¿Es este
el único día de salvación?
Por Roderick C. Meredith
Es muy posible
que la mayoría de los ministros religiosos, sin ser culpables por esto,
desconozcan por completo la información que contiene este folleto. Y de hecho, no
podrán entenderla a menos que se arrepientan de seguir las tradiciones humanas
y permitan que la Palabra inspirada de Dios sea la que los instruya tanto en
este tema como en muchas otras verdades bíblicas básicas.
Solamente estaremos en capacidad de comprender
si nuestro deseo sincero es creer lo que Dios dice en su Palabra inspirada, la
Santa Biblia, donde encontraremos las respuestas correctas a to-dos los
interrogantes. Pero Satanás el diablo es el “dios de este siglo”, de este mundo
o sociedad (2 Co. 4:3-4) y ha cegado a todos el entendimiento. También se le
llama en la Biblia el “príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora
OPERA en los hijos de desobediencia” (Ef. 2:2).
Satanás también “transmite” actitudes e
ideas erróneas a través de la atmósfera de este mundo. Como vimos antes, él es
el “príncipe” de este mundo, y mediante el control de la atmósfera influye en
la humanidad y en su conducta mucho MÁS de lo que podemos alcanzar a darnos
cuenta. Satanás confunde y engaña a la gente acerca del plan y los PROPÓSITOS
del Dios Eterno. Acerca de esto el apóstol Juan escribió por inspiración
divina: “Fue lanzado fuera el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama
diablo y Satanás, el cual ENGAÑA al mundo entero; fue arrojado a la tierra, y
sus ángeles fueron arrojados con él” (Ap. 12:9).
Aun el mundo que se
llama “cristiano”, dividido en más de 400 sectas o denominaciones, ha sido
ENGAÑADO acerca de lo que significa la salvación y en lo que respecta al día en
que Dios va a convertir a la gran mayoría de la humanidad. ¡Este es un punto
digno de reflexión!
Pensemos en los MILES DE
MILLONES de seres humanos, todos hechos a imagen de Dios, que jamás han creído
en ninguna forma de cristianismo. Solamente una minúscula parte entre los 1200
millones de chinos se consideran cristianos. Lo mismo sucede con mil millones
de habitantes de la India. Consideremos también a los 200 millones de
indonesios, a los japoneses, a la gente de Pakistán y de otras naciones
densamente pobladas en una situación similar. Y en el mundo árabe, apenas una
pequeñísima parte de la gente profesa alguna religión cristiana.
Pensemos ahora en los
incontables MILLONES de personas que vivieron y murieron en esas y otras
naciones durante muchos siglos y que en toda su vida jamás escucharon el nombre
de Jesucristo.
Por supuesto que sobran
los teólogos y predicadores modernos, entre ellos muchos que ni siquiera creen
que Jesucristo es Dios, que tratan de resolver el problema con toda clase de
argumentos filosóficos o razonamientos humanos suponiendo que Dios “salvará” a
esa gente de cualquier otra forma. Pero son INCAPACES de citar directamente de
la Biblia las palabras que respalden su razonamiento humano. Porque la Biblia
enseña claramente.en.qué.forma.concede.Dios.la.salvación.y.la.vida.eterna.
Haciendo referencia a la
sorprendente curación de un cojo, el apóstol Pedro dijo: “Sea notorio a todos
vosotros, y a todo el pueblo de Israel, que en el nombre de Jesucristo de
Nazaret, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de los
muertos, por él este hombre está en vuestra presencia sano. Este Jesús es la
piedra reprobada por vosotros los edificadores, la cual ha venido a ser cabeza
del ángulo. Y en ningún otro hay salvación; porque NO HAY OTRO NOMBRE bajo el
cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hch. 4:10-12). Esta es
una afirmación absolutamente clara, que no deja espacio para que algún teólogo
trate de explicarlo con un razonamiento como el siguiente: “Bien, si esa gente
del pasado era básicamente gente buena que practicaba su religión con
sinceridad, seguramente un Dios amoroso les concedería la vida eterna”. Porque
esto no sería más que una contradicción a lo que enseñaron Jesucristo y sus
apóstoles en el sentido de que la vida eterna SOLAMENTE les sería concedida a
quienes vinieran ante el Dios de la creación mediante la exclusiva
participación de Jesucristo como Señor y Salvador. Solamente por medio de esa
relación y conocimiento, podrán comprender quién es el verdadero Dios y qué
requisitos deben cumplir los seres humanos que deseen entrar en el Reino
eterno. Sin este cono-cimiento y la exclusiva relación con Jesucristo, la gente
del mundo no hace más que divagar en ceguera y confusión, incapaz de alcanzar
por el momento el propósito para el cual ha sido creada. Podrán ser paganos
sinceros, pero en definitiva, aún son paganos.
Es muy oportuno aquí,
leer la exhortación que por inspiración divina les dio Pablo a los efesios,
muchos de los cuales habrían sido sinceros adoradores de la diosa Diana:
“Acordaos de que en otro tiempo vosotros, los gentiles en cuanto a la carne,
erais llamados incircuncisión por la llamada circuncisión hecha con mano en la
carne. En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel
y ajenos a los pactos de la promesa, SIN ESPERANZA y SIN DIOS en el mundo. Pero
ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido
hechos cercanos por la sangre de Cristo” (Ef. 2:11-13). Si el apóstol Pablo les
dijo a los efesios que mientras habían sido paganos no tenían esperanza, no hay
ninguna razón para que en la actualidad pensemos que, quienes no hayan entrado
en el nuevo pacto mediante la sangre de Cristo, tengan la esperanza de la
salvación y la vida eterna.
Veamos además lo que
dijo Jesucristo en Juan 10:1-2: “De cierto, de cierto os digo: El que no entra
por la puerta en el redil de las ovejas, sino que sube por otra parte, ése es
ladrón y salteador. Mas el que entra por la puerta, el pastor de las ovejas es.”
Es muy claro entonces que, todo aquel que intente alcanzar la salvación por
otro medio, no la puede obtener. Sigamos con los ver-sículos 7-8: “Volvió,
pues, Jesús a decirles: De cierto, de cierto os digo: Yo soy la puerta de las
ovejas. Todos los que antes de mí vinieron, ladrones son y salteadores; pero no
los oyeron las ovejas.” Estas palabras del Hijo de Dios dejan muy clara la
enseñanza de que “todos” los que vinieron antes de Cristo llamándose salvadores
o reveladores no han sido más que engañadores o IMPOSTORES.
En Juan 6:44 leemos:
“Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le
resucitaré en el día postrero.” Solamente aquellos a quienes Dios
específicamente ha llama-do están en posibilidad de entender y responder al verdadero
mensaje de Jesucristo. Jesús repite básicamente la misma enseñanza en Juan
6:65: “Por eso os he dicho que ninguno puede venir a mí, si no le fuere dado
del Padre.”
Con todas estas
escrituras tan claras en mente, ningún teólogo o ministro debería enseñar otra
cosa, entonces ¿cómo es posible que puedan suponer o enseñar que hay otras
formas de llegar a la vida eterna sin el llamamiento de Dios y sin entregarse
incondicionalmente a Él median-te el verdadero Jesucristo de la Biblia?
¿Es este el
único día de salvación?
¿Qué está haciendo Dios
ACTUALMENTE?
La pregunta que surge en
la mente es: ¿Si Dios no está tratando de salvar a toda la gente en la
actualidad, cuál es entonces su plan y sus propósitos y a qué se debe la
espera? Existe una buena RAZÓN para que las multitudes de la tierra no estén
siendo llamadas ahora.
La respuesta es que Dios
está llevando a cabo un plan de 7.000 años para la humanidad. Durante los
primeros 6.000 años Dios ha dejado que la humanidad experimente muchas formas
de religión, de educación, de gobierno y de cultura. Mientras se da cuenta de
que todos los caminos del hombre son ERRÓNEOS, la humanidad está aprendiendo la
lección en dolorosos sufrimientos emocionales y físicos y en el vacío
espiritual. Una vez que haya aprendido la lección, la humanidad estará
preparada para escuchar atentamente en el momento en que Dios le abra la mente
y el corazón a su verdad.
Parece algo muy cruel,
podría alguien opinar. ¿Por qué en ese caso Dios no envía a un maestro
perfecto, que enseñe el camino correcto en una forma directa y amorosa?
Apreciados lectores, lo
que sucede es ¡que Dios YA LO HIZO!
Dios envió a
su Hijo a la tierra como un maestro bondadoso y lleno de amor, que sanó a los enfermos,
confortó a los afligidos y enseñó el CAMINO a la vida eterna. Pero la humanidad
no lo recibió, no le creyó ni siguió con alegría sus enseñanzas. Por el
contrario, ¡LO ASESINARON! Mediante la forma de tortura más cruel, lenta y
dolorosa que haya inventado la mente humana depravada bajo la influencia de
Satanás el diablo.
Recordemos que fueron
los jefes religiosos quienes arrastraron a las masas para que exigieran la
muerte de Cristo. Su deseo era conservar sus sistemas religiosos y por supuesto
sus EMPLEOS. Hasta el mismo Pilato, un gobernador secular romano, se dio
perfecta cuenta de lo que pasaba: “Porque conocía que por envidia le habían
entregado los principales sacerdotes” (Mr. 10:11).
Además, Dios envió
muchos profetas al mundo, especialmente para que enseñaran y advirtieran al
pueblo de Israel, su pueblo. Pero tampoco los recibieron; como les dijo Dios
por medio de Jeremías: “Os envié todos los profetas mis siervos, enviándolos
desde temprano y sin cesar; pero no me oyeron ni inclinaron su oído, sino que
endurecieron su cerviz, e hicieron peor que sus padres” (Jer. 7:25-26).
Fuera de unas pocas
personas dedicadas a quienes ha llamado en diferentes épocas para entender su
verdad y llevar a cabo su obra, Dios le está permitiendo a la humanidad seguir
sus caminos siempre equivocados: “Hay camino que al hombre le parece derecho;
pero su fin es camino de MUERTE” (Pr. 14:12).
El deseo del gran
Creador; quien le ha concedido a la humanidad la vida, el aliento y todas las
cosas; es que algún día todos lleguemos a ser parte de su Familia. Pero ser
“salvos” y llegar a ser hijos nacidos de Dios en su Reino eterno es MUCHO MÁS
de lo que la mayoría de la gente alcanza a comprender.
NO se trata simplemente
de “aceptar a Jesús” en alguna ceremonia llena de emoción o de “unirse a una
iglesia”. Se trata de SOMETERSE totalmente al Dios de la Biblia mediante una
relación personal con el Cristo verdadero; de entregar sinceramente el corazón,
la mente y voluntad de manera que Jesucristo, como Sumo Sacerdote, pueda VIVIR
su vida en cada uno de nosotros. Como nos dice el apóstol Pablo por inspiración
divina: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive
Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la
fe.del.Hijo.de.Dios,el.cual.me.amó.y.se.entregó.a.sí.mismo.por.mí”.(Gá.2:20).
Mediante una sumisión
incondicional que permita a Cristo vivir su vida en nosotros, se irá
desarrollando paulatinamente en nosotros el mismo CARÁCTER de Dios. Si Cristo
vive su vida en nosotros, podremos CRECER “en la gracia y el conocimiento de
nuestro Señor y Salvador Jesucristo” (2 P. 3:18). En esa forma ordenada por
Dios, el cristiano se convierte en un auténtico “vencedor”, que mediante la
presencia de Cristo en su ser, llegará a vencer a su propio yo, a la sociedad
mundana y a Satanás el diablo. Y así estará realmente preparado para la vida
eterna en el Reino de Cristo. No como lo enseñan las tradiciones del mundo
engañado, de que es suficiente con “aceptar a Jesús” o de “unirse a una
iglesia”.
El Cristo Viviente
afirmó: “Al que VENCIERE y guardare mis obras hasta el fin, yo le daré
autoridad sobre las naciones, y las regirá con vara de hierro, y serán
quebradas como vaso de al-farero; como yo también la he recibido de mi Padre”
(Ap. 2:26-27). También dijo: “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en
el reino de los cielos, sino el que hace la VOLUNTAD de mi Padre que está en
los cielos” (Mt. 7:21). Es muy claro entonces, que la voluntad revelada de Dios
es que los verdaderos cristianos son aquellos que vencen y que permiten a
Cristo, mediante el Espíritu Santo, vivir su vida en ellos; la MISMA CLASE de
vida obediente y de sumisión absoluta que Jesucristo vivió durante sus días en
la carne.
Así se tendrá la certeza
de que las personas que lleguen al Reino de Dios NO serán egoístas, rebeldes,
desobedientes e inconformes; listas para hacer a los demás y a ellos mismos
INFELICES por una eternidad. Sino que quienes constituyan el Reino serán los
que libremente hayan respondido al llamado de Dios y le hayan permitido
edificar en ellos la naturaleza y el CARÁCTER divinos. Como lo explicó el
apóstol Pedro, las promesas de Dios, que incluyen su Santo Espíritu, nos
capacitan para “ser participantes de la NATURALEZA DIVINA” (2 P. 1:4).
Dios no nos llama en
forma metafórica sus hijos, sino que nos concede su misma NATURALEZA mediante
la presencia interior del Espíritu Santo. De esta manera podremos reflejar su
carácter en todo lo que pensemos, digamos o hagamos. Dios puede y desea crear
en nosotros el carácter y la naturaleza apropiados para una vida eterna en su
Reino que se avecina.
Dios sabe muy bien que
las lecciones de la vida las solemos aprender mediante el sufrimiento. De manera
que si al afrontar alguna prueba comenzamos a desanimarnos, debemos recordar
las palabras del apóstol Pablo cuando dijo: “Tengo por cierto que las
aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que
en nosotros ha de manifestarse” (Ro. 8:18).
Por la historia sabemos
que desde los primeros días de la Iglesia los verdaderos cristianos fueron
perseguidos. De manera que si nosotros “sufrimos” ahora, debemos tomarlo como
preparación para una eternidad de felicidad, paz y amor; cuando seamos parte de
la Familia de Dios. No debería entonces extrañarnos el sufrimiento sino
aceptarlo como un medio que Dios utiliza para transmitirnos su carácter y nos
permite a la vez, en cierta medida, sentir en carne propia y comprender lo que
Jesucristo padeció por nosotros. El apóstol Pedro señala lo siguiente al
respecto: “Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido,
como si alguna cosa extraña os aconteciese, sino gozaos por cuanto sois
participantes de los padecimientos de Cristo, para que también en la revelación
de su gloria os gocéis con gran alegría. Si sois vituperados por el nombre de
Cristo, sois bienaventurados, porque el glorioso Espíritu de Dios reposa sobre
vosotros. Ciertamente, de parte de ellos, él es blasfemado, pero por vosotros
es glorificado” (1 P. 4:12-14).
Podremos sufrir muchas
tribulaciones en nuestro camino hacia el Reino de Dios (Hch. 14:22), pero
debemos recibirlas como oportunidades para crecer “en la gracia y el
conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo”.(2.P.3:18).
Como ya lo hemos
mencionado, el deseo de Dios es que todos los seres humanos, hechos a su
imagen, lleguemos algún día a su Reino. Dios nos ha creado a “su imagen” (Gn.
1:26), mas con libre albedrío para DECIDIR entre la vida y la muerte, entre el
bien y el mal. Dios nos dice en su Palabra: “A los cielos y a la tierra llamo
por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte,
la bendición y la maldición; ESCOGE, pues, LA VIDA, para que vivas tú y tu
descendencia” (Dt. 30:19).
En el Nuevo Testamento,
en 1 Timoteo 2:4 leemos que Dios “quiere que todos los hombres sean salvos y
vengan al conocimiento de la verdad”. Pero no va a obligar a nadie a ser salvo,
por eso nos ha concedido el libre albedrío. Muchas veces en la Biblia se
menciona que unos cuantos, al menos, serán lanzados al “lago de fuego” (Ap.
19:20), que “es la muerte segunda” (Ap. 20:14).
Aunque cueste creerlo, algunos
ESCOGERÁN su extinción eterna en vez de amar y servir a Dios. ¿Cómo aplica Dios
el amor perfecto y la justicia perfecta? No permitirá el espíritu de rebeldía
en su Familia, pero tampoco es un sádico que se deleitará atormentando a su
creación. Dios no va a destruir ni condenar a alguien que no haya tenido la
oportunidad de escuchar la verdad, pero sí espera mucho de quienes han aceptado
su verdad y el sacrificio de su amado Hijo Jesucristo. En la epístola a los
Hebreos leemos: “Si pecáremos voluntariamente después de haber recibido el
conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados, sino una
horrenda expectación de juicio, y de hervor de fuego que ha de devorar a los
adversarios” (Heb. 10:26-27).
Es muy claro entonces
que si pecamos voluntariamente después de que Dios nos ha revelado su verdad,
nos convertiremos en sus “adversarios”, merecedores “de juicio, y de hervor de
fuego”. “Hervor de fuego” y “lago de fuego” también se describen en Malaquías
de esta manera: “Viene el día ARDIENTE COMO UN HORNO, y todos los soberbios y
todos los que hacen maldad serán estopa; aquel día que vendrá los abrasará, ha
dicho el Eterno de los ejércitos, y no les deja-rá ni raíz ni rama” (Mal. 4:1).
Todos los que rechacen a
Dios se volverán “estopa”, serán quemados y dejarán de existir para siempre:
“Los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y
hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago
que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda” (Ap. 21:8).
Dios no va a permitir
que alguien sufra tan espantoso destino sin que la persona deliberadamente lo
decida. De manera que se va a encargar de que todo el que haya nacido tenga la
oportunidad de conocer la VERDAD acerca de su voluntad y sus propósitos. La
palabra “conocimiento” que aparece en 1 Timoteo 2:4, es traducción de la
palabra griega “epignösis” que significa “una visión general” de la verdad; de
manera que todo ser humano que haya nacido deberá recibir el conocimiento
fundamental acerca de Dios y su plan para la humanidad. Y así, cada uno tendrá
la oportunidad de decidir si acepta o rechaza la vida eterna bajo las
condiciones de Dios. De otra manera, Dios no tendría ninguna consideración para
con los MILES DE MILLONES de personas que han vivido y muerto sin saber nada
sobre el PLAN del Dios Creador ni de su Hijo Jesucristo.
En 2 Pedro 3:8-9 podemos
leer más sobre la voluntad de Dios: “Oh amados, no ignoréis esto: que para con
el Señor un día es como mil años, y mil años como un día. El Señor no retarda
su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con
nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos
procedan.al.arrepentimiento.”.
Dios cuenta el tiempo en
miles de años; de manera que no tiene ninguna prisa por salvar a cada uno hasta
que la humanidad haya escrito lecciones indelebles en su historia mediante el
sufrimiento que acarrea el camino del error. Cuando incontables predicadores
instan a sus entusiasmadas multitudes a que “¡entreguen su corazón al Señor hoy
mismo! ¡Porque esta podría ser su ÚLTIMA OPORTUNIDAD! Solamente están
demostrando que no tienen NI IDEA del plan y el PROPÓSITO que el Dios Creador
está llevando a cabo en la tierra.
Un versículo que por
generaciones han confundido muchos ministros en relación con este tema es 2
Corintios 6:2, donde Dios dice: “En tiempo aceptable te he oído, y en día de
salvación te he socorrido. He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora EL
DÍA de salvación”. Este versículo realmente no enseña que este sea “el” día de
salvación y que no haya otro, porque existe un error de traducción. Los
eruditos han encontrado que la primera parte de este pasaje es un cita directa
de Isaías 49:8 y que la traducción correcta es: “En UN tiempo aceptable te oí,
y en UN día de salvación te ayudé” (The Holy Scriptures, The Jewish Publication
Society of América; énfasis nuestro). Aplicando el principio de Isaías 49,
Pablo está, de hecho, recomendando a los miembros de la Iglesia en Corinto que
NO reciban la gracia de Dios en vano (v. 1). Estas personas ya habían sido
llamadas y eran miembros de la Iglesia de Dios. De manera que el pasaje no nos
está diciendo que este es el ÚNICO día de salvación para la humanidad. Por el
contrario, como muchos comentarios bíblicos lo reconocen, está exhortando a
creyentes ya convertidos a “trabajar” por su salvación hasta el final (A
Commentary on the Pauline Epistles, Charles B. Williams, Moody, 1953).
Como hemos visto, Dios
desea que “todos” lleguemos al conocimiento de la salvación. Pero
definitivamente NO está tratando de salvar a todos en ESTA época. De lo
contrario, puesto que la mayoría de la humanidad jamás ha conocido el verdadero
cristianismo, tendríamos que asumir que Dios no es Todopoderoso, ¡que es
INCAPAZ de llevar a cabo sus designios!
¿Intentó Jesús “salvar”
a la gente?
Un error muy común,
debido al desconocimiento del mismo tema de este folleto, es que Jesucristo
vino a “salvar” a la gente durante su ministerio en la tierra. ¡Sin embargo no
fue así! Antes bien, Jesús, mediante su muerte en pago por los pecados ajenos,
hizo posible que todos aquellos a quienes el Padre llamara, fueran
reconciliados con Dios DESPUÉS de su muerte y resurrección.
Poco antes de su muerte,
Jesús les dijo a sus discípulos: “Yo rogaré al Padre, y os dará otro
Consolador, para que esté con vosotros para siempre” (Jn. 14:16). Como los
discípulos no tenían aún la presencia interior y el poder del Espíritu Santo,
todavía NO eran convertidos. Esto lo demuestra Jesús cuando le dijo a Pedro:
“Cuando te hayas CONVERTIDO, conforta a tus herma-nos” (Lc. 22:32,
Villapadierna). Y hablando de la vida de Jesús, Juan escribió por inspiración:
“Aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado”
(Jn. 7:39).
De acuerdo
con la enseñanza bíblica, ninguno fue “convertido” durante el ministerio de
Jesús en la tierra; porque nadie recibió el Espíritu Santo antes del Día de
Pentecostés que siguió a la muerte y resurrección de Cristo (Hch. 2). Y aunque
a muchos les parezca extraño, Jesús ni siquiera intentó convertir a las
multitudes durante su ministerio. Así como Jesús NO estaba “tratando” de salvar
a toda la humanidad en aquel entonces,
Dios.no.lo.está.“intentando”.hacer.ahora.
Veamos un detalle
interesante: A muchas personas se les ha enseñado en la escuela dominical, como
me sucedió a mí, que Jesús hablaba en parábolas para “hacerse entender mejor”.
Todavía recuerdo muy bien cuando se nos enseñaba en mi escuela dominical que,
como Jesús se dirigía a granjeros, pescadores o pastores; les enseñaba en
parábolas utilizando ejemplos o analogías tomadas de la agricultura para que la
gente sencilla le entendiera mejor. Esto es todo LO CONTRARIO de lo que la
Biblia enseña. Porque Jesús les dijo a sus discípulos: “A vosotros os es dado
saber el misterio del reino de Dios; mas a los que están fuera, por parábolas
todas las cosas; para que viendo, vean y NO perciban; y oyendo, oigan y NO
ENTIENDAN; para que no se conviertan, y les sean perdonados los pecados” (Mr.
4:11-12). Esto nos aclara que Jesús NO estaba in-tentando “salvar” a esa gente;
¡en ese momento!
Eso es muy difícil de
entender para muchos llamados cristianos, porque se les ha enseñado
insistentemente que Cristo, los apóstoles y todos los verdaderos cristianos
están empeñados en una especie de misión “salvadora de almas”. Convencidos de
que si las personas no “alcanzan la salvación” en esta vida, se “perderán” PARA
SIEMPRE.
Si leemos cuidadosamente
los cuatro Evangelios y el libro de los Hechos, fácilmente nos daremos cuenta
de que la INMENSA MAYORÍA de la gente que vivía durante la época de Jesús y los
apóstoles, JAMÁS se convirtió a ninguna forma de cristianismo. ¿Era toda gente
mala o perversa? ¿Estaban en rebelión abierta contra Dios? ¿Están todos
condenados para siempre? ¿Fue la obra de Jesús y los apóstoles un FRACASO?
Cuando Pablo razonaba ante los filósofos en el Areópago (Hch. 17:18-34), dejó
en claro que la mayoría de la gente en es tiempo no tenía NI IDEA de quién es
el verdadero Dios. Simplemente no lo sabían. Y Dios TAMPOCO estaba tratando de
“llamarlos” en ese momento. Lo que hay que entender es que Dios ha fijado un
TIEMPO en el que llamará a los MILES DE MILLONES de seres humanos que han
estado separados de Él durante los últimos 6.000 años
Dios se sirve de Israel
como una representación de toda la humanidad. En varios pasajes de la Biblia
está revelado el principio: “Primero los judíos, luego los gentiles” (Jn. 4:22;
Hch. 20:21; Ro. 1:16; 2:9). Cristo y los apóstoles predicaron inicialmente a
los judíos, luego, en Hechos 10, encontramos que Pedro fue guiado por Dios para
llevar la salvación a los gentiles; comenzando con la casa de Cornelio.
Sin embargo, ni los judíos,
ni la gran mayoría de los descendientes de las “diez tribus perdidas”, se han
convertido al cristianismo; porque ellos, al igual que gran parte de la
humanidad, han sido CEGADOS por Dios ¡para que no puedan entender!
En referencia a Israel,
el apóstol Pablo por inspiración divina escribió: “Porque ignorando la justicia
de Dios, y procurando establecer la suya propia, no se han sujetado a la
justicia de Dios” (Ro. 10:3). Notemos que este pueblo ignoraba “la justicia de
Dios”; porque Dios todavía no los es-taba llamando.
La siguiente explicación
de Pablo es concluyente: “¿Qué pues? Lo que buscaba Israel, no lo ha alcanzado;
pero los escogidos sí lo han alcanzado, y los demás fueron endurecidos; como
está escrito: Dios les dio espíritu de estupor, ojos con que no vean y oídos
con que no oigan, hasta el día de hoy” (Ro. 11:7-8). Solamente “los escogidos”
no han sido CEGADOS.
Esto no significa que
Israel y la gran mayoría de la humanidad haya sido “cegada” para siempre. Como
lo hemos explicado, Dios es un Dios justo, que llamará a las diferentes
personas a su debido tiempo. Esto es precisamente lo que el común de la
cristiandad NO puede compren-der. Veamos la respuesta de Dios ante esta
confusión: “No quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no seáis
arrogantes en cuanto a vosotros mismos: que ha acontecido a Israel
endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles; y
luego todo Israel será salvo, como está escrito: Vendrá de Sion el Libertador,
que apartará de Jacob la impiedad” (vs.25-26).
De manera que “todo
Israel SERÁ salvo”. Como veremos en un momento, en el futuro habrá un “día del
JUICIO”; cuando a TODOS los seres humanos, que han estado cegados a través de
los siglos, les serán abiertos sus ojos y entonces sí podrán VER. Finalmente,
entonces, podrán ver y comprender claramente el gran PROPÓSITO que Dios ha
estado llevando a cabo en la tierra. Y entenderán también las RAZONES que Dios
ha tenido para dejar que toda la humanidad haya permanecido “ciega” durante los
últimos 6.000 años.
Recordemos que Jesús
dijo: “Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo
le resucitaré en el día postrero” (Jn. 6:44). Y el apóstol Pablo bajo
inspiración de Dios escribió: “¡Mirad, hermanos, quiénes habéis sido llamados!
No hay muchos sabios según la carne ni muchos poderosos ni muchos de la
nobleza” (1 Co. 1:26, Biblia de Jerusalén). Esto no significa que los “grandes”
hombres y mujeres que han vivido a través de los siglos estén CONDENADOS.
¡Porque TODOS tendrán una oportunidad de salvación!
Pensemos en todos
aquellos gobernantes de los reinos del mundo que asesinaron, violaron y
maltrataron a infinidad de personas; pero que JAMÁS OYERON el nombre de
Jesucristo ni su mensaje. ¿Qué ocurrirá con ellos? El mismo Jesús nos da la
explicación: “¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en
Sidón se hubieran hecho los milagros que han sido hechos en vosotras, tiempo ha
que se hubieran arrepentido en cilicio y en ceniza. Por tanto os digo que en el
día del juicio, será más tolerable el castigo para Tiro y para Sidón, que para
vosotras” (Mt. 11:21-22). El “día del juicio”, como veremos, no se refiere
únicamente al momento de la sentencia; sino que cuando Dios resucite de la
muerte a los MILES DE MILLONES de personas les concederá suficiente tiempo,
quizás un siglo entero, en el que les será abierta la mente y el corazón y
luego serán sentenciadas conforme a su respuesta; ¡una vez que hayan tenido la
oportunidad de com-prender plenamente!
Siguiendo el texto de
Mateo 11, observemos la afirmación de Jesús: “Y tú, Capernaum, que eres
levantada hasta el cielo, hasta el Hades serás abatida; porque si en Sodoma se
hubieran hecho los milagros que han sido hechos en ti, habría permanecido hasta
el día de hoy. Por tanto os digo que en el día del juicio, será más tolerable
el castigo para la tierra de Sodoma, que para ti” (vs. 23-24). ¡Pensemos en
esto! Hasta los pervertidos sexuales de la antigua Sodoma encontrarán “más
tolerable” el DÍA DEL JUICIO que los de Capernaum que personalmente conocieron
a Jesús y ¡lo rechazaron!
Es claro entonces que
esos pueblos PECADORES de la antigüedad no CONOCÍAN al verdadero Dios ni sus
caminos. Cristo iba a venir como Salvador a la tierra siglos después. Sin
embargo, como hemos visto, NO HAY OTRO NOMBRE en el que podamos ser salvos. Y
Satanás, el “dios” de este siglo, ha CEGADO a todos los que no creen; de manera
que la mayoría de la gente en este tiempo NO PUEDE entender la Biblia ni el
plan de Dios, porque todavía no han sido llamados.
Satanás es ese poderoso
ser espiritual que “engaña al MUNDO ENTERO” (Ap. 12:9). En sus profecías, Dios
se refiere a un velo de CEGUERA espiritual que cubre a la gran mayoría de la
humanidad. Un velo que Jesucristo DESTRUIRÁ a su regreso: “Destruirá en este
monte la cubierta con que están cubiertos todos los pueblos, y el VELO que
envuelve a todas las naciones. Destruirá a la muerte para siempre; y enjugará
el Eterno el Señor toda lágrima de todos los rostros; y quitará la afrenta de
su pueblo de toda la tierra; porque el Eterno lo ha dicho”
(Is. 25:7-8).
El libro del Apocalipsis
más que ningún otro libro de la Biblia, presenta los sucesos proféticos en
forma cronológica. Apocalipsis 19:11-21 se refiere al regreso de Cristo en toda
su gloria como Rey de reyes (vs. 14-16). Luego, después de destruir los
ejércitos del futuro dictador euro-peo llamado “la bestia”, lo lanzará junto
con el futuro “falso profeta” en el “lago de fuego” (v. 20).
En Apocalipsis 20:1,
Dios habla de un poderoso ángel que viene a la tierra: “Y prendió al dragón, la
serpiente antigua, que es el diablo y Satanás, y lo ató por mil años; y lo
arrojó al abismo, y lo encerró, y puso su sello sobre él, para que no engañase
más a las naciones, hasta que fuesen cumplidos mil años; y después de esto debe
ser desatado por un poco de tiempo” (vs. 2-3). Observemos que estos versículos
también nos dicen que Satanás ha estado ENGAÑANDO a las naciones.
Una vez que Satanás haya
sido quitado, comenzará el glorioso gobierno milenial de Jesucristo, durante el
cual dice la Biblia que los santos de Dios “vivieron y reinaron con Cristo mil
años” (v. 4). Y en el versículo 6 dice: “Bienaventurado y santo el que tiene
parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene potestad sobre
éstos, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil
años.”
Los verdaderos
cristianos. Los que han sido llamados por Dios comprenden su propósito, y saben
que se están preparando para ser reyes y sacerdotes en el futuro Reino de
Cristo sobre la tierra; y ¡juzgarán aun a los ángeles! (1 Co. 6:1-3). El
reinado milenial de Cristo y sus santos (Dn. 7:26-27), será una magnífica
oportunidad para ayudar a las multitudes confundidas y enseñarlas y guiarlas
por los caminos correctos de Dios.
Para entender el destino
de los MILES DE MILLONES de personas “cegadas” que NO vivirán en el milenio ni
han sabido del verdadero plan de Dios, debemos volver a Apocalipsis 20. Después
de describir una corta liberación de Satanás, durante la cual rápidamente
engaña a una multitud (vs. 7-10), la Palabra de Dios empieza a describir el
juicio del gran trono blanco. Pero antes de referirnos a éste, pasemos por un
momento al versículo 5. Aquí, a manera de paréntesis, después de referirse al
gobierno milenial de Cristo y los santos, dice: “Pero los otros muertos no
volvieron a vivir hasta que se cumplieron mil años.” “LOS OTROS MUERTOS” es una
clara referencia a los MILES DE MILLONES de personas que en pasados siglos
NUNCA fueron llamadas a la salvación y por ende NO TUVIERON OPORTUNIDAD de
participar “en la primera resurrección” (v. 6).
Ahora continuemos con la
secuencia: “Y vi un GRAN TRONO BLANCO y al que estaba sentado en él, de delante
del cual huyeron la tierra y el cielo, y ningún lugar se encontró para ellos. Y
vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios; y los libros fueron
abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron
JUZGADOS los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según
sus obras” (vs. 11-12).
Aquí se describe lo que
bien puede ser el acontecimiento más IMPRESIONANTE de toda la historia humana; será
el momento en que TODA la gente, desde los desconocidos hasta los más famosos,
lleguen a saber por primera vez la razón de haber nacido. Esta gente que había
estado muerta, que obviamente incluye a nuestros propios antepasados, estarán
“de pie ante Dios”, RESUCITADOS. Luego “los libros” serán abiertos. El
sustantivo “libros”, que aquí fue traducido del griego “biblia” plural de
“biblion” que significa “libro”, se refiere a los “libros de la Biblia”.
De manera que todas las
personas que estuvieron ciegas durante todas las épocas y en el presente,
tendrán ante sus ojos la Biblia “abierta” para que la puedan entender. El
“velo” que había estado sobre ellas habrá sido DESTRUIDO. Ahora, finalmente,
cada persona tendrá por primera vez la oportunidad de conocer a Dios y decidir
si se arrepiente, si acepta a Cristo como Señor y Salvador, o si decide
persistir en sus caminos.
“Otro libro fue abierto,
el cual es el libro de la vida” (v. 12). Pablo también se refiere a los santos
“cuyos nombres están en el libro de la vida” (Fil. 4:3). Y Apocalipsis 21:27
advierte que la nueva Jerusalén será habitada “solamente” por “los que están
inscritos en el libro de la vida del Cordero”.
Finalmente, la
oportunidad de la vida eterna estará ante las multitudes, ante “grandes y
pequeños”; quienes habrán resucitado a la vida física posiblemente por un
período de 100 años, lo suficiente para aprender, para crecer y ser probados y
finalmente saber si su voluntad es vivir una vida eterna en los caminos de Dios
(Is. 65:20). Serán entonces llamados y tendrán la oportunidad de estudiar y
comprender la Biblia. Esta vez, y SOLAMENTE hasta entonces, Dios dice que esas
personas resucitadas serán juzgadas “por las cosas que estaban escritas en los
libros, según sus obras” (Ap. 20:12). Ahora, después de recibir una verdadera
OPORTUNIDAD de saber y actuar conforme a la verdad, serán juzgadas según como
reaccionen y obedezcan a las enseñanzas de los libros de la Biblia. Santiago,
por inspiración divina nos dice: “La fe sin obras está MUERTA” (Stg. 2:17, 26).
No hay que
confundirse: SI todos esos miles de millones de seres humanos que estaban
ciegos fueran juzgados solamente por las obras que hicieron durante sus vidas;
muchos de ellos ladrones, prostitutas, dictadores o falsos profetas; necesariamente
tendrían que MORIR en el lago de fuego. Porque durante sus vidas NO aceptaron
el único “nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos”
(Hch. 4:12); tampoco se arrepintieron (Hch. 2:38) de sus caminos equivocados ni
ENTREGARON su vida a Cristo para dejar que Él, mediante el Espíritu Santo, los
formara y ayudara a crecer “en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y
Salvador Jesucristo” (2 P. 3:18).
¡Dios NO es un Dios de
confusión! Toda esa infinidad de personas merece una OPORTUNIDAD y ser entonces
juzgadas por lo que hagan DESPUÉS de haber conocido la ver-dad de Dios! Aunque
muchos teólogos y ministros, engañados, piensen que Dios de alguna mane-ra va a
salvar a muchos de nuestros amigos y parientes, y a multitudes que vivieron en
el pasado sin haberse ARREPENTIDO ni SOMETIDO al Cristo Viviente. ¡Están muy
EQUIVOCADOS!
¡Que Dios nos ayude a
comprender la verdad sobre MILES DE MILLONES de budistas, sintoístas,
musulmanes y muchos otros tanto del presente como del pasado que JAMÁS tuvieron
la oportunidad de aceptar a Jesucristo. También sobre los MILES DE MILLONES de
personas que solo han conocido a un falso Cristo (2 Co. 11:4), y que nunca se
rindieron INCONDICIONALMENTE al Cristo de la Biblia ni permitieron que GOBERNARA
sus vidas!
Para este dilema
religioso NO EXISTE OTRA EXPLICACIÓN que tenga sentido. Y la res-puesta ha
estado siempre en la Biblia. No estamos hablando de OTRA oportunidad, estamos
hablando de la ÚNICA oportunidad para aprender y obedecer la verdad que un Dios
equitativo y justo va a revelar en su debido momento a esas multitudes.
Otra escritura muy
reveladora que explica esta parte del plan de Dios se encuentra en Ezequiel 37.
En ella encontramos la famosa historia de los “huesos secos”. Sin embargo, no
se trata simplemente de una historia, se trata de una profecía que revela uno
de los acontecimientos más IMPRESIONANTES de la historia humana.
Aunque es evidente que
este pasaje se está refiriendo a las denominadas diez tribus perdidas de Israel
el día en que serán reunidas y luego unificadas con Judá (vs. 15-22), realmente
está hablando de los incontables millones de personas de la casa de Israel.
Aunque muy pocos lo saben, los actuales descendientes de las diez tribus
perdidas de Israel son los pueblos anglosajones que habitan los Estados Unidos
de América y las naciones del Reino Unido y también las pacíficas y
democráticas naciones de Europa Noroccidental. Para comprobar lo anterior,
estudie el folleto La Llave Maestra de la Profecía, que estaremos gustosos de
enviar sin ningún costo a toda persona que nos lo solicite.
Para comprender mejor lo
que está sucediendo a la gente de esas naciones, en su mayoría ENGAÑADA durante
todas las épocas, recordemos un principio clave sobre la forma en que Dios
actúa. Este se encuentra de varias maneras en la Biblia. Veamos Romanos 1:16:
“Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación
a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego”. Romanos
2:9-10 dice prácticamente lo mismo. Leamos ahora cuidadosamente el versículo
11: “No hay ACEPCIÓN de personas para con Dios”. De manera que, si Dios NO HACE
ACEPCIÓN de personas y como es absolutamente justo, tendrá que dar a cada
persona una verdadera oportunidad de salvación. Simplemente es un asunto de
TIEMPO.
En Ezequiel 37 Dios
revela que los incontables millones de israelitas, que fueron CEGADOS a su
verdad, volverán a vivir por medio de una resurrección especial, NO para
conde-nación, sino para recibir el Espíritu Santo de Dios que los capacite para
entender y obedecer la verdad. Es necesario entonces estudiar cuidadosamente
Ezequiel 37, versículo a versículo. Observemos que Dios le da a Ezequiel una
visión sobre un enorme valle de “huesos secos”. Luego se formula la pregunta:
“¿Vivirán estos huesos?” (v. 3). En seguida Dios comienza a responder la
pregunta dirigiéndose a los huesos: “He aquí, yo hago entrar espíritu en
vosotros, y VIVIRÉIS. Y pondré tendones sobre vosotros, y haré subir sobre
vosotros carne, y os cubriré de piel, y pondré en vosotros ESPÍRITU, y
viviréis; y SABRÉIS que yo soy el Eterno” (vs. 5-6).
Dios se ocupa primero de
los israelitas, su pueblo escogido, como una representación de lo que hará
luego con TODA la humanidad. Porque como vimos, Dios NO hace acepción de
personas. Obviamente Dios está planeando resucitar a los israelitas que habían
estado cegados y darles una oportunidad de conocerlo a Él y a su maravilloso
plan para la humanidad.
En esta extraordinaria
visión, a esas multitudes resucitadas se les llama “un ejército grande en
extremo” (v. 10). Y Dios claramente nos dice de quiénes se trata: “Hijo de
hombre, TODOS es-tos huesos son LA CASA de Israel” (v. 11). De manera que este
ejército de huesos secos no sola-mente incluye a las diez tribus de Israel que
permanecieron ciegas, sino también a Judá, que también estuvo ciego al mensaje
del Mesías y al maravilloso plan que Cristo y Dios el Padre tienen para toda la
humanidad.
Como toda la humanidad,
todos los israelitas han sido pecadores (Ro. 3:23). De manera que en esta
resurrección, al principio tendrán miedo y se sentirán culpables: “Nuestros
huesos se secaron, y pereció nuestra esperanza, y somos del todo destruidos”
(Ez. 37:11). Entonces Dios les responde: “He aquí, yo abro vuestros sepulcros,
pueblo mío, y os haré subir de vuestras sepulturas, y os traeré a la tierra de
Israel. Y sabréis que yo soy el Eterno, cuando abra vuestros sepulcros, y os
saque de vuestras sepulturas, pueblo mío. Y pondré MI ESPÍRITU en vosotros, y
viviréis, y os haré reposar sobre vuestra tierra; y SABRÉIS que yo el Eterno
hablé, y lo hice, dice el Eterno” (vs. 12-14). Entonces la humanidad,
representada aquí por Israel, todos esos MILES DE MILLONES de seres humanos,
tendrán una verdadera oportunidad de entender, de obedecer a su Dios y de
convertirse.y.ser.llenos.de.su.SANTO.ESPÍRITU.
Casi todos tenemos algún
amigo o pariente cercano que es alcohólico, o que frecuente-mente tome el
nombre de Dios en vano y que rara vez asista a una iglesia. Con todo y todo,
estas personas tal vez sean agradables, amistosas y serviciales; pero nunca se
han identificado con ninguna forma de cristianismo.
¿Están esas personas
CONDENADAS para siempre?
A medida que avanzamos
en el conocimiento de la verdad de Dios, nos damos cuenta de que aun la mayoría
de los que se identifican como cristianos no tienen ni idea de lo que significa
el verdadero cristianismo. Y que ellos, al igual que el resto de la humanidad,
están escribiendo las lecciones de la experiencia humana durante sus vidas.
Estas personas necesitarán de esa especial resurrección durante el juicio del
gran trono blanco para poder comprender esas lecciones que han estado
escribiendo con la experiencia y el sufrimiento humanos.
Sabemos de muchos
llamados cristianos que realmente son hipócritas, que solo asisten a su iglesia
por conveniencia social o para buscar ventajas en sus negocios o profesiones o
por cualquier otra razón nada religiosa. Obviamente las vidas de estas personas
nunca muestran los “frutos” del Espíritu Santo. La Palabra de Dios es enfática
en esto: “Si alguno NO tiene el Espíritu de Cristo, NO es de ÉL” (Ro. 8:9).
¡Entonces estas personas NO son verdaderamente cristianas!
Esto no significa que
todos esos hipócritas o farsantes estén “perdidos” para siempre. Los religiosos
con frecuencia tratan de encontrar una solución a este dilema, pero solo
aciertan a dar sus propias ideas que CONTRADICEN las enseñanzas de la Biblia.
Pero si entendemos el maravilloso plan de Dios, que incluye la verdad sobre el
juicio del gran trono blanco, encontraremos la ÚNICA respuesta que tiene
sentido lógico y es bíblicamente correcta. Sencillamente porque esta respuesta
está basada en la verdad.
Muchos se conmueven
cuando piensan en los incontables millones de seres humanos que perdieron su
vida en alguna tragedia, que NUNCA comprendieron a plenitud el evangelio de
Cristo ni tuvieron oportunidad de aprender la verdad de la Palabra de Dios, de
arrepentirse de sus peca-dos ni de aceptar al verdadero Jesucristo de la Biblia
como Salvador y Maestro. Ninguno; de los que murieron recién nacidos, o fueron
retardados mentales, o sufrieron diferentes discapacidades; está DESTITUIDO de
la vida eterna.
A todas estas personas
se les concederá una oportunidad de salvación durante el juicio del gran trono
blanco. Tendrán todo el conocimiento de Dios y de su maravilloso PLAN. Sin duda
la gran mayoría decidirá obedecer al Creador y aceptar la vida eterna, conforme
a las condiciones de Dios, cuando venga esa oportunidad.
Tenemos que ser
realistas, la Palabra de Dios deja muy en claro que la mayoría de la gente
NUNCA ha sido “llamada” durante esta era, incluyendo a la mayor parte de la
sociedad “cristiana”. Millones podrán creer en Dios, pero realmente no lo
“conocen”. Esta es una afirmación drástica: “El que dice: Yo le conozco
[refiriéndose a Jesucristo], y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso,
y la verdad no está en él” (1 Jn. 2:4). También dijo Jesús: “¿por qué me
llamáis Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo?” (Lc. 6:46).
Millones de personas del
llamado mundo cristiano hablan acerca de Dios; pero no hacen lo que Dios
ordena. Veamos esta orden de Jesucristo: “Oísteis que fue dicho: Amarás a tu
prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. Pero yo os digo: AMAD a vuestros enemigos,
BENDECID a los que os maldicen, haced BIEN a los que os aborrecen, y ORAD por
los que os ultrajan y os persiguen” (Mt. 5:43-44). ¿Se han cumplido acaso estas
instrucciones durante las últimas centurias en Europa, considerada el “corazón”
del llamado cristianismo? La realidad y la historia reciente nos dicen que NO,
porque en el mismo corazón del llamado cristianismo se han librado las guerras
más espantosas de los últimos cien años. Todo porque la gente no “conoce” al
verdadero Dios de la Biblia.
Para ilustrar este punto
hay incontables ejemplos que podríamos utilizar, pero ahora viene a mi mente
uno que puede ser muy significativo. Se trata de una carta personal que llegó a
ser hecha pública y se demostró su autenticidad. Algunos de los lectores quizá
la conozcan. Esta carta, dirigida por un soldado alemán en enero de 1943 a su
padre que era clérigo, escrita durante la batalla de Stalingrado, donde 91.000
alemanes fueron hechos prisioneros por los rusos y de los cuales solo 5.000
sobrevivientes volvieron a Alemania, dice así:
“...En
Stalingrado preguntar sobre Dios significa negarlo. Debo decírtelo, querido
padre, y estoy doblemente angustiado por esto. Tú me criaste, porque no tuve
madre, y siempre tuviste a Dios delante de mis ojos y mi alma. Y lamento
doblemente mis palabras, porque serán las últimas. Después de éstas, no podría
pronunciar otras para retractarme.
Tú eres
clérigo, padre. En la última carta uno siempre dice la verdad, o lo que supone
que es la verdad. He buscado a Dios en cada cráter, en cada casa destruida, en
cada esquina, entre todos mis compañeros cuando reposo en mi trinchera y
también en el cielo. Dios no aparece cuando mi corazón clama por Él. Casas
fueron destruidas. Mis compañeros fueron tan valientes o tan cobardes como yo.
Hambre y muerte había en la tierra. Bombas y fuego caían del cielo. Pero Dios
no estaba allí. No, padre, no hay Dios. Lo escribo de nuevo, y sé que es terrible
y no puedo enmendarlo. Y si a pesar de todo tuviera que haber un Dios, solo
estaría contigo, en los himnarios y en las oraciones, en los piadosos discursos
de sacerdotes y pastores, en el tañido de las campanas y en el olor del
incienso. Pero nunca en Stalingrado” (Carta 17, Últimas cartas de Stalingrado).
Qué dolor tan terrible
debe haber sentido este ministro “cristiano” cuando leyó la carta de su hijo:
“Pero Dios NO estaba allí. No, padre, NO HAY DIOS” [Énfasis mío]. Si este joven
hubiera comprendido la verdad del plan de Dios, al menos habría sabido que
todos los que le rodeaban, involucrados en esa terrible carnicería, estaban
espiritualmente CIEGOS. Los ministros y sacerdotes que los bendecían mientras
eran enviados a la batalla, probablemente también estaban CIEGOS. Pero
finalmente, en una resurrección especial, todos ellos tendrán una verdadera
oportunidad, su PRIMERA oportunidad, ¡de conocer a Dios y de HACER su voluntad!
Cuando pensamos en los
MILES DE MILLONES de hombres y mujeres que a través de los años han muerto
trágicamente, en muertes aparentemente sin sentido, debería ser muy
reconfortante e inspirador saber que esas terribles muertes en Stalingrado, en
los campos de concentración de Hitler, en los campos de exterminio de Cambodia,
en el hundimiento del Titanic y en muchos millones de situaciones terribles; NO
significó el “fin” para todos esos muertos.
Porque un Dios pleno de
amor y sabiduría tiene maravillosos planes para los incontables millones de
seres humanos hechos a su imagen. Dios NO los va a olvidar. Pero tampoco los va
a introducir furtivamente en su Reino por alguna “puerta lateral” sin que hayan
demostrado un genuino arrepentimiento y hayan aceptado a Jesucristo como Señor
y Salvador. Porque en el juicio del gran trono blanco serán abiertos sus ojos
ante el extraordinario PROPÓSITO que Dios tiene en su mente para toda la
humanidad.
El sufrimiento de toda
esa gente ha dejado experiencias que han ampliado su visión, y las lecciones
aprendidas por esos terribles padecimientos NO han sido del todo en vano.
Porque todos ellos VIVIRÁN de nuevo; AMARÁN de nuevo y si sus corazones llegan
a ser justos, volverán a ser FELICES. Una preciosa escritura viene a la mente y
que se aplica tanto a esa resurrección especial como a la primera resurrección:
“Cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya
vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita:
Sor-bida es la muerte en victoria. ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde,
oh sepulcro, tu victo-ria? Ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el
poder del pecado, la ley. Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria
por medio de nuestro Señor Jesucristo” (1 Co. 15:54-57).
Si el cine y la
industria musical fueran capaces de representar la inmensa ALEGRÍA y FELICIDAD
de las multitudes cuando vuelvan a vivir y lleguen a CONOCER A SU DIOS,
alcanza-rían el mayor de sus éxitos. Los compositores podrían escribir
canciones verdaderamente EMOCIONANTES de alabanza y de gran ALEGRÍA sobre el
acontecimiento más maravilloso que jamás habrá experimentado la humanidad. Y
posiblemente algún día lo harán en el Reino de Dios.
En resumen.
El Dios Todopoderoso NO
está tratando de salvar a todos por ahora. Si así fuera, TODOS serían salvos.
Pero Dios está dejando que la humanidad viva a su manera durante estos 6.000
años de historia bajo la influencia de Satanás el diablo (Ef. 2:2). Por el
momento, Dios solo interviene ocasionalmente conforme a su voluntad, a fin de
que se cumplan sus propósitos en cuanto al ascenso y caída de imperios y
naciones. También interviene para llamar a ciertas personas para que integren
su Iglesia, la “manada pequeña” (Lc. 12:32) y para prepararlos como reyes y
sacerdotes que servirán bajo Cristo en el venidero Reino de Dios sobre la
tierra (Ap. 2:26-27; 5:9-10).
Pero la gran mayoría de
la humanidad ha sido CEGADA por el mismo Dios, porque necesita aprender
mediante el sufrimiento que sus caminos no son correctos.
Luego, a su debido
tiempo, durante el juicio del gran trono blanco, Dios los traerá de nuevo a la
vida física, llamándolos al entendimiento espiritual y dándole su Santo
Espíritu a todo aquel que lo pida. Finalmente, les concederá la salvación en el
Reino de Dios. Es de suponer que Dios podría haberlo hecho de otra manera. Pero
la mayoría de la gente deberá aprender mediante la dura experiencia humana que
los caminos del hombre no son CORRECTOS. Luego, cuando venga la oportunidad para
el verdadero conocimiento, todos apreciarán mucho más LOS CAMINOS DE DIOS.
Después de describir que
Dios a su debido tiempo va a convertir a “todo Israel” (Ro. 11:26), el apóstol
Pablo por inspiración de nuestro Creador dejó escrito lo siguiente: “Porque Dios
sujetó a todos en desobediencia, para tener misericordia de todos. ¡Oh
profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán
insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos! Porque ¿quién
entendió la mente del Señor? ¿O quién fue su consejero? ¿O quién le dio a él
pri-mero, para que le fuese recompensado? Porque de él, y por él, y para él,
son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén” (vs. 32-36).
Francamente, solo la
verdadera Iglesia de Dios comprende a “profundidad” esta verdad; y muchas otras
verdades fundamentales a las que la “cristiandad” de este mundo permanece
“ciega”. La Iglesia del Dios Viviente, que publica la revista El Mundo de
Mañana y gran variedad de folletos, está dedicada a restaurar el cristianismo
apostólico. Queridos lectores, ustedes podrán encontrar personas amistosas con
quienes compartir las creencias y la adoración al verdadero Dios y para
practicar toda la verdad de la Biblia, pero es necesario que nos escriban o nos
llamen si tienen un verdadero interés. Si el Gran Dios está abriendo sus
mentes, con toda seguridad nos lo hará saber. Sírvanse solicitar y estudiar
todo el material escrito que ofrecemos y no hagan caso omiso de la siguiente
instrucción: “EXAMINADLO todo; retened lo bueno”
(1 Ts. 5:21).
Tenemos también a
disposición el Curso Bíblico por Correspondencia de El Mundo de Mañana, con
cuyo estudio se podrá llegar al verdadero ENTENDIMIENTO del maravilloso
PROPÓSITO de Dios y la forma de alcanzar ese propósito. Recordamos que todas
nuestras publicaciones así como el material grabado se envía sin costo alguno
para quien lo solicite y no hay ninguna obligación posterior.
Nuestra esperanza es que
todos nuestros lectores tengan la oportunidad de ACTUAR conforme a la verdad.
Si Dios les está abriendo el entendimiento, no hay ninguna razón para que
tengan que sufrir las siete últimas plagas ni caer en la gran tribulación, ni
tampoco permanecer en la tumba durante los próximos mil años esperando el
juicio del gran trono blanco
Direcciones postales:
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