3).
Tenemos aquí dos puntos de vital
importancia. Primero, vemos que el
verbo aparece en plural: “Hagamos al
hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza”. Lo que aquí se indica es que son dos
personajes los que hablan de la creación del hombre a su imagen. Se trata obviamente de Dios el Padre y del
Logos o el “Verbo” (
El segundo punto lo indica la
continuación del versículo 26 de Génesis 1:
“...y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las
bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la
tierra”. Al ser humano le fue dado
desde el principio señorío, la facultad de regir el mundo material. Desde el principio se le encomendó un deber
y se le dio la oportunidad de valerse de la razón y del poder creador de la
imaginación.
Veamos por ejemplo estas palabras
inspiradas del Rey David: “¿Qué es el
hombre, para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre, para que lo
visites? Le has hecho poco menor que
los ángeles [en hebreo, Elohim], y lo coronaste de gloria y de honra. Le hiciste señorear sobre las obras de tus
manos; todo lo pusiste debajo de sus pies” (Salmos 8:4-6). Vemos aquí que Dios tiene un propósito muy
especial para el hombre, a quien hizo un poco menor que “Elohim”, un vocablo
hebreo que usualmente significa DIOS.
Tal como acabamos de leer, Dios coronó al hombre de honra y gloria y lo
hizo señorear sobre las obras de sus manos.
El ser humano recibió desde el
principio una mente que constituye la diferencia esencial entre el cerebro
humano y el cerebro animal. A
diferencia de las demás criaturas que hay en la tierra, el hombre posee
imaginación creadora y aun la capacidad de analizarse a sí mismo. Además le fue dada, en cierta medida, la
capacidad de juzgar entre el bien y el mal, ¡uno de los atributos de Dios!
Cuando la humanidad se entregó a la
tarea de construir la torre de Babel, Dios dijo: “He aquí que todos son un solo pueblo con un mismo lenguaje, y
éste es el comienzo de su obra. Ahora
nada de cuanto se propongan les será imposible” (Gn. 11:6, Biblia de
Jerusalén). Lo que hallamos aquí
claramente indicado es que, si Dios no lo hubiera impedido, aun en aquel tiempo
la humanidad habría “progresado” hasta el punto de poder destruirse a sí misma,
como es el caso en la era actual.
Lo que hoy estamos presenciando es
una comunidad científica mundial que cuenta con un idioma común para el
intercambio de datos y que ha progresado hasta el punto en que tiene la
capacidad de destruir el mundo entero.
El hombre puede lanzar inmensos y complejos satélites al espacio sideral
y ha inventado sistemas de informática que le permiten almacenar y utilizar
instantáneamente miles y millones de datos.
Cuenta también con los medios técnicos para liberar la energía del átomo
y detonar la bomba de hidrógeno en enceguecedora y fulminante EXPLOSIÓN.
Previendo la situación que vivimos
en nuestra época, Jesucristo predijo hace casi dos mil años: “Habrá entonces angustia tan grande como no
ha habido desde que el mundo es mundo, ni la habrá nunca más. Si no se acortasen aquellos días, nadie
escaparía con vida; pero por amor a los elegidos, se acortarán” (Mt. 24:21-22,
Nueva Biblia Española).
Si Dios no interviene antes que sus
criaturas se destruyan a si mismas, la humanidad va rumbo a la aniquilación de
toda forma de vida en el planeta Tierra.
Sin embargo, como veremos más adelante, Dios dotó al ser humano de gran
inteligencia con un propósito, y el
propósito de Dios se cumplirá.
Como lo indicamos antes, Dios le dio al hombre desde el principio la
misión de señorear sobre la creación y el poder y el deber de ayudar a dirigir
y a juzgar a sus congéneres bajo la autoridad de Dios (ver Éxodo 18:13-26). El ser humano fue dotado desde el principio
con facultades semejantes a las de Dios.
Después, cuando Jesucristo vino a
predicar el evangelio, anunció continuamente el futuro advenimiento del
gobierno de Dios a la tierra: “Después
que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del
reino de Dios, diciendo: El tiempo se
ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el
evangelio” (Mr. 1:14-15). Ese futuro
gobierno mundial fue predicho por la mayoría de los profetas, por Jesucristo
mismo y por los apóstoles Pedro, Pablo y Juan.
Después de describir los cuatro
grandes imperios que iban a dominar el mundo antes del fin de esta era, el
profeta Daniel señaló: “En los días de
estos reyes el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido,
ni será el reino dejado a otro pueblo; desmenuzará y consumirá a todos estos
reinos, pero él permanecerá para siempre” (Dn. 2:44).
La mayoría de las parábolas de
Jesucristo se refieren al reino de Dios.
En Marcos 4:30-32 Jesús compara el reino de Dios con un grano de
mostaza. Aunque su inicio es muy
pequeño, nos muestra que el Reino de Dios alcanzará dimensiones
grandiosas. La parábola de las minas
(Lc. 19:12-19) nos enseña que los que venzan y aprendan a utilizar sus talentos
según el designio de Dios, recibirán autoridad para gobernar a las ciudades del
futuro reino mundial de Jesucristo.
A aquel cuya mina produjo diez minas Jesús le dijo: “Está bien, buen siervo; por cuanto en lo
poco has sido fiel, tendrás autoridad sobre diez ciudades” (v. 17). Al siervo cuya mina había producido otras
cinco, le dijo: “Tú también sé sobre
cinco ciudades” (v. 19).
En la víspera de su muerte Jesús les
dijo a los apóstoles: “Yo, pues, os
asigno un reino, como mi Padre me lo asignó a mí, para que comáis y bebáis a mi
mesa en mi reino, y os sentéis en tronos juzgando a las doce tribus de Israel”
(Lc. 22:29-30).
Si damos crédito a las palabras de
Jesucristo, entonces sabremos que el Hijo de Dios prometió específicamente a
los cristianos “vencedores” el GOBIERNO sobre las ciudades y naciones de la
tierra.
Las siguientes son palabras de
Jesucristo, que el apóstol Juan consignó en el libro del Apocalipsis: “Al que venciere y guardare mis obras hasta
el fin, yo le daré autoridad sobre las naciones, y las regirá con vara de
hierro, y serán quebradas como vaso de alfarero; como yo también la he recibido
de mi Padre” (Ap. 2:26-27). “Al que
venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y
me he sentado con mi Padre en su trono” (Ap. 3:21). Veamos ahora la oración celestial consignada en Apocalipsis
5:9-10: “Con tu sangre compraste para
Dios hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación; y has hecho de ellos para
nuestro Dios un reino de sacerdotes, y reinan
sobre la tierra” (Biblia de Jerusalén).
Veamos finalmente lo que dice
Apocalipsis 20:6: “Bienaventurado y
santo el que tiene parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene
potestad sobre éstos, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años”. Es innegable que los verdaderos santos son
aquellos que Dios llama y prepara durante esta vida para que sean vencedores y
REINEN con Jesucristo sobre las ciudades y naciones de la tierra. Las Escrituras son absolutamente claras
sobre este punto.
No obstante, son muchos los teólogos
que han perdido de vista el plan y el designio que Dios ha revelado claramente
en las Sagradas Escrituras. No
entienden que los verdaderos cristianos son llamados para cumplir un PROPÓSITO
grandioso y sublime.
Dios dice que únicamente los
vencedores estarán en su reino. La
instrucción de Jesucristo es la siguiente:
“Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los
cielos es perfecto” (Mt. 5:48).
Jesucristo dijo además: “No
solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”
(Mt. 4:4).
La siguiente es la exhortación que
viene por medio del apóstol Pedro:
“Como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda
vuestra manera de vivir; porque escrito está:
Sed santos, porque yo soy santo” (1 P. 1:15-16). El apóstol Juan lo confirma con estas
palabras: “No améis al mundo, ni las
cosas que están en el mundo. Si alguno
ama al mundo, el amor del Padre no está en él” (1 Jn. 2:15). El apóstol Santiago escribió: “Someteos, pues, a Dios; resistid al
diablo, y huirá de vosotros” (Stg. 4:7).
La fórmula es clara. Los verdaderos cristianos deben vencer su
tendencia a la vanidad y sus pasiones humanas, deben vencer al mundo y sus
tentaciones, y finalmente resistir al mismo Satanás.
El apóstol Pedro concluye su última carta con esta exhortación: “Creced en la gracia y el conocimiento de
nuestro Señor y Salvador Jesucristo. A
él sea gloria ahora y hasta el día de la eternidad. Amén” (2 P. 3:18).
Como seres humanos estamos sujetos a
toda clase de debilidades y pecados.
Pero mediante el estudio diligente y continuo de
Sabemos que no alcanzaremos la
perfección en esta vida; sin embargo, nuestro progreso tiene que ser patente
porque la orden es que seamos perfectos como nuestro Padre celestial; por lo
tanto, debemos reflejar su naturaleza y su carácter. Esta es la razón por la cual los verdaderos cristianos tienen
que pasar por tantas pruebas y persecuciones.
El apóstol Pablo escribió: “Todos los que quieren vivir piadosamente
en Cristo Jesús padecerán persecución” (2 Ti. 3:12). Jesús también dijo al respecto: “No penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he
venido para traer paz, sino espada.
Porque he venido para poner en disensión al hombre contra su padre, a la
hija contra su madre, y a la nuera contra su suegra; y los enemigos del hombre
serán los de su casa” (Mt. 10:34-36).
El apóstol Pedro nos hace esta advertencia: “Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha
sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese” (1 P. 4:12).
Es evidente que el verdadero
cristiano tiene que vencerse a sí mismo, vencer al mundo y los ataques de
Satanás. El verdadero cristiano va a
ser acosado y perseguido quizás hasta el punto de sufrir el martirio a manos de
los enemigos de Dios.
¿Por qué es necesario el
desarrollo del carácter?
¿Cree usted que todas las
dificultades y pruebas que un cristiano pasa en la vida tienen como único
propósito unas vacaciones eternas en el cielo tañendo el arpa y viendo pasar
las nubes? O, ¿será nuestro destino
llegar a ser mensajeros de Dios como los ángeles? Después de todas las pruebas, dificultades, lágrimas y agonías
que padezcamos tratando de superar sufrimientos, ¿no será nuestro destino ser
mayores que los millones de seres creados que componen las huestes angélicas?
La verdad es que el ASOMBROSO
propósito de la existencia humana va mucho más allá de lo que los santos
ángeles y arcángeles pueden experimentar.
Imaginar nuestro destino es verdaderamente inspirador, y aunque
asombroso, es sencillo. El objeto de
las pruebas y dificultades de esta vida es que aprendamos a someternos
totalmente a Dios quien, por medio de su Espíritu, nos transmite su mente, su
amor y su carácter. La verdad es que ¡Dios se está reproduciendo a sí mismo!
Sí, usted lo leyó
correctamente. Y lo exhorto a que
continúe leyendo y le pida a Dios claridad mental y discernimiento. No haga suposiciones. La seguridad espiritual radica en el deseo
sincero de “examinarlo todo” (1 Ts. 5:21) a la luz de
Volvamos al libro del Génesis y
examinemos una vez más lo que Dios hizo en el principio.
Los animales fueron creados “según su especie” (Gn. 1:24). Todos podemos constatar que del ganado
vacuno nace ganado vacuno y que los leones al reproducirse lo hacen según su
especie. Este fue el orden que Dios
estableció en la creación. Y luego
dijo Dios: “Hagamos al hombre a
nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza” (Gn. 1:26). Dios estaba indicando de antemano que la
familia Dios, que ahora la constituyen el Padre y su Hijo Jesucristo, se iba a
reproducir. ¿Es acaso blasfemia decir
que el propósito de Dios es reproducirse “según su especie”?
Así lo pensaron algunos de los
dirigentes religiosos en la época de Jesucristo. Tal vez le sorprenda saber que el tema de
Cuando Jesús les preguntó por qué lo
iban a apedrear, los jefes religiosos replicaron: “Por buena obra no te apedreamos, sino por la blasfemia; porque
tú, siendo hombre, te haces Dios” (Jn. 10:33).
Examinemos ahora cuidadosamente lo
que dijo Jesús para defenderse de la acusación de blasfemia: “¿No está escrito en vuestra ley: Yo dije, dioses sois? Si llamó dioses a aquellos a quienes vino
la palabra de Dios (y
La escritura a la cual se refirió
Jesucristo se encuentra en Salmos 82:6.
El vocablo hebreo que aquí aparece traducido como “dioses” es
Elohim. Es la misma palabra que en
Génesis 1:1 se traduce como “DIOS” y se emplea centenares de veces en todo el
Antiguo Testamento para referirse a
Esta polémica había surgido antes en
el mismo Evangelio de Juan cuando estos jefes religiosos trataron de matar a Jesucristo
porque lo acusaban de quebrantar el sábado y porque “también decía que Dios era
su propio Padre, haciéndose igual a Dios” (Jn. 5:18). Evidentemente, reconocían que un hijo verdadero es igual a su padre.
En mi caso personal tengo el
privilegio de ser padre de cuatro hijos y dos hijas. Tal como Dios lo dispuso, me he reproducido “según mi
especie”. Mis hijos y mis hijas son
totalmente humanos al igual que yo. Si
bien es cierto que yo tengo más experiencia y conocimiento y soy el “patriarca”
de mi familia, mis hijos son tan humanos como lo soy yo, y como tales tienen
las mismas facultades, dignidad y potencial humanos que tengo yo.
¿Y que ocurre en el caso de los
hijos de Dios? ¿Estamos tan
acostumbrados al sonido del lenguaje religioso que ya no entendemos el
significado de las palabras que utilizamos?
¿No nos damos cuenta de que un auténtico “hijo” de Dios va a ser como su
Padre celestial?
Los que creen en
Cuando sometemos nuestra voluntad a
Dios y a la guía del Espíritu Santo y bebemos continuamente de su Palabra
mediante el estudio de
Jesucristo, nuestro ejemplo y
nuestro precursor, “fue declarado hijo de Dios con poder, según el Espíritu de
santidad, por
Todos los que verdaderamente se
sometan a Dios llegarán a ser como Jesucristo, de tal manera que Él será el
PRIMOGÉNITO de entre todos los hijos de Dios, hijos en el sentido literal de la
palabra, como Jesucristo, quien es el primogénito y autor de nuestra salvación.
El apóstol Pablo lo confirma con estas
palabras: “Él es la cabeza del cuerpo
que es la iglesia, él que es el principio, el PRIMOGÉNITO de entre los muertos,
para que en todo tenga la preeminencia” (Col. 1:18).
Por segunda vez Dios nos muestra
claramente que para “nacer de nuevo” como Jesucristo, el primogénito de entre los muertos, nosotros también tenemos que
“nacer” en
También el apóstol Juan, por
inspiración de Dios, nos dice en Apocalipsis 1:5 que Jesucristo es “el primogénito
de los muertos”. Si Jesucristo es el
“primogénito”, esto significa que hay otros.
Si el “primogénito” de Dios es DIOS, entonces los que nacerán más tarde,
habiendo sido engendrados por el mismo
Padre, también entrarán a formar parte de
A lo largo y ancho de
¿Quién será siempre la autoridad
suprema?
El principal propósito de la vida cristiana es la reconciliación del hombre con
Dios. El Espíritu Santo guía a la
persona en todo el proceso de sumisión
total a Dios y a nuestro Salvador, Jesucristo. Gracias al Espíritu Santo
la persona crece en la gracia y el
conocimiento, en el carácter mismo de Jesucristo (2 P. 3:18). Es un proceso que incluye la superación de
las debilidades del carácter personal y el aprender a vivir “de toda palabra de
Dios” (Lc. 4:4).
Para estar cerca de Dios es
necesario el estudio profundo de
Haciendo todo esto y sometiéndose a
Dios diariamente para que Jesucristo viva
su vida en él mediante el Espíritu Santo (Gá. 2:20), el verdadero cristiano
aprende a “caminar con Dios”. Mes tras
mes y año tras año, el cristiano que se somete totalmente se va pareciendo más
y más a su Creador. El que tenga fe
auténtica debe vivir de esta manera, porque Jesucristo nos dijo: “Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro
Padre que está en los cielos es perfecto” (Mt. 5:48). También el apóstol Pedro exhorta a los cristianos con estas
palabras: “Como aquel que os llamó es
santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir” (1 P.
1:15).
Y en su segunda carta el apóstol
Pedro nos explica: “Como todas las
cosas que pertenecen a la vida y a la piedad... por medio de las cuales nos ha
dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser
PARTICIPANTES DE
¿Significan todas estas escrituras
lo que dicen? Si tenemos honradez no
podemos hacer caso omiso de tantas escrituras inspiradas que nos instan a ser
“santos”, a ser “como Dios” y a someternos a Él para que pueda transmitirnos su
naturaleza divina. Es lógico, pues, concluir que el propósito
de Dios desde el principio ha sido reproducirse a sí mismo. Esto es lo que
Ya hemos visto que Jesucristo es el “primogénito entre MUCHOS hermanos” (Ro.
8:29). ¿Tendrán los hermanos menores
que aún han de hacer muchísima MENOS gloria que Jesucristo?
Si bien es cierto, como ya lo
explicamos, que Jesucristo siempre será mayor en poder y autoridad,
Por lo tanto tendrán gloria y majestad divinas. Cuando Jesucristo se transfiguró,
“resplandeció su rostro como el sol” (Mt. 17:2). El mismo Jesucristo dijo:
“Los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre. El que tenga oídos para oír, oiga” (Mt.
13:43).
El apóstol Pablo lo sabía muy bien,
pues dice en Romanos 8:18: “Tengo por
cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con
Ahora bien, el cristiano
verdaderamente convertido es “engendrado” por Dios en esta vida para NACER
luego en
El apóstol Pablo escribió: “Ahora Cristo ha resucitado de los muertos;
primicias de los que durmieron es hecho.
Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre
la resurrección de los muertos. Porque
así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados... Así
también está escrito: Fue hecho el
primer hombre Adán alma viviente; el postrer Adán, espíritu vivificante. Mas lo espiritual no es primero, sino lo
animal (material); luego lo espiritual.
El primer hombre es de la tierra, terrenal; el segundo hombre, que es el
Señor, es del cielo... Y así como hemos traído la imagen del terrenal,
traeremos también la imagen del celestial” (1 Co. 15:20-22, 45-47, 49).
Sí, vamos a ser hijos de la
resurrección, no falsamente “nacidos de nuevo” ante una multitud
emocionada. La verdadera experiencia de “nacer de nuevo” será inmensamente
superior a la falsa experiencia emotiva que confunde hoy al mundo
religioso. Son cosas que ni siquiera
pueden compararse. Al sonido de la
“última trompeta”, Jesucristo regresará a la tierra como Rey de reyes, y los
que sean considerados dignos serán arrebatados hacia las nubes para encontrarse
con Él en el aire (1 Ts. 4:16-17).
Entonces tendrán cuerpo espiritual
y serán GLORIFICADOS como miembros recién “nacidos” en la familia divina. NO serán considerados como simples hijos
“adoptivos” o seres “creados”, sino que serán hijos nacidos de Dios, con su misma NATURALEZA DIVINA, así como al
nacer en esta vida tenemos la naturaleza y las características humanas de
nuestros progenitores.
Para usar una analogía humana, ahora
somos hijos “engendrados” por Dios; aún estamos en el vientre de nuestra madre (
¿Cómo es Jesucristo
actualmente? Apocalipsis 1:14-16 nos
da una descripción: “Sus ojos como
llama de fuego; su rostro... como el sol cuando resplandece en su fuerza”. Así es el Cristo glorificado, y nosotros
también seremos GLORIFICADOS, ¡según el maravilloso propósito del gran Dios que
nos hizo a su imagen!
¡El futuro de los vencedores!
Veamos ahora la primera carta del
apóstol Juan. En el capítulo 3,
después de explicar que seremos como el Cristo glorificado y que podremos mirar
la plenitud del resplandor de su gloria cara a cara, el apóstol Juan
escribe: “Todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así
como él es puro” (v. 3). Una vez
que entendemos el supremo propósito
de Dios, a saber, el increíble potencial que nuestro Creador ha puesto en
nosotros, tenemos MUCHAS RAZONES para querer ser
“puros” y
llevar una vida justa y santa.
Nuestra verdadera recompensa no es
el “ocio eterno” ni “tocar arpa en las nubes”, sino convertirnos en “hijos de
la resurrección” para REINAR con Jesucristo sobre el planeta Tierra durante mil
años a fin de limpiar la contaminación, eliminar la pornografía y la guerra,
ayudar a alimentar y a sanar a las masas hambrientas y enfermas, brindar
ALEGRÍA indescriptible a un mundo atribulado por la guerra y la violencia, a
sentir la satisfacción y el gozo profundo que produce una labor cumplida con
gran éxito.
No gobernaremos únicamente sobre
seres humanos sino sobre los poderosos ÁNGELES de Dios. En 1 Corintios 6:2-3 leemos lo siguiente: “¿O no sabéis que los santos han de juzgar
al mundo? Y si el mundo ha de ser
juzgado por vosotros, ¿sois indignos de juzgar cosas pequeñas? ¿O
no sabéis que hemos de juzgar a los ángeles? ¿Cuánto más las cosas de esta vida?” Toda la experiencia cristiana mediante la cual se cultiva en
nosotros el mismo sentir y el carácter de Cristo (Fil. 2:5) tiene este supremo
OBJETIVO.
El destino para el cual Dios creó al
ser humano será una experiencia EMOCIONANTE, estimulante. productiva e
increíblemente satisfactoria.
¿Qué ocurrirá después de esto? Leamos las palabras inspiradas del apóstol
Pablo en Hebreos 2:5-7: “Porque no
sujetó a los ángeles del mundo venidero, acerca del cual estamos hablando; pero
alguien testificó en cierto lugar, diciendo:
¿Qué es el hombre, para que te acuerdes de él, o el hijo del hombre,
para que le visites? Le hiciste un
poco menor que los ángeles, le coronaste de gloria y de honra, y le pusiste
sobre las obras de tus manos”.
Aquí se nos enseña que el destino
del hombre es ser superior a los ángeles.
Porque el hombre fue hecho “menor” o, como lo traducen muchos eruditos,
“por un poco de tiempo” menor que los ángeles. Sin embargo, el proyecto de Dios es SUJETARLO TODO al hombre.
El hombre ha inventado computadores
potentísimos, y es también capaz de aniquilar la vida en el planeta Tierra con
bombas de hidrógeno y otras armas de destrucción masiva. No obstante, el hombre no podría explorar
el universo aunque viajara a la velocidad de la luz, ya que está limitado por necesidades
de alimento, agua, oxígeno y por las enormes distancias que separan a los
planetas.
Hablando del mundo venidero, Dios
dice que todo lo pondrá bajo los pies del hombre. El vocablo hebreo que aquí se traduce como “todo” puede
entenderse correctamente como “todo el universo”. Una versión de
Inmediatamente después de esto, el
apóstol Pablo escribe: “En cuanto le
sujetó todas las cosas, NADA dejó que no sea sujeto a él; pero todavía no vemos
que todas las cosas le sean sujetas” (Heb. 2:8). Tengamos en cuenta que “nada” queda excluido de estar bajo el
dominio del hombre. Sin embargo,
“todavía” no se ha cumplido. El Comentario crítico y experimental de
The
New Bible Commentary Revised (El nuevo comentario bíblico revisado) dice
también en referencia a este pasaje de las Escrituras: “Estos versículos indican que no solo
Jesucristo, sino los hombres mediante Jesucristo como Sumo Sacerdote y Autor de
la salvación, son llamados a heredar un destino de GLORIA y dominio”.
Esto significa en forma clara y
sencilla que Dios creó al hombre para que fuera como él. Los que sean
vencedores están destinados a ser hijos REALES de Dios, no “seudohijos” en un
plano de existencia inferior.
Refiriéndose a los “hijos de la
resurrección”,
En aquel entonces tendremos cuerpos
espirituales glorificados que no estarán sujetos a las leyes físicas tal como
las conocemos ahora. Tendremos poder
para viajar por el universo a una velocidad muy superior a la de la luz, porque
seremos miembros de
Cuando estemos al servicio de
nuestro Padre y de Jesucristo, en el gobierno perfecto de Dios, tendremos sin duda la oportunidad en los siglos
venideros de rejuvenecer e embellecer vastas regiones del universo que ahora
están en tinieblas, sin vida y desoladas.
No hay duda de que habrá una nueva actividad creadora para llevar a cabo
proyectos de toda índole. Como dice
Veamos por ejemplo Romanos
8:17: “Y si hijos, también herederos;
herederos de Dios y coherederos con
Cristo, si es que padecemos juntamente
con él, para que juntamente con él
SEAMOS GLORIFICADOS”. Cuando logramos
entender la gloria suprema que nos espera,
En el diálogo con Nicodemo sobre el
concepto de “nacer de nuevo” Jesús señaló:
“Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo. El viento sopla de donde quiere, y oyes su
sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu” (Jn. 3:6-8),
En la resurrección, los santos
nacidos del Espíritu serán como el Cristo resucitado. Podremos atravesar paredes (Jn. 20:19) y “desaparecer” a
voluntad (Lc. 24:31).
Al igual que Jesucristo, los santos
resucitados podrán aparecer en forma humana para conversar y comer con los
seres humanos y enseñarles el camino de Dios durante el reino milenario de
Jesucristo en la tierra. En el
capítulo 21 de su Evangelio, el apóstol Juan nos presenta al Cristo resucitado
preparando un desayuno de pescado asado para sus discípulos (v. 9). Jesús estuvo allí conversando con sus
discípulos y enseñándoles.
Es fascinante pensar en las
situaciones interesantes, emocionantes y aun divertidas que surgirán en el
mundo venidero cuando los hijos resucitados de Dios sorprendan y tal vez
asusten por un momento a seres humanos desprevenidos.
En el capítulo 30 de Isaías se
describe el tiempo en que toda la nación de Israel (no solo los descendientes
de Judá sino las 12 tribus de los descendientes de Jacob) regresarán del
cautiverio que les espera para estar bajo el gobierno y la dirección de seres
divinos: “Bien que os dará el Señor
pan de congoja y agua de angustia, con todo, tus maestros nunca más te serán
quitados, sino que tus ojos verán a tus maestros. Entonces tus oídos oirán a tus espaldas palabra que diga: Este es el camino, andad por él; y no
echéis a la mano derecha, ni tampoco torzáis a la mano izquierda” (vs. 20-21).
En el ya próximo reino milenario de
Jesucristo y de los santos resucitados, los millones de seres humanos que vivan
en la tierra aprenderán finalmente cuál es el camino que conduce a la paz, a la
prosperidad y a la verdadera felicidad.
“Vendrán muchas naciones, y dirán:
Venid, y subamos al monte del Eterno, y a la casa del Dios de Jacob; y
nos enseñará en sus caminos, y andaremos por sus veredas; porque de Sion saldrá
la ley, y de Jerusalén la palabra del Eterno.
Y él juzgará entre muchos pueblos, y corregirá a naciones poderosas hasta
muy lejos; y martillarán sus espadas para azadones, y sus lanzas para hoces; no
alzará espada nación contra nación, ni se ensayarán más para la guerra” (Mi.
4:2-3).
El gran DESIGNIO de Dios es que nos
unamos a él y a Jesucristo, su Hijo “primogénito”, en una auténtica relación de familia.
Así, basados en el amor, el servicio mutuo, la obediencia a los diez
mandamientos (la ley espiritual de Dios) y las enseñanzas de Jesucristo, el
resultado será paz y felicidad eternas.
Para ser una persona convertida en
esta vida, primero es necesario ARREPENTIRSE profundamente del pecado, el cual
es la “infracción de la ley” (1 Jn. 3:4).
Una vez cumplido este requisito, Dios promete el don del Espíritu Santo
(Hch. 2:38), el cual da a los que le OBEDECEN (Hch. 5:32).
Después es necesario vencer con la
fortaleza y la ayuda que nos viene por medio del Espíritu Santo y CRECER en la gracia y conocimiento de Jesucristo, es decir, en el desarrollo del CARÁCTER
de Dios. Mediante este proceso nuestro
Padre celestial nos transmite su naturaleza.
Esto quiere decir que no somos simplemente hijos “adoptivos” sino
literalmente engendrados y finalmente NACIDOS de Dios. Una vez fecundados con la naturaleza
divina, debemos continuar CRECIENDO espiritualmente hasta que estemos listos para
“nacer de Dios” en la resurrección.
Como soberano absoluto de todo lo
que existe, Dios no quiere correr el riesgo de que sus hijos se rebelen contra
Él. Únicamente aquellos que hayan
SOMETIDO totalmente su vida y voluntad a Dios y a su Salvador y Rey venidero,
Jesucristo, serán tenidos por dignos de convertirse en miembros de
Este análisis debe servir como
prueba suficiente para refutar la objeción que algunos han presentado en contra
de esta maravillosa verdad. Hay
quienes creen que si los santos resucitados llegan a ser verdaderamente DIOS
por haber sido plenamente asimilados a su Familia, con el PODER de Dios,
entonces existiría el grave peligro de que se rebelaran contra Dios el Padre y
tal vez empezaran una guerra espiritual como lo hizo Lucero (Is.
14:12-15). Esta objeción revela una
falta de entendimiento de lo que es
Los “hijos de la resurrección” (Lc.
20:36) serán semejantes a Dios.
Recordemos que “Dios no peca porque en su divino carácter que es eterno
e intrínsecamente fiel y justo no hay lugar para el pecado. Por esta razón, la idea de que alguien que
ya haya nacido dentro de
Otra objeción es que es imposible
llegar a ser como Dios el Padre quien jamás fue creado y siempre ha
existido. Esta objeción para por alto
la maravillosa verdad de que en la resurrección vamos a nacer literalmente de Dios. En aquel entonces no seremos simples “seres
creados” sino frutos de las entrañas mismas de Dios, llenos del Espíritu Santo
y compuestos de Espíritu Santo como Dios mismo.
Porque Dios se está reproduciendo
según su género así como los seres humanos se reproducen según su género. Los hijos de Dios nacidos en la
resurrección no serán una especie inferior de seres espirituales, así como los
hijos de los seres humanos no son de una especie inferior a la de sus
progenitores.
Otro punto esencial que es necesario
recordar en relación con esto es que Jesucristo se va a “casar” con
Muchas personas sinceras se
escandalizan al principio cuando oyen la asombrosa verdad del destino
humano. Otras se dedican a hacer “juegos
de palabras” para tratar de confundir y oscurecer una de las verdades más
GRANDIOSAS y esenciales que revela
Aunque ya lo he dicho, quiero
repetirlo una vez más para que nadie trate de tergiversar estas palabras: Dios el Padre y Jesucristo nuestro Rey y
Salvador SIEMPRE serán mayores que nosotros en poder y autoridad. No obstante, como “hijos de la resurrección”,
los santos estarán en el mismo plano de
existencia de Dios así como los hijos e hijas de los seres humanos
pertenecen al mismo plano de existencia de sus progenitores. Obviamente, Dios el Padre y Jesucristo,
habiendo existido desde siempre, han hecho y harán mucho más que todos los
santos resucitados. Pero podemos decir
también que nosotros hemos vivido más en el pasado que nuestros hijos humanos;
sin embargo, son tan humanos como nosotros.
Debemos entender que la continuidad
de la “eternidad” prosigue perpetuamente y que, como miembros de
Dios puso en los seres humanos un
sincero deseo de tener hijos. En una
joven pareja vemos normalmente ese anhelo de compartir su hogar, su vida y su
AMOR con un pequeño ser humano hecho a su imagen. Ansían tener un bebé, un niño que, como ser humano idéntico a
ellos, se desarrolle, crezca y aprenda hasta llegar a participar plenamente en
los planes, las esperanzas y los sueños de sus padres en unión con sus hermanos
y hermanas en una relación familiar en la que reina el amor.
Este anhelo de familia en el hombre
proviene de Dios porque Dios es así.
“El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor” (1 Jn.
4:8). Y como Dios es amor, Él quiere
COMPARTIR su amor, su gloria, su eternidad con miles de millones de seres que
se convertirán en sus hijos auténticos
en la resurrección. Si Dios el Padre y
Jesucristo fueran egoístas, solitarios o carentes de amor y de sincero interés
por los demás, tal vez quisieran reservarse para sí mismos esa relación sublime
de amor, sin permitir que otros pudieran unirse a su Familia y ser plenamente
integrados al plano divino mediante la reproducción de su propio género.
Gracias al amor espiritual
trascendente que motiva a nuestro Padre y a nuestro Señor (a Elohim,
¿Cuán grande es el amor de
Cristo? El apóstol Pablo oró porque
los cristianos fuesen “plenamente capaces de comprender con todos los santos
cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, y de conocer el
AMOR de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis LLENOS DE TODA
¿Cómo puede uno ser lleno de TODA la
“plenitud de Dios” y no ser Dios?
El AMOR de Jesucristo y de nuestro
Padre celestial los mueve a compartir con nosotros su GLORIA eterna,
convirtiéndonos en hijos, en el pleno sentido de la palabra, de su reino, es
decir, de
Los seres humanos siempre se han
preguntado: “¿Por qué nací? ¿Cuál es
el propósito de esta vida? Si existe
Dios, ¿por qué permite que los seres
humanos pasen por tantas pruebas y sufrimientos?”
¡El misterio ha sido RESUELTO! Si su mente y su corazón están dispuestos,
usted puede saber la respuesta a
estos profundos interrogantes que a lo largo de los siglos han intrigado a
filósofos y eruditos. Debemos estar
eternamente agradecidos con nuestro Dios y nuestro Salvador, Jesucristo, por
habernos hecho “según su especie”.
En las últimas horas de su vida, en la víspera de su crucifixión,
Jesucristo elevó a Dios la oración más completa que de Él se haya consignado en
En Juan 17:11 Jesús dijo: “Padre santo, a los que me has dado,
guárdalos en tu nombre, para que sean uno, así como nosotros”. Jesucristo y el Padre son un Dios, una familia; están en un nivel
de existencia superior al de todas las criaturas. Jesucristo oró por que los santos llegaran a ser UNO en el mismo sentido.
Veamos ahora Juan 17:20-23: “Mas no ruego solamente por éstos, sino
también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que todos
sean UNO, como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean UNO en
nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste.
Estas palabras, inspiradas por un
amor desbordante, son grandiosas y sublimes.
Nos muestran de manera clara que los que estén dispuestos a someterse
totalmente a Dios y a dejar que Jesucristo viva su vida en ellos por medio del
Espíritu Santo, alcanzarán la misma clase de gloria que Él alcanzó y llegarán a
ser totalmente uno con Dios (así como
Jesucristo es uno con el Padre) y, por ende, serán Dios. Este será el cumplimiento supremo del
designio de Dios al darnos vida y comprensión espiritual. “Para que el mundo conozca que tú me
enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado” (v. 23).
El amor indescriptible de nuestro
Padre es algo que supera la capacidad de comprensión del ser humano. Sin embargo, nosotros los que entendemos
debemos corresponder a ese amor con profunda reverencia, con gratitud y
obediencia a nuestro gran Dios.
Debemos esforzarnos por vivir “de
toda palabra de Dios” (Lc. 4:4).
Tenemos que aprender a caminar por
fe (2 Co. 5:7), manteniendo siempre los ojos en la grandiosa meta que Dios
nos ha puesto por delante.
“Pero sin fe es imposible agradar a
Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es
galardonador de los que le buscan” (Heb. 11:6). ¡Y cuán grande es ese galardón!
Con todo mi corazón y con todo mi
ser los animo a todos los que lean este mensaje a que “busquen” DILIGENTEMENTE
a Dios. No permitan que nada se
interponga ni estorbe el maravilloso designio de Dios para su vida. Aprendan a estudiar
No hay NADA más emocionante. Y cuando lo entendamos de verdad, no hay
NADA más “real” que lo que el gran Dios ha dicho que habrá de SUCEDER. Este será el cumplimiento final del
evangelio de Jesucristo, la mejor noticia jamás proclamada en el universo, a
saber, que el hombre puede nacer en el Reino de Dios en el plano de la existencia
divina.
Jacob, el patriarca, tuvo doce
hijos, y ellos a su vez tuvieron hijos, hijas, nietos y bisnietos (millones y
millones de descendientes). Fue así
como se convirtieron en una nación: el
“Reino de Israel”. De la misma forma,
Jesucristo le ayuda al Padre a “llevar muchos hijos a la gloria” (Heb.
2:10). Ellos están generando toda una
nación de seres espirituales, el “Reino” espiritual de Dios, formada por hijos
auténticos de Dios, nacidos de Dios mediante la resurrección y que tienen la
naturaleza y el carácter de Dios.
Quiero repetir aquí que este es el significado supremo del “evangelio”,
“Amados, ahora somos hijos de Dios,
y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se
manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es. Y todo aquel que tiene esta esperanza en
él, se purifica a sí mismo, así como él es puro” (1 Jn. 3:2-3). Ahora que usted entiende el misterio del destino humano, sabe por
qué Dios quiere que usted permita que Él y su Hijo cultiven en usted el
carácter justo y recto de Dios.
Dios el Padre y su Hijo primogénito
están preparando a otros hijos de Dios para que se unan con ellos en la obra de
gobernar el mundo y más tarde el universo.
Cuando usted salga una noche en que el cielo esté claro y brillen las
estrellas, trate de contar todas las que pueda y piense en los miles de
millones de estrellas que pueblan la inmensidad del universo y que usted no
puede ver, y entonces medite en el asombroso propósito de su vida y dele
gracias a Dios por ello. Después,
póngase de rodillas y empiece a cumplir celosamente la parte que le corresponde
para que su destino se haga realidad.
El significado bíblico de “Elohim”
El primer nombre que Dios se
atribuye en las Escrituras es “Elohim”, que significa fuerte o poderoso. “En el principio creó Dios (en hebreo Elohim) los cielos y la tierra” (Gn.
1:1). El nombre Elohim aparece 31 veces en el primer capítulo del Génesis y
claramente identifica a Dios como el Creador.
Todos los especialistas concuerdan
en que el nombre hebreo Elohim, que
designa al Dios creador, es un sustantivo plural. Hay quienes piensan que este nombre plural de Dios es prueba de
que el Dios del Antiguo Testamento estaba constituido por más de “un ser”. Otros niegan este concepto, pero no hay
duda de que la terminación plural hebrea im
da lugar a la posibilidad de que haya más
de un ser en el concepto del Dios hebreo tal como aparece en el Antiguo
Testamento.
Gramaticalmente, la forma “Elohim” lleva en sí la terminación plural im. En Éxodo 12:12 tenemos
un claro ejemplo de la función plural en este sustantivo: “Todos los dioses de Egipto”. La
palabra dioses de este versículo es elohim en el texto hebreo. En esta función “elohim” puede ir precedido
de un artículo definido (“los dioses”.
Ejemplo: Éxodo 18:11: “Ahora conozco que el Eterno es más grande
que todos los dioses”. En hebreo “elohim” puede ir acompañado de adjetivos en plural. La expresión “otros dioses” aparece con
frecuencia en el libro del Deuteronomio).
En Salmos 97:7 la forma plural del verbo concuerda con elohim: “Póstrense a él todos los dioses”. La edición inglesa del Anchor
Bible Dictionary, vol. 4, pág. 1006, dice lo siguiente al respecto:
“Lo sorprendente del Antiguo
Testamento es que utilice esta forma
plural de elohim para designar al único Dios de Israel”.
¿Por qué se valió Dios del término ELOHIM? Simplemente porque Elohim es
una familia de seres divinos, una familia a la cual podrán más tarde añadirse
muchos hijos e hijas divinos, tal como está revelado en 2 Corintios 6:18.
Una de las mayores pruebas de que Elohim debe entenderse en su sentido
plural, es la forma como Dios emplea dicha palabra en
Por otra parte, muchos pasajes de
las Escrituras demuestran de manera irrefutable que la palabra elohim ha de entenderse en sentido
plural:
1). Jesucristo dijo: “El
Padre mayor es que yo” (Jn. 14:28). Si
bien es cierto que únicamente hay “un Dios”, no es correcto, según las
Escrituras, decir que Dios es “un solo ser”.
Si el Padre y el Hijo no fueran dos seres o personas distintas,
Jesucristo no hubiera podido decir que el Padre es mayor que Él.
2). En Mateo 22:41-46 Jesús reveló que el Salmo 110:1 se refiere a Él y al Padre: “Dijo el Señor [en hebreo: Yahweh
= el Padre] a mi Señor [en hebreo: adonai
= el Hijo]: Siéntate a mi derecha
[la diestra del Padre], hasta que ponga a tus enemigos [los enemigos del Hijo]
por estrado de tus pies.”
Muchas escrituras revelan que
actualmente solo dos personas, a saber, el Padre y el Hijo, integran la familia
divina. La llamada “trinidad” no se
enseña ni se menciona en ninguna parte de
En la resurrección los justos
dejarán de ser humanos mortales y serán transformados en seres divinos e
inmortales. En su condición de hijos e
hijas inmortales de Dios, serán superiores a los ángeles (a quienes juzgarán: 1
Corintios 6:3). En aquel entonces
serán dignos de que los seres humanos vengan a postrarse delante de ellos (Ap.
3:9).
ELOHIM
es un sustantivo plural que indica que Dios es una familia de seres
divinos, no una TRINIDAD cerrada de la cual no pueden entrar a formar parte los
hijos e hijas de Dios cuando sean transformados en una FAMILIA DE SERES
DIVINOS. El concepto bíblico de Elohim da lugar a una pluralidad de
seres divinos en
Dios es eterno
Un argumento falso en contra de la
verdad de nuestro grandioso destino, dice lo siguiente: “Nunca podremos ser plenamente como Dios
porque Dios ha existido eternamente y
es el Creador de todas las cosas, y
nosotros no lo somos”.
¿Hay una respuesta? La respuesta a este argumento se encuentra en
parte en Romanos 4:17. Aquí el apóstol
Pablo nos recuerda que Dios llamó a Abraham padre de muchas naciones. Dios lo declaró como un hecho muchísimo antes de que ocurriera. Asimismo, el apóstol Pablo escribe bajo
inspiración divina: “Dios... el cual
da vida a los muertos, y llama las cosas que no son, como si fuesen”.
La realidad suprema es
De igual manera, Dios había
proyectado desde el principio reproducirse a sí mismo. “Según nos escogió en él antes de la
fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en
amor” (Ef. 1:4-5). Leemos
también: “A los que antes conoció,
también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo,
para que él sea el primogénito entre muchos hermanos” (Ro. 8:29).
Así que el propósito de Dios de
tener más hijos en su familia para que Jesucristo fuese el “primogénito” entre
MUCHOS hermanos, fue planeado por la mente y